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domingo, 14 de septiembre de 2014

Un bombazo a pedido del cliente


Desde que comenzaron a levantarse los primeros movimientos de las clases proletarias y populares, por la redención y dignificación del mundo trabajador, la opción del atentado anónimo contra gente inocente, ha sido descartada. El cuartelazo, la desaparición forzada, el asesinato individual o masivo, han sido por lo general las armas de las clases en el poder, para imponer y perpetuar su sistema por EL MIEDO, EL TERROR.

El bombazo en el Metro, el 8 de septiembre, no nos evoca ninguna acción de fuerzas populares en su lucha por el cambio social. Más nos recuerda a los asesinatos que hizo la dictadura de Pinochet en la misma fecha de 1986, en venganza por la acción del Cajón del Maipo, en que el FPMR intentó ejecutar al tirano traidor a la Patria y a la Constitución. Para vengarse e imponer terror, la dictadura mandó matar al periodista José Carrasco Tapia, Pepone, a Felipe Rivera Gajardo, Gastón Vidaurrazaga Manriquez  y a Abraham Muskatblit Eidelstein. Vaya nuestro recuerdo a los caídos de ese otro 8 de septiembre.

¿A quién, a qué intereses convendrá el clima de inseguridad que los medios oficiales han tratado de imponer tras el bombazo del 8?

Cualquier observador de la política podrá decir que un endurecimiento contra la protesta social (que no es lo mismo que la política atentatoria), sólo puede convenir a los que están en el poder. Se busca distraer la atención del tema de fondo, la incapacidad del gobierno neoliberal de Bachelet y sus nuevos amigos de la falsa izquierda; unas reformas débiles, transadas con el gran capital, pueden fracasar porque la ultraderecha ahora impone un discurso haciéndose la víctima. Pero se está generando la convicción, en la opinión pública que algo piensa, de que la ultraderecha es el principal sospechoso de ser la victimaria de este y de otros atentados, como los montajes realizados en la Araucanía para inculpar al pueblo mapuche.

Ya días antes del atentado del 8, se decía que la serie de amenazas de bomba de días anteriores, sólo convenían al ministro Peñailillo, que a través de producir un clima de inseguridad buscaría acumular más poder a través de justificar la creación de una nueva y más poderosa central de informaciones contra la protesta social.

El atentado, entonces, tanto conviene a los que quieren minimizar aún más las reformas, así como a los que buscan fortalecer los aparatos represivos.

Para eso el sistema también cuenta con infiltrados en organizaciones populares. De ahí que al poder represivo le sea fácil encontrar sospechosos de cualquier cosa, procesarlos, inculparlos y condenarlos. Es la política de los montajes.

En este escenario, parece muy difícil encontrar a los verdaderos responsables de este atentado y de los que puedan venir. El aparato represivo está detrás de los propios atentados, por lo que el hecho permanecerá impune o encontrarán alguien a quien culpar: algunos Sacco y Vanzetti, algunos Topp Collins y Sagredo, algún menor P.P.V. O cargarán a algún activista por “sapeo” de algún infiltrado que buscará así castigar y reprimir a alguien que por su activismo, haga mucho más por la causa popular que cien atentados.

Será difícil saber quién fue el cliente que mandó hacer el atentado.

MAPU en la Lucha


Bombazo en el Metro: Cómo el terror reemplazó la agenda de las demandas sociales
Por Víctor Guillou Vásquez | 09/09/2014

El primer atentado terrorista puro y duro en los últimos 24 años vino a sacar a las reformas claves de la agenda e instaló los cuestionamientos sobre el manejo de las policías y la seguridad pública. Nada se sabe aún de los autores, pero sí de qué efectos está produciendo en lo inmediato.

El repudiable atentado terrorista en la subestación de Escuela Militar que dejó a 14 personas heridas, produjo un cambio inmediato en la  agenda del Gobierno, que salió en pleno a rechazar el acto, a invocar el uso de la Ley Antiterrorista, y a pedir cambios a futuro en la legislación que define las facultades de las policías y de los organismos de inteligencia que operan en el país.

Pese a ello, de inmediato vino el cuestionamiento de la derecha y los ex ministros del ex presidente Sebastián Piñera hacia el manejo por parte del Ministerio del Interior, encabezado por Rodrigo Peñailillo, respecto de los últimos bombazos registrados en el país. Aunque ya se había anunciado el uso de la cuestionada legislación para el primer bombazo registrado el 13 de julio en un vagón del Metro, y que ahora también se invocó, desde la oposición se habló de “señales confusas” y las directivas tanto de RN como de la UDI pidieron al Gobierno que actúe con “mayor contundencia”.

Hoy, tras la sesión extraordinaria en La Moneda del Comité Operativo de Seguridad, la mandataria salió a decir que “no nos temblará la mano” en perseguir a los responsables, y además se anunció que el Ministerio Público contará con más de 100 millones de pesos para la investigación, tras un decreto firmado el pasado 3 de septiembre.

Adicionalmente, el ministro Peñaillo aseguró que el futuro proyecto que buscará perfeccionar la Ley Antiterrorista ingresará con “suma urgencia”, para agilizar así su tramitación.

Por ello, y aun cuando aún no exista claridad de quiénes y con qué objetivo se detonó una bomba en un día hábil y en un lugar y hora de alta concurrencia, sí son observables las consecuencias inmediatas que está teniendo a nivel político el atentado terrorista. Por lo pronto, reformas necesarias al sistema de inteligencia podrían llevarse a cabo en tiempo récord, lo cual desde ya levanta la preocupación de que dichos cambios no sean realizados de la mejor manera posible. Lo urgente puede no dejar tiempo a lo importante, dentro de lo cual pueden incluirse las transformaciones estructurales que se discutían en el país.

Qué dice la doctrina del Shock

El libro La Doctrina del Shock. El Auge del Capitalismo del Desastre, la periodista canadiense Naomi Klein postula que la experiencias “traumáticas”, como el mismo Golpe de Estado perpetrado en Chile el 11 de septiembre de 1973, han sido utilizadas para instaurar el “capitalismo del desastre”, doctrina formada al alero de los presupuestos políticos, económicos y sociales desarrollados por el padre de la Escuela de Chicago, Milton Friedman, con el objetivo de desmantelar los restos del Estado de Bienestar y promover a nivel global el modelo de desarrollo neoliberal.

Detrás de este “capitalismo del desastre”, se esconde una visión que vería todo evento trágico como una “oportunidad”, que saca provecho del trauma y miedio colectivo para “para promover e implementar reformas económicas y sociales de carácter radical sustentadas en los principios básicos del corporativismo, como son la eliminación del rol público del Estado, la absoluta libertad de movimientos de las empresas privadas y un gasto social prácticamente nulo”, como indica la reseña que hizo respecto del libro el antropólogo chileno Carlos Lange.

Tal como  menciona la  reseña, si bien el libro de Klein no constituye un estudio estrictamente académico, sí permite “comprender el proceso histórico de formación de una nueva clase dirigente, los denominados ‘neoconservadores’, y la evolución de los postulados ideológicos que sustentan su conformación, así como también sus estrategias de expansión e implementación en distintas regiones del mundo”.

El miedo herramienta de control

Para el sociólogo Raúl Zarzuri, Director de Centro de Estudios SocioCulturales (CESC), el primer atentado terrorista, ese que busca infundir miedo en la población atacando a civiles inocentes, “se escapa de las acciones que se venían dando desde el 2005 en adelante”, y agrega que “antes siempre eran de noche, en horas donde no había afluencia de público, y con baja probabilidad de heridos”.

Esa lógica que el atentado de este lunes rompió, era “de corte anticapitalista y antipolicial”, según afirma el académico, y pasó a ser “terrorista, con todas sus letras. Hay que llamarla así”.

Sin embargo, Para Zarzuri, “Chile no es un país donde el terrorismo esté imperando, no es ésa la situación. Sí tenemos esta última acción que se enmarca dentro de eso, pero tenemos que llamar a la tranquilidad, porque no estamos viviendo en Colombia o en los finales de los 70 y todos los ochenta, y menos como en Irak o en Afganistán”.

Junto con mencionar que “aún no se tiene claridad del sentido y la lógica de un acto de este tipo”, el sociólogo saca a colación la cobertura de los medios masivos de información, históricamente ligados a la derecha, y su estigmatización de grupos jóvenes, supuestamente “anarquistas”. “Se construyó incluso el imaginario de que eran jóvenes anarquistas asociados a colectivos estudiantiles (en alusión al polémico reportaje emitido la noche del lunes por Canal 13)”, indicó el sociólogo, y lo calificó de “casi un montaje”.

Para Zarzuri, la discusión en torno a las reformas del gobierno buscaba cambios que generan resistencias tanto en la derecha como dentro de la misma coalición de gobierno. “Evidentemente que la gente que no quiere esos cambios particularmente, podría estar tentada (a hacer actos terroristas). Esto lo digo tanto de la extrema derecha pero también de sectores radicalizados de una llamada ‘izquierda’ que también podrían estar en esto. No lo creo tanto, pero entremedio hay un montón de hipótesis”, analiza el sociólogo.

“Esta lógica que han instalado con el miedo por la Reforma Tributaria puesta por los empresarios, con otro tipo de miedo respecto de la Reforma Educacional, y con esto de montar que Chile es un país inseguro y donde hay demasiada mano blanda, que hay puerta giratoria, etc. culmina con esto, donde evidentemente el atentado le cae como anillo al dedo a esos sectores en los que se generan todas estas críticas, y que quieren que los procesos de cambios, que van a ser lentos, no comiencen”, señaló Zarzuri.

Consultado sobre si para él este atentado servirá para modificar fuertemente las atribuciones de las policías, Zarzuri afirma que “es lo que se tiene que hacer, si esto fue un shock, y ninguna persona puede desentenderse de lo que pasó ayer” pero agrega que “ahora tenemos que ver cómo va a reaccionar el gobierno”.

“No creo que este atentado modifique la agenda (del Gobierno) pero sí obliga a poner más atención en ciertos intereses que algunos sectores venían intentando poner, defendiendo el orden vigente en temas como el tributario”, lanza el sociólogo y advierte que “lo más preocupante sobre esto es que el Gobierno se apure,caiga en la tentación y empiece a estructurar lo que llaman la ‘Doctrina del Shock’ a partir del tema del miedo, se propicien medidas que vayan en contra de los derechos individuales de las personas, tal como advirtió el Instituto Nacional de Derechos Humanos”.

Finalmente, Zarzuri apunta a la responsabilidad de los medios de comunicación en no infundir más miedo, y para ello cita el caso de la BBC (medio estatal inglés), “que en situaciones como ésta no utiliza el concepto de terrorismo, hasta que no haya claridad respecto de la situación”. “Me parece que si bien la detonación del artefacto provoca miedo, más miedo está generando cómo los medios le han dado cobertura. Insisto, Chile sigue siendo el país más seguro de América Latina, independiente de las recomendaciones de Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña respecto de la visita de sus propios ciudadanos”, concluye el académico.

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