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martes, 14 de enero de 2014

¿Democracia o capitalismo?

Boaventura de Sousa Santos (ACTA) 
lunes, 6 de enero de 2014

Al inicio del tercer milenio, las fuerzas de izquierda se debaten entre dos desafíos principales: la relación entre democracia y capitalismo, y el crecimiento económico infinito (capitalista o socialista) como indicador básico de desarrollo y progreso. En estas líneas voy a centrarme en el primer desafío.

Contra lo que el sentido común de los últimos 50 años nos puede hacer pensar, la relación entre democracia y capitalismo siempre fue una relación tensa, incluso de contradicción. Lo fue, ciertamente, en los países periféricos del sistema mundial, en lo que durante mucho tiempo se denominó Tercer Mundo y hoy se designa como Sur global. Pero también en los países centrales o desarrollados la misma tensión y la misma contradicción estuvieron siempre presentes. Basta recordar los largos años de nazismo y fascismo.

Un análisis más detallado de las relaciones entre capitalismo y democracia obligaría a distinguir entre diferentes tipos de capitalismo y su dominio en diferentes períodos y regiones del mundo, y entre diferentes tipos y grados de intensidad de la democracia. En estas líneas concibo al capitalismo bajo su forma general de modo de producción y hago referencia al tipo que ha dominado en las últimas décadas, el capitalismo financiero. En lo que respecta a la democracia, me centro en la democracia representativa tal como fue teorizada por el liberalismo.

El capitalismo sólo se siente seguro si es gobernado por quien tiene capital o se identifica con sus “necesidades”, mientras que la democracia es idealmente el gobierno de las mayorías que no tienen capital ni razones para identificarse con las “necesidades” del capitalismo, sino todo lo contrario. El conflicto es, en el fondo, un conflicto de clases, pues las clases que se identifican con las necesidades del capitalismo (básicamente, la burguesía) son minoritarias en relación con las clases que tienen otros intereses, cuya satisfacción colisiona con las necesidades del capitalismo (clases medias, trabajadores y clases populares en general). Al ser un conflicto de clases, se presenta social y políticamente como un conflicto distributivo: por un lado, la pulsión por la acumulación y la concentración de riqueza por parte de los capitalistas, y, por otro lado, la reivindicación de la redistribución de la riqueza generada en gran parte por los trabajadores y sus familias. La burguesía siempre ha tenido pavor a que las mayorías pobres tomen el poder y ha usado el poder político que le concedieron las revoluciones del siglo XIX para impedir que eso ocurra. Ha concebido a la democracia liberal de modo de garantizar eso mismo a través de medidas que cambiaron con el tiempo, pero mantuvieron su objetivo: restricciones al sufragio, primacía absoluta del derecho de propiedad individual, sistema político y electoral con múltiples válvulas de seguridad, represión violenta de la actividad política fuera de las instituciones, corrupción de los políticos, legalización del lobby... Y siempre que la democracia se mostró disfuncional, se mantuvo abierta la posibilidad del recurso a la dictadura, algo que sucedió muchas veces.

Después de la Segunda Guerra Mundial, muy pocos países tenían democracia, vastas regiones del mundo estaban sometidas al colonialismo europeo, que servía para consolidar el capitalismo euro-norteamericano, Europa estaba devastada por una guerra que había sido provocada por la supremacía alemana, y en el Este se consolidaba el régimen comunista, que aparecía como alternativa al capitalismo y la democracia liberal. En este contexto surgió en la Europa más desarrollada el llamado capitalismo democrático, un sistema de economía política basado en la idea de que, para ser compatible con la democracia, el capitalismo debería ser fuertemente regulado, lo que implicaba la nacionalización de sectores clave de la economía, un sistema tributario progresivo, la imposición de las negociaciones colectivas e incluso, como sucedió en la Alemania Occidental de entonces, la participación de los trabajadores en la gestión de empresas. En el plano científico, Keynes representaba entonces la ortodoxia económica y Hayek, la disidencia. En el plano político, los derechos económicos y sociales (derechos al trabajo, la educación, la salud y la seguridad social, garantizados por el Estado) habían sido el instrumento privilegiado para estabilizar las expectativas de los ciudadanos y para enfrentar las fluctuaciones constantes e imprevisibles de las “señales de los mercados”. Este cambio alteraba los términos del conflicto distributivo, pero no lo eliminaba. Por el contrario, tenía todas las condiciones para instigarlo luego de que se debilitara el crecimiento de las tres décadas siguientes. Y así sucedió.

Desde 1970, los Estados centrales han estado manejando el conflicto entre las exigencias de los ciudadanos y las exigencias del capital mediante el recurso a un conjunto de soluciones que gradualmente fueron dando más poder al capital. Primero fue la inflación (1970-1980); después, la lucha contra la inflación, acompañada del aumento del desempleo y del ataque al poder de los sindicatos (desde 1980), una medida complementada con el endeudamiento del Estado como resultado de la lucha del capital contra los impuestos, del estancamiento económico y del aumento de los gastos sociales originados en el aumento del desempleo (desde mediados de 1980), y luego con el endeudamiento de las familias, seducidas por las facilidades de crédito concedidas por un sector financiero finalmente libre de regulaciones estatales, para eludir el colapso de las expectativas respecto del consumo, la educación y la vivienda (desde mediados de 1990). Hasta que la ingeniería de las soluciones ficticias llegó a su fin con la crisis de 2008 y se volvió claro quién había ganado en el conflicto distributivo: el capital. La prueba: la conversión de la deuda privada en deuda pública, el incremento de las desigualdades sociales y el asalto final a las expectativas de una vida digna de las mayorías (los trabajadores, los jubilados, los desempleados, los inmigrantes, los jóvenes en busca de empleo) para garantizar las expectativas de rentabilidad de la minoría (el capital financiero y sus agentes). La democracia perdió la batalla y sólo evitará ser derrotada en la guerra si las mayorías pierden el miedo, se rebelan dentro y fuera de las instituciones y fuerzan al capital a volver a tener miedo, como sucedió hace sesenta años.

En los países del Sur global que disponen de recursos naturales la situación es, por ahora, diferente. En algunos casos, por ejemplo en varios países de América latina, hasta puede decirse que la democracia se está imponiendo en el duelo con el capitalismo, y no es por casualidad que en países como Venezuela y Ecuador se comenzó a discutir el tema del socialismo del siglo XXI, aunque la realidad esté lejos de los discursos. Hay muchas razones detrás, pero tal vez la principal haya sido la conversión de China al neoliberalismo, lo que provocó, sobre todo a partir de la primera década del siglo XXI, una nueva carrera por los recursos naturales. El capital financiero encontró ahí y en la especulación con productos alimentarios una fuente extraordinaria de rentabilidad. Esto permitió que los gobiernos progresistas –llegados al poder como consecuencia de las luchas y los movimientos sociales de las décadas anteriores– pudieran desarrollar una redistribución de la riqueza muy significativa y, en algunos países, sin precedentes. Por esta vía, la democracia ganó nueva legitimidad en el imaginario popular. Pero, por su propia naturaleza, la redistribución de la riqueza no puso en cuestión el modelo de acumulación basado en la explotación intensiva de los recursos naturales y, en cambio, la intensificó. Esto estuvo en el origen de conflictos –que se han ido agravando– con los grupos sociales ligados a la tierra y a los territorios donde se encuentran los recursos naturales, los pueblos indígenas y los campesinos.

En los países del Sur global con recursos naturales pero sin una democracia digna de ese nombre, el boom de los recursos no trajo ningún impulso a la democracia, pese a que, en teoría, condiciones mas propicias para una resolución del conflicto distributivo deberían facilitar la solución democrática y viceversa. La verdad es que el capitalismo extractivista obtiene mejores condiciones de rentabilidad en sistemas políticos dictatoriales o con democracias de bajísima intensidad (sistemas casi de partido único), donde es más fácil corromper a las elites, a través de su involucramiento en la privatización de concesiones y las rentas del extractivismo. No es de esperar ninguna profesión de fe en la democracia por parte del capitalismo extractivista, incluso porque, siendo global, no reconoce problemas de legitimidad política. Por su parte, la reivindicación de la redistribución de la riqueza por parte de las mayorías no llega a ser oída, por falta de canales democráticos y por no poder contar con la solidaridad de las restringidas clases medias urbanas que reciben las migajas del rendimiento extractivista. Las poblaciones más directamente afectadas por el extractivismo son los campesinos, en cuyas tierras están los yacimientos mineros o donde se pretende instalar la nueva economía agroindustrial. Son expulsados de sus tierras y sometidos al exilio interno. Siempre que se resisten son violentamente reprimidos y su resistencia es tratada como un caso policial. En estos países, el conflicto distributivo no llega siquiera a existir como problema político. De este análisis se concluye que la actual puesta en cuestión del futuro de la democracia en Europa del Sur es la manifestación de un problema mucho más vasto que está aflorando en diferentes formas en varias regiones del mundo. Pero, así formulado, el problema puede ocultar una incertidumbre mucho mayor que la que expresa. No se trata sólo de cuestionar el futuro de la democracia. Se trata, también, de cuestionar la democracia del futuro.

La democracia liberal fue históricamente derrotada por el capitalismo y no parece que la derrota sea reversible. Por eso, no hay que tener esperanzas de que el capitalismo vuelva a tenerle miedo a la democracia liberal, si alguna vez lo tuvo. La democracia liberal sobrevivirá en la medida en que el capitalismo global se pueda servir de ella. La lucha de quienes ven en la derrota de la democracia liberal la emergencia de un mundo repugnantemente injusto y descontroladamente violento debe centrarse en buscar una concepción de la democracia más robusta, cuya marca genética sea el anticapitalismo. Tras un siglo de luchas populares que hicieron entrar el ideal democrático en el imaginario de la emancipación social, sería un grave error político desperdiciar esa experiencia y asumir que la lucha anticapitalista debe ser también una lucha antidemocrática. Por el contrario, es preciso convertir al ideal democrático en una realidad radical que no se rinda ante el capitalismo. Y como el capitalismo no ejerce su dominio sino sirviéndose de otras formas de opresión, principalmente del colonialismo y el patriarcado, esta democracia radical, además de anticapitalista, debe ser también anticolonialista y antipatriarcal. Puede llamarse revolución democrática o democracia revolucionaria –el nombre poco importa–, pero debe ser necesariamente una democracia posliberal, que no puede perder sus atributos para acomodarse a las exigencias del capitalismo. Al contrario, debe basarse en dos principios: la profundización de la democracia sólo es posible a costa del capitalismo; y en caso de conflicto entre capitalismo y democracia debe prevalecer la democracia real.

Boaventura de Sousa Santos es Doctor en Sociología del Derecho, profesor de las universidades de Coimbra (Portugal) y Wisconsin (Estados Unidos).


Publicado por ARGENPRESS 

miércoles, 2 de enero de 2013

2013: Un abrazo directo al porvenir


 “Claro es que no tengo en las manos
el derecho a morirme
ni siquiera en las abandonadas tardes de los domingos.”
Roque Dalton



Andrés Figueroa Cornejo

Como es de público conocimiento, el 21 de diciembre de 2012 no se acabó el mundo sino que comenzó el ciclo final del capitalismo. Asunto de los hombres de maíz, problema cardinal de la humanidad.

El modo de producción basado en la explotación de trabajo asalariado, la apropiación privada de la riqueza y la exclusión de los muchos por una minoría -que bien podría habitar alguno de los fiordos desarticulados del sur de Chile, un barrio cercado de los países centrales, o una luna diminuta del cosmos-, y sus históricas contradicciones internas, ya resulta insoportable hasta para un buen número de villanos. Como ese mismo puñado que concentra como nunca lo que pertenece al conjunto de la sociedad y, pobrecitos, no lo convence la realidad, el dolor de tantos ni nuestras nobles razones, el 2013, una vez más, tendremos que organizarnos creativa y disciplinadamente para precipitar su caída a la prehistoria de nunca jamás.

Como la mayoría sobrevivimos al día o morimos por minuto a causa de las crisis cada vez más profundas y sin retorno del capitalismo en su fase madura, esclerotizada y que asesina niños por hambre y munición, y ya no tiene nada más que ofrecer salvo superiores infortunios, patologías sociales y existenciales sin remedio, e irreparable destrucción planetaria, no nos va quedando otra cosa que reunirnos, destronar el miedo y la incertidumbre, hinchar los pulmones e intensificar la indignación. Silenciando nuestras distancias doctrinarias, escrúpulos fomentados por el enemigo y rencillas bíblicas.

Si bien los rebeldes, de acuerdo a las cifras de la historia oficial, hemos sido y estado siempre en la crónica de la lucha de clases, pero insuficientemente como para diluir las sociedades de clase, no va quedando más alternativa que imaginar con los pies en la tierra las tácticas particulares, locales y nacionales capaces de subordinarnos a la estrategia de la emancipación integral (no uniforme, lamentablemente no al mismo tiempo, no bajo la misma fórmula). Cada pueblo con sus peculiaridades y todos los pueblos contra el enemigo común: los imperialismos de los Estados corporativos.


Facebook: zapatistas

El 2013 (y no es fatalidad ni predicción malsana, falsa conciencia o puro deseo), ya contiene un variopinto acumulado de experiencias y prácticas transformadoras de los desheredados. 
  • Que ya el desarrollo de las fuerzas productivas, la ciencia, la tecnología, el saber humano están en su punto para alimentar, abrigar, cultivar, educar y sanar a la totalidad sin necesidad de los pocos especuladores que organizan la miseria –la insufrible y la llevadera con 15 días de vacaciones al año-. 
  • Que por todos los medios a nuestro alcance podemos confundir al egoísmo, desbaratarlo colectivamente, apuntarlo con el dedo en la calle e ir arrojándolo al tacho de la basura histórica. 
  • Que no importa de dónde vengas sino a dónde vas. 
  • Que sabemos bien qué no hacer para esquivar horrores andados y ahí mismo encontrar las pistas de lo que sí sabremos qué hacer. 
  • Que quien se equivoque o lastime a un igual pida disculpas y enmiende con el ejemplo. 
  • Que aunque sea con necesaria rabia, bronca, emputecimiento, los de abajo somos primeramente un corazón, un puente, una cabeza que busca a los compañer«s, un complejo de contradicciones que sólo quiere vivir en paz. Que los niños y los viejos primero.


No es delirio ni alcohol ni cóctel medicamentoso. El 2013 se viene duro y fuerte, doloroso y transformador. Se viene armado con trabajadores y empobrecidos, mujeres, indígenas, juventud rebelde, palestinos unidos a como dé lugar, cristianos que ponen el pecho del que caminó sobre el mar, gente con dudas, guerrilleros y secretarios de acta de junta vecinal, presidentes y parlamentarios que no pierden la memoria ni canjean compromisos por acomodo o posibilismo; chinos haciendo huelgas, huelgas fabricando vocación de poder, poder popular tejido a punta de asamblea y combate, territorios liberados, redes sociales al servicio de la praxis y la organización blindada. Campesinos, viejos luminosos que ya se pusieron al día o jamás dejaron de alumbrar, niños azules. Canciones de antes y canciones del futuro. Modos combinados y la justicia como condición de la libertad. El patriarcado en bancarrota y la Banca rota. Reunión, alianza, fuerza social que despeja ecuaciones y las cosas de orden cambia.

El 2013, a interpretación contemporánea de los anuncios de los hombres de maíz, significa el principio del fin del capitalismo. Cuando sea 1° de enero, no importa dónde estés ni por qué ni con quién. Abraza directo al porvenir.


martes, 1 de enero de 2013

Saludos recientes


Apreciables mensajes llegados a nuestras redes:


Un saludo de fraternidad y justicia para todos los hombres y mujeres que no creen el liberalismo económico. El 2012 se nos fue como una ráfaga de viento, en una noche aglomerada de estrellas, en algún lugar de esta inmensidad planetaria un hombre y una mujer nos mira como nosotros miramos desde la lejanía a otra lejanía, y en algún lugar de estos infinitos océanos de estrellas nos encontraremos para filosofar, y para amar.
Las olas violentas interrumpen mi escrito de hoja suelta al viento rabioso, se acerca la noche el mar en su inmensidad turquesa me cuenta sus secretos, mientras yo escribo unas notas desparramadas para mis amigos.
Bien, les deseo a todo un feliz año nuevo y que este 2013, se lleve la basura concertacionista, y a sus amigotes de la alianza.
Un feliz año nuevo a todos y a todas.
Desde un cerro bullicioso brindo con un vaso de vino rojo, por todos mis amigos.
Salud.
Vicente

Minero, levántate, el carbón negro como los ojos de tu amada,
son diamantes proletarios. 



Estimados compañeros desde la quinta región les saludo y quiero enviar los mejores deseos para el próximo año.

Las perspectivas de la lucha de clases deben ser las de la movilización, la unidad y la independencia de clases.

"Uno de los más graves y peligrosos errores de los comunistas (como de todos los revolucionarios) es el de imaginarse que la revolución puede llevarse a cabo por los revolucionarios solos. Por el contrario, para el éxito de todo trabajo revolucionario serio, es necesario comprender y saber aplicar en la práctica el concepto de que los revolucionarios son capaces de desempeñar el papel de vanguardia de la clase verdaderamente vital y verdaderamente de vanguardia. La vanguardia cumple sus tareas como tal vanguardia sólo cuando sabe no aislarse de la masa que dirige, sino conducir realmente hacia adelante a toda la masa. Sin la unión con los no comunistas, en los más diversos terrenos de la actividad, no puede ni siquiera hablarse de ninguna construcción comunista eficaz" 





V. I. Ulianov (Lenin)

Sabiendo que el terreno de la lucha de clases nos pondrá cada día a prueba y esperando que cada esfuerzo personal se transforme en colectivo para la necesaria transformación revolucionaria de la sociedad en la cual vivimos.

Tengan ustedes nuestros más fraternales y revolucionarios saludos.

 El presente es de lucha, el futuro es nuestro!!
 Trabajadores al poder

Un feliz y combativo 2013
Víctor y Eli


domingo, 9 de octubre de 2011

AL CHE, A 44 AÑOS DE SU MUERTE



“... y dicen que el Che ha muerto.
Que los míos, que los tuyos, que los nuestros murieron.
... Solo muere quien se olvida.”

 AL CHE, A 44 AÑOS DE SU MUERTE
                                                               
Compañero Guevara:
Desconozco al autor de los versos con los que inicio y, aunque los he adulterado concientemente, creo que son los que de mejor manera expresan el sentir de muchos, al aproximarse el año 44 desde que solo contamos con tus escritos, con tu ejemplo de vida y de lucha, mas no con tu presencia física.
En este alto por la memoria, nuevamente se hablará de tus luchas, actitud, ejemplo, así como de tus propuestas y sueños.  Se leerán una o varias hojas en saludo al guerrillero heroico y su causa.
Habrá actos solemnes, concentraciones, e incluso desfiles en tu honor. Sumaran miles los muros pintados, se dirán arengas y se tomaran compromisos de luchar hasta vencer, en muchos lugares del mundo.
Será una demostración potente de que estás con nosotros en el día a día y sin embargo tengo la impresión que algo no anda bien.
Y es que aunque muchos van por ahí citando tus textos, luciendo tu rostro barbado en escarapelas, en su actuar cotidiano están muy lejos de lo que tu fuiste en vida. Un hombre digno, desapegado de lo material, preocupado del bienestar del pueblo, sin otro norte que la liberación plena del hombre.
Se sabe de algunos que estuvieron varios años jugándosela por la causa, pero a la primera que las cosas no se dieron como ellos juraban que se darían, abjuraron sin vergüenza y hoy comparten espacios, alimentos y bebidas con esos a los que tu - y otros antes que tu y otros después de ti - tienen claramente identificados como los responsables de tanta penuria y dolor que golpea a nuestro pueblo.
¿Podría creer Che, que varios de los que juraron seguir su ejemplo, ahora andan por ahí, sacando provecho de las tantas ventanas que les abrió el sistema – ese sistema que brindó con champagne cuando supo de su asesinato?
Y la cosa no acaba aquí. Existen otros que dejaron de creer hace tiempo en la nueva sociedad a construir, sin embargo esconden su renuncia y cargan banderas rojas en cada movilización, para luego volver a sus espacios ganados por haber traicionado al pueblo.
A casi 44 años de su último combate, veo con desazón que mas que ayudar a la causa por la que usted dio la vida, varios se han servido de su nombre y su figura para ir por la vida mintiendo, haciendo cosas muy distintas a lo que fue su compromiso comandante Ernesto.
Ellos que dicen honrarlo, que se vienen juramentado cada año desde 1968 cuando recordaron por primera vez su partida física, que se comprometieron a seguir su ejemplo, dan algunos pasos en el camino correcto y muy luego, cuando ya se apaga el fragor de los homenajes excluyen, discriminan, persiguen, descalifican, hostigan, menosprecian, insultan a todos aquellos que no asumen sin discusión, lo que ellos han definido como el camino a seguir.
¿Creerás comandante que en algunos casos hasta se han sentado a la mesa a compartir con los mismos que fueron inspiradores y promotores de duros golpes contra el pueblo y sus organizaciones sociales y políticas?
Pasos tácticos le llaman a estas maniobras y el resultado de las mismas casi siempre supone la mantención, con algún maquillaje superfluo, del modelo imperante que ahoga al pueblo.
Es doloroso pero debe decirse. A veces queda la impresión que se han separado de las luchas populares. Que se están sirviendo del pueblo  y no sirviéndolo como debe ser. 
Aunque levantan el puño cerrado y cantan nuestros himnos, tus himnos, tengo la impresión que no los tienen grabados a fuego en el corazón.
Aunque la lucha no cesa ni cesará, los momentos complejos y difíciles seguirán aún por bastante tiempo.
Y es que ya no es política permanente, principal, el contacto permanente con las masas, las visitas a las empresas, los campos, ciudades y pueblos olvidados a los que solo se llega en época de elecciones.
El encuentro directo con el pueblo, con los más desposeídos, va siendo reemplazado por las conversaciones en los cafés, tertulias al atardecer, reuniones de estudiosos de la cosa social, coloquios y encuentros entre iguales, entre los que saben de la cuestión social.
Lo que resulta un poco extraño Che, es que a esos encuentros no son invitados trabajadores, ni pobladores.
No dan su opinión sobre la explotación y el abuso, los explotados ni los abusados. Otros lo hacen en su nombre. Solo conocen de las resoluciones a sus problemas, que fueron tomadas por otros.
Eso es lo que hay que cambiar, volver a las raíces es imperativo, urgente, de lo contrario será poco lo que se avance en este camino al que ya entregaron su vida generosa tu y otros luchadores a los  que en muchos casos no se les recuerda ni de nombre.
Un saludo comandante y la reiteración del compromiso.
Sigue guiando con tu ejemplo la lucha de todos los que no cejaran en su intento por un mundo más justo y digno para el pueblo, inspirados en ti y en el camino que mostraste.

“Y dicen que el Che ha muerto,
   solo muere quien se olvida”.

MANUEL AHUMADA LILLO
PRESIDENTE CGT - CHILE

martes, 22 de febrero de 2011

Camilo, el revolucionario sonriente


Camilo, el revolucionario sonriente

Por Nicolás Armando Herrera Farfán- El 15 de febrero de 1966 en un enfrentamiento militar entre el insurgente Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas gubernamentales de Colombia, cayeron abatidos por lo menos 3 combatientes. Uno de ellos, de barba rojiza, sonrisa franca y contagiosa y gran capacidad de convocatoria había asombrado a Colombia meses atrás y había escandalizado a la curia en general. Era sacerdote, sociólogo y político.

Algo sobre Camilo

Mientras cursó estudios de Sociología en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) tuvo la posibilidad de conocer la experiencia de los “curas obreros” franceses -los mismos que inspiraron con su ejemplo el debate que germinará en el Concilio Vaticano II y la Doctrina Social de la Iglesia-. También se encontró con compatriotas suyos a lo largo de Europa y compartió con ellos las angustias por el subdesarrollo, el atraso, la violencia estructural y la urgencia de transformar el estado de las cosas. De esos encuentros nace el ECISE (Equipo Colombiano de Investigación Socio-Económica). Su posterior paso por Estados Unidos significó las búsquedas académicas que ayudaran a resolver sus angustias frente a su país.

Regresó a Colombia para ser Capellán de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, de donde había salido unos años antes corriendo de las aulas de Derecho para el Seminario Conciliar de Bogotá. Ahí se conoció con otros brillantes personajes con las cuales confluyó en la necesidad de impulsar la sociología. Con Orlando Fals Borda (un protestante), empuja ese proyecto, siendo los dos los primeros docentes. Siempre con su sotana, siempre con su sonrisa. Ahí conjuga dos elementos claves para entenderlo: El sacerdocio y la docencia. Y la docencia ligada a la investigación en el campo.

Mal profesor, dicen sus ex-alumnos, porque no sólo incumplía los horarios y eludía los debates sobre Marxismo, sino ante todo porque mostraba cierto desdén por la institucionalización. Buen profesor, porque comprendía que la Sociología se hacía en el terreno, con la gente, para la gente, desde la gente. Si los modelos teóricos no daban, había que crear otros, unos propios, una “auténtica sociología latinoamericana”. De eso nace el MUNIPROC (Movimiento Universitario de Promoción de la Comunidad).

Como profesor de la Universidad, como intelectual brillante, como sacerdote estrella, tuvo acceso a diversas posibilidades: Miembro de la Junta Directiva del INCORA (Instituto Colombiano de la Reforma Agraria) y Director de la ESAP (Escuela Superior de Administración Pública). En la Nacional conoció los problemas de los estudiantes. En el barrio, los problemas urbanos (había estudiado sociología urbana en Estados Unidos). En el Incora, supo de primera mano las dificultades de los campesinos. En la ESAP comprendió muy bien la lógica de la estructura social, la guerra contrainsurgente y la esencia de la burocracia colombiana. Se llenó de pueblo. Descubrió que en Colombia se gestaban dos subculturas, comprendió que la Violencia era una lógica institucional, que la exclusión no sólo era política sino fundamental: se privaba a las mayorías de los derechos más básicos, de acceso a los recursos elementales. Claramente pudo describirlo, cuando afirmó que “la concentración del poder económico en Colombia es evidente. Las estadísticas sobre la mala repartición del ingreso nacional, sobre el ingreso per capita, sobre la mala repartición de la tenencia de la tierra, etc., son ampliamente conocidas”.

Que los dos partidos en pugna electoral legislaban para sus propios intereses “de clase”, por tanto, nada podía esperarse de ellos, era una hipótesis que no requería validación empírica, sino sentido común. Camilo era un convencido que la clase dominante, la dueña de los medios de producción y comunicación, era la misma clase política, o sino se beneficiaba exclusivamente de su tarea gubernamental, y denunciaba la mascarada democrática:

Actualmente, los únicos que determinan las decisiones gubernamentales en Colombia son los que pertenecen a una minoría de grandes intereses económicos. El día que logremos que las mayorías se unifiquen con objetivos concretos, y produzcan las decisiones, ese día tendremos una auténtica democracia.

Por ello consideraba que de esta clase no podían venir las transformaciones porque, generalmente, asumir esas transformaciones implica sacrificar los privilegios. Ahí vió que el país estaba escindido en dos: una clase alta acomodada, terrateniente, industrial, dependiente de los Estados Unidos; y una clase marginal, oprimida, sin tierra, obrera, mal pagada y mal vestida. En medio, advertía que había una clase intelectual y obrera, que conscientemente debía asumir partido, porque, de lo contrario, terminaría respondiendo a los intereses de la primera. Le revolución se hacía un imperativo, una muestra de amor, un proceso social que no dependería de los deseos o las angustias de los mayoritarios sino de las opciones de los poderosos.

Es necesario, entonces, quitarles el poder a las minorías privilegiadas para dárselo a las mayorías pobres. Esto, si se hace rápidamente es lo esencial de una revolución. […] La revolución, por lo tanto, es la forma de lograr un gobierno que dé de comer al hambriento, que vista al desnudo, que enseñe al que no sabe, que cumpla con las obras de caridad, de amor al prójimo no solamente en forma ocasional y transitoria, no solamente para unos pocos sino para la mayoría de nuestros prójimos […]

Estoy convencido que es necesario agotar todas las vías pacíficas y que la última palabra sobre el camino que hay que escoger no pertenece a la clase popular, ya que el pueblo, que constituye la mayoría, tiene derecho al poder. Es necesario más bien preguntarle a la oligarquía cómo va a entregarlo; si lo hace de una manera pacífica, nosotros lo tomaremos igualmente de una manera pacífica, pero si no piensa entregarlo o lo piensa hacer violentamente, nosotros lo tomaremos violentamente.

La clase dominante organizó un monopolio del control político al cual llamó “Frente Nacional”, que implicaba, entre otras cosas, la exclusión política a cualquier alternativa y garantizaba la reproducción del sistema social de exclusión y privilegios. La dominada (que Camilo rebautizó “Clase Popular”) estaba dispersa, desconcertada y fragmentada entre los partidos políticos tradicionales y el escepticismo (“Los no alineados”). Había que organizarla para que fuera un verdadero “Grupo de presión” que confrontara y transformara, por las vías que fueran necesarias, siempre intentando usar las disponibles socialmente. La Revolución sería el producto histórico. A esto le dedicó sus mejores esfuerzos. Había que buscar una herramienta que lograra aglutinar y convocar a las mayorías. Los partidos políticos de oposición habían mostrado sus limitaciones. Las grupos emergentes podían retrotraerse si terminaban siendo un simple espasmo anticonformista. Muchísimas personas no estaban ni en los unos ni el otros, pero igual querían transformar las condiciones: Así nace el Frente Unido del Pueblo.

El Frente Unido del Pueblo, que Camilo ayudará a impulsar, será la herramienta en donde cupieran todos y todas, en donde se construyera un país incluyente, suprapartidario, nacional, popular, revolucionario que caminara hacia el socialismo propio, autóctono, de nuevo cuño. El Frente Unido debía ser el catalizador de las luchas sociales, con una dirección colegiada, en donde la Unidad fuera el elemento central: la unidad por encima de las banderas, los colores, los partidos, las tradiciones, los credos… En él confluirían los partidistas, los renegados, los excluidos y los apartados; mujeres, niños, jóvenes, adultos, ancianos… todos estaban llamados a hacer la revolución y como cristianos estaban obligados éticamente a tomar partido por la transformación, porque allí estarían cumpliéndose las Obras de Misericordia. La unidad era clave para la victoria. El Frente Unido del Pueblo debía responder a esa necesidad:

El pueblo siempre ha seguido anhelando una guía para transformar las instituciones del país. Y esa guía no se le ha mostrado en una forma que responda totalmente a ese anhelo. Pero me parece que ahora comienza a ver una forma de solución. Una forma de encauzar su descontento, no solamente dentro de un partido, dentro de una ideología, sino en una forma amplia alrededor de algunos principios concretos.

La clase dominante reprodujo el esquema: ante las demandas de los sublevados represión, persecusión, muerte y exterminio. Como Camilo era una figura pública, y además un sacerdote, vinieron las presiones y la Iglesia oficial terminó dejándolo a su suerte. Mientras su proyecto de utopía pluralista se desvanecía en medio de la rapiña de los partidos y tendencias de izquierda, a Camilo le sobrevinieron los intentos de asesinato, las presiones de la guerra psicológica, las angustias vitales. Llegaban las horas de decidir: Si capitular o ser consecuente con sus propias palabras y sus propias consignas. Decidió lo segundo y entró en la guerrilla.

No juzgo ahora si fue bueno o malo, ni mucho menos si la lucha armada tiene sentido o vigencia en este momento histórico. Lo que quiero resaltar es que Camilo entró a la guerrilla no por sed de sangre, ni por afán de protagonismo, ni cobardía, ni por búsqueda de heroismo y martirio. Todo lo contrario, Camilo entró en la guerrilla por una mezcla de realidad social y de creencia personal: Las vías pacíficas se agotaron y su movimiento se fue desvaneciendo entre las presiones de la Derecha y las mezquindades de la izquierda. Por otro lado, Camilo creía que lo había intentado todo y que sólo quedaba ya la vía armada. Había instado a todos a “luchar hasta las últimas consecuencias” a ir “hasta la muerte, porque un pueblo que se entrega hasta la muerte siempre logra la victoria”. La selva lo esperaba y un tiro, por la espalda, cegó su vida en su primer combate. Murió el hombre, nació el mito, se cristalizó el ejemplo. No un ejemplo de violencia, de muerte, de guerrilla, sino de paz, de vida, de esperanza, de amor y compromiso.

Tal vez son muy importantes los dos últimos elementos: Amor y Compromiso. No murió por la patria, ni por el socialismo, ni por la creencia falsa de que las armas son un fin en sí mismo. Murió por AMOR, como Jesús, como lo reza el evangelio. Por un amor eficaz que lograra acercar el paraíso a la vida cotidiana. Por ese amor se comprometió, por ese amor se jugó, por ese amor murió. Dió la vida para que hubiera vida. Eso lo hizo superar todas las muertes. Por eso Isabelita, su madre, declaró inteligentemente: “Camilo nació el día que lo mataron”. Por eso su muerte fue semilla. El amor y el compromiso lo hermanan con el Che. Sus muertes fueron semillas.

Camilo no es sólo Camiloz

Su compromiso político y su amor por el pueblo lo hermana con Salvador Allende, con Raúl Sendic, con Mario Roberto Santucho, con Carlos Fonseca Amador, con Camilo Cienfuegos, con Miguel Enriquez, con esa pléyade de soñadores.

Su cristianismo auténtico lo vincula a muchísimos cristianos y cristianas que decidieron comprometerse en la tarea de luchar por el amor eficaz, entre ellos brillan con luz propia: En Nicaragua el español Gaspar García Laviana y los nicaragüenses Ernesto y Fernando Cardenal, sacerdotes y combatientes del FSLN; en Chile, los Cristianos por el Socialismo y el español Antonio Llidó, combatiente del MIR; en Argentina, los padres palotinos, Monseñor Angelelli, el cura villero Carlos Mugica, los Sacerdotes por el Tercer Mundo, Juan García Elorrio, el Comando Camilo Torres de la agrupación insurgente Montoneros…; en Brasil, Frei Betto, Leonardo Boff y el español Pedro Casaldáliga; en Perú, el testimonio personal e intelectual del Padre Gustavo Gutiérrez; en Uruguay, el compromiso de Uberfil Monzón; en Venezuela, el comportamiento del Padre Edmundo Cadenas y otros; en Colombia, además de los famosos curas de Golconda y su líder, monseñor Valencia Cano, están los tres sacerdotes aragoneses muertos en la guerrilla del ELN (Manuel Pérez Martínez, José Antonio Jiménez Comín, Domingo Laín Sánz) y los anónimos muertos de las Comunidades Eclesiales de Base; en El Salvador, el ejemplo vivificador de Monseñor Óscar Arnulfo Romero y de los mártires jesuitas españoles de la UCA, con Ignacio Ellacuría e Ignacio Martín-Baró a la cabeza; en República Dominicana, Carlos Sánchez y Amaury Germán Aristy, del CORECATO (Comité Revolucionario Camilo Torres).

Su tarea auténtica y liberadora, anti-imperialista y contrahegemónica lo hacen discípulo de Bolívar, de Artigas, de Sandino, de San Martín, de Bartolina Sisa, de Manuela Beltrán, de Eloy Alfaro, de Tupac Amaru, de José Antonio Galán y Manuela Beltrán.

Camilo hoy

45 años después de su dolorosa muerte, Camilo sigue renanciendo las mil muertes. Por eso conmemoramos su aniversario, porque sigue estando vivo. Honrar la memoria de Camilo no sólo es un justo reconocimiento a su testimonio de vida sino un esfuerzo por lograr avanzar en la construcción de nuestra propia identidad, a veces minada por la angustia de repetir modelos, esquemas y discursos que si bien sirven como enseñanza no pueden sernos impuestos como modelos que hay que seguir a tábula rasa, porque sería tan absurdo como darle un camisón de anciano a un recién nacido. Nuestras propias experiencias, nuestro propio caminar no puede ser otro que el de la “creación heróica” a la cual nos invitaba siempre José Carlos Mariátegui. Camilo merece que no lo dejemos morir en el impune olvido y en el fútil silencio al que lo han querido reducir. Marcos nos dice desde las entrañas de la Selva LaCandona que “el que ama la vida, guarda la memoria”. Camilo con su vida nos invita a hacer de la nuestra algo más grande que una monótona repetición de calendario.

No recordamos a Camilo como un héroe, sino como una persona auténtica, un militante de la vida que hizo una apuesta y fue con ella hasta las últimas consecuencias. Un soñador que comprendió que para transformar las estructuras opresoras había que JUGAR-SE y no dudó en hacerlo. Recordamos al Camilo que canta y sueña, que ríe, que lucha todos los días.

Camilo nace siempre que estemos comprometidos en la transformación de la realidad, con compromiso auténtico, con ética en nuestras acciones, con identidad popular. Camilo vive en el poder popular, en la alegría y creatividad juvenil, en el Foro Social Mundial y en los espacios internacionales de confluencia, tanto como en el Congreso de los Pueblos (¿un nuevo Frente Unido?) celebrado en 2010 en Colombia.

Camilo Torres, es símbolo germinador y esperanza del mundo. En estos momentos de despertar de luchas en el mundo, la siempre contagiosa sonrisa de Camilo y su inigualable ejemplo de compromiso deben ser acicates para seguir avanzando. Camilo, nuestro Camilo, el revolucionario sonriente.

FUENTE:
http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php/a/2011/02/15/p6327



lunes, 8 de noviembre de 2010

De fechas y héroes. A 7 de noviembre de 2010:


Por Carlos Ruiz
MAPU

A 93 años de la caída del Imperio Ruso y de la toma del poder por los revolucionarios bolcheviques, no podemos sino recordar a éstos, a sus conductores, Lenin, Trotski y tant*s otr*s, que hicieron real aquella utopía de emprender una revolución proletaria.
El sueño sería interrumpido por la burocracia, el proceso debió resistir al capitalismo planetario, la conspiración de los burgueses y terratenientes, la contrarrevolución que siempre defiende sus intereses frente a los pueblos que luchan por su dignidad.
Pero la revolución de octubre, como iniciativa revolucionaria, no podrá ser olvidada, tampoco sus logros, que hoy añoran muchos habitantes de los pueblos de Rusia, hoy sumidos en el nuevo imperio.

En este año de terremoto y de asunción de una nueva fracción capitalista al gobierno de Chile, se nos ha olvidado que Vladimir Ulianov nació en 1870 y que han pasado 140 años.
Debemos recordar que mal que mal, en 1810 en América morena comenzaba un movimiento antiimperialista; aunque liderado por una emergente y subdesarrollada burguesía, la gesta de Bolívar, de Rodríguez, de Hidalgo y del Allende mexicano, abría las compuertas para que América Latina comenzase a hacerse respetar.
Que en 1910, los campesinos y pueblos de México iniciaban una revolución, siete años antes que la de Lenin.
Que los mapuche se daban en 1910 una primera organización urbana, la Sociedad Caupolicán, que después sería Corporación Araucana, con Venancio Coñuepan a la cabeza, desafiando simbólicamente a las élites wingka que celebraban su Centenario ostentando las joyas adquiridas gracias a las especulaciones con tierras, mares y salitres mal habidos por el norte y por el sur.
A trastabillones fueron los pueblos avanzando a lo largo del siglo, contra vientos y mareas, contra la burocratización, contra las frustraciones, contra el acomodo de unos líderes y el asesinato de los consecuentes, a golpes con las contrarrevoluciones que en América Latina, en México, en la Unión Soviética, en Wallmapuche, terminaban por deformar y corromper la pureza de los principios fundacionales.
Gota a gota, como decía Neruda, a lo largo del siglo, se iban teñiendo las banderas de rojo, iban naciendo rojas estrellas en el campo de la Madre Tierra.
Pero no mataron la ilusión, los pueblos siguen inspirándose en Villa, Madero, Zapata, en Lenin y Trotski, siguen intentando creaciones heroicas, resilientes y vigilantes, contentos y desnudos, entre humo y metralla. Probando todas las formas de lucha, con garras de cóndor y pies de huemul, siempre que se centren en el empoderamiento de los pueblos y las multitudes, porque la historia prueba que las revoluciones que no son protagonizadas por las mayorías, acaban frustradas por los intereses de las minorías.



jueves, 8 de julio de 2010

Entrevista con Luis Vitale, académico y revolucionario

"HAY QUE NACIONALIZAR LAS EMPRESAS PRIVADAS QUE PERTENECIERON A LA PÚBLICA CORPORACIÓN DEL COBRE" Luis Vitale es un militante vivísimo y urgente de la causa de los trabajadores y el pueblo desde hace más de medio siglo. Rebelde que hace lo que dice y dice lo que piensa, hoy, pese a una enfermedad que lo tiene atado a la cama, no deja de producir y sintetizar su extraordinaria y extensa trayectoria por los derroteros sinuosos de la construcción del socialismo. Revolucionario, académico universitario, tanguero impenitente, nacido en Argentina y chileno por elección, sus innumerables obras publicadas abordan temáticas asociadas a la historia social comparada de los pueblos de América Latina; interpretación marxista de la historia de Chile; teoría de la historia; los pueblos originarios; el protagonismo social de la mujer; el deterioro ambiental; vida cotidiana; movimientos estudiantiles; teoría política, etc. Entre 1952 y 1954 militó en el Partido Obrero Revolucionario -donde realizó sus aprendizajes primeros-; entre el 55 y 64 fue parte del POR chileno; del 64 al 70 integró las filas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR); y del 71 al 73 estuvo en el Partido Socialista Revolucionario. Ya en el exilio se incorporó a diversas secciones europeas de la IV Internacional (74 -75); en Venezuela militó en el Topo Obrero (80 - 85); y junto a su retorno a Chile, entre el 93 y el 95, tomó partido por un nuevo movimiento revolucionario (93 -95). Luis Vitale fue dirigente nacional de la Central Única de Trabajadores "de los buenos tiempos de Clotario Blest" (58 -62), y en la actualidad se define como "marxista libertario" desde donde contribuye con organizaciones que luchan por una alternativa al capitalismo neoliberal, "que no tiene ni una pizca de liberal". ¿Cuáles son aspectos que considera esenciales en la caracterización de la presente fase de acumulación capitalista en Chile y el mundo? "La llamada globalización es en realidad una mundialización del capital que tiene crisis cíclicas, como las de 1994 y 2008-2009. Para nuestra América, y en especial para Chile, las tendencias se resumen en la privatización de las empresas antes nacionalizadas (cobre); el aumento de la deuda externa; la desindustrialización y control de la economía por transnacionales que no representan a un imperialismo determinado. Este proceso nos plantea la necesidad de actualizar nuestro programa antiimperialista. Ahora se trata de luchar por la nacionalización sin pago de las corporaciones transnacionales." ¿Qué sectores sociales, de acuerdo al período, deberían ser aquellos desde donde recomponer las fuerzas populares? "Me permito sugerir que para recuperar la conciencia de clase trabajadora es necesario fortalecer las organizaciones locales, como la comuna, donde participen los sindicatos del territorio. Además deben estar los pobladores, profesores de escuelas primarias y liceos, grupos ecologistas, movimientos de mujeres y estudiantes de colegios de cada comuna. Esta proposición habría que aplicarla en los territorios, en cada provincia, de acuerdo a las especificidades regionales. Otro punto corresponde a realizar una propuesta para contribuir a solucionar los problemas de los pueblos originarios mapuche y aymara. Es el momento para aplicar en Chile la reciente resolución del Convenio 169 de la OIT de las Naciones Unidas sobre el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios. Al respecto, sugiero proponer para Chile el Estado pluri-étnico: no se trata sólo de recuperar las tierras de las comunidades, sino de reivindicar sus derechos a la vivienda, salud, educación y establecer la representación política de las comunidades originarias. Otro aspecto importante es proponer la recuperación de las riquezas nacionales, esencialmente del cobre. Hay que nacionalizar las empresas privadas que pertenecieron a la pública Corporación del Cobre (Codelco) y que fueron privatizadas." ¿Qué claves de la historia de Chile y el mundo rescataría para impulsar una estrategia emancipadora y socialista en la actualidad? "Por lo menos ya sabemos lo que no queremos del llamado "socialismo real" de la Unión Soviética , lo que nos permite pensar las bases de una sociedad alternativa al capitalismo. Un socialismo distinto al estalinismo burocrático de la URSS. Creo que es pertinente rescatar para Chile y América Latina las experiencias de la Revolución Boliviana de 1952 - 55 en su primera victoria popular, y derrota del ejército burgués. Así también su planteamiento resumido en "todo el poder a la Central Obrera Boliviana (COB)". Asimismo, los retos y bases de la Revolución Cubana. Para el caso específico de Chile, yo destaco la resolución de la Federación Obrera de Chile orientada por Luis Emilio Recabarren (padre de la clase trabajadora chilena), cuando dice que "derrocando el sistema capitalista, la Federación Obrera se hará cargo de la administración de la economía". Además, es preciso rescatar y superar las deficiencias del gobierno popular de Salvador Allende; la nacionalización del cobre, la reforma agraria, y la creación del área de propiedad social con autogestión y control obrero de la producción." ¿Qué personalidades y liderazgos destacaría desde los intereses de los trabajadores y el pueblo chilenos? "Sin ninguna duda a Luis Emilio Recabarren y a Clotario Blest (fundador de la anticapitalista Central Única de Trabajadores de 1953)." Andrés Figueroa Cornejo Diciembre 9 de 2009 periodistafigueroa@yahoo.es

viernes, 21 de mayo de 2010

EL LEGADO TEÓRICO DE RODRIGO AMBROSIO

MANUEL ACUÑA ASENJO
Santiago, 19 de mayo 2010

Con excepción de un libro homenaje, escrito hace algunos años, intitulado ‘In Memoriam. Rodrigo Ambrosio, constructor del MAPU’, y cuya segunda edición, corregida y aumentada saldrá publicada en Suecia, Estocolmo, durante el curso del mes de agosto, jamás he redactado un artículo en memoria suya ni he recurrido al empleo de sus palabras para argumentar en contra de las posiciones que caracterizaran a los miembros de esa organización, personajes destacados en los sucesivos gobiernos de la Concertación. Menos, aún, escribir acerca de su legado teórico, materia cuyo trato a muchos avergonzaría. Dos razones avalan esta conducta mía.

Una es, por supuesto, el hecho que Rodrigo, a pesar de ser un escritor infatigable, dejó pocos documentos suyos, la mayoría de los cuales pasó a constituir la línea teórica y programática de su partido. Los escritos de Rodrigo y su partido, pues, se confunden en una obra única al extremo que solamente avezados investigadores podrían distinguir donde empieza y termina tanto el trabajo colectivo como el suyo.

Hay, no obstante, una razón más importante que me ha hecho guardar silencio ante su figura. Esta no es otra que la misma que me obliga a callar frente al legado que deja la presencia rutilante y conmovedora del presidente Salvador Allende. Ambos son personajes históricos. No se caracterizaron por dejar un legado teórico de proporciones. Fueron líderes que construyeron patria y organización al compás de los acontecimientos. Pertenecen, por consiguiente, a su tiempo y a su historia, y obligan a formular inevitables comparaciones. Sin embargo, nada puede presumirse de ellos que no sea lo que verdaderamente fueron; la muerte, que interrumpió el flujo de sus vidas, impide suponerles conductas que no adoptaron ni podrán adoptar jamás. La muerte, por consiguiente, impide manipular sus memorias. Fueron grandes en su tiempo porque lucharon por sus convicciones y fueron capaces de crear nuevas formas de concebir la organización social con los instrumentos teóricos que poseían. No se les puede criticar porque nacieron en una época que no se corresponde con la nuestra. Al contrario: precisamente por eso ha de considerárseles grandes. Porque sin contar con el instrumental que la moderna sociedad nos entrega fueron capaces de señalar un camino y una tarea para las generaciones que habían de sucederles.

Rodrigo estudió en Francia, nación en la que ya destacaban Charles Betthelheim, Nicos Poulantzas, Étienne Balivar, Louis Althusser, entre otros, cuyas críticas al ‘socialismo real’ comenzaban a hacerse públicas, en tanto dentro de Italia y España realizaban similar labor Umberto Cerroni, Eduardo Fioravanti, Manuel Castells, también entre otros. Era una época en que se buscaba la posibilidad de instaurar un modelo socialista distinto al pregonado por la URSS, cuyas bondades muchos comenzaban a poner en duda. No por algo esos autores eran observados con sospecha por la militancia comunista, poco proclive al análisis y muy inclinada a tener fe en la sapiencia de sus líderes, defensora inclaudicable de las bondades de un modelo cuya verdadera esencia desconocía. Y es que la propaganda de la URSS era poderosa en ese entonces porque mostraba una experiencia real, un resultado (una ‘gestión’ exitosa, si empleamos las palabras de los ministros piñeristas), y no una simple elaboración teórica: podía, por consiguiente, no sólo atribuirse ser la heredera de las tesis de Lenin (que, verdaderamente, lo era), sino además de Karl Marx.

Puedo asegurar que Rodrigo no sucumbió ante la propaganda del modelo soviético; de otra manera hubiere reconocido filas en el partido comunista chileno. Pero era profundo admirador de las luchas populares, de las grandes epopeyas que hablaban de sociedades tomando para sí el control de su propio destino. Y eso era lo que había descubierto en determinados movimientos comunistas. No la forma de gobierno propiciada por ellos ni su estilo de organización social, sino el permanente ejercicio del poder de las masas, de toda una formación social en marcha hacia el encuentro consigo misma. Por eso sus tesis rebozan de confianza en las personas, en las masas, en sus organizaciones, lugares en los cuales debía radicar el verdadero poder, el control social.

No puede suponerse que seguiría Rodrigo siendo hoy lo que fue; tampoco puede presumirse que abjuraría de todo su pasado, como la generalidad de la membrecía del MAPU lo hizo para abrazar la causa del mercado. Rodrigo está muerto. Suponer conductas políticas actuales en quienes han fallecido es política ficción. Las personas pertenecen a un tiempo y lugar determinados, a una sociedad y a una época.

Puede, sin embargo, hacerse una breve reflexión. Rodrigo fue un sujeto autoritario; al menos, así se manifestaba. El autoritarismo es una enfermedad psíquica. Fromm la considera, junto con el conformismo y la autodestrucción, uno de los tantos ‘mecanismos de evasión’ que emplea el ser humano para superar la angustia de encontrarse inmerso en una sociedad que lo doblega. Constituye, por ende, una conducta anómala, aunque se dé en forma frecuente. El autoritarismo es típico del líder político que se impone a gritos, y emplea el desprecio y la descalificación como arma política. Es una conducta típica en el Chile de hoy.

El autoritarismo de Rodrigo era, no obstante, bastante especial. Yo no estoy seguro si puede considerársele como tal o si era una forma de imponerse a quienes mostraban claras tendencias al autoritarismo y al ejercicio del mando. Un hecho interesante que avala esta sospecha es que, durante el tiempo en que Rodrigo ejerció la Secretaría General del MAPU, la cohesión del partido adquirió rasgos monolíticos, al extremo que, cuando se retiraron las figuras más emblemáticas del partido (Alberto Jerez, Julio Silva Solar, Jacques Chonchol y Rafael Agustín Gumucio) para formar la Izquierda Cristiana, todos ellos se fueron solos, sin apoyo alguno de las bases. El autoritarismo de Rodrigo pareciera ser que se ejercía como forma de cohesionar a una base extremadamente autoritaria. Lo cual hace concluir que Rodrigo, a diferencia de quienes lo reemplazaron más tarde en la dirección de las fracciones mapucistas organizadas tras su muerte, estaba consciente de lo que hacía. Es decir, que cumplía su rol de factor de unidad. En términos vinculados a la ‘teoría de la complejidad’ (‘caos’), Rodrigo era el ‘atractor’ del movimiento social. Su factor de cohesión. Ello explica, además, que a su muerte se dividiese el MAPU, casi inmediatamente, en dos fracciones acaudilladas, respectivamente, por Oscar Guillermo Garretón (MAPU) y Jaime Gazmuri (MAPU Obrero y Campesino MOC), y que, luego del golpe militar, la primera de éstas se subdividiese en otras tres que fueron el MAPU oficial, el MAPU Partido de los Trabajadores y el MAPU Comité Central. El MAPU Obrero y Campesino, liderado por Gazmuri, no se dividió porque allí se reunieron todos los que se consideraban ‘dueños del MAPU’, los ‘patrones’, los que dieron lo que podría denominarse como ‘perfil del dirigente del MAPU’; no se dividieron, además, porque, como lo expresara brillantemente Adriana Delpiano, tenían vocación de servidores del Estado; se preparaban para asumir el gobierno del país.

Las divisiones del MAPU terminaron, finalmente, en un reencuentro de personalidades, de dirigentes que, por fin, veían aflorar sus respectivos caracteres individuales, subsumidos hasta ese momento bajo el recuerdo de la fuerte personalidad de Rodrigo. Si en algunas oportunidades emplearon la excusa de las diferencias teóricas para justificar tales divisiones, lo cierto es que, al advenir la democracia, gran parte de ellos se habían vuelto a unir, en el carácter de militantes socialistas (tanto en la llamada Convergencia Socialista como en algunas de las diversas fracciones que presentaba el Partido Socialista PS) o del Partido Por la Democracia PPD, para asumir el reto de dirigir al país. Atrás quedaban las luchas por el poder popular o por la profundización de la democracia. Obnubilados por la marea centelleante del mercado, convencidos de haber recibido la divina misión de ‘guiar al pueblo hacia su destino histórico’ sustituyeron sus principios socialistas ‘estatistas’ por el ‘socialismo de mercado’. Al amparo del Estado estaban las buenas rentas fijadas por la dictadura para tentar a los empresarios en la labor de dirigir la nación y la posibilidad de crear nuevos empresarios, nuevos negocios, nuevos lobbies. La tarea que emprendieron no fue distinta a la que guió a Pinochet en su asonada golpista: sólo haciendo más ricos a los ricos se harían ricos, también, los pobres. Como si el capital no fuese el engendro que es. Como si el capital no existiese tan sólo para acrecentarse. Semejante concepción solamente había de poner al descubierto la espantosa indigencia teórica de sus sostenedores, personajes inclinados a practicar la ‘ingeniería política’ por sobre el análisis teórico.

No debe sorprender, por consiguiente, que todos quienes se erigen hoy como organizadores del MAPU pocas veces quieran reivindicar la figura de Ambrosio y, antes bien, sientan un poco de recelo en hacerlo. Es obvio que así suceda. La figura de Rodrigo avergüenza a sus sucesores. Tal vez por eso prefieren separarse de aquella, reivindicar su rol de constructores del Chile post dictatorial y atribuir las ideas que hicieron posible la organización de ese movimiento a ‘pecados de juventud’.

Y es que Rodrigo, con todo, dejó un legado político que puede descubrirse en los documentos que escribió, en sus discursos e intervenciones públicas. De todo ese arsenal de documentos, que no es muy abundante, tal cual se ha dicho, hemos querido extraer algunas de sus ideas, tal cual lo señalamos en nuestra obra anunciada al comienzo.

Digamos, no obstante, algo previo. El basamento teórico de Rodrigo fueron las tesis propuestas por Karl Heinrich Marx y Friedrich Engels. Fue en la época que recién había Louis Althusser publicado su obra “Para leer ‘El Capital’” (1967) y Nicos Poulantzas preparaba la suya (“Poder político y clases sociales en el Estado capitalista”, 1968). Era una época en que, si bien algunos autores vislumbraban algunas innovaciones de relevancia, no era usada la interdisciplinariedad como instrumento de análisis ni, mucho menos, los espectaculares aportes de la biología, la semiótica y las matemáticas. Por el contrario. Bajo el fuerte influjo de la Unión Soviética, las tesis de Marx y Engels pasaban, necesariamente, por la exégesis leninista, stalinista, maoísta, trotskista, kimilsungista, etc. Los teóricos habían sido sustituidos por conductores sociales o estrategas; el empirismo de éstos era la teoría. Los modelos ‘socialistas’ que aparecían como triunfantes determinaban las líneas de los partidos. Marx y su teoría acerca del acopio de las disciplinas, sus concepciones acerca de la globalidad, estaban olvidadas. Y era un milagro que, en un país distante como Chile, hubiere personas como Rodrigo que se atreviesen a formular tesis que fuesen más allá de los estrechos marcos que brindaban los modelos existentes.

Concepción del Estado.
La concepción de Rodrigo acerca del Estado era, a no dudarlo, ‘instrumental’. Si bien prevenía acerca de la necesidad de distinguir entre Estado, gobierno y poder, sus ideas acerca del Estado no eran diferentes de las que sostenían las demás organizaciones políticas. Las clases postergadas debían apoderarse de esa “llave maestra del poder político”. O, empleando sus propias palabras, el Estado había de convertirse “de instrumento de dominación de la burguesía en el instrumento al servicio de los intereses de las clases populares”. Esta concepción ‘instrumentalista’ desarrollada, entre otros, por el malogrado teórico italiano Antonio Gramsci, hacía suponer que la estructura social era como un edificio o un vehículo al cual bastaba ingresar para dirigirlo u orientarlo en cualquier sentido. La teoría ‘relacionista’ del Estado, desarrollada más tarde por Nicos Poulantzas, vino a ajustarse con mayor fidelidad a las enseñanzas, no siempre claras en ese sentido, del maestro de Tréveris. Y no está claro si en el pensamiento de Ambrosio influyó o no la concepción ‘instrumentalista’ que, hasta la edición de 1985 de su obra más célebre (“Los conceptos elementales del materialismo histórico”), sostuvo la excelente teórica chilena Marta Harnecker.

Estatuto de las clases sociales.
Rodrigo redactó un verdadero estatuto de las clases sociales chilenas. Tomó en sus manos todos los conocimientos que existían en aquellos años y los plasmó en un estudio que incorporó, como ya se ha dicho, un nuevo término en el estamento proletario y que denominó ‘proletariado de cuello y corbata’, segmento social que comprendía al sector de empleados bancarios, personal administrativo de las industrias y servicios y empleados o vendedores del comercio. Todos ellos, considerados en su calidad de vendedores de fuerza o capacidad de trabajo pasaban a integrar el proletariado chileno o ‘trabajadores’, a diferencia de otros estudios que los denominaban despectivamente ‘pequeña burguesía’. Ignoro si en esta contribución estuvo presente, también, la influencia de la que fuese compañera suya durante los años de estudio, en Francia, Marta Harnecker. Lo cierto es que en la más conocida de sus obras, esta notable investigadora chilena escribe, al respecto, lo siguiente:

“[…] ello ha conducido a que muchos teóricos marxistas no incluyan en el concepto de proletariado a los trabajadores del comercio y de la banca, que son entonces considerados como ‘empleados’ (grupo social que se incluiría en el ambiguo concepto de ‘clases medias’)”.
(Harnecker, Marta: “Los conceptos elementales del materialismo histórico”, Siglo XXI Editores de España S.A., Madrid, 1985, pág. 229).

No obstante tal innovación, el propio Rodrigo incurrió al respecto en contradicciones aparentemente manifiestas. No sucedió ello en pocas oportunidades. Pero es posible suponer que esta asimilación de la ‘pequeña burguesía’ al estamento de ‘empleados’ fue hecha en referencia al denominado ‘alto personal administrativo’ de las empresas públicas, privadas o mixtas. No obstante, esta es una interpretación. No existe base ni seguridad alguna para sostenerla con certeza.

El estudio de Rodrigo, bastante más completo que los escasos intentos de los otros sectores por construir una teoría de las clases, determinaba estructuralmente tales grupos sociales. No era extraño que así sucediese. Por una parte, los estudios más acabados que existían en esa época eran los realizados por Georg Lukács. Por otra, la teoría en boga de esos años era el ‘estructuralismo’ y, aunque Rodrigo no la aceptaba, los influjos de esa tendencia se dejaban sentir fuertemente en todas las disciplinas.
En Nicos Poulantzas, las clases sociales poseen un sentido dinámico. Se organizan en la lucha de clases, en la oposición a otras clases y/o fracciones de otras clases. Son estructuras, sí, pero tienen un carácter disipativo (si recurrimos a las expresiones de Ilya Prigogine); se organizan y reorganizan constantemente, cambian de forma y de sujetos (no de intereses).

El Frente Revolucionario.
La adaptación de una forma de vida que ha de sustituir a la actual se realiza a través de la construcción de otro sistema social que, en los escritos de Rodrigo, se llama precisamente ‘nueva sociedad’. No quiere decir eso que el dirigente mapucista abominase el término ‘comunismo’. De ninguna manera. Tan sólo buscaba distanciarse de una denominación que ya tenía una connotación ideológica. No sólo la Unión Soviética se había apropiado de aquel vocablo, sino también lo hacían aquellas otras sociedades que se habían organizado luego de alcanzar el triunfo merced a luchas populares o guerras prolongadas. Esa nueva sociedad se conquistaba a través de una estrategia que Rodrigo denominó ‘Frente Revolucionario’ o unión de las organizaciones sociales y políticas bajo la conducción de la clase trabajadora. Se apartaba Rodrigo de las concepciones vigentes en esos años del ‘Frente Popular’ (sostenida por el Partido Comunista), de la ‘guerra popular y prolongada’ (de los sectores maoístas) y de la ‘estrategia guerrillera’, apoyada por el MIR.

Etapas en la construcción de la nueva sociedad.
En la construcción de la nueva sociedad, sostenía Rodrigo la existencia de tres etapas claramente diferenciadas:
1. La conquista del poder político, que correspondería al triunfo electoral, la fase de toma del gobierno de la nación. A partir de allí había que conquistar el poder del Estado. No de otra manera se explica que sus discursos terminaran siempre con la consigna de ‘A convertir la victoria en poder y el poder en construcción socialista’.
2. La consolidación del poder revolucionario, a través de una amplia movilización popular. Y,
3. La construcción revolucionaria o Nueva sociedad.

Tareas previas a la conquista del poder.
Pensaba Rodrigo que, para llevar a cabo esa tarea, previo era la realización de dos grandes tareas políticas, a saber:
1. Política social: En esta parte proponía la organización de una Central Única de Trabajadores CUT fuerte, con todos los trabajadores integrados a ella, un Frente Campesino Único al cual confluyese todos los trabajadores del campo y una Unión Nacional de Estudiantes tanto universitarios como secundarios, y
2. Política sindical. En la concepción de nueva sociedad de Ambrosio, el poder de los trabajadores era lo fundamental. Por lo mismo, su atención siempre estuvo puesta en el fortalecimiento de la clase trabajadora y de sus organizaciones. Para ello, proponía la creación de sindicatos únicos o Federaciones por rama de actividad y su inmediata afiliación a la CUT, la presentación de pliegos únicos de peticiones y la unión de los trabajadores de las pequeñas empresas en sindicatos fuertes y cada vez más grandes.

Concepción de partido.
La concepción de partido que tenía Rodrigo era un tanto diferente a la tradicional, aunque no siempre estaba bien explicitada. Por una parte —y esa tarea la inició ya como Presidente de la Juventud Demócrata Cristiana—, quería articular un partido de cuadros. Rodrigo confiaba en la ‘clase dirigente’ y, extrañamente, buscaba la organización de un partido que no suplantase a la clase trabajadora en su rol de conductora del proceso de construcción de la nueva sociedad. Era aquella una concepción muy poco clara pues, mientras defendía la existencia de un partido ‘vanguardia’, manifestaba, al mismo tiempo su voluntad de construir una organización al servicio de las clases postergadas.

Moralidad política.
Rodrigo fue una persona fiel a cinco grandes principios en materia de moralidad revolucionaria:
1. Por una parte, austeridad en la vida privada. La vida personal de un dirigente debía caracterizarse por su extrema austeridad, una forma de existir exenta de lujos, sencilla, modesta, ejemplar. Este particular rasgo del dirigente mapucista lo llevaría a la inmolación. No insistiremos sobre el particular.
2. Desprecio a la sospecha y a la traición. Jamás tuvo Rodrigo temor a ser traicionado o a que, dentro de las masas ―e, incluso, dentro de su propia organización―, se ocultase el elemento disociador. Al contrario de muchos, que temían a la infiltración y al espionaje y descubrían en cada gesto o ademán ‘agentes de la CIA’, tenía plena confianza en el proyecto popular. Rodrigo, al igual que Allende, estaba cierto que, tarde o temprano, las grandes mayorías nacionales terminarían apoyando esa opción y, con ello, neutralizarían toda desidia. Por eso, cuando en un acto realizado en Valparaíso se le advirtió que entre los presentes se ocultaban algunos agentes de la CIA, no pudo dejar de hacer alusión en su discurso a esas denuncias.
─Sé─ dijo, con aplomo─, que entre nosotros se encuentran algunos sujetos extraños. Dicen que son ‘agentes de la CIA’. Pero yo les digo que no nos preocupa su presencia. Por el contrario: celebramos que estén aquí y nos vean. Este es el pueblo reunido. Somos personas libres. Así aprenderán ellos también a ser hombres libres.
3. Lenguaje directo y rechazo rotundo a la adulación y a la hipocresía. Nos hemos referido a este rasgo en páginas anteriores. No insistiremos al respecto.
4. Fidelidad a los principios por respeto a la propia persona y a los demás. Rodrigo no sólo sentía respeto por los demás, sino también consigo mismo. Era fiel a sus principios por la rectitud de su vida y por respeto a la vida de los demás. Era parte de toda una sociedad que confiaba en su persona y en la que confiaba él mismo.
5. El servicio a la causa popular como única forma de dar sentido a la vida, labor primordial de todo revolucionario. Tal vez era éste uno de los rasgos más distintivos en la personalidad moral de Rodrigo. Su vida era la causa popular. En este sentido, era un verdadero revolucionario. Tenía el carácter productivo del que hablaba Fromm.

Como elemento de su época, Rodrigo pertenece al pasado, a nuestro pasado, a ese pasado que a muchos llena de rubor y a otros nos enorgullece. Su figura posee la virtud de recordar lo que fuimos y lo que somos; nos permite, en suma, situarnos como jueces de nuestras propias acciones y compararnos no con otro u otros sino con nosotros mismos para descubrir en nuestro interior si acaso hemos perdido nuestra capacidad de entrega o si hemos cedido al sistema, que antes aborrecíamos, ese inmenso territorio que conforman nuestros sentimientos y nuestras ideas.
Pero Rodrigo pertenece, además, a la Unidad Popular, al Gobierno Popular, a esa época caracterizada por el ascenso sostenido del protagonismo de las masas en los hechos históricos. Como hombre del pasado, como producto histórico de su época, de su tiempo, Rodrigo fue marxista, leninista, castrista, defensor inclaudicable de las revoluciones coreana, china y vietnamita. Esto no era casual. Defendíamos la vigencia del ‘socialismo real’ no en calidad de modelo sino por el simple hecho de constituir el único desafío exitoso de oposición al sistema capitalista mundial y un primer intento de construir cierto tipo de sociedad diferente al propugnado por el modelo norteamericano. Viet Nam y Cuba (¿cómo no defenderlos?) personificaron la lucha mítica, prometeica, del débil ante el poderoso, el valor increíble de los humildes alzándose contra el abuso del poder imperial y su constante intervención en la política mundial. Apoyando las demandas del ‘socialismo real’, nos oponíamos al avance siempre creciente de la dominación norteamericana.

Personalmente, hasta me atrevería a asegurar que, muy pocos, dentro de la Unidad Popular, conocían la verdadera naturaleza de las sociedades ‘socialistas’. Pienso, además, que, conociéndola, muy pocos se hubieren atrevido a defender la vigencia de semejante modelo pues no éramos liberticidas. La fuerza del paradigma social era enorme, ciertamente; pero no lo suficientemente grande como para hacernos abdicar de nuestros principios esencialmente libertarios. Estábamos al margen de la perversidad; buscábamos instaurar nuevos valores, distribuir el ingreso de manera igualitaria, crear una sociedad inmensamente humana y de ello jamás podríamos avergonzarnos. El MAPU era aquello: esperanzas, alegrías, confianza, solidaridad, empatía, libertad, dignidad, fraternidad. La bandera del MAPU, verde, con la estrella roja clavada en el centro de ese campo, no era sino la bandera del Partido Comunista de Corea y un homenaje a la triunfante Revolución Cubana. Rodrigo no vacilaba en reconocerlo y decirlo:

“A la sombra de estas banderas verde oliva, que representan desde siempre la vida y la fecundidad, a la sombra de estas banderas verde oliva que nos recuerdan Cuba revolucionaria y la lucha de los pueblos de América Latina..., a la sombra de estas banderas que representan la esperanza y la lucha de todos los pueblos del mundo, a la sombra de estas banderas que llevan en su corazón una inmensa estrella roja, proletaria, que recuerda la sangre vertida en los combates de obreros, de campesinos y de pueblos de todo el mundo, a la sombra de estas banderas vengan todos los que quieren, han querido y querrán que el MAPU sea desde hoy, en Chile y en la clase obrera, partido para ayudar ¡a convertir la victoria en poder y el poder en construcción socialista!”.

Es cierto: más tarde, cuando el MAPU se identificó con la voz “tierra” ―en lengua aborigen ‘mapu’―, la estrella roja empezó a asumir crecientemente la naturaleza de la estrella mapuche, la “guñülve”, rutilante guía celestial de los dueños originarios de Chile y de Argentina.

Rodrigo representa nuestra juventud, nuestros ideales, lo que en esos años consideramos nuestros objetivos. Pero representa, además, todo lo que éramos capaces de hacer, la entrega total, la capacidad inagotable que poseíamos de dar sin esperar nada a cambio, esa capacidad que es la voluntad de servir a los demás, regalarles, entregarles sin esperar, por ello, retribución alguna. Desde este punto de vista, Rodrigo Ambrosio —como muchos otros dirigentes de los movimientos populares— representa la moral que orientara a los movimientos de esa época y que hoy, bajo el imperio del mercado, es "estupidez", "tontería", "ingenuidad". El mercado, para expandirse, necesita prostituir a las masas, alterar el sentido de las palabras, transformar los conceptos e imponer la moral del lucro y la avaricia por sobre todos los valores. ¿No es esto, acaso, a lo que Arthur Machen se refería, por boca del profesor Lipsius, cuando hablaba de
“las mezquinas reglas y disposiciones que una sociedad corrompida dicta para defender sus propios intereses egoístas y nos presenta como decretos inmutables de lo eterno”?
(Machen, Arthur: “Los tres impostores”, Hyspamérica Editores Argentina S.A., Buenos Aires, 1985, pág. 193).

Rodrigo es segmento temporal de una época, parte de una institución y de un proceso. Para desgracia de quienes buscan, hoy, establecer analogías anacrónicas entre las conductas de la casta gobernante y la suya, Rodrigo murió convencido de sus ideas, que fueron las ideas de Allende, las ideas de la Unidad Popular, las ideas que abogaban por el establecimiento a nivel mundial de una sociedad nueva fundada sobre los valores del ser humano. Falleció en ese retazo de tiempo que acunó todas las esperanzas de un pueblo, con sus pensamientos, con sus sentimientos, con su obra; falleció defendiendo ese “Gobierno de mierda” que fue nuestro Gobierno Popular, defendiendo el derecho de autodeterminación de los pueblos —especialmente, del cubano— y soñando con una legión de trabajadores, empeñados en construir esa nueva sociedad que todos anhelábamos...