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domingo, 14 de septiembre de 2014

El terrorismo en perspectiva histórica y regional

LUIS THIELEMANN H.
 Historiador

12 de septiembre de 2014

En una columna publicada por El Mostrador el día 10 de septiembre, Roberto Meza intenta dar con una explicación del discurso del terror o del terrorista (que para él son lo mismo). Comienza con un argumento de autoridad (“Se afirma que…”) y a lo largo de todo el escrito cita a “los estudiosos”, pero sin indicar a ninguno de ellos, sin citar fuente alguna para construir su argumento sobre el terrorismo. Además de esta carencia de fuentes teóricas o primarias, a lo largo de todo el texto se habla del terrorismo como un genérico actor social que viene de ninguna parte, de un afuera no identificable, y que por su psicología particular, está fuera también de toda sociedad. Para el señor Meza: “Se trata de un fenómeno epocal, que se ha instalado en todo el mundo y que Chile había venido experimentando en forma larvaria, hasta este punto de inflexión del 8 de septiembre, cuando el monstruo, parido desde las entrañas de la insatisfacción vital, ha dado infaustamente su primer y espantoso vagido”. Me parece que este escrito, y similares posicionamientos de actores y políticos locales, además de una melodramática floristería lírica, presentan varios errores, exageraciones y desajustes con lo que ha sido el terrorismo en Chile y América Latina. El objetivo principal de este texto, más allá de discutir algunos puntos menores con el señor Meza, es situar el terrorismo en el justo lugar y dimensión que tiene en la historia y sociedad chilena y latinoamericana.

I
Comencemos por la pregunta: ¿qué ha sido el terrorismo en la historia? Hay dos formas de responder a esa pregunta. La primera responde a las categorías de distinción en la historia de la violencia política. La segunda, con el uso político de la categoría terrorismo. Desde la primera forma, terrorismo es un tipo de violencia destinada a obtener ganancias de fuerza política mediante la intimidación de la población civil. Esta definición implica dos elementos que es importante explicar bien: a) el que la violencia obedece a razones; y b) que necesariamente los objetivos del acto deben ser civiles.

a)    Decimos que en el terrorismo la violencia es racional pues implica un uso adecuado a fines. Esto puede ser difícil de tragar, pero con toda la brutalidad y el desquiciamiento que implica, por ejemplo, volar un auto en plena calle o quemar vivos a dos jóvenes en Estación Central, eso no es una volición presa de la locura desatada de un demente, sino un acto que busca fines precisos: intimidar a un colectivo humano, anunciarle que la muerte, o actos peores, acecha desde cualquier lugar y a toda hora, pero siempre y cuando no se cumplan los deseos del actor que intimida. En un libro sobre el nazi Adolf Eichmann y su juicio en Jerusalén en 1960-61, Hannah Arendt reflexionó sobre el burócrata, el agente, el funcionario de la violencia terrorista. El Eichmann que describió Hannah Arendt es un tipo “normal”, no un sanguinario psicópata ni un fanático nazi, sino una pieza, “banal”, de una maquinaria de exterminio cuyos fines estaban determinados por objetivos, por intereses directos y generales, de colectivos humanos identificables (los industriales y la nobleza alemana, en ese caso). En resumen, el terrorista no es un loco, o bien puede serlo y no ser importante, su acción no es una locura, sino que un acto racional, que se adecúa a esos fines, y que por muy terrible que sea, le sirve a un interés determinado. Establecer ello es muy importante a la hora de analizar la violencia, pues el atribuir un estado especial de maldad al funcionario de la violencia, termina por perdonar la maquinaria institucional de la violencia y el sector social que la organiza para sí.

b) Que los objetivos deben ser civiles es algo fundamental en el uso de la categoría terrorismo, pues si los objetivos fuesen determinados personajes políticos beligerantes o grupos que han asumido la categoría de beligerante, estamos ante violencia política en cualquiera de sus grados. Si la violencia política es entre grupos que se disputan el control del Estado y los objetivos del acto buscan alcanzar esa meta, directamente, por la vía de someter al enemigo y sin necesidad de convencer a mayorías electorales o efectivas en una lucha ciudadana o social, entonces eso es una guerra civil. El terrorismo, para ser tal, implica que sea contra objetivos civiles. El terror es precisamente para afectar el estado de ánimo de la población civil o para usarla como costo para los gobiernos, de cualquiera de las dos formas su objetivo no es hacer daño, sino que mediante el daño alcanzar un objetivo (ya dijimos que es racional). Es por ello que Robespierre, Marat y los Jacobinos entendieron que debía morir Luis XVI, no para reemplazarlo, sino para mostrarles a los franceses que era posible cortarle la cabeza al rey, y a muchos otros nobles, y que no iba a venir dios alguno a la tierra a vengar la revocación de su voluntad. Lo mismo en el acto de los bolcheviques al cortar toda semilla de los Romanov: no se busca aterrorizar a los nobles, sino a los rusos, declarando que ya no había vuelta atrás en la revolución después de matar a la familia designada por dios y la sangre para gobernarlos. Con el asesinato de las familias reales y de otros colaboradores de los regímenes depuestos, civiles, el terror revolucionario dejó en claro que estaba dispuesto a todo.

La segunda forma de definir terrorismo es como un epíteto. Toda violencia política que nos sensibilice demasiado es tachada de “terrorismo”: desde una bomba de ruido hecha por adolescentes hasta una portada de un diario. Es claro que no debemos profundizar en este uso, salvo para decir que si la categoría no discrimina los hechos de violencia política, unos de otros, entonces no sirve. A menos que se use, como ha sido estos días, como arma arrojadiza a cualquier rebeldía o a cualquier insubordinación.

II.
Pero detengámonos un momento en lo dicho por el señor Meza, en la construcción misma de su idea de terrorismo, ya que es importante hacerlo en estos días de una interesada confusión dirigida por la gran prensa. Dejemos a un lado los rudimentos de sicología que se ofrecen en el texto y centrémonos en la teoría política. ¿De dónde obtienen –Meza y los demás– esa definición de lo que es y ha sido el terrorismo? Pues hay dos formas de definir un fenómeno social: por las generalidades de su comportamiento pasado (lo que ha sido) y por las formas de su comportamiento presente (lo que es). Como casi nadie, tampoco el señor Meza, indica de dónde proviene su teoría y explicación de qué es y qué ha sido el terrorismo en Chile y el continente, es difícil saber a qué lugar y tiempo se refieren. Entonces, partamos por una hipótesis al respecto: casi todo lo dicho sobre el terrorismo desde el 8 de septiembre, sobre todo en el texto de Meza, está basado en una definición genérica de terrorismo, dada por los hechos ocurridos en Europa y Estados Unidos, a lo más Oriente Medio, pero no calzan en la historia de Latinoamérica, no en su historia moderna. En los dos siglos de historia republicana del continente casi no ha habido terrorismo desde los grupos subalternos, no han existido grupos que hayan tenido “impulsos suicidas” a los que les “place coquetear con la muerte”, por lo tanto, no sé a qué terrorismo se refiere Meza cuando habla de él con tanta experticia.

III.
Porque, y entremos a lo importante, en este continente ha existido mayoritariamente sólo un tipo de terrorismo (sí, hay más de un tipo, algo más complejo que “el terrorista”, así, en singular), el Terrorismo de Estado. En Sudamérica los momentos de mayor violencia tuvieron que ver con el sometimiento de poblaciones indígenas por el Estado (o sea, las instituciones civiles y armadas del orden social específico, que en la región ha sido dominantemente oligárquico), las guerras civiles (por lo tanto, entre fracciones del Estado), y la represión a las organizaciones de izquierda y sociales populares en los largos años 60 del siglo XX. Casi no se cuentan en este período ataques a civiles de parte de organizaciones armadas no estatales, y es claro entre quienes han estudiado ese tema que nunca fue ese su objetivo. Ni siquiera es un tema claro para la organización típica a la hora de buscar terrorismo en el continente, a saber, las FARC en Colombia. Sólo los países de la órbita norteamericana se han allanado, desde 2008, a otorgarle un estatus político de “terrorista” a dicho grupo, y, con justicia para los hechos, el gobierno de Chile no se cuenta entre los mismos. Sendero Luminoso, tal vez el grupo más violento que haya existido entre las organizaciones armadas del continente, es definido como “terrorista” por el Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú, aunque haciendo la salvaguarda importante de que ese terrorismo se escondía en un discurso de violencia revolucionaria (algo muy distinto a lo mencionado por el señor Meza), y que se dio en una situación de guerra civil. Allí se destaca que en el enfrentamiento del Estado a Sendero Luminoso se “produjeron masivas violaciones a los derechos humanos por parte de agentes del Estado”. Otros grupos políticos armados del continente, como el ELN en Colombia, los Tupamaros en Uruguay, los Montoneros y el ERP en Argentina, no han sido considerados terroristas por los politólogos e historiadores. Más bien son identificados con vanguardias armadas, guerrillas urbanas o incluso, para el caso de los Tupamaros, un grupo de arte político como indicó el artista e intelectual Luis Camnitzer.

Así, salvo el caso de Sendero Luminoso y con las enmiendas mencionadas, el terrorismo en América Latina hay que buscarlo no entre los grupos de la izquierda armada, no entre ese tipo ideal que dibuja el señor Meza y tantos otros, llenos de esa necesidad provinciana de tener una historia parecida a la de los países del norte (o más bien, a la que cuentan las películas de allí, con terroristas y ‘John McClane’ por doquier). Así, podemos decir algo aceptado entre los cientistas sociales e historiadores del continente: el terrorismo en América Latina ha sido mayoritaria y abrumadoramente estatal.

IV
A esta definición del terrorismo como principalmente estatal en el continente, debemos agregar que no ha sido en cualquier momento del Estado, sino que en ciertos momentos donde éste reafirma su carácter de clase, su afinidad y funcionalidad para un grupo social privilegiado, a la vez que contra otros grupos sociales subalternos. No sólo ha sido mayoritaria y abrumadoramente estatal, sino que además ha sido propio de los gobiernos, de hecho o de derecho, apoyados o sostenidos por la oligarquía. Este carácter social del terrorismo de Estado es sostenible además desde la constatación de que los objetivos han sido siempre grupos subalternos y que han cuestionado dicha dominación oligárquica: indígenas, sindicalistas, pobres del campo y la ciudad, militantes de izquierda, minorías sexuales, sacerdotes obreristas, etc. Basten algunos ejemplos: en toda su historia el ejército chileno ha matado más trabajadores chilenos que soldados peruanos, argentinos y bolivianos juntos. La Fuerza Aérea de Chile sólo ha tenido dos acciones armadas reales: el ataque a la escuadra sublevada en 1932 y el bombardeo a La Moneda en 1973. Al parecer Gustavo Leigh quiso realizar una tercera: bombardear la población La Legua, en el sur de Santiago. Afortunadamente no pudo Leigh agrandar tan lustroso registro. El terror en Chile, el uso de la violencia, no buscó exterminar a la izquierda, sino mediante el asesinato de casi toda la primera línea de dirigentes del Movimiento Popular, se buscó amedrentar al resto del país, a ese millón y seiscientos mil votantes que tuvo la izquierda en 1973. Lo mismo puede decirse en todo el cono sur: la figura del militante era atacada como lo peor del país, un cáncer a extirpar con violencia brutal, y tan víctimas como aquellos que fueron lanzados dentro de barriles con cemento al Río de La Plata, son sus amigos y familiares que sintieron la desaparición como un sinfín de posibilidades horrorosas a modo de advertencia sobre lo que podía ocurrirle a quien intentase luchar. El Estado, mediante el terror, disciplinó las rebeldías sudamericanas de los 60.

Esta explicación no es un relato que haga síntesis a posteriori, sino que era una idea consciente antes incluso que se desataran las dictaduras en el Cono Sur. En la Conferencia de los Ejércitos Americanos realizada en Buenos Aires, en 1966, el dictador trasandino Juan Carlos Onganía propuso crear formalmente una fuerza permanente interamericana de defensa, con capacidad de actuar contra el enemigo subversivo. Quien impidió esto fue el general René Schneider, que aún no asumía como jefe del Ejército chileno, y que sería asesinado en 1970 por agentes ligados a la ultraderecha, a la CIA y al mismo ejército. Esta idea venía dada por los aprendizajes de la Escuela de las Américas, institución norteamericana formadora de terroristas de Estado, torturadores y agentes especializados contra la izquierda radical y los luchadores sociales, donde pasaron muchos oficiales sudamericanos desde 1946 y especialmente en la década de 1960. El terrorismo de Estado en Sudamérica fue, además de oligárquico, organizado conscientemente como tal, y la tortura, desaparición y asesinato como método de aterrorización de la población civil fueron organizadas con premeditación. No vale pensar tales acciones como locuras o demencias, tampoco como fanatismos ideológicos propios de un contexto, sino como crímenes útiles a civiles que los financiaron y organizaron y que hoy permanecen sin recibir sanción social o judicial por ello.

Ante ello, el intento de crear guerrillas urbanas, grupos armados de ataque o de autodefensa, parece como una leve resistencia. En el enfrentamiento armado a la dictadura, en los Tupamaros del Uruguay o en el intento de guerra civil emprendido por la izquierda y el peronismo en la Argentina, no hay un objetivo de intimidar a la población civil. Lo que hay allí es una violencia política directa, antagonista, que buscó derrotar militarmente (o político-militarmente) a sus enemigos. Así, cualquiera que hable de “el terrorista” o de su “discurso” o “psicología”, debe definir a qué terrorismo se refiere, y en el caso de Sudamérica, asumir bajo el peso de los hechos reales que el terrorismo ha sido mayormente de este tipo: oligárquico y estatal.

V
En el específico caso chileno, el terrorismo se ha generado en el Estado con una exclusividad superior a casi todos los demás países del continente. De la misma forma, el carácter oligárquico de ese terrorismo de Estado es el más marcado. La lucha armada generada por grupos de izquierda radical, como el MIR, o la autodefensa armada del FPMR no alcanzan para ser catalogadas de terrorismo. 

Según Gabriel Salazar, han habido sólo tres actos dignos de ser catalogados de terroristas y que vengan desde la sociedad civil en la historia de Chile: el asesinato de Edmundo Pérez Zujovic, en 1971, el asesinato de Carol Urzúa, en 1983, y el asesinato de Jaime Guzmán, en 1991. 
La bomba del 8 de septiembre de 2014 no puede considerarse el cuarto, pues no sabemos quién lo hizo ni por qué. En cambio, por parte del Estado oligárquico, el mismo Salazar parte con un larguísimo conteo de acciones terroristas: el asesinato de Manuel Rodríguez; los fusilamientos por parte de Portales a los jóvenes de Curicó; el asesinato a hachazos a los oficiales prisioneros en la batalla de Lircay, por orden de Joaquín Prieto; el descuartizamiento de los oficiales demócratas que se rebelaron en Quillota contra Portales; los fusilamientos a opositores en el gobierno de Manuel Montt; las ocho masacres de trabajadores de comienzos del siglo XX, hasta 1930 (especialmente la de Santa María de Iquique, donde el ejército mató en tres minutos igual cantidad de trabajadores que soldados chilenos muertos en toda la Guerra del Pacífico); las masacres del siglo XX, como las de Copiapó, Ranquil, del Seguro Obrero, Plaza Bulnes, Santiago en 1957, de la Población José María Caro, de los obreros de El Salvador, de Pampa Irigoin, todas en los 60, y para qué mencionar las decenas de miles de torturados, los miles de ejecutados y desaparecidos bajo la dictadura de Pinochet y de la oligarquía. Sumemos a ellos a Daniel Menco, asesinado por la policía en 1999, a Matías Catrileo, bajo iguales victimarios en 2008, y al crimen terrorista más horroroso ocurrido en democracia: el asesinato de Manuel Gutiérrez, un niño de 14 años, víctima de las balas disparadas por carabineros la noche el 24 de agosto de 2011. ¿Habrá algo más terrorista que asesinar a un niño con balas disparadas a modo “de advertencia”?

Como dice el mismo Salazar: “En doscientos años de historia, no han sido las autoridades del Estado (o del Mercado) las que han sido víctimas notorias de la violación de derechos humanos por parte de ‘la soberanía’ popular, sino por miles y miles, el mismo pueblo-ciudadano de Chile a manos de estas autoridades”.



En el uso puntual de bombas contra blancos civiles, la asimetría entre acciones civiles y acciones del Estado se vuelve aún más radical. El FPMR, el Lautaro y el MIR llevaron a cabo este expediente como instrumento de ataque directo a las fuerzas armadas y de orden, por lo que se asumen como fuerzas beligerantes y no terroristas. Las bombas reivindicadas por los anarquistas insurreccionalistas han sido siempre contra blancos deshabitados, y por mucha lírica de la violencia liberadora que pudiera haber en sus panfletos, están más cerca de constituir una vanguardia estética que una organización terrorista. Es más, tristemente, sus únicos blancos han sido ellos mismos, en una ocasión con consecuencias de muerte. Por el lado del Estado, la dictadura tiene varios ejemplos: los asesinatos de Prats y de Letelier organizados por la DINA y Manuel Contreras, usando el mismo tipo de bomba. El intento de asesinato por el aparato internacional de la DINA y con colaboración de fascistas italianos, de Bernardo Leighton y su esposa. Probablemente uno de los usos de bomba más macabros por parte de agentes del Estado ocurrió el 12 de diciembre de 1984, cuando la estudiante de Psicología de la UC y militante del MIR, Alicia Ríos Crocco, fue asesinada con una bomba instalada por la CNI en su bicicleta y que estalló mientras ella pedaleaba. Los días siguientes sus compañeros fueron detenidos, allanados e interrogados, también por agentes del Estado.

Esta asimetría en el uso del terrorismo entre el Estado y las organizaciones de la sociedad civil, específicamente las de la izquierda y el movimiento popular, es expresiva a su vez de una asimetría mayor, la del uso de la violencia política en Chile. En otra oportunidad hemos hecho revisión al disciplinamiento histórico de la violencia desde las clases propietarias, la ausencia de toda tradición de “pueblo armado” entre los sectores populares en Chile y el terror de la élite ante fenómenos de soberanía desde los sectores populares, al que históricamente ha respondido con terrorismo estatal, de su Estado.

VI
De esta forma, creemos que hay mejores formas de reflexionar sobre la violencia política y el terrorismo en Chile. No es correcto ni educativo ni comunicador el festín alarmista y tendencioso que ha realizado la gran prensa a partir del bombazo del 8 de septiembre en el Metro de Santiago. Tampoco una vinculación rápida de los hechos con el terrorismo como tipo de violencia política, sin saber aún qué y quiénes están detrás de la bomba. La historia concreta de la violencia en Chile está lejos de darles la razón a quienes han achacado burda e interesadamente toda violencia posible a la izquierda radical o los movimientos sociales en lucha. Más bien, cabría preguntarse, serenamente, desde qué sectores del Estado y la sociedad ha venido la peor de las violencias y su uso disciplinador mediante el terror. También, preguntarnos con sinceridad qué razones ha tenido la violencia política en nuestra historia, a quién ha beneficiado y, ya que sabemos mucho de los anarquistas y fantasmas varios, cabe hacerse una última pregunta que da escalofríos de sólo pensarla: qué han hecho en estos veinticuatro años de gobiernos civiles los miles y miles de agentes del Estado especializados en terrorismo y fanatizados de anticomunismo. Sea como sea, el terrorismo debe ser medido sobre la base de la historia real de la región y de Chile. Con definiciones en abstracto, sicologizantes, o usando el concepto como bala de cañón, sólo se confunde en momentos en que se debe ser claros para no allanar el camino al autoritarismo y la violencia represiva. Así, debemos ser claros en nuestra historia concreta: el terrorismo en Chile ha sido principalmente de Estado, y ese Estado no es un significante vacío en la historia, pues su violencia ha tenido predominantemente una sola dirección, a saber, sobre la izquierda y las clases populares y sus organizaciones.

Un bombazo a pedido del cliente


Desde que comenzaron a levantarse los primeros movimientos de las clases proletarias y populares, por la redención y dignificación del mundo trabajador, la opción del atentado anónimo contra gente inocente, ha sido descartada. El cuartelazo, la desaparición forzada, el asesinato individual o masivo, han sido por lo general las armas de las clases en el poder, para imponer y perpetuar su sistema por EL MIEDO, EL TERROR.

El bombazo en el Metro, el 8 de septiembre, no nos evoca ninguna acción de fuerzas populares en su lucha por el cambio social. Más nos recuerda a los asesinatos que hizo la dictadura de Pinochet en la misma fecha de 1986, en venganza por la acción del Cajón del Maipo, en que el FPMR intentó ejecutar al tirano traidor a la Patria y a la Constitución. Para vengarse e imponer terror, la dictadura mandó matar al periodista José Carrasco Tapia, Pepone, a Felipe Rivera Gajardo, Gastón Vidaurrazaga Manriquez  y a Abraham Muskatblit Eidelstein. Vaya nuestro recuerdo a los caídos de ese otro 8 de septiembre.

¿A quién, a qué intereses convendrá el clima de inseguridad que los medios oficiales han tratado de imponer tras el bombazo del 8?

Cualquier observador de la política podrá decir que un endurecimiento contra la protesta social (que no es lo mismo que la política atentatoria), sólo puede convenir a los que están en el poder. Se busca distraer la atención del tema de fondo, la incapacidad del gobierno neoliberal de Bachelet y sus nuevos amigos de la falsa izquierda; unas reformas débiles, transadas con el gran capital, pueden fracasar porque la ultraderecha ahora impone un discurso haciéndose la víctima. Pero se está generando la convicción, en la opinión pública que algo piensa, de que la ultraderecha es el principal sospechoso de ser la victimaria de este y de otros atentados, como los montajes realizados en la Araucanía para inculpar al pueblo mapuche.

Ya días antes del atentado del 8, se decía que la serie de amenazas de bomba de días anteriores, sólo convenían al ministro Peñailillo, que a través de producir un clima de inseguridad buscaría acumular más poder a través de justificar la creación de una nueva y más poderosa central de informaciones contra la protesta social.

El atentado, entonces, tanto conviene a los que quieren minimizar aún más las reformas, así como a los que buscan fortalecer los aparatos represivos.

Para eso el sistema también cuenta con infiltrados en organizaciones populares. De ahí que al poder represivo le sea fácil encontrar sospechosos de cualquier cosa, procesarlos, inculparlos y condenarlos. Es la política de los montajes.

En este escenario, parece muy difícil encontrar a los verdaderos responsables de este atentado y de los que puedan venir. El aparato represivo está detrás de los propios atentados, por lo que el hecho permanecerá impune o encontrarán alguien a quien culpar: algunos Sacco y Vanzetti, algunos Topp Collins y Sagredo, algún menor P.P.V. O cargarán a algún activista por “sapeo” de algún infiltrado que buscará así castigar y reprimir a alguien que por su activismo, haga mucho más por la causa popular que cien atentados.

Será difícil saber quién fue el cliente que mandó hacer el atentado.

MAPU en la Lucha


Bombazo en el Metro: Cómo el terror reemplazó la agenda de las demandas sociales
Por Víctor Guillou Vásquez | 09/09/2014

El primer atentado terrorista puro y duro en los últimos 24 años vino a sacar a las reformas claves de la agenda e instaló los cuestionamientos sobre el manejo de las policías y la seguridad pública. Nada se sabe aún de los autores, pero sí de qué efectos está produciendo en lo inmediato.

El repudiable atentado terrorista en la subestación de Escuela Militar que dejó a 14 personas heridas, produjo un cambio inmediato en la  agenda del Gobierno, que salió en pleno a rechazar el acto, a invocar el uso de la Ley Antiterrorista, y a pedir cambios a futuro en la legislación que define las facultades de las policías y de los organismos de inteligencia que operan en el país.

Pese a ello, de inmediato vino el cuestionamiento de la derecha y los ex ministros del ex presidente Sebastián Piñera hacia el manejo por parte del Ministerio del Interior, encabezado por Rodrigo Peñailillo, respecto de los últimos bombazos registrados en el país. Aunque ya se había anunciado el uso de la cuestionada legislación para el primer bombazo registrado el 13 de julio en un vagón del Metro, y que ahora también se invocó, desde la oposición se habló de “señales confusas” y las directivas tanto de RN como de la UDI pidieron al Gobierno que actúe con “mayor contundencia”.

Hoy, tras la sesión extraordinaria en La Moneda del Comité Operativo de Seguridad, la mandataria salió a decir que “no nos temblará la mano” en perseguir a los responsables, y además se anunció que el Ministerio Público contará con más de 100 millones de pesos para la investigación, tras un decreto firmado el pasado 3 de septiembre.

Adicionalmente, el ministro Peñaillo aseguró que el futuro proyecto que buscará perfeccionar la Ley Antiterrorista ingresará con “suma urgencia”, para agilizar así su tramitación.

Por ello, y aun cuando aún no exista claridad de quiénes y con qué objetivo se detonó una bomba en un día hábil y en un lugar y hora de alta concurrencia, sí son observables las consecuencias inmediatas que está teniendo a nivel político el atentado terrorista. Por lo pronto, reformas necesarias al sistema de inteligencia podrían llevarse a cabo en tiempo récord, lo cual desde ya levanta la preocupación de que dichos cambios no sean realizados de la mejor manera posible. Lo urgente puede no dejar tiempo a lo importante, dentro de lo cual pueden incluirse las transformaciones estructurales que se discutían en el país.

Qué dice la doctrina del Shock

El libro La Doctrina del Shock. El Auge del Capitalismo del Desastre, la periodista canadiense Naomi Klein postula que la experiencias “traumáticas”, como el mismo Golpe de Estado perpetrado en Chile el 11 de septiembre de 1973, han sido utilizadas para instaurar el “capitalismo del desastre”, doctrina formada al alero de los presupuestos políticos, económicos y sociales desarrollados por el padre de la Escuela de Chicago, Milton Friedman, con el objetivo de desmantelar los restos del Estado de Bienestar y promover a nivel global el modelo de desarrollo neoliberal.

Detrás de este “capitalismo del desastre”, se esconde una visión que vería todo evento trágico como una “oportunidad”, que saca provecho del trauma y miedio colectivo para “para promover e implementar reformas económicas y sociales de carácter radical sustentadas en los principios básicos del corporativismo, como son la eliminación del rol público del Estado, la absoluta libertad de movimientos de las empresas privadas y un gasto social prácticamente nulo”, como indica la reseña que hizo respecto del libro el antropólogo chileno Carlos Lange.

Tal como  menciona la  reseña, si bien el libro de Klein no constituye un estudio estrictamente académico, sí permite “comprender el proceso histórico de formación de una nueva clase dirigente, los denominados ‘neoconservadores’, y la evolución de los postulados ideológicos que sustentan su conformación, así como también sus estrategias de expansión e implementación en distintas regiones del mundo”.

El miedo herramienta de control

Para el sociólogo Raúl Zarzuri, Director de Centro de Estudios SocioCulturales (CESC), el primer atentado terrorista, ese que busca infundir miedo en la población atacando a civiles inocentes, “se escapa de las acciones que se venían dando desde el 2005 en adelante”, y agrega que “antes siempre eran de noche, en horas donde no había afluencia de público, y con baja probabilidad de heridos”.

Esa lógica que el atentado de este lunes rompió, era “de corte anticapitalista y antipolicial”, según afirma el académico, y pasó a ser “terrorista, con todas sus letras. Hay que llamarla así”.

Sin embargo, Para Zarzuri, “Chile no es un país donde el terrorismo esté imperando, no es ésa la situación. Sí tenemos esta última acción que se enmarca dentro de eso, pero tenemos que llamar a la tranquilidad, porque no estamos viviendo en Colombia o en los finales de los 70 y todos los ochenta, y menos como en Irak o en Afganistán”.

Junto con mencionar que “aún no se tiene claridad del sentido y la lógica de un acto de este tipo”, el sociólogo saca a colación la cobertura de los medios masivos de información, históricamente ligados a la derecha, y su estigmatización de grupos jóvenes, supuestamente “anarquistas”. “Se construyó incluso el imaginario de que eran jóvenes anarquistas asociados a colectivos estudiantiles (en alusión al polémico reportaje emitido la noche del lunes por Canal 13)”, indicó el sociólogo, y lo calificó de “casi un montaje”.

Para Zarzuri, la discusión en torno a las reformas del gobierno buscaba cambios que generan resistencias tanto en la derecha como dentro de la misma coalición de gobierno. “Evidentemente que la gente que no quiere esos cambios particularmente, podría estar tentada (a hacer actos terroristas). Esto lo digo tanto de la extrema derecha pero también de sectores radicalizados de una llamada ‘izquierda’ que también podrían estar en esto. No lo creo tanto, pero entremedio hay un montón de hipótesis”, analiza el sociólogo.

“Esta lógica que han instalado con el miedo por la Reforma Tributaria puesta por los empresarios, con otro tipo de miedo respecto de la Reforma Educacional, y con esto de montar que Chile es un país inseguro y donde hay demasiada mano blanda, que hay puerta giratoria, etc. culmina con esto, donde evidentemente el atentado le cae como anillo al dedo a esos sectores en los que se generan todas estas críticas, y que quieren que los procesos de cambios, que van a ser lentos, no comiencen”, señaló Zarzuri.

Consultado sobre si para él este atentado servirá para modificar fuertemente las atribuciones de las policías, Zarzuri afirma que “es lo que se tiene que hacer, si esto fue un shock, y ninguna persona puede desentenderse de lo que pasó ayer” pero agrega que “ahora tenemos que ver cómo va a reaccionar el gobierno”.

“No creo que este atentado modifique la agenda (del Gobierno) pero sí obliga a poner más atención en ciertos intereses que algunos sectores venían intentando poner, defendiendo el orden vigente en temas como el tributario”, lanza el sociólogo y advierte que “lo más preocupante sobre esto es que el Gobierno se apure,caiga en la tentación y empiece a estructurar lo que llaman la ‘Doctrina del Shock’ a partir del tema del miedo, se propicien medidas que vayan en contra de los derechos individuales de las personas, tal como advirtió el Instituto Nacional de Derechos Humanos”.

Finalmente, Zarzuri apunta a la responsabilidad de los medios de comunicación en no infundir más miedo, y para ello cita el caso de la BBC (medio estatal inglés), “que en situaciones como ésta no utiliza el concepto de terrorismo, hasta que no haya claridad respecto de la situación”. “Me parece que si bien la detonación del artefacto provoca miedo, más miedo está generando cómo los medios le han dado cobertura. Insisto, Chile sigue siendo el país más seguro de América Latina, independiente de las recomendaciones de Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña respecto de la visita de sus propios ciudadanos”, concluye el académico.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Discursos de Allende





Allende habla desde los balcones de la FECH (Septiembre 4, 1970)

http://mapuenlalucha.blogspot.com/2014/09/allende-4-de-septiembre-de-1970.html



Allende y la Nacionalización del Cobre (1971)



Homenaje a Salvador Allende y a las gestiones del Gobierno de la Unidad Popular para lograr - el 11 de Julio de 1971 - la nacionalización del Cobre.



Discurso de Salvador Allende - Universidad de Guadalajara - Dic. 2 de 1972





Presidente Doctor Salvador Allende en Las Naciones Unidas-Diciembre del Año 1972.


El discurso completo está disponible en el siguiente sitio:



Himno de la Unidad Popular



Agradecimientos a Germán Westphal.






Allende, 4 de septiembre de 1970

Allende habla desde los balcones de la FECH (Septiembre 4, 1970)

Con profunda emoción les hablo desde esta improvisada tribuna por medio de estos deficientes amplificadores.


¡Qué significativa es, más que las palabras, la presencia del pueblo de Santiago, que interpretando a la inmensa mayoría de los chilenos, se congrega para festejar la victoria que alcanzamos limpiamente, el día de hoy, victoria que abre un camino nuevo para la patria, y cuyo principal actor es el pueblo de Chile aquí congregado! ¡Qué extraordinariamente significativo es que pueda yo dirigirme al pueblo de Chile y al pueblo de Santiago desde la Federación de Estudiantes! Esto posee un valor y un significado muy amplio.

Nunca un candidato triunfante por la voluntad y el sacrificio del pueblo usó una tribuna que tuviera mayor trascendencia. Porque todos lo sabemos. La juventud de la patria fue vanguardia en esta gran batalla, que no fue la lucha de un hombre, sino la lucha de un pueblo; ella es la victoria de Chile, alcanzada limpiamente esta tarde.

Yo les pido a ustedes que comprendan que soy tan sólo un hombre, con todas las flaquezas y debilidades que tiene un hombre, y si pude soportar -porque cumplía una tarea- la derrota de ayer, hoy sin soberbia y sin espíritu de venganza, acepto este triunfo que nada tiene de personal, y que se lo debo a la unidad de los partidos populares, a las fuerzas sociales que han estado junto a nosotros. se lo debo al hombre anónimo y sacrificado de la patria, se lo debo a la humilde mujer de nuestra tierra. Le debo este triunfo al pueblo de Chile, que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre.

La victoria alcanzada por ustedes tiene una honda significación nacional. Desde aquí declaro, solemnemente que respetaré los derechos de todos los chilenos. Pero también declaro y quiero que lo sepan definitivamente, que al llegar a la Moneda, y siendo el pueblo gobierno, cumpliremos el compromiso histórico que hemos contraído, de convertir en realidad el programa de la Unidad Popular.

Lo dije: no tenemos ni podríamos tener ningún propósito pequeño de venganza. sería disminuir la victoria alcanzada. Pero, si no tenemos un pequeño propósito de venganza, de ninguna manera, vamos a claudicar, a comerciar el programa de la Unidad Popular, que fue la bandera del primer gobierno auténticamente democrático, popular, nacional, y revolucionario de la historia de Chile.

Dije y debo repetirlo: si la victoria no era fácil, difícil será consolidar nuestro triunfo y construir la nueva sociedad, la nueva convivencia social, la nueva moral y la nueva patria.

Pero yo sé que ustedes, que hicieron posible que el pueblo sea mañana gobierno, tendrán la responsabilidad histórica de realizar lo que Chile anhela para convertir a nuestra patria en un país señero en el progreso, en la justicia social, en los derechos de cada hombre, de cada mujer, de cada joven de nuestra tierra.
Hemos triunfado para derrocar definitivamente la explotación imperialista, para terminar con los monopolios, para hacer una profunda reforma agraria, para controlar el comercio de exportación e importación, para nacionalizar, en fin, el crédito, pilares todos que harán factible el progreso de Chile, creando el capital social que impulsará nuestro desarrollo.

Por eso, esta noche que pertenece a la Historia, en este momento de júbilo, yo expreso mi emocionado reconocimiento a los hombres y mujeres, a los militantes de los partidos populares e integrantes de las fuerzas sociales que hicieron posible esta victoria que tiene proyecciones más allá de las fronteras de la propia patria. Para los que estén en la pampa o en la estepa, para los que me escuchan en el litoral, para los que laboran en la precordillera, para la simple dueña de casa, para el catedrático universitario, para el joven estudiante, el pequeño comerciante o industrial, para el hombre y la mujer de Chile para el joven de la tierra nuestra, para todos ellos, el compromiso que yo contraigo ante mi conciencia y ante el pueblo -actor fundamental de esta victoria- es ser auténticamente leal en la gran tarea común y colectiva. Lo he dicho: mi único anhelo es ser para ustedes el Compañero presidente.

Chile abre un camino que otros pueblos de América y del mundo podrán seguir. La fuerza vital de la unidad romperá los diques de la dictadura y abrirá el cauce para que los pueblos puedan ser libres y puedan construir su propio destino.

Somos lo suficientemente responsables para comprender que cada país y cada nación tiene sus propios problemas, su propia historia y su propia realidad. Y frente a esa realidad serán los dirigentes políticos de esos pueblos los que adecuarán la táctica que deberá adoptarse.

Nosotros sólo queremos tener las mejores relaciones políticas, culturales, económicas, con todos los países del mundo. Sólo pedimos que respeten -tendrá que ser así- el derecho del pueblo de Chile de haberse dado el gobierno de la Unidad Popular.

Somos y seremos respetuosos de la autodeterminación y de la no intervención. Ello no significará acallar nuestra adhesión solidaria con los pueblos que luchan por su independencia económica y por dignificar la vida del hombre.

Sólo quiero señalar ante la historia el hecho trascendental que ustedes han realizado, derrotando la soberbia del dinero, la presión y amenaza, la información deformada, la campaña del terror, de la insidia y la maldad. Cuando un pueblo ha sido capaz de esto, será capaz también de comprender que sólo trabajando más y produciendo más podremos hacer que Chile progrese y que el hombre y la mujer de nuestra tierra, la pareja humana, tengan derecho auténtico al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación, al descanso, a la cultura y a la recreación, juntos, con el esfuerzo de ustedes vamos a hacer un gobierno revolucionario.

La revolución no implica destruir sino construir, no implica arrasar sino edificar; y el pueblo chileno está preparado para esa gran tarea en esa hora trascendente de nuestra vida.

Compañeras y compañeros, amigas y amigos: Cómo hubiera deseado que los medios materiales de comunicación me hubieran permitido hablar más largamente con ustedes y que cada uno hubiera oído mis palabras, húmedas de emoción, pero a la vez firmes en la convicción de la gran responsabilidad que todos tenemos y que yo asumo plenamente.

Yo les pido que esta manifestación sin precedentes se convierta en la demostración de la conciencia de un pueblo. Ustedes se retirarán a sus casas sin que haya el menor asomo de una provocación y sin dejarse provocar. El pueblo sabe que sus problemas no se solucionan rompiendo vidrios o golpeando un automóvil. Y aquéllos que dijeron que el día de mañana los disturbios iban a caracterizar nuestra victoria, se encontrarán con la conciencia y la responsabilidad de ustedes. Irán a sus trabajos, mañana o el lunes, alegres y cantando; cantando la victoria tan legítimamente alcanzada y cantando al futuro. Con las manos callosas del pueblo, las tiernas manos de la mujer y la sonrisa del niño, haremos posible la gran tarea que sólo un sueño responsable podrá realizar. El hecho de que estemos esperanzados y felices, no significa que nosotros vayamos a descuidar la vigilancia: el pueblo, este fin de semana, tomará por el talle a la patria y bailaremos desde Arica a Magallanes, y desde la cordillera al mar, una gran cueca, como símbolo de la alegría sana de nuestra vida.

Pero al mismo tiempo mantendremos nuestros comités de acción popular, en actitud vigilante, en actitud responsable, para estar dispuestos a responder a un llamado -si es necesario- que haga el comando de la Unidad Popular.

Llamado para que los comités de empresas, de fábricas, de hospitales, en las juntas de vecinos, en los barrios y en las poblaciones proletarias, vayan estudiando los problemas y las soluciones; porque presurosamente tendremos que poner en marcha el país. Yo tengo fe, profunda fe, en la honradez, en la conducta heroica de cada hombre y de cada mujer que hizo posible esta victoria. Vamos a trabajar más. Vamos a producir más. Este triunfo debemos tributarlo en homenaje a los que cayeron en las luchas sociales y regaron con su sangre la fértil semilla de la revolución chilena que vamos a realizar.

Quiero antes de terminar, y es honesto hacerlo así, reconocer que el gobierno entregó las cifras y los datos de acuerdo con los resultados electorales. Quiero reconocer que el jefe de plaza, General Camilo Valenzuela, autorizó este acto, acto multitudinario, en la convicción y certeza que yo le diera de que el pueblo se congregaría, como está aquí en actitud responsable, sabiendo que ha conquistado el derecho a ser respetado en su victoria, el pueblo que sabe que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre de este año.

Quiero destacar que nuestros adversarios de la Democracia cristiana han reconocido en una declaración, la victoria popular. No le vamos a pedir a la derecha que lo haga. No lo necesitamos. No tenemos ningún ánimo pequeño en contra de ella. Pero ella no será jamás capaz de reconocer la grandeza que tiene el pueblo en sus luchas, nacida de su dolor y de su esperanza.

Nunca como ahora, sentí el calor humano; y nunca como ahora la canción nacional tuvo para ustedes como para mí tanto y tan profundo significado. En nuestro discurso lo dijimos: somos los herederos de los padres de la patria y juntos haremos la segunda independencia: la independencia económica de Chile.

Les digo que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria.

Gracias, gracias, compañeras. Gracias, gracias, compañeros. Lo mejor que tengo me lo dio mi partido, la unidad de los trabajadores y la Unidad Popular.

A la lealtad de ustedes, responderé con la lealtad de un gobernante del pueblo, con la lealtad del compañero Presidente.

Profesores exigen la deuda histórica

El 4 de Septiembre los profesores de distintos rincones de Chile se reúnen en la plaza de la Constitución para exigir el pago de "La Deuda Histórica".

Desde el año 80 todos los empleados públicos reciben un reajuste que fue pagado en forma parcelada. En el año 1981, los profesores fueron traspasados a las municipalidades. En ese proceso de traspaso, se aseguraba que éstos no perderían ni un derecho y seguirían teniendo las mismas garantías de los empleados públicos. A los profesores se les dejó de cancelar este reajuste, de acuerdo al Decreto-Ley 3551 de la dictadura; luego en el año 87 se termina el proceso de traspaso.

Desde entonces los profesores hemos estado en distintas demandas al ESTADO de CHILE.

Cada día jueves los profesores les recuerdan a los distintos gobiernos que no nos quedaremos tranquilos hasta que se haga justicia a los miles de miles de profesores, hasta que se le devuelva la dignidad al magisterio.

Hoy hemos llegado a la Moneda profesores de todas la regiones, la gran mayoría somos jubilados que, por esta deuda se han visto mermadas nuestras pensiones de manera considerable.

La solución tiene que ver estrictamente con el Ejecutivo.

En el año 2008 el congreso realizó un estudio para resolver esta materia.
Se lo entregó al Ejecutivo.
En ese entonces, la ministra Mónica Jiménez declaró que no existe tal deuda ...
una vergüenza ... pero así fue el gobierno de la señora Bachelet.

Los profesores no perdemos la esperanza. Tenemos confianza en que un día en Chile habrá justicia.




















Campañas del Terror de ayer y de hoy

Que nada cambie si el negociado sigue bueno

JOSÉ VENTURELLI

Nada de extraño que se vuelvan a hacer campañas del terror... Para quienes hemos visto los procesos políticos de esta índole, no podemos dejar de recordar que, cuando Salvador Allende fue elegido en 1973, entre los importantes dirigentes en el terreno de la campaña del terror, estaba nada menos un personaje que se le llamó "el Enano Maldito". Se trataba de Andrés Zaldivar... Senador de la Democracia Cristiana hoy y muy poderoso entonces, cuando la CIA mandó hacer el golpe. Como diría Obama "la CIA los mandó, los financió, los tenía ya endoctrinados y bien armados y, por encima de todo, les ofreció negocios fabulosos..." En esos años los oficiales iban a Panamá (y luego a EEUU) para entrenarse en golpismo y represión... (Claro que ahora lo hacen en Chile mismo por ser una sucursal de la SOA -School of the Americas- acá, en Ritoque). El senador Zaldivar, por lo menos en principio, debería hoy, oponerse a esta nueva versión de terrorismo económico, eso que él conoció tan bien y en que participó como director de orquesta. Pero nada de esto es claro y nunca transparente... Excepto de que no es del parlamento que saldrán las soluciones.

Pero la realidad de las colusiones horizontales o verticales, las abiertas y las escondidas, hace el asunto complejo. Hoy, pelearse por la ( mini reforma) tributaria no es acto muy heroico, que digamos. No da ni para pagar el transporte diario que, en Santiago, consume casi un 25% del salario mínimo que el mismo gobierno que promueve dicha mini-reforma ( que empeora la realidad de la gran mayoría de los chilenos). Es decir no hay mucha lucha verdadera cuando entre los bomberos no se pisan la manguera ni tampoco los bueyes andan a cornadas mortales entre ellos...

Este incisivo y excelente artículo de Juan Pablo Cárdenas pone el dedo en la herida (http://radio.uchile.cl/2014/09/05/el-triunfo-del-terrorismo-economico): no hay reformas tales ni menos un interés real de cumplir lo que sólo fueron promesas electorales ( es decir, que no tienen que cumplirse porque estamos en Chile). Ni en lo tributario, que queda ahora mejor que antes para los altos ingresos ( los que siguen pagando son los que pagan el IVA, ESTO ES, LOS MÁS POBRES), ni en salud que ya se ha prohibido hablar del tema ( las ISAPRES SON PODEROSAS) , en cuanto a pensiones, las AFP's siguen siendo negociados suculentos (y el fraude continúa); la educación ya es una mala jugarreta (parece río que se desaparece en su propio lecho...) Como lo hacen las mineras, las forestales y los ricachones que lucran con el agua en todo el país. Suma y sigue: la justicia hace pequeñas cosas por ahí pero, la implementación real de la justicia para el pueblo Mapuche no se cumple y la guerra sucia, ahora más escondida pero con la misma fuerza e intencionalidad, sigue viento en popa. Vemos continuar los fraudes de los Paulmann,  o, peor por la clara e insultante relación con el dictadura y la represión, el tal nuevo billón ario, por obra y gracia de su suegro, el dictador Pinochet: el inefable manipulador Julio Ponce Lerou al que se le van a ir sumando más fraudes. Las 115.000 hectáreas mal habidas en Tantauco (Chiloé) a costillas del pueblo Mapuche (allí llamados Williches) por el recién saliente ex- presidente Piñera. Y, como tiene el diente largo, sigue mirando para la carnicería. 

Para caminar en la buena dirección, desde el pueblo Mapuche y los hermanos de los otro ocho pueblos, pasando por todos los sectores de la sociedad civil que quiere justicia, equidad y respeto a sus derechos, habrá que seguir luchando. Ya la presidenta habla de que... ¿sobre la Asamblea Constituyente?  "¡NI HABLAR, POR NINGÚN MOTIVO!".


El continuismo político es parte
del terrorismo económico


Ahora, desde La Nube (o The Cloud) el tirano deberá de arreglárselas para indicar cual será la próxima máscara o si, "para ahorrar", (como lo hiciera en forma grotesca con los desaparecidos que el hizo "enterrar"), decida seguir usando la misma... De lo contrario, si no es el ex-mandatario recién pasado, el autor no identificado de esta foto-montaje, tendría que volver a hacer otro montaje fotográfico para seguir perpetuando el modelito de marras.


Recordemos que sí 40 años no es nada, mucho menos son 4,  de un gobierno que no tiene deseos de innovar. Menos de reformar y, por ningún motivo de que exista equidad, una Constitución legítima, o justicia en el país. De hecho, ya andan mostrando nuevas cartas, abiertas y escondidas y nuevas promesas para volver a la campaña electoral... Porque para eso sí que son buenos. Y tenemos de todos los pelos:  Ricardo Lagos (el firmó la "reforma a la Constitución de Pinochet y lleva su nombre: la dejó más eficiente para lucrar y para reprimir. Por lo tanto es la que necesita ser derogada y hecha democráticamente. Con el enorme ego del llamado "faraón" pocas chances hay de que tengamos con él una Asamblea Constituyente tampoco). Con los billones bien acumulados pero, necesariamente, no bien obtenidos, el magnate Piñera, recorre Chile y con su dedo designa a los suyos para el segundo tiempo. Y los mismos parlamentarios, podridos de tanto estar "sufriendo" en el parlamento, con salarios mínimos que dan pena... Pero cual sea el candidato, seguro recibirá financiamiento de los grandes multi-millonarios "chilenos" que luchan por entrar a la Revista Forbes, como el Clan Luksic, Matte, Angelini, y sus orquestadores tipo Edwards y compañía.

Todos, sin intenciones de nada bueno y democrático o de justicia. Mientras, los grandes empresarios siguen con sus planes de un país para pocos y pobreza para muchos. Hay personas decentes... Claro, se puede decir que hay algunos honrados... pero la excepción no hace la regla. Además, que sabemos que se acostumbran y muchos se mimetizan, terminando bastante manejables e inofensivos para los que pagan la cuenta electoral y, por supuesto, esperan recibir la cosecha. El terrorismo económico es parte del espectro operativo de los "poderes fácticos" que mencionaba hace unos días en El Mostrador, el diputado Gabriel Boric. 
http://www.elmostrador.cl/pais/2014/09/03/boric-el-senor-ponce-lerou-es-un-reconocido-financista-de-campanas-politicas/