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sábado, 1 de noviembre de 2014

Cultura y revolución venezolana visitan Huechuraba

En la casa de la cultura de Huechuraba fue inaugurada la exposición de pinturas “Bolívar y Chávez”, por iniciativa de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela y de la Municipalidad de Huechuraba.

El acto inaugural contó con la presencia del Embajador de Venezuela, Arévalo Méndez Romero y del alcalde de Huechuraba, Carlos Cuadrado Prats. En sus intervenciones, destacaron los valores universales y latinoamericanos encarnados en las figuras del libertador Simón Bolívar y del recordado Presidente Hugo Chávez.

Las pinturas del maestro Omar Cruz muestran los rostros de Bolívar y de Chávez en diversas fases de sus vidas, uniendo realismo y creatividad.

El conjunto Ensamble Venezuela trajo las melodías de su país, así como el grupo Ray Mapu de San Joaquín (Región Metropolitana) ejecutó la danza típica, el joropo. Los primeros explicaron las partes y modalidades del joropo y su significado.

El gobierno de la república hermana y su Embajada en nuestro país, están difundiendo la cultura venezolana y acercándola a los sectores populares. Por eso es sumamente plausible esta iniciativa, que nos permite ver la pintura y tener contacto directo con la música y los y las artistas de Venezuela, así como con los chilenos y chilenas que cultivan el folklore del hermano país, junto con destacar los valores y los logros de la Revolución Bolivariana.

El público estaba constituido principalmente por poblador«s de Huechuraba, el combativo sector popular que supo luchar con valor contra la dictadura; se destacó la presencia de algunas pu lamgen de una de las organizaciones mapuche de la comuna; el alcalde destacó su presencia que ayuda a hacer visible a este pueblo (aunque el edil se refirió a los mapuche y otros pueblos originarios como etnias, término que desconoce el carácter de pueblo). El público quedó muy contento con la actividad, al poder sentir la vibrante música venezolana y estar en contacto con los artistas –revolucionarios todos-. El vino de honor, excelente también. El cuerpo diplomático y artistas de Venezuela y Chile presentes, merecen nuestras felicitaciones: un 10 (un 7 diríamos acá).





















Esperemos que iniciativas como ésta se repitan a lo largo del país, pues así como Bolívar sabía de las luchas de los pueblos mapuche y chileno por la libertad en el siglo 19, contra el poderío español, y ello retroalimentaba la conciencia americanista y libertaria del líder venezolano, hoy los pueblos en lucha contra el imperio norteamericano y el capital transnacional, debemos nutrirnos del pensamiento y acción, las luchas y las victorias de la hermana Venezuela y de sus grandes conductores Bolívar y Chávez, cuyas banderas hoy mantiene en pie dignamente su presidente y líder Nicolás Maduro, junto a su gobierno y pueblos.

Este es un proyecto de la Embajada de Venezuela en Chile.
La comuna de Huechuraba vibró al son del arpa, cuatro y maraca


Fotos: Agencia Chilenuevo


lunes, 21 de julio de 2014

Marxismo y cuestión nacional

Introducción
¿Un solo gran pueblo, una patria universal? Quizás sea el punto de llegada de la historia de la humanidad. Pero vivimos en comunidades, pueblos, naciones, con historias diferenciadas, con diversidad, pero con un destino común. El Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels terminaba con una frase: Proletarios de todos los pueblos, uníos. Ello no supone "disolver" a los pueblos sino agrupar a las y los proletarios para la lucha común. 
La palabra alemana que en la frase se ha traducido como pueblos, es länder, que se puede traducir como tierras, territorios.
El marxismo no viene a abolir las naciones, sino a ayudarnos a explicarnos la historia, las transformaciones de la formación social.
Cuando hablemos de naciones, pensemos en comunidades más o menos grandes, con una secuencia histórica y una estructura social común y no solo en Estados, que fueron impuestos desde el poder. Por eso, en países (Estados) que abarcan (por lo general por la fuerza) a varias naciones, es erróneo usar lo "nacional" como sinónimo de lo general. Llamar a "paros nacionales", "encuentros nacionales", es convocar a una sola nación y no a todas: eso es excluyente; para corregir eso, Bolivia se asumió como Estado Plurinacional.
Presentamos este artículo para el debate.
C. Ruiz

Marxismo y cuestión nacional
Por Néstor Kohan (La Gran Llamarada)

Publicado en: http://www.rosa-blindada.info/?p=2457 - 02.Sep.13 :: Grandes debates

¿Qué pensó Marx sobre el problema nacional? ¿Cuáles han sido los debates históricos en el marxismo posterior a Marx en torno a la cuestión nacional? Entrevista a Néstor Kohan para el periódico «La Llamarada».

(Entrevista a Néstor Kohan para el periódico «LA LLAMARADA»)


¿Qué pensó Marx sobre el problema nacional?
La posición histórica del marxismo no ha sido unívoca ni uniforme. En sus primeros escritos Marx y Engels tenían, junto a su humanismo universalista y al internacionalismo, un punto de vista cosmopolita, sintetizado en la expresión “los trabajadores no tienen patria” del Manifiesto comunista (1848). Ese mismo año Engels escribía: “En América hemos presenciado la conquista de México la que nos ha complacido. Constituye un progreso, también, que un país ocupado hasta el presente exclusivamente de sí mismo, desgarrado por perpetuas guerras civiles e impedido de todo desarrollo, un país que en el mejor de los casos estaba a punto de caer en el vasallaje industrial de Inglaterra, que un país semejante sea lanzado por la violencia al movimiento histórico. Es en interés de su propio desarrollo que México estará en el futuro bajo la tutela de los Estados Unidos” (1848). Apenas un año después Engels se pregunta: “¿O acaso es una desgracia que la magnífica California haya sido arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella?” (1849). En sus artículos sobre “La dominación británica en la India” (1853) Marx justifica la penetración del colonialismo inglés en el oriente en nombre del “progreso histórico” (aún cuando se queja en el terreno ético de los métodos salvajes de los británicos). En ese horizonte Engels hacía suya la concepción de Hegel sobre los “Pueblos sin historia”, naciones periféricas condenadas, supuestamente, a no tener un estado propio. El triste y erróneo artículo de Marx sobre Simón Bolívar (enero de 1858) constituye probablemente la última prolongación de ese paradigma eurocéntrico, moderno, cosmopolita y progresista del Manifiesto comunista. A partir de allí Marx y Engels revisan su propia teoría, amplían notablemente su mirada del mundo (empiezan a hacerlo estudiando el comercio exterior de Inglaterra y sus colonias), comienzan a simpatizar con las rebeldías del mundo periférico, colonial y dependiente y reflexionan agudamente sobre el problema nacional desde un ángulo completamente distinto. Desde fines de la década de 1850 y sobre todo en las de 1860 y 1870, abandonan el cosmopolitismo, conservando el internacionalismo, pero articulado ahora con una mayor comprensión del problema nacional. En su trayectoria teórica y científica se produce una fuerte discontinuidad y un viraje donde radicalizan su crítica del capital europeo occidental y su expansión “progresista” que aplasta los pueblos y somete las naciones de la periferia colonial o dependiente. Irrumpen entonces en su producción teórica India, China, Birmania, Rusia, Persia, islas Jónicas, América Latina, África e incluso en el interior de Europa las “atrasadas” Irlanda, Polonia y España.

¿A qué conclusión política llegan Marx y Engels a partir de ese viraje teórico?
Estudiando en 1854 la revolución española Marx lee una frase programática y emblemática que lo deslumbra, pronunciada en 1810 por el indio americano Dionisio Inca Yupanqui en las cortes de Cádiz: “Un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre” (Yupanqui se refiere a la opresión del pueblo español sobre los pueblos indígenas y mestizos de Nuestra América). Marx la hace suya y la aplicará en 1869 cuando se ocupe de Irlanda, reformulando la expresión de Yupanqui para el caso del proletariado inglés y el pueblo de su colonia Irlanda (Lenin utilizará reiteradamente la expresión que Marx adopta del indígena Yupanqui en sus escritos sobre la cuestión nacional, lo cual demuestra que los americanos hemos contribuido también a la gestación del marxismo, incluso del marxismo clásico europeo).

El proletariado inglés —supuestamente depositario de “la misión civilizadora del progreso”— no liberará las colonias; son las colonias las que se liberarán a sí mismas, posibilitando la emancipación del proletariado metropolitano. Una inversión completa del eurocentrismo colonial y del cosmopolitismo “progresista”.

Esa crítica ácida contra el eurocentrismo y el euroccidentalismo desarrollada en sus escritos sobre China de 1853 y en los Grundrisse [primeros borradores de 1857-58 de El Capital] se profundizará aún más en la carta de Marx de 1877 a la redacción del periódico ruso Anales de la patria y en los extensos borradores de su correspondencia de 1881 con Vera Zasulich, así como también en sus Apuntes etnológicos de 1880-1882. En todos esos materiales de madurez Marx ubica en el centro de sus reflexiones teóricas a la periferia del sistema mundial capitalista, al mundo colonial y dependiente, sometiendo a crítica la mirada cosmopolita, ingenuamente apologista del “progreso”. Abandona terminantemente el cosmopolitismo y defiende con entusiasmo las causas nacionales de Irlanda, Polonia y otros países sometidos que luchan por su liberación nacional. Incluso en esa época, según revela su correspondencia, simpatiza abiertamente con los métodos de lucha armada de los irlandeses y los populistas rusos que realizan atentados contra el zar. En su corpus teórico de madurez el eje se desplazó del centro europeo a las periferias coloniales y dependientes. Marx no duda en apoyar la lucha armada de estos pueblos rebeldes.

¡Cuánto desconocimiento y cuanta ignorancia sobre Marx tienen los supuestos “eruditos” académicos del marxismo que utilizan frases sueltas y descontextualizadas de este genio del pensamiento para desconocer el papel del imperialismo contemporáneo, apoyando bochornosamente con jerga “de izquierda” y poses supuestamente “internacionalistas” los bombardeos neocoloniales del Pentágono y la OTAN en Libia, las guerras de saqueo en Afganistán e Irak, las intervenciones norteamericanas en Siria y Venezuela y muchas otras hazañas “humanitarias” del imperialismo! Desde ese ángulo, pretendidamente cosmopolita y eurocéntrico, han llegado a apoyar a Margaret Thatcher y su aventura neocolonial en nuestras islas Malvinas, donde la OTAN construyó una base militar nuclear.

¿Cuáles han sido los debates históricos en el marxismo posterior a Marx en torno a la cuestión nacional?

Después de Marx lamentablemente la Segunda Internacional desconoce el viraje teórico del maestro, retrocede y vuelve a incurrir en el peor eurocentrismo. Para la socialdemocracia el socialismo es cuestión de gente blanca, urbana y europea. Así pensaban H. van Kol, Emilio Vandervelde y muchos otros reformistas. En el congreso de la II Internacional de 1907, en Stuttgart, las posiciones que declaraban “no repudiar ni en principio ni para siempre toda forma de colonialismo, el cual, bajo un sistema socialista, podría cumplir una misión civilizadora” ganaron la adhesión de casi la mitad de la Internacional. Patético. Sólo Lenin y Rosa Luxemburg (aún discrepando entre sí sobre Polonia) se animaron a arremeter contra semejante engendro eurocéntrico. Lenin fue el más radical planteando como programa político estratégico la doctrina de la autodeterminación de las naciones, sin vasallaje imperial o colonial de ningún tipo, ni “humanitario”, ni “civilizado” ni “socialista”.

De este modo Lenin abre el comunismo e incorpora en la revolución mundial a todas las culturas y naciones del Tercer Mundo. Ho Chi Minh recuerda en sus memorias cómo se puso a llorar de emoción cuando leyó a Lenin, pues hasta ese momento la Internacional era cosa de “blancos europeos y civilizados”. Los amarillos, los negros, los indígenas, los mestizos y todo el mundo colonial, semicolonial y dependiente no entraban en “el colonialismo socialista” de la Segunda Internacional. Pero la apertura y el brillo de Lenin duraron poco. Tras su muerte, Stalin sacrifica el internacionalismo alcanzado subordinándolo a la razón de Estado y al interés estatal de Rusia con su doctrina del “socialismo en un solo país” que no sólo no resolvió el problema nacional sino que multiplicó una serie infinita de discordias y odios nacionales en los pueblos y culturas a los que se les negó la autodeterminación y se les impuso el idioma ruso por la fuerza.

En términos generales, en todos esos casos—desde el eurocentrismo occidentalista hasta la posición leninista de la autodeterminación de las naciones— la disyuntiva giraba en torno a naciones ya constituidas oprimidas por grandes potencias.
En Nuestra América Mariátegui aborda el problema desde un nuevo ángulo, ya que en nuestro continente las naciones no están plenamente constituidas. Las repúblicas heredadas de las primeras guerras de independencia (donde Bolívar y San Martín triunfan sobre el colonialismo europeo) son repúblicas bananeras hegemonizadas por las mezquinas y miopes clases dominantes criollas, patrias chicas y retazos fragmentados de la Patria Grande bolivariana. De la gran nación unificada a escala continental con la que soñaba Bolívar pasamos —gracias a la mano pérfida de Inglaterra y Estados Unidos— a más de 20 republiquetas, enemistadas entre sí (a tal punto que en Centro América hubo guerras hasta por el fútbol), que además oprimen a los pueblos originarios con una institucionalidad burguesa y oligárquica. Por eso Mariátegui reformula “la cuestión nacional” de los clásicos del marxismo europeo desde un ángulo muy novedoso. A partir de la revolución cubana y el auge de la insurgencia continental de los 60 y 70, comienzan a reivindicarse las primeras guerras de independencia de la Patria Grande como parte constitutiva del proyecto socialista y comunista contemporáneo.


¿Cómo pensás que pueden articularse las luchas de liberación nacional o las reivindicaciones identitarias particulares, con la lucha anticapitalista y por el socialismo que es profundamente internacionalista?
La fórmula clásica según la cual la revolución socialista es “internacional por el contenido, nacional por la forma” me resulta hoy un poco esquemática. No creo que la identidad nacional latinoamericana sea simplemente un problema de “forma”, una presentación “folclórica”, externa y decorativa de algo que ya está completamente masticado y acabado. No existe un modelo universal (extraído de Europa occidental) que “se aplica” mecánicamente país por país, según las variaciones idiosincráticas del folclore local. La historia nacional está presente también en el contenido de las revoluciones de liberación nacional y social. Ejemplo: para la revolución cubana la herencia de Martí no es un adorno decorativo externo sino parte de su misma conformación y gestación histórica.

Por otro lado, no pondría en el mismo plano las luchas de liberación nacional a escala continental —sobre todo en perspectiva bolivariana, a escala de la Patria Grande— y los conflictos de dominación clasista —la lucha de clases— junto con los problemas de reivindicaciones identitarias, como la cuestión de género y las múltiples opciones de diversidad sexual, la cuestión del racismo u otras análogas. Todas esas perspectivas de análisis son legítimas y validas ya que abordan distintos tipos de opresión bajo el capitalismo pero se desarrollan y despliegan en planos diferentes de la lucha, no siempre equivalentes ni simétricos. ¿Dónde estaría la diferencia específica entre estas problemáticas? En su capacidad de aglutinar, convocar y articular rebeldías diversas contra el sistema capitalista. La Academia norteamericana y la francesa han elaborado y difundido una cantidad abrumadora de literatura teórica y política destinada a convencer al movimiento popular de que el mejor de los mundos posibles gira en torno a las luchas de gueto, a las reformas institucionales puntuales, a los juegos de lenguajes recíprocamente ajenos, intraducibles e inconmensurables de cada movimiento social. Esas academias y el pensamiento posmoderno han insistido durante 30 años que cualquier articulación totalizante que reúna las múltiples rebeldías en un frente común contra el capitalismo y el imperialismo es… “opresiva”, “sustitucionista” y en última instancia “totalitaria”. Curiosamente para ser libertario y políticamente “radical”… hay que conformarse con reformas institucionales que den cuenta de identidades particulares (por ejemplo, leyes antirracistas que protejan al pueblo judío de la marginación, ley del matrimonio igualitario para el movimiento gay, programas de discriminación positiva para los negros y negras afrodescendientes, etc.). Reformas institucionales en defensa de “la diversidad” plenamente compatibles con el sistema capitalista. No casualmente en EEUU, la potencia imperialista más opresiva, vigilante y represora del mundo (como reconocen el más teórico Noam Chomsky o el más práctico Snowden), hay generales gays, un presidente negro, ministros de origen judío y torturadoras mujeres. Un gran respeto por “la diversidad”… siempre dentro del capitalismo y el imperialismo, por supuesto.

A contramano de posmodernos y multiculturalistas, el gran desafío del marxismo revolucionario latinoamericano consiste en poder articular todas las rebeldías multicolores en un proyecto colectivo de hegemonía socialista apuntando a construir a escala de la Patria Grande ese sueño inacabado e inconcluso de Simón Bolívar cuando dijo “Para nosotros la patria es América”, así como para Martí “Patria es humanidad”. El socialismo y el comunismo internacionalistas no son grises, tienen múltiples colores. El rojo, si quiere triunfar sobre el capitalismo y el imperialismo, tiene que ser la síntesis integradora y aglutinadora de ese arco iris multicolor donde no pueden estar ausentes la identidad cultural de nuestros pueblos y la emancipación nacional de la Patria Grande, proyecto todavía inconcluso de nuestros primeros libertadores y libertadoras.


¿Cómo se ha pensado la cuestión nacional desde el guevarismo? ¿Cómo la abordó el PRT de Argentina?
El Che Guevara no es una estrella solitaria, sino uno de los máximos exponentes de la revolución cubana y latinoamericana. Esa revolución se inspira, ya desde el asalto al cuartel Moncada de 1953, en el programa de José Martí. Más tarde, habiendo triunfado sobre el enemigo imperialista y la burguesía lumpen, mafiosa y prostituída de la isla, la revolución cubana sintetiza su mirada del problema nacional en la Segunda Declaración de La Habana, combinando tareas nacionales-antimperialistas con las específicamente socialistas.

Hijo de ese horizonte, el Che comunista e internacionalista, recupera al mismo tiempo a San Martín (discurso del 25 de mayo de 1962 en La Habana), a Bolívar (en sus Cuadernos de lectura de Bolivia) y a Martí (en “Notas para el estudio de la ideología de la revolución cubana”). Según Pombo, sobreviviente de la guerrilla de Bolivia, el Che compartía con sus compañeros las lecturas sobre Juana Azurduy y la guerra de guerrillas de las republiquetas del Alto Perú contra el colonialismo español.

Aprendiendo del Che, diversos exponentes del guevarismo latinoamericano se esforzaron por sintetizar el método, la concepción del mundo y de la vida y la ideología marxista con las tradiciones nacionales indo-latino-nuestroamericanas. Desde Carlos Fonseca a Miguel Enríquez, desde Raúl Sendic a Roque Dalton, desde Camilo Torres a Manuel Marulanda Velez, incluyendo en esa familia continental al argentino Mario Roberto Santucho.

No casualmente el PRT [Partido Revolucionario de los Trabajadores] elige la bandera latinoamericana (no sólo argentina) del ejército de los Andes de San Martín para identificar sus emblemas en la fundación del ERP [Ejército Revolucionario del Pueblo].

Plantear que “no hay nada que reivindicar de la lucha independentista del siglo 19 porque allí no había obreros” me parece expresión de una aguda ignorancia e incomprensión del marxismo y de su metodología histórica. Ese internacionalismo abstracto, pretendidamente cosmopolita e ignorante de nuestra historia en nombre del “clasismo”, está más cerca del tímido reformista Juan B. Justo (que nunca entendió ni al colonialismo ni al imperialismo) que del Che Guevara, Lenin y sobre todo del propio Marx.


¿En qué sentido pensás que los sentidos atribuidos y asignados a la noción de patria, a los símbolos nacionales, forman parte de la disputa ideológica?
Julio Antonio Mella solía repetir que la palabra “patria” en manos de la burguesía es como un tambor, suena muy fuerte pero está vacía. En cambio cuando son los sectores populares los que apelan a la tradición patriótica y nacional, el concepto de “patria” adquiere un sentido completamente distinto. Fundamentalmente en países como los nuestros, donde la dependencia jamás desapareció (incluso se profundizó), aunque la palabra “dependencia” haya circulado menos en la academia de los últimos 30 años. Que se utilice menos la palabra no significa que haya desaparecido la realidad que ese término designa. Lejos estamos del giro lingüístico donde todo queda prisionero del lenguaje y se evapora la realidad social. Más allá de los discursos y las palabras hay un mundo. En ese mundo social existe lucha de clases. 
En el ámbito de la cultura y la reproducción cotidiana del orden social, nada queda al margen de esa lucha de clases. Incluyendo la historia nacional y sus símbolos patrios. El San Martín de Videla (supuestamente un general blanquito y europeo, enemigo de Bolívar) y el de Robi Santucho o Rodolfo Walsh (concebido como un patriota latinoamericano, defensor de la Patria Grande, amigo y compañero de Bolívar) no sólo son distintos sino opuestos y antagónicos. El mismo año (1970) en que el genocida y torturador ejército argentino financiaba y producía la película El Santo de la Espada sobre San Martín, el ERP adoptaba su bandera como símbolo revolucionario. Quien controle el pasado, manejará el presente escribía George Orwell. Emancipar el pasado para liberar el futuro es la tarea del momento. La disputa del año 2010 por el Bicentenario de la independencia lo ha demostrado de manera muy clara.

¿Qué baches encontraste en la historia oficial cuando estudiaste los procesos de revoluciones de independencia en América latina y en el Río de la Plata?
En primer lugar, el eurocentrismo, que sigue gozando de prestigio hoy en día, bajo diversos ropajes. “Nuestra América se liberó… gracias a la invasión napoleónica de España. Napoleón es un derivado de la revolución francesa. Por lo tanto, sin revolución francesa, no existiría la independencia de Nuestra América”. Un relato sesgado, unilateral, deformado, que desconoce 500 años de resistencia continental y el ciclo que inician Tupac Amaru en 1780 y Haití una década después y que sólo concluye en 1824 con la batalla de Ayacucho. El historiador francés Pierre Chaunu —repetido en las academias hasta el cansancio— lo sintetizó diciendo que los latinoamericanos no nos independizamos, recibimos (como un regalo) la independencia. Falso, miserable, altanero y petulante.

En segundo lugar, la construcción de mitos, falsas dicotomías y panteones de la escuela del general Bartolomé Mitre, continuados por Sarmiento y Levene, a quienes se agregaron la Academia Argentina de la Historia (núcleo del gorilaje académico) y el Instituto Nacional Sanmartiniano (fundado por el ultracatólico José Pacífico Otero en el Círculo Militar). Esta corriente opone San Martín contra Bolívar, pretende desconocer el Plan revolucionario de operaciones de Mariano Moreno y condensa un elitismo insoportable. Eso en cuanto a la historia oficial, de factura liberal-conservadora y brutalmente eurocéntrica.


Por oposición a ella, el revisionismo rosista y católico, invirtió la ecuación liberal dejando intactos los términos. San Martín se convierte en un represor, la mazorca rosista en un modelo a imitar y así de seguido.

La historiografía mitrista liberal fue luego reemplazada en la historia oficial y en la Academia por el relato posmoderno según el cual rastrear las raíces de las luchas independentistas es incurrir en un supuesto “mito del origen”, una impugnación que apunta a deslegitimar todo lo que contribuya a fortalecer la memoria histórica y la autoestima popular, dimensiones fundamentales de cualquier resistencia y proyecto revolucionario. Para el posmodernismo todo es “mito” menos… el mercado, la republica parlamentaria y el capitalismo.

Finalmente me encontré con la producción historiográfica de gente bien intencionada, con voluntad de fidelidad a Marx (en general al Marx cosmopolita previo a su viraje sobre el problema colonial y nacional), pero que seguía presa de modelos eurocéntricos y tipos ideales extraídos de la revolución industrial inglesa y la revolución política francesa. Una metodología que les impedía, a pesar de sus buenas intenciones, ajustar cuentas y hacer un beneficio de inventario con la historia apologética y oficial de la burguesía argentina. Para esta corriente, Sarmiento es un ídolo (tanto en el caso de la historiografía del stalinismo como en la del trotskismo), Bolívar un populista bonapartista y la clave de nuestra historia está en…. “el desarrollo de las fuerzas productivas”. Por lo tanto, la mayor parte de las resistencias frente al colonialismo europeo terminan condenadas “porque no tenían un programa para desarrollar las fuerzas productivas”. En nombre de Marx, se termina coincidiendo con el aplauso apologético a los vencedores y la condena a los que resistieron. En algunos casos extremos se termina insultando a Bolívar para aplaudir a Bernardino Rivadavia (su gran enemigo argentino, paralelo a su enemigo colombiano Santander) o incluso se festeja la feroz y mugrienta guerra al Paraguay porque supuestamente…. “desarrolló las fuerzas productivas”.

Frente a tantos equívocos historiográficos defendemos la pertinencia de una nueva mirada de nuestra historia, desde abajo y desde un ángulo marxista latinoamericano y descolonizador. Una nueva mirada de nuestras guerras de independencia y de nuestra lucha de clases, que reivindique con orgullo y con honor a nuestros miles y miles de masacradas y asesinados mientras resistían y luchaban heroicamente contra el colonialismo, hayan tenido o no un programa completo y explicitado hasta el más mínimo detalle para desarrollar las fuerzas productivas.


¿Por qué y qué reivindicar de la figura de Bolívar?
De Bolívar reivindicamos su proyecto de liberación continental (independencia de España pero también integración regional y unidad continental), la conjugación de la lucha nacional y social (liberación de la esclavitud 50 años antes que EEUU y emancipación de la servidumbre de los pueblos originarios), su antimperialismo (identifica estratégicamente a EEUU como enemigo histórico de Nuestra América) y su doctrina político militar revolucionaria del pueblo en armas, condición de su triunfo sobre el colonialismo europeo luego de varias derrotas.

Bolívar constituye hoy un símbolo de rebeldía continental, como el Che Guevara quien, dicho sea de paso, era un convencido bolivariano (en su mochila guerrillera de Bolivia Guevara tenía reproducido el poema de Neruda en homenaje a Bolívar donde éste declara “despierto cada 100 años cuando despierta el pueblo”). Su visionario proyecto de Patria Grande, todavía inconcluso y pendiente, se ha tornado más actual que nunca en tiempos de globalización. La Patria Grande soñada por Bolívar (compartida por Miranda, San Martín, Mariano Moreno, Artigas y tantos otros y otras) nace en sus escritos en la Carta de Jamaica de 1815 y en el Congreso de Panamá de 1826 enfrentando la doctrina Monroe de 1823 cuyo lema “América para los americanos” condensa el proyecto geoestratégico del imperialismo norteamericano. No es casual que los documentos de Santa Fe IV, elaborados por los estrategas político-militares del Pentágono, identifiquen a Simón Bolívar (junto con la teología de la liberación y Antonio Gramsci) como uno de los principales enemigos actuales de Estados Unidos.


Barrio de Once, 30 de agosto de 2013

La Rosa Blindada: http://www.rosa-blindada.info/

lunes, 17 de febrero de 2014

EL MAPU ante la hora actual en Venezuela



http://mapuenlalucha.blogspot.com/2014/02/declaracion-del-mapu-especial-venezuela.html

Declaración

EL MAPU ante la hora actual en Venezuela

Compañeros y compañeras de Venezuela y de Nuestra América:  

Es hora de que las fuerzas que acompañan el proceso Bolivariano, asuman con toda la fuerza y decisión la defensa activa de la revolución, en todos los territorios, en todos los espacios, con todas las formas de lucha, las del siglo XXI y las que dieron la victoria a los y las patriotas de hace 200 años.

Nos preocupa el avance del fascismo en las calles de Caracas y otros lugares del hermano país. Los asesinos pagados por el imperialismo y la gran burguesía vendepatria, están quedando impunes y logrando crear un clima propicio a la contrarrevolución.
¿Será la mejor decisión, que l«s revolucionar«s de Venezuela, el gobierno y las FF.AA. sigan poniendo la otra mejilla?

En Chile en 1973, Allende y parte de la Unidad Popular usaron la táctica de dejar la violencia en manos de la oposición, llamaron a desmovilizar al pueblo, no tomaron siquiera una suficiente iniciativa legal contra los golpistas, creyendo con todo ello aislar al enemigo y conjurar el golpe, pero el golpe avanzó en medio de todas las debilidades del proceso chileno.

La especulación y el desabastecimiento, los agitadores y asesinos, los medios informativos extranjeros y nacionales, financiados por el imperialismo, fueron las herramientas de desestabilización que usaron los fascistas contra el gobierno del compañero Allende.

Ya vemos el resultado en Chile: un país hasta hoy gobernado por la reacción y el gran capital que han anulado más de un siglo de conquistas sociales logradas por las clases populares. Un país regido por el miedo, la impotencia, la indiferencia y el olvido. La historia de nuestro proceso y su trágico desenlace nos impulsa a recoger lo mejor de esa experiencia y a aborrecer las prácticas que permitieron que el fascismo ganase terreno hasta que se impuso el poder armado del golpismo.

Apoyamos plenamente al gobierno del Presidente Nicolás Maduro, quien debe hacer aplicar las leyes contra los que llaman a la sedición y ponen en peligro la seguridad del Estado y la vida de los y las venezolanas.
Si hay estado de emergencia en la legislación venezolana, debe ser aplicado hasta disolver la resistencia vendepatria.

Junto con apoyar la aplicación del imperio de la ley contra los criminales, apoyamos la movilización que las fuerzas patrióticas ejerzan, aplicando las sabias enseñanzas del recordado comandante Chávez, impulsor de la construcción del poder popular en su país, e incansable convocante al ejercicio de la voluntad popular movilizada.
L«s venezolan«s, inspirad«s en el ejemplo inmortal de Bolívar, de Allende y de Chávez, sabrán vencer mediante el instrumento del poder popular y de la aplicación de la ley.

Hay que enseñarles a los contrarrevolucionarios lo que es la fuerza de los pueblos movilizados. La calle no puede quedar en manos de los enemigos de los pueblos. Es el momento de detener el fascismo antes de que siga cobrando víctimas.
Desde aquí, estamos movilizados defendiendo activamente la revolución bolivariana, difundiendo sus logros, valorando la figura de sus héroes de ayer y de hoy.

Un saludo a los y las venezolanas que luchan.
Un llamado a los pueblos, al mundo trabajador de Nuestra Patria Grande, a apoyar el proceso venezolano y a luchar por que los sueños bolivarianos se hagan realidad en cada lugar de nuestra tierra.

MOVIMIENTO DE ACCIÓN POPULAR UNITARIA – MAPU

Coordinación general

jueves, 11 de abril de 2013

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS DE LA UNIÓN BICENTENARIA

Declaración de Principios.



PERÍODO BICENTENARIO

Los latinoamericanos caribeños podemos definir al actual período histórico como de segunda ofensiva independentista y unionista. Si consideramos la primera a aquella llevada a cabo entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, bien podemos definir al período actual como de Período Bicentenario.

En la última década se han verificado importantes avances de las fuerzas populares en la región, y como consecuencia de ello, han surgido gobiernos de profundo carácter democrático, insumisos ante el imperialismo y de clara vocación unionista. Algunos definitivamente inclinados hacia un socialismo con perfiles propios, tal es el caso de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua –al cual hay que sumarle Cuba-. Otros, con tópicos progresistas pero decididos a no dejarse avasallar por la prepotencia imperial; allí cuentan Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay.

Una década en que la América Latina Caribeña trata de alcanzar su lugar en el mundo, ya no como “patio trasero” de los Estados Unidos, ni como peón de ninguna potencia extranjera, sino como territorio libre e independiente, con voz propia y decisión de aportar a la configuración de un mundo multipolar, sin hegemonismos y de convivencia pacífica entre las naciones. 

Nuevamente, como lo fue durante la primera ofensiva independentista y unionista, Nuestra América es escenario de revoluciones y cambios, de lucha y rebeldía, de desafíos y esperanza, de “hora de los hornos”, como decía Martí.

LA PRIMERA OFENSIVA INDEPENDENTISTA Y UNIONISTA.

Esta primera ofensiva independentista y unionista como tal, la ubicamos entre 1780 y 1830. Y conlleva dos etapas claramente definidas.

Primera etapa: La insurrección social. 

Desde que los conquistadores pisaron suelo nuestramericano la resistencia no se hizo esperar. Durante más de dos siglos los pueblos originarios primero y los afrodescendientes luego, opusieron una férrea lucha ante la dominación colonialista. Nada es más falso que sostener que el período de conquista y colonización fue pacífico y sin conflicto; al contrario, los tiempos de paz sólo fueron intervalos entre un momento y otro de la resistencia popular contra la opresión. 

Pero la gran ofensiva anticolonialista comienza realmente con tres hechos, casi simultáneos, que conmocionaron todo el territorio y que tuvieron como principal protagonista a las masas explotadas: 1) La insurrección de Tupac Amaru II; 2) la insurrección de los Comuneros de Nueva Granada, y 3) la insurrección de los esclavos de Haití. Todas ellas con diferentes resultados y conclusiones, pero cada una acumulando casi 300 años de resistencia. Terminando el siglo XVIII es que comienza la verdadera primera ofensiva revolucionaria en Nuestra América.

La gran insurrección indígena-popular liderada por Tupac Amaru, allá en 1780, en los Andes centrales y con epicentro en la  provincia de Tinta, se extiende por todo el otrora imperio incaico, desde el Cusco hasta las fronteras de Tucumán al sur y hasta parte del Virreinato de Nueva Granada al norte. Todo el antiguo Tahantinsuyo se conmueve ante la rebelión india, que incluye, por sus proclamas antiesclavistas, a negros, zambos y mestizos no asimilados. Más de cien mil hombres y mujeres se levantaron en armas bajo las banderas de Tupac Amaru y Micaela Bastidas. La estructura colonial tembló, pero fruto de la división del componente indígena-popular, los colonialistas pudieron imponerse im-plantando inmediatamente un régimen de terror peor aún que el que se vivía antes del levantamiento. 

Paralelamente, en 1781, la insurrección de los Comuneros en Nueva Granada sacude la estructura política colonial. Bajo el liderazgo de Manuela Beltrán y luego de José Antonio Galán y con epicentro en la ciudad de El Socorro, los sectores más pobres de la región se levantan contra los abusos del poder colonial. Miles de mestizos se sublevarán y pondrán en jaque a las autoridades peninsulares. La traición, una vez más, como también la falta de recursos y dirección política, serán facto-res determinantes a la hora de analizar la derrota.

Apenas una década después de la insurrecciones antes citadas, los negros esclavos de Haití comenzarán un levantamiento de tal enverga-dura que coronará en la declaración de su independencia en 1804. Bajo las armas de los ex esclavos haitianos caerán los estandartes de los ejércitos colonialistas de España, Inglaterra y Francia.

Si bien estas insurrecciones no planteaban en una primera instancia la independencia de la metrópolis, ya incubaban en su seno proyectos emancipatorios, y sí cuestionaban profundamente el orden colonial, incluyendo en sus demandas medidas de corte democrático, como también reivindicaciones de hondo contenido social. 

La ofensiva anticolonialista entonces había comenzado en nuestra América. Y con dos características singulares: 1) nacía desde lo más profundo de las clases populares, y 2) comenzaba desde el "interior", proyectándose hacia las capitales del poder político. Indios, mestizos y negros, acumularán la experiencia de resistencia de 300 años de explotación e irrumpirán en escena como un verdadero huracán revolucionario. 

Desvincular estas insurrecciones del período bicentenario, o solamente ubicarlas como meros "antecedentes" de éste, es una trampa tendida por los historiadores al servicio de las clases dominantes, que conlleva a no comprender el proceso revolucionario, minimizando el protagonismo popular, para sólo alabar la etapa en que se incorpora una franja de las clases encumbradas a los ideales republicanos e independentistas. La intención de la historia oficial, es hacer ver que la independencia es obra exclusiva de las clases altas ilustradas y que para el pueblo, era lo mismo enrolarse bajo una u otra bandera.

Todo lo contrario del discurso oligárquico, las fuerzas populares de hoy deben entender esa primera ofensiva independentista y unionista como un proceso que se inicia levantando banderas de redención social, anticolonialista, popular, rebelde, incendiaria, justiciera y expropiatoria. Es la primera etapa de la ofensiva, forma parte de ella y es precisamente una parte sustancial. No comprender entonces esta ofensiva como un proceso, sería parecido a intentar explicar la actual Revolución Bolivariana sin incorporar al Caracazo como inicio de la actual fase histórica.

Segunda etapa: La guerra de liberación nacional.

Los sucesos en la península, con la invasión francesa y la deposición del rey, fueron los detonantes para la conformación de los primeros gobiernos patrios en la América española. Mas la restauración de Fernando VII y el retorno al sistema colonialista de opresión fue el elemento definitorio para levantar sin ambigüedades las banderas independentistas. Pero no hay que olvidarse nunca que estas banderas independentistas se levantaron sobre el estado de ebullición de las masas populares, que ya habían comenzado la ofensiva con los levantamientos antes señalados.

El momento de madurez de la gesta independentista y unionista, en esta nueva etapa de ofensiva, alcanza su máxima expresión con la conformación de los primeros gobiernos patrios y luego con las declaraciones de independencia. A la "alianza anticolonialista", en la primera etapa, de profundo carácter popular, se le suma ahora una franja importante de criollos, tanto pobres como ricos. El ala pobre de los criollos, que en muchos casos hasta había combatido contra las fuerzas insurrectas de la primera etapa, se asimilará en gran parte con el resto de las masas populares de indios, negros y mestizos; pero el sector acomodado de criollos –salvo excepciones como por ejemplo la de Simón Bolívar-, se mantendrá en la “alianza anticolonialista” de manera dubitativa, observando con recelo a la masa popular y tratando de distanciarse de ésta en la medida de lo posible.

Para decirlo en términos modernos, la nueva “alianza anticolonialista” contenía un ala de derecha y un ala de izquierda. Los criollos ricos se incorporarán decididamente a la revolución al observar el fracaso de sus intentos de romper con el orden colonial sin masivo respaldo popular (ejemplo de esto son la revuelta de los marqueses en Quito o la sublevación de Chuquisaca). La lucha de los criollos ricos contra las autoridades peninsulares, no es la misma por la que se encolumnan las masas populares. Ese sector de criollos acomodados quiere expulsar a los realistas, pero también conservar sus privilegios económicos y sociales. Ambos bandos están contra el colonialismo español, pero unos por ascender al poder político y desde allí reproducir y ampliar su status social y económico y otros para generar una profunda revolución política, social y económica, que lleve a trasformar radicalmente la estructura misma del orden imperante. Ambos tienen un enemigo común, pero los intereses por los cuales combaten son diferentes. 

Ahora, con la incorporación de los criollos acaudalados a la lucha contra la corona española, aparecerá una nueva promoción de líderes, que, por educación, recursos económicos y conocimientos militares, tomará las riendas del proceso revolucionario. 

Vale aclarar que el grupo de criollos ricos no es monolítico, y dentro de él, por cuestiones sociales, políticas e ideológicas, aparecerán contra-dicciones. El pensamiento demo-liberal criollo, influenciado por el liberalismo francés, español, inglés y norteamericano, y esgrimido por las clases altas no peninsulares, transitará un período de encuentros y desencuentros con las masas populares insurrectas (caso de Boves en Venezuela), pero culminará en la conformación de una poderosa “alianza anticolonialista”, independentista y unionista, con fuerza suficiente para derrotar militarmente al colonialismo español. En esa etapa de ofensiva entonces, es que surgirán las figuras de la talla de Simón Bolívar, José de San Martín, José Gervasio Antigas, Miguel Hidalgo, Antonio José de Sucre, Alejandro Petión, Antonio Nariño, Bernardo O'Higgins, Manuel Rodríguez, Bernardo Monteagudo, Gaspar Rodríguez de Francia, José María Morelos y Mariano Moreno, entre otros. Todos ellos impulsando la guerra de liberación y enarbolando banderas de redención social.

Estos conductores, criollos en su gran mayoría, de procedencias sociales diferentes e impregnados del pensamiento más progresista de la época, llevarán la ofensiva independentista y unionista a su máxima expresión, ya que sabrán amalgamar los anhelos de independencia con los de justicia social, uniendo ellos mismos las dos etapas de la ofensiva independentista y unionista.

Pero luego de derrotar, con inmensos sacrificios, a los ejércitos realistas, la ofensiva independentista y unionista comienza a ser carcomida por los intereses egoístas del sector criollo acomodado; que cooptando para sus intereses a un número no menor de oficiales patriotas encandilados con la gloria del triunfo, se hacen fuertes en cada una de sus regiones. Esa vieja y nueva oligarquía, que temía más a las masas populares que a sus antiguos amos españoles, desmantelará todo el aparato militar-popular, desembarazándose de los conductores revolucionarios y rompiendo la “alianza anticolonialista”. El período de la primera ofensiva independentista y unionista terminará con la derrota del proyecto bolivariano y la balcanización de nuestra América.

Artigas, San Martín y O’Higgins, exiliados; Sucre, Monteagudo, Manuel Rodríguez y Mariano Moreno asesinados; Hidalgo y Morelos fusilados. En el drama de los últimos años de Simón Bolívar se refleja el drama de la derrota de esa primera gran ofensiva independentista y unionista. De la gloria de Ayacucho y el sueño de la Patria Grande se pasará a la conformación de veintitantas repúblicas invertebradas. Nuevas cadenas amarrarán a nuestros pueblos a los intereses de las potencias de turno y una feroz oligarquía asumirá el gobierno de nuestros múltiples y raquíticos países.

En síntesis: el primer período de ofensiva independentista y unionista para nuestros pueblos comenzó a finales del siglo XVIII con las insurrecciones de indios, mestizos y negros, culminando en la tercera década del siglo XIX con la muerte del Libertador Simón Bolívar y con su “grandiosa idea” de “pretender formar de todo el Mundo Nuevo una so-la nación”.

Fueron 50 años de lucha cruenta, donde las masas populares unidas pudieron derrotar a una de las potencias más poderosas de aquella época, impulsar un programa revolucionario de avanzada y bocetar la idea de conformar una verdadera nación nuestramericana (el Congreso Anfictiónico de Panamá fue la máxima expresión de este ideal).

Pero la acción disolvente de las oligarquías nativas y las potencias metropolitanas, sumado a una infinidad de factores objetivos y subjetivos dentro de la propia “alianza anticolonialista”, se combinaron para que esa ofensiva independentista y unionista no alcanzara sus objetivos trazados. Casi doscientos años vendrán entonces de Repúblicas Oligárquicas, en una América Latina Caribeña condenada al saqueo de las potencias imperialistas; aunque siempre, como en la primera etapa de la colonia, con una implacable lucha de resistencia encarada por los pueblos y sus nuevos conductores. La lucha continental pasó a reducirse a luchas “nacionales”, dentro de los países constituidos tras la derrota de la primera ofensiva independentista y unionista. Recién ahora, luego de 200 años, y a partir de esta segunda ofensiva independentista y unionista, es que emerge nuevamente la posibilidad de alcanzar los objetivos soñados por los primeros libertadores 

LA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA Y LA UNIDAD CONTINÚA

Es entonces que para el correcto análisis de los hechos y asimilación de la experiencia histórica, no hay primera y segunda independencia, sino que la lucha por la unidad e intendencia es un mismo proceso, con ofensivas y repliegues. De lo que podemos hablar sin duda, es de una primera gran ofensiva independentista y unionista, la de fines del siglo XVII y principios del siglo XIX, y de una segunda gran ofensiva que es la que actualmente transitamos como pueblo latinoamericano caribeño.

De ahí que el Comandante Hugo Chávez haya señalado, refiriéndose al 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811: 
"... celebraremos los 200 años de esa revolución que es la misma que hoy llevamos a cabo, yo quiero insistir en esto, no es que aquella fue una Independencia y esta es una segunda Independencia, no, desde mi criterio, desde mi punto de vista no es eso; no creo que debamos hablar de una segunda Independencia, ya que la lucha de hoy es la continuación del mismo proceso de Independencia, en todo caso una segunda fase histórica del mismo proceso independentista venezolano, suramericano, nuestramericano". 

LA HISTORIA Y EL PROCESO REVOLUCIONARIO

"Nosotros no podemos perdonarnos ignorar no ya nuestra historia, sino incluso la historia de América Latina; nosotros no nos podríamos perdonar ignorar siquiera la historia del mundo porque están asociadas. Seríamos incompletos, estaríamos mutilados desde el punto de vista cultural si ignoramos la historia del mundo. Esas tres historias tienen que estar muy presentes", afirmaba Fidel Castro en 1992, cuando la prédica imperialista nos hablaba del "fin de la historia".

Hoy más que nunca, y aprovechando este período Bicentenario, es que el movimiento revolucionario debe profundizar en la historia, reinterpretándola a la luz de los desafíos del presente, atentos a que la lucha de ayer como la de hoy es un mismo proceso no agotado, y entendiendo que en ella está una fuente inagotable de enseñanzas y experiencias. "Un pueblo que no conoce su historia no tiene nada que buscar en el futuro y nosotros casi desconocemos nuestra historia. Fortalezcámosla y estaremos fortaleciendo nuestra fuerza para construir", ha expresado el Comandante Chávez.

Decía al respecto el escritor y patriota argentino Rodolfo Walsh: "Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de to-das las otras cosas".  Por lo tanto combatir la visión de la historia de las clases dominantes –la ideología dominante-, no es parte menor de la lucha contra la reacción oligárquica y el imperialismo. Como decía Orwell: "Quien controla el pasado controla el futuro". Y de eso se trata.


IMPERIALISMO Y OLIGARQUÍAS TEMEN AL PERÍODO BICENTENARIO

Desde diferentes tribunas de opinión e información, en manos del imperialismo y la derecha, el tema del Bicentenario está presente. Claro que ellos lo llevan a fechas puntuales, pero le dan una importancia significativa. Tanto la cadena CNN como la BBC, el diario El País de España, entre otros, más los medios vernáculos cipayos, están dando un espacio destacado a las celebraciones del Bicentenario y a la historia latinoamericana en general. ¿Estadounidenses, españoles e ingleses acompañándonos en la necesaria reflexión y debate que genera el recuerdo de estas fechas? Sí, ante la imposibilidad de ignorar el hecho, los agentes de la colonización cultural intentan, inteligentemente, neutralizar las ideas anticolonialistas, patrióticas, unionistas, democráticas y populares que indefectiblemente acarrea una reflexión seria sobre nuestro pasado y nuestro porvenir.

En un documento elaborado por uno de los tantos Think Tank financia-dos por el imperialismo, se advierte la conciencia que ellos tienen de la importancia del Bicentenario para nuestros pueblos. En el texto se lee: "...en varios países de América Latina y el Caribe, las celebraciones del Bicentenario en 2009 y 2010, que marcan el comienzo de las revoluciones que los independizaron de España, representarán un momento altamente simbólico que estimulará la introspección y el debate sobre sus roles en el mundo". Inmiscuirse en este momento de "introspección y debate", con el fin de manipular las conclusiones en beneficio de sus intereses, es el objetivo buscado por la derecha. Claro está entonces, que el imperialismo y las oligarquías son conscientes de la importancia que tiene el tema Bicentenario.  

El documento que hacemos mención se llama "Replanteando las Relaciones entre Estados Unidos y América Latina, una Alianza Hemisférica para un Mundo Turbulento", elaborado por la Comisión Alianza para las Américas Institución Brookings, de noviembre de 2008. El analizar so-meramente la trayectoria de algunos de los firmantes de este informe, exime de mayor explicación sobre las intenciones del grupo. Entre otros, firman: Thomas R. Pickering, ex subsecretario de Asuntos Políticos de Estados Unidos; Ernesto Zedillo, ex presidente de México; Mauricio Cárdenas, Director de Iniciativa para América Latina Brookings, Ricardo Lagos, ex presidente de Chile; John Deutch, ex Secretario Adjunto de Defensa y Director de la Agencia Central de Inteligencia; Jorge Quiroga, ex presidente de Bolivia; Jeffrey Davidow, Presidente del Instituto de las Américas.

El Director del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Londres -hoy Instituto de las Américas-, John Lynch, habla sin ambigüedad sobre el tema desde la página web del Bicentenario operada por el gobierno español. Allí el profesor inglés se despacha descaradamente contra el comandante Chávez ante la pregunta si le parece bien que el presidente venezolano haya  cambiado el nombre de su país por el de República Bolivariana de Venezuela, invocando a Bolívar como modelo. Dice Lynch: "Para responder menciono tres cuestiones: en primer lugar, se llama a sí mismo un "revolucionario bolivariano" y habla de establecer un Estado socialista. Bolívar nunca promovió una revolución social ni pretendió hacerlo. La redistribución de la tierra, la igualdad racial, la abolición de la esclavitud, los decretos a favor de los indios eran las políticas de un reformista, no de un revolucionario. Bolívar era demasiado realista para creer que podía cambiar la estructura de la sociedad de América del Sur por la imposición de leyes o políticas inaceptables para los principales grupos de interés. La segunda cuestión se refiere a las relaciones internacionales. Bolívar cultivó el apoyo de las grandes potencias, no de los países marginales. Mantuvo cierto recelo hacia Estados Unidos pero admiraba cómo este país había encarnado los ideales de igualdad y libertad. Fue deferente hacia el poder imperial de Gran Bretaña. El comercio y las inversiones británicas los vio como un beneficio, no como una amenaza. La tercera cuestión es tal vez la única que le da la razón a Chávez. Una de las ideas más controvertidas de Bolívar era que los presidentes debían servir de por vida y tener el poder de nombrar a su sucesor. Y el historial de Chávez muestra que él siempre está hambriento de poder". Conclusión inducida por Lynch: Bolívar era un  reformista, nunca revolucionario, era pragmático y conformista; dócil ante los intereses de las grandes potencias, pero con un defecto, al igual que Chávez, ¡era un dictador! La argumentación del profesor británico es un modelo del “mensaje histórico-político” que pretende imponer el imperialismo en el debate Bicentenario. 

¿Qué conclusiones entonces debería acarrear la reflexión sobre la gesta independentista de los siglos XVIII y XIX en nuestra América? Según los ideólogos del imperialismo y haciendo referencia a lo afirmado por Lynch, la necesidad de "madurar" políticamente, asumir el "orden internacional actual", favorecer la inversión extranjera, abrirnos a los mercados, y entrar en una suerte de "modernidad" despojándonos de ideas nacionalistas, "populistas" o socializantes. La intención del imperialismo es que las conclusiones políticas a que lleguemos sean precisamente aquellas de contrasentido a la dirección trazada por la primera ofensiva independentista y unionista. Para esto tienen que falsear el pasado e impedir que el pueblo latinoamericano caribeño se reencuentre con el cause histórico-político de su lucha estratégica. 

Pero quien ha planteado el tema sin ningún tipo de reparos ha sido el investigador Carlos Malamud del Real Instituto Elcano, organismo que integra la Comisión Nacional para la Conmemoración de las Independencias de las Repúblicas Iberoamericanas del Gobierno de España. Dicho catedrático ha alertado sobre "la emergencia del populismo y la fuerte presencia del nacionalismo en la región, exacerbado a las conmemoraciones de los Bicentenarios de la independencia, que suponen una serie de riesgos para España". Agregando: "el riesgo más inmediato se desprende de una serie de embates contra la imagen de España y de sus empresas...". ¡Más claro imposible!

Por lo tanto, asumir el Período Bicentenario enlazándolo con la segunda ofensiva independentista y unionista es tarea estratégica para las fuerzas revolucionarias nuestramericanas. Así lo ha entendido el imperialismo y sus agentes, abocándose a la tarea, a través de sus lacayos, de que esa fusión entre primera ofensiva y segunda, no se produzca. 

Las fuerzas populares de América Latina y el Caribe tendremos que “inventar robinsonianamente”, a fin de desarrollar todo un despliegue táctico que nos conduzca a derrotar las claras intenciones de los enemigos del pueblo, conscientes que Nuestra América, al decir de Martí, “como un solo pueblo, se levanta. Sola pelea. Vencerá, sola".

CUMPLIENDO CON EL MANDATO DE LA PROCLAMA DE CARACAS DEL II CONGRESO BOLIVARIANO DE LOS PUEBLOS

Es así que diferentes fuerzas populares, políticas y sociales, como asimismo individuos y colectivos de distinta naturaleza, hemos decidido impulsar, en esta segunda ofensiva unionista e independentista, y como instrumento político de lucha por concretar la Patria Grande unida y soberana, la Unión Bicentenaria de los Pueblos.

La Unión Bicentenaria de los Pueblos reconoce en el Congreso Anfictiónico Bolivariano y en el Congreso Bolivariano de los Pueblos sus antecedentes directos, siendo la UBP continuación y actualización de esos espacios de coordinación política y de lucha del movimiento popular latinoamericano caribeño.

En la Proclama de Caracas, documento político del II Congreso Bolivariano de los Pueblos, celebrado el 9 de diciembre de 2004, al cumplirse el 180 Aniversario de la Batalla de Ayacucho, se lee en el Punto 1: 

“Trabajar por convertir el Congreso Bolivariano de los Pueblos en un movimiento internacional, que aglutine a las fuerzas políticas y sociales de América Latina y el Caribe, impulse su unidad y articule sus luchas en función de la autodeterminación  y el bienestar de nuestros pueblos; teniendo siempre como referencia el pensamiento emancipador de Simón Bolívar y todo el legado de generaciones de luchadores y luchadoras  independentistas, integracionistas y unionistas de nuestros pueblos”. Y el punto 2 señala: “Impulsar la solidaridad y la cooperación de nuestros pueblos, a partir de hechos concretos, que reflejen una visión de integración solidaria y humanista, mediante la consolidación y creación  de  redes que articulen nuestros esfuerzos, que socialicen  las experiencias  y avances de nuestros pueblos a escala local, regional y nacional”.

LA UNIÓN BICENTENARIA DE LOS PUEBLOS

En función entonces de estos señalamientos aprobados por una in-mensa cantidad de fuerzas políticas y sociales de Nuestra América, conformes a que la segunda ofensiva independentista y unionista está en pleno desarrollo y entendiendo que es imprescindible el protagonismo popular coordinado y consciente para que esta ofensiva culmine en triunfó, es que se lanza la iniciativa de constituir la Unión Bicentenaria de los Pueblos.  

Si en ese segundo Congreso citado se “reafirma la decisión de luchar unidos y unidas por nuestra definitiva independencia, en el momento histórico de un cambio favorable en la correlación de fuerzas de América Latina y el Caribe a favor de los pueblos”, hoy afirmamos que es tarea imperiosa para coordinar y efectuar acciones concretas hacia la unidad nuestramericana, la construcción de este espacio, donde con-fluyan las fuerzas sociales y políticas antiimperialistas de Nuestra América.

“UNIDAD DEBE SER NUESTRA DIVISA”, SIMÓN BOLÍVAR.

Nada es más cierto que cuando los pueblos combaten unidos y con conciencia de sus intereses, la victoria corona el esfuerzo. Pero esa unión, como decía el Libertador Simón Bolívar “no nos vendrá por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos”. Vale decir que a esa unión hay que construirla.

Asimismo el imperialismo es consciente que en la desunión de los sometidos radica la fuerza del opresor. Si los momentos estelares de la primera ofensiva independentista y unionista fueron aquellos cuando los pueblos se unieron despojándose de mezquinos localismos, la nueva ofensiva independentista y unionista deberá seguir esos mismos lineamientos. Sólo unidos podremos imprimir la fuerza necesaria para derrotar al imperialismo y sus agentes nativos. Sólo bajo una coordinación eficiente golpearemos al enemigo con contundencia.

¿No es hora de contar con una coordinación operativa de las fuerzas revolucionarias y antiimperialistas de la América Latina Caribeña? ¿No es hora de que los movimientos sociales y políticos construyan un espacio común de debate, reflexión, pero también de acción, planificación y construcción de emprendimientos unitarios? 

UNIDAD EN LA DIVERSIDAD

Convocamos a todas las fuerzas revolucionarias, antiimperialistas, democráticas y populares de Nuestra América, como asimismo a individuos y colectivos. Creemos que este espacio grannacional, debe respetar absolutamente las líneas de acción que cada movimiento social o fuerzas políticas diagrame para el país en que opera. Pero convocamos a su vez a construir una plataforma unitaria de acción en la lucha por la unidad e independencia de América Latina y el Caribe.

Entendemos que este llamamiento incluye la defensa incondicional de los gobiernos populares y revolucionarios de Nuestra América, como asimismo la defensa de cualquier gobierno democrático ante el peligro de Golpe de Estado o atropello imperialista. 

Lo que debe unir a una poderosa fuerza nuestramericana en estos momentos debe ser la lucha por la independencia y la unidad de Nuestra América, conscientes que el enemigo principal es el imperialismo y las oligarquías nativas.



PLANIFICACIÓN Y COORDINACIÓN EN LA ACCIÓN

El enemigo imperialista planifica y ejecuta políticas para toda nuestra región. La Iniciativa Mérida, el Plan Puebla Panamá, el Plan Colombia, los Tratados de Libre Comercio, la instalación de bases militares, la reactivación del Comando Sur, etcétera, son ejemplos concretos de cómo los enemigos de la independencia y la unidad trabajan para seguir do-minando y controlando nuestra Patria Grande.

Más se ha visto que los gobiernos revolucionarios y progresistas de Nuestra América, a través de la coordinación y entendimiento, han podido poner freno a varias pretensiones imperialistas, como nunca antes se había visto desde la primera ofensiva independentista y unionista. La derrota del ALCA en Mar del Plata, hace ya cinco años, fue un ejemplo de esto; oyéndose todavía la voz de Néstor Kirchner cuando enfáticamente le decía a Busch y su comitiva “acá no nos vengan a patotear”. Y en esa dirección también podemos comprobar que por iniciativa de los gobiernos soberanos de la región, aparecen espacios donde los intereses imperialistas quedan afuera: Unasur, ALBA, Petrocaribe, OELAC, ASA, por ejemplo.

Vale decir que los gobiernos revolucionarios y progresistas están dan-do un ejemplo de cómo, en la unidad de acción, se puede ir ganando batallas a las fuerzas imperiales. La implementación del SUCRE, el haber podido erradicar el analfabetismo y otras misiones sociales que se desarrollan en la actualidad entre los países del ALBA, conforman todo un dispositivo de lucha antiimperialista en el devenir de la segunda ofensiva independentista y unionista.

LA HORA DE LOS PUEBLOS

Todo indica entonces, que para acelerar aún más esta ofensiva, y siguiendo el ejemplo de trabajo unitario que están dando los presidentes comprometidos en la lucha por la unidad nuestramericana y por la definitiva independencia, es impostergable la coordinación de la lucha de los pueblos de la región.

“Muchos factores harán falta (para alcanzar la unidad de Nuestra América) pero hay uno que es fundamental, esencial, como el oxígeno: los pueblos. Los pueblos conscientes, los pueblos convertidos en pueblos, es decir los habitantes de esta tierra convertidos en pueblos con conciencia común del pasado y con proyecto común de futuro”, 

señaló el Comandante Chávez durante el Segundo Congreso Bolivariano de los Pueblos. Y agregaba a su intervención: “Es necesario, por ejemplo, organizar, pronto, pronto, lo más pronto que podamos, darle cuerpo y alma a una especie, yo no sé cuál será el mejor nombre, pero a una especie de Confederación Latinoamericana Caribeña de Trabajadores y Trabajadoras, que agrupe a millones y millones, a la clase obrera, unida organizada luchando contra el imperialismo, contra el neoliberalismo. Una Confederación Latinoamericana de Campesinos y Campesinas luchando por la transformación del campo, por el derecho a la tierra, al trabajo, a la calidad de vida del campo, por la educación, por la salud. Para poner dos ejemplos nada más: campesinos y obreros”. Y a esto le sumamos nosotros: un poderoso movimiento indígena continental, de mujeres latinoamericanas caribeñas, de afrodescendientes, de técnicos y científicos, de estudiantes, de organizaciones de Derechos Humanos, de militares patriotas nuestramericanos…¡Y todos ellos coordinados!

Romper con la atomización del movimiento popular redundará en fortaleza y eficiencia en la lucha, como asimismo en organización y con-ciencia revolucionaria. Por ejemplo, si se coordinara en torno a la UBP todos los comités de solidaridad existente, con Cuba, Venezuela, Nicaragua, Honduras, Bolivia, Haití, Palestina, etcétera ¿no se ganaría en mayor poder de fuego, adhesión y eficiencia? 

Hay una consigna obrera que nació en el fragor de la lucha y que dice “si tocan a uno, nos tocan a todos”. ¡Ahí se resume la idea de conformar la Unión Bicentenaria de los Pueblos! De haber existido militante-mente este espacio durante el Golpe de Estado en Honduras ¿le habría sido tan fácil a los golpistas su accionar? 

¿No es hora de que los pueblos organizados comencemos a realizar acciones de boicot concreto contra empresas trasnacionales que siguen saqueando a nuestros países con toda impunidad? ¿No merecen las misiones sociales implementadas por los gobiernos del ALBA ser apoyadas con mayor compromiso por todos los pueblos nuestramericanos? ¿El problema de la independencia de Puerto Rico, como el de la usurpación de las islas Malvinas por parte de los ingleses es un problema sólo de los puertorriqueños y de los argentinos? ¿El bloqueo criminal a Cuba compete solo a un conflicto entre el gobierno estadounidense y el gobierno cubano? ¿La lucha contra los transgénicos es sólo un problema de los campesinos?, ¿las relaciones económicas y comerciales entre nuestros países es asunto exclusivo de los empresarios?...

Los desafíos en esta segunda ofensiva independentista y unionista son inmensos e inmensurables, la Unión Bicentenaria de los Pueblos nace para facilitar esta tarea


PROPUESTA INMEDIATA DE TRABAJO

Más allá de otros puntos que irán saliendo a la luz de la confrontación con el enemigo, como también en el fragor de la tarea de construcción de independencia y unidad, la UBP propone comenzar a desplegar una acción concreta, simultánea y coordinada sobre los puntos que a continuación se señalan, entendiendo que todos ellos hoy son asumidos por los protagonistas más directos, pero que deben ampliarse a todas las organizaciones sociales y políticas nuestramericanas, asumiendo que la indiferencia atenta contra la resolución del conflicto. 

1. Involucramiento de las fuerzas populares en las misiones sociales grannacionales en marcha y en todas aquellas que surjan como iniciativa de las organizaciones populares independentistas y unionistas, como también de los gobiernos revolucionarios y progresistas de la región. Misión Milagro, misiones y campañas de alfabetización, misiones de atención a los discapacitados, etcétera, deberán ser cada vez más apoyadas por las diferentes fuerzas antiimperialistas del continente.

2. Lucha permanente y campaña de esclarecimiento por la Libertad a los 5 Héroes Cubanos prisioneros en cárceles del Imperio. Los patriotas cubanos nuestramericanos deben ser liberados y volver a Cuba. Que en todo el territorio latinoamericano caribeño se entienda que esos 5 patriotas cubanos son hijos de Nuestra América, y como tales los debemos defender. 


3. Luchar mancomunadamente por una salida al mar para la hermana Bolivia. El enclaustramiento boliviano ha sido fruto del despojo y de los intereses imperialistas en la región. Es justo que a través de acuerdos concretos se solucione este conflicto que perjudica al pueblo boliviano. Los pueblos hermanos de Chile y Perú fundamentalmente, pero todos los pueblos de Nuestra América también, deberán presionar para que Bolivia recupere su conexión con el Océano Pacífico.


4. Puerto Rico debe ser libre e independiente. El imperialismo yanqui mantiene bajo la figura de Estado Libre Asociado un enclave colonial en territorio nuestramericano. La solidaridad con el pueblo puertorriqueño y su lucha por la independencia deberá ser acompañada por todos los pueblos de Nuestra América. La tarea de las organizaciones populares será de concientizar sobre el problema y pronunciamiento a favor de la independencia de Puerto Rico en cualquier espacio donde se denuncie al imperialismo estadounidense.

5. De igual manera las Islas Malvinas y Georgias del Sur, hoy en manos del imperialismo inglés, deberán pasar a la soberanía de la República Argentina. Para esto los latinoamericanos caribeños y las fuerzas populares en particular tendrán que bregar en todas las instancias donde se encuentren representantes del Reino Unido, alzando la voz de denuncia contra la usurpación inglesa. 

6. Solidaridad activa con el pueblo de Haití y su lucha por el retiro de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití, MINUSTAH. El respeto al heroico pueblo de Haití, primer país latinoamericano en declarar su independencia, no permite que fuerzas armadas de otros países ejerzan tutelaje sobre un pueblo que ha dado muestras fehacientes de dignidad y coraje. Los problemas de los haitianos y haitianas serán resueltos por ellos mismos, con la solidaridad militante de sus pueblos y gobiernos hermanos, pero nunca con una intervención militar impuesta por las políticas imperialistas.



7. Asumir, desde las fuerzas populares nuestramericanas, las celebraciones y conmemoraciones de todos los hitos de la primera ofensiva independentista y unionista, para concientizar así  sobre los desafíos de esta segunda ofensiva. El Bicentenario será de y para los pueblos, sin ningún tipo de concesión con la ideología impuesta desde el imperialista y las oligarquías nativas. Cumplir con este objetivo, a su vez, enaltecerá a todas las fuerzas patrióticas y antiimperialistas al honrar a nuestros mártires y caídos en la lucha por la liberación nacional y la unidad continental.

8. Participar, divulgar y defender la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA; entendiendo que éste es el principal espacio de unidad popular de nuestro continente. El Consejo de Movimientos Sociales del ALBA deberá ser un eje articulador, de involucramiento y garantía de la marcha de los Proyectos Grannacionales, como asimismo de la construcción de la nueva sociedad que todos anhelamos.

9. Movilizar, concientizar, denunciar, vigilar, generar acciones de boicot, etcétera contra las bases militares extranjeras en territorio nuestramericano. 

10. Defensa incondicional de los recursos naturales (energía, agua, tierra, minerales, biodiversidad, etcétera), oponiéndonos en unidad a cualquier tipo de privatización que enajene al patrimonio y la soberanía de los pueblos. En Defensa de la Madre Tierra y por una relación con el ambiente en armonía con la naturaleza. 

11. No descansar en denunciar al ilegítimo gobierno de Honduras, fruto de un golpe de Estado gestado desde el Pentágono. Apoyo militante efectivo al Frente de la Resistencia hondureño.

12. Contra el criminal Bloqueo a Cuba. Incrementar todas las acciones a nuestro alcance para denunciar el atropello imperialista, como asimismo apoyar al pueblo cubano que sufre ante el infame bloqueo. 

13. Por la OELAC y contra la OEA. Los pueblos de Nuestra América deberán apoyar incondicionalmente la creación de la Organización de Estados Latinoamericanos Caribeños. Este magno evento, que se celebrará en la ciudad de Caracas, el 5 de julio de 2011, al cumplirse el Bicentenario de la declaración de la independencia de Venezuela, deberá ser acompañado por grandes movilizaciones a nivel continental, ya que dará nacimiento a una nueva organización verdaderamente nuestramericanas, sin la participación de Estados Unidos y Canadá. Será el entierro del "ministerio de colonias yanqui", la OEA, y el surgimiento de una nueva organización donde los latinoamericanos caribeños podamos discutir nuestros problemas sin injerencias extrañas.


Union Bicentenaria de los Pueblos 
Capitulo de Chile