domingo, 14 de septiembre de 2014
El terrorismo en perspectiva histórica y regional
LUIS THIELEMANN H.
12 de septiembre de 2014
En una columna publicada por El
Mostrador el día 10 de septiembre, Roberto Meza intenta dar con una explicación
del discurso del terror o del terrorista (que para él son lo mismo). Comienza
con un argumento de autoridad (“Se afirma que…”) y a lo largo de todo el
escrito cita a “los estudiosos”, pero sin indicar a ninguno de ellos, sin citar
fuente alguna para construir su argumento sobre el terrorismo. Además de esta
carencia de fuentes teóricas o primarias, a lo largo de todo el texto se habla
del terrorismo como un genérico actor social que viene de ninguna parte, de un
afuera no identificable, y que por su psicología particular, está fuera también
de toda sociedad. Para el señor Meza: “Se trata de un fenómeno epocal, que se
ha instalado en todo el mundo y que Chile había venido experimentando en forma
larvaria, hasta este punto de inflexión del 8 de septiembre, cuando el
monstruo, parido desde las entrañas de la insatisfacción vital, ha dado
infaustamente su primer y espantoso vagido”. Me parece que este escrito, y
similares posicionamientos de actores y políticos locales, además de una
melodramática floristería lírica, presentan varios errores, exageraciones y
desajustes con lo que ha sido el terrorismo en Chile y América Latina. El
objetivo principal de este texto, más allá de discutir algunos puntos menores
con el señor Meza, es situar el terrorismo en el justo lugar y dimensión que
tiene en la historia y sociedad chilena y latinoamericana.
I
Comencemos por la pregunta: ¿qué
ha sido el terrorismo en la historia? Hay dos formas de responder a esa
pregunta. La primera responde a las categorías de distinción en la historia de
la violencia política. La segunda, con el uso político de la categoría
terrorismo. Desde la primera forma, terrorismo es un tipo de violencia
destinada a obtener ganancias de fuerza política mediante la intimidación de la
población civil. Esta definición implica dos elementos que es importante
explicar bien: a) el que la violencia obedece a razones; y b) que
necesariamente los objetivos del acto deben ser civiles.
a) Decimos que en el terrorismo la violencia
es racional pues implica un uso adecuado a fines. Esto puede ser difícil de
tragar, pero con toda la brutalidad y el desquiciamiento que implica, por
ejemplo, volar un auto en plena calle o quemar vivos a dos jóvenes en Estación
Central, eso no es una volición presa de la locura desatada de un demente, sino
un acto que busca fines precisos: intimidar a un colectivo humano, anunciarle
que la muerte, o actos peores, acecha desde cualquier lugar y a toda hora, pero
siempre y cuando no se cumplan los deseos del actor que intimida. En un libro
sobre el nazi Adolf Eichmann y su juicio en Jerusalén en 1960-61, Hannah Arendt
reflexionó sobre el burócrata, el agente, el funcionario de la violencia
terrorista. El Eichmann que describió Hannah Arendt es un tipo “normal”, no un
sanguinario psicópata ni un fanático nazi, sino una pieza, “banal”, de una
maquinaria de exterminio cuyos fines estaban determinados por objetivos, por
intereses directos y generales, de colectivos humanos identificables (los
industriales y la nobleza alemana, en ese caso). En resumen, el terrorista no
es un loco, o bien puede serlo y no ser importante, su acción no es una locura,
sino que un acto racional, que se adecúa a esos fines, y que por muy terrible
que sea, le sirve a un interés determinado. Establecer ello es muy importante a
la hora de analizar la violencia, pues el atribuir un estado especial de maldad
al funcionario de la violencia, termina por perdonar la maquinaria
institucional de la violencia y el sector social que la organiza para sí.
b) Que los objetivos deben ser
civiles es algo fundamental en el uso de la categoría terrorismo, pues si los
objetivos fuesen determinados personajes políticos beligerantes o grupos que
han asumido la categoría de beligerante, estamos ante violencia política en
cualquiera de sus grados. Si la violencia política es entre grupos que se
disputan el control del Estado y los objetivos del acto buscan alcanzar esa
meta, directamente, por la vía de someter al enemigo y sin necesidad de
convencer a mayorías electorales o efectivas en una lucha ciudadana o social,
entonces eso es una guerra civil. El terrorismo, para ser tal, implica que sea
contra objetivos civiles. El terror es precisamente para afectar el estado de
ánimo de la población civil o para usarla como costo para los gobiernos, de
cualquiera de las dos formas su objetivo no es hacer daño, sino que mediante el
daño alcanzar un objetivo (ya dijimos que es racional). Es por ello que
Robespierre, Marat y los Jacobinos entendieron que debía morir Luis XVI, no
para reemplazarlo, sino para mostrarles a los franceses que era posible
cortarle la cabeza al rey, y a muchos otros nobles, y que no iba a venir dios
alguno a la tierra a vengar la revocación de su voluntad. Lo mismo en el acto
de los bolcheviques al cortar toda semilla de los Romanov: no se busca
aterrorizar a los nobles, sino a los rusos, declarando que ya no había vuelta
atrás en la revolución después de matar a la familia designada por dios y la
sangre para gobernarlos. Con el asesinato de las familias reales y de otros
colaboradores de los regímenes depuestos, civiles, el terror revolucionario
dejó en claro que estaba dispuesto a todo.
La segunda forma de definir
terrorismo es como un epíteto. Toda violencia política que nos sensibilice
demasiado es tachada de “terrorismo”: desde una bomba de ruido hecha por
adolescentes hasta una portada de un diario. Es claro que no debemos
profundizar en este uso, salvo para decir que si la categoría no discrimina los
hechos de violencia política, unos de otros, entonces no sirve. A menos que se
use, como ha sido estos días, como arma arrojadiza a cualquier rebeldía o a
cualquier insubordinación.
II.
Pero detengámonos un momento en
lo dicho por el señor Meza, en la construcción misma de su idea de terrorismo,
ya que es importante hacerlo en estos días de una interesada confusión dirigida
por la gran prensa. Dejemos a un lado los rudimentos de sicología que se
ofrecen en el texto y centrémonos en la teoría política. ¿De dónde obtienen
–Meza y los demás– esa definición de lo que es y ha sido el terrorismo? Pues
hay dos formas de definir un fenómeno social: por las generalidades de su
comportamiento pasado (lo que ha sido) y por las formas de su comportamiento
presente (lo que es). Como casi nadie, tampoco el señor Meza, indica de dónde
proviene su teoría y explicación de qué es y qué ha sido el terrorismo en Chile
y el continente, es difícil saber a qué lugar y tiempo se refieren. Entonces, partamos
por una hipótesis al respecto: casi todo lo dicho sobre el terrorismo desde el
8 de septiembre, sobre todo en el texto de Meza, está basado en una definición
genérica de terrorismo, dada por los hechos ocurridos en Europa y Estados
Unidos, a lo más Oriente Medio, pero no calzan en la historia de Latinoamérica,
no en su historia moderna. En los dos siglos de historia republicana del
continente casi no ha habido terrorismo desde los grupos subalternos, no han
existido grupos que hayan tenido “impulsos suicidas” a los que les “place
coquetear con la muerte”, por lo tanto, no sé a qué terrorismo se refiere Meza
cuando habla de él con tanta experticia.
III.
Porque, y entremos a lo
importante, en este continente ha existido mayoritariamente sólo un tipo de
terrorismo (sí, hay más de un tipo, algo más complejo que “el terrorista”, así,
en singular), el Terrorismo de Estado. En Sudamérica los momentos de mayor
violencia tuvieron que ver con el sometimiento de poblaciones indígenas por el
Estado (o sea, las instituciones civiles y armadas del orden social específico,
que en la región ha sido dominantemente oligárquico), las guerras civiles (por
lo tanto, entre fracciones del Estado), y la represión a las organizaciones de
izquierda y sociales populares en los largos años 60 del siglo XX. Casi no se
cuentan en este período ataques a civiles de parte de organizaciones armadas no
estatales, y es claro entre quienes han estudiado ese tema que nunca fue ese su
objetivo. Ni siquiera es un tema claro para la organización típica a la hora de
buscar terrorismo en el continente, a saber, las FARC en Colombia. Sólo los
países de la órbita norteamericana se han allanado, desde 2008, a otorgarle un
estatus político de “terrorista” a dicho grupo, y, con justicia para los hechos,
el gobierno de Chile no se cuenta entre los mismos. Sendero Luminoso, tal vez
el grupo más violento que haya existido entre las organizaciones armadas del
continente, es definido como “terrorista” por el Informe final de la Comisión
de la Verdad y Reconciliación del Perú, aunque haciendo la salvaguarda
importante de que ese terrorismo se escondía en un discurso de violencia
revolucionaria (algo muy distinto a lo mencionado por el señor Meza), y que se
dio en una situación de guerra civil. Allí se destaca que en el enfrentamiento
del Estado a Sendero Luminoso se “produjeron masivas violaciones a los derechos
humanos por parte de agentes del Estado”. Otros grupos políticos armados del
continente, como el ELN en Colombia, los Tupamaros en Uruguay, los Montoneros y
el ERP en Argentina, no han sido considerados terroristas por los politólogos e
historiadores. Más bien son identificados con vanguardias armadas, guerrillas
urbanas o incluso, para el caso de los Tupamaros, un grupo de arte político
como indicó el artista e intelectual Luis Camnitzer.
Así, salvo el caso de Sendero
Luminoso y con las enmiendas mencionadas, el terrorismo en América Latina hay
que buscarlo no entre los grupos de la izquierda armada, no entre ese tipo
ideal que dibuja el señor Meza y tantos otros, llenos de esa necesidad
provinciana de tener una historia parecida a la de los países del norte (o más
bien, a la que cuentan las películas de allí, con terroristas y ‘John McClane’
por doquier). Así, podemos decir algo aceptado entre los cientistas sociales e
historiadores del continente: el terrorismo en América Latina ha sido
mayoritaria y abrumadoramente estatal.
IV
A esta definición del terrorismo
como principalmente estatal en el continente, debemos agregar que no ha sido en
cualquier momento del Estado, sino que en ciertos momentos donde éste reafirma
su carácter de clase, su afinidad y funcionalidad para un grupo social
privilegiado, a la vez que contra otros grupos sociales subalternos. No sólo ha
sido mayoritaria y abrumadoramente estatal, sino que además ha sido propio de
los gobiernos, de hecho o de derecho, apoyados o sostenidos por la oligarquía.
Este carácter social del terrorismo de Estado es sostenible además desde la
constatación de que los objetivos han sido siempre grupos subalternos y que han
cuestionado dicha dominación oligárquica: indígenas, sindicalistas, pobres del
campo y la ciudad, militantes de izquierda, minorías sexuales, sacerdotes
obreristas, etc. Basten algunos ejemplos: en toda su historia el ejército
chileno ha matado más trabajadores chilenos que soldados peruanos, argentinos y
bolivianos juntos. La Fuerza Aérea de Chile sólo ha tenido dos acciones armadas
reales: el ataque a la escuadra sublevada en 1932 y el bombardeo a La Moneda en
1973. Al parecer Gustavo Leigh quiso realizar una tercera: bombardear la
población La Legua, en el sur de Santiago. Afortunadamente no pudo Leigh
agrandar tan lustroso registro. El terror en Chile, el uso de la violencia, no
buscó exterminar a la izquierda, sino mediante el asesinato de casi toda la
primera línea de dirigentes del Movimiento Popular, se buscó amedrentar al
resto del país, a ese millón y seiscientos mil votantes que tuvo la izquierda
en 1973. Lo mismo puede decirse en todo el cono sur: la figura del militante
era atacada como lo peor del país, un cáncer a extirpar con violencia brutal, y
tan víctimas como aquellos que fueron lanzados dentro de barriles con cemento
al Río de La Plata, son sus amigos y familiares que sintieron la desaparición
como un sinfín de posibilidades horrorosas a modo de advertencia sobre lo que
podía ocurrirle a quien intentase luchar. El Estado, mediante el terror, disciplinó
las rebeldías sudamericanas de los 60.
Esta explicación no es un relato
que haga síntesis a posteriori, sino que era una idea consciente antes incluso
que se desataran las dictaduras en el Cono Sur. En la Conferencia de los
Ejércitos Americanos realizada en Buenos Aires, en 1966, el dictador trasandino
Juan Carlos Onganía propuso crear formalmente una fuerza permanente
interamericana de defensa, con capacidad de actuar contra el enemigo
subversivo. Quien impidió esto fue el general René Schneider, que aún no asumía
como jefe del Ejército chileno, y que sería asesinado en 1970 por agentes
ligados a la ultraderecha, a la CIA y al mismo ejército. Esta idea venía dada
por los aprendizajes de la Escuela de las Américas, institución norteamericana
formadora de terroristas de Estado, torturadores y agentes especializados
contra la izquierda radical y los luchadores sociales, donde pasaron muchos
oficiales sudamericanos desde 1946 y especialmente en la década de 1960. El
terrorismo de Estado en Sudamérica fue, además de oligárquico, organizado
conscientemente como tal, y la tortura, desaparición y asesinato como método de
aterrorización de la población civil fueron organizadas con premeditación. No
vale pensar tales acciones como locuras o demencias, tampoco como fanatismos
ideológicos propios de un contexto, sino como crímenes útiles a civiles que los
financiaron y organizaron y que hoy permanecen sin recibir sanción social o
judicial por ello.
Ante ello, el intento de crear
guerrillas urbanas, grupos armados de ataque o de autodefensa, parece como una
leve resistencia. En el enfrentamiento armado a la dictadura, en los Tupamaros
del Uruguay o en el intento de guerra civil emprendido por la izquierda y el
peronismo en la Argentina, no hay un objetivo de intimidar a la población
civil. Lo que hay allí es una violencia política directa, antagonista, que
buscó derrotar militarmente (o político-militarmente) a sus enemigos. Así,
cualquiera que hable de “el terrorista” o de su “discurso” o “psicología”, debe
definir a qué terrorismo se refiere, y en el caso de Sudamérica, asumir bajo el
peso de los hechos reales que el terrorismo ha sido mayormente de este tipo:
oligárquico y estatal.
V
En el específico caso chileno, el
terrorismo se ha generado en el Estado con una exclusividad superior a casi
todos los demás países del continente. De la misma forma, el carácter
oligárquico de ese terrorismo de Estado es el más marcado. La lucha armada
generada por grupos de izquierda radical, como el MIR, o la autodefensa armada
del FPMR no alcanzan para ser catalogadas de terrorismo.
Según Gabriel Salazar,
han habido sólo tres actos dignos de ser catalogados de terroristas y que
vengan desde la sociedad civil en la historia de Chile: el asesinato de Edmundo
Pérez Zujovic, en 1971, el asesinato de Carol Urzúa, en 1983, y el asesinato de
Jaime Guzmán, en 1991.
La bomba del 8 de septiembre de 2014 no puede
considerarse el cuarto, pues no sabemos quién lo hizo ni por qué. En cambio,
por parte del Estado oligárquico, el mismo Salazar parte con un larguísimo
conteo de acciones terroristas: el asesinato de Manuel Rodríguez; los
fusilamientos por parte de Portales a los jóvenes de Curicó; el asesinato a
hachazos a los oficiales prisioneros en la batalla de Lircay, por orden de
Joaquín Prieto; el descuartizamiento de los oficiales demócratas que se
rebelaron en Quillota contra Portales; los fusilamientos a opositores en el
gobierno de Manuel Montt; las ocho masacres de trabajadores de comienzos del
siglo XX, hasta 1930 (especialmente la de Santa María de Iquique, donde el
ejército mató en tres minutos igual cantidad de trabajadores que soldados
chilenos muertos en toda la Guerra del Pacífico); las masacres del siglo XX,
como las de Copiapó, Ranquil, del Seguro Obrero, Plaza Bulnes, Santiago en 1957,
de la Población José María Caro, de los obreros de El Salvador, de Pampa
Irigoin, todas en los 60, y para qué mencionar las decenas de miles de
torturados, los miles de ejecutados y desaparecidos bajo la dictadura de
Pinochet y de la oligarquía. Sumemos a ellos a Daniel Menco, asesinado por la
policía en 1999, a Matías Catrileo, bajo iguales victimarios en 2008, y al
crimen terrorista más horroroso ocurrido en democracia: el asesinato de Manuel
Gutiérrez, un niño de 14 años, víctima de las balas disparadas por carabineros
la noche el 24 de agosto de 2011. ¿Habrá algo más terrorista que asesinar a un
niño con balas disparadas a modo “de advertencia”?
Como dice el mismo Salazar: “En
doscientos años de historia, no han sido las autoridades del Estado (o del
Mercado) las que han sido víctimas notorias de la violación de derechos humanos
por parte de ‘la soberanía’ popular, sino por miles y miles, el mismo
pueblo-ciudadano de Chile a manos de estas autoridades”.
En el uso puntual de bombas
contra blancos civiles, la asimetría entre acciones civiles y acciones del
Estado se vuelve aún más radical. El FPMR, el Lautaro y el MIR llevaron a cabo
este expediente como instrumento de ataque directo a las fuerzas armadas y de
orden, por lo que se asumen como fuerzas beligerantes y no terroristas. Las
bombas reivindicadas por los anarquistas insurreccionalistas han sido siempre
contra blancos deshabitados, y por mucha lírica de la violencia liberadora que
pudiera haber en sus panfletos, están más cerca de constituir una vanguardia
estética que una organización terrorista. Es más, tristemente, sus únicos
blancos han sido ellos mismos, en una ocasión con consecuencias de muerte. Por
el lado del Estado, la dictadura tiene varios ejemplos: los asesinatos de Prats
y de Letelier organizados por la DINA y Manuel Contreras, usando el mismo tipo
de bomba. El intento de asesinato por el aparato internacional de la DINA y con
colaboración de fascistas italianos, de Bernardo Leighton y su esposa.
Probablemente uno de los usos de bomba más macabros por parte de agentes del
Estado ocurrió el 12 de diciembre de 1984, cuando la estudiante de Psicología
de la UC y militante del MIR, Alicia Ríos Crocco, fue asesinada con una bomba
instalada por la CNI en su bicicleta y que estalló mientras ella pedaleaba. Los
días siguientes sus compañeros fueron detenidos, allanados e interrogados,
también por agentes del Estado.
Esta asimetría en el uso del
terrorismo entre el Estado y las organizaciones de la sociedad civil,
específicamente las de la izquierda y el movimiento popular, es expresiva a su
vez de una asimetría mayor, la del uso de la violencia política en Chile. En
otra oportunidad hemos hecho revisión al disciplinamiento histórico de la
violencia desde las clases propietarias, la ausencia de toda tradición de
“pueblo armado” entre los sectores populares en Chile y el terror de la élite
ante fenómenos de soberanía desde los sectores populares, al que históricamente
ha respondido con terrorismo estatal, de su Estado.
VI
De esta forma, creemos que hay
mejores formas de reflexionar sobre la violencia política y el terrorismo en
Chile. No es correcto ni educativo ni comunicador el festín alarmista y
tendencioso que ha realizado la gran prensa a partir del bombazo del 8 de
septiembre en el Metro de Santiago. Tampoco una vinculación rápida de los
hechos con el terrorismo como tipo de violencia política, sin saber aún qué y
quiénes están detrás de la bomba. La historia concreta de la violencia en Chile
está lejos de darles la razón a quienes han achacado burda e interesadamente
toda violencia posible a la izquierda radical o los movimientos sociales en
lucha. Más bien, cabría preguntarse, serenamente, desde qué sectores del Estado
y la sociedad ha venido la peor de las violencias y su uso disciplinador mediante
el terror. También, preguntarnos con sinceridad qué razones ha tenido la
violencia política en nuestra historia, a quién ha beneficiado y, ya que
sabemos mucho de los anarquistas y fantasmas varios, cabe hacerse una última
pregunta que da escalofríos de sólo pensarla: qué han hecho en estos
veinticuatro años de gobiernos civiles los miles y miles de agentes del Estado
especializados en terrorismo y fanatizados de anticomunismo. Sea como sea, el
terrorismo debe ser medido sobre la base de la historia real de la región y de
Chile. Con definiciones en abstracto, sicologizantes, o usando el concepto como
bala de cañón, sólo se confunde en momentos en que se debe ser claros para no
allanar el camino al autoritarismo y la violencia represiva. Así, debemos ser
claros en nuestra historia concreta: el terrorismo en Chile ha sido
principalmente de Estado, y ese Estado no es un significante vacío en la
historia, pues su violencia ha tenido predominantemente una sola dirección, a
saber, sobre la izquierda y las clases populares y sus organizaciones.
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Un bombazo a pedido del cliente
Desde que comenzaron a levantarse los primeros movimientos de las clases
proletarias y populares, por la redención y dignificación del mundo trabajador,
la opción del atentado anónimo contra gente inocente, ha sido descartada. El
cuartelazo, la desaparición forzada, el asesinato individual o masivo, han sido
por lo general las armas de las clases en el poder, para imponer y perpetuar su
sistema por EL MIEDO, EL TERROR.
El bombazo en el Metro, el 8 de septiembre, no nos evoca ninguna acción de
fuerzas populares en su lucha por el cambio social. Más nos recuerda a los
asesinatos que hizo la dictadura de Pinochet en la misma fecha de 1986, en
venganza por la acción del Cajón del Maipo, en que el FPMR intentó ejecutar al
tirano traidor a la Patria y a la Constitución. Para vengarse e imponer terror,
la dictadura mandó matar al periodista José Carrasco Tapia, Pepone, a Felipe Rivera
Gajardo, Gastón Vidaurrazaga Manriquez y
a Abraham Muskatblit Eidelstein. Vaya nuestro recuerdo a los caídos de ese otro 8 de septiembre.
¿A quién, a qué intereses convendrá el clima de inseguridad que los medios
oficiales han tratado de imponer tras el bombazo del 8?
Cualquier observador de la política podrá decir que un endurecimiento
contra la protesta social (que no es lo mismo que la política atentatoria),
sólo puede convenir a los que están en el poder. Se busca distraer la atención
del tema de fondo, la incapacidad del gobierno neoliberal de Bachelet y sus
nuevos amigos de la falsa izquierda; unas reformas débiles, transadas con el
gran capital, pueden fracasar porque la ultraderecha ahora impone un discurso
haciéndose la víctima. Pero se está generando la convicción, en la opinión
pública que algo piensa, de que la ultraderecha es el principal sospechoso de
ser la victimaria de este y de otros atentados, como los montajes realizados en
la Araucanía para inculpar al pueblo mapuche.
Ya días antes del atentado del 8, se decía que la serie de amenazas de
bomba de días anteriores, sólo convenían al ministro Peñailillo, que a través
de producir un clima de inseguridad buscaría acumular más poder a través de
justificar la creación de una nueva y más poderosa central de informaciones
contra la protesta social.
El atentado, entonces, tanto conviene a los que quieren minimizar aún más
las reformas, así como a los que buscan fortalecer los aparatos represivos.
Para eso el sistema también cuenta con infiltrados en organizaciones
populares. De ahí que al poder represivo le sea fácil encontrar sospechosos de
cualquier cosa, procesarlos, inculparlos y condenarlos. Es la política de los
montajes.
En este escenario, parece muy difícil encontrar a los verdaderos
responsables de este atentado y de los que puedan venir. El aparato represivo
está detrás de los propios atentados, por lo que el hecho permanecerá impune o
encontrarán alguien a quien culpar: algunos Sacco y Vanzetti, algunos Topp Collins
y Sagredo, algún menor P.P.V. O cargarán a algún activista por “sapeo” de algún
infiltrado que buscará así castigar y reprimir a alguien que por su activismo,
haga mucho más por la causa popular que cien atentados.
Será difícil saber quién fue el cliente que mandó hacer el atentado.
MAPU en la Lucha
Bombazo en el Metro: Cómo el
terror reemplazó la agenda de las demandas sociales
Por Víctor Guillou Vásquez | 09/09/2014
El primer atentado terrorista puro y duro en los últimos 24 años vino a
sacar a las reformas claves de la agenda e instaló los cuestionamientos sobre
el manejo de las policías y la seguridad pública. Nada se sabe aún de los
autores, pero sí de qué efectos está produciendo en lo inmediato.
El repudiable atentado terrorista en la subestación de Escuela Militar que
dejó a 14 personas heridas, produjo un cambio inmediato en la agenda del Gobierno, que salió en pleno a
rechazar el acto, a invocar el uso de la Ley Antiterrorista, y a pedir cambios
a futuro en la legislación que define las facultades de las policías y de los
organismos de inteligencia que operan en el país.
Pese a ello, de inmediato vino el cuestionamiento de la derecha y los ex
ministros del ex presidente Sebastián Piñera hacia el manejo por parte del
Ministerio del Interior, encabezado por Rodrigo Peñailillo, respecto de los
últimos bombazos registrados en el país. Aunque ya se había anunciado el uso de
la cuestionada legislación para el primer bombazo registrado el 13 de julio en
un vagón del Metro, y que ahora también se invocó, desde la oposición se habló
de “señales confusas” y las directivas tanto de RN como de la UDI pidieron al
Gobierno que actúe con “mayor contundencia”.
Hoy, tras la sesión extraordinaria en La Moneda del Comité Operativo de
Seguridad, la mandataria salió a decir que “no nos temblará la mano” en
perseguir a los responsables, y además se anunció que el Ministerio Público
contará con más de 100 millones de pesos para la investigación, tras un decreto
firmado el pasado 3 de septiembre.
Adicionalmente, el ministro Peñaillo aseguró que el futuro proyecto que
buscará perfeccionar la Ley Antiterrorista ingresará con “suma urgencia”, para
agilizar así su tramitación.
Por ello, y aun cuando aún no exista claridad de quiénes y con qué objetivo
se detonó una bomba en un día hábil y en un lugar y hora de alta concurrencia,
sí son observables las consecuencias inmediatas que está teniendo a nivel
político el atentado terrorista. Por lo pronto, reformas necesarias al sistema
de inteligencia podrían llevarse a cabo en tiempo récord, lo cual desde ya
levanta la preocupación de que dichos cambios no sean realizados de la mejor
manera posible. Lo urgente puede no dejar tiempo a lo importante, dentro de lo
cual pueden incluirse las transformaciones estructurales que se discutían en el
país.
Qué dice la doctrina del
Shock
El libro La Doctrina del Shock. El Auge del Capitalismo del Desastre, la
periodista canadiense Naomi Klein postula que la experiencias “traumáticas”,
como el mismo Golpe de Estado perpetrado en Chile el 11 de septiembre de 1973,
han sido utilizadas para instaurar el “capitalismo del desastre”, doctrina
formada al alero de los presupuestos políticos, económicos y sociales
desarrollados por el padre de la Escuela de Chicago, Milton Friedman, con el
objetivo de desmantelar los restos del Estado de Bienestar y promover a nivel
global el modelo de desarrollo neoliberal.
Detrás de este “capitalismo del desastre”, se esconde una visión que vería
todo evento trágico como una “oportunidad”, que saca provecho del trauma y
miedio colectivo para “para promover e implementar reformas económicas y
sociales de carácter radical sustentadas en los principios básicos del
corporativismo, como son la eliminación del rol público del Estado, la absoluta
libertad de movimientos de las empresas privadas y un gasto social
prácticamente nulo”, como indica la reseña que hizo respecto del libro el
antropólogo chileno Carlos Lange.
Tal como menciona la reseña, si bien el libro de Klein no
constituye un estudio estrictamente académico, sí permite “comprender el
proceso histórico de formación de una nueva clase dirigente, los denominados
‘neoconservadores’, y la evolución de los postulados ideológicos que sustentan
su conformación, así como también sus estrategias de expansión e implementación
en distintas regiones del mundo”.
El miedo herramienta de
control
Para el sociólogo Raúl Zarzuri, Director de Centro de Estudios
SocioCulturales (CESC), el primer atentado terrorista, ese que busca infundir
miedo en la población atacando a civiles inocentes, “se escapa de las acciones
que se venían dando desde el 2005 en adelante”, y agrega que “antes siempre
eran de noche, en horas donde no había afluencia de público, y con baja
probabilidad de heridos”.
Esa lógica que el atentado de este lunes rompió, era “de corte
anticapitalista y antipolicial”, según afirma el académico, y pasó a ser
“terrorista, con todas sus letras. Hay que llamarla así”.
Sin embargo, Para Zarzuri, “Chile no es un país donde el terrorismo esté
imperando, no es ésa la situación. Sí tenemos esta última acción que se enmarca
dentro de eso, pero tenemos que llamar a la tranquilidad, porque no estamos
viviendo en Colombia o en los finales de los 70 y todos los ochenta, y menos
como en Irak o en Afganistán”.
Junto con mencionar que “aún no se tiene claridad del sentido y la lógica
de un acto de este tipo”, el sociólogo saca a colación la cobertura de los
medios masivos de información, históricamente ligados a la derecha, y su
estigmatización de grupos jóvenes, supuestamente “anarquistas”. “Se construyó
incluso el imaginario de que eran jóvenes anarquistas asociados a colectivos
estudiantiles (en alusión al polémico reportaje emitido la noche del lunes por
Canal 13)”, indicó el sociólogo, y lo calificó de “casi un montaje”.
Para Zarzuri, la discusión en torno a las reformas del gobierno buscaba
cambios que generan resistencias tanto en la derecha como dentro de la misma
coalición de gobierno. “Evidentemente que la gente que no quiere esos cambios
particularmente, podría estar tentada (a hacer actos terroristas). Esto lo digo
tanto de la extrema derecha pero también de sectores radicalizados de una
llamada ‘izquierda’ que también podrían estar en esto. No lo creo tanto, pero
entremedio hay un montón de hipótesis”, analiza el sociólogo.
“Esta lógica que han instalado con el miedo por la Reforma Tributaria
puesta por los empresarios, con otro tipo de miedo respecto de la Reforma
Educacional, y con esto de montar que Chile es un país inseguro y donde hay
demasiada mano blanda, que hay puerta giratoria, etc. culmina con esto, donde
evidentemente el atentado le cae como anillo al dedo a esos sectores en los que
se generan todas estas críticas, y que quieren que los procesos de cambios, que
van a ser lentos, no comiencen”, señaló Zarzuri.
Consultado sobre si para él este atentado servirá para modificar
fuertemente las atribuciones de las policías, Zarzuri afirma que “es lo que se
tiene que hacer, si esto fue un shock, y ninguna persona puede desentenderse de
lo que pasó ayer” pero agrega que “ahora tenemos que ver cómo va a reaccionar
el gobierno”.
“No creo que este atentado modifique la agenda (del Gobierno) pero sí
obliga a poner más atención en ciertos intereses que algunos sectores venían
intentando poner, defendiendo el orden vigente en temas como el tributario”,
lanza el sociólogo y advierte que “lo más preocupante sobre esto es que el
Gobierno se apure,caiga en la tentación y empiece a estructurar lo que llaman
la ‘Doctrina del Shock’ a partir del tema del miedo, se propicien medidas que
vayan en contra de los derechos individuales de las personas, tal como advirtió
el Instituto Nacional de Derechos Humanos”.
Finalmente, Zarzuri apunta a la responsabilidad de los medios de
comunicación en no infundir más miedo, y para ello cita el caso de la BBC
(medio estatal inglés), “que en situaciones como ésta no utiliza el concepto de
terrorismo, hasta que no haya claridad respecto de la situación”. “Me parece
que si bien la detonación del artefacto provoca miedo, más miedo está generando
cómo los medios le han dado cobertura. Insisto, Chile sigue siendo el país más
seguro de América Latina, independiente de las recomendaciones de Estados
Unidos, Canadá y Gran Bretaña respecto de la visita de sus propios ciudadanos”,
concluye el académico.
Fuente: http://eldesconcierto.cl/bombazo
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domingo, 7 de septiembre de 2014
Discursos de Allende
Allende habla desde los balcones de la FECH (Septiembr
http://mapuenlalucha.blogspot.com/2014/09/allende-4-de-septiembre-de-1970.html
Allende y la Nacionaliz ación del Cobre (1971)
Homenaje a Salvador Allende y a las gestiones del Gobierno de la Unidad Popular para lograr - el 11 de Julio de 1971 - la nacionalización del Cobre.
Discurso de Salvador Allende - Universida
Presidente Doctor Salvador Allende en Las Naciones Unidas-Diciembre del Año 1972.
El discurso completo está disponible en el siguiente sitio:
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Allende, 4 de septiembre de 1970
Allende habla desde los balcones de la FECH (Septiembr e 4, 1970)
Con profunda emoción les hablo desde esta improvisada tribuna por medio de estos deficientes amplificadores.
Con profunda emoción les hablo desde esta improvisada tribuna por medio de estos deficientes amplificadores.
¡Qué significativa es, más que las palabras, la presencia del pueblo de Santiago, que interpretando a la inmensa mayoría de los chilenos, se congrega para festejar la victoria que alcanzamos limpiamente, el día de hoy, victoria que abre un camino nuevo para la patria, y cuyo principal actor es el pueblo de Chile aquí congregado! ¡Qué extraordinariamente significativo es que pueda yo dirigirme al pueblo de Chile y al pueblo de Santiago desde la Federación de Estudiantes! Esto posee un valor y un significado muy amplio.
Nunca un candidato triunfante por la voluntad y el sacrificio del pueblo usó una tribuna que tuviera mayor trascendencia. Porque todos lo sabemos. La juventud de la patria fue vanguardia en esta gran batalla, que no fue la lucha de un hombre, sino la lucha de un pueblo; ella es la victoria de Chile, alcanzada limpiamente esta tarde.
Yo les pido a ustedes que comprendan que soy tan sólo un hombre, con todas las flaquezas y debilidades que tiene un hombre, y si pude soportar -porque cumplía una tarea- la derrota de ayer, hoy sin soberbia y sin espíritu de venganza, acepto este triunfo que nada tiene de personal, y que se lo debo a la unidad de los partidos populares, a las fuerzas sociales que han estado junto a nosotros. se lo debo al hombre anónimo y sacrificado de la patria, se lo debo a la humilde mujer de nuestra tierra. Le debo este triunfo al pueblo de Chile, que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre.
La victoria alcanzada por ustedes tiene una honda significación nacional. Desde aquí declaro, solemnemente que respetaré los derechos de todos los chilenos. Pero también declaro y quiero que lo sepan definitivamente, que al llegar a la Moneda, y siendo el pueblo gobierno, cumpliremos el compromiso histórico que hemos contraído, de convertir en realidad el programa de la Unidad Popular.
Lo dije: no tenemos ni podríamos tener ningún propósito pequeño de venganza. sería disminuir la victoria alcanzada. Pero, si no tenemos un pequeño propósito de venganza, de ninguna manera, vamos a claudicar, a comerciar el programa de la Unidad Popular, que fue la bandera del primer gobierno auténticamente democrático, popular, nacional, y revolucionario de la historia de Chile.
Dije y debo repetirlo: si la victoria no era fácil, difícil será consolidar nuestro triunfo y construir la nueva sociedad, la nueva convivencia social, la nueva moral y la nueva patria.
Pero yo sé que ustedes, que hicieron posible que el pueblo sea mañana gobierno, tendrán la responsabilidad histórica de realizar lo que Chile anhela para convertir a nuestra patria en un país señero en el progreso, en la justicia social, en los derechos de cada hombre, de cada mujer, de cada joven de nuestra tierra.
Hemos triunfado para derrocar definitivamente la explotación imperialista, para terminar con los monopolios, para hacer una profunda reforma agraria, para controlar el comercio de exportación e importación, para nacionalizar, en fin, el crédito, pilares todos que harán factible el progreso de Chile, creando el capital social que impulsará nuestro desarrollo.
Por eso, esta noche que pertenece a la Historia, en este momento de júbilo, yo expreso mi emocionado reconocimiento a los hombres y mujeres, a los militantes de los partidos populares e integrantes de las fuerzas sociales que hicieron posible esta victoria que tiene proyecciones más allá de las fronteras de la propia patria. Para los que estén en la pampa o en la estepa, para los que me escuchan en el litoral, para los que laboran en la precordillera, para la simple dueña de casa, para el catedrático universitario, para el joven estudiante, el pequeño comerciante o industrial, para el hombre y la mujer de Chile para el joven de la tierra nuestra, para todos ellos, el compromiso que yo contraigo ante mi conciencia y ante el pueblo -actor fundamental de esta victoria- es ser auténticamente leal en la gran tarea común y colectiva. Lo he dicho: mi único anhelo es ser para ustedes el Compañero presidente.
Chile abre un camino que otros pueblos de América y del mundo podrán seguir. La fuerza vital de la unidad romperá los diques de la dictadura y abrirá el cauce para que los pueblos puedan ser libres y puedan construir su propio destino.
Somos lo suficientemente responsables para comprender que cada país y cada nación tiene sus propios problemas, su propia historia y su propia realidad. Y frente a esa realidad serán los dirigentes políticos de esos pueblos los que adecuarán la táctica que deberá adoptarse.
Nosotros sólo queremos tener las mejores relaciones políticas, culturales, económicas, con todos los países del mundo. Sólo pedimos que respeten -tendrá que ser así- el derecho del pueblo de Chile de haberse dado el gobierno de la Unidad Popular.
Somos y seremos respetuosos de la autodeterminación y de la no intervención. Ello no significará acallar nuestra adhesión solidaria con los pueblos que luchan por su independencia económica y por dignificar la vida del hombre.
Sólo quiero señalar ante la historia el hecho trascendental que ustedes han realizado, derrotando la soberbia del dinero, la presión y amenaza, la información deformada, la campaña del terror, de la insidia y la maldad. Cuando un pueblo ha sido capaz de esto, será capaz también de comprender que sólo trabajando más y produciendo más podremos hacer que Chile progrese y que el hombre y la mujer de nuestra tierra, la pareja humana, tengan derecho auténtico al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación, al descanso, a la cultura y a la recreación, juntos, con el esfuerzo de ustedes vamos a hacer un gobierno revolucionario.
La revolución no implica destruir sino construir, no implica arrasar sino edificar; y el pueblo chileno está preparado para esa gran tarea en esa hora trascendente de nuestra vida.
Compañeras y compañeros, amigas y amigos: Cómo hubiera deseado que los medios materiales de comunicación me hubieran permitido hablar más largamente con ustedes y que cada uno hubiera oído mis palabras, húmedas de emoción, pero a la vez firmes en la convicción de la gran responsabilidad que todos tenemos y que yo asumo plenamente.
Yo les pido que esta manifestación sin precedentes se convierta en la demostración de la conciencia de un pueblo. Ustedes se retirarán a sus casas sin que haya el menor asomo de una provocación y sin dejarse provocar. El pueblo sabe que sus problemas no se solucionan rompiendo vidrios o golpeando un automóvil. Y aquéllos que dijeron que el día de mañana los disturbios iban a caracterizar nuestra victoria, se encontrarán con la conciencia y la responsabilidad de ustedes. Irán a sus trabajos, mañana o el lunes, alegres y cantando; cantando la victoria tan legítimamente alcanzada y cantando al futuro. Con las manos callosas del pueblo, las tiernas manos de la mujer y la sonrisa del niño, haremos posible la gran tarea que sólo un sueño responsable podrá realizar. El hecho de que estemos esperanzados y felices, no significa que nosotros vayamos a descuidar la vigilancia: el pueblo, este fin de semana, tomará por el talle a la patria y bailaremos desde Arica a Magallanes, y desde la cordillera al mar, una gran cueca, como símbolo de la alegría sana de nuestra vida.
Pero al mismo tiempo mantendremos nuestros comités de acción popular, en actitud vigilante, en actitud responsable, para estar dispuestos a responder a un llamado -si es necesario- que haga el comando de la Unidad Popular.
Llamado para que los comités de empresas, de fábricas, de hospitales, en las juntas de vecinos, en los barrios y en las poblaciones proletarias, vayan estudiando los problemas y las soluciones; porque presurosamente tendremos que poner en marcha el país. Yo tengo fe, profunda fe, en la honradez, en la conducta heroica de cada hombre y de cada mujer que hizo posible esta victoria. Vamos a trabajar más. Vamos a producir más. Este triunfo debemos tributarlo en homenaje a los que cayeron en las luchas sociales y regaron con su sangre la fértil semilla de la revolución chilena que vamos a realizar.
Quiero antes de terminar, y es honesto hacerlo así, reconocer que el gobierno entregó las cifras y los datos de acuerdo con los resultados electorales. Quiero reconocer que el jefe de plaza, General Camilo Valenzuela, autorizó este acto, acto multitudinario, en la convicción y certeza que yo le diera de que el pueblo se congregaría, como está aquí en actitud responsable, sabiendo que ha conquistado el derecho a ser respetado en su victoria, el pueblo que sabe que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre de este año.
Quiero destacar que nuestros adversarios de la Democracia cristiana han reconocido en una declaración, la victoria popular. No le vamos a pedir a la derecha que lo haga. No lo necesitamos. No tenemos ningún ánimo pequeño en contra de ella. Pero ella no será jamás capaz de reconocer la grandeza que tiene el pueblo en sus luchas, nacida de su dolor y de su esperanza.
Nunca como ahora, sentí el calor humano; y nunca como ahora la canción nacional tuvo para ustedes como para mí tanto y tan profundo significado. En nuestro discurso lo dijimos: somos los herederos de los padres de la patria y juntos haremos la segunda independencia: la independencia económica de Chile.
Les digo que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria.
Gracias, gracias, compañeras. Gracias, gracias, compañeros. Lo mejor que tengo me lo dio mi partido, la unidad de los trabajadores y la Unidad Popular.
A la lealtad de ustedes, responderé con la lealtad de un gobernante del pueblo, con la lealtad del compañero Presidente.
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Profesores exigen la deuda histórica
El 4 de Septiembre los profesores
de distintos rincones de Chile se reúnen en la plaza de la Constitución para
exigir el pago de "La Deuda Histórica".
Desde el año 80 todos los
empleados públicos reciben un reajuste que fue pagado en forma parcelada. En el
año 1981, los profesores fueron traspasados a las municipalidades. En ese
proceso de traspaso, se aseguraba que éstos no perderían ni un derecho y
seguirían teniendo las mismas garantías de los empleados públicos. A los
profesores se les dejó de cancelar este reajuste, de acuerdo al Decreto-Ley
3551 de la dictadura; luego en el año 87 se termina el proceso de traspaso.
Desde entonces los profesores
hemos estado en distintas demandas al ESTADO de CHILE.
Cada día jueves los profesores
les recuerdan a los distintos gobiernos que no nos quedaremos tranquilos hasta
que se haga justicia a los miles de miles de profesores, hasta que se le
devuelva la dignidad al magisterio.
Hoy hemos llegado a la Moneda
profesores de todas la regiones, la gran mayoría somos jubilados que, por esta
deuda se han visto mermadas nuestras pensiones de manera considerable.
La solución tiene que ver
estrictamente con el Ejecutivo.
En el año 2008 el congreso
realizó un estudio para resolver esta materia.
Se lo entregó al Ejecutivo.
En ese entonces, la ministra
Mónica Jiménez declaró que no existe tal deuda ...
una vergüenza ... pero así fue el
gobierno de la señora Bachelet.
Los profesores no perdemos la
esperanza. Tenemos confianza en que un día en Chile habrá justicia.
Campañas del Terror de ayer y de hoy
Que nada cambie si el negociado
sigue bueno
JOSÉ VENTURELLI
Nada de extraño que se vuelvan a hacer campañas del
terror... Para quienes hemos visto los procesos políticos de esta índole, no
podemos dejar de recordar que, cuando Salvador Allende fue elegido en 1973,
entre los importantes dirigentes en el terreno de la campaña del terror, estaba
nada menos un personaje que se le llamó "el Enano Maldito". Se
trataba de Andrés Zaldivar... Senador de la Democracia Cristiana hoy y muy
poderoso entonces, cuando la CIA mandó hacer el golpe. Como diría Obama "la
CIA los mandó, los financió, los tenía ya endoctrinados y bien armados y, por
encima de todo, les ofreció negocios fabulosos..." En esos años los oficiales
iban a Panamá (y luego a EEUU) para entrenarse en golpismo y represión...
(Claro que ahora lo hacen en Chile mismo por ser una sucursal de la SOA -School
of the Americas- acá, en Ritoque). El senador Zaldivar, por lo menos en
principio, debería hoy, oponerse a esta nueva versión de terrorismo económico,
eso que él conoció tan bien y en que participó como director de orquesta. Pero
nada de esto es claro y nunca transparente... Excepto de que no es del
parlamento que saldrán las soluciones.
Pero la realidad de las colusiones horizontales o
verticales, las abiertas y las escondidas, hace el asunto complejo. Hoy,
pelearse por la ( mini reforma) tributaria no es acto muy heroico, que digamos.
No da ni para pagar el transporte diario que, en Santiago, consume casi un 25%
del salario mínimo que el mismo gobierno que promueve dicha mini-reforma ( que
empeora la realidad de la gran mayoría de los chilenos). Es decir no hay mucha
lucha verdadera cuando entre los bomberos no se pisan la manguera ni tampoco
los bueyes andan a cornadas mortales entre ellos...
Este incisivo y excelente artículo de Juan Pablo
Cárdenas pone el dedo en la herida (http://radio.uchile.cl/2014/09/05/el-triunfo-del-terrorismo-economico): no hay reformas tales ni menos un interés real de cumplir lo que sólo
fueron promesas electorales ( es decir, que no tienen que cumplirse porque
estamos en Chile). Ni en lo tributario, que queda ahora mejor que antes para
los altos ingresos ( los que siguen pagando son los que pagan el IVA, ESTO ES,
LOS MÁS POBRES), ni en salud que ya se ha prohibido hablar del tema ( las ISAPRES
SON PODEROSAS) , en cuanto a pensiones, las AFP's siguen siendo negociados
suculentos (y el fraude continúa); la educación ya es una mala jugarreta
(parece río que se desaparece en su propio lecho...) Como lo hacen las mineras,
las forestales y los ricachones que lucran con el agua en todo el país. Suma y
sigue: la justicia hace pequeñas cosas por ahí pero, la implementación real de
la justicia para el pueblo Mapuche no se cumple y la guerra sucia, ahora más
escondida pero con la misma fuerza e intencionalidad, sigue viento en popa.
Vemos continuar los fraudes de los Paulmann, o, peor por la clara e
insultante relación con el dictadura y la represión, el tal nuevo billón ario,
por obra y gracia de su suegro, el dictador Pinochet: el inefable manipulador
Julio Ponce Lerou al que se le van a ir sumando más fraudes. Las 115.000
hectáreas mal habidas en Tantauco (Chiloé) a costillas del pueblo Mapuche (allí
llamados Williches) por el recién saliente ex- presidente Piñera. Y, como tiene
el diente largo, sigue mirando para la carnicería.
Para caminar en la buena dirección, desde el pueblo
Mapuche y los hermanos de los otro ocho pueblos, pasando por todos los sectores
de la sociedad civil que quiere justicia, equidad y respeto a sus derechos,
habrá que seguir luchando. Ya la presidenta habla de que... ¿sobre la Asamblea Constituyente? "¡NI HABLAR, POR NINGÚN
MOTIVO!".
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El continuismo político es parte
del terrorismo económico |
Ahora, desde La Nube (o The Cloud) el tirano deberá de arreglárselas para indicar cual será la próxima máscara o si, "para ahorrar", (como lo hiciera en forma grotesca con los desaparecidos que el hizo "enterrar"), decida seguir usando la misma... De lo contrario, si no es el ex-mandatario recién pasado, el autor no identificado de esta foto-montaje, tendría que volver a hacer otro montaje fotográfico para seguir perpetuando el modelito de marras.
Recordemos que sí 40 años no es nada, mucho menos son 4, de un gobierno que no tiene deseos de innovar. Menos de reformar y, por ningún motivo de que exista equidad, una Constitución legítima, o justicia en el país. De hecho, ya andan mostrando nuevas cartas, abiertas y escondidas y nuevas promesas para volver a la campaña electoral... Porque para eso sí que son buenos. Y tenemos de todos los pelos: Ricardo Lagos (el firmó la "reforma a la Constitución de Pinochet y lleva su nombre: la dejó más eficiente para lucrar y para reprimir. Por lo tanto es la que necesita ser derogada y hecha democráticamente. Con el enorme ego del llamado "faraón" pocas chances hay de que tengamos con él una Asamblea Constituyente tampoco). Con los billones bien acumulados pero, necesariamente, no bien obtenidos, el magnate Piñera, recorre Chile y con su dedo designa a los suyos para el segundo tiempo. Y los mismos parlamentarios, podridos de tanto estar "sufriendo" en el parlamento, con salarios mínimos que dan pena... Pero cual sea el candidato, seguro recibirá financiamiento de los grandes multi-millonarios "chilenos" que luchan por entrar a la Revista Forbes, como el Clan Luksic, Matte, Angelini, y sus orquestadores tipo Edwards y compañía.
Todos, sin intenciones de nada bueno y democrático o de justicia. Mientras, los grandes empresarios siguen con sus planes de un país para pocos y pobreza para muchos. Hay personas decentes... Claro, se puede decir que hay algunos honrados... pero la excepción no hace la regla. Además, que sabemos que se acostumbran y muchos se mimetizan, terminando bastante manejables e inofensivos para los que pagan la cuenta electoral y, por supuesto, esperan recibir la cosecha. El terrorismo económico es parte del espectro operativo de los "poderes fácticos" que mencionaba hace unos días en El Mostrador, el diputado Gabriel Boric. http://www.elmostrador.cl/pais/2014/09/03/boric-el-senor-ponce-lerou-es-un-reconocido-financista-de-campanas-politicas/
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