viernes, 2 de enero de 2015
Chile: Las primeras horas del resto de 2015
Andrés Figueroa Cornejo
En medio de la nueva guerra fría, la nueva guerra fría como la economía
concentrada, la economía regentada por el capital financiero, y la política
como la economía condensada; el planeta capitalista es organizado por las
ofensivas de sus polos centrales, esto es, China-Rusia y el Estado usamericano
y sus amigos alemanes, japoneses y sionistas. De fría a caliente, algunos
hipotetizan los preparativos para una guerra frontal, como las de antes, pero
hoy en un mundo más pequeño y con armas apocalípticas y definitivas. Crimea y
Oriente Medio son su representación dramática y sintética; su anticipación a
escala, la pesadilla quirúrgica. La carnicería del barrio que tantea el
mercado, mide la competencia, quema sobreproducción, calcula inversiones a
futuro.
Los pueblos dependientes, semi-coloniales, periféricos, saqueados de
biodiversidad, recursos naturales, trabajo esclavo, medio esclavo, trabajo
barato; escasos de conocimiento propio, de ciencia y de tecnología, son
incorporados al presente reordenamiento geopolítico de manera subordinada.
También como antes, pero ahora en tiempo real y clave financiera y energética y
televisada y más envilecida que de costumbre. Así como China y EE.UU. funcionan
como megacorporaciones mundiales y duopolio mandante, complementario y
conflictivo, los territorios marginales menos empobrecidos, lo hacen como
mini-pymes. En la cadena global de valorización del capital, los tutelados
desde hace tanto, realizan su aporte al desastre desarrollista en curso con
sangre, enfermedades mentales, analfabetismo funcional, servicios varios,
comercio asimétrico, y el fetiche de la creación de burguesías subsidiadas,
como si la historia fuera lineal, unívoca, cuestión de poner el reloj a la hora
y ya estamos.
Y como la crisis civilizatoria que arrancó a mediados de 2007 y no
parece remontar –sino, consulten a los africanos, a los griegos, a los
hondureños, a los españoles, a los argentinos, a los saharauis, a los
palestinos, a los kurdos, a los paraguayos, a los tunecinos, a los haitianos, a
los mexicanos, etcétera-, no ha provocado ninguna insurrección aún, en
consecuencia, el capital –concentrado, deslocalizado, financiarizado y armado
hasta los dientes por la deuda y la industria bélica-, venga de donde venga (¿a
quién se le ocurrió que la hegemonía china es más benévola que la
norteamericana?), devora y devora “a dentelladas secas y calientes”.
En suma, unas izquierdas derechizadas y unas derechas nazificadas. Unas
izquierdas sin memoria ni imaginación, sin proyecto ni decoro, acariciando el
mito de una suerte de socialdemocracia para pobres, pero sin colonias con qué
sostenerla. Los límites del progresismo y el progreso únicamente para una
minoría.
Los revolucionarios prudentes y comedidos, resignados, realistas que se
nombran, a la defensiva, rabiosos y en compás de espera. Que no en compás de
voluntad colectiva insubordinada y creativa. Los derechos humanos, o sea, la
retaguardia, tornada en la vanguardia posible.
Como si la lucha de clases -independientemente de los aparatos
populares pequeños y más grandes, los autoproclamados, los movimientismos
arropados con zapatos viejos y con la extraña certeza de ser una solución y no
un episodio, un momento en la recomposición de la fuerza social emancipadora-
no existiera o fuera pura ideología.
Como si la necesaria conducción política de los intereses de la mayoría
explotada, asaltada, expoliada, endeudada, sobreviviendo al día, fuera cuento,
manual, desafío y decisión prescindibles.
Así la mayoría, sabiéndose explotada, asaltada, expoliada, endeudada,
sobreviviendo al día, se la pasa comiendo lo que puede, recogiendo migajas de
carbohidrato y programas sociales insuficientes e ineficientes.
Rogando a los santos para conjurar a la muerte, comprando educación
funcional, pésima asistencia sanitaria, vivienda a cuotas de por vida,
automóviles más caros que los hijos y, entonces, automóviles en vez de hijos; o
bien dormitando en el transporte público o con la cabeza apoyada contra las
vitrinas de las multitiendas, en la fila de los supermercados, colgando de
celulares para hablar sin decir (que la comunicación virtual sólo produce
relaciones virtuales, aparentes, falsificadas), consumiendo suerte en la lotería,
esa gramática mágica que pueda lanzarte a una privadísima piscina aclimatada y
a la renta de un paquete de acciones insignificante en el casino bursátil más
próximo.
Mientras tanto, en el Chile transnacionalizado y reprimarizado
–servicios financieros, cobre, litio y pinos embarcados a saco, retailer,
asesorías mineras, agroindustria-, la Nueva Mayoría, hacia adentro, intenta
parecer la versión posmoderna de la Unidad Popular de Allende con la bendición
de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras a su reciente proyecto
de reforma laboral, y hacia afuera, desesperadamente, trata de presentar la
lucha centenaria del pueblo Mapuche como un acotado incidente delincuencial
para no atemorizar a los capitales, procurando acelerar los planes de inversión
atrasados en materia minera y energética. Siempre a costa de comunidades, agua,
territorios útiles para la siembra. Y siempre a riesgo de la sublevación de
localidades enteras, que ya nunca más de ambientalismo en pose cinematográfica,
sino que de combate por la supervivencia, tan real como la sed, el hambre, el
sitio donde morir.
El Estado de Chile abastecido de drones con dedicatoria al pueblo
Mapuche que combina la guerra centenaria con el anticapitalismo y
optimiza-actualizando la acción de golpear y hundirse en campo conocido.
Desafiando el monopolio de la violencia estatal, ampliando la solidaridad
chilena e internacional, voceando la libertad y la soberanía desde las
cárceles; una vez más, quebrando la geografía de un país solamente zurcido en el
discurso práctico de la milicia ocupante.
Y, claro está, los aparatos de inteligencia en competencia de cada una
de las especialidades de las fuerzas armadas, los carabineros, las policías y
de la propia Agencia Nacional de Inteligencia del gobierno (Anita, para los ex
amigos y ex compañeros y ex hermanos). Sin paranoia, pero con ojo que lee
el editorial del poder, que todos los empeños populares independientes
produzcan sus recaudos, su precaución planificada, que presten atención a los cazabobos,
que se cuiden de las invitaciones, las ofertas y los cursillos provenientes de
los personajes de pasado combatiente y presente mercenario. El proverbio de la inteligencia es
doble: “Extermínelos antes de que crezcan y/o, extermínenlos cuando hayan
crecido lo suficiente”.
Sin embargo, el terror de los dueños de todo, aunque instale cámaras,
compre y forme aparatos de vigilancia contra todo lo que se mueva; ejecute
leyes antiterroristas, se haga de policía política ex verde-oliva con todos los
recursos a su disposición, sólo puede retardar lo inevitable y lo necesario. O
lo inevitable por necesario.
No es fatalismo ni determinismo históricos. Se trata de la voluntad colectiva
que sistematiza la experiencia rebelde y revelada, es decir, que crea
conocimiento. La fuerza social y popular en construcción que piensa-haciendo y
que vuelve a pensar para depurar el hacer. Y que pensando-haciendo se
multiplica, deletrea las relaciones de fuerza concretas y el estado del arte.
Que pulveriza las fronteras interiores, que se internacionaliza, que reafirma
su composición orgánica, de clase, con las potentes corrientes migratorias
venidas de la vecindad continental y extiende su armadura hacia el género
humano en lucha de todo el planeta; esa resistencia totalizada sin la cual, aunque
en el 2015 se desmoronen las catedrales conocidas de la zurda, resulta cretino
imaginar una sociedad humana en la naturaleza, autogobernada, sin clases
sociales ni Estado, a cada cual lo que precisa para bien vivir, y de cada quien
lo que mejor de sí puede ofrecer al conjunto. Esto es, ya no el trabajo
asalariado, ya no el trabajo como maldición, sino que todo lo contrario: el
trabajo como energía creadora, colectiva y existencialmente realizada y
realizadora.
EL TRABAJO N° 400
SALUDAMOS AL PARTIDO DE LOS TRABAJADORES AL LLEGAR AL N° 400 DE "EL TRABAJO".
En este en el año 2014 fuimos capaces de asumir la
tarea estratégica e histórica de avanzar en la construcción del PARTIDO DE LOS TRABAJADORES, lo que
hicimos en el caminar y en la lucha en cada lugar donde se trabaja, vive,
estudia, crea, sueña y con toda la conciencia, convicción, fuerza y esperanza
de lograr una sociedad justa, solidaria, digna y profundamente democrática: la SOCIEDAD SOCIALISTA.
400 hojas proletarias que valen más que todos los Mercurios publicados por el salvaje capitalismo desde 1900.
L*s hermanos del PT alcanzan esta alta cifra cuando el MAPU llega a publicar la entrada 1.120 en este blog y a tener 150.000 visitas. Constituimos, en la práctica, un frente informativo, un cordón popular que se extiende entre los dos polos del planeta, ya que se nos lee desde Rusia y países escandinavos hasta Punta Arenas, tan lejana para el poder central, salvo si se trata de depredarla.
El Trabajo llega en papel (y sus militantes en persona) hasta donde las redes de la modernidad no tienen alcance.
El Trabajo
"Más vale una Hoja de Verdad que cien ‘Mercurios’ de Mentira"
INICIATIVA POR EL PARTIDO
DE LOS TRABAJADORES (PT) - N° 400
EN EL AÑO 2014 AVANZAMOS EN LA
CONSTRUCIÓN DEL
PARTIDO DE LOS TRABAJADORES
En este en el año 2014 fuimos capaces de asumir la
tarea estratégica e histórica de avanzar en la construcción del PARTIDO DE LOS TRABAJADORES, lo que
hicimos en el caminar y en la lucha en cada lugar donde se trabaja, vive,
estudia, crea, sueña y con toda la conciencia, convicción, fuerza y esperanza
de lograr una sociedad justa, solidaria, digna y profundamente democrática: la SOCIEDAD SOCIALISTA.
Somos un grupo de hombres y mujeres que vivimos de nuestro esfuerzo cotidiano produciendo con nuestras manos e inteligencia la riqueza de este país; trabajadores de las más diversas ocupaciones y profesiones, pobladores, estudiantes, que provenimos de distintas regiones, unidos por el común anhelo de construir un mundo mejor.
Un saludo fraternal para el año 2015
PARTIDO
DE LOS TRABAJADORES -PT
SALUDOS
RECIBIDOS
** Un abrazo fraterno y apretado en estas fiestas de fin de año. que el cariño y la pasión puesta en tu lucha cotidiana siga siendo el pilar fundamental para construir futuro.- Para ti, familia y compañeros felicidades...
Luis Pablo Galaz
** En este cambio cronológico que hacemos al finalizar un año e iniciar otro, quisiera pedir un deseo para toda la humanidad, especialmente a quienes se han cruzado en mi camino, en mayor o menor grado, pues siempre tiene una incidencia, aunque no lo notemos. También con quienes comparto en las redes, porque sin mirarnos en lo físico, compartimos sueños, esperanzas y aspiraciones.
Mis deseos y anhelos para todas y todos, para mi familia y amistades, es de que avancemos en la construcción de un mundo mejor, mejorando desde nosotros mismos, desde nuestro interior hacia quienes nos rodean y que nuestros sentimientos y pensamientos se transmitan por las palabras y sobre todo por las actitudes.
En una acción movilizadora, individual y colectiva, construyamos ese mundo que anhelamos y que nos merecemos.
AMOR, PAZ, FUERZA Y ALEGRÍA EN VUESTROS CORAZONES!!!!!
Ginita
** En POLITIKA tenemos tanta o más buena voluntad que el más pintado.
Como es de rigor, le ofrecemos nuestros mejores deseos para el año que viene a nuestros lectores.
** Abrazos y los mejores deseos para todos uds.
Pablo Pino
** Querid*s compañer*s: Un saludo muy afectuoso, deseándoles feliz Navidad y un nuevo año (occidental) pleno de salud y satisfacciones, en que nuestras esperanzas se vean un poco más cercanas y se atisbe la aurora de los pueblos.
Carlos Ruiz
LUCHA DE MASAS
LAGUNA VERDE, NO A LA CANTERA
(4ª parte y última)
8.-
Acarreo de piedras, rocas, etc. ocasionara:
• Ruido
por el uso de camiones, maquinaria pesada y una planta de procesamiento
• El
transito que atravesara a Laguna Verde dividirá de manera efectiva a la
comunidad en dos
• El
polvo / humos - Un aumento en los vehículos pesados en las zonas rurales
aumentan los niveles de los gases de escape, polvo y suciedad
•
Accidentes - Los peatones se sienten intimidados por los vehículos pesados por
un camino previamente tranquilo, con altas posibilidades de graves accidentes
de tráfico
• Las
malas relaciones con la comunidad circundante
•
Impactos del transporte de los recursos minerales extraídos por lo general, los
efectos son un temor de molestia perjudicial.
9.-
Daños irreparables en borde costero y la fauna y flora marina.
Las aguas
costeras de Laguna Verde sirven una variedad de funciones. Ellas proporcionan
un hábitat único para una variedad de plantas y animales. Hierbas marinas y
otras plantas acuáticas que viven en las aguas cercanas a la costa,
proporcionan alimento y refugio para muchas especies de peces, cangrejos y
mariscos. Muchos organismos marinos, incluyendo las especies de peces de mayor
valor comercial, dependen de las aguas cercanas a la costa en algún momento de
su desarrollo.
10.-
Las especies marinas y el ruido.
El medio
ambiente bajo el agua tiene sus propias peculiaridades acústicas y sus
habitantes están extraordinariamente bien adaptado a ellas. Los habitantes
marinos viven en un medio que transmite la luz mal pero, a través del sonido
que se propaga muy bien incluso sobre largas distancias, sobre todo cuando las
frecuencias son bajas o el sonido se canaliza por la presión, las especies
marinas dependen en gran medida del sonido para comunicarse, para coordinar sus
movimientos, para navegar, para explotar e investigar el medio ambiente, para
encontrar presas y evitar obstáculos, depredadores y otros peligros. El ruido
producido por el alto tráfico para trasladar las piedras a Valparaíso,
interferirá gravemente con sus vidas.
11.-
La ampliación del muelle y el dragado añadido al alto tráfico marítimo
producirán:
•
Alteración de la vida marina
• La
eliminación física de los hábitats
• Ruido,
se sabe que el ruido puede ensordecer peces y tener un serio impacto en ellos
•
Sedimentación
• La
erosión costera
• El
conflicto con los pescadores
• El daño
a la arqueología marina
• El
impacto medioambiental del transporte de los materiales de la cantera desde
Laguna Verde a Valparaíso incluirá las emisiones de gases de efecto
invernadero, acústica, y la contaminación por hidrocarburos. Con riesgos de
derrames de petróleo.
La costa
lagunina que hasta ahora ofrece numerosas oportunidades de recreación, tales
como paseos, natación, buceo y pesca. Las aguas cercanas a la costa
proporcionan un sinnúmero de oportunidades educativas y de investigación para
los científicos, estudiantes, naturalistas, y los curiosos. Y principalmente es
el único medio de sustento para los pescadores y sus familias, quienes
históricamente han vivido en armonía con el medio ambiente. Todos estos
beneficios del medio ambiente serán fatalmente destruidos, sin posibilidades de
reparación.
¡VECINO
SI TU QUIERES SEGUIR GOZANDO UNA CALIDAD DE VIDA CON UN MEDIO AMBIENTE IDILICO.
NO TE QUEDA MAS QUE LUCHAR HASTA LAS ULTIMAS CONSECUENCIAS, PARA IMPEDIR LA
EXPLOTACION DE LA CANTERA!
AQUÍ OPINAS TÚ
***Carlos
Ruiz
Estimad*s
compañer*s del PT: L*s mapucistas
saludamos a vuestra organización y a la redacción de El Trabajo, al llegar a
cumplir 400 números de su publicación, valioso aporte al trabajo de información
del mundo popular. A seguir adelante, en la generación del poder y la conciencia popular
desde la base. Un abrazo fraterno.
***Luis
Pablo Galaz
Gracias Pedrito como siempre.....un abrazo fraterno.
***Nelson
Viveros L.
Buen
aporte; Compañeras/os. Una sugerencia, ¿por qué no mejor Lxs Trabajadorxs que
El Trabajo? Saludos.
***Patricia
Barba A.
Muy estimado Pedro: Hacía mucho
tiempo que no sabía de ti y me da mucho gusto recibir El Trabajo
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Maduro: La esperanza será el signo del año 2015
El presidente de la República, Nicolás Maduro, expresó este miércoles que la esperanza debe convertirse en el signo del año 2015.
"La esperanza será el signo del año 2015 que apenas comienza. Sigamos juntos y juntas, el pueblo de los libertadores. Sigamos por el camino victorioso de la paz y de la Revolución. Paz y victoria en este 2015", manifestó en su mensaje navideño al pueblo venezolano, transmitido en cadena nacional de radio y televisión.
Durante su alocución, el jefe de Estado exhortó al pueblo venezolano a continuar la lucha para reforzar la economía venezolana y construir juntos la Patria productiva.
"Tú pueblo consciente, que eres la generación Chávez, joven de la patria, acompáñame en este 2015 a dar un paso más en la lucha por la independencia económica vamos juntos unidos, para juntos hacer está gran revolución económica productiva. Para eso te necesito a ti campesino, campesina, empresario, empresaria, estudiante de la patria, obrero y obrera, ama de casa, comerciante, a ti pueblo valiente. Con trabajo, lucha, inteligencia, vamos a crear nuestra patria productiva, nuestra patria en potencia", enfatizó.
El Mandatario Nacional recalcó que este llamado es para el pueblo venezolano, sin distinción política, color, edad o sexo, debido a que "todos somos necesarios para la titánica tarea de concretar los más elevados sueños de nuestra Patria". Enfatizó que para eso es necesario afrontar los desafíos que vienen para el 2015 y superar así la guerra económica, orquestada por la derecha venezolana desde 2013.
Recordó que Venezuela cuenta en su historia, ser forjadores y creadores de los grandes procesos de liberación de la nación y de diferentes partes del mundo, así como la Natividad del Señor, quién nació siendo pobre y luchó por las comunidades más excluidas.
"Esa familia sin techo es la que hoy acogemos en viviendas dignas, es el Jesús del establo que tiene rostro concreto de hombre y mujer que se hace solidario en nuestro camino cada día. Cada vez que optamos por las causas más nobles en favor de la humanidad, estamos optamos por el niño del pesebre, por Jesús Redentor", puntualizó.
Nicolás Maduro—acompañado de la Primera Combatiente, Cilia Flores— deseó a todo el pueblo de Venezuela una "feliz navidad en Cristo y feliz y victorioso año 2015 para todos y todas. ¡Qué Viva Venezuela!".
Fuente: http://chile.embajada.gob.ve/
Enlaces relacionados:
Reformas laborales: LO QUE QUIEREN LOS PATRONES
PULSO SINDICAL EXTRA Nº 16
PRIMERA OPINION SOBRE LAS REFORMAS LABORALES
El 29 de diciembre de 2014 a las 11.00 horas la presidenta de la República dio cuenta de un proyecto de reformas laborales, que tienen como objetivo mejorar el Libro IV del Código del Trabajo, esto es lo relativo a las normas de negociación colectiva.
Pero no nos engañemos ni nos hagamos eco de los discursos a favor en contra de las mismas emitidos desde el llamado mundo sindical empresarial y legislativo.
La señora Bachelet hizo un breve repaso por las propuestas pero no indicó ni una sola concreta. Que quiero decir?. Que no hay una sola indicación con nombre y apellido, o sea el número del articulo que se modifica y cual será el efecto de ese cambio.
Culminó su intervención la presidenta indicando que se trata de establecer un pacto entre el capital y el trabajo.
Los ilusos en el movimiento sindical, encabezados por la presidenta de la CUT y otros que bailan el mismo ritmo, ya comenzaron a sacar cuentas alegres. Se comienza a desmoronar el Plan Laboral de la dictadura ha dicho doña Barbara, por fin habrá derecho a huelga efectivo y sin reemplazos.
Ya Martinez había dicho el 2001 que con las reformas de Lagos se respondía al 75% de las demandas laborales, ¿con esta propuesta se cubre el 25% faltante? Esto sería todo?
Los patrones fueron a la presentación del proyecto pero no lo avalan, lo encuentran malo para los trabajadores y la derecha parlamentaria nos dice que este proyecto es el reflejo del efecto de las presiones de la CUT y los comunistas.
Ellos, la derecha y los patrones, quieren algo que ayude al empleo, ¿porque no jornadas de trabajo de 16 horas diarias?, ¿porque no termino de la indemnización por años, o mas polifuncionalidad, flexibilidad y adaptabilidad laboral?.
¿O se mostraran enojados para así aprobar este remedo de reformas y que no entren mas propuestas durante la discusión?
Y si estamos en presencia de un nuevo show, que culminará sin participación ni opinión de los afectados, en el parlamento?
Por ahora que podemos decir responsablemente?,
Que no podemos evaluar las famosas reformas porque no conocemos los artículos corregidos y/o modificados. Si seguimos creyendo que estas reformas no son lo que esperan los trabajadores.
Y nos referimos a los millones de abusados en sus derechos, efectivamente y antes de reformas a la negociación colectiva, debe legislarse sobre colación, locomoción, pago de sueldos cada 30 días y un largo etcétera que sindicalistas, Parlamentarios y gobernantes conocen muy bien.
Si los asalariados no tienen normas mínimas de defensa en su relación diaria con la patronal ¿van a tener la fuerza para organizarse en sindicatos y presentar proyectos colectivos?.
Sabemos que no y por eso persistimos en nuestra voz crítica, que no está sola pues cada día son mas los que se dan cuenta que lo que tenemos no es lo que queremos.
Lo que es claro, según la minuta entregada, es que el 2014 no tuvimos un proyecto de reformas laborales (solo ingresarán el mensaje el 5 de enero del 2015), que se podrá seguir extendiendo beneficios a los no sindicalizados, que no se terminan los convenios colectivos, que habrá derecho a huelga, pero que la empresas seguirán funcionando con “servicios mínimos”, y que en la ampliación de materias a negociar podrán los patrones meter sus cuchufletas.
Patético resulta constatar que muchos inescrupulosos, que los hay y hartos en el movimiento sindical, dispondrán de mas horas sindicales para “no hacer nada por los trabajadores” y que se sigue jugando a la igualdad al establecer por ley la presencia de las mujeres en las comisiones negociadoras.
Trabajadores, no hay mucho de nuevo bajo el sol, la invitación es a pasar por sobre la legislación para hacer realidad nuestra aspiraciones, que no serán satisfechas bajo el actual modelo económico y social que nos rige.
Ustedes, nosotros, todos los que movemos las empresas no somos la “clase media trabajadora” somos la clase trabajadora, los desprovistos de condiciones mínimas en vivienda, salud, educación y empleo.
La clase trabajadora no tiene mas camino que educarse, organizarse y luchar por lo que es justo.
Las reformas anunciadas el 29 de diciembre de 2014 no permiten hacer realidad nuestras aspiraciones de una sociedad mas justa y mejor.
MANUEL AHUMADA LILLO
Presidente C.G.T. CHILE
Si quiere recibir directamente el Pulso Sindical, por favor escribir a:
Confederación General de Trabajadres <cgtmosicam@gmail.com>
VENEZUELA, la lucha sigue
Resumen Latinoamericano/ Marcelo Colussi -
Con este epígrafe, tomado de dos agudos conocedores de la realidad venezolana, pretendemos dar el talante del presente escrito: es un intento de aportar en el análisis del proceso que allí se está desarrollando sin ocultar, por supuesto, la simpatía para con el mismo.
Decimos esto como primer punto para que quede claro el sentido de lo que se presentará: estamos ante un proceso de transformación social muy sui generis, con connotaciones a veces sumamente complejas de comprender, que no deja de ser una provocación para repensar la situación de las izquierdas, de la revolución socialista, y si se quiere: del panorama actual del mundo. La Revolución Bolivariana que se está llevando a cabo en el país caribeño es un laboratorio del que se pueden sacar muchas conclusiones.¡Y del que no se puede estar indiferente!
Por diversos motivos (un proceso que vuelve a poner el socialismo en la palestra luego de la caída del socialismo real en tierras europeas, un líder carismático como pocos en la historia que lo impulsó por muchos años, una ventana de esperanza que se vuelve a abrir), lo que sucede hoy en Venezuela a nadie deja de importar. Si bien no es una revolución socialista con las características de otros procesos transformadores acaecidos en el siglo XX, en Venezuela hoy día se habla abiertamente de socialismo. Para las izquierdas esto es una invitación a debatir qué significa en la actualidad algo así: ¿se puede seguir levantando un ideario socialista?, ¿cómo construir una opción socialista en este mundo post Guerra Fría?, ¿qué funcionó y qué debería superarse de las primeras experiencias socialistas?
Para las derechas -la venezolana y la internacional- el proceso en curso encendió sus alarmas. Si bien es cierto que dentro del esquema económico del país no se produjeron expropiaciones ni confiscaciones en sentido estricto, la dinámica de los hechos confiere cuotas de poder a los sectores populares que siguen mostrando que la lucha de clases está presente, más allá del grito triunfal del neoliberalismo propinado por el japonés-estadounidense Francis Fukuyama al proclamar el supuesto “fin de la Historia”. Venezuela, a su modo, devolvió cuotas de esperanza al campo popular y a las luchas por el cambio político-social.
Nada de lo dicho hasta ahora en el presente texto es nuevo; el debate sobre el “socialismo del siglo XXI” inició hace ya algunos años, y las renovadas esperanzas que todo esto trajo alteraron el panorama político latinoamericano reciente. Pero más aún: no sólo despertó esperanzas en los pueblos y en la militancia de izquierda sino que propició transformaciones reales en las relaciones políticas del subcontinente, con la creación de nuevos centros de poder e influencia, como el ALBA, Petrocaribe, la CELAC, UNASUR, Telesur y Radio del Sur, entre otras novedades.
Claramente las aguas se partieron: nadie puede, ni dentro ni fuera de Venezuela, dejar de ser “chavista” o “antichavista”. Forma, quizá, bastante particular de seguir demostrando que las luchas de clase continúan, tan al rojo vivo como años atrás, con o sin Guerra Fría, con o sin sindicatos y organizaciones populares politizadas. ¿Por qué habrían de desaparecer? Sucede que la marea neoliberal -asentada en sangrientas represiones de años atrás- y el grito triunfal del fin de la Historia, pudieron llegar a hacer creerlo. Pero sin dudas, ahí están.
1. Hay una imagen distorsionada de Venezuela desde fuera del país
La prensa comercial de todo el mundo sigue una matriz determinada, fijada por grandes poderes mediático-políticos visceralmente anti-chavistas, cuyos intereses ven en todo el proceso bolivariano un peligro. La idea, obviamente, es presentar una sensación de “catástrofe” en que viviría el país, para desprestigiar la Revolución en curso. Sin quitarle peso real a la terrible guerra económica que la derecha vernácula -con apoyo encubierto y abierto del gobierno de Estados Unidos- está llevando a cabo, no es real que la población esté en una situación de crisis, de insolvencia absoluta, de situación pre-golpe de Estado al modo del Chile de 1973 donde apareció un Pinochet dando el toque final a un proceso que se venía desmoronando (o mejor dicho: que había sido calculadamente desmoronado) en un buen tiempo de gestación, con desabastecimiento y mercado negro.
En Venezuela no se vive eso, en absoluto. La inflación y el desabastecimiento existen, y por supuesto son odiosos, molestos, dañinos. De todos modos, la presencia del Estado a través de sus programas sociales por medio de las numerosas Misiones existentes (hoy día alrededor de 30) intenta complementar esos desajustes.
Sin negar las dificultades de la vida cotidiana -por ejemplo, el acceso a divisas, con un dólar paralelo por las nubes, hasta 10 veces por arriba del precio del oficial y todo lo que esa economía subterránea pueda traer aparejada- la preconizada “crisis” no afecta sustancialmente la vida cotidiana. Hay un intento de crear un clima de zozobra, logrado fundamentalmente en la población no-chavista -clase media y alta-, manipulada y acicateada en forma continua con los fantasmas del “castro-comunismo” (“te van a poner otra familia a convivir dentro de tu casa”, y pamplinas por el estilo que, aunque cueste creerlo y hagan recordar los risibles estereotipos de la fenecida Guerra Fría, siguen presentes). Los sectores populares, mayoritariamente comprometidos con la Revolución, no se sienten en crisis. De hecho: no lo están. Por otro lado, la voraz furia consumista de la época navideña lo que menos muestra es retracción en las compras sino, por el contrario, centros comerciales atestados. Hay largas colas… ¡para comprar!
Siempre en relación a esa matriz mediática que barre el mundo, otro mito tejido fuera de Venezuela es la situación de absoluta inseguridad que se vive en las ciudades, con una delincuencia desbocada. La constatación in situ muestra una realidad diametralmente opuesta: el manipulado tema de la violencia callejera no es, ni por cerca, preocupación para los venezolanos de a pie. Hay muertos, y no pocos, en enfrentamientos entre bandas juveniles, nada distinto a lo que sucede en cualquier capital o gran urbe latinoamericana, básicamente en los sectores “rojos”, que por supuesto no faltan, pero ello está totalmente lejos de ser el cáncer que presenta la prensa antichavista.
Como último dato para intentar dar la verdadera imagen de lo que acontece en el país, fuera de la tergiversación de las industrias de la desinformación, está la figura del presidente Nicolás Maduro. La tónica dominante es presentarlo como un tonto, un inepto que cada vez que abre la boca dice una sandez. ¡Nada más absolutamente alejado de la realidad que eso! Maduro es un militante sindical que viene de la izquierda política, muy bien preparado y siempre a la altura de las circunstancias que le tocó vivir. De hecho la población chavista lo respeta mucho y nadie osa verlo como un improvisado, como la “pesada” herencia que dejó Chávez al que hay que soportar. Por el contrario, es todo un estadista que se sabe manejar con gran tino respecto a su pueblo.
2. Sigue el acoso a la Revolución por distintos medios
Sin que esto sea justificación de nada, y asumiendo que hay muchas tareas que una revolución socialista debería acometer con mayores cuotas de autocrítica o de profundidad, de espíritu clasista incluso, construir una nueva sociedad en medio de un continuo bloqueo y ataque no es tarea nada sencilla.
El actual gobierno bolivariano, en todos sus niveles, está sometido al furioso bombardeo mediático de la prensa de derecha. Además, como se anticipa más arriba, el mercado negro y el manejo de divisas no está bajo el control del Estado, por lo que esos temas terminan convirtiéndose en una molestísima urticaria que corroe la vida cotidiana.
Quizá en esto no hay mucho que abundar y una corta estadía en el país no aporta nada especialmente nuevo, porque de nadie es desconocido que desde que asumió la presidencia, Nicolás Maduro ha debido soportar una presión mayor a la que le tocara resistir a Hugo Chávez. Por lo pronto, en los primeros meses del año 2014 las fuerzas políticas de la derecha nacional, siempre bajo financiamiento y asesoramiento directo de Washington, arreciaron de un modo brutal sus protestas, con el saldo final de 43 muertos y cuantiosos daños materiales. Ello, si bien no logró parar el avance del proceso bolivariano, mostró que la oposición sigue siendo tan beligerante como siempre, y está dispuesta al uso de cualquier medio para lograr su cometido: terminar con la Revolución.
Insistimos con la idea: aunque el escenario no es el mismo que el de Chile de 1973, el agio y el mercado negro son constantes en la vida económica cotidiana. El contrabando hormiga a través de la frontera con Colombia, en muchos casos de gasolina venezolana, causa enormes pérdidas a la economía nacional, valoradas en miles de millones de dólares.
En complemento a esta desestabilización económica, también debe considerarse la no menos dañina provocación militar a la que se ve sometida la Revolución, con infiltraciones continuas de paramilitares colombianos, con acciones violentas encubiertas, con sabotajes, con el siempre mantenido intento de ganar cuadros de las fuerzas armadas para proyectos contrarrevolucionarios.
Lo dicho más arriba respecto a la imagen que se crea de Venezuela tanto dentro de sus límites como a escala planetaria, es parte también de ese acoso: los medios de comunicación cada vez más deciden la vida política. Por tanto, la creación de esas matrices de opinión furiosamente antirrevolucionarias, satanizando y denigrando lo que realmente sucede, ayuda a mantener: 1) en lo interno, una población enfrentada en forma irreconciliable, dividiendo a la ciudadanía de un modo un tanto absurdo, siendo presa de ese visceral odio “antichavista” sectores de clase media que incluso se benefician de los programas sociales; y 2) en lo externo, preparando condiciones para aislar al país y tenerlo demonizado, justificando de ese modo cualquier posible acción “en defensa del mundo libre” (léase intervención militar, por ejemplo).
Complementa el acoso arriba mencionado una movida política que no es poca cosa y debe vérsela con mucha preocupación: la actual caída de los precios del petróleo.
Venezuela, por una sumatoria de causas, sigue aún después de 15 años de Revolución, dependiendo en un 80% de la venta del oro negro. Se llegó a hablar, incluso, de “socialismo petrolero”. Esto abre otro debate, en el sentido que es imposible edificar algo sólido en este mundo globalizado y manejado por grandes corporaciones capitalistas a partir de la venta de un recurso natural no renovable. Si bien hay reservas petroleras hasta fines del presente siglo (la reserva del río Orinoco es la más grande del mundo, y aún se la explota en pequeña escala), la falta de diversificación productiva es una bomba de tiempo. Si no se tiene asegurada la producción de alimentos (la Revolución sigue comprando alimentos en el exterior), si tecnológicamente se depende de terceros en relaciones comerciales capitalistas, el pronóstico a futuro es incierto.
En relación a eso, y como una clara maniobra desestabilizadora para los tres países que, hoy por hoy, son una pesadilla para la lógica imperial de Estados Unidos y para el gran capital global (Rusia, Irán y Venezuela, con grandes reservas petroleras e intentando negociar ese bien ya no con dólares sino con nuevas monedas), la caída de los precios en el barril de petróleo es una maniobra política que intenta cortarle el ingreso de recursos a esas economías, obviamente para ahogar sus respectivos proyectos de países independientes y soberanos.
Incluso -valga esto como hipótesis- el probable embargo que se le levantaría a la Revolución Cubana puede tener como uno de sus objetivos hacer que la isla deje de depender de los petrodólares venezolanos para aislar políticamente a Caracas, dejando sus iniciativas de integración latinoamericana muy reducidas, o detenidas.
En otros términos: el acoso está por todos lados y convivir con él se torna sumamente complicado. Aunque todos sabemos que hacer una revolución es enfrentarse a esos demonios, decirlo es fácil. Soportarlo, no tanto.
3. Continúan las discusiones en torno a la construcción del socialismo
Algunos años atrás, cuando vivía en suelo venezolano, era un debate permanente entre militantes, cuadros de la izquierda, dirigentes comunitarios, sindicalistas y activistas varios el rumbo que debería tomar la Revolución. Asumiéndose que lo vivido en Venezuela no es comparable con otros procesos de transformación social (Rusia, China, Cuba, Vietnam, Nicaragua), dado que aquí la Revolución no nació de una insurgencia popular ni de la lucha armada sino que vino desde un líder carismático que, sorprendiendo a propios y extraños, fue radicalizándose poco a poco desde la casa de gobierno, la discusión respecto a cómo pasar de esa fase a una profundización socialista estaba en el día a día. En un momento, incluso, se propuso casi como una exigencia teórica definir qué era este nuevo socialismo del siglo XXI.
El tiempo pasó, el líder ya no está, y la discusión sigue abierta. Los sectores más radicales siguen viendo una gran lentitud en el proceso. Es innegable que la Revolución tiene un tiempo muy propio, muy “caribeño”, podría decirse, para usar un eufemismo que no lastime a nadie y diga mucho. En otros términos: tiene mucho de pintoresca.
La cultura rentista y consumista amasada en décadas de bonanza petrolera no han desaparecido. Más aún: la Revolución no ha encarado un trabajo realmente fuerte y sostenido buscando modificar eso. Si bien se habla continuamente de valores socialistas, de una nueva ética, de una batalla contra la corrupción, la imagen de una Miami plástica y adoradora del despilfarro sigue presente en la conciencia colectiva; de ahí que la Miss Universo sigue siendo un símbolo nacional (por la calle, el ciudadano común puede preciarse de ser el país del mundo con mayor cantidades de títulos de belleza).
No cabe la menor duda que la construcción de una alternativa nueva, en cualquier sentido, es tremendamente difícil. Una cosa es tomar el poder político, el asalto a la estructura del Estado (que sigue siendo capitalista). Otra muy distinta es derrumbar esos esquemas y edificar algo nuevo. Eso -la experiencia de los distintos socialismos desarrollados en el siglo XX lo enseñan a sangre y fuego- toma generaciones. E implica, por fuerza, enormes esfuerzos, cambios de mentalidad, luchas a muerte contra viejos valores. Todo eso es una agenda pendiente aún en la Revolución. Pero lo importante es que, al menos, no deja de estar en discusión.
Quien capitanea el rumbo político del país es el Partido Socialista Unido de Venezuela, el PSUV. Pero esto no ha pasado de ser una bien aceitada maquinara electoral. No es, como sucede en otras organizaciones de izquierda, un partido de cuadros. No hay mayor, o casi no hay ningún trabajo de formación política con sus militantes.
No caben dudas que existe hoy día en el país un nuevo talante antiimperialista, que la idea de socialismo (aunque no se sepa con exactitud qué es el socialismo del siglo XXI) está presente, que las discusiones en torno a todo esto están abiertas. No puede dejar de mencionarse que las posiciones más “suaves”, más moderadas (llegándose a hablar de conciliación de clases, por ejemplo) parecieran ser las dominantes. Los grupos más radicales que piden profundización revolucionaria y socialismo con mayúscula, en general son marginales. La conducción política del proceso se hace más en clave de moderación que de profundización, pero ello no quita que un espíritu nuevo de debate, de conciencia política, de valores socialistas, impensable décadas atrás antes de la aparición de Hugo Chávez, domine toda la escena política.
Ese debate, al menos da esperanzas: las cosas se siguen moviendo.
No puede dejar de mencionarse en esta suerte de comentario/análisis la presencia omnímoda de Chávez. Hoy día ya pasó a la categoría de mito. Eso puede ser importante para tener un punto de convergencia de distintos sectores, un elemento que une, que congrega. Hugo Chávez ya pasó a ser Comandante Supremo y Eterno. Pero ello también abre alguna pregunta (¡que alguna vez hay que comenzar a formularse, y más aún: a responderse!) respecto a qué se construye con tamaño endiosamiento. Pregunta, sin dudas, que lleva a indagarnos por qué en todos los grandes procesos revolucionarios del socialismo ha existido siempre la figura de un gran líder carismático (heroico, siempre masculino por cierto): Lenin, Mao Tse Tung, Ho Chi Ming, Fidel Castro, Che Guevara, Chávez, Yasser Arafat. ¿Para construir enormes cambios se necesita de esas figuras colosales? Se podría dejar abierta la interrogación en relación a lo religioso que hay en juego en todo ello: ese culto a la personalidad, ¿no pasa a tener un valor religioso? (religión, de religare, en definitiva es “lo que une, lo que amarra a una sociedad, lo que la mantiene unida”).
Pero un planteo socialista -propiedad colectiva de los medios de producción y poder popular- no necesita de un pensamiento mágico-religioso centrado en la adoración de ningún ícono, sino más bien que debe tomar distancia de él. Y eso, con la veneración casi desmedida que pareciera tener la figura del extinto presidente, no pareciera estar planteándose en la Venezuela actual. Tamaño culto a la personalidad podría entenderse -beneficio de la duda- como un momento necesario en un largo y complejo proceso. Es posible. Pero no debe dejar de considerárselo como algo no menor.
4. La Revolución sigue, y si algo da esperanzas es el poder popular
Como se dijo más arriba, pese a lo lento del proceso, a la falta de profundidad socialista de muchas medidas -la propiedad privada de los grandes capitales no se ha tocado, por ejemplo, ni la banca, sector clave que puede definir toda la Revolución- es alentador ver que el proceso está en marcha. Quizá la misma provocación continua de la derecha con sus numeras formas de ataque obliga a mantener la guardia muy en alto. Si es así, de momento puede decirse que la contrarrevolución lo que ha logrado es armar mejor la respuesta del movimiento bolivariano.
Hablamos del Chile de 1973 con Salvador Allende y su triste final con el golpe de Estado del general Pinochet. En Venezuela, hoy por hoy eso no puede pasar, por dos motivos: las fuerzas armadas, sin negar que habrá algún quinta-columna escondido esperando la orden de “la Embajada”, son una garantía para la continuidad del proceso bolivariano. Pero más aún, mejor y más fiable garantía, es el poder popular que se viene construyendo.
Sin caer en excesos triunfalistas, sin ver lo que uno quiere ver (lo cual es, en definitiva, pura imaginación, fantasía extinguible), es real que estos años de proceso bolivariano, aún con los defectos y contradicciones que pueda tener, ha ido construyendo una red de poderes populares locales, comunales, territoriales, que ya pasaron a ser una considerable fuerza político-social. La idea de “empoderamiento” (permítasenos utilizar este discutible término) ha cobrado real fuerza en la experiencia venezolana.
Si algo de novedoso tiene este mal definido socialismo del siglo XXI es la explosión de participación popular. Las medidas de fondo, es cierto, las sigue tomando la conducción política, que está sentada en el Palacio de Miraflores. Pero todos estos embriones de poder popular que mencionamos (consejos comunales, organizaciones barriales, colectivos de mujeres, fábricas recuperadas bajo autocontrol obrero, grupos de jóvenes, etc., etc.) son un verdadero resguardo del calor transformador. Ahí están las Milicias Populares, trabajando en coordinación con las fuerzas armadas, como una garantía de continuidad revolucionaria.
Sin dudas que la transformación de una sociedad lleva un trabajo fabuloso, monumental. No hay que cambiar sólo relaciones de poder, relaciones económicas: hay que cambiar mentalidades, culturas. ¡Eso es de lo más difícil! Y la única posibilidad para transformar hondamente una sociedad -la experiencia lo afirma- es trasladar el ejercicio del poder a las poblaciones, a la gente real de carne y hueso, más allá de anquilosado mecanismo del voto. En Venezuela eso está sucediendo, y es eso justamente lo que mantiene viva las esperanzas.
5. Hay que tomar medidas más drásticas en el manejo de los recursos (nacionalización de la banca)
Este es el punto crucial. Es aquí cuando cobra todo su sentido el epígrafe con el que abríamos el presente texto: “En Venezuela no faltan dólares. Lo que está en juego es el destino de la renta petrolera”.
Venezuela en su conjunto, durante todo el siglo XX, no fue un país pobre, dado el aluvión de petrodólares que recibió y sigue recibiendo (en este momento algo reducido por la manipulada caída del precio del petróleo fijada por las Bolsas de Valores de las potencias occidentales). Antes de Chávez, y por supuesto infinitamente más a partir de él, los sectores populares recibían algunos beneficios de esa renta. En otros términos: Venezuela ha sido un país rico, pero lleno de pobres.
Ahora, con la Revolución, las cosas empezaron a cambiar: esa renta petrolera, como nunca antes en su historia, comenzó a llegar a los sectores históricamente más postergados. Es cierto que llegó con forma de programa asistencial (“Chávez me dio la casa”), pero ese fue un inicio. De lo que se trata ahora es de ir más allá en la construcción de un nuevo modelo, un modelo socialista y participativo, donde la gente sea la que no sólo recibe algunos beneficios (cultura asistencial) sino que decide el destino de sus vidas, y por tanto, del colectivo. Pasar de la cultura rentista -y si Chávez “da” la casa, no se superó la cultura rentista-asistencial- a la apropiación popular, al socialismo real donde el pueblo manda, es la tarea siguiente. Aquello de “mandar obedeciendo” del zapatismo es para pensar seriamente. ¿Se podrá, o hay que tomar todo el poder, sin miramientos, para proponer cambios?
Pero mientras se discute esto, ¿quién maneja esa entrada de petrodólares? (que, aunque mermada, sigue siendo muy grande). Ese es el cuello de botella de la Revolución.
El Estado venezolano invierte mucho en los distintos programas sociales. Ello ha traído como consecuencia un mejoramiento sustancial en la calidad de vida de los sectores más pobres y olvidados. Salud, educación, vivienda, servicios básicos, transporte, alimentación, son todas esferas que cada vez más la Revolución viene atendiendo con logros indubitables. De ahí que, en una apreciación muy pacata y corta de vista, la conciencia clasemediera ve el “peligro” que representa este pobrerío ahora puesto de pie, sintiéndose poder, representado por una figura intocable como la de Hugo Chávez, ocupando espacios que antes le estaban absolutamente vedados. “¿Los pobres entrando al Teatro Nacional?”. ¡Efectivamente! Eso es un símbolo de lo que significa revolución. Y eso está sucediendo en Venezuela.
Pero el mantenimiento de ese Estado y su posibilidad de seguir invirtiendo en programas sociales encuentra un terrible límite: las divisas que trae el petróleo van a parar al sistema financiero. Y ese sistema financiero es patrimonio de la empresa privada. Ahí está el tope.
La República Bolivariana de Venezuela, más allá de las reales transformaciones que está llevando a cabo, no deja de ser un país capitalista, que se mueve en la lógica del capital, y cada vez más, del capital financiero. Hoy por hoy, con este capitalismo especulador y mafioso que se ha venido construyendo en estas últimas décadas a escala planetaria, toda la Humanidad está en dependencia de los grandes centros bancarios que van controlando las finanzas mundiales, y por tanto la política así como la ideología y la cultura. En otros términos: la vida. La actual baja de los precios del petróleo -o su eventual subida cuando así lo deciden en algún lujoso lobby unos cuantos hiperpoderosos- lo permite ver de modo palmario. Hoy por hoy, el mundo lo manejan los grandes bancos y no los presidentes de los países.
El Estado revolucionario de Venezuela dispone de los petrodólares, de eso no caben dudas. Y más allá de las medidas que intenten aislar al país e impedirle salirse del campo del dólar como divisa de transacción, sin dudas la renta, en mayor o menor medida, seguirá asegurada por un buen tiempo, por unas décadas quizá. La cuestión básica estriba en ver cómo se maneja esa renta. Y si la misma termina finalmente en las arcas privadas de estos especuladores de poder global, la capacidad de maniobra de la Revolución no es muy grande precisamente.
Con Chávez vivo, genial estadista sin ningún lugar a dudas, los juegos de poder y las tensiones se dirimían (un poco al menos) a partir de su fenomenal carisma, de su muñeca política. Pero la vida de un país o de una Revolución es más complejo que eso. Los grandes poderes globales como la banca no se pueden enfrentar sólo a base de talento personal.
No contar con un sistema financiero propio de la Revolución obliga a esta dependencia mortal de un circuito que 1) sigue haciendo negocios como siempre, o como nunca antes, pero que pese a ello 2) es enemigo irreconciliable del proceso, por su carácter objetivo de clase enfrentada a muerte con una opción socialista.
Por todo ello la nacionalización de la banca se impone como principal tarea revolucionaria inmediata. No hacerlo es seguir en esta situación de dependencia, ofreciéndole al enemigo los propios recursos de una manera ignominiosa. No hacerlo, es quedar a su merced, sin posibilidad de poder invertir para crear una sólida base industrial que permita despegarse del rentismo petrolero, y lo peor: es quedar en sus manos para que -tal como lo está haciendo ahora- ahogue la Revolución con sus deleznables manipulaciones financieras.
6. ¿Qué pasa si se pierde la próxima elección presidencial?
Entiendo que en Venezuela es necesaria hoy una revolución dentro de la revolución. Es decir: si el proceso avanza con lentitud, si la banca -talón de Aquiles de todo el complicado panorama- no se ha tocado, si estamos en la disyuntiva de construir un castillo de naipes (dólar manejado por el sistema financiero privado) o una fortaleza inexpugnable (asegurada por el poder popular desde abajo, armas en mano incluso), entonces es preciso dar un salto adelante. Se podrá atacar esto diciendo que es expresión de “izquierdosos intelectuales trasnochados”. Puede ser. De todos modos, reitero lo dicho más arriba: la crítica apunta a ser “no para mal de ninguno sino para bien de todos”.
Es cierto que el panorama político internacional actual es tremendamente más complicado para el campo popular que décadas atrás. Hoy no hay Unión Soviética, y la China puede ser aliado táctico, pero hoy funciona como gigante comercial y no otra cosa. Estos últimos años de capitalismo salvaje, eufemísticamente llamado neoliberalismo, asentados en feroces represiones que tiñeron de rojo todo nuestro continente, hicieron retroceder mucho las conquistas de los trabajadores y los ideales socialistas. No están muertos, pero sí bastante golpeados. La aparición de Chávez y todo el proceso que puso en marcha ayudó a recobrar fuerzas, a levantar esperanzas caídas. Ese es el verdadero y más importante legado de la Revolución Bolivariana.
Si hablamos de límites, de fallas, de cosas a rever, ahí tenemos la experiencia sandinista de Nicaragua en 1990. Igual que la venezolana, fue una revolución que se manejó dentro de los parámetros de la democracia representativa capitalista. Al perder una elección, tuvo que retirarse del poder. Y como las estructuras de poder popular se habían ido deteriorando -producto de la guerra, del bloqueo, de errores propios- el abandono del gobierno significó el fin de la revolución. En Venezuela, si se perdiera la próxima elección presidencial en el 2019, ¿pasaría lo mismo?
No se trata de hacer ejercicios de futurología. El presente escrito no tiene ese objetivo, sino abrirse preguntas críticas mostrando los puntos débiles en juego (y saludando efusivamente con fervor revolucionario los reales e incuestionables avances, por supuesto). Pero pensemos en ese escenario: si toda la Revolución asienta en el triunfo electoral, ¿qué sucedería -tal como efectivamente podría pasar- si Nicolás Maduro, o el candidato del PSUV que fuere, no gana en las urnas?
Es ahí donde el poder popular (léase milicias populares en combinación con las fuerzas armadas oficiales), la banca nacionalizada y el calor chavista cohesionado en torno a la figura del líder muerto pero vivo en la conciencia del pueblo y que sigue funcionando como aglutinador, deberían servir como garantía de no retroceso en los logros obtenidos.
No hay dudas que estas cosas se discuten, y mucho, dentro de Venezuela. Quienes apoyamos desde fuera no estamos en el día a día de esos debates, aunque podamos dejar nuestro modesto aporte. El presente texto no es sino eso, así como podría serlo para Bolivia o para cualquier proceso que intente aportar transformaciones. En otros términos: un granito de arena para mantener viva la esperanza en que sí, efectivamente, otro mundo es posible, y que hay que seguir trabajando para darle forma a la utopía.
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