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lunes, 23 de febrero de 2015

La Legua, Santiago de Chile, antes de irrumpir en las grandes alamedas

Por Raúl Zibechi  |  17 / diciembre / 2014

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Como tantas otras poblaciones periféricas, La Legua, barrio de Santiago, está sometida a la intervención militar-policial con la excusa del narcotráfico. Sin embargo, en medio de la pobreza y la represión, resisten creando vida y comunidad, con las mujeres y los jóvenes como los actores más destacados.

“Aquí el Estado tiene las garras bien puestas, nos tienen la bota encima, pero bailamos. No le pedimos nada al Estado porque somos una comunidad digna”. Las palabras atraviesan el aire denso de un mediodía caluroso y parecen posarse lentamente sobre los que compartimos la ronda. “La autogestión es nuestra dignidad”, dice Emerson, levantando la voz para que el círculo de casi cincuenta personas pueda escucharlo[1].

El “nosotros” al que se refiere Emerson son los miembros de la Casa de la Cultura de la Legua, en el sur de Santiago (Chile), uno de los barrios más emblemáticos por su prolongada resistencia, tanto en dictadura como en democracia. La Casa es una gran sala seguida de una pequeña cocina, patio, baño y algún dormitorio. En el centro del salón destaca una gran bandera mapuche que cobija la asamblea.
Nos recibieron con almuerzo: pescado frito, ensaladas y jugos frescos, pero lo más delicioso fue el borgoña, un cóctel tradicional de vino tinto y frutillas que aplaca la sed y el calor. Después nos colocamos en ronda y Emerson, uno de los más jóvenes de la Casa, abrió el trawün, encuentro en mapudungun, destacando el carácter autónomo de todos los trabajos que realizan.

En la Casa funcionan tres talleres en los que participan la mayor parte de los que integran el espacio: “telar mapuche”, “ser y cosmovisión mapuche” y “ciencia política a la mano”, donde discuten cómo organizarse y luchar pero sin recaer en modales académicos. “Se trata de desaprender la cultura política de vanguardias que aprendimos en las organizaciones”, dice Cristian.

Autoconstrucción y resistencia
La Legua son en realidad tres poblaciones que suman algo más de 15,000 personas. La Legua Vieja se fue poblando desde principios del siglo XIX por obreros que llegaban desde el norte cuando comenzó el declive de la industria del salitre. Se fueron a vivir a “una legua” del centro de la ciudad, que por esos años eran terrenos baldíos. En 1947 se crea La Legua Nueva que fue “la primera toma organizada de la que se tiene noticia”, según el historiador Mario Garcés[2].
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Mientras las callampas se forman por agregación individual de las familias, que construyen viviendas precarias con materiales de desecho y se ubican en riberas y ríos y faldas de montañas, las tomas son organizadas por cientos de vecinos que llegan todos juntos al terreno escogido, levantan las viviendas en poco tiempo, marcan los sitios para viviendas y los destinados a espacios públicos, incluyendo escuela, dispensario de salud y espacio para la organización vecinal.



Finalmente, La Legua de Emergencia se formó en 1951 cuando el Estado asignó casitas sólo durante seis meses a personas que provenían de callampas y conventillos del centro, muchos en la ribera del río Mapocho. Eran precarias y estrechas (“dos piecitas de madera, cocina y baño, sin patio”, recuerda una vecina[3]) pero mucha gente permanece hasta hoy.



Garcés asegura que La Legua es “una de las poblaciones más emblemáticas de Santiago”. Destaca sus capacidades organizativas y políticas: “Contó con poderosas organizaciones vecinales en los años 50 y 60, y fue el único asentamiento urbano donde se combatió a los militares el 11 de setiembre de 1973”[4].



Dos poderosas corrientes se fusionaron en la población de La Legua, al igual que en otra poblas del cinturón industrial: los partidos de izquierda, sobre todo comunistas y socialistas, y los sacerdotes católicos que amparaban las organizaciones vecinales desde la Parroquia de San Cayetano, semillero de militantes vecinales y alero en el que se cobijaron de la represión durante la dictadura.



Lo sucedido el 11 de setiembre de 1973 aún resuena en el barrio. Una detallada investigación realizada por los historiadores Garcés y Sebastián Leiva, relata los cuatro enfrentamientos que hubo en el barrio ese día, protagonizados por jóvenes de los partidos Comunista y Socialista y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). En las acciones de defensa del gobierno de Salvador Allende confluyeron pobladores, sindicalistas y militantes de izquierda.
Un primer combate se produjo en una fábrica vecina al barrio, con decenas de militantes de varios partidos, entre ellos Miguel Enríquez, máximo dirigente del MIR que caerá en un enfrentamiento en octubre de 1974. Los militantes armados estaban cercados en la fábrica INDUMET, rompieron el cerco disparando y se refugiaron en La Legua donde los vecinos los acogieron[5].
La Legua

Poco después ametrallan un autobús de Carabineros y los obligan a rendirse. En otra fábrica del barrio donde se habían agrupado los resistentes, la textil SUMAR, los trabajadores armados ametrallaron un helicóptero militar que tuvo que retirarse con daños en las aspas al recibir 18 disparos que impactaron el aparato. El mayor enfrentamiento se produjo por la tarde, cuando dispararon a un autobús con 25 Carabineros y dos oficiales. Hubo muertos de ambos lados.

Las incursiones militares en los días siguientes incluyeron tanques de guerra y disparos a cualquier persona que saliera a la calle. El domingo 16 de setiembre cercaron el barrio, los aviones pasaron rasantes sobre las casas para intimidar, allanaron todas las viviendas, golpearon a los varones en las calles, destruyeron sus pertenencias y se llevaron 200 detenidos. Algunos nunca aparecieron y varios de los que participaron en los enfrentamientos del día 11 fueron fusilados. Se calcula que la represión posterior al golpe causó 42 muertos en La Legua. Venganza contra una población combativa.

Pero ya en diciembre la población empieza a perder el miedo. Acompaña el funeral de las víctimas del Plan Leopardo, el asesinato de cinco militantes comunistas, pero “más tarde, lentamente las organizaciones fueron resurgiendo, sobre todo al alero de la Parroquia San Cayetano. Allí se fueron reagrupando cristianos y no cristianos para apoyarse en la sobrevivencia”[6].

Ser mapuche en la ciudad
Artes y Oficios es una calle angosta flanqueada de viviendas bajas, pobres pero no precarias, entre la avenida Las Industrias y la plaza Salvador Allende, donde funciona un mercado popular. En el número 343 está la Casa de la Cultura. A unos diez minutos del Estadio Nacional, donde pobladores de La Legua y de otros barrios industriales fueron trasladados aquel 11 de setiembre.

El ambiente es austero, como el barrio. Unos jóvenes fuman en la puerta, las mujeres cocinan en el fondo y otros trasiegan sillas y mesas. El encuentro forma parte de la feria de libros y organizaciones populares “América Leatina Desde Abajo”, impulsada por la editorial Quimantú y seguida por una docena de editoriales chilenas, argentinas y uruguayas[7].

Desde hace poco más de diez años La Legua, como La Victoria y otros barrios populares de Santiago, están “intervenidos” por el Estado, lo que significa que sus calles son patrulladas permanentemente por carabineros y los jóvenes son abordados con frecuencia[8]. La represión va de la mano de políticas sociales que buscan convencer a los más pobres que su problema son los pequeños traficantes, no el modelo de país que instaló la dictadura desde 1973.
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Karin y Cristian tienen una hija pequeña, pero entre ambos suman varios chicos más. Relatan la historia de la Casa de la Cultura, que nació en 1985, cuando Chile estaba sacudido por protestas masivas de los pobladores. “En el contexto de 1985 decidieron gritar la protesta desde la cultura”, dice Karin. “La cultura era el manto que permitía que se reunieran, trabajaban en cuentos y poesías con el círculo de poetas de La Legua”, interviene Cristian.

La parroquia San Cayetano, a media cuadra de la Casa de la Cultura, en la plaza Salvador Allende, refugiaba perseguidos por el régimen. “En la misma parroquia hay subterráneos”, asegura Karin en tono de misterio, como si hubieran sido refugio de militantes. “La Semana Legüina fue la fiesta de la población en la que surge la propuesta de recuperar la memoria del barrio, pero ahora se convirtió en nuestro carnaval”, relata Karin.

La transición a la democracia, a partir de 1990, caminó de la mano de la desarticulación de buena parte de las organizaciones populares territoriales. Según Cristian, que militaba en un partido marxista, “los grupos dejaron la calle, se hicieron legalistas y se metieron en los partidos”. Lo dice como quien pronuncia una sentencia. La Casa de la Cultura atravesó también dificultades, tuvo que buscarse otro local porque el anterior estaba vinculado a un partido político, y comenzaron a trabajar de otro modo.

“La Casa está abierta a todos los que quieran hacer cosas desde otro lugar, o sea desaprender lo que hemos aprendido”. Karin se refiere a las práctica partidistas, “porque los partidos, por más respetable que sea su historia, hoy no llegan a los corazones de las gentes. Nos traen a los pobladores la formulita, y nosotros trabajamos de otro modo, nos juntamos y vemos si nos sintonizamos”.

Para ella lo más importante son los espacios de encuentro, como los tres talleres que crearon. La presencia de lo mapuche, en una población donde la mayoría no lo son, es motivo de reflexión.

Karin se apellida Cuminao. Aunque nació en Santiago siempre supo que su familia venía del sur. Cristian se apellida Moreno, su piel es bien blanca, nació y vivió como chileno. Ahora son pareja y ambos se sienten mapuches. Aunque los padres de Karin no hablaban mapudungun por temor, ella se empeñó en recuperarlo, un trabajo paralelo al de recuperar a sus raíces. Para Cristian es diferente. Descubrió el mundo mapuche como parte de la resistencia política, pero hoy se identifica con la cosmovisión y la cultura.

Mujeres de familia y comunidad
En La Legua hay muchas familias de origen mapuche pero no se identifican como tales. En la Casa de la Cultura la cosmovisión mapuche se expresa en los trawün, o sea en espacios circulares que pueden durar mucho tiempo, “todo el tiempo que las personas necesiten, es un lugar donde se comparte lo que cada uno lleva, desde alimentos hasta palabras. Ahí se va definiendo qué hacer y cómo hacer para estar mejor”, relata Karin.

Cristian descubrió ese mundo al unirse a Karin. Hoy cree que la identidad mapuche le ayuda a comprender su lugar dentro de ese país llamado Chile donde “sólo existen chilenos, que se creen los ingleses de Latinoamérica. Pero los mapuche nos han ayudado a redescubrirnos y a conocernos. Somos mestizaje todo el rato. Mi abuelo paterno era inmigrante desde el sur”.
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De la identidad la conversación deriva hacia el papel de las mujeres. Varios integrantes de la ronda dijeron en voz alta que la Casa es sostenida por las mujeres, como buena parte de las organizaciones populares. En ese momento Tania, una mujer joven y fuerte, ofrece infusiones y mate que se empeña en servirlos, como quien ofrece hospitalidad, con sencilla dedicación.
Karin explica que “las mujeres son uno de los pilares que han sostenido la Casa, como Tania, que se ha quedado en este espacio y ha permitido abrir la puerta y encontrarse con los demás. Los hombres participan en colectivos pero se van rápido. El hombre es más mente que corazón”.

Cristian cree que las mujeres tienen “mayor capacidad de contener, acoger y formar comunidad. Mujer y comunidad van juntas. El hombre es más de salir a buscar, trabajo o utopías, es el que instala la política y la mujer instala la comunidad desde el corazón”.

Tratamos de adentrarnos en un debate complejo: cómo es la organización y la acción política desde la mujer. Lo que aparece, y marca una diferencia con el feminismo del Norte, es que no hay contradicción entre el lugar de la familia y el trabajo en el hogar, centrado en la cocina, con la emancipación como mujeres.

Una vez más Karin: “Las mujeres partimos de lo básico, de la comida que es el punto de encuentro. La gente llega a tomarse un mate, pasan por el salón y se van a la cocina que es el lugar de la espontaneidad y del corazón, un lugar de las mujeres. Cuando dicen que las mujeres sostenemos el espacio, es la cocina la que lo sostiene, simplemente estando y cuidando el espacio incluso con flores y plantas para que sea bonito”.

Tania y Karin siempre cocinan, y no conciben otro modo de hacer política, al punto que aseguran que la comida y por lo tanto la cocina es el centro. “Lo hacemos con cariño y paciencia. Hacemos una ceremonia mapuche antes de hacer la comida, la comida es algo muy importante, no se puede hacer así nomás, a las corridas, ni comerla sin respeto”, sigue Karin.

Reconocen que existe una fuerte división del trabajo. Los varones organizan los campeonatos de fútbol para recaudar fondos para el carnaval, mientras mujeres cocinan para los jugadores de los 14 equipos. “Algunas nos dicen que estar en la cocina es muy machista. Pero yo creo que la gente tiene que estar donde se sienta más cómoda, a mi no afecta estar en la cocina y no me impide estar en el frente de lucha”.

Pone un ejemplo. En el taller de telar son 15 mujeres que se rotan para cocinar. No hay una jefa de cocina, a veces alguien coordina pero no es un lugar de poder. “En los trawün plantemos más visible las contradicciones que tenemos. En la cocina a veces se genera tensión porque alguien quiere mandar más, empieza a tensarse, algunas se cortan y ahí tenemos que parar, siempre aparece alguien que dice cómo hay que cortar, qué hay que ir a comprar. Lo comunitario supone tomarse tiempo para eso”.

Carnaval sin pacos
La ronda se agita con la intervención de Daniel, el mayor de los miembros de la Casa de la Cultura. “Todo acá se hizo sin el apoyo del Estado, por eso la intervención. Los pacos (policía) están armados a guerra, pero es una guerra contra el pueblo”. Juan, miembro del Teatro de Emergencia que funciona cerca de la Casa, considera que “las organizaciones sociales y el modo de vida están intervenidos”, o sea militarizados, porque “nuestro modo de vida quiere ser gobernado”.

Concluye con una frase que podría aplicarse a cualquier rincón de América Latina, y naturalmente se piensa en México. “No sólo se trata de resistir, sino de construir algo que nos permita resistir”. Karin pone los detalles de eso que llaman intervención: “Vivimos en un cerco, pacos en cada esquina, abusan, manosean, y no puedo salir a la calle con mi hija porque hay tiros”. Deja un mensaje pesado para los universitarios: “Aquí vienen muchos a recoger información para sus tesis, somos objeto de estudio, pero esos conocimientos le sirven a la intervención”.

En contraposición, realizaron este año la primera Bicicleteada por la Memoria Combativa del 11 de Setiembre. En cada lugar que paraban hablaban con vecinos que resistieron ese día el golpe y contaban su historia. Una forma desde debajo de reconstruir saberes escondidos en la memoria colectiva.

“En los últimos tiempos nuestras relaciones son más cualitativas”, interviene Cristian, “no se hacen las cosas porque se espera un reconocimiento sino porque se quiere hacer comunidad, autoconstruirnos nosotros”. Relata el caso de varios vecinos que dejaron su trabajo remunerado para hacer artesanía, como consecuencia del espacio de “Ciencia Política a la Mano”, que les sirve no sólo para cambiar la realidad sino para transformarse ellos mismos. “No es fácil desaprender la cultura política de las vanguardias”, sentencia.

Terminamos hablando del carnaval. Antes lo llamaban Semana Legüina, que recordaba la fecha de iniciación de la población, un 20 de diciembre. Ahora es un largo pasacalle de más de tres horas en el que desfilan 500 personas entre bailarines, músicos y vecinos, y cocinan para todos. Emerson se mete en la conversación, recordando el lema de este año: “Sin pacos, sin balazos y sin sapos”[9].

Tiene razón Gabriel Salazar, el historiador de los de abajo, cuando asegura que la identidad de poblador se ha hecho más importante que la de trabajador. El lugar de trabajo ya no genera identidad, ni sentido de pertenencia. Se está produciendo “una reagrupación espontánea en la sociedad, naturalmente, en los sectores más marginales”, donde se buscan unos a otros ante la desprotección del Estado. En los barrios se tejen fuertes lazos de amistad, solidaridad y asociatividad, que es la forma “de integrarse a la sociedad y luchar desde ahí, no desde el trabajo”[10].

Coincide también con los jóvenes y las mujeres de La Legua en su modo de mirar la política. “La movilización social no depende de partidos políticos ni de tácticas sino de cultura y educación”. A su vez, sostiene que la “verdadera educación” no se da en la escuela sino “en actividades informales de educación ciudadana, popular, autoeducación, y los jóvenes se están matriculando espontáneamente es estos cordones populares de educación”.

Algo de eso sucede en La Legua y en muchos barrios populares de América Latina. Son cientos de pequeños espacios, como la Casa de la Cultura, que a lo largo de décadas realizan decenas de pequeñas actividades en las que participan básicamente jóvenes y mujeres. Ellos y ellas están cambiando el mundo, mucho antes de ganar visibilidad en las grandes alamedas.

[1] Todas las voces fueron recogidos en la Casa de la Legua, el 4 de diciembre, y en la feria América Latina Desde Abajo, el 5 de diciembre de 2014.
[2] Mario Garcés, “Las tomas en la formación de Santiago”, en AAVV El mundo de las poblaciones, Santiago, LOM, 2004.
[3] “La emergencia de Legua Emergencia”, en revista Perro Muerto, N° 4, julio de 2002.
[4] Mario Garcés,” Las tomas en la formación de Santiago”, p. 10.
[5] Todos los testimonios sobre esas jornada en Mario Garcés y Sebastián Leiva, El Golpe en La Legua, Santiago, LOM, 2005.
[6] Idem p. 80.
[8] Ver “La Victoria: Medio siglo construyendo otro mundo” en Programa de las Américas, 12 de otubre de 2007, http://www.cipamericas.org/es/archives/905
[9] Sin policías, sin balazos y sin soplones.
[10] Gabriel Salazar, “La identidad de poblador es más importante que la de trabajador” en Archivo Chile, abril de 2005.

COMENTARIO, por Carlos Ruiz:
La población Nueva la Legua no fue resultado de una toma, tal como se experimentó en la Victoria en 1957, sino fue realizada como un desplazamiento de poblador*s desde varios sectores, especialmente de Ñuñoa, bajo la presión de especuladores inmobiliarios, pero con apoyo del Intendente, que era comunista, bajo el gobierno de González Videla. Por eso no hubo represión, como en las tomas posteriores. Eso no disminuye para nada el mérito de l*s fundador*s de Nueva La Legua sino que habla precisamente a favor de su capacidad de organización para lograr resultados favorables. Fue una victoria de los comités de arrendatarios y allegados, liderados por gente principalmente del PC.  La experiencia de l*s poblador*s de La Legua en la consolidación de esta población, fue transmitida a l*s que participaron en la toma de la Victoria.
Nombraría a gente muy meritoria como fundadores e hij*s de fundadores de la Legua Nueva, como un homenaje: d. Enrique Molina, d. Nilo Zamora (fallecido en diciembre de 2013), d. José Guzmán (escritor y radialista popular), d. Luis Salinas, d. Ariel Cifuentes Ayca, d. Guillermo Cifuentes Pastenes, sus familias y varios otros.




El dinero, talón de Aquiles del capitalismo

por Nazaret Castro
EL CIUDADANO

Todos sabemos que el dinero tiene un papel central en nuestras economías y en nuestras sociedades; intuitivamente, le atribuimos una idiosincrasia mezquina, tal vez amoral. Lo que no todos imaginamos es que esa centralidad del dinero es tan nueva en la historia como lo es el capitalismo, con sus dos siglos de historia. Porque antes, muchísimo antes, ya existía la moneda, el dinero como forma de facilitar los intercambios, pero la gran novedad que trajo el capitalismo fue la normalización de la tasa de interés, el hecho de que el dinero hace dinero, y así, el dinero se transforma en capital; en una mercancía que, si se acumula, produce ganancia. Fue con la consolidación del capitalismo en los siglos XVII y XVIII cuando, en Inglaterra, comenzó a darse un cambio fundamental en las subjetividades y las normas sociales que acabó con la aprobación social del cobro de interés. Y a día de hoy es sobre las tasas de interés que se configura nuestro sistema monetario globalizado, ese que, bajo la apariencia de complejidad técnica, se apoya en premisas muy sencillas.

La primera es que el dinero es fiduciario, es decir, que se basa en la confianza. En nada más que la confianza. El dinero no es una cosa: es la creencia en una cosa. Desde el fin del patrón oro en los años 70, nada hay que respalde el valor de un billete, o de un depósito bancario electrónico, que no sea la confianza del resto de la sociedad en que esa moneda tiene valor. Por eso decía Lietaer1 que el dinero no sólo es el sistema nervioso central del capitalismo; es también el talón de Aquiles del sistema. De ahí el esfuerzo por hacer del dinero algo incomprensible: “Más que cualquier otro campo de la economía, el estudio del dinero utiliza la complejidad para encubrir la verdad o evadirla, pero nunca para revelarla” (Lietaer, 2005, p. 100).


Esa opacidad que rodea al dinero se explica porque esa magia sostiene una estructura de poder que ha convertido a las entidades financieras -y, en última instancia, a las personas que hay tras ellas- en los dueños del mundo. Pocas personas saben cómo se crea el dinero; aunque es el Estado el que acuña monedas y billetes, son los bancos los que crean el dinero de la nada -¡de la nada absoluta!- cuando un particular pide un préstamo. Por eso se dice que el dinero es deuda: cuando alguien pide una hipoteca por 200.000 euros, el banco crea mágicamente 200.000 euros, que esa persona deberá pagar con el fruto de su trabajo, más los intereses. Durante décadas, con el fruto de su trabajo, el trabajador le estará pagando al banco un dinero que ese banco nunca tuvo, que creó de la nada, y que además prestará varias veces en virtud del llamado sistema fraccionario. En Europa, una entidad bancaria sólo debe retener en depósitos el 1% del total del dinero con el que especula.

Desde su creación en el siglo XIII, los bancos descubrieron el “secreto de los alquimistas”: de la nada creaban oro, pues fueron capaces de persuadir a la gente de aceptar como medio de pago la promesa de un pago futuro, un pagaré, que después evolucionó hacia los modernos billetes, monedas, y después, dinero electrónico. El cobro de intereses, que durante siglos había sido denostado y castigado en diferentes civilizaciones, se generaliza y trae profundos impactos sobre las sociedades capitalistas: fomenta la competencia y la necesidad de un crecimiento constante e infinito. Además, el funcionamiento del sistema monetario hace que las inversiones cortoplacistas resulten más rentables, lo que desincentiva invertir, por ejemplo, en tecnologías más amables con el medio ambiente; más aún: fomenta sustituir la inversión productiva por la pura especulación financiera. El sistema monetario se nos suele presentar como algo dado, neutral, al margen del mundo real; pero tiene consecuencias directas tan desastrosas como la destrucción ambiental y la desigualdad social.

El dinero es, para Marx, la mercancía equivalente específica, esto es, la medida del valor del tiempo de trabajo que contiene una mercancía. Fue necesario el dinero y la objetivación del tiempo para colocar las bases del trabajo asalariado, que nació con el capitalismo, y en esa abstracción, que reduce lo cualitativo a lo cuantitativo, se fundamenta la fetichización de la mercancía: el proceso por el cual las relaciones sociales entre las personas -relaciones de producción y consumo- se transmutan en relaciones materiales entre cosas, porque el trabajador resulta enajenado del producto de su trabajo. Y es de este modo que, como dijo Habermas, el dinero pasa a ser “el medio a través del cual el sistema económico coloniza el mundo de la vida social rutinaria”.


La situación adquiere tintes dramáticos a partir de la desregulación del sector en los años del neoliberalismo. Se les da absoluta libertad a las entidades financieras para que conviertan el sistema monetario en un casino global. Como señala Lietaer, el dinero especulativo (hot money) se está convirtiendo en una especie de gobierno mundial fantasma. El 98% de las inversiones son meramente especulativas. La globalización de los mercados financieros implica que cualquier persona, aunque lo ignore, forme parte del juego monetario mundial y esté sujeta a las consecuencias de su fragilidad. Las comunidades del África subsahariana ven cómo aumentan los precios de los alimentos porque los bancos decidieron que era rentable especular con los precios del trigo, el arroz o el maíz. Son urgentes medidas como limitar el tamaño de los bancos -esos que son “too big to fail”- y limitar la especulación, comenzando por bienes básicos como los alimentos y la vivienda, para terminar por erradicarla y volver a la consideración del cobro de interés como comportamiento inmoral, indebido e ilegal.

Si el dinero es un acuerdo social, entonces basta que una comunidad acepte un papelito para que éste adquiera valor. Es lo que hacen las monedas sociales, que no dejan de crecer en España. Su potencial emancipador es enorme, pues subrayan esa mística que rodea al dinero: muestran que los pumas, ekhis o soles pueden ser tan funcionales como los euros. Con una diferencia clave: las monedas sociales ayudan a recolocar los intercambios en las relaciones sociales de proximidad; nos ayudan así a acabar con el mayor de los fetiches del capitalismo, el del dinero, que homogeniza mercancías, que sustituye cualidades por cantidades, y que va calando en las subjetividades hasta imponer la lógica de la mercancía a las personas y a las relaciones afectivas.


Si quieres saber más:

Documental Dinero es deuda: https://www.youtube.com/watch?v=zigHDdIosM8



1Lietaer, B. (2005) El futuro del dinero, Buenos Aires, Lonseller.


El dinero es deuda:
https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/14bb1c287db8c257?projector=1

EL CASO PENTA: FIRMAR para que renuncien a sus cargos

El caso PENTA está en boca de todos en estos días en Chile. Juan Pablo cuenta en su petición que que se trata de un grupo de Senadores que evadieron impuestos con facturas falsas del grupo PENTA, para financiar campañas de algunos políticos.Afirma que está harto de los privilegios y las maniobras que los políticos utilizan para su propio beneficio con los recursos de los chilenos. El pide que los chilenos ejerzan su poder ciudadano, y se unan a él pidiendo la renuncia de todos los involucrados en este caso. 

Ivan Moreira: Auto-renuncia al Congreso a todos los involucrados en el Caso Penta

Juan Pablo Pezo Dalmazzo 
Concepción, Chile
El caso Penta es un escándalo de corrupción, que indignó a todos los chilenos. Consistió nada menos que en evadir impuestos con facturas falsas del grupo Penta, para financiar campañas de algunos políticos. Es hora de que la ciudadanía comience a ejercer el poder que le concede la democracia, se exprese de manera libre, cívica y ejercer un control efectivo  sobre la élite  política.
Yo soy un ciudadano común que está harto de los privilegios y las maniobras que los políticos utilizan para su propio beneficio con nuestros recursos. Hago un llamado a todos los Chilenos y Chilenas para firmar esta campaña y a pronunciarse con fuerza, para que renuncien al Congreso los dirigentes de la UDI y todos los futuros involucrados. No podemos aceptar la  colusión entre política-dinero que está secuestrando los intereses del pueblo Chileno.
 El Senador Iván Moreira, la Senadora Ena Von Baer y la del  Diputado Ernesto Silva, deben renunciar por ser protagonistas de uno de los mayores casos de corrupción de la Historia Política de Chile.
Es interesante mencionar la reflexión hecha por Benito Baranda, Director de la organización internacional  América Solidaria, señalando " Lo que más me llama la atención, es que personas que se educaron en colegios de congregación religiosa y luego en la Universidad Católica, no hagan gala de los valores inculcados por estas instituciones”.  
 Ya renunció Sebastián Dávalos, hijo de la Presidenta Bachellet, por haber dañado la credibilidad  del Gobierno,  sirviéndose de la influencia del poder soberano que le concedió el pueblo Chileno a la actual Presidenta de Chile.
Ernesto Silva y los otros involucrados en el caso Penta, demostraron estar en política por sus propios intereses y para los intereses de quienes financian sus campañas. Estas personas no pueden seguir representando a los chilenos.
Ya es hora de hacer valer nuestro poder ciudadano, exigiendo que los que  viven de la política con suculentos sueldos tengan ética, una verdadera vocación pública para servirle a nuestro país y con  voluntad ciudadana  sacar de todo lo público a todos aquellos que les gusta demasiado el dinero.
Apóyame para que Chile casos como estos no sigan ocurriendo con impunidad, firma y comparte mi petición.

Mapucistas renegados tras los crímenes capitalistas

Informamos sobre la labor golpista proimperialista de José Miguel Insulza. Ahora, veremos algo sobre la falsa licenciatura (y por ende, del título de abogado) de Insulza, calificado por su adversario judicial, como “el hombre más temido en Chile después de Pinochet”. También nos referiremos al lobby del PS donde milita Carlos Montes, para echar tierra a las investigaciones de fraude tributario, para poner a cargo a un hijo de éste. Una Santísima Trinidad más: el Padre, el Hijo y el Espíritu del Lucro.
Informaciones, obtenidas del blog Justicia Nada Más, Pero Nada Menos, y de El Mostrador. Difundir.

Sabas Chahuán retoma sus funciones este martes 24

Fiscal Nacional retrocede y evalúa sacar a Montes de la arista SQM

A raíz de los amplios cuestionamientos públicos por la designación y desde sectores políticos incluido el bloque oficialista, el Ministerio Público estaría considerando revisar la decisión en torno a la causa que persigue determinar fraude tributario al interior de la empresa minera y que presuntamente incluye financiamiento irregular de campañas en el que hasta ahora aparecen involucrados parlamentarios de la Nueva Mayoría.
De vacaciones en México, el Fiscal Regional Metropolitano Centro Norte Andrés Montes se enteró de su designación a cargo del caso que involucra a la minera SQM, por un eventual fraude tributario en el que hasta ahora, aparecen vinculados parlamentarios de la Nueva Mayoría, a partir de la emisión de boletas presuntamente irregulares. Montes, según informa La Tercera, habría recibido la noticia con molestia ya que se enteró por la prensa de su designación y además sus nuevas funciones lo exponen a un cuestionamiento público ya que se ve como desplazando al fiscal Carlos Gajardo, quien hasta ahora había llevado la investigación desde la Fiscalía Oriente.
A esto se agrega el hecho de que Montes, es hijo del senador socialista Carlos Montes, del mismo partido que Fulvio Rossi, uno de los parlamentarios involucrados en esta arista, que surgió a partir del caso Penta. Este dato biográfico ha provocado que desde algunos sectores, incluyendo el bloque oficialista se haya cuestionado el ajuste. De hecho, fue el propio Carlos Montes, quien consideró “inadecuado” los cambios de fiscal y aunque no se refirió directamente a su hijo, se suma a otros sectores que sugieren a Andrés Montes que se inhabilite.
En este contexto, el Fiscal Nacional estaría evaluando que el escenario es adverso y por eso no descartaría la posibilidad de echar pie atrás en las designaciones cuando retome su trabajo el próximo martes 24 de febrero. Sabas Chahuán tendría en cuenta para su decisión el ambiente de tensión y cuestionamiento público que han generado estos ajustes,  vistos  inclusos  como un “golpe blanco” contra la gestión del fiscal Carlos Gajardo quién había logrado importantes avances en la investigación, abriendo la indagatoria hacia otros sectores políticos y no sólo la UDI que tiene a varios de sus militantes en el caso Penta.
Pero especialmente, Sabas Chahuán tendría en consideración   la posibilidad de que el propio Andres  Montes se inhabilite. Durante sus vacaciones, el Fiscal Metropolitano Centro Norte, se habría comunicado con Solange Huerta, a cargo de la Fiscalía Nacional, quien comunicó la decisión y con el propio Chahuán para expresar su “sorpresa” por  sus nuevas funciones.