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domingo, 6 de julio de 2014

LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, ¿UNA ANCIANA MORIBUNDA?

Este artículo nos invita a la reflexión.
Creo que para nosotr«s no se trata de establecer si el Presidente del CELAM miente, sino de diagnosticar (desde el mundo popular) si hay factores que hacen que la Teología de la Liberación esté en crisis. Que digamos qué signos de vitalidad presenta la TL, qué situaciones se han vivido en los últimos 20 ó 30 años que nos demuestren que esta línea de pensamiento-acción está en crecimiento, como toda fuerza viva.
Es cierto que hay una crisis de visibilidad en la Iglesia popular. En nuestro país, sólo conocemos de ella a través de algunos rituales de memoria: Via Crucis en Viernes Santo, Misa de Joan Alsina y unas pocas conmemoraciones más; algunas publicaciones virtuales como esta misma.
Es cierto que ha disminuido el número de agentes pastorales en ejercicio pleno, que comparten la TL como forma inspiradora de fe y vida. ¿Hay suficiente relevo frente al retiro o la pascua de nuestr«s antigu«s conductor«s? Pero ello es consecuencia de la crisis de vocaciones que es transversal a toda la Iglesia.
Frente al auge del evangelismo (financiado por el imperialismo), ¿qué ofrece la Iglesia Popular?
Cuando hay situaciones escandalosas (como el maltrato y pésima remuneración de la Fundación Hogar de Cristo frente a sus trabajador«s, obligad«s a deponer su huelga), ¿qué queda como conclusión?
Es comprensible que se produzca la laicización de l«s activistas cristian«s. Es más, es conveniente que ést«s entreguen sus fuerzas en otros ambientes, como la política popular, el activismo social, ambiental, su identidad con sus territorios y pueblos de origen. Pero sin abandonar el campo de la fe revolucionaria.
También hay que destacar que para no poc«s de nosotr«s, esta fe es la que sostiene el quehacer en un mundo tan adverso. Que hay una forma de hacer política con espiritualidad, donde no todo es conveniencia personal, no todo puede ser “políticamente correcto”, porque hay una ética y unos valores que nos obligan en conciencia.
Si Aguiar cree necesario haya una "teología de la liberación con una base bíblico espiritual", ello no es incorrecto en el fondo, pero esta corriente siempre ha existido en la TL. No se crea que ésta no está inspirada en el Evangelio, comúnmente citado por esta teología. Pero también es correcto que esta línea puede y debe ser acentuada, en respaldo de la acción y del pensamiento.

Por último, el declarar muerta a una institución transformadora parece ser una táctica comunicacional para hacernos creer que es así, para crear un hecho. Así han tratado de hacer con nuestro Movimiento (Ver: 45 años del MAPU. Akí estamosCONMEMORAMOS 45º ANIVERSARIO DEL MAPU).

No busquen entre los muertos al que está vivo.


Queridas y estimados Compañer@s
Un saludo Fraterno 
Les envío interesante artículo sobre la Teología de la Liberación, que puede servir para la reflexión personal y/o comunitaria. 
Fraternalmente. 
Isolemio Alejandro Toledo 
Forestal + I.C. 

LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, ¿UNA ANCIANA MORIBUNDA?
JUAN JOSÉ TAMAYO

“Efectivamente, las figuras relevantes de la Teología de la Liberación (TL) son personas ancianas y, como tal, como la expresión de lo que fue, está muy está anciana, si no es que ya está muerta... Hoy en día no está más el tema de la teología de la liberación, que había sido planteada con una base sociológica que no cuadraba con la base teológica”.  

   No, no son afirmaciones estas de sectores lefebvristas, neoconservadores o integristas, ni de la Congregación para la Doctrina de la Fe, tan propensa a desacreditar las tendencias teológicas que no coinciden con la teología romana. Han sido pronunciadas por monseñor Carlos Aguiar Retes, todopoderoso presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), y difundidas por la Agencia Católica de Información ZENIT. Las ha hecho en un momento tan significativo como el encuentro del CELAM con el papa Francisco, cuando el Vaticano está dando muestras de acercamiento a dicha teología.

   Ante las críticas recibidas por tamaño desprecio hacia la TL, el propio arzobispo Aguiar ha querido matizarlas en unas declaraciones a Noticelam, pero, a mi juicio, se ha puesto más en evidencia su rechazo hacia dicha teología. Recuerda la existencia de una corriente basada “en el análisis marxista que llevó a una ideologización del mensaje evangélico” y cree necesario re-direccionarla a través del desarrollo de “una teología de la liberación con una base bíblico espiritual”. 

   ¿Qué revelan las primeras afirmaciones tan irrespetuosas en boca de un dignatario tan cualificado como mal encarado de la Iglesia católica, que se arroga la representación de varios cientos de millones de católicos del continente y las segundas declaraciones tan desenfocadas sobre la teología de la liberación: ignorancia, manipulación o, más sencillo todavía, confundir el deseo con la realidad? Fuere una cosa, otra, la tercera o las tres a la vez, me gustaría informar, siquiera someramente, al presidente del CELAM del estado actual de la Teología de la Liberación (TL), que hoy está muy lejos de la ancianidad y mucho más todavía de la muerte.

   La TL, nacida en América Latina a finales de la década de los sesenta del siglo pasado –apenas ha cumplido 45 años- es una de las corrientes más creativas del pensamiento cristiano nacidas en el Sur, lejos de los centros de poder político, económico y religioso, con señas de identidad y estatuto teológico propios. No es, por tanto, una sucursal de la teología elaborada en el Norte. Todo lo contrario: ha quebrado el norte-centrismo teológico, sea el moderno o el postmoderno, el europeo o el norteamericano. 

   Viene siendo objeto de sospecha desde sus orígenes, y muy especialmente durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto II. Ha recibido acusaciones de lo más gruesas e indemostrables como defender la violencia, ser una sucursal del marxismo, introducir la lucha de clases en la Iglesia, politizar partidistamente el cristianismo... Muchos de sus cultivadores han sido condenados, destituidos de sus cátedras y sus libros sometidos a una férrea censura. La más grave de las condenas -comparable a la del Syllabus del papa Pío IX contra el modernismo-, fue la llevada a cabo por la Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación, de 1984, redactada por el cardenal Ratzinger cuando era presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y ratificada por Juan Pablo II.

   Mas, a pesar de la persecución de que ha sido objeto, la TL no se ha rendido a la ortodoxia vaticana, ni ha renunciado a sus primeras intuiciones ni al principio-liberación, pero tampoco se ha quedado en la foto fija de sus orígenes, ya que no es una teología perenne, inmune a los cambios, ni de la razón pura, sino una teología de la razón práctica, histórica, in fieri, que se reformula y reconstruye en los nuevos procesos de liberación.

   Lo mismo que la TL en sus orígenes intentó responder a los desafíos sociales, económicos, religiosos, espirituales, culturales del continente latinoamericano, hoy sigue haciéndolo y se elabora a partir de los nuevos sujetos que están emergiendo y protagonizan los cambios estructurales en la sociedad y en las religiones: las mujeres doble o triplemente oprimidas por las dictadura del patriarcado, del capitalismo y del colonialismo en alianza, la Tierra, sometida a la depredación del sistema de desarrollo científico-técnico y económico voraz, el campesinado sin tierra, los pueblos indígenas y las comunidades afroamericanas, humilladas durante siglo de dominación imperial, las colectividades, cada vez más numerosas, excluidas por mor de la globalización neoliberal, las religiones otrora destruidas por el cristianismo imperial, las identidades estigmatizadas y perseguidas.

   Son todas ellas alteridades negadas que conforman los diferentes rostros de la pobreza y la marginación, a quienes la TL reconoce como sujetos activos, consciente de que se están empoderando y, desde su empoderamiento, contribuyen a la superación del racismo, el sexismo, el clasismo, la homofobia, así lideran la lucha contra los etno-cidios, geno-cidios y bio-cidios causados por el paradigma de desarrollo de la modernidad occidental.

   De aquí han surgido nuevas tendencias teológicas de la liberación, todas ellas contra-hegemónicas: teología feminista, indígena, afrodescendiente, campesina, ecológica, queer, teología del pluralismo religioso, de la diversidad sexual. Todo un mosaico de teologías y sabidurías que conforman el plural panorama de la TL, que no es una anciana moribunda, sino que sigue viva y activa intentando responder a los nuevos desafíos del continente latinoamericano.

   Hoy está presente en todo el Sur, pero también en los ámbitos de marginación del Norte y se ha hecho visible en el Foro Social Mundial, donde ha creado su propio espacio religioso alter-globalizador, el Foro Mundial de Teología y Liberación, que cuestiona las creencias crédulas, revoluciona las conciencias de los creyentes y no creyentes y pretende transformar sus prácticas alienantes en emancipatorias desde la convicción de que “Otra teología es posible” ¡y necesaria! en plena sintonía con la consigna de los Foros Sociales “Otra epistemología es posible!” y con las epistemologías del Sur que se están desarrollando en las diferentes disciplinas y saberes.

   Si monseñor Aguiar Retes quiere enterrar la teología de la liberación, debe saber que lo hará con una realidad viva, y eso es un delito mayor y más grave que el de considerarla anciana o muerta. ¡Qué lejos está el actual presidente del CELAM de los obispos que dijeron adiós al paradigma de la Iglesia conquistadora, colonial y desarrollista de la conquista e iniciaron el paradigma de la Iglesia de la liberación en la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín en 1968! Estos pusieron las bases de la Iglesia de los pobres, que el papa Francisco quiere recuperar. Con sus declaraciones, monseñor Retes lo que hace es dinamitar dichas bases.

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría” de la Universidad Carlos III. Sus libros más recientes son: La teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso (Tirant lo Blanch, 2010); Otra teología es posible. Pluralismo religioso, interculturalidad y feminismo (Barcelona, 2011); Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012); Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013).

    La pobreza, la exclusión y la desigualdad debilitan el funcionamiento democrático de la sociedad.

SI TU y YO NO LE HACEMOS LÍOS A LOS ABUSADORES... ¿¡ ENTONCES QUIEN ?!


Jesús fue ayer en el templo y ahora : "UN INDIGNADO"

Se nos va gente muy entrañable y necesaria. Pero esta es una carrera de relevos y ahora les toca a otr«s

martes, 22 de febrero de 2011

Camilo, el revolucionario sonriente


Camilo, el revolucionario sonriente

Por Nicolás Armando Herrera Farfán- El 15 de febrero de 1966 en un enfrentamiento militar entre el insurgente Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas gubernamentales de Colombia, cayeron abatidos por lo menos 3 combatientes. Uno de ellos, de barba rojiza, sonrisa franca y contagiosa y gran capacidad de convocatoria había asombrado a Colombia meses atrás y había escandalizado a la curia en general. Era sacerdote, sociólogo y político.

Algo sobre Camilo

Mientras cursó estudios de Sociología en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) tuvo la posibilidad de conocer la experiencia de los “curas obreros” franceses -los mismos que inspiraron con su ejemplo el debate que germinará en el Concilio Vaticano II y la Doctrina Social de la Iglesia-. También se encontró con compatriotas suyos a lo largo de Europa y compartió con ellos las angustias por el subdesarrollo, el atraso, la violencia estructural y la urgencia de transformar el estado de las cosas. De esos encuentros nace el ECISE (Equipo Colombiano de Investigación Socio-Económica). Su posterior paso por Estados Unidos significó las búsquedas académicas que ayudaran a resolver sus angustias frente a su país.

Regresó a Colombia para ser Capellán de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, de donde había salido unos años antes corriendo de las aulas de Derecho para el Seminario Conciliar de Bogotá. Ahí se conoció con otros brillantes personajes con las cuales confluyó en la necesidad de impulsar la sociología. Con Orlando Fals Borda (un protestante), empuja ese proyecto, siendo los dos los primeros docentes. Siempre con su sotana, siempre con su sonrisa. Ahí conjuga dos elementos claves para entenderlo: El sacerdocio y la docencia. Y la docencia ligada a la investigación en el campo.

Mal profesor, dicen sus ex-alumnos, porque no sólo incumplía los horarios y eludía los debates sobre Marxismo, sino ante todo porque mostraba cierto desdén por la institucionalización. Buen profesor, porque comprendía que la Sociología se hacía en el terreno, con la gente, para la gente, desde la gente. Si los modelos teóricos no daban, había que crear otros, unos propios, una “auténtica sociología latinoamericana”. De eso nace el MUNIPROC (Movimiento Universitario de Promoción de la Comunidad).

Como profesor de la Universidad, como intelectual brillante, como sacerdote estrella, tuvo acceso a diversas posibilidades: Miembro de la Junta Directiva del INCORA (Instituto Colombiano de la Reforma Agraria) y Director de la ESAP (Escuela Superior de Administración Pública). En la Nacional conoció los problemas de los estudiantes. En el barrio, los problemas urbanos (había estudiado sociología urbana en Estados Unidos). En el Incora, supo de primera mano las dificultades de los campesinos. En la ESAP comprendió muy bien la lógica de la estructura social, la guerra contrainsurgente y la esencia de la burocracia colombiana. Se llenó de pueblo. Descubrió que en Colombia se gestaban dos subculturas, comprendió que la Violencia era una lógica institucional, que la exclusión no sólo era política sino fundamental: se privaba a las mayorías de los derechos más básicos, de acceso a los recursos elementales. Claramente pudo describirlo, cuando afirmó que “la concentración del poder económico en Colombia es evidente. Las estadísticas sobre la mala repartición del ingreso nacional, sobre el ingreso per capita, sobre la mala repartición de la tenencia de la tierra, etc., son ampliamente conocidas”.

Que los dos partidos en pugna electoral legislaban para sus propios intereses “de clase”, por tanto, nada podía esperarse de ellos, era una hipótesis que no requería validación empírica, sino sentido común. Camilo era un convencido que la clase dominante, la dueña de los medios de producción y comunicación, era la misma clase política, o sino se beneficiaba exclusivamente de su tarea gubernamental, y denunciaba la mascarada democrática:

Actualmente, los únicos que determinan las decisiones gubernamentales en Colombia son los que pertenecen a una minoría de grandes intereses económicos. El día que logremos que las mayorías se unifiquen con objetivos concretos, y produzcan las decisiones, ese día tendremos una auténtica democracia.

Por ello consideraba que de esta clase no podían venir las transformaciones porque, generalmente, asumir esas transformaciones implica sacrificar los privilegios. Ahí vió que el país estaba escindido en dos: una clase alta acomodada, terrateniente, industrial, dependiente de los Estados Unidos; y una clase marginal, oprimida, sin tierra, obrera, mal pagada y mal vestida. En medio, advertía que había una clase intelectual y obrera, que conscientemente debía asumir partido, porque, de lo contrario, terminaría respondiendo a los intereses de la primera. Le revolución se hacía un imperativo, una muestra de amor, un proceso social que no dependería de los deseos o las angustias de los mayoritarios sino de las opciones de los poderosos.

Es necesario, entonces, quitarles el poder a las minorías privilegiadas para dárselo a las mayorías pobres. Esto, si se hace rápidamente es lo esencial de una revolución. […] La revolución, por lo tanto, es la forma de lograr un gobierno que dé de comer al hambriento, que vista al desnudo, que enseñe al que no sabe, que cumpla con las obras de caridad, de amor al prójimo no solamente en forma ocasional y transitoria, no solamente para unos pocos sino para la mayoría de nuestros prójimos […]

Estoy convencido que es necesario agotar todas las vías pacíficas y que la última palabra sobre el camino que hay que escoger no pertenece a la clase popular, ya que el pueblo, que constituye la mayoría, tiene derecho al poder. Es necesario más bien preguntarle a la oligarquía cómo va a entregarlo; si lo hace de una manera pacífica, nosotros lo tomaremos igualmente de una manera pacífica, pero si no piensa entregarlo o lo piensa hacer violentamente, nosotros lo tomaremos violentamente.

La clase dominante organizó un monopolio del control político al cual llamó “Frente Nacional”, que implicaba, entre otras cosas, la exclusión política a cualquier alternativa y garantizaba la reproducción del sistema social de exclusión y privilegios. La dominada (que Camilo rebautizó “Clase Popular”) estaba dispersa, desconcertada y fragmentada entre los partidos políticos tradicionales y el escepticismo (“Los no alineados”). Había que organizarla para que fuera un verdadero “Grupo de presión” que confrontara y transformara, por las vías que fueran necesarias, siempre intentando usar las disponibles socialmente. La Revolución sería el producto histórico. A esto le dedicó sus mejores esfuerzos. Había que buscar una herramienta que lograra aglutinar y convocar a las mayorías. Los partidos políticos de oposición habían mostrado sus limitaciones. Las grupos emergentes podían retrotraerse si terminaban siendo un simple espasmo anticonformista. Muchísimas personas no estaban ni en los unos ni el otros, pero igual querían transformar las condiciones: Así nace el Frente Unido del Pueblo.

El Frente Unido del Pueblo, que Camilo ayudará a impulsar, será la herramienta en donde cupieran todos y todas, en donde se construyera un país incluyente, suprapartidario, nacional, popular, revolucionario que caminara hacia el socialismo propio, autóctono, de nuevo cuño. El Frente Unido debía ser el catalizador de las luchas sociales, con una dirección colegiada, en donde la Unidad fuera el elemento central: la unidad por encima de las banderas, los colores, los partidos, las tradiciones, los credos… En él confluirían los partidistas, los renegados, los excluidos y los apartados; mujeres, niños, jóvenes, adultos, ancianos… todos estaban llamados a hacer la revolución y como cristianos estaban obligados éticamente a tomar partido por la transformación, porque allí estarían cumpliéndose las Obras de Misericordia. La unidad era clave para la victoria. El Frente Unido del Pueblo debía responder a esa necesidad:

El pueblo siempre ha seguido anhelando una guía para transformar las instituciones del país. Y esa guía no se le ha mostrado en una forma que responda totalmente a ese anhelo. Pero me parece que ahora comienza a ver una forma de solución. Una forma de encauzar su descontento, no solamente dentro de un partido, dentro de una ideología, sino en una forma amplia alrededor de algunos principios concretos.

La clase dominante reprodujo el esquema: ante las demandas de los sublevados represión, persecusión, muerte y exterminio. Como Camilo era una figura pública, y además un sacerdote, vinieron las presiones y la Iglesia oficial terminó dejándolo a su suerte. Mientras su proyecto de utopía pluralista se desvanecía en medio de la rapiña de los partidos y tendencias de izquierda, a Camilo le sobrevinieron los intentos de asesinato, las presiones de la guerra psicológica, las angustias vitales. Llegaban las horas de decidir: Si capitular o ser consecuente con sus propias palabras y sus propias consignas. Decidió lo segundo y entró en la guerrilla.

No juzgo ahora si fue bueno o malo, ni mucho menos si la lucha armada tiene sentido o vigencia en este momento histórico. Lo que quiero resaltar es que Camilo entró a la guerrilla no por sed de sangre, ni por afán de protagonismo, ni cobardía, ni por búsqueda de heroismo y martirio. Todo lo contrario, Camilo entró en la guerrilla por una mezcla de realidad social y de creencia personal: Las vías pacíficas se agotaron y su movimiento se fue desvaneciendo entre las presiones de la Derecha y las mezquindades de la izquierda. Por otro lado, Camilo creía que lo había intentado todo y que sólo quedaba ya la vía armada. Había instado a todos a “luchar hasta las últimas consecuencias” a ir “hasta la muerte, porque un pueblo que se entrega hasta la muerte siempre logra la victoria”. La selva lo esperaba y un tiro, por la espalda, cegó su vida en su primer combate. Murió el hombre, nació el mito, se cristalizó el ejemplo. No un ejemplo de violencia, de muerte, de guerrilla, sino de paz, de vida, de esperanza, de amor y compromiso.

Tal vez son muy importantes los dos últimos elementos: Amor y Compromiso. No murió por la patria, ni por el socialismo, ni por la creencia falsa de que las armas son un fin en sí mismo. Murió por AMOR, como Jesús, como lo reza el evangelio. Por un amor eficaz que lograra acercar el paraíso a la vida cotidiana. Por ese amor se comprometió, por ese amor se jugó, por ese amor murió. Dió la vida para que hubiera vida. Eso lo hizo superar todas las muertes. Por eso Isabelita, su madre, declaró inteligentemente: “Camilo nació el día que lo mataron”. Por eso su muerte fue semilla. El amor y el compromiso lo hermanan con el Che. Sus muertes fueron semillas.

Camilo no es sólo Camiloz

Su compromiso político y su amor por el pueblo lo hermana con Salvador Allende, con Raúl Sendic, con Mario Roberto Santucho, con Carlos Fonseca Amador, con Camilo Cienfuegos, con Miguel Enriquez, con esa pléyade de soñadores.

Su cristianismo auténtico lo vincula a muchísimos cristianos y cristianas que decidieron comprometerse en la tarea de luchar por el amor eficaz, entre ellos brillan con luz propia: En Nicaragua el español Gaspar García Laviana y los nicaragüenses Ernesto y Fernando Cardenal, sacerdotes y combatientes del FSLN; en Chile, los Cristianos por el Socialismo y el español Antonio Llidó, combatiente del MIR; en Argentina, los padres palotinos, Monseñor Angelelli, el cura villero Carlos Mugica, los Sacerdotes por el Tercer Mundo, Juan García Elorrio, el Comando Camilo Torres de la agrupación insurgente Montoneros…; en Brasil, Frei Betto, Leonardo Boff y el español Pedro Casaldáliga; en Perú, el testimonio personal e intelectual del Padre Gustavo Gutiérrez; en Uruguay, el compromiso de Uberfil Monzón; en Venezuela, el comportamiento del Padre Edmundo Cadenas y otros; en Colombia, además de los famosos curas de Golconda y su líder, monseñor Valencia Cano, están los tres sacerdotes aragoneses muertos en la guerrilla del ELN (Manuel Pérez Martínez, José Antonio Jiménez Comín, Domingo Laín Sánz) y los anónimos muertos de las Comunidades Eclesiales de Base; en El Salvador, el ejemplo vivificador de Monseñor Óscar Arnulfo Romero y de los mártires jesuitas españoles de la UCA, con Ignacio Ellacuría e Ignacio Martín-Baró a la cabeza; en República Dominicana, Carlos Sánchez y Amaury Germán Aristy, del CORECATO (Comité Revolucionario Camilo Torres).

Su tarea auténtica y liberadora, anti-imperialista y contrahegemónica lo hacen discípulo de Bolívar, de Artigas, de Sandino, de San Martín, de Bartolina Sisa, de Manuela Beltrán, de Eloy Alfaro, de Tupac Amaru, de José Antonio Galán y Manuela Beltrán.

Camilo hoy

45 años después de su dolorosa muerte, Camilo sigue renanciendo las mil muertes. Por eso conmemoramos su aniversario, porque sigue estando vivo. Honrar la memoria de Camilo no sólo es un justo reconocimiento a su testimonio de vida sino un esfuerzo por lograr avanzar en la construcción de nuestra propia identidad, a veces minada por la angustia de repetir modelos, esquemas y discursos que si bien sirven como enseñanza no pueden sernos impuestos como modelos que hay que seguir a tábula rasa, porque sería tan absurdo como darle un camisón de anciano a un recién nacido. Nuestras propias experiencias, nuestro propio caminar no puede ser otro que el de la “creación heróica” a la cual nos invitaba siempre José Carlos Mariátegui. Camilo merece que no lo dejemos morir en el impune olvido y en el fútil silencio al que lo han querido reducir. Marcos nos dice desde las entrañas de la Selva LaCandona que “el que ama la vida, guarda la memoria”. Camilo con su vida nos invita a hacer de la nuestra algo más grande que una monótona repetición de calendario.

No recordamos a Camilo como un héroe, sino como una persona auténtica, un militante de la vida que hizo una apuesta y fue con ella hasta las últimas consecuencias. Un soñador que comprendió que para transformar las estructuras opresoras había que JUGAR-SE y no dudó en hacerlo. Recordamos al Camilo que canta y sueña, que ríe, que lucha todos los días.

Camilo nace siempre que estemos comprometidos en la transformación de la realidad, con compromiso auténtico, con ética en nuestras acciones, con identidad popular. Camilo vive en el poder popular, en la alegría y creatividad juvenil, en el Foro Social Mundial y en los espacios internacionales de confluencia, tanto como en el Congreso de los Pueblos (¿un nuevo Frente Unido?) celebrado en 2010 en Colombia.

Camilo Torres, es símbolo germinador y esperanza del mundo. En estos momentos de despertar de luchas en el mundo, la siempre contagiosa sonrisa de Camilo y su inigualable ejemplo de compromiso deben ser acicates para seguir avanzando. Camilo, nuestro Camilo, el revolucionario sonriente.

FUENTE:
http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php/a/2011/02/15/p6327



sábado, 25 de diciembre de 2010

Saludo de Navidad con reflexión

Estimados amigos:

Ojalá que se den tiempo para leer esta reflexión. No es un saludo típico de navidad, pero es un saludo de navidad.
Esta navidad nos pilla después de un año muy golpeado. Rescato cuatro momentos:
Un terremoto maremoto que nos saco mucha humanidad, encuentro de vecinos y solidaridad.
Los 33 mineros que también despertó solidaridad y nos revela los graves problemas de inseguridad laboral. Nos reveló el apego a la vida y el empuje de gente sencilla. También nos unió y despertó solidaridad y valores.
Después la huelga de hambre de los mapuches a los que se les aplicó la justicia militar y la ley antiterrorista. Mi impresión es que la realidad mapuche nos deja perplejos, mudos. No conocemos lo que vive el mundo mapuche. Es un tema que nos queda grande y sin embargo forma parte de nuestra realidad, hay que tener opinión é informarse. Chile de hecho a querido eliminar al pueblo mapuche, primero lo quito sus tierras, no reconoce su cultura, su historia. El mapuche ha estado obligado a asimilarse a la cultura chilena y negarse a si mismo, para sobrevivir. Chile no sabe aceptar la diferencia cultural y la identidad mapuche. Aquí estamos mal. Tendemos a criminalizar y no ver los problemas de fondo. Fueron muchos los mapuches en huelga de hambre, todos presos sin cargos. Para eso faculta la ley antiterrorista. Así vivimos en la dictadura. Ahora sólo están detenidos, los acusados son tres o cuatro. ¿Que es esto?
Y por último la tragedia de la cárcel de San Miguel. En este tema me detengo.

 1. Está claro que las cárceles son un atropello a la dignidad de cualquier persona y no responden a su objetivo: castigar y rehabilitar. El castigo que sufren los presos al vivir en ese hacinamiento es mucho mayor que lo que la ley estipula. No porque estén más años en presidio, sino por las condiciones en que viven. Y si de rehabilitación se trata, las condiciones en que viven generan enormes resentimientos que terminan más delincuentes que antes. Esta tragedia debe ayudarnos como sociedad a hacernos cargos de este problema.
2. En cuanto a la delincuencia y el daño que provocan los delincuentes a gente honesta, creo que hay que enfrentarlos de un modo distinto al  modo que se esta haciendo.
Los chilenos no nos dividimos entre ciudadanos honestos y delincuentes. Algo de eso muestra el dicho: la cárcel es la casa del jabonero, el que no cae resbala.
Somos todos victimas de una sociedad que genera desigualdad, resentimiento, odiosidad, mezquindad, individualismo. La sociedad esta enferma. Hay delincuentes de cuello y corbata y gente marginal del bienestar que vivimos. La pobreza y extrema pobreza genera delincuentes. Basta con preguntarnos por el destino de un niño  que nace sin padres que respondan por el, que presenta problemas para leer y escribir y tiene problemas de comportamiento.
Una sociedad centrada solo en la producción y el consumo nos hace daño. Nos obliga a trabajar más de la cuenta paga tener los recursos para sacar adelante a nuestras familias. Nos obliga a pagar un precio muy alto: abandonar a la familia. Estamos sometidos permanentemente al engaño de los medios de comunicación, que nos muestran un mundo de fantasía, la felicidad del consumo. Fantasía inalcanzable porque no tenemos ingresos para consumir lo que se supone nos haría feliz. Y si logramos consumir nos damos cuenta que no hay tal felicidad en los bienes materiales o gustos que podamos darnos.
Desde hace años decimos mano dura a la delincuencia. Los castigos ejemplares harán que los delincuentes dejen de delinquir. Falso, la delincuencia es mayor. La sensación de inseguridad es mayor. Vivimos en el engaño. La sociedad productiva y consumista nos hace defender lo poco que tenemos, nos hace ver en el otro un delincuente. No vemos más allá de nuestros intereses.

Tanto el asaltante como el asaltado es víctima de una sociedad enferma. El joven trabajador asaltado y muerto, antes de ser víctima del delincuente, es víctima de la sociedad, que lo obliga a vivir estresado distante de su familia y sus afectos, para lograr un mínimo de bienestar material. El asaltante que quito la vida a ese esforzado jefe de familia y disciplinado trabajador, aunque nos cueste aceptarlo, es víctima de esta sociedad. El delincuente no es una persona que decide delinquir de la noche a la mañana. Se forma desde niño por la exclusión. La mayoría  de los actuales delincuentes no han tenido una familia que responda por ellos; en la escuela han sido “niños problemas” y lo mismo en sus barrios. Un niño nunca es problema, la falta de buenas costumbres; de adaptación; de rendimiento obedecen a una causa, que se debe atender debidamente, con políticas publicas y atención profesional. Nuestro Chile no les dio a su tiempo lo que necesitaba para ser formado como una persona de bien. Un numero importan de internos son hijos de padres que no han respondido por ellos. Son hijos de familias mal constituidas o que cuando niños fueron rebeldes, no rendían en sus estudios, fueron un problema para el sistema escolar que no supo atender sus necesidades.

3. La sociedad enferma en que vivimos necesita enfrentar los problemas que tenemos de otra manera, miles de niños y niñas están destinados a delinquir, son inadaptados al sistema desde muy pequeños, lo he comprobado personalmente. Es tremendo darse cuenta de esto. El pobre es segregado, abandonado en las grandes poblaciones y también en el campo. ¿Un niño problema o con un hogar mal constituido qué posibilidades tiene de desarrollar bien?  ¿Que respuesta tiene esta sociedad o los ciudadanos trabajadores, honestos y responsables de su familia, para estos miles de niños, víctimas inocentes de esta sociedad discriminatoria?

Necesitamos una sociedad profundamente humanitaria, no solo esta sociedad que solidariza ante una tragedia. Ya es bueno sentir indignación por el ser humano preso. Habla bien de lo que hay en nuestro corazón. Vemos en ese preso un ser humano que cumple un castigo por sus delitos. Pero es un ser humano, por esto se solidariza.

Una sociedad centrada en producir y consumir, que divide  a los chilenos en ciudadanos respetables y delincuentes, nos tiene así como estamos. Es necesario mirar la realidad de otra manera. la navidad nos puede ayudar a esto. Hay que buscar, anhelar un Chile diferente. Recursos económicos hay. Este país productivo los genera con mucho esfuerzo desde el sencillo trabajador, al empresario del campo y la ciudad, los generan también las empresas del estado. ¿Que estamos haciendo con esos recursos para que el alma de Chile crezca para ser más humanos, solidarios, para mejorarnos de la enfermedades sociales que tenemos?. La respuesta hay que buscarla en el plano personal, familiar, en los grupos que participamos. También hay que buscarla a nivel de la sociedad, de las políticas de Estado.
¿Que estamos haciendo para que los niños con hogares mal constituidos o sin esos hogares se desarrollen sanamente? Hay políticas de gobierno destinadas a atender a estos niños, pero claramente son insuficientes. Porque son insuficientes tenemos: niños trabajadores, niños con trabajos aberrantes (prostitución); niños en situación de calle; niños en deserción escolar; niños delincuentes; niños privados de libertad por delinquir. Ninguno de ellos tiene una familia capaz de responder a sus necesidades de niño. Si las tuviera estarían con los apoyos que se requiere para que se desarrollen bien. Hace falta en Chile asumir como sociedad a estos niños. Hay instituciones que brindan estos apoyos, pero son pocas, no dan abasto.Por cierto hay que mejorar el sistema carcelario. La pena es privar de libertad y no someter a una vida inhumana al que delinque. Las experiencias humanas hacen que seamos más humanos. La vida aberrante contribuye mucho a que se siga en la delincuencia.

Sin embargo los invito a mirar al origen del problema que lo resumo en dos puntos: Un Chile enfermo de producción y consumo; un Chile que abandona a niños que nacen sin hogares o con hogares que no tienen las capacidades para responder por ellos. Algo importante tiene que cambiar en nuestra vida en nuestro Chile, para que las cosas sean diferentes.

Bueno, les pido disculpas por esta carta que toca realidades dolorosas. La causa de estas reflexiones es la “encarnación de Dios”. “Dios que se hace frágil y niño para salvarnos”. Jesús nace pobre, para ayudarnos a mirar la realidad de los pobres y solidarizar con ellos así como la hace Dios.

La navidad hermosa sin problemas no necesita de Cristo. Nuestra navidad real si necesita de Cristo. Navidad tiene mucho de nostalgia de felicidad, de comunión. El niño Jesús despierta anhelos profundos. Hay mucho dolor y sufrimiento a nuestro alrededor, Navidad significa acogerlos, porque allí viene escondida la buena noticia.

Feliz Navidad.
Mario ss cc

martes, 21 de diciembre de 2010

ESPECIAL DE NAVIDAD


   
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Ver también: http://mapuenlalucha.blogspot.com/2012/12/por-una-navidad-para-los-ninos-y-ninas.html





Propósito de Navidad

Hagamos un propósito: Comprar los regalos de Navidad a pequeñas empresas y autónomos. Vecin«s que venden por catálogo o por Internet, artesano«s que hacen bisutería, amig«s que tienen una tienda en el barrio, pasteler«s que hacen los turrones artesanos, chic«s que tienen la parada del mercado...
Hagamos que el dinero llegue a personas comunes y no a grandes multinacionales. Así, más personas tendrán una mejor Navidad. Si te parece una buena propuesta, copia y pégalo.
¡Apoyemos a nuestra gente!




Llegó de nuevo el tiempo de Navidad. Tiempo de sensaciones encontradas. Felicidad en el encuentro familiar, cena, apertura de regalos. Hasta hace algunas décadas, los regalos eran para los niños, hoy se Los poderes fácticos la han convertido en la fiesta de los comerciantes, y no hablo de los ambulantes, sino de las grandes firmas, las transnacionales. Pero también es la fiesta de la desigualdad, cuando queda claro que la felicidad de los niños no se reparte por todo el mundo como aparece en los carteles de Santa Claus. Esta felicidad depende directamente del poder adquisitivo de sus adultos. Caritas contentas, caritas largas. Y esto sigue pasando, no es cosa del pasado. Es de los temas de los que no se habla, mientras hoy se habla de otros que ayer quedaban como tabúes sociales o familiares.

Especialmente desigual va a ser la Navidad de las familias terremoteadas, de quienes perdieron seres queridos en el cataclismo, de l«s miles de cesantes, de quienes fueron echad«s por la nueva administración, por ahorro y conveniencia de las empresas, de quienes van a recibir descuento por haber apoyado el paro, de las familias de prisioner«s mapuche y populares, de las familias de los 81 presos de San Miguel, de los muertos por la inseguridad en el trabajo. Ha sido un año de getta, regido por una mala estrella que solo trae infortunio: que venga un año nuevo mejor para todos, menos para uno (2010).

Jesús de Nazareth no instituyó la Navidad, ni sus discípulos, la “vieja guardia” que bien o mal difundió su mensaje y sus milagros y que, como los bolcheviques, fueron siendo eliminados uno por uno por los tiranos inmemoriales. La Navidad se fue haciendo tradición a lo largo de mucho tiempo, y ni siquiera tenía fecha cierta, hasta cuando la Iglesia, ya en el poder, en el siglo VI, encargó a fray Dionisio el Exiguo fijar la fecha del nacimiento del hijo de Dios. El chico Dionisio, no arbitrariamente, sino en una operación de borrón y cuenta nueva en los calendarios precristianos, puso la fecha en el día del solsticio de invierno, el 25 de diciembre, cuando los pueblos originarios del hemisferio norte celebraban el retorno del sol y el alargue de los días (algo que en nuestro hemisferio sur acontece desde el 21 de junio). La Navidad, pues, quedó sobrepuesta a las fiestas originarias. Dionisio se equivocó en unos 7 años, por tanto Jesús nació hace 2017 años.
Algún autor ha negado que históricamente existiese la matanza de los niños inocentes, ya que no hay ningún testimonio histórico sobre ello, salvo el Evangelio de Mateo. Que no haya testimonio de una matanza tan cruel, no es cosa nueva. Que un rey judío ordene un genocidio para eliminar a cualquiera que de aquí a 20 años amenace su poder, es cosa del presente. Los Herodes de hoy no están en Jerusalén sino en Tel Aviv, en Manhattan, en Washington y mandan matar a miles de niños de un viaje.



Llegó la fiesta de la banca y del comercio, el hemisferio norte celebra que el sol volvió a salir por el oriente y que el capital financiero sigue circulando en su periplo arrollador de pueblos y de trabajadores.
Algunos pocos cambiaron el sentido, bajaron a Jesús y entronizaron a Santa Claus, que vive en el Hemisferio Norte. Claro, no podía estar en el sur, en ningún caso podía un santo tan importante residir en Coyhaique, en Punta Arenas ni en Ciudad del Cabo, aunque en el sur tengamos méritos sobrados para tener un Mesías, ya que el mar ya está muerto y pronto se va a poder atravesar, caminando sobre cajones de salmones muertos, aunque algunos pocos siguen teniendo pesca milagrosa, como los dirigentes pesqueros, que en medio de la crisis de sus pares, se los llevaron a llenarse de mariscos a un hotel de lujo de Caldera, por obra y gracia de la trenza.
Hasta hace unos 80 años, los regalos los traía el Niño Jesús y eran solo para niños. Parece que desde la crisis del 29 fue reemplazado por el keinesiano y patriarcal Viejito Pascuero y nos fueron metiendo regalar algo a los vecinos, a los suegros y consuegros, a los compañeros de trabajo. Por si alguno te caía mal, inventaron el Amigo Secreto para que nadie se escapase (de comprar).
En los 80, una revista chilena trajo la siguiente frase: Gloria a Dios en el Cielo. Y paz en la Tierra a los hombres de buena situación.
Volviendo al sentido positivo, de que alguna vez estuvo dotada esta fiesta, daremos nuestros mejores deseos a nuestra gente. Nos abrazaremos y daremos regalos y hermosas expresiones, no porque nos presione el medio social, la cultura urbana, sino porque lo sentimos.
También nos abrazaremos por las insurrecciones de Lautaro y Pelantaro, que fueron por Navidad, porque sí los sabios ancestrales sabían de solsticios y fechas propicias para nuestros antepasados. Que sigan cabalgando y liberando tierra y territorio, ahora depende de nosotros. Nos abrazaremos por la victoria de la soberanía del pueblo cubano, celebrando el 1º de enero; por la victoria de la dignidad de los hijos de los Mayas y de Zapata, enalteciendo la misma fecha en Chiapas.
Nos abrazaremos por que en estos tiempos difíciles no se perdió la vida, hermanos, hermanas, y hay que celebrar y lograr la unión de los que aún estamos vivos.

 Gloria a Dios en las Alturas
recogieron la basura
en mi calle ayer a oscuras
y hoy sembrada de bombillas...
Vamos bajando la cuesta, que arriba en mi calle se acabó la fiesta.



Saludo (1949) 
Feliz año, chilenos, para la patria en tinieblas, 
feliz año para todos, para cada uno menos uno, 
somos tan pocos, feliz año, compatriotas, 
hermanos, 
hombres, mujeres, niños, hoy a Chile, 
a vosotros 
vuela mi voz, golpea como un pájaro ciego 
tu ventana, y te llama desde lejos.

(Pablo Neruda, Canto General, Cap. XIII, Coral del año nuevo para la patria en tinieblas)








Santa Claus no es Jesús. LEER:

¿COMO SERIA UNA NAVIDAD SIN SANTA CLAUS (PAPA NOEL)?



¿PASCUA FELIZ PARA TODOS? ¡JO!  ¡JO!  ¡JO!
 ¡JOBAR!  ¡JODER!  ¡JOLINES!





viernes, 5 de marzo de 2010

ÉTICA Y MORAL... UNA NECESARIA ACLARACIÓN.

¿Qué es ética y que es moral? ¿Son lo mismo o hay que hacer distinciones entre ellas? Hay mucha confusión acerca de esto. Por Leonardo Boff Tratemos de aclararlo. En el lenguaje corriente e incluso culto, ética y moral son sinónimos. Así decimos: \"aquí hay un problema ético\" o \"un problema moral\". Con eso emitimos un juicio de valor sobre alguna práctica personal o social, si buena, mala o dudosa. Pero profundizando la cuestión, percibimos que ética y moral no son sinónimos. La ética es parte de la filosofía. Considera concepciones de fondo, principios y valores que orientan a personas y sociedades. Una persona es ética cuando se orienta por principios y convicciones. Decimos entonces que tiene carácter y buena índole. La moral forma parte de la vida concreta. Trata de la práctica real de las personas que se expresan por costumbres, hábitos y valores aceptados. Una persona es moral cuando obra conforme a las costumbres y valores establecidos que, eventualmente, pueden ser cuestionados por la ética. Una persona puede ser moral (sigue las costumbres) pero no necesariamente ética (obedece a principios). Estas definiciones, aunque útiles, son abstractas porque no muestran el proceso, cómo surgen efectivamente la ética y la moral. Y aquí los griegos pueden ayudarnos. Ellos parten de una experiencia de base, siempre válida, la de la morada entendida existencialmente como el conjunto de las relaciones entre el medio físico y las personas. Y llaman a la morada, \"ethos\" (con e larga en griego). Para que la morada sea morada, hay que organizar el espacio físico (cuartos, sala, cocina) y el espacio humano (relaciones de los moradores entre sí y con sus vecinos) según criterios, valores y principios para que todo fluya y esté como se desea. Eso da carácter a la casa y a las personas. Los griegos también llaman a esto \"ethos\". Nosotros diríamos ética y carácter ético de las personas. Además, en la morada, los moradores tienen costumbres, maneras de organizar las comidas, los encuentros, modos de relacionarse, tensos y competitivos o armoniosos y cooperativos. A esto los griegos también lo llamaban \"ethos\" (con e corta). Nosotros diríamos moral y la postura moral de una persona. Sucede que esas costumbres (moral) forman el carácter (ética) de las personas. Winnicot, continuando a Freud, estudió la importancia de las relaciones familiares para establecer el carácter de las personas. Éstas serán éticas (tendrán principios y valores) si han tenido una buena moral (relaciones armoniosas e inclusivas) en casa. Los medievales no tenían las sutilezas de los griegos. Usaban la palabra moral (viene de mos/moris) tanto para las costumbres como para el carácter. Distinguían la moral teórica (filosofía moral), que estudia los principios y las actitudes que iluminan las prácticas, y la moral práctica, que analiza los actos a la luz de las actitudes y estudia la aplicación de los principios a la vida. ¿Cuáles son la ética y la moral vigentes hoy? Las del capitalismo. Su ética dice: bueno es lo que permite acumular más con menos inversión y en el menor tiempo posible. Su moral concreta reza: emplear la menor cantidad de gente posible, pagar menos salarios e impuestos y explotar mejor la naturaleza. Imaginemos cómo sería una casa y una sociedad (ethos) que tuviesen tales costumbres (moral/ethos) y produjesen caracteres (ethos/moral) igualmente conflictivos. ¿Sería todavía humana y benéfica para la vida? Aquí está la razón de la grave crisis actual.

sábado, 3 de octubre de 2009

Diez Consejos para los Militantes de Izquierda

Frei Betto Resumen Latinoamericano 9 de enero del 2005 1. MANTENGA VIVA LA INDIGNACIÓN Verifique periódicamente si usted es realmente de izquierda. Adopte el criterio de Norberto Bobbio: la derecha considera la desigualdad social tan natural como la diferencia entre el día y la noche. La izquierda lo enfrenta como una aberración que debe ser erradicada. Cuidado: usted puede estar contaminado por el virus social-demócrata, cuyos principales síntomas son usar métodos de derecha para obtener conquistas de izquierda y, en caso de conflicto, desagradar a los pequeños para no quedar mal con los grandes. 2. LA CABEZA PIENSA DONDE LOS PIES PISAN No se puede ser de izquierda sin "ensuciar" los zapatos allá donde el pueblo vive, lucha, sufre. Alégrate y comparte sus creencias y victorias. Teoría sin práctica es hacer el juego a la derecha. 3. NO SE AVERGÜENCE DE CREER EN EL SOCIALISMO El escándalo de la Inquisición no hizo que los cristianos abandonaran los valores y las propuestas del Evangelio. Del mismo modo, el fracaso del socialismo en el este europeo no debe inducirlo a descartar el socialismo del horizonte de la historia humana. El capitalismo, vigente hace 200 años, fracasó para la mayoría de la población mundial. Hoy, somos 6 billones (*) de habitantes. Según el Banco Mundial, 2,8 billones sobreviven con menos de US $ 2 por día. Y 1,2 billones, con menos de US $ 1 por día. La globalización de la miseria no es mayor gracias al socialismo chino que, a pesar de sus errores, asegura alimentación, salud y educación a 1,2 billones de personas. 4. SEA CRÍTICO SIN PERDER LA AUTOCRÍTICA. Muchos militantes de izquierda cambian de lado cuando comienzan a buscar piojo en cabeza de alfiler. Apartados del poder, se tornan amargos y acusan a sus compañeros(as) de errores y vacilaciones. Como dice Jesús, vemos el polvo en el ojo del otro, pero no la viga en el propio ojo. Tampoco se enganchan para mejorar las cosas. Quedan como simples espectadores y jueces y, algunos, son captados por el sistema. La autocrítica no es sólo admitir los propios errores. Es admitir ser criticado por los(as) compañeros(as). 5. SEPA LA DIFERENCIA ENTRE MILITANTE Y "MILITONTO". "Militonto" es aquel que se jacta de estar en todo, participar en todos los eventos y movimientos, actuar en todos los frentes. Su lenguaje está lleno de explicaciones y los efectos de sus acciones son superficiales. El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, reflexiona, medita; valora de forma determinada su área de actuación y actividades, valoriza los vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios. 6. SEA RIGUROSO EN LA ÉTICA DE LA MILITANCIA. La izquierda actúa por principios. La derecha, por intereses. Un militante de izquierda puede perder todo, la libertad, el empleo, la vida. Menos la moral. Al desmoralizarse, desmoraliza la causa que defiende y representa. Le presta un inestimable servicio a la derecha. Hay arribistas disfrazados de militante de izquierda. Es el sujeto que se engancha apuntando, en primer lugar, a su ascenso al poder. En nombre de una causa colectiva, busca primero sus intereses personales. El verdadero militante - como Jesús, Gandhi, Che Guevara - es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, u orgulloso al estar. Él no se confunde con la función que ocupa. 7. ALIMÉNTESE EN LA TRADICIÓN DE LA IZQUIERDA. Es preciso la oración para cultivar la fe, el cariño para nutrir el amor de la pareja, "volver a las fuentes" para mantener encendida la mística de la militancia. Conozca la historia de la izquierda, lea (auto)biografías, como el "Diario del Che en Bolivia", y novelas como "La Madre", de Gorki, o "Las uvas de la Ira", de Steinbeck. 8. PREFIERA EL RIESGO DE ERRAR CON LOS POBRES A TENER LA PRETENSIÓN DE ACERTAR SIN ELLOS. Convivir con los pobres no es fácil. Primero, hay la tendencia de idealizarlos. Después, se descubre que entre ellos existen los mismos vicios encontrados en las demás clases sociales. Ellos no son mejores ni peores que los demás seres humanos. La diferencia es que son pobres, o sea, personas privadas injusta e involuntariamente de los bienes esenciales de la vida digna. Por eso, estamos al lado de ellos. Por una cuestión de justicia. Un militante de izquierda jamás negocia los derechos de los pobres y sabe aprender con ellos. 9. DEFIENDA SIEMPRE AL OPRIMIDO, AUNQUE APARENTEMENTE ELLOS NO TENGAN RAZÓN. Son tantos los sufrimientos de los pobres del mundo que no se puede esperar de ellos actitudes que tampoco aparecen en la vida de aquellos que tuvieron una educación refinada. En todos los sectores de la sociedad hay corruptos y bandidos. La diferencia es que, en la élite, la corrupción se hace con la protección de la ley y los bandidos son defendidos por mecanismos económicos sofisticados, que permiten que un especulador lleve una nación entera a la penuria. La vida es el don mayor de Dios. La existencia de la pobreza clama a los cielos. No espere jamás ser comprendido por quien favorece la opresión de los pobres. 10. HAGA DE LA ORACIÓN UN ANTÍDOTO CONTRA LA ALIENACIÓN. Orar es dejarse cuestionar por el Espíritu de Dios. Muchas veces dejamos de rezar para no oír el llamado divino que nos exige nuestra conversión, esto es, el cambio del rumbo en la vida. Hablamos como militantes y vivimos como burgueses, acomodados en una cómoda posición de jueces de quien lucha. Orar es permitir que Dios subvierta nuestra existencia, enseñándonos a amar así como Jesús amaba, libremente. Permitida la reproducción parcial o total siempre y cuando se citen las fuentes. Copyleft ©2003-2005. Los pobres de la tierra.org - San José, Costa Rica NACE LA ESPERANZA, VIENE EL CAMBIO

viernes, 18 de septiembre de 2009

LA LECCIÓN DE JOAN ALSINA.

http://mirandoalsur.blogia.com/2005/octubre.php Por Patricia Verdugo El Mostrador (Chile) – 24 de Octubre de 2005 Sabía que lo buscaban y no huyó. Sabía que el arresto conllevaba un alto riesgo de tortura y de muerte. Y sabiendo todo eso, el español Joan Alsina Hurtos tomó lápiz y papel la noche del 18 de septiembre de 1973 y escribió con la certeza de estar en víspera de morir. ¿Por qué? ¿No debió ser más fuerte el instinto de sobrevivencia? ¿O acaso se hizo misionero buscando ser un mártir? Quizás nada de eso. Tenía apenas 31 años y ninguna duda acerca de su papel en este mundo. Ser sacerdote católico fue su deseo desde niño. Así lo dijo a sus padres, José y Genoveva, cuando cumplió once años en su hogar de la “masia” catalana de Castelló d’Empuries. Comenzaba la década de los cincuenta y el niño Alsina –en pleno franquismo- quería ser un cura obrero, levadura en la masa para hornear un pan que alimentara a los hambrientos. Primero fue el seminario de Girona, luego el Hispano Americano de Madrid, teniendo en la mira el objetivo al que apuntar la energía de su vida: ser misionero en Latinoamérica. No había indicios que apuntaran al martirio cuando abordó el avión en Barajas y abrazó a sus padres y hermanos. Para entonces, 1968, Chile parecía un destino luminoso para un joven español iluminado por la fe cristiana. Iba a convertirse en un remero más de una goleta que, capitaneada por el cardenal Raúl Silva Henríquez, tenía claro el puerto de arribo: una Iglesia progresista para ayudar a construir un país con justicia social. Entre lecturas de Teología de la Liberación y días de intenso trabajo, el joven Alsina se bebió de un sorbo el santo grial de la esperanza, inmerso entre los pobres de Chile –cristianos y marxistas- que apostaban al socialismo democrático con Salvador Allende como líder. Hasta que un día negro de septiembre de 1973 cuajó el complot y, con La Moneda en llamas, comenzaron a escucharse los bandos militares que instaban a la entrega de los rojos. El nombre de Joan Alsina estaba escrito en uno de esos bandos. Y sabiéndolo, ordenó sus escasas pertenencias y escribió la carta de despedida con la certeza de que “Cristo nos acompaña siempre, dondequiera que estemos” y con la percepción de ser grano de trigo en el campo de la historia: “si el grano de trigo no muere, no da fruto”. Y sabiéndolo, ordenó sus escasas pertenencias y escribió la carta de despedida con la certeza de que “Cristo nos acompaña siempre, dondequiera que estemos” y con la percepción de ser grano de trigo en el campo de la historia. ¿Durmió esa noche? ¿Cuán largas fueron sus oraciones? No lo sabemos. Quizás el paisaje de Girona y los rostros amados custodiaron su vigilia. Al día siguiente, 19 de septiembre de 1973, cruzó temprano la puerta del Hospital San Juan de Dios –donde trabajaba- y fue arrestado. Pocas horas después, golpeado y sangrante, fue llevado hasta un puente de los tantos que cruzan el río Mapocho. El suboficial Donato López dio la orden de matarlo. Y el joven soldado Nelson Bañados, de apenas 18 años, cumplió la orden. Dice en su confesión: “Saqué a Juan del furgón y traté de vendarle los ojos. Pero Juan me dijo ‘por favor, no me pongas la venda. Mátame de frente, porque quiero verte para darte el perdón’. Fue muy rápido todo. Recuerdo que levantó su mirada al cielo, hizo un gesto con las manos, las puso luego sobre su corazón, movió los labios como si estuviera rezando y dijo: ‘Padre, perdónalos’. Yo le disparé la ráfaga… lo hice con la metralleta para que fuera más rápido”. Diez de la noche, 19 de septiembre. Los focos del vehículo iluminaban el patíbulo. La fuerza de la ráfaga dejó el cuerpo de Joan Alsina sobre la baranda del puente Bulnes y el soldado Bañados sólo lo impulsó levemente para que cayera. Abajo, las oscuras aguas del Mapocho se hicieron tumba para el sacerdote español como lo fueron para tantos chilenos en la dictadura. Ahora, treinta y dos años después, un juez condenó a cinco años de cárcel al suboficial López. El soldado Bañados no necesitó condena. Se condenó a sí mismo a la lenta tortura de ver cada día la mirada de Alsina, bendiciéndolo y perdonándolo, antes de morir. Y se suicidó. Lunes, 24 de Octubre de 2005