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martes, 3 de noviembre de 2015
La crisis del dólar
Rodolfo Bueno
Rebelión
Los expertos sostienen que esta crisis es inevitable, sólo no se ponen de acuerdo en cuándo va a suceder y si el dólar va a caer sólo o si en su caída va a arrastrar consigo al sistema financiero mundial.
La deuda en dólares, moneda que según el excongresista republicano Ron Paul la Reserva Federal (FED) “imprime de la nada”, genera un problema peliagudo debido a que el sistema no puede trabajar en una economía real de mercado. “Tenemos burbujas en el mercado de valores, aún existe una burbuja inmobiliaria y una burbuja en los préstamos estudiantiles”, la economía de EE.UU. se aproxima una recesión para la que no hay una “salida fácil”.
El próximo 3 de noviembre el Congreso de EE.UU. comenzará a debatir la subida del límite de endeudamiento gubernamental, pero, anticipa Ron Paul, la decisión de subirlo va a ser “realmente irresponsable” y advierte sobre el peligro que supone el crecimiento desenfrenado de los gastos, en particular de los militares, que sirven a una “política exterior de guerra perpetua” y concluye:
“El dólar llevará a EE.UU. a una catastrófica crisis financiera”; pronostica que el colapso será rápido e inesperado: “En la mayoría de las veces, estas cosas se dan de imprevisto”.
Ricardo Salinas, miembro de una de las familias más acaudaladas de México y el mundo, va más allá y asegura que el dólar se encamina a su valor real frente al oro “que corresponde a cero”, que esto pasará cuando nadie quiera entregar ni la mínima cantidad de oro para adquirir un dólar. Esta tendencia a descender del dólar conduce a la pérdida del poder adquisitivo de la sociedad y a una eterna crisis financiera. El problema se da porque desde 1900 el dólar de EE.UU. ha perdido un 96,2% de su valor, lo que agrava la inflación que está devorando la economía de ese país.
A nivel mundial, la desconfianza por esta moneda ha crecido tanto que muchos bancos centrales, especialmente de los países desarrollados, tienen sus reservas en oro, un bien que no les da interés de ningún tipo y que, por el contrario, se debe gastar en almacenarlo y en seguros contra robos. Lo que significa que, salvo en contadas excepciones, todos cuestionan seriamente el sistema monetario basado en el dólar.
¿Quién tiene la culpa de este descalabro? La FED, el mayor sistema parasitario del planeta. Este banco central pertenece a doce instituciones bancarias privadas, cuyos accionistas son desconocidos y cuyas decisiones no deben ser ratificadas ni siquiera por el presidente de EE.UU. ni por ningún otro órgano del gobierno ni tampoco rinde cuentas a nadie y se hace de la vista gorda cuando se trata de clientes ricos, al no aplicar algunas leyes.
Si el Estado Federal necesita dinero se dirige a la FED, que lo imprime y se lo presta a cambio de bonos y cuanto más circulante hay en EE.UU., mayor es su deuda. Estos bonos se comercian en el mercado de valores y su tasa de interés recae sobre el hombro del ciudadano norteamericano, que paga cerca de 500.000 millones de dólares de interés por año por una deuda de 18,5 billones de dólares, mucho más que el doble del valor de todo el oro extraído hasta la fecha en el mundo entero.
La FED es la institución menos democrática de EE.UU., cuyos ciudadanos no eligen a su jefe, nombrado para catorce años por el Presidente, que a su vez es electo sólo por cuatro años y no tiene poder para ejercer su potestad, pues su campaña electoral fue financiada por los gigantes de Wall Street, a los que debe obediencia ciega.
Por algo Bernie Sanders, precandidato demócrata a la presidencia de EE.UU., afirma:
“Si el Congreso no puede regular Wall Street, sólo queda una alternativa... acabar con esos 'bancos demasiado grandes como para quebrar' para que así nunca más puedan destruir los puestos de trabajo, los hogares y los ahorros de la gente americana...Si una institución financiera es demasiado grande como para quebrar, es demasiado grande como para existir”;
también aboga por la desintegración de los bancos más poderosos de Wall Street y por elevar el techo de las cuotas a la Seguridad Social, para disminuir el creciente número de ancianos que viven bajo el umbral de pobreza, situación a la que califica de “regresiva, injusta y absurda”. Ojalá que gane.
lunes, 20 de enero de 2014
La desobediencia como necesidad urgente
por Iñaki Gil de San Vicente
15/1/2014 - La Haine
La solución no es otra que llenar de
contenido político y teórico socialista toda práctica de desobediencia, de lo
contrario será integrada
En
Agosto de 2008 escribí un relativamente largo texto titulado La desobediencia como necesidad, a libre disposición en la Red. Ahora presento a
debate público en la
Kultur Etxea de Burlata, Irunea, este otro mucho más breve en
contenido pero algo más largo en el título al añadirle la prioridad de la
urgencia. Las razones que justifican este llamado a la urgente necesidad de la
desobediencia masiva, sostenida, coordinada y organizada, son obvias. De verano
de 2008 a
enero de 2014 se ha endurecido, intensificado y extendido sobremanera el ataque
sistemático e implacable del capital contra el trabajo, de los Estados nacionalmente
opresores contra los pueblos que explotan, y del sistema patriarco-burgués
contra las mujeres. Y este devastador ataque inhumano va a endurecerse más aún.
Todavía
en Agosto de 2008 éramos relativamente pocos quienes defendíamos no sólo la
existencia de una crisis sistémica en el capitalismo mundial, que iba
agravándose por momentos, sino que sobre todo insistíamos en que esa crisis
estaba adquiriendo especial gravedad, formas y expresiones mucho más agudas en
el Estado español por sus contradicciones sociohistóricas irresolubles. Todavía
éramos menos quienes planteábamos la necesidad de avanzar en la
autoorganización práctica y teórica para aumentar las luchas contra los ataques
capitalistas. El texto La
desobediencia como necesidad se inscribía en este esfuerzo por acelerar la concienciación práctica y teórica
que avanzaba más lentamente que la celeridad creciente de la crisis. Entonces
era obvio que por momentos se agrandaba la distancia entre la rápida
agudización de las contradicciones objetivas y el lento avance de la conciencia
subjetiva organizada como fuerza material.
La
reflexión sobre la desobediencia en cuanto una de las señas básicas de la
identidad humana autoconsciente y crítica, esta reflexión imprescindible, debía
ser por tanto impulsada en las dos vertientes de la praxis: en la acción y en
el pensamiento. Bien mirado, este esfuerzo venía de lejos pero se había
reforzado nada más estallar la crisis parcial en Agosto de 2007, cuando la
denominada crisis de los bonos basura destapaba una podredumbre subterránea más
pestilente e infecta, más generalizada, que la trágica hecatombe de miles de
familias obreras y populares norteamericanas lanzadas al abismo de los
desahucios. Si en Agosto de 2008 éramos pocos quienes advertíamos del problema,
aún éramos menos quienes justo un año antes explicábamos que la crisis parcial
de los bonos basura se inscribía en una dinámica de confluencia de sub-crisis
en una única gran crisis capitalista que por sinergia dialéctica o ley del
aumento cuantitativo y del cambio cualitativo, era esencialmente más grave que
la simple suma de las crisis parciales, cambio cualitativo ante la que debíamos
responder rápidamente. En Lecciones
prácticas de una crisis prevista, del 17-08-2007,
a libre disposición en la Red , se avanzaba en esta dirección.
El
punto decisivo sobre el que gira en estos momentos la praxis de la
desobediencia como urgente necesidad no es otro que el de la correcta
valoración de la esencia de la crisis capitalista actual. Más adelante
comentaremos algo sobre la frivolidad inconsciente de quienes siguen reduciendo
la desobediencia a la mera ideología pacifista, pero antes debemos hincar los
pies en el suelo de la realidad e introducir nuestra cabeza en lo más duro de
la lucha de contrarios antagónicos que determinan las tendencias fuertes que
está imponiendo la burguesía mundial al amparo de la crisis. La desobediencia,
como una de las tácticas de lucha revolucionaria, sólo tiene visos de
efectividad si se basa en una correcta valoración de los cambios introducidos
por el capital en sus anteriores tácticas, estrategias, doctrinas y paradigmas
represivos, cambios destinados a imponer definitivamente brutales condiciones
de sobreexplotación que, en Occidente, nos recuerdan a las existentes en el
capitalismo de finales del siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX, antes de
que la lucha obrera y popular empezara a obtener victorias sectoriales que
mejoraban relativamente su malvivencia cotidiana. Pero sólo nos lo recuerdan
porque ahora, a estas alturas del siglo XXI la civilización del capital dispone
de instrumentos de terror material y simbólico, de potenciación del fetichismo,
de sumisión y de obediencia muy superiores a los de entonces.
Es
por esto que la táctica de la desobediencia debe siempre estar supeditada a la
estrategia de la toma del poder como camino hacia la República Socialista
Vasca, porque sólo una perspectiva histórica revolucionaria puede oponerse a la
perspectiva histórica reaccionaría. El tiempo político no es neutral, es un
arma. Es por esto que siempre es necesaria la revisión autocrítica de lo que se
ha escrito y sostenido en el pasado, porque malvivimos en una realidad objetiva
de lucha permanente de contrarios irreconciliables de manera que el capital,
los Estados español y francés, el sistema patriarco-burgués, también
intervienen activamente en la lucha con sus planes a medio y largo plazo, con
sus innovaciones y con sus alternativas varias, que frecuentemente aparentan
ser diferentes cuando en el fondo buscan el mismo objetivo. Las referencias a
los dos textos arriba citados, el de 2008 y el de 2007, y a otros que no se
citan pero que son también necesarios como los que tratan sobre la teoría de la
organización de 2011, por ejemplo, corresponde a este deber metodológico de
autocrítica colectiva permanente, virtud tensa sustituida hace tiempo por de la
cómoda palabrería normalizadora y moderadora.
Lo
que sigue es una muy breve síntesis de las tendencias fuertes desarrolladas por
el capital con la excusa de «salir de la crisis», síntesis inserta en la línea
teórica y política de los dos textos referenciados pero realizada bajo las
transformaciones acaecidas desde entonces hasta ahora. Consta de tres puntos:
El
primero concierne a las dificultades que tiene la izquierda europea y vasca
para superar la derrota teórica y ética –mal llamada «derrota ideológica»–
sufrida en los años ’70 e incrementada en los ’80 y que justo ha empezado a ser
revertida desde la segunda mitad de la década del 2000. Naturalmente que son
fechas aproximadas, que ha habido lugares en los que la derrota ha sido menos
grave y más corta en duración, y que en otros ha empezado más tarde; ahora no
podemos analizar al detalle estas diferencias. ¿En qué consiste esta derrota en
lo relacionado con la crisis y la desobediencia? Sobre todo en que se ha
perdido o se ha debilitado grandemente el conocimiento teórico de lo que es el
capitalismo y de su capacidad de desactivación por un lado y por otro de
integración en su beneficio del malestar social latente y hasta emergente. La
teoría marxista de la crisis no se limita sólo a sus causas, sino también a su
desarrollo y a sus posibles salidas, con sus efectos en el largo futuro de la
humanidad explotada. Por ejemplo, ahora mismo la mayor parte de las
contestaciones críticas a la propaganda oficial sobre los supuestos primeros
«brotes verdes» se centran casi exclusivamente en demostrar que lo contrario,
siendo muy contadas las que se extienden más allá de lo inmediato para alertar
sobre lo realmente decisivo: la entrada definitiva del capitalismo mundial en
una nueva fase represiva y explotadora global.
Constreñida
por esta limitación, la táctica de la desobediencia sólo se piensa a muy corto
plazo y para áreas muy restringidas de la totalidad explotada, oprimida y
dominada. Por lo general, se cree que la situación socioeconómica y política
tenderá a mejorar a corto o medio plazo, que la presión no violenta de la
llamada «sociedad civil», o del pueblo a secas, sin contradicciones clasistas
internas, logrará frenar la voracidad omnívora del capital y de su nacionalismo
imperialista facilitando así la realización de acuerdos institucionales que
abran vías para la reconquista de derechos restringidos, prohibidos e
ilegalizados. Simplificándolo un poco: se trata de una desobediencia parcial, a
ratos, sobre aspectos sectoriales, que convive con una obediencia masiva,
cotidiana, psicológico-afectiva y político-cultural. Sin perspectiva histórica
de las innovaciones explotadoras y represivas introducidas durante la crisis,
nuestra mente no puede superar lo más inmediato, ni tampoco comprender los
dramáticos efectos acumulativos de tales innovaciones en la creciente
precarización de la vida.
El
segundo punto concierne precisamente al concepto de precarización. Precarizar
la existencia, reducir casi hasta la nada la sensación colectiva de seguridad
vital imponiendo la incertidumbre atemorizada, hacer del egoísmo más frío e
individualista la única garantía de sobrevivencia en medio de la precariedad
absoluta, y en este contexto presentar al Estado como el guardián que nos
protege de los peligros pero a costa de cederle nuestra libertad, este es uno
de los objetivos vitales buscados por el capital. Aunque siempre haya alguna
fracción burguesa dispuesta a frenar un poco el empobrecimiento social y la
precarización, la tendencia mayoritaria de la clase dominante ha sido, es y
será la de reducir las condiciones vitales al mínimo suficiente para la
imprescindible recomposición y cualificación de la fuerza de trabajo, nunca más
allá de ese mínimo socialmente establecido por la lucha de clases. La burguesía
no descansa en imponer ese mínimo, sabiendo que sólo la lucha obrera y popular
se lo impide; por esto, cuando se sabe con fuerza sociopolítica suficiente
endurece sus ataques a los instrumentos obreros y populares por antonomasia:
sus organizaciones, sus sindicatos, sus movimientos populares y sociales, sus
medios de prensa libre y crítica, etc. Debilitados éstos, o destruidos,
ilegalizados, entonces la clase dominante endurece sus ataques.
Aunque
existe una conexión interna casi directa entre la pobreza relativa y absoluta y
la precarización social, hay que saber que en determinados períodos la pobreza
puede ampliarse o reducirse según los vaivenes de la lucha socioeconómica de
clases, pero que la precarización es una necesidad tendencial al alza de la
lógica capitalista que sólo puede ser derrotada mediante la revolución social y
política. Sólo la revolución socialista puede acabar con la tendencia a la
absoluta precarización existencial porque ésta no es otra cosa que la pérdida
total de medios propios de autoexistencia, de medios de producción propios,
colectivos y comunes, que garanticen que una persona no tenga que venderse a un
empresario como esclavo asalariado por poder subsistir.
La precarización
consiste en la indefensión creciente, en la pérdida de la independencia
personal y colectiva porque se ha caído en la dependencia del salario propio o
ajeno ya que el capital se ha apropiado mediante la violencia física o
económica de las fuerzas productivas.
La
precarización aumenta al aumentar la concentración y centralización de los
capitales, de la riqueza, en cada vez menos manos, mientras por el lado opuesto
aumenta la gente que carece de todo menos de su fuerza de trabajo, y eso cuando
todavía está en condiciones psicosomáticas de ser explotada hasta el límite.
Por esto existe relación casi directa entre empobrecimiento y deterioro de las
condiciones de vida y trabajo, por un lado y precarización vital por otro lado
aunque en determinadas fases de la lucha de clases la burguesía tenga que
conceder aumentos salariales y mejoras sociales debido a la gran fuerza obrera
mientras que, por lo bajo, continúa aumentando la población que sólo tiene su
fuerza de trabajo para existir. Una vez que a un pueblo o a una persona se le
ha expropiado de cualquier medio de autoexistencia independiente de la
propiedad burguesa, o sea, una vez que se le ha rebajado a la inhumanidad de
esclavo asalariado directo o indirecto al margen de la cuantía salarial que
reciba, se multiplica exponencialmente la probabilidad de empobrecimiento. A la
vez, se refuerza la tendencia al autoritarismo, al recorte de derechos y
libertades. Y es que la tendencia a la concentración de la propiedad privada en
una minoría selecta es incompatible con la tendencia al incremento del malestar
social difuso e inconcreto en su inicio, pero que puede concretarse y
materializarse después.
Desde
esta perspectiva, la marxista, la desobediencia debe adquirir otro contenido
diferente al que se le daba hasta ahora porque la creciente precarización de la
existencia sólo puede mantenerse a la larga mediante un sistema represivo que
anule cualquier posibilidad de resistencia, sobre todo antes de que esta
empiece a tomar cuerpo en las iniciales desobediencias descoordinadas pero que
pueden llegar a ser peligrosas si crecen y se coordinan. Y sobre todo cuanto la
resistencia avanza de ser defensiva a ser ofensiva, es decir, cuando mediante
la formación teórica y política toma conciencia de que la superación de la
precariedad vital exige la socialización de las fuerzas productivas, la
socialización de los bienes privatizados por y para la burguesía y que antes eran
comunes, colectivos, públicos, en síntesis, mediante la expropiación de los
expropiadores. En la medida en que no exista esta conciencia política y
teórica, la desobediencia defensiva puede llegar a ser tolerada y en
determinadas circunstancias inducida y apoyada indirectamente por determinadas
fuerzas burguesas para manipular la simple indignación del pueblo utilizándolo
contra otros sectores burgueses. Tal ha sido el caso de la manipulación por
parte del PSOE de amplios sectores del movimiento 15M, aunque no de todos, para
crear un «movimiento ciudadano» contra el PP.
La
desobediencia indignada sirve de poco si no avanza a la rebelión política y
teóricamente guiada. Entre otras muchas, la experiencia alemana también es
aplastante, y del mismo modo en el que el avance del autoritarismo social
norteamericano marca la pauta del capitalismo mundial, la alemana marca la del
europeo. Pues bien, el retroceso sistemático y continuado de las condiciones de
vida y de trabajo, de los derechos reales, durante más de dos décadas en
Alemania muestra la perversa capacidad del capital para anular la mitología
tópica de las tácticas de desobediencia del famoso «movimiento verde»,
«ecopacifista», «ecofeminista», «alternativo», etc., integrándolo en buena
parte incluso en la política euroimperialista. Y por si fuera poco, una vez
desactivada aquella desobediencia, aquella famosa «nueva forma de hacer
política», la burguesía alemana está preparándose para atacar a su verdadero
enemigo: la lucha obrera y popular mediante la militarización soterrada pero
legal de la vida sociopolítica al permitir por primera vez desde 1945 que el
ejército intervenga públicamente con excusas manipulables y laxas como las de
situaciones de riesgo, catástrofe, etc.
En
realidad se trata de la dinámica de policializar lo militar y de militarizar lo
policial que recorre con diversos ritmos e intensidades todo el capitalismo
mundial, y que responde a las necesidades represivas detectadas en las
proyecciones de futuro que realizan los aparatos multidisciplinares en los que
la industria político-mediática está integrada como parte esencial. Estos
aparatos son a su vez parte de los «comités de crisis» de los Estados en los
que se planifican estrategias diferentes para diferentes posibles crisis más o
menos graves o parciales, hasta llegar a las definitivas, las crisis
revolucionarias. ¿Alguien cree que las nuevas leyes represivas introducidas por
el PP, la compra masiva de armas y municiones antidisturbios, la impunidad
legal represiva concedida a las policías hasta ahora «privadas», todo esto y
más responde sólo a los específicos intereses económicos de la industria de la
represión, como se ha sostenido desde el reformismo, o en realidad responde a
las previsiones del Estado como centralizador estratégico de todas las
represiones?
En la
medida en que la precariedad de la existencia aumenta, tarde o temprano se
refuerzan las condiciones objetivas que facilitan el surgimiento de las
desobediencias, de las resistencias y de la conciencia revolucionaria como
síntesis última de este proceso, siempre y cuando existan organizaciones
revolucionarias que luchen en el interior de las masas explotadas aportando su
experiencia teórica, recibiendo lecciones prácticas y fusionándose con y en las
luchas concretas.
Y el
tercero y último punto trata precisamente de las relaciones entre la praxis
organizada y las desobediencias desorganizadas y descoordinadas como
componentes de una estrategia revolucionaria de toma del poder. ¿Por qué se
plantea tan crudamente el problema en vez de hablar genéricamente, en
abstracto, por mucho que se llegue a especificar y hasta dar nombre concretos a
formas particulares de desobediencia? Pues porque siempre hay que bucear hasta
la raíz de los problemas, ahí en donde se libra el choque a muerte entre la
independencia y la dominación, entre ser propiedad-de-sí-mismo y para-sí-mismo,
o se propiedad-de-otro y para-otro; dicho de otro modo, entre la propiedad
colectiva en la que la persona se sabe parte activa y dirigente, libre, y la
propiedad privada en la que la persona se sabe parte pasiva y dominada,
esclavizada.
Las
diversas formas de desobediencia tarde o temprano llegan a este punto de
bifurcación: por el lado de la izquierda, avanzan llenando su desobediencia de
contenido socialista y colectivo, o por el lado de la derecha, frenan su
desobediencia aceptando la derrota. No existe una tercera alternativa cuando se
ha avanzado hasta la cuestión de la propiedad y del poder, cuando se ha llegado
al límite de la acción desobediente porque, a partir de ahí, lo que se
cuestiona es la opresión misma. Por ejemplo, el ejercicio del divorcio legal y
definitivo, que no la simple separación; la decisión de abortar después de
haber discutido y enfrentado a todas las presiones contrarias; la decisión de
denunciar en el juzgado las agresiones machistas en el domicilio, en la
empresa, en las relaciones afectivas, sabiendo que con ello se inicia de un
duro proceso judicial lleno de incertidumbres pero que conduce a la justicia,
estos y otros pasos hacia la libertad son tomados, por lo general, después de
prácticas de desobediencia creciente, de resistencias cotidianas, de negativas
y de rechazos a las órdenes que emanan en todo momento del sistema
patriarco-burgués.
Las
desobediencias iniciales de muchas mujeres tienen en esencia la misma lógica
interna que otros procesos de lucha emancipadora en los que las iniciales
resistencias se enriquecen y radicalizan mediante el contacto con otras
experiencias, con colectivos de ayuda y solidaridad mutua que aportan conciencia
teórica y apoyo práctico. Los movimientos populares y sociales en barrios y
pueblos que se enfrentan al racismo, al narcocapitalismo, a los desahucios, a
la especulación urbanística, al consumismo de las grandes superficies; las
luchas sindicales y sociales, culturales, recreativos; las reivindicaciones
socioecológicas; la autodefensa antifascista, todas estas riadas que pueden ir
confluyendo en un incontenible tsunami de emancipación nacional de clase,
recorren cada una a su manera el mismo sendero básico del ejemplo puesto sobre
la inicial desobediencia antipatriarcal.
Como
resultado, si el proceso sigue adelante, las desobediencias tienden a mirar más
al futuro que al presente, toman conciencia de que llegarán batallas más
ásperas y que la sencilla pero necesaria negación inicial ha de dar el salto a
una lucha por un objetivo preciso: la libertad. Según sean las luchas, la
conciencia política que cohesiones esas desobediencias iniciales va apareciendo
como necesaria con diferentes ritmos, pero en líneas generales y sobre todo en
un contexto de larga crisis profunda, entonces esa concienciación puede avanzar
más rápidamente tal como lo explica la ley del desarrollo desigual y combinado.
Para
terminar, llegamos al momento en el que la conciencia desobediente se enfrenta
al problema de asumir el contenido político de toda explotación, incluida la
que esa conciencia sufre, o de retroceder espantada ante la perspectiva que se
le abre. La ideología dominante, la síntesis social burguesa, nos hace creer
que existen cauces legales, «democráticos», que debidamente cumplimentados
«resuelven los problemas» por lo que las desobediencias siempre tienen que
moverse por el interior de esas veredas, sin desbordarlas. Hacerlo, salirse de
lo tolerado y de lo «democrático», deslegitima la razón de la protesta y
justifica que la ley intervenga. Tal creencia presiona demoledoramente en todas
las situaciones individuales o colectivas en las que puede crecer una
resistencia a la opresión, sean las que fueren, porque están inscritas en el
código ideológico del democraticismo burgués. «Tolerancia democrática» y
desobediencia limitada y cobarde se apoyan mutuamente, formando las dos mandíbulas
de un cepo que una vez cerrado amputa la conciencia y encadena la libertad.
La
solución no es otra que llenar de contenido político y teórico socialista toda
práctica de desobediencia, de lo contrario será integrada, paralizada o
destrozada.
IÑAKI
GIL DE SAN VICENTE
EUSKAL
HERRIA 14-01-2014
Textos citados:
La
desobediencia como necesidad
Contenido:
PRESENTACION
1. LA TRAMPA DE LAS DEFINICIONES FORMALES
2. LA PRAXIS
COMO ALTERNATIVA
3. EL DOGMATISMO DE LAS “IZQUIERDAS”
4. LA ASTUCIA
DEL IMPERIALISMO
5. NECESIDAD Y DESOBEDIENCIA LATENTE
6. COBARDIA Y MASOQUISMO: LA DEMOCRACIA
7. ACTIVAR LAS “RESERVAS DE REACCIÓN”
8. CONSTANTES, CAMBIOS Y TEORÍA
9. ANTROPOLOGIA, IMPERIALISMO Y OBEDIENCIA
10. LA TORTURA
COMO PARADIGMA DEL
ORDEN
11. FETICHISMO, REBELIÓN Y AUTOORGANIZACIÓN
12. LAS NECESARIAS DESOBEDIENCIAS PRECAPITALISTAS
13. LA COMPLEJIDAD /SIMPLICIDAD Y LA TEORÍA
14. DE LA DESOBEDIENCIA A LA REBELIÓN
15. BIBLIOGRAFIA
Lecciones prácticas de
una crisis prevista
martes, 14 de enero de 2014
La Unión Europea: una nueva colonización (I)
Dominio público - Opinión a fondo
Unión Europea (retrato
de familia)
11 ene 2014
Héctor
Illueca
Doctor en Derecho e Inspector de Trabajo
y Seguridad Social
Adoración
Guamán
Doctora en Derecho y Profesora de
Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
(España)
La crisis económica que afecta a nuestro país y las
políticas de austeridad impuestas por la troika (Comisión
Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) están
provocando una fractura social cada vez más evidente. La ciudadanía observa
atónita la degradación de la vida cotidiana y la tolerancia del poder con los
abusos cometidos por los más privilegiados del país. Como no podía ser de otra
forma, el creciente deterioro de las condiciones materiales de una cada vez más
amplia mayoría social llega acompañado de gravísimos escándalos de corrupción
que salpican al conjunto de las élites políticas y económicas, alumbrando una
sociedad cada vez más instalada en la injusticia y la desigualdad.
En este contexto, el sueño de la integración europea
ha devenido una pesadilla que impone un duro presente y nos condena a un
porvenir sombrío. De una forma intencionada, se ha ofrecido a la ciudadanía una
imagen falsa, ideológica e idílica de la hoy denominada Unión Europea,
utilizando los medios de comunicación para proyectar una visión mítica y
alejada de la realidad: una Unión Europea completamente ajena a los principios
de cohesión y colaboración solidarios, que se ha convertido en una suerte de
reserva de caza alemana en la que las economías fuertes explotan sus ventajas
económicas y comerciales para aplastar a las débiles. Una Unión Europea gobernada
por la ley de la selva.
Sin embargo, la gravedad de la situación económica y
la caída del velo del bienestar individual hacen que comience a abrirse paso
entre los habitantes de la periferia la idea de ser víctimas de una nueva
colonización. Cada vez es más difícil ocultar que la implantación del euro ha
generado una relación centro-periferia en el seno de la Unión Europea que
enfrenta al Norte central y dominante con el Sur periférico y dominado. Ya no
es posible negar que la existencia de la moneda única ha beneficiado a Alemania
y a otros países ricos de Europa, reforzando su posición en el esquema europeo
como exportadores netos de bienes de equipo y de consumo y como importadores
netos de demanda general. Para decirlo claramente y en pocas palabras: la unión
económica y monetaria ha permitido que los países centrales, especialmente
Alemania, acumulen crecientes excedentes comerciales en su espacio vital
europeo, bloqueando cualquier posibilidad de devaluación competitiva y
alimentando una intensa redistribución del trabajo en perjuicio de las modestas
economías de la cuenca mediterránea. Los países fuertes del centro, como
Alemania, Holanda o Finlandia, incrementan su competitividad, conservan su
soberanía nacional y financian sus estados de bienestar gracias a la pérdida de
la competitividad, la destrucción de la soberanía y desmantelamiento del
bienestar de sus compañeros de moneda, la periferia europea.
Los trabajadores del Estado español, junto a los del
resto de economías periféricas, se han convertido en una reserva de mano de
obra low cost. Como han señalado algunos autores, el proceso
de construcción europea ha generado una nueva división internacional del
trabajo, alimentando una dinámica colonialista caracterizada por la hegemonía
alemana y por la subordinación de las economías periféricas[1].
Esto es lo que explica que las actuaciones estatales de control sobre el
mercado y de protección de los derechos sociales estén siendo destruidas al
ritmo de los dictados de la unión económica y monetaria. Cuando las exigencias
del proceso entran en contradicción con las disposiciones estatales en materia
de política social, los Estados periféricos proceden a adaptar sus respectivos
sistemas de bienestar, siempre en el sentido de disminuir la protección de los
derechos laborales y sociales. El dumping social no sólo no se
ha combatido, sino que se ha fomentado, situando la regulación del factor
trabajo como elemento de competitividad y desencadenando un feroz darwinismo
normativo para reducir los estándares laborales y de protección social.
La nueva división europea del trabajo explica y
promueve la progresiva destrucción de los modelos sociales estatales auspiciada
por la troika e inmediatamente perceptible en dos ámbitos
fundamentales: la flexibilización de los mercados de trabajo (en concreto,
mediante la rebaja de la tutela de la estabilidad en el empleo y la devaluación
del coste de la mano de obra) y la reducción de la protección social, en
particular de los sistemas de Seguridad Social (reducción de la cuantía de la
pensión de jubilación, reforma sanitaria, etc.). Su influencia se advierte
igualmente en la reforma educativa del Ministro Wert, también auspiciada por
las instituciones europeas, que orienta el sistema educativo hacia la
preparación de mano de obra barata, provista de los conocimientos
indispensables para desenvolverse adecuadamente en el mercado laboral basura
que caracteriza a los países subdesarrollados. La posición dependiente y
periférica de nuestra economía en el esquema europeo es radicalmente
incompatible con la existencia de pensiones públicas, la educación y la sanidad
públicas y un mercado laboral medianamente digno.
Al aceptar los dictados de la troika, las
clases dirigentes de los países periféricos asumen su incapacidad de afrontar
un camino independiente para sus respectivos países y sellan una relación de
subordinación y dependencia semejante a la que se produce en el proceso de
colonización clásico, caracterizado por la desposesión sistemática de las
economías periféricas y la sobreexplotación de sus trabajadores. No debemos
olvidar que son las clases dirigentes de los diferentes Estados miembros las
que han construido y abonado este modelo de Unión Europea, bajo cuya intocable
legitimidad han resguardado las más impopulares y duras reformas. La
posibilidad de socavar la posición negociadora de los sindicatos abonó la
traicionera connivencia de las élites de los países deficitarios, alimentando
una alianza sólida y estable con la burguesía alemana para imponer un nuevo
orden político-social a escala europea.
En este contexto, no deja de sorprender que determinados
sectores de la izquierda española y europea insistan en reformar la eurozona
como solución a la actual situación de emergencia social y económica. Con
cierto aire panglossiano, invocando la necesidad de “más Europa”, se critica la
fragmentación de la política fiscal y se denuncia la actuación de un BCE
dispuesto a proporcionar abundante liquidez a los bancos mientras abandona a
los Estados endeudados que soportan los ataques especulativos. Como propuesta
política, se reclama la abolición del Pacto de Estabilidad, la creación de una
autoridad fiscal y la modificación de los estatutos del BCE para que pueda
conceder préstamos a los Estados que atraviesan por dificultades. En un
arrebato de ingenuidad, incluso llega a hablarse de un “euro bueno” en el que
podría establecerse un salario mínimo europeo para reducir los diferenciales de
competitividad entre los países.
Se trata de una quimera que ha paralizado durante décadas a buena parte de
la izquierda y del movimiento sindical y que bloquea la construcción de una
alternativa al servicio de las clases populares de nuestro país. La zona euro
carece de un estado único europeo y no hay ninguna expectativa de que pueda
crearse uno en un futuro cercano. La unificación de la política fiscal
supondría una completa reestructuración de la soberanía en toda la Unión
Europea, construida a partir de una rigurosa jerarquía de estados y un
cuidadoso cálculo de intereses nacionales, y precisaría un consenso que no va a
producirse. Cualquier reforma posible debería respetar la jerarquía de poder
existente, caracterizada por el dominio de los países de la zona central y muy
especialmente de Alemania. Por expresar la idea con mayor precisión, el euro ha
sido el medio utilizado para forjar la hegemonía del capital alemán, que se
impone inexorablemente en el escenario europeo y que impide la posibilidad de
realización de un programa que atienda a las necesidades de las mayorías
sociales.
En nuestra opinión, cualquier agenda política que pretenda romper realmente
con el neoliberalismo, incluso en un sentido reformista, debe plantearse en
serio la salida del euro y enfrentarse a la Unión Europea como tal. Como ha
señalado Costas Lapavitsas[2], la única salida progresista para
nuestro pueblo consiste en abandonar de la zona euro y recuperar el control de
la soberanía, en el marco de un desplazamiento radical del poder económico y
social hacia el Trabajo. Una estrategia que empieza con el impago de la deuda
soberana y se amplía a una salida del euro que permita a nuestro país escapar
del cataclismo de la devaluación interna impuesta por la Unión Europea. Nuestro
país tiene futuro, pero un futuro digno pasa necesariamente por romper con esta
Europa y con las instituciones de esta Europa.
[1] NAPOLEONI, L. Democracia en
venta. Cómo la crisis económica ha derrotado la política. Barcelona,
Paidós, 2013.
[2] LAPAVITSAS, C. Crisis en la
eurozona. Madrid, Capitán Swing, 2013.
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martes, 23 de octubre de 2012
Venta de la AFP Cuprum: lucrando con nuestros fondos
COMUNICADO DE PRENSA
La venta de la AFP Cuprum al consorcio estadounidense
Principal Financial Group, lejos de celebrarse -como lo están haciendo los
grupos económicos detrás del negocio de las AFP-, es motivo de honda
preocupación para los trabajadores.
Por ello,
Confederación Bancaria y Afines declara:
1. El 9 de octubre la multinacional
financiera Principal adquirió la
propiedad de Cuprum, la más
rentable de las AFP (con una rentabilidad del 22,75% de resultados sobre
capital, las utilidades de esta AFP están muy por encima del 14% de
rentabilidad de las empresas del sistema). Con esta transacción,
el 75% de los fondos de pensiones estará en manos externas.
En estos momentos, la totalidad de los recursos de los fondos de pensiones
están en manos de 6 AFPs, y de estas, 4 pertenecen a multinacionales: Capital
(ING), Provida (BBVA), Habitat (Citigroup) y ahora Cuprum (Principal). Nuestra
preocupación, no es porque creamos que los grupos nacionales lo estén haciendo
bien, muy por el contrario, sino por los motivos que lleva a un consorcio
internacional a adquirir la propiedad de una AFP, pagando un 50% más del precio
en la bolsa.
4. La especulación de este sistema de ahorro forzoso agravia a los verdaderos dueños de los fondos, los trabajadores. Hace pocos días el valor de los títulos en la bolsa experimentaron una valorización superior al precio del mercado y, al contrario, los fondos continuaron cayendo sin que ninguna autoridad haya expresado su preocupación sobre la especulación que se produce en torno a las AFP.
5. Cabe la pregunta: ¿Por qué las multinacionales están dispuesta a pagar un sobre precio por las AFP chilenas?.
6. Muy sencillo, pues se hacen de un negocio que renta porcentajes cercanos al 30% del capital y, por que además, estos consorcios transnacionales podrán disponer de una gran liquidez que puede ser puesta al servicio de sus empresas vinculadas en el exterior donde justamente uno de los grandes problemas es la falta de liquidez.
7. Chile hasta ahora se está
librando de la ola de desaceleración económica, y de crisis monetaria, que en
diferente grado afecta al grueso del planeta, entre ellas las economías
decisivas de Europa, Estados Unidos, China e India. Aquí todavía las multinacionales
pueden encontrar la liquidez que necesitan desesperadamente en otros lugares
del planeta, para sus negocios relacionados, ya sea mediante la inversión
directa en el extranjero, o mediante mecanismos de triangulación. Es difícil no
preocuparse ante el riesgo de que esto acarree pérdidas enormes,
arrastrando a pensiones aún más miserables a los trabajadores que han ahorrado
forzosamente durante su vida laboral, con la falsa promesa que recibirían el 70
o 75% de sus remuneraciones de la etapa activa.
Confederación de Sindicatos Bancarios y Afines
Agustinas 814, Of. 606
4816122 – 4816123
Ana Muga –
90859133
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lunes, 3 de octubre de 2011
Nuevamente se han disparado las pérdidas de los Fondos Previsionales de las AFP
Patricio Guzmán S.
“Si usted es cotizante de
las AFP, y quiere un buen consejo:
Cámbiese cuanto antes al
fondo E”.
Las señales de inicio de una
nueva recesión, con las caídas de los valores de las bolsas, han profundizado
las pérdidas de los fondos de pensiones administrados por las AFP. Las
recientes caídas de los fondos de AFP son comparables a la debacle que tuvieron en 2008.
El sistema de AFP, es un fracaso
desde el punto de vista de los trabajadores, futuros pensionados. Todas las
supuestas virtudes de este sistema privatizado basado en la capitalización
individual obligatoria, se han estrellado contra la realidad de los números que
muestran por varios años perdidas multimillonarias. El sistema basado en los
principios de Seguridad Social de solidaridad de los trabajadores activos con
los pasivos, es claramente más eficiente y da mejores resultados.
El reciente caso de La Polar,
donde tres AFP eran los inversores controladores, ha mostrado a quien tuviera dudas, la mala
administración de estos fondos. Por supuesto como siempre las empresas
administradoras de los fondos no pierden, son los trabajadores los que ven
evaporarse sus futuras pensiones.
Como puede apreciarse en las
cifras que presentamos a continuación, las pérdidas son mayores mientras más
composición especulativa en acciones de renta variable tenga el fondo. Por eso
el fondo A, es el que arroja las mayores pérdidas en el largo plazo. Hay que reiterar el llamado a los
trabajadores para que se cambien al fondo E, cuanto antes.
La pérdida acumulada hasta ahora
ya está hecha, en lugar de seguir acumulando más pérdidas en el futuro, con una
recesión global amenazando, y con la volatilidad de todas las bolsas, hay que
poner fin, dentro de lo que podemos ahora mismo, cambiándonos al fondo E.
Los grandes ganadores de este
sistema son las empresas administradoras
de fondos previsionales, que cobran porcentajes muy altos por administrar los
fondos de los cotizantes, incluso si lo hacen manifiestamente mal y pierden dinero de los trabajadores a manos llenas, y los grandes grupos
económicos que poseen estas empresas
administradoras, para usar los fondos de los trabajadores para controlar
grandes empresas.
Detalle de las pérdidas de los fondos de las AFP
El fondo A, el más especulativo
de todos que invierte hasta el 80% en
acciones de renta variable, cayó
un 6,33% en septiembre de 2011, y en lo que va del año lleva acumulada una
pérdida de 15,05%.
El fondo B, que puede invertir
hasta el 60% en renta variable, perdió un 4,7% en septiembre y acumula una
pérdida de 10,47% en lo que va del año 2011.
El fondo C, perdió un 2,95% en
septiembre y durante el año 2011 acumula una perdida del 5,23%.
El fondo D, sufrió una
contracción del 1,03% en el mes de septiembre, y tiene un mejor desempeño en el
año, ya que las perdidas acumuladas llegan al 0,08%.
El único con resultados positivos
es el fondo E, el único que no puede invertir en títulos especulativos, y debe
invertirse en su totalidad en renta fija. En septiembre arrojó un pequeño
incremento del 0,21%. El fondo E es el único que ha tenido ganancias en el curso del año por 5,23%.
Perdidas crecientes desde el inicio de la crisis capitalista global.
Desde el inicio de la crisis
económica, el 25 de julio de 2007, de acuerdo con el centro de investigaciones
económicas CENDA, los fondos previsionales de los trabajadores chilenos,
privatizados y administrados por las AFP, suman $4.040,90 miles de millones de
pesos, esto es un 6,40%, respecto a la cima que alcanzaron antes del 25 de
julio de 2007.
Sin embargo no todos los fondos
se comportan de la misma manera. Mientras mayor es su composición especulativa
en acciones de renta variable, mayor es la pérdida para las futuras pensiones.
El fondo A lleva acumulada una
pérdida del 21,37%, la perdida del fondo B, en el mismo periodo, es de 10,25%,
la caída del fondo C es de 0,85%, en cambio el fondo D muestra un crecimiento
positivo de 9,02% desde el 25 de julio de 2007. Pero el que resulta mejor es el
fondo E, con 21,13% de resultado positivo, como ya hemos indicado antes este
fondo E es el único que no tiene acciones de renta variables en su composición.
Es decir es el único que no especula en la bolsa.
Como siempre las autoridades
económicas insisten en que no hay que cambiarse de fondo apresuradamente, para
‘no hacer la pérdida’. Pero la pérdida ya tuvo lugar, los fondos perdidos en la
especulación capitalista se evaporaron. No son los cotizantes los que generan
la pérdida. El interés de los que propalan la idea falsa de ‘no hacer la
pérdida’ es evitar que los trabajadores retiren de la especulación sus fondos,
que han servido como un mecanismo fundamental de la acumulación de capital, y
de la concentración creciente de la riqueza, en Chile. O para decirlo de otra
manera los fondos de las AFP han sido una herramienta expropiatoria adicional
de las remuneraciones presentes y futuras de los cotizantes.
Si usted es cotizante de las AFP, y quiere un buen consejo: Cámbiese
cuanto antes al fondo E.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Cerca de una segunda recesión global
2012: APOCALIPSIS, ¿P'AL CAPITALISMO O PA' L«S TRABAJADOR«S?
FUENTE:
http://correosemanal.blogspot. com/
FUENTE:
Correo Semanal n° 376
Socialismo Revolucionario,
Chile, 15 de septiembre de 2011
Por una Alternativa de los Trabajadores y la Juventud
A tres años de la quiebra de Lehman Brothers.
Cerca de una segunda recesión global.
Patricio Guzmán
(Socialismo revolucionario)
"El 15 de septiembre se cumplen 3 años de la quiebra de Lehman
Brothers, que marcó un punto de inflexión en la crisis financiera que se había
iniciado cuando se transparentaron los no pagos masivos de las hipotecas
subprimes, bautizadas luego como `deudas tóxicas'. No pagos que a su vez tenían
su origen en el impacto recesivo de las alzas previas de los precios de la
energía, que dejaron sin capacidad de pago a los segmentos más precarios de la
población norteamericana que habían accedido a estos préstamos.
Las autoridades que habían rescatado a Bear Steams, Merrill
Lynch, Fanny y Freddie entre otras, se negó a hacerlo con Lehman
Brothers. La paradoja de un
gobierno neoliberal rescatando bancos con dinero público, o sea a cargo de los
contribuyentes, chocaba con una oposición cada vez mayor en sus propia filas, y
en el congreso. La idea era que no había razón para acudir en socorro de un banco
que se había comportado de manera irresponsable prestando dinero a manos
llenas, y altas tasas de interés, a gente que no tenía capacidad de pago. Aunque no nunca quedó claro por
qué se negaron a rescatar a Lehman Brothers, esa decisión marcó un antes y un
después. La crisis se agravó, mutó en recesión global, en EE.UU. El comercio
internacional cayó en un 43% y una profunda recesión mundial, bautizada como la
Gran Recesión. Por lo que desde entonces creció el consenso que dejar caer a
Lehman Brothers fue una mala decisión, y con ello se derrumbaron varios de los
paradigmas monetaristas, o neoliberales, como que debía dejarse a los mercados
funcionar con la menor intervención y control estatal, o que los mercados se
auto regulaban por si solos, y que los mercados no intervenidos eran la forma
más eficaz de asignación de recursos.
Desde entonces las grandes economías evitaron lo peor solamente con intervenciones masivas e inyecciones billonarias de dinero, así se salvaron grandes bancos y empresas multinacionales con dinero de los contribuyentes.
"Esto no hace más que demostrar que el modelo resultó
víctima de su propia receta: promover el endeudamiento hasta que la bola de
nieve fuera tan grande que al deslizarse arrastrara a todo el mundo consigo
para someterlo a un largo período de agonía. Algo que ya es oficial (lo dice
el FMI, la OCDE y otros): cada año será peor al anterior hasta al
menos el 2015, y que tanto Europa como Estados Unidos se encaminan a un
estancamiento severo." (La gran paradoja: a tres años de la quiebra de
Lehman Brothers todo sigue igual. Marco
Antonio Moreno. 15 de septiembre de 2011)
"A la profundización de la crisis de la deuda en la zona euro,
con el impacto sobre los bancos europeos, hay que sumar los datos que apuntan a
una recesión en ciernes en los Estados Unidos, la desaceleración del
crecimiento de China, el estancamiento de la economía japonesa. Definitivamente
la `Gran Recesión', que no ha podido ser superada completamente desde sus
orígenes en 2007, se ha profundizado hasta amenazar seriamente con la segunda
fase de una recesión global capitalista global".
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