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domingo, 3 de abril de 2016
ENTREVISTA A MARIANO PUGA. “Es una hipocresía votar contra el aborto y por otro lado votar 250 mil pesos de salario mínimo”
Padre Mariano Puga: “Es una
hipocresía votar contra el aborto y por otro lado votar 250 mil pesos de
salario mínimo”
El cura
obrero que hoy vive en Villa Francia, fue torturado en el mismo lugar que cada
Semana Santa visita en Vía Crucis.
Por Paloma Grunert
“Vamos a
saludar al Mariano” le dice un padre a su hijo. El joven accede con algo de
vergüenza. Pero no hay temor en su cara, es más bien timidez, emoción. Ambos lo
abordan y lo abrazan, de manera torpe y alegre. Ya son varios y varias los
que se han colgado al cuello de Mariano Puga, el cura que no parece cura y que
se ha llevado gran parte de la atención durante el Vía Crucis Popular,
empinando por José Arrieta, caminando debajo de los
aviones, desde Tobalaba hasta la mansa y herida Villa Grimaldi,
en Peñalolén.
Y ahí
está él, llevando a cada paso su metro ochenta y nueve de altura, silencioso,
siguiendo con voz dura el canto mientras mira el suelo: “Nosotros venceremos /
Nosotros venceremos / Sobre el odio, con amor / Algún día será / Cristo venció
/ Nosotros venceremos”. Puga recibe a todo el mundo, besa y abraza varias
mejillas, se deja abrazar y besar en las propias y luego camina un poco hasta
apartarse y concentrarse nuevamente en sí mismo, hacia adentro de todo lo suyo,
donde parece permanecer mucho rato, hasta que vuelve a cantar: “Y seremos
libres, y seremos libres / No tiene cadenas el amor / Viviremos en Paz”.
Puga
estudiaba Arquitectura en la Universidad Católica cuando abandonó la
carrera y a su novia por el sacerdocio, tras conocer las llamadas “poblaciones
callampas” durante su paso estudiantil. Alcanzó a trabajar como
párroco en Pudahuel y Villa Francia antes de ser detenido en 1974 y llevado a
Villa Grimaldi.
Me acerco
a Mariano aprovechando una pausa del recorrido, dentro de
una plaza ceñida por la sombra de los árboles. Me sonríe no como si
me conociera, sino como si me quisiera y me invita a que nos sentemos en unas
escaleras, “No me gustan las entrevistas, ahora que se murieron todos los
curas obreros, soy el único que queda, por eso no me gustan las
entrevistas” me dice antes de pegar su cara a la mía para escucharme mejor.
En su boca hay un suave aliento a pan fresco, a ternura. Un
olor que pacifica.
Padre,
usted trabajó en poblaciones que son muy emblemáticas por su lucha y su
organización, ¿Considera que la izquierda de hoy abandonó el trabajo
en poblaciones?
–A mí me tocó trabajar en las
poblaciones más puntudas durante la dictadura, donde había organizaciones
políticas, organizaciones sociales, comunidades cristianas populares,
donde todas esas organizaciones, sean de creyentes o sean de políticos tenían
una causa común: la lucha por los derechos humanos, por los derechos del
pueblo. Hoy día todo esto se ha diluido en una sociedad de mercado; y muchos y
muchas de los conductores, líderes de esa comunidad cristiana, líderes de esos
partidos, se han infiltrado en el sistema de mercado. Y esto ha
permitido que los poderosos, que los grandes poderes económicos y políticos
hacen hoy día lo que quieren con el pueblo, esa es la realidad.
¿Pero eso
también pasó con la izquierda en las poblaciones?
Hoy día
no hay izquierda. De izquierda son una serie de grupos que no tienen mucha
orgánica entre ellos, que están divididos entre ellos, que tienen propuestas
políticas distintas. Una de las cosas que ha logrado este sistema es
precisamente dividir la izquierda histórica.
Es cierto
eso. El año pasado, para las elecciones de la Federeación de Estudiantes
de la Universidad de Chile, fueron ocho las listas de izquierda que
compitieron entre ellas.
–¿Te das cuenta? Lo mismo que
pasa entre las comunidades cristianas con las conducciones que hay hoy, una
generación de pastores, de curas, que están en una línea muy distinta de la
opción de la Iglesia por los pobres, de la opción de la Iglesia por los
derechos humanos, la opción de la Iglesia por el protagonismo de los pobres y
de la Teología de la Liberación. Lo que está haciendo nuestro querido Papa
Francisco es tratar de recuperar esa Iglesia del evangelio, esa iglesia de los
pobres, pero los conductores de la Iglesia no están en la parada del Papa
Francisco. Lo admiran pero no lo imitan.
¿Se
refiere a conductores de la Iglesia como Ricardo Ezzati o Francisco
Javier Errázuriz, por ejemplo?
–Yo creo que más allá de la
persona, ellos también son el producto de una Iglesia que “involucionó”, o sea
que se metió en su problema interno y se olvidó del problema de los pobres, de
los excluidos de nuestras sociedades. Hoy día estos pastores, y nosotros
mismos, somos también herederos de una Iglesia que se olvidó de su origen, que
se olvidó del Jesús histórico, del Jesús de los últimos, de los sin
poder. Hoy día la Iglesia está mucho más comprometida con los poderosos
de este mundo, aún la jerarquía. Yo creo que el fenómeno de la Iglesia de
Osorno es uno más de los ejemplos dentro del conjunto: es una Iglesia que se
genera a espaldas del pueblo, es una Iglesia que se genera a espaldas de a
los que Jesús les dio el privilegio primero: felices ustedes los pobres,
felices los limpios, felices los que tienen hambre y sed de justicia. Esos eran
los primeros para Jesucristo. No son los primeros hoy día en la Iglesia.
Al cura Mariano se le cierra el
ojo derecho. Apenas puede abrirlo y si lo hace no logra mantenerlo así por
muchos segundos, se le vuelve a perder debajo de pliegues curtidos por el paso
de sus ochenta y dos años. El ojo izquierdo no, se mantiene abierto,
llevándose toda la atención que el otro no logra ostentar. Es un ojo
profundamente claro, sereno y transparente. Y desde ahí me habla, desde el
izquierdo claro, sereno y transparente.
En el
último tiempo el tema del aborto ha estado muy presente, tanto en el
Congreso como en la calle. ¿Qué opina usted de las intervenciones de
algunos parlamentarios de la UDI y RN durante la discusión del proyecto de
ley del aborto en tres causales?
–Yo creo que aquí hay una
exacerbación de toma de posiciones en que unos dicen “Estamos por la vida” y
otros dicen “Estamos contra el aborto”. Unos dicen “La persona tiene derechos
propios, independiente de los derechos de su madre” y otros dicen “La madre
puede hacer en su cuerpo lo que ella quiera”. Yo creo que aquí estamos
mostrando una sociedad pluricultural y de acuerdo con esa estructura,
pluriética. Y los cristianos no estamos acostumbrados a eso, la Iglesia, por
razón de ser, no sólo es anti-aborto, es también justicia del que ha nacido
porque se preocupa de toda la vida de esas personas. El problema acá son las
contradicciones que hay hoy día…
Paralelo a nuestra conversación,
los fieles del Vía Crucis comienzan a gritar “¡Mar para Bolivia, Mar para
Bolivia!”. “Mira qué lindo lo que están diciendo” me dice el padre, y continúa:
–Lo que me molesta a mí es que
aquí hay una especie de hipocresía, hay un doble estándar, hay una
esquizofrenia. Yo estoy en contra del aborto, pero pensemos por qué esa
mamá quiso abortarlo y toquemos las causas que producen ese aborto. Como
decimos en el evangelio: tener compasión de la situación de una madre porque
por los motivos a veces más atroces -y nos toca verlos a los curas- quiere
abortar; y muchas mamás son conscientes de eso: “Padre, tengo que
abortarlo porque no me queda otra, porque no tengo posibilidad de vida que
darle, porque no tengo posibilidad de amamantarlo”.
-Por eso
hay que tocar esos sistemas. La ley del aborto debe tocarse en toda en su
extensión, no sólo para que nazcan. Hay que jugársela en esta sociedad de
mercado que, como dice el Papa, es una sociedad que mata y que excluye. Yo soy
yo antes de nacer y tú eres tú antes de nacer. Entonces, ¿Qué es
jugársela contra el aborto? Es jugársela por la vida entera de esa
persona.
¿Y los
parlamentarios anti-aborto se la juegan por la vida entera de una persona,
o sólo por la vida cuando está en el vientre?
–Ese es un grupo que se la
juega contra el aborto; pero yo les dije “¿Por qué no vienen a
manifestarse con nosotros?”. Porque nosotros nos jugamos por esa persona hasta
que muera, o sea nos jugamos por darle a esa persona los mismos derechos a la
salud, a la vivienda, a la educación, a la dignidad. Y ahí es cuando
se produce una esquizofrenia que encuentro hipócrita: que es jugársela
contra el aborto y después no hacer nada proporcionado a la lucha que hacemos
para que haya justicia en un país de muerte. Eso es lo que encuentro hipócrita
en esto. Esos son los grandes poderes del capital, los poderes
económicos y políticos que justifican este sistema chileno, que es el
tercer país del mundo con mayor desigualdad de la distribución de los
bienes. Evidente que hemos hecho muchos progresos, pero cuando se discuta el
problema del salario mínimo en un país donde una minoría gana millones mientras
una mayoría sigue excluida, ¿Qué va a pasar?.
-¿Realmente
es tan importante la vida para esa persona cuando gana 200 millones
de pesos y le paga a sus obreros 250 mil pesos? Él sabe que no se puede vivir
con eso. Él votó en contra del aborto. Esa es la hipocresía delante de Jesús:
Votar contra el aborto y por otro lado votar 250 mil pesos de salario
mínimo.
-Ese es
nuestro problema. Si nos jugamos por la vida, juguémonos desde que hay
vida hasta que muere ese pobre, ese excluido, ese cabro que cayó en la droga,
esos que no tienen casa, esos que van a los hospitales y forman colas y esperan
meses. Juguémonos con la misma fuerza por las distintas etapas de las
vidas de las personas.
¿Usted
penalizaría a una mujer que abortó?
–Estamos en el año de la
misericordia, de la compasión. Es tan fácil dictar leyes, es tan fácil hacer
afirmaciones morales, universales, pero al mismo tiempo no tener compasión de
situaciones límites. A los curas nos toca ver esas situaciones límites a cada
rato; y les damos el perdón de Jesús. ¿Por qué la sociedad condena a
las mujeres que abortan sin auto-condenarse de haber producido
estructuras, sistemas económicos, políticos y culturales que excluyen a
millones y que hace que muchos piensen en el aborto porque no tienen ninguna
esperanza de que sus hijos puedan crecer en un Chile justo y fraterno?.
Padre,
¿Se considera feminista?
–Yo creo que no considerarse
feminista es considerarse inhumano, porque la raza humana somos mujeres y
hombres. Vivimos
en un mundo machista, para qué decir dentro de la Iglesia Católica, ahí ya
llegamos a la exageración. Las mujeres en la Iglesia son 3/4 de ella. Son las
que hacen la tarea de cada día. Pero cuando se trata de compartir con ella el
servicio del poder a la comunidad, no tiene ningún espacio. Eso es
machismo, y tendríamos que empezar por la Iglesia a repensar que Dios, nuestro
creador, nos hizo iguales en derechos. Yo creo que la Iglesia no puede hablar
mucho en una sociedad machista sin revisarse a ella también.
Y a esta
sociedad, además de machista, como usted dice, ¿Cómo la ve en cuanto a
otros derechos humanos? Una sociedad en la que tenemos la Constitución de
la dictadura, donde hay represión al pueblo Mapuche, donde hay
sindicalistas y dirigentes asesinados como Juan Pablo Jiménez o inmolados como
Marco Antonio Cuadra que se quemó a lo bonzo, con desaparecidos en democracia
como José Huenante, o con estudiantes agredidos al borde de la muerte
como Rodrigo Avilés.
–Creo que estamos viviendo uno de
los peores momentos en identidad chilena, en valores chilenos. Hemos hecho
progresos materiales evidentes en comunicaciones, en vivienda, en salud, en
educación, pero yo no sé si con los valores con los que vivimos hoy día los
chilenos estamos progresando o vamos para atrás. Yo creo que desde
el momento en que Chile aceptó entrar en el sistema de mercado, algo perdimos
del alma chilena. Eso que uno ve entre los pobres de las poblaciones
cuando se quema una casa, y antes de que la casa termine de quemarse, ya
unos vecinos se llevaron a los niños, y otros llegaron a
traerles cama, y otros los invitan a comer a su casa; O las mingas de
Chiloé; o las formas de solidaridad que vivimos durante la
dictadura. Lo que hoy día mueve el alma de Chile no es la fraternidad, no
es la preocupación por los excluidos. Hoy lo que nos mueve a los
chilenos -y esto lo digo con profundo dolor- es el mercado, es
tener, es acumular, aun cerrando los ojos y el corazón a los que están
excluidos. Y eso, a la luz del evangelio es una sociedad de malditos, como
diría Jesús. Yo creo que Jesús maldice a una sociedad en que se excluye la
fraternidad, en que se excluye la compasión con el débil y con el pobre. Y en
ese sentido estamos viviendo tal vez una de las crisis morales más profundas de
Chile.
El padre es interrumpido por dos
niños que le entregan una carta manchada de colores y le piden una foto.
Mariano Puga está cansado, pero aun así se pone de pie, me mira y me dice
que debe regresar, que debería yo también no perderme los discursos que se
están pronunciando, discursos que hablan del medio ambiente, de las comunidades
indígenas, discursos como los de Alicia Lira, Presidenta de la Agrupación de
Familiares de Ejecutados Políticos, que exige “Justicia plena y no a medias” y
todos aplauden y algunos se emocionan. Y entonces el padre Mariano se aleja con
sus chalas de cuero y sus uñas roídas y sus dedos curvos y
callosos debajo de jeans anchos y camisa a cuadros de color violeta o
gris, no se sabe, depende del sol, del remanso de la copas de los árboles.
Todos vuelven a caminar. A la
cabeza del Vía Crucis va la siempre sonriente madre Karoline Meyer,
símbolo de las religiosas de la Teología de la Liberación, con su carita
pequeña repartiendo papeles con cánticos populares para acompañar las
guitarras. Llegan a las puertas de Villa Grimaldi. Allí Mariano Puga fue
detenido y torturado en 1974, después estuvo en Tres Álamos. Luego del
exilio en Perú trabajó varios años como párroco de La Legua hasta que
se fue a Chiloé, desde donde regresó hace dos años para instalarse en
Villa Francia.
Apenas cruza el umbral y
entra al parque Villa Grimaldi, el padre se recoge. Saluda, sí, con afecto, sí;
pero no quiere más fotos. Se sienta en un rincón a escuchar en silencio, lejos
del protagonismo de su presencia, pero no puede decir que no cuando le
piden un sermón final. Erguido, serio, de pie, toma el micrófono y dice:
“Los invito a repetir conmigo: Felices los pobres, porque de ellos es el
reino. Felices los perseguidos por buscar el bien, porque serán llamados los
hijos de Dios. Felices los hambrientos de justicia, porque serán saciados”. Y
cierra los ojos. Ambos. El que siempre está cerrado y el que siempre
permanecerá abierto.
ENLACE
RELACIONADO:
Fuente: "Opcion por los pobres Chile- tambien somos iglesia".
SI TU Y YO
NO HACEMOS "LÍOS" A CORRUPTOS Y ABUSADORES, Y NO CUIDAMOS NUESTRA
CASA COMÚN... ¿¡ENTONCES QUIÉN!?
Jesús fue ayer en el templo y ahora:
"UN INDIGNADO"
Padre Mariano Puga y pastor Gustavo Vergara en acto de memoria del
50° aniversario de la muerte de Camilo Torres.
Iglesia Comunidad de Cristo, Conchalí
Padre Mariano Puga en acto de memoria del
50° aniversario de la muerte de Camilo Torres.
Iglesia Comunidad de Cristo, Conchalí
domingo, 6 de julio de 2014
LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, ¿UNA ANCIANA MORIBUNDA?
Este artículo nos invita a la
reflexión.
Creo que para nosotr«s
no se trata de establecer si el Presidente del CELAM miente, sino de
diagnosticar (desde el mundo popular) si hay factores que hacen que la Teología
de la Liberación esté en crisis. Que digamos qué signos de vitalidad presenta
la TL, qué situaciones se han vivido en los últimos 20 ó 30 años que nos
demuestren que esta línea de pensamiento-acción está en crecimiento, como toda
fuerza viva.
Es cierto que hay una crisis de visibilidad
en la Iglesia popular. En nuestro país, sólo conocemos de ella a través de
algunos rituales de memoria: Via Crucis en Viernes Santo, Misa de Joan Alsina y
unas pocas conmemoraciones más; algunas publicaciones virtuales como esta
misma.
Es cierto que ha disminuido el
número de agentes pastorales en ejercicio pleno, que comparten la TL como forma
inspiradora de fe y vida. ¿Hay suficiente relevo frente al retiro o la pascua
de nuestr«s
antigu«s
conductor«s?
Pero ello es consecuencia de la crisis de vocaciones que es transversal a toda
la Iglesia.
Frente al auge del evangelismo
(financiado por el imperialismo), ¿qué ofrece la Iglesia Popular?
Cuando hay situaciones
escandalosas (como el maltrato y pésima remuneración de la Fundación Hogar de Cristo
frente a sus trabajador«s,
obligad«s
a deponer su huelga), ¿qué queda como conclusión?
Es comprensible que se produzca
la laicización de l«s
activistas cristian«s.
Es más, es conveniente que ést«s entreguen sus fuerzas en otros
ambientes, como la política popular, el activismo social, ambiental, su
identidad con sus territorios y pueblos de origen. Pero sin abandonar el campo
de la fe revolucionaria.
También hay que destacar que para
no poc«s
de nosotr«s,
esta fe es la que sostiene el quehacer en un mundo tan adverso. Que hay una
forma de hacer política con espiritualidad, donde no todo es conveniencia
personal, no todo puede ser “políticamente correcto”, porque hay una ética y
unos valores que nos obligan en conciencia.
Si Aguiar cree necesario haya una "teología de la liberación con una base bíblico espiritual", ello no es incorrecto en el fondo, pero esta corriente siempre ha existido en la TL. No se crea que ésta no está inspirada en el Evangelio, comúnmente citado por esta teología. Pero también es correcto que esta línea puede y debe ser acentuada, en respaldo de la acción y del pensamiento.
Por último, el declarar
muerta a una institución transformadora parece ser una táctica comunicacional
para hacernos creer que es así, para crear un hecho. Así han tratado de hacer
con nuestro Movimiento (Ver: 45 años del MAPU. Akí estamos - CONMEMORAMOS 45º
ANIVERSARIO DEL MAPU).
No busquen entre los muertos al
que está vivo.
Queridas y estimados Compañer@s
Un saludo Fraterno
Les envío interesante artículo sobre la Teología de la Liberación, que
puede servir para la reflexión personal y/o comunitaria.
Fraternalmente.
Isolemio Alejandro Toledo
Forestal + I.C.
LA
TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, ¿UNA ANCIANA MORIBUNDA?
JUAN
JOSÉ TAMAYO
“Efectivamente, las figuras relevantes de la
Teología de la Liberación (TL) son personas ancianas y, como tal, como la
expresión de lo que fue, está muy está anciana, si no es que ya está muerta...
Hoy en día no está más el tema de la teología de la liberación, que había sido
planteada con una base sociológica que no cuadraba con la base teológica”.
No, no son afirmaciones estas de sectores
lefebvristas, neoconservadores o integristas, ni de la Congregación para la
Doctrina de la Fe, tan propensa a desacreditar las tendencias teológicas que no
coinciden con la teología romana. Han sido pronunciadas por monseñor Carlos
Aguiar Retes, todopoderoso presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano
(CELAM), y difundidas por la Agencia Católica de Información ZENIT. Las ha
hecho en un momento tan significativo como el encuentro del CELAM con el papa
Francisco, cuando el Vaticano está dando muestras de acercamiento a dicha
teología.
Ante las críticas recibidas por tamaño
desprecio hacia la TL, el propio arzobispo Aguiar ha querido matizarlas en unas
declaraciones a Noticelam, pero, a mi juicio, se ha puesto más en evidencia su
rechazo hacia dicha teología. Recuerda la existencia de una corriente basada
“en el análisis marxista que llevó a una ideologización del mensaje evangélico”
y cree necesario re-direccionarla a través del desarrollo de “una teología de
la liberación con una base bíblico espiritual”.
¿Qué revelan las primeras afirmaciones tan
irrespetuosas en boca de un dignatario tan cualificado como mal encarado de la
Iglesia católica, que se arroga la representación de varios cientos de millones
de católicos del continente y las segundas declaraciones tan desenfocadas sobre
la teología de la liberación: ignorancia, manipulación o, más sencillo todavía,
confundir el deseo con la realidad? Fuere una cosa, otra, la tercera o las tres
a la vez, me gustaría informar, siquiera someramente, al presidente del CELAM
del estado actual de la Teología de la Liberación (TL), que hoy está muy lejos
de la ancianidad y mucho más todavía de la muerte.
La TL, nacida en América Latina a finales de
la década de los sesenta del siglo pasado –apenas ha cumplido 45 años- es una
de las corrientes más creativas del pensamiento cristiano nacidas en el Sur,
lejos de los centros de poder político, económico y religioso, con señas de
identidad y estatuto teológico propios. No es, por tanto, una sucursal de la
teología elaborada en el Norte. Todo lo contrario: ha quebrado el
norte-centrismo teológico, sea el moderno o el postmoderno, el europeo o el
norteamericano.
Viene siendo objeto de sospecha desde sus
orígenes, y muy especialmente durante los pontificados de Juan Pablo II y
Benedicto II. Ha recibido acusaciones de lo más gruesas e indemostrables como
defender la violencia, ser una sucursal del marxismo, introducir la lucha de
clases en la Iglesia, politizar partidistamente el cristianismo... Muchos de
sus cultivadores han sido condenados, destituidos de sus cátedras y sus libros
sometidos a una férrea censura. La más grave de las condenas -comparable a la
del Syllabus del papa Pío IX contra el modernismo-, fue la
llevada a cabo por la Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de
la Liberación, de 1984, redactada por el cardenal Ratzinger cuando era
presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y ratificada por Juan
Pablo II.
Mas, a pesar de la persecución de que ha sido
objeto, la TL no se ha rendido a la ortodoxia vaticana, ni ha renunciado a sus
primeras intuiciones ni al principio-liberación, pero tampoco se ha quedado en
la foto fija de sus orígenes, ya que no es una teología perenne, inmune a los cambios, ni de la
razón pura, sino una teología de la razón práctica, histórica, in fieri,
que se reformula y reconstruye en los nuevos procesos de liberación.
Lo mismo que la TL en sus orígenes intentó
responder a los desafíos sociales, económicos, religiosos, espirituales,
culturales del continente latinoamericano, hoy sigue haciéndolo y se elabora a partir de los nuevos sujetos que están
emergiendo y protagonizan los cambios estructurales en la sociedad y en las
religiones: las mujeres doble o triplemente oprimidas por las dictadura del
patriarcado, del capitalismo y del colonialismo en alianza, la Tierra, sometida
a la depredación del sistema de desarrollo científico-técnico y económico
voraz, el campesinado sin tierra, los pueblos indígenas y las comunidades
afroamericanas, humilladas durante siglo de dominación imperial, las
colectividades, cada vez más numerosas, excluidas por mor de la globalización
neoliberal, las religiones otrora destruidas por el cristianismo imperial, las
identidades estigmatizadas y perseguidas.
Son todas ellas alteridades
negadas que conforman los diferentes rostros de la pobreza y la marginación, a
quienes la TL reconoce como sujetos activos, consciente de que se están
empoderando y, desde su empoderamiento, contribuyen a la superación del
racismo, el sexismo, el clasismo, la homofobia, así lideran la lucha contra los
etno-cidios, geno-cidios y bio-cidios causados por el paradigma de desarrollo
de la modernidad occidental.
De aquí han surgido nuevas tendencias teológicas de la
liberación, todas ellas contra-hegemónicas: teología feminista, indígena,
afrodescendiente, campesina, ecológica, queer, teología del
pluralismo religioso, de la diversidad sexual. Todo un mosaico de teologías y
sabidurías que conforman el plural panorama de la TL, que no es una anciana
moribunda, sino que sigue viva y activa intentando responder a los nuevos
desafíos del continente latinoamericano.
Hoy está presente en todo el Sur, pero
también en los ámbitos de marginación del Norte y se ha hecho visible en el
Foro Social Mundial, donde ha creado su propio espacio religioso
alter-globalizador, el Foro Mundial de Teología y Liberación, que cuestiona las
creencias crédulas, revoluciona las conciencias de los creyentes y no creyentes
y pretende transformar sus prácticas alienantes en emancipatorias desde la
convicción de que “Otra teología es posible” ¡y necesaria! en plena sintonía
con la consigna de los Foros Sociales “Otra epistemología es posible!” y con
las epistemologías del Sur que se están desarrollando en las diferentes
disciplinas y saberes.
Si
monseñor Aguiar Retes quiere enterrar la teología de la liberación, debe saber
que lo hará con una realidad viva, y eso es un delito mayor y más grave que el
de considerarla anciana o muerta. ¡Qué lejos está el actual presidente del
CELAM de los obispos que dijeron adiós al paradigma de la Iglesia
conquistadora, colonial y desarrollista de la conquista e iniciaron el
paradigma de la Iglesia de la liberación en la II Conferencia del Episcopado
Latinoamericano en Medellín en 1968! Estos pusieron las bases de la Iglesia de
los pobres, que el papa Francisco quiere recuperar. Con sus declaraciones,
monseñor Retes lo que hace es dinamitar dichas bases.
Juan
José Tamayo es director de la
Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría” de la
Universidad Carlos III. Sus libros más recientes son: La teología de la
liberación en el nuevo escenario político y religioso (Tirant lo
Blanch, 2010); Otra teología es posible. Pluralismo religioso,
interculturalidad y feminismo (Barcelona, 2011); Invitación a la
utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid,
2012); Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta,
Barcelona, 2013).
La pobreza, la exclusión y la desigualdad debilitan el funcionamiento democrático de la
sociedad.
SI TU y YO NO LE HACEMOS LÍOS A LOS ABUSADORES... ¿¡ ENTONCES QUIEN ?!
Jesús fue ayer en el templo y ahora : "UN INDIGNADO"
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| Se nos va gente muy entrañable y necesaria. Pero esta es una carrera de relevos y ahora les toca a otr«s |
viernes, 22 de marzo de 2013
René Rodríguez Guajardo, asesinado bajo experimentación médica que le hizo producir cáncer
Carlos Ruiz
Conocí a René Rodríguez Guajardo, un día en que fui a la sede del MAPU
en la calle San Isidro. Era noviembre o diciembre de 1970, recién habíamos
triunfado con el compañero Allende. En aquél tiempo, un día de octubre los ultraderechistas
asesinaron al padre de un militante de nuestro Movimiento, el que se llamaba
como el hijo: René Schneider. La muerte del general no consiguió armar un clima
golpista, por el momento, y el compañero Allende pudo llegar a la Moneda el 3 de noviembre. Al
comenzar noviembre, el MAPU se reunió en su primer congreso para decidir su
programa, y la gran mayoría había optado por trabajar para que el Movimiento se
hiciese un PARTIDO PROLETARIO. Había sido elegido como Secretario General Rodrigo
Ambrosio Brieva, y como Secretario Regional de Santiago, René Rodríguez.
La consigna central, A CONVERTIR LA VICTORIA EN PODER Y EL PODER EN
CONSTRUCCIÓN SOCIALISTA.
Teníamos la sede regional en San Isidro 458, y había que pintar,
limpiar, encerar la vieja casona. Allí estaba yo, pintando arriba de una
escalera, cuando vi aparecer al compañero que después supe era mi jefe
regional. Me llamó la atención su sencillez, irradiaba un carisma de joven
conductor, con estampa campesina, con patillas que hacían de él un nuevo Manuel
Rodríguez. También puso manos a la obra. Compartimos las tareas de la
construcción del Movimiento y el apoyo al proceso de cambios hacia el
socialismo. Cuando el 2º Distrito del MAPU se transformó en Regional Norte-Costa,
quedamos en compartimentos distintos aunque las tareas y las ideas eran en común.
Y así hasta que el golpe de 1973 nos dispersó y el compañero René estuvo
obligado a dirigirse al exilio.
Volvimos a vernos por 1999-2000, compartiendo ideas y vivencias acerca
del estudio de la cultura mapuche. René era admirador del pueblo mapuche, y
entregó su aporte a través de la abnegada labor de preparar y publicar un libro,
en los tiempos en que la dictadura pretendía dar un zarpazo a las tierras
mapuche y exterminar su cultura. Su aporte hasta hoy es valorado por estudiosos
mapuche (lo que lo califica altamente), pese a que no tuvo acceso a importante
información de la cultura mapuche y no logró compenetrarse plenamente del
pensamiento y cosmovisión. Después hizo una segunda edición y pocos años después
enfermó y falleció lejos de nosotros.
Buscando una imagen de René Rodríguez, para ilustrar la edición
electrónica de El Trabajo, periódico del Partido de los Trabajadores PT,
encontré una foto en Internet. Al entra a la página donde estaba, encontré este
artículo escrito por su amiga Magdalena Astudillo.
René recibió un trasplante de páncreas sin su conocimiento, y desde
entonces enfermó hasta morir.
Hoy, en que los pueblos de Nuestra América lamentamos la prematura
partida del compañero Presidente Hugo Chávez Frías, y ponemos la mirada en las
manos del imperialismo norteamericano, que mata a distancia y bajo
procedimientos biológicos, bien podemos comprender que lo que plantea el
artículo es cierto.
Ni la familia ni alguno de sus amigos nos había compartido esta
información. Tenemos que sacarla del olvido. Posiblemente alguien descalifique
el testimonio de la autora. Pero el conocimiento de esta versión de su muerte,
nos lleva a que tenemos que sospechar que fue hecho víctima de experimentación
médica y exigir explicaciones a las autoridades suecas de salud.
Como las víctimas del holocausto de Hiroshima y Nagasaki, que mueren décadas
después de la masacre, por las secuelas de la atroz irradiación, René fue víctima
directa de la tiranía de Pinochet, la oligarquía y los poderes que dirigieron
el golpe de 1973, que lo llevó al exilio donde pasó a ser victimizado en forma
aun más grave. Y fue víctima del sistema médico sueco, tributario a la
mentalidad y a los intereses del capitalismo de Occidente, para el cual la
salud es mercancía y la muerte es parte del proceso de producción de ese bien
que es transado en el mercado.
Si alguien cree que la muerte de René Rodríguez debe ser investigada y
esclarecida, si alguien tiene informaciones que lo confirmen, o si sabe de
otras víctimas de situaciones similares, le agradeceremos ponerse en contacto
con nosotros.
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René Rodríguez,
salud,
Suecia
domingo, 7 de marzo de 2010
Señor Villegas, la sociedad chilena está efectivamente enferma...pero de neoliberalismo!!!
Respuesta a artículo "La pistola al cuello" de Fernando Villegas
Por Manuel Ossa, investigador Plataforma Nexos y del Centro Ecuménico Diego de Medellín.
En un comentario en el diario La Tercera[1], Fernando Villegas hace uso de su excelente pluma castellana, y también de su arte de sofista, para confirmar, desde su propia interpretación, los miedos y prejuicios de sus admiradores sobre hechos que, en torno al terremoto, nos han conmovido a todos.
A estos hechos se los ha descrito - no sólo bajo la pluma de Villegas - como “saqueo”, “pillaje” y “vandalismo”, y se los ha calificado de “robo” y, consiguientemente, de “delito”.
No descartamos que haya habido delitos y robos propiamente dichos en las acciones ocurridas en varios supermercados de diversas ciudades y pueblos. En efecto, hemos visto en las pantallas de TV a muchachos llevándose lavadoras y otros electrodomésticos. Hemos sabido de la existencia de mercado negro de productos básicos, por lo que no descartamos que también se hubieran cometido delitos en la adquisición de estos bienes que se revendían a precios elevados.
Sin embargo, rechazamos, como método sesgado de análisis, el tomar la “parte por el todo”. Lo que en letras es una figura o tropo llamado metonimia y sirve para enfocar el aspecto más importante de una cosa o hecho, en manos de un analista social, como quiere serlo Villegas, se convierte en un instrumento tan poco fino y tan dañino como lo sería un mazo, en vez de la llave, para abrir una puerta, - en este caso, la puerta que diera acceso a la interpretación de una realidad compleja.
La situación era, para muchas madres y padres de familia – los mismos que podemos encontrar en el bus o en la oficina, como dice Villegas -, no sólo compleja, sino perpleja. ¿Qué hacer para darles pan y leche a los niños, ponerles pañales a las guaguas, en suma, para alimentar a la familia en momentos en que todavía la autoridad estaba evaluando la catástrofe? La Presidenta en ejercicio y el Presidente electo sobrevolaban en helicóptero las zonas siniestradas. Fuera de esos ruidos de motores representando al Estado, no se oían aún los de los aviones o camiones que podrían traer, como lo hicieron hacia Haití, las vituallas indispensables.
En efecto, cuando lo indispensable falta y no se prevé cuándo ni cómo se lo podría adquirir, entonces se está frente a un caso de “necesidad extrema”. Y éste es el que define la perplejidad en que se encontraban muchos padres y madres de familia: ¿qué hacer? ¿pedirle al vecino? ¿o sacar lo indispensable allí donde se encuentra almacenado? Pero, ¿no es esto robo?
Para quienes hemos sido educados bajo el lema de la inviolabilidad de la propiedad privada, la figura del “delito” está clara. Sin embargo, un moralista tan conspicuo y ajeno a cualquier contagio ideológico de “izquierdas” como Tomás de Aquino (un
teólogo del siglo XII y “santo” de la Iglesia Católica) escribe repetidas veces, invocando la autoridad de San Ambrosio de Milán, un “Padre de la Iglesia” católica, que “en caso de extrema necesidad, todas las cosas son comunes”[2]. Claro, Tomás de Aquino tenía una pluma y una mente sin prejuicios, ni los de izquierdas, como decíamos, pero tampoco los de impío individualismo que se nos ha venido inculcando desde la época del primer mercantilismo mundial, pero sobre todo en nuestros días de implacable y globalizado neoliberalismo.
En la misma sección de la anterior cita, Tomás de Aquino escribe una frase que hoy le sería devuelta con el apelativo de “comunista” a quien quisiera repetirla. La repito, pues, aun exponiéndome a ese “peligro” (si lo fuera…): “Se puede hablar de riquezas injustas, es decir, de desigualdad a causa de la repartición desigual que hace que, estando uno en la indigencia, viva otro en la abundancia”[3].
Esa es la razón por la cual se produce de pronto una “necesidad extrema” que no podemos entender cabalmente, en toda su angustia visceral y epidérmica, quienes vivimos “en la abundancia”. Y en esa “necesidad extrema” se fundamenta no sólo el impulso, sino también el derecho a hacerse de aquellos bienes indispensables que han sido devueltos, por la naturaleza misma de las cosas, desde la propiedad privada a la propiedad común o comunitaria.
Villegas le da también con el mazo cuando busca las causas de que ésta, la chilena, sea una “sociedad enferma”, como él la diagnostica. Pues, según él, el “comburente” que le da persistencia a la “mezcla explosiva” de desigualdad, por un lado, y de “aspiraciones adquisitivas”, por otro, es nada menos que “la hegemonía ideológica de las doctrinas acerca de los derechos humanos”.
Interpretando la frase según su tenor gramatical estricto, parece que Villegas no pone en tela de juicio las doctrinas acerca de los derechos humanos, sino sólo la “hegemonía ideológica” con la que se las habría puesto en práctica, con supuestas consecuencias desastrosas para el cuidado del orden público. Hay, pues, aquí un juicio político sobre la aplicación judicial de las mismas. Según él, habría operado una “hegemonía ideológica”, es decir, algo así como una dictadura, que habría impuesto “lenidad y obsecuencia” en su aplicación práctica judicial y legal. Es una crítica grave que toca a la Judicatura chilena. Pero, más allá de ello, es un desconocimiento, a estas alturas mañoso, insultante y, esta vez sí que ideológico, de las muertes, desaparecimientos y de todo lo que sufrieron cientos y miles de ciudadanos durante la dictadura militar.
Villegas le da no sólo con el mazo, sino con la pistola, cuando llega a felicitar con el epíteto de “valiente” al carabinero que amenazó con su arma a un delincuente. Admitamos que éste sea un verdadero “delincuente”. Pero por algo en Chile se suprimió la pena de muerte… ¿Cuál habría sido el juicio si la pistola hubiera sido gatillada? ¿Se justificaría la muerte de un muchacho como castigo de un robo que se realiza en circunstancias en que otras personas están legítimamente haciendo uso de su derecho a la vida mediante la recuperación de bienes indispensables que, como lo hemos argumentado, por la situación misma de “necesidad extrema”, han sido devueltos como comunes?
Manuel Ossa Bezanilla
teólogo del siglo XII y “santo” de la Iglesia Católica) escribe repetidas veces, invocando la autoridad de San Ambrosio de Milán, un “Padre de la Iglesia” católica, que “en caso de extrema necesidad, todas las cosas son comunes”[2]. Claro, Tomás de Aquino tenía una pluma y una mente sin prejuicios, ni los de izquierdas, como decíamos, pero tampoco los de impío individualismo que se nos ha venido inculcando desde la época del primer mercantilismo mundial, pero sobre todo en nuestros días de implacable y globalizado neoliberalismo.
En la misma sección de la anterior cita, Tomás de Aquino escribe una frase que hoy le sería devuelta con el apelativo de “comunista” a quien quisiera repetirla. La repito, pues, aun exponiéndome a ese “peligro” (si lo fuera…): “Se puede hablar de riquezas injustas, es decir, de desigualdad a causa de la repartición desigual que hace que, estando uno en la indigencia, viva otro en la abundancia”[3].
Esa es la razón por la cual se produce de pronto una “necesidad extrema” que no podemos entender cabalmente, en toda su angustia visceral y epidérmica, quienes vivimos “en la abundancia”. Y en esa “necesidad extrema” se fundamenta no sólo el impulso, sino también el derecho a hacerse de aquellos bienes indispensables que han sido devueltos, por la naturaleza misma de las cosas, desde la propiedad privada a la propiedad común o comunitaria.
Villegas le da también con el mazo cuando busca las causas de que ésta, la chilena, sea una “sociedad enferma”, como él la diagnostica. Pues, según él, el “comburente” que le da persistencia a la “mezcla explosiva” de desigualdad, por un lado, y de “aspiraciones adquisitivas”, por otro, es nada menos que “la hegemonía ideológica de las doctrinas acerca de los derechos humanos”.
Interpretando la frase según su tenor gramatical estricto, parece que Villegas no pone en tela de juicio las doctrinas acerca de los derechos humanos, sino sólo la “hegemonía ideológica” con la que se las habría puesto en práctica, con supuestas consecuencias desastrosas para el cuidado del orden público. Hay, pues, aquí un juicio político sobre la aplicación judicial de las mismas. Según él, habría operado una “hegemonía ideológica”, es decir, algo así como una dictadura, que habría impuesto “lenidad y obsecuencia” en su aplicación práctica judicial y legal. Es una crítica grave que toca a la Judicatura chilena. Pero, más allá de ello, es un desconocimiento, a estas alturas mañoso, insultante y, esta vez sí que ideológico, de las muertes, desaparecimientos y de todo lo que sufrieron cientos y miles de ciudadanos durante la dictadura militar.
Villegas le da no sólo con el mazo, sino con la pistola, cuando llega a felicitar con el epíteto de “valiente” al carabinero que amenazó con su arma a un delincuente. Admitamos que éste sea un verdadero “delincuente”. Pero por algo en Chile se suprimió la pena de muerte… ¿Cuál habría sido el juicio si la pistola hubiera sido gatillada? ¿Se justificaría la muerte de un muchacho como castigo de un robo que se realiza en circunstancias en que otras personas están legítimamente haciendo uso de su derecho a la vida mediante la recuperación de bienes indispensables que, como lo hemos argumentado, por la situación misma de “necesidad extrema”, han sido devueltos como comunes?
Manuel Ossa Bezanilla
viernes, 5 de marzo de 2010
ÉTICA Y MORAL... UNA NECESARIA ACLARACIÓN.
¿Qué es ética y que es moral? ¿Son lo mismo o hay que hacer distinciones entre ellas? Hay mucha confusión acerca de esto.
Por Leonardo Boff
Tratemos de aclararlo. En el lenguaje corriente e incluso culto, ética y moral son sinónimos. Así decimos: \"aquí hay un problema ético\" o \"un problema moral\". Con eso emitimos un juicio de valor sobre alguna práctica personal o social, si buena, mala o dudosa.
Pero profundizando la cuestión, percibimos que ética y moral no son sinónimos. La ética es parte de la filosofía. Considera concepciones de fondo, principios y valores que orientan a personas y sociedades. Una persona es ética cuando se orienta por principios y convicciones. Decimos entonces que tiene carácter y buena índole. La moral forma parte de la vida concreta. Trata de la práctica real de las personas que se expresan por costumbres, hábitos y valores aceptados. Una persona es moral cuando obra conforme a las costumbres y valores establecidos que, eventualmente, pueden ser cuestionados por la ética. Una persona puede ser moral (sigue las costumbres) pero no necesariamente ética (obedece a principios).
Estas definiciones, aunque útiles, son abstractas porque no muestran el proceso, cómo surgen efectivamente la ética y la moral. Y aquí los griegos pueden ayudarnos.
Ellos parten de una experiencia de base, siempre válida, la de la morada entendida existencialmente como el conjunto de las relaciones entre el medio físico y las personas. Y llaman a la morada, \"ethos\" (con e larga en griego). Para que la morada sea morada, hay que organizar el espacio físico (cuartos, sala, cocina) y el espacio humano (relaciones de los moradores entre sí y con sus vecinos) según criterios, valores y principios para que todo fluya y esté como se desea. Eso da carácter a la casa y a las personas. Los griegos también llaman a esto \"ethos\". Nosotros diríamos ética y carácter ético de las personas.
Además, en la morada, los moradores tienen costumbres, maneras de organizar las comidas, los encuentros, modos de relacionarse, tensos y competitivos o armoniosos y cooperativos. A esto los griegos también lo llamaban \"ethos\" (con e corta). Nosotros diríamos moral y la postura moral de una persona.
Sucede que esas costumbres (moral) forman el carácter (ética) de las personas. Winnicot, continuando a Freud, estudió la importancia de las relaciones familiares para establecer el carácter de las personas. Éstas serán éticas (tendrán principios y valores) si han tenido una buena moral (relaciones armoniosas e inclusivas) en casa.
Los medievales no tenían las sutilezas de los griegos. Usaban la palabra moral (viene de mos/moris) tanto para las costumbres como para el carácter. Distinguían la moral teórica (filosofía moral), que estudia los principios y las actitudes que iluminan las prácticas, y la moral práctica, que analiza los actos a la luz de las actitudes y estudia la aplicación de los principios a la vida.
¿Cuáles son la ética y la moral vigentes hoy? Las del capitalismo. Su ética dice: bueno es lo que permite acumular más con menos inversión y en el menor tiempo posible. Su moral concreta reza: emplear la menor cantidad de gente posible, pagar menos salarios e impuestos y explotar mejor la naturaleza. Imaginemos cómo sería una casa y una sociedad (ethos) que tuviesen tales costumbres (moral/ethos) y produjesen caracteres (ethos/moral) igualmente conflictivos. ¿Sería todavía humana y benéfica para la vida? Aquí está la razón de la grave crisis actual.
Tratemos de aclararlo. En el lenguaje corriente e incluso culto, ética y moral son sinónimos. Así decimos: \"aquí hay un problema ético\" o \"un problema moral\". Con eso emitimos un juicio de valor sobre alguna práctica personal o social, si buena, mala o dudosa.
Pero profundizando la cuestión, percibimos que ética y moral no son sinónimos. La ética es parte de la filosofía. Considera concepciones de fondo, principios y valores que orientan a personas y sociedades. Una persona es ética cuando se orienta por principios y convicciones. Decimos entonces que tiene carácter y buena índole. La moral forma parte de la vida concreta. Trata de la práctica real de las personas que se expresan por costumbres, hábitos y valores aceptados. Una persona es moral cuando obra conforme a las costumbres y valores establecidos que, eventualmente, pueden ser cuestionados por la ética. Una persona puede ser moral (sigue las costumbres) pero no necesariamente ética (obedece a principios).
Estas definiciones, aunque útiles, son abstractas porque no muestran el proceso, cómo surgen efectivamente la ética y la moral. Y aquí los griegos pueden ayudarnos.
Ellos parten de una experiencia de base, siempre válida, la de la morada entendida existencialmente como el conjunto de las relaciones entre el medio físico y las personas. Y llaman a la morada, \"ethos\" (con e larga en griego). Para que la morada sea morada, hay que organizar el espacio físico (cuartos, sala, cocina) y el espacio humano (relaciones de los moradores entre sí y con sus vecinos) según criterios, valores y principios para que todo fluya y esté como se desea. Eso da carácter a la casa y a las personas. Los griegos también llaman a esto \"ethos\". Nosotros diríamos ética y carácter ético de las personas.
¿Cuáles son la ética y la moral vigentes hoy? Las del capitalismo. Su ética dice: bueno es lo que permite acumular más con menos inversión y en el menor tiempo posible. Su moral concreta reza: emplear la menor cantidad de gente posible, pagar menos salarios e impuestos y explotar mejor la naturaleza. Imaginemos cómo sería una casa y una sociedad (ethos) que tuviesen tales costumbres (moral/ethos) y produjesen caracteres (ethos/moral) igualmente conflictivos. ¿Sería todavía humana y benéfica para la vida? Aquí está la razón de la grave crisis actual.
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