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lunes, 5 de enero de 2026

EL MAPU ANTE LA AGRESIÓN DE EE.UU. CONTRA VENEZUELA

 



MOVIMIENTO DE ACCIÓN

POPULAR UNITARIA

MAPU  

 

EL MAPU ANTE LA AGRESIÓN DE EE.UU. CONTRA VENEZUELA

 

¡Manifestamos nuestro más profundo repudio al vil y criminal ataque armado perpetrado por el imperio yanki, contra ciudades e instalaciones militares venezolanas y contra el secuestro del presidente de la República Bolivariana de Venezuela y su esposa!

Estas cobardes acciones, de una potencia militar y económica que se cree rectora de la vida y la muerte de millones de habitantes de este continente y del mundo, constituyen agresiones y delitos contra el derecho internacional y la convivencia pacífica de nuestros pueblos. Significan una real y concreta amenaza contra la soberanía de los países de nuestro continente y del mundo entero.

El imperio norteamericano está dirigido ahora por un demente senil, que, con sus acciones crimínales, está llevando a la humanidad a una tercera guerra mundial.

La necesidad de apropiarse de los recursos naturales de nuestros pueblos, provoca un hambre del yanki por adueñarse del petróleo venezolano, como así mañana podría intentar hacer lo mismo con nuestro cobre y litio y nuestras aguas australes

Solo los muy ingenuos o los tarados, pueden pensar que el imperialismo desea la “democracia”, la libertad, etc. Lo ha dicho claramente el senil emperador: EE. UU. se encargará de “administrar” Venezuela, ¡“el tiempo que sea necesario”! Recuerdan que nuestro tirano se quedó más de 16 años en el poder.

Incluso, la flamante “Premio Nobel de la Paz”, la Corina Machado, y su títere González, se quedarán con los crespos hechos, ya que no inspiran confianza en el demente emperador.

El verdadero delincuente, que debe comparecer ante los tribunales internacionales, no es otro sino Trump. Se le debe juzgar por: terrorismo, piratería, asesinato de pescadores, de civiles y militares venezolanos, secuestro y atropello de la integridad de un dignatario extranjero y su esposa, entre otros delitos como pedofilia.

 

Por último, manifestamos nuestra solidaridad más sincera con el pueblo y dirigentes de la República Bolivariana de Venezuela, y llamamos a las gentes decentes a manifestarse contra la barbarie cometida y sus criminales intenciones.

 

Comisión Política

Movimiento de Acción Popular Unitaria

MAPU

 

Santiago, enero 4 de 2026.

 

 #Venezuela  #Libertad_a_Maduro_y_esposa

#Fuera_yankis_de_Venezuela

#Solidaridad_con_Venezuela

jueves, 9 de abril de 2020

APOYO A VENEZUELA Y A LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA


DECLARACIÓN PÚBLICA DE APOYO A VENEZUELA Y A LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

¡Alerta pueblos y trabajadores de Nuestra América, la del sur del Río Grande!

La mañana del miércoles 1 de abril recién pasado, aprovechando que el mundo está concentrado en la lucha contra la pandemia del Coronavirus, los Estados Unidos de Norteamérica desplegaron una gran fuerza naval y militar de destructores, barcos de combate, aviones y helicópteros rumbo a las costas Venezolanas. Dicha flota ya está en el norte de Colombia, cercanos a la frontera con Venezuela. Es un hecho, el Imperio amenaza una vez más con invadir a Venezuela y acabar con la Revolución Bolivariana con el pretexto de la administración de Trump de “combatir al narcotráfico” supuestamente proveniente según el imperio, del territorio de Venezuela, cosa que se contradice con el último informe de la Administración para el Control de Drogas D.E.A. donde en ningún párrafo nombra a Venezuela como potencial exportador de la droga que entra a los Estados Unidos y nombra a Colombia su socio predilecto en América Latina cómo principal origen de la droga. Los EEUU mienten nuevamente, como cuando dijeron que invadían Irak por el peligro de unas “armas de destrucción masiva” que nunca existieron. La verdadera razón es que son un Imperio en decadencia, que para poder prolongar su poderío necesita apropiarse del petróleo y las riquezas naturales de Venezuela. Con esta acción Trump busca salir de la actual crisis que le ha generado el mal manejo del Coronavirus, con sus amenazas de guerra intenta distraer la atención de los Norteamericanos y recuperar su imagen en vistas a las próximas elecciones yanquis.

No tenemos nada contra el pueblo norteamericano, al contrario. Pero jamás aceptaremos al complejo financiero-industrial-militar sionista que los gobierna; que ya el 18 de marzo pasado tuvo la inhumanidad de influir en el FMI para negar fondos a Venezuela en el combate al Coronavirus, y que el 27 de marzo tuvo la insolencia de ofrecer “recompensa” por el Presidente Maduro y dirigentes bolivarianos.

¡Váyanse al carajo, yanquis de mierda! Somos Nuestra América y estamos todos con Venezuela. Somos el continente de Zapata, Farabundo y Sandino, de Fidel, Chávez y el Che, de Allende y Miguel, y de tantos otros cuya grandeza ustedes nunca alcanzarán.

Y sépanlo, gringos, que caerá sobre ustedes la sentencia de Maceo si vuestra bota sucia pisa el suelo sagrado de Venezuela: “recogerán el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perecen en la contienda”.

¡VIVA EL PUEBLO VENEZOLANO!
¡YANQUIS, MANOS FUERA DE VENEZUELA!
¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

MOVIMIENTO DE LOS PUEBLOS Y LOS TRABAJADORES MPT
MOVIMIENTO DE ACCIÓN POPULAR UNITARIA MAPU
PARTIDO DE LOS TRABAJADORES PT
MOVIMIENTO PATRIÓTICO MANUEL RODRÍGUEZ MPMR





#Venezuela #Declaración #Revolución Bolivariana #Antiimperialismo #COVID19 #Corona Virus #PT #MAPU #MPT #MPMR #Imperialismo #Maduro #Trump #Bolivarian*s

sábado, 6 de enero de 2018

Imperialismo sin máscaras

El 2017 fue año clarificador, logró sincerar la política internacional y poner a prueba la política exterior de la República Bolivariana de Venezuela, la Diplomacia Bolivariana de Paz. Ya no hay dudas posibles, el unilateralismo e imperialismo estadounidense se han reafirmado. Muchos en el mundo tendían a confundirse tras la sonrisa y el andar trabajado y simpático de Barack Obama, descartando el carácter devastador del imperio de turno. La verdad es hoy más que evidente.


Quedaron sin asidero y sin argumentos los que pensaban que los grupos terroristas en el medio oriente surgen espontáneamente, sin financiamiento y apoyo del Pentágono; aquellos que mantenían la ilusión al afirmar que Washington ya no interviene en los asuntos internos de otros países, ni financia planes desestabilizadores y golpes de Estado; que el Departamento de Estado ya no fragua fraudes electorales a conveniencia, ni crea matrices tendenciosas en los medios de comunicación para justificar acciones bélicas subsecuentes; cuán errados estaban los que aseguraban que las instituciones estadounidenses no planifican y desarrollan implacables persecuciones financieras contra pueblos enteros para “hacer chillar” sus economías y forzar cambios de gobierno por la fuerza.
Se equivocaron quienes declaraban que ya EEUU no considera como sus acérrimos rivales y competidores a Rusia y China, al buen estilo de la Guerra Fría; como también, los que llegaban a pensar que EEUU estaba en tiempos de rectificación e iba a respetar las instituciones multilaterales y el Derecho Internacional Público; peor aún, aquellos que alguna vez creyeron que EEUU responsablemente cumpliría con el Acuerdo de París sobre cambio climático; así como los que negaban que el Departamento de Estado es capaz de presionar económicamente a Estados iguales, si se atreve a sostener posiciones soberanas en la ONU en asuntos sobre el Medio Oriente.
Muchos analistas aseveraban que la llegada al poder político en nuestros países de empresarios acaudalados nada tiene que ver con Washington; o los que sugerían que Washington ya no dominaba la OEA, ni la usaría para agredir e intervenir en los asuntos internos de América Latina y el Caribe. Incluso muchos opinadores en el mundo llegaban a poner en duda las inexorables tesis del dominio del complejo industrial-militar o que la economía estadounidense se alimenta y dinamiza a través de la producción y venta de equipos militares y armas, es decir, a través de la generación guerras y de sangre.
Los que pensaban (o querían hacer creer) que esos hechos irrefutables eran mitos o inventos de los “comunistas, izquierdistas y ecologistas”, han sido testigos, como el mundo entero también lo es, de la irrefutable veracidad de esas prácticas, políticas y acciones, ante la abierta sinceridad con la que orgullosamente el Presidente Donald Trump ha develado y asumido la autoría intelectual y material de todas esas violaciones al orden internacional (reconocimiento que se le agradece).
Como afirman los abogados: a confesión de parte, relevo de pruebas. Se ha demostrado de manera indiscutible y descarnada que el imperialismo no solamente existe, sino que ante las señales de su decadencia y el evidente fracaso de su sistema económico de soporte y de su pensamiento único, ha entrado en fase de agresiva desesperación, pasando a representar la principal amenaza (aunque usual y ordinaria, como toda amenaza imperial) para la humanidad. En la medida en que el mundo multipolar se consolida, más peligrosas se hacen las acciones de los principales actores del entramado imperial.
En una universidad estadounidense, un cuestionado y muy debilitado empresario-Presidente latinoamericano, carnalmente muy próximo a Washington, derrochó sinceridad para calificar el rol que EEUU y la derecha latinoamericana le otorga a nuestros pueblos y sus gobiernos: “América Latina es un simpático perro durmiendo en la alfombra, que no genera ningún problema”. El trato discriminador y racista que la Casa Blanca ha mostrado hacia nuestros países en los últimos meses, confirma esa teoría de la sumisión.
La construcción de muros entre pueblos, la expulsión y maltrato cruel a los migrantes, la cancelación de políticas de preferencias hacia países de El Caribe y América Central, las sanciones económicas y persecuciones financieras, la interferencia permanente en los asuntos internos, la arrogancia económica para dominarnos, la humillación en la renegociación de tratados comerciales, entre otras afrentas, dan fe de la activa ofensiva imperialista en Nuestra América.
Desde la inefable OEA, el nada honorable señor Luis Almagro hizo alarde de disciplina ante las órdenes de Washington, a través de innumerables horas de trabajo, ingentes esfuerzos y recursos incalculables invertidos con el único objetivo de derrocar al gobierno de Venezuela. Su inducido accionar es parte evidente de la estrategia develada de ofensiva imperialista en la región. Sin embargo, su eficiencia ha sido muy deficiente. El Presidente Maduro no sólo sigue al mando, sino que ha acumulado una victoria política tras otra. A favor del señor “Amargo”, debemos decir que ha sido muy eficaz para internar a la OEA en la sala de terapia intensiva de la historia, moralmente en estado vegetativo irreversible y políticamente en ridículo estado disfuncional de absoluta inutilidad.
El imperialismo ansioso y furioso por la ineficacia de sus acciones y las que le instruyen a la incapaz derecha venezolana para liquidar a la Revolución Bolivariana, se activó en todos los frentes. El Departamento de Estado (y con ellos siempre la CIA) se desplegó en toda América Latina y El Caribe, como también en Europa (ordenando sancionar a Venezuela) y ante gobiernos de los cinco continentes. Puso a Canadá a arriar a un grupo de sometidos gobiernos en la región para tratar de acorralar al gobierno de Caracas, hizo mil movimientos en Naciones Unidas, tanto en el Consejo de Derechos Humanos, hasta en el mismísimo Consejo de Seguridad, buscando acompañamiento bajo presión, en su obsesión por perseguir a Venezuela. En todos los casos resultó derrotado.
Y precisamente, las máscaras que han caído con el advenimiento del gobierno supremacista y racista de Donald Trump, permiten, hasta por defecto, dejarlos en evidencia. El principal argumento para atacar a la Revolución Bolivariana ha sido el de los Derechos Humanos. Ahora bien, sin ir al detalle de la situación de violación permanente por parte de los gobiernos de EEUU en materia de Derechos Humanos en su país y en el mundo, permítanme citar un elocuente párrafo al respecto, extraído de la intervención de Venezuela en el 72 periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU, como respuesta a la inmoral afirmación de la Representante Permanente de EEUU en esa organización, al afirmar que Venezuela y Cuba no merecen ser miembros del Consejo de Derechos Humanos:
“Si algún país no merece pertenecer al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, es precisamente los Estados Unidos de América. Se trata del principal violador de derechos humanos, no sólo en su territorio, sino en todo el mundo. Guerras injustificadas, bombardeos a población civil, cárceles clandestinas con aplicación de métodos de tortura, imposición de medidas unilaterales ilegales contra economías de varios países, presiones económicas diversas, y temerarias políticas migratorias. Es el único país que se ha atrevido a utilizar armas nucleares contra otro pueblo, generando centenares de miles de muertes. Un país que, violando la institucionalidad esencial de la ONU, lideró la invasión de Iraq en 2003, bajo el argumento de la búsqueda de armas de destrucción masiva, que jamás encontraron, a pesar de las más de un millón de muertes que generó esa cruenta operación militar. Estados Unidos construye el muro en la frontera con México y hay propuestas de ley para pecharle 7% a las remesas de los inmigrantes, no para su seguridad social, sino para financiar la construcción del indigno muro.
Utilizando datos verificables de los organismos y relatorías de la ONU, podemos concluir que: EEUU no ha ratificado el 62% de los principales tratados en materia de DDHH; en EEUU no existe institución independiente para la defensa y promoción de los DDHH; el Relator Especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales y arbitrarias denuncia la falta de independencia del poder judicial en EEUU; el confinamiento solitario es una práctica extendida en este país; la cifra de personas sin hogar alcanza los 3,5 millones, 1,5 millones de niños y niñas entre ellos; el 28% de las personas en pobreza no cuentan con cobertura alguna en salud; la tasa de mortalidad materna ha aumentado vertiginosamente en los últimos años, 10 mil niños están alojados en prisiones para adultos, los niños pueden ser condenados a cadena perpetua (70% de ellos afroamericanos); el relator especial para la educación ha denunciado el uso de descargas eléctricas y medios físicos de coerción en centros de estudio; EEUU es uno de los 7 países del mundo que no ha ratificado la convención para la eliminación de la discriminación contra la mujer; en EEUU la licencia remunerada por maternidad no es obligatoria; las denuncias sobre abusos policiales, especialmente contra la población afroamericana, son comunes, más de 10 millones de afroestadounidenses siguen en situación de pobreza, la mitad de ellos en situación de miseria; en un país donde la esclavitud se supone abolida, la decimotercera enmienda admite la esclavitud como modalidad de condena penal; una de cada tres mujeres indígenas estadounidense es violada a lo largo de su vida; se trata de un país donde la discriminación racial no sólo no está superada, sino que recrudece con las posiciones supremacistas del gobierno actual”
Tras la derrota de la violencia política en Venezuela (financiada en buena parte desde centros de poder en EEUU), gracias a la paz que trajo consigo la elección popular de la Asamblea Nacional Constituyente, y cuando los actores más diversos se preparaban para nuevas contiendas democráticas e incluso para retomar el proceso de diálogo, el gobierno de EEUU se quitaba otra careta al imponer una serie de medidas unilaterales coercitivas e ilegales contra la economía venezolana. De esta manera, oficializaba y reforzaba la persecución financiera contra Venezuela que ya se venía ejerciendo con rudeza desde tiempos de Obama.
No nos referimos a las absurdas sanciones individuales e inocuas contra servidores del gobierno, miembros del Consejo Electoral o de la Asamblea Constituyente. Se trata de medidas para evitar que Venezuela pueda obtener financiamientos y efectuar transacciones internacionales para garantizar el cumplimiento de sus compromisos y la obtención de materia prima para la producción o de productos terminados para satisfacer las necesidades del pueblo. Es una modalidad de bloqueo que emula al que le han impuesto a la hermana República de Cuba durante 5 décadas.
Estas medidas destinadas a ahorcar a la economía, es decir, al pueblo, para forzar el cumplimiento de la voluntad imperial en Venezuela, también están dirigidas a evitar cualquier tipo de diálogo entre los actores políticos. Estas llamadas sanciones, si bien han hecho daño, han servido en gran medida para cohesionar aún más la conciencia antiimperialista y libertaria del pueblo de Bolívar. Adicionalmente, estas decisiones unilaterales han acelerado la velocidad con la que el Gobierno del Presidente Maduro procura desprenderse de la economía estadounidense y del esclavizante patrón dólar.
A través de las alianzas con China, Rusia, Turquía, Irán y los países del ALBA, entre otros, Venezuela ha ido diseñando rutas alternas para ir disminuyendo a su mínima expresión los efectos de las sanciones ilegales de Washington, y otra vez por defecto, consolidar un nuevo tipo de relaciones económicas, con nuevos patrones de intercambio que blinden la economía venezolana, en su empeño por independizarse y superar el modelo rentista impuesto en el siglo XX.
Desde Venezuela, hoy ondeamos nuevamente las banderas de todos aquellos que han demostrado que el imperialismo, con cualquier rostro que decida mostrar, no es invencible, ni incuestionable. Evoquemos el “instante que relampaguea” que señalaba el pensador alemán Walter Benjamin; La estrella de cinco puntas de Ho Chi Minh y el bravío pueblo vietnamita; la gesta incalculable de los barbudos de la Sierra Maestra y la resistencia de casi seis décadas al asedio de distintas generaciones de buitres que revolotean la isla sin poder quebrantar la dignidad del pueblo cubano; la hazaña de la Angola libertaria en las profundidades del África que aún retumba entre tambores y ritmos ancestrales. La historia nos enseña que sólo la determinación de un pueblo unido y consciente puede hacerle frente a cualquier imposición, cualquier oprobio y a toda fuerza de dominación.
En 2018 vienen nuevos desafíos en Nuestra América. La unidad debe ser principio y premisa fundamental de las resistencias, luchas y triunfos contra el imperialismo. Más allá de la noción de integración, nos referimos a la verdadera UNIÓN, la originaria, la Bolivariana. El ALBA y Petrocaribe llevan en su esencia ese espíritu unionista de los pueblos y se fortalecen en momentos de demostrada ofensiva imperialista. Con el ALBA como núcleo virtuoso, debemos fortalecer los mecanismos autónomos de integración de América Latina y el Caribe, que hoy sufren ataques externos e intentos de implosión. La solidaridad, la complementariedad y la justicia social y económica, deben prevalecer ante los nuevos intentos de anexión del capital.
En Venezuela seguirá adelante el proceso de diálogo y, como ha dicho el Presidente Maduro, llueve, truene o relampagueé, habrá elecciones Presidenciales este año. La conciencia de los pueblos que llevan a Bolívar como guía y ejemplo, se impondrá a la inconciencia de las élites sumisas que existen y preservan privilegios, gracias a la Doctrina Monroe y al empeño fracturador de dominación sobre nuestros pueblos. La Diplomacia Bolivariana de Paz seguirá defendiendo la dignidad de un pueblo decidido a ser libre e independiente y el derecho de la humanidad a la Paz y la Justicia. Pensando en los meses por venir, y aunque parezca reiterativo, no podemos sino recordar la consigna y reflexión de lucha que nos dejara el Comandante Chávez sembrada hace poco más de 5 años: Unidad, Lucha, Batalla y VICTORIA!
¡Siempre, Venceremos!
Jorge Arreaza M.
02 de enero de 2018


sábado, 18 de febrero de 2017

VENEZUELA CONDENA ACCIONES IMPERIALISTAS

Venezuela condena acciones del Gobierno Estadounidense contra el vicepresidente Tareck El Aissami

Martes, 14 de Febrero de 2017

COMUNICADO

REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA RELACIONES EXTERIORES

La República Bolivariana de Venezuela rechaza, condena y protesta enérgicamente las acciones arbitrarias y extraterritoriales cometidas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de Norteamérica (EEUU) contra el Vicepresidente Ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela Tareck El Aissami.

Estas acciones, que pretenden validar la existencia vulgar e inadmisible de un derecho imperial, dotando de poderes policiales especiales a entidades del gobierno estadounidense, carecen de la más mínima legalidad internacional y vulneran flagrantemente el Derecho Internacional Público, la institucionalidad internacional y los principios fundamentales que rigen la comunidad de naciones, tales como el respeto a la igualdad soberana y el principio de inmunidad de los Estados, constituyendo una grave afectación y agresión contra nuestra Patria.

Constituyen además una infamia contra una altísima autoridad del Estado y constituye sin duda alguna un falso positivo contra un venezolano decente y digno, cuyas acusaciones en su contra no encuentran sustento alguno en la realidad, conforman una mentira grotesca a las que acostumbra recurrir el Imperio norteamericano para agredir, y forman parte de un entramado internacional para atentar contra una alta investidura y enervar el ejercicio de sus funciones.

La agencia estadounidense, que pretende regir más allá de su ámbito territorial, actúa impunemente de la mano con la DEA, conocida ampliamente por su descarada contribución a la producción y tráfico de drogas con los carteles más connotados del narcotráfico colombiano y del mundo. Desde la culminación de las relaciones con la DEA en el año 2005, Venezuela ha logrado incautar un promedio anual de 55,7 toneladas de droga, incrementando su eficiencia en un 60 por ciento, razón por la cual la Organización de las Naciones Unidas (ONU) nos ha reconocido por ser uno de los seis países de mayor confiscación de estupefacientes en el mundo, y libre de cultivos ilícitos en el territorio nacional. Venezuela es uno de los pocos países del continente que promulgó una ley para la intercepción, inutilización, inmovilización y disuasión de aeronaves que sirven al tráfico internacional de drogas, afectando a más de cien aeronaves.

El Vicepresidente Ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela es un prominente experto criminólogo, reconocido por su destacada gestión al frente de la seguridad ciudadana durante la presidencia del Comandante Hugo Chávez, por su firme combate contra el narcotráfico y el paramilitarismo colombiano, que llevó a la justicia a más de 102 capos de la droga y entregó a 21 narcotraficantes solicitados en extradición por los EE.UU.

Este ilícito internacional, cometido por agencias estadounidenses ejecutivas, es un hecho sin precedente en nuestras relaciones bilaterales. El Encargado de Negocios de la Embajada de EEUU en Venezuela, que ha dedicado su gestión a subvertir el orden legal y constitucional de nuestro país, intenta oxigenar a la débil y extinta oposición venezolana extremista para consumar un golpe político contra la institucionalidad democrática de Venezuela.

Con esta agresión gravísima se pretende vulnerar la esfera soberana del Estado venezolano, y se violenta el derecho al honor, a la reputación, a la dignidad y a los derechos humanos del Vicepresidente Tareck El Aissami.

Es lamentable y altamente peligroso que la burocracia estadounidense, en conjunción criminal con factores violentos y extremos de la oposición venezolana, encaminen las relaciones de la nueva administración a perpetuar los errores históricos cometidos por el ex presidente Barack Hussein Obama contra Venezuela.

Somos un pueblo de paz, amantes de los principios de autodeterminación y respeto a la soberanía, así como apegados al orden y Derecho Internacional. Con la misma determinación decimos que no hemos tolerado, ni toleraremos, agresión alguna contra nuestro suelo, contra nuestro derecho a ser libres ni contra ningún hermano nacido en esta tierra de hombres y mujeres dignos y herederos de la Gloria de Simón Bolívar y Hugo Chávez.
Caracas, 14 de febrero de 2017


Si quieres difundir alguna opinión sobre este nuevo ataque al Gobierno Bolivariano, lo puedes hacer por nuestras redes sociales: @EmbaVeneChile y @embajada.gob.ve Embajada de Venezuela en Chile 


A continuación primer análisis de Misión Verdad: 

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Venezuela, Verdades Irrefutables

Los buenos gobiernos se desviven y luchan por el bienestar y la felicidad del pueblo; Hugo Chávez Frías, convencido de ello, decidió caminar por la senda de la dignificación, soberanía y justicia social. Su legado no queda en retórica, supera a la canalla mediática y a las huestes políticas e ideológicas que han pretendido borrarlo del corazón de un pueblo agradecido.

El establishment neoconservador continental y europeo, con sus tentáculos mediáticos sionistas, ha tratado inútilmente de desdibujar la imagen del hombre al que aun temen y odian. La Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en Chile les brindará cada día una verdad pormenorizada, verdades que dan cuenta de un cambio revolucionario mediante un proyecto inclusivo de justicia social, que comienza por reconocer a la igualdad como un valor fundamental para el crecimiento y preservación de la democracia.

Arévalo Méndez Romero
Embajador

Para leer, copiar y difundir todas las verdades irrefutables sobre Venezuela, en diferentes temas:

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Grande, Maduro. Gloria al bravo pueblo.


El Buró de Coordinación del Movimiento de Países No Alineados (Mnoal), se pronunció a través de un Comunicado, rechazando las acciones unilaterales y coercitivas emprendidas por la nueva administración del gobierno de los Estados Unidos contra el Gobierno, Pueblo y funcionarios de la República Bolivariana de Venezuela.
A continuación comunicado íntegro:
Comunicado del Buró de Coordinación del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) en Solidaridad con la República Bolivariana de Venezuela tras de la Decisión del Gobierno de los Estados Unidos de América de Expandir sus Medidas Coercitivas Unilaterales
1. El Buró de Coordinación del Movimiento de Países No Alineados, en consonancia con su posición de principio de condena a la promulgación y aplicación de medidas coercitivas unilaterales contra países miembros del Movimiento, las cuales son violatorias de la Carta de las Naciones Unidas y del derecho internacional, rechaza la más reciente decisión del Gobierno de los Estados Unidos de América, del pasado 13 de febrero de 2017, de expandir sus medidas coercitivas unilaterales contra nacionales y entidades de la República Bolivariana de Venezuela.
2. El Buró de Coordinación del Movimiento de Países No Alineados deplora estas medidas y reitera su firme apoyo y solidaridad para con el Pueblo y Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela en rechazo a estas medidas, al tiempo que, en línea con su posición de principio, insta al Gobierno de los Estados Unidos de América a desistir y derogar tales medidas coercitivas, las cuales son contrarias al derecho internacional, a la Carta de las Naciones Unidas y a las normas y principios que rigen las relaciones pacíficas entre los Estados, afectando además el espíritu de diálogo y entendimiento político entre las naciones.
3. El Buró de Coordinación del Movimiento de Países No Alineados reafirma la Declaración de La Habana (2006) sobre los Propósitos y Principios y el Papel del Movimiento de Países No Alineados en la Actual Coyuntura Internacional, incluyendo su rechazo a los cambios de Gobiernos por vías inconstitucionales.
4. El Buró de Coordinación del Movimiento de Países No Alineados subraya una vez más la importancia del diálogo para promover la resolución pacífica de las controversias y, en este sentido, insta al Gobierno de los Estados Unidos y al Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela a entablar un diálogo constructivo.
Nueva York, 16 de febrero de 2017



lunes, 23 de enero de 2017

La globalización ha muerto

Por Álvaro García Linera
La rebeldía crece

Vamos siendo + y +
Diciendo no al régimen explotador

Descargar este artículo:

El desenfreno por un inminente mundo sin fronteras, la algarabía por la constante jibarización de los estados-nacionales en nombre de la libertad de empresa y la cuasi religiosa certidumbre de que la sociedad mundial terminaría de cohesionarse como un único espacio económico, financiero y cultural integrado, acaban de derrumbarse ante el enmudecido estupor de las élites globalófilas del planeta.

La renuncia de Gran Bretaña a continuar en la Unión Europea –el proyecto más importante de unificación estatal de los cien años recientes– y la victoria electoral de Trump –que enarboló las banderas de un regreso al proteccionismo económico, anunció la renuncia a tratados de libre comercio y prometió la construcción de mesopotámicas murallas fronterizas–, han aniquilado la mayor y más exitosa ilusión liberal de nuestros tiempos. Y que todo esto provenga de las dos naciones que hace 35 años atrás, enfundadas en sus corazas de guerra, anunciaran el advenimiento del libre comercio y la globalización como la inevitable redención de la humanidad, habla de un mundo que se ha invertido o, peor aún, que ha agotado las ilusiones que lo mantuvieron despierto durante un siglo.
La globalización como meta-relato, esto es, como horizonte político ideológico capaz de encauzar las esperanzas colectivas hacia un único destino que permitiera realizar todas las posibles expectativas de bienestar, ha estallado en mil pedazos. Y hoy no existe en su lugar nada mundial que articule esas expectativas comunes. Lo que se tiene es un repliegue atemorizado al interior de las fronteras y el retorno a un tipo de tribalismo político, alimentado por la ira xenofóbica, ante un mundo que ya no es el mundo de nadie.
La medida geopolítica del capitalismo
Quien inició el estudio de la dimensión geográfica del capitalismo fue Karl Marx. Su debate con el economista Friedrich List sobre el capitalismo nacional, en 1847, y sus reflexiones sobre el impacto del descubrimiento de las minas de oro de California en el comercio transpacífico con Asia, lo ubican como el primero y más acucioso investigador de los procesos de globalización económica del régimen capitalista. De hecho, su aporte no radica en la comprensión del carácter mundializado del comercio que comienza con la invasión europea a América, sino en la naturaleza planetariamente expansiva de la propia producción capitalista.
Las categorías de subsunción formal y subsunción real del proceso de trabajo al capital con las que Marx devela el automovimiento infinito del modo de producción capitalista, suponen la creciente subsunción de la fuerza de trabajo, el intelecto social y la tierra, a la lógica de la acumulación empresarial; es decir, la supeditación de las condiciones de existencia de todo el planeta a la valorización del capital. De ahí que en los primeros 350 años de su existencia, la medida geopolítica del capitalismo haya avanzado de las ciudades-Estado a la dimensión continental y haya pasado, en los pasados 150 años, a la medida geopolítica planetaria.
La globalización económica (material) es pues inherente al capitalismo. Su inicio se puede fechar 500 años atrás, a partir del cual habrá de tupirse, de manera fragmentada y contradictoria, aún mucho más.
Si seguimos los esquemas de Giovanni Arrighi, en su propuesta de ciclos sistémicos de acumulación capitalista a la cabeza de un Estado hegemónico: Génova (siglos XV-XVI), Países Bajos (siglo XVIII), Inglaterra (siglo XIX) y Estados Unidos (siglo XX), cada uno de estos hegemones vino acompañado de un nuevo tupimiento de la globalización (primero comercial, luego productiva, tecnológica, cognitiva y, finalmente, medio ambiental) y de una expansión territorial de las relaciones capitalistas. Sin embargo, lo que sí constituye un acontecimiento reciente al interior de esta globalización económica es su construcción como proyecto político-ideológico, esperanza o sentido común; es decir, como horizonte de época capaz de unificar las creencias políticas y expectativas morales de hombres y mujeres pertenecientes a todas las naciones del mundo.

El fin de la historia
La globalización como relato o ideología de época no tiene más de 35 años. Fue iniciada por los presidentes Ronald Reagan y Margaret Thatcher, liquidando el Estado de bienestar, privatizando las empresas estatales, anulando la fuerza sindical obrera y sustituyendo el proteccionismo del mercado interno por el libre mercado, elementos que habían caracterizado las relaciones económicas desde la crisis de 1929.
Cierto, fue un retorno amplificado a las reglas del liberalismo económico del siglo XIX, incluida la conexión en tiempo real de los mercados, el crecimiento del comercio en relación con el producto interno bruto (PIB) mundial y la importancia de los mercados financieros, que ya estuvieron presentes en ese entonces. Sin embargo, lo que sí diferenció esta fase del ciclo sistémico de la que prevaleció en el siglo XIX fue la ilusión colectiva de la globalización, su función ideológica legitimadora y su encumbramiento como supuesto destino natural y final de la humanidad.
Y aquellos que se afiliaron emotivamente a esa creencia del libre mercado como salvación final no fueron simplemente los gobernantes y partidos políticos conservadores, sino también los medios de comunicación, los centros universitarios, comentaristas y líderes sociales. El derrumbe de la Unión Soviética y el proceso de lo que Antonio Gramsci llamó transformismo ideológico de ex socialistas devenidos furibundos neoliberales, cerró el círculo de la victoria definitiva del neoliberalismo globalizador.
¡Claro! Si ante los ojos del mundo la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), que era considerada hasta entonces el referente alternativo al capitalismo de libre empresa, abdica de la pelea y se rinde ante la furia del libre mercado –y encima los combatientes por un mundo distinto, públicamente y de hinojos, abjuran de sus anteriores convicciones para proclamar la superioridad de la globalización frente al socialismo de Estado–, nos encontramos ante la constitución de una narrativa perfecta del destino natural e irreversible del mundo: el triunfo planetario de la libre empresa.
El enunciado del fin de la historia hegeliano con el que Francis Fukuyama caracterizó el espíritu del mundo, tenía todos los ingredientes de una ideología de época, de una profecía bíblica: su formulación como proyecto universal, su enfrentamiento contra otro proyecto universal demonizado (el comunismo), la victoria heroica (fin de la guerra fría) y la reconversión de los infieles.
La historia había llegado a su meta: la globalización neoliberal. Y, a partir de ese momento, sin adversarios antagónicos a enfrentar, la cuestión ya no era luchar por un mundo nuevo, sino simplemente ajustar, administrar y perfeccionar el mundo actual, pues no había alternativa frente a él. Por ello, ninguna lucha valía la pena estratégicamente, pues todo lo que se intentara hacer por cambiar de mundo terminaría finalmente rendido ante el destino inamovible de la humanidad, que era la globalización. Surgió entonces un conformismo pasivo que se apoderó de todas las sociedades, no sólo de las élites políticas y empresariales, sino también de amplios sectores sociales que se adhirieron moralmente a la narrativa dominante.
La historia sin fin ni destino
Hoy, cuando aún retumban los últimos petardos de la larga fiesta del fin de la historia, resulta que quien salió vencedor, la globalización neoliberal, ha fallecido dejando al mundo sin final ni horizonte victorioso; es decir, sin horizonte alguno. Donald Trump no es el verdugo de la ideología triunfalista de la libre empresa, sino el forense al que le toca oficializar un deceso clandestino.
Los primeros traspiés de la ideología de la globalización se hacen sentir a inicios de siglo XXI en América Latina, cuando obreros, plebeyos urbanos y rebeldes indígenas desoyen el mandato del fin de la lucha de clases y se coligan para tomar el poder del Estado. Combinan- do mayorías parlamentarias con acción de masas, los gobiernos progresistas y revolucionarios implementan una variedad de opciones posneoliberales, mostrando que el libre mercado es una perversión económica susceptible de ser remplazada por modos de gestión económica mucho más eficientes para reducir la pobreza, generar igualdad e impulsar crecimiento económico.
Con ello, el fin de la historia comienza a mostrarse como una singular estafa planetaria y de nuevo la rueda de la historia –con sus inagotables contradicciones y opciones abiertas– se pone en marcha. Posteriormente, en 2009, en Estados Unidos, el hasta entonces vilipendiado Estado, que había sido objeto de escarnio por ser considerado una traba a la libre empresa, es jalado de la manga por Barack Obama para estatizar parcialmente la banca y sacar de la quiebra a los banqueros privados. El eficienticismo empresarial, columna vertebral del desmantelamiento estatal neoliberal, queda así reducido a polvo frente a su incompetencia para administrar los ahorros de los ciudadanos.
Luego viene la ralentización de la economía mundial, pero en particular del comercio de exportaciones. Durante los 20 años recientes, éste crece al doble del producto interno bruto (PIB) anual mundial, pero a partir de 2012 apenas alcanza a igualar el crecimiento de este último, y ya en 2015 es incluso menor, con lo que la liberalización de los mercados ya no se constituye más en el motor de la economía planetaria ni en la prueba de la irresistibilidad de la utopía neoliberal.
Por último, los votantes ingleses y estadunideneses inclinan la balanza electoral en favor de un repliegue a estados proteccionistas –si es posible amurallados–, además de visibilizar un malestar ya planetario contra la devastación de las economías obreras y de clase media, ocasionado por el libre mercado planetario.
Hoy, la globalización ya no representa más el paraíso deseado en el cual se depositan las esperanzas populares ni la realización del bienestar familiar anhelado. Los mismos países y bases sociales que la enarbolaron décadas atrás, se han convertido en sus mayores detractores. Nos encontramos ante la muerte de una de las mayores estafas ideológicas de los siglos recientes.
Sin embargo, ninguna frustración social queda impune. Existe un costo moral que, en este momento, no alumbra alternativas inmediatas sino que –es el camino tortuoso de las cosas– las cierra, al menos temporalmente. Y es que a la muerte de la globalización como ilusión colectiva no se le contrapone la emergencia de una opción capaz de cautivar y encauzar la voluntad deseante y la esperanza movilizadora de los pueblos golpeados.
La globalización, como ideología política, triunfó sobre la derrota de la alternativa del socialismo de Estado; esto es, de la estatización de los medios de producción, el partido único y la economía planificada desde arriba. La caída del muro de Berlín, en 1989, escenifica esta capitulación. Entonces, en el imaginario planetario quedó una sola ruta, un solo destino mundial. Lo que ahora está pasando es que ese único destino triunfante también fallece. Es decir, la humanidad se queda sin destino, sin rumbo, sin certidumbre. Pero no es el fin de la historia –como pregonaban los neoliberales–, sino el fin del fin de la historia. Es la nada de la historia.
Lo que hoy queda en los países capitalistas es una inercia sin convicción que no seduce, un manojo decrépito de ilusiones marchitas y, en la pluma de los escribanos fosilizados, la añoranza de una globalización fallida que no alumbra más los destinos.
Entonces, con el socialismo de Estado derrotado y el neoliberalismo fallecido por suicidio, el mundo se queda sin horizonte, sin futuro, sin esperanza movilizadora. Es un tiempo de incertidumbre absoluta en el que, como bien intuía William Shakespeare, todo lo sólido se desvanece en el aire. Pero también por ello es un tiempo más fértil, porque no se tienen certezas heredadas a las cuales asirse para ordenar el mundo. Esas certezas hay que construirlas con las partículas caóticas de esta nube cósmica que deja tras suyo la muerte de las narrativas pasadas.
¿Cuál será el nuevo futuro movilizador de las pasiones sociales? Imposible saberlo. Todos los futuros son posibles a partir de la nada heredada. Lo común, lo comunitario, lo comunista es una de esas posibilidades que está anidada en la acción concreta de los seres humanos y en su imprescindible relación metabólica con la naturaleza.
En cualquier caso, no existe sociedad humana capaz de desprenderse de la esperanza. No existe ser humano que pueda prescindir de un horizonte, y hoy estamos compelidos a construir uno. Eso es lo común de los humanos y ese común es el que puede llevarnos a diseñar un nuevo destino distinto de este emergente capitalismo errático que acaba de perder la fe en sí mismo.