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Dr. Sergio Grez Toso,
Universidad de Chile
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Dr. Igor Goicovic Donoso,
Universidad de Santiago de Chile
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Dr. Jorge Pinto Rodríguez,
Premio Nacional de Historia (2012), Universidad de La Frontera
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Dr. Julio Pinto Vallejos
Premio Nacional de Historia (2016)
Universidad de Santiago de Chile
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viernes, 29 de septiembre de 2017
DECLARACIÓN PÚBLICA DE HISTORIADORES Y PROFESIONALES DE LAS CIENCIAS SOCIALES
Desde los albores de la Conquista, hasta la instalación
del modelo neoliberal, el Wallmapu ha sido objeto de constantes invasiones.
Tanto el proyecto colonizador hispano, como la política de ocupación de
territorios del Estado chileno y los proyectos extractivistas del gran capital,
han operado con extrema violencia contra el pueblo nación mapuche. Esto no nos
deja indiferentes. Como historiadores, como profesionales de las Ciencias
Sociales y como sujetos políticos, hemos manifestado, en más de una ocasión,
nuestro repudio a estas prácticas coloniales y hemos hecho explícita nuestra
solidaridad con las comunidades afectadas. En esta ocasión reiteramos:
1.
Nuestro reconocimiento a la justicia y legitimidad de las
demandas y lucha del pueblo mapuche. En base a este reconocimiento expresamos
nuestro apoyo a los cuatro comuneros mapuche que se encuentran en huelga de
hambre desde hace 113 días. Consideramos inaceptable que el Estado chileno aplique
a los mapuche la espuria legislación dictatorial (Ley Antiterrorista Nº 18314,
1984) y que, en base a ello, pretenda castigar conductas estrictamente
políticas que deben ser atendidas como parte de un conflicto que el propio
Estado chileno desencadenó a fines del siglo XIX.
2. Nuestro apoyo a
los siete dirigentes mapuche detenidos el 23 de septiembre (“Operación
Huracán”) y formalizados por la justicia chilena bajo el cargo de “asociación
ilícita terrorista”. Esta medida se inscribe en un contexto más amplio de
escalamiento de las medidas represivas contra las comunidades en conflicto.
Entre ellas cabe mencionar el constante asedio policial a las comunidades
movilizadas, el allanamiento permanente de las viviendas de los mapuche, los
controles camineros sobre sus desplazamientos, el acoso contra los presos
políticos mapuche en las prisiones y el cerco mediático que han impuesto sobre
el conflicto los medios de comunicación al servicio del capital.
3. Nuestro emplazamiento al gobierno del Estado de Chile, y
en particular a la Presidenta de la República, Michelle Bachelet Jeria, a desistirse de toda acción represiva contra
las comunidades movilizadas. Cabe recordar que la propia mandataria, siendo
candidata a la Presidencia de la República, se comprometió a no aplicar la Ley
Antiterrorista a los mapuche. En consecuencia, este es el momento para que el
Estado chileno repare, de una vez por todas, los daños materiales y culturales
infringidos al pueblo mapuche. Ello pasa, necesariamente, por su reconocimiento
como pueblo nación, el respeto a su autonomía política en el territorio del
wallmapu y el reconocimiento a su cultura y forma de vida ancestral.
4. Nuestra invitación a las organizaciones sociales y
políticas a redoblar y multiplicar los esfuerzos movilizadores y solidarios con
los mapuche perseguidos y encarcelados y con las luchas históricas
protagonizadas por su pueblo. Consecuente con ello invitamos a los suscriptores
de esta carta y a los estudiantes y profesores de Historia a hacer entrega de
la misma en el Palacio de la Moneda el día 12 de octubre de 2017. Para ello los
convocamos a reunirnos en las puertas del Archivo Nacional (Miraflores Nº 50),
ese día 12 de octubre, a las 11.00 horas y desde ahí marchar hasta el Palacio Presidencial.
Santiago de Chile, 27 de septiembre de 2017
Por el Comité de Iniciativa
Hacer llegar su adhesión al correo electrónico: igor.goicovic@usach.cl, con copia a sergiogreztoso@gmail.com, indicando, nombre completo y filiación institucional.
lunes, 13 de abril de 2015
Falleció Eduardo Galeano
El escritor uruguayo Eduardo Galeano murió en la mañana de este lunes tras estar varios días internado en el sanatorio del Casmu 2, en Montevideo.
Desde la mutualista confirmaron a El País la muerte de Galeano y dijeron que se encontraba grave desde la semana pasada, tras venir luchando contra el cáncer de pulmón en los últimos años.
El 1° de marzo pasado recibió al mandatario boliviano, Evo Morales, en su casa y eso le significó un esfuerzo muy grande ya que se encontraba desde hacía tiempo con problemas de salud.
Galeano nació en Montevideo el 3 de setiembre de 1940. Narrador, periodista y ensayista, se inició en el periodismo como caricaturista y cronista. Sus dibujos aparecieron firmados con el seudónimo Gius (reproducción gráfica en español de la pronunciación inglesa de su apellido Hughes, apellido que excluyó de sus labores literarias). Muy joven se desempeñó como secretario de El Sol y Marcha y fue director de Época.
Cada vez más interesado en la situación política contemporánea, en ese período dio a conocer en volumen China 1964, Crónica de un desafío (1964), Guatemala, clave de Latinoamérica (1967) y Reportajes (1967).
También publicó una breve novela –Los días siguientes- y un libro de cuentos –Los fantasmas del día del león- en cuyas páginas construyó atmósferas ambiguas, realidades y ámbitos cercanos y reconocibles y conflictos diversos estructurados bajo la influencia de la ficción norteamericana contemporánea, César Pavese y Juan Carlos Onetti, entre otros.
Su concisa y diestra escritura periodística se complementó con un más flexible y libre despliegue en su narrativa.
Otros tres títulos, conectados directamente al enfoque político, Siete imágenes de Bolivia (1971), Violencia y enajenación y Crónicas latinoamericanas, estuvieron precedidos por su ensayo más célebre y ambicioso, a medio camino entre la historia y el periodismo, Las venas abiertas de América Latina, reeditado y traducido a cerca de 20 idiomas, admirado, aplaudido, controvertido y atacado, de gran incidencia en vastos sectores sociales del continente.
Los cuentos de Vagamundo afianzaron su capacidad imaginativa y canalizaron una línea característica de su literatura en la que se conjugan la historia, el mito y la leyenda.
En esa misma dirección quedó orientada La canción de nosotros (premio Casa de las Américas, 1975), un testimonio que se desarrolla con una fuerte carga simbólica.
En 1973, se exilió en Buenos Aires donde fundó y dirigió la revista Crisis durante sus 40 primeros números. Después, cuando la represión en Argentina no le dejó margen, pasó a residir en España en 1976.
Dos años más tarde ganó el premio Casa de las Américas con Días y noches de amor y de guerra (1978), en el que compiló recuerdos, reflexiones, anécdotas y noticias, en breves, sobrias y sentenciosas narraciones, casi tan íntimas como tensas.
Las voces narrativas del autor, que fueron absorbiendo géneros literarios en un proceso de progresiva superposición, culminaron en una trilogía de acento épico, Memoria del fuego, cada uno de cuyos tomos llevaron como subtítulos Los nacimientos (1982), Las caras y las máscaras (1984) y El siglo del viento (1986). A principios de 1985, con la recuperación democrática regresó a Uruguay.
Dueño de un estilo personal, depurado e incisivo para sus fieles y renovados lectores, reiterativo según sus detractores, sumó otros títulos: Conversaciones con Raimón, Contraseña, El libro de los abrazos, Nosotros decimos no, Ser como ellos y otros artículos, Las palabras andantes, El fútbol a sol y sombra, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, Bocas del tiempo, Espejos. Una historia casi universal. Entre varios importantes premios, recibió el American Book Award, el Aloa el premio a la Libertad Cultural de la Fundación Lannan y el Stig Dagerman.
(Extraído de La Enciclopedia de El País).
Fuente: coordinadorachavezvive@googlegroups.com
lunes, 23 de febrero de 2015
La Legua, Santiago de Chile, antes de irrumpir en las grandes alamedas
Por Raúl Zibechi | 17 / diciembre / 2014
Como tantas otras poblaciones periféricas, La Legua, barrio de Santiago, está sometida a la intervención militar-policial con la excusa del narcotráfico. Sin embargo, en medio de la pobreza y la represión, resisten creando vida y comunidad, con las mujeres y los jóvenes como los actores más destacados.
“Aquí el Estado tiene las garras bien puestas, nos tienen la bota encima, pero bailamos. No le pedimos nada al Estado porque somos una comunidad digna”. Las palabras atraviesan el aire denso de un mediodía caluroso y parecen posarse lentamente sobre los que compartimos la ronda. “La autogestión es nuestra dignidad”, dice Emerson, levantando la voz para que el círculo de casi cincuenta personas pueda escucharlo[1].
El “nosotros” al que se refiere Emerson son los miembros de la Casa de la Cultura de la Legua, en el sur de Santiago (Chile), uno de los barrios más emblemáticos por su prolongada resistencia, tanto en dictadura como en democracia. La Casa es una gran sala seguida de una pequeña cocina, patio, baño y algún dormitorio. En el centro del salón destaca una gran bandera mapuche que cobija la asamblea.
Nos recibieron con almuerzo: pescado frito, ensaladas y jugos frescos, pero lo más delicioso fue el borgoña, un cóctel tradicional de vino tinto y frutillas que aplaca la sed y el calor. Después nos colocamos en ronda y Emerson, uno de los más jóvenes de la Casa, abrió el trawün, encuentro en mapudungun, destacando el carácter autónomo de todos los trabajos que realizan.
En la Casa funcionan tres talleres en los que participan la mayor parte de los que integran el espacio: “telar mapuche”, “ser y cosmovisión mapuche” y “ciencia política a la mano”, donde discuten cómo organizarse y luchar pero sin recaer en modales académicos. “Se trata de desaprender la cultura política de vanguardias que aprendimos en las organizaciones”, dice Cristian.
La Legua son en realidad tres poblaciones que suman algo más de 15,000 personas. La Legua Vieja se fue poblando desde principios del siglo XIX por obreros que llegaban desde el norte cuando comenzó el declive de la industria del salitre. Se fueron a vivir a “una legua” del centro de la ciudad, que por esos años eran terrenos baldíos. En 1947 se crea La Legua Nueva que fue “la primera toma organizada de la que se tiene noticia”, según el historiador Mario Garcés[2].
Mientras las callampas se forman por agregación individual de las familias, que construyen viviendas precarias con materiales de desecho y se ubican en riberas y ríos y faldas de montañas, las tomas son organizadas por cientos de vecinos que llegan todos juntos al terreno escogido, levantan las viviendas en poco tiempo, marcan los sitios para viviendas y los destinados a espacios públicos, incluyendo escuela, dispensario de salud y espacio para la organización vecinal.
Finalmente, La Legua de Emergencia se formó en 1951 cuando el Estado asignó casitas sólo durante seis meses a personas que provenían de callampas y conventillos del centro, muchos en la ribera del río Mapocho. Eran precarias y estrechas (“dos piecitas de madera, cocina y baño, sin patio”, recuerda una vecina[3]) pero mucha gente permanece hasta hoy.
Garcés asegura que La Legua es “una de las poblaciones más emblemáticas de Santiago”. Destaca sus capacidades organizativas y políticas: “Contó con poderosas organizaciones vecinales en los años 50 y 60, y fue el único asentamiento urbano donde se combatió a los militares el 11 de setiembre de 1973”[4].
Dos poderosas corrientes se fusionaron en la población de La Legua, al igual que en otra poblas del cinturón industrial: los partidos de izquierda, sobre todo comunistas y socialistas, y los sacerdotes católicos que amparaban las organizaciones vecinales desde la Parroquia de San Cayetano, semillero de militantes vecinales y alero en el que se cobijaron de la represión durante la dictadura.
Lo sucedido el 11 de setiembre de 1973 aún resuena en el barrio. Una detallada investigación realizada por los historiadores Garcés y Sebastián Leiva, relata los cuatro enfrentamientos que hubo en el barrio ese día, protagonizados por jóvenes de los partidos Comunista y Socialista y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). En las acciones de defensa del gobierno de Salvador Allende confluyeron pobladores, sindicalistas y militantes de izquierda.
Un primer combate se produjo en una fábrica vecina al barrio, con decenas de militantes de varios partidos, entre ellos Miguel Enríquez, máximo dirigente del MIR que caerá en un enfrentamiento en octubre de 1974. Los militantes armados estaban cercados en la fábrica INDUMET, rompieron el cerco disparando y se refugiaron en La Legua donde los vecinos los acogieron[5].
Poco después ametrallan un autobús de Carabineros y los obligan a rendirse. En otra fábrica del barrio donde se habían agrupado los resistentes, la textil SUMAR, los trabajadores armados ametrallaron un helicóptero militar que tuvo que retirarse con daños en las aspas al recibir 18 disparos que impactaron el aparato. El mayor enfrentamiento se produjo por la tarde, cuando dispararon a un autobús con 25 Carabineros y dos oficiales. Hubo muertos de ambos lados.
Las incursiones militares en los días siguientes incluyeron tanques de guerra y disparos a cualquier persona que saliera a la calle. El domingo 16 de setiembre cercaron el barrio, los aviones pasaron rasantes sobre las casas para intimidar, allanaron todas las viviendas, golpearon a los varones en las calles, destruyeron sus pertenencias y se llevaron 200 detenidos. Algunos nunca aparecieron y varios de los que participaron en los enfrentamientos del día 11 fueron fusilados. Se calcula que la represión posterior al golpe causó 42 muertos en La Legua. Venganza contra una población combativa.
Pero ya en diciembre la población empieza a perder el miedo. Acompaña el funeral de las víctimas del Plan Leopardo, el asesinato de cinco militantes comunistas, pero “más tarde, lentamente las organizaciones fueron resurgiendo, sobre todo al alero de la Parroquia San Cayetano. Allí se fueron reagrupando cristianos y no cristianos para apoyarse en la sobrevivencia”[6].
Ser mapuche en la ciudad
Artes y Oficios es una calle angosta flanqueada de viviendas bajas, pobres pero no precarias, entre la avenida Las Industrias y la plaza Salvador Allende, donde funciona un mercado popular. En el número 343 está la Casa de la Cultura. A unos diez minutos del Estadio Nacional, donde pobladores de La Legua y de otros barrios industriales fueron trasladados aquel 11 de setiembre.
El ambiente es austero, como el barrio. Unos jóvenes fuman en la puerta, las mujeres cocinan en el fondo y otros trasiegan sillas y mesas. El encuentro forma parte de la feria de libros y organizaciones populares “América Leatina Desde Abajo”, impulsada por la editorial Quimantú y seguida por una docena de editoriales chilenas, argentinas y uruguayas[7].
Desde hace poco más de diez años La Legua, como La Victoria y otros barrios populares de Santiago, están “intervenidos” por el Estado, lo que significa que sus calles son patrulladas permanentemente por carabineros y los jóvenes son abordados con frecuencia[8]. La represión va de la mano de políticas sociales que buscan convencer a los más pobres que su problema son los pequeños traficantes, no el modelo de país que instaló la dictadura desde 1973.
Karin y Cristian tienen una hija pequeña, pero entre ambos suman varios chicos más. Relatan la historia de la Casa de la Cultura, que nació en 1985, cuando Chile estaba sacudido por protestas masivas de los pobladores. “En el contexto de 1985 decidieron gritar la protesta desde la cultura”, dice Karin. “La cultura era el manto que permitía que se reunieran, trabajaban en cuentos y poesías con el círculo de poetas de La Legua”, interviene Cristian.
La parroquia San Cayetano, a media cuadra de la Casa de la Cultura, en la plaza Salvador Allende, refugiaba perseguidos por el régimen. “En la misma parroquia hay subterráneos”, asegura Karin en tono de misterio, como si hubieran sido refugio de militantes. “La Semana Legüina fue la fiesta de la población en la que surge la propuesta de recuperar la memoria del barrio, pero ahora se convirtió en nuestro carnaval”, relata Karin.
La transición a la democracia, a partir de 1990, caminó de la mano de la desarticulación de buena parte de las organizaciones populares territoriales. Según Cristian, que militaba en un partido marxista, “los grupos dejaron la calle, se hicieron legalistas y se metieron en los partidos”. Lo dice como quien pronuncia una sentencia. La Casa de la Cultura atravesó también dificultades, tuvo que buscarse otro local porque el anterior estaba vinculado a un partido político, y comenzaron a trabajar de otro modo.
“La Casa está abierta a todos los que quieran hacer cosas desde otro lugar, o sea desaprender lo que hemos aprendido”. Karin se refiere a las práctica partidistas, “porque los partidos, por más respetable que sea su historia, hoy no llegan a los corazones de las gentes. Nos traen a los pobladores la formulita, y nosotros trabajamos de otro modo, nos juntamos y vemos si nos sintonizamos”.
Para ella lo más importante son los espacios de encuentro, como los tres talleres que crearon. La presencia de lo mapuche, en una población donde la mayoría no lo son, es motivo de reflexión.
Karin se apellida Cuminao. Aunque nació en Santiago siempre supo que su familia venía del sur. Cristian se apellida Moreno, su piel es bien blanca, nació y vivió como chileno. Ahora son pareja y ambos se sienten mapuches. Aunque los padres de Karin no hablaban mapudungun por temor, ella se empeñó en recuperarlo, un trabajo paralelo al de recuperar a sus raíces. Para Cristian es diferente. Descubrió el mundo mapuche como parte de la resistencia política, pero hoy se identifica con la cosmovisión y la cultura.
Mujeres de familia y comunidad
En La Legua hay muchas familias de origen mapuche pero no se identifican como tales. En la Casa de la Cultura la cosmovisión mapuche se expresa en los trawün, o sea en espacios circulares que pueden durar mucho tiempo, “todo el tiempo que las personas necesiten, es un lugar donde se comparte lo que cada uno lleva, desde alimentos hasta palabras. Ahí se va definiendo qué hacer y cómo hacer para estar mejor”, relata Karin.
Cristian descubrió ese mundo al unirse a Karin. Hoy cree que la identidad mapuche le ayuda a comprender su lugar dentro de ese país llamado Chile donde “sólo existen chilenos, que se creen los ingleses de Latinoamérica. Pero los mapuche nos han ayudado a redescubrirnos y a conocernos. Somos mestizaje todo el rato. Mi abuelo paterno era inmigrante desde el sur”.
De la identidad la conversación deriva hacia el papel de las mujeres. Varios integrantes de la ronda dijeron en voz alta que la Casa es sostenida por las mujeres, como buena parte de las organizaciones populares. En ese momento Tania, una mujer joven y fuerte, ofrece infusiones y mate que se empeña en servirlos, como quien ofrece hospitalidad, con sencilla dedicación.
Karin explica que “las mujeres son uno de los pilares que han sostenido la Casa, como Tania, que se ha quedado en este espacio y ha permitido abrir la puerta y encontrarse con los demás. Los hombres participan en colectivos pero se van rápido. El hombre es más mente que corazón”.
Cristian cree que las mujeres tienen “mayor capacidad de contener, acoger y formar comunidad. Mujer y comunidad van juntas. El hombre es más de salir a buscar, trabajo o utopías, es el que instala la política y la mujer instala la comunidad desde el corazón”.
Tratamos de adentrarnos en un debate complejo: cómo es la organización y la acción política desde la mujer. Lo que aparece, y marca una diferencia con el feminismo del Norte, es que no hay contradicción entre el lugar de la familia y el trabajo en el hogar, centrado en la cocina, con la emancipación como mujeres.
Una vez más Karin: “Las mujeres partimos de lo básico, de la comida que es el punto de encuentro. La gente llega a tomarse un mate, pasan por el salón y se van a la cocina que es el lugar de la espontaneidad y del corazón, un lugar de las mujeres. Cuando dicen que las mujeres sostenemos el espacio, es la cocina la que lo sostiene, simplemente estando y cuidando el espacio incluso con flores y plantas para que sea bonito”.
Tania y Karin siempre cocinan, y no conciben otro modo de hacer política, al punto que aseguran que la comida y por lo tanto la cocina es el centro. “Lo hacemos con cariño y paciencia. Hacemos una ceremonia mapuche antes de hacer la comida, la comida es algo muy importante, no se puede hacer así nomás, a las corridas, ni comerla sin respeto”, sigue Karin.
Reconocen que existe una fuerte división del trabajo. Los varones organizan los campeonatos de fútbol para recaudar fondos para el carnaval, mientras mujeres cocinan para los jugadores de los 14 equipos. “Algunas nos dicen que estar en la cocina es muy machista. Pero yo creo que la gente tiene que estar donde se sienta más cómoda, a mi no afecta estar en la cocina y no me impide estar en el frente de lucha”.
Pone un ejemplo. En el taller de telar son 15 mujeres que se rotan para cocinar. No hay una jefa de cocina, a veces alguien coordina pero no es un lugar de poder. “En los trawün plantemos más visible las contradicciones que tenemos. En la cocina a veces se genera tensión porque alguien quiere mandar más, empieza a tensarse, algunas se cortan y ahí tenemos que parar, siempre aparece alguien que dice cómo hay que cortar, qué hay que ir a comprar. Lo comunitario supone tomarse tiempo para eso”.
Carnaval sin pacos
La ronda se agita con la intervención de Daniel, el mayor de los miembros de la Casa de la Cultura. “Todo acá se hizo sin el apoyo del Estado, por eso la intervención. Los pacos (policía) están armados a guerra, pero es una guerra contra el pueblo”. Juan, miembro del Teatro de Emergencia que funciona cerca de la Casa, considera que “las organizaciones sociales y el modo de vida están intervenidos”, o sea militarizados, porque “nuestro modo de vida quiere ser gobernado”.
Concluye con una frase que podría aplicarse a cualquier rincón de América Latina, y naturalmente se piensa en México. “No sólo se trata de resistir, sino de construir algo que nos permita resistir”. Karin pone los detalles de eso que llaman intervención: “Vivimos en un cerco, pacos en cada esquina, abusan, manosean, y no puedo salir a la calle con mi hija porque hay tiros”. Deja un mensaje pesado para los universitarios: “Aquí vienen muchos a recoger información para sus tesis, somos objeto de estudio, pero esos conocimientos le sirven a la intervención”.
En contraposición, realizaron este año la primera Bicicleteada por la Memoria Combativa del 11 de Setiembre. En cada lugar que paraban hablaban con vecinos que resistieron ese día el golpe y contaban su historia. Una forma desde debajo de reconstruir saberes escondidos en la memoria colectiva.
“En los últimos tiempos nuestras relaciones son más cualitativas”, interviene Cristian, “no se hacen las cosas porque se espera un reconocimiento sino porque se quiere hacer comunidad, autoconstruirnos nosotros”. Relata el caso de varios vecinos que dejaron su trabajo remunerado para hacer artesanía, como consecuencia del espacio de “Ciencia Política a la Mano”, que les sirve no sólo para cambiar la realidad sino para transformarse ellos mismos. “No es fácil desaprender la cultura política de las vanguardias”, sentencia.
Terminamos hablando del carnaval. Antes lo llamaban Semana Legüina, que recordaba la fecha de iniciación de la población, un 20 de diciembre. Ahora es un largo pasacalle de más de tres horas en el que desfilan 500 personas entre bailarines, músicos y vecinos, y cocinan para todos. Emerson se mete en la conversación, recordando el lema de este año: “Sin pacos, sin balazos y sin sapos”[9].
Tiene razón Gabriel Salazar, el historiador de los de abajo, cuando asegura que la identidad de poblador se ha hecho más importante que la de trabajador. El lugar de trabajo ya no genera identidad, ni sentido de pertenencia. Se está produciendo “una reagrupación espontánea en la sociedad, naturalmente, en los sectores más marginales”, donde se buscan unos a otros ante la desprotección del Estado. En los barrios se tejen fuertes lazos de amistad, solidaridad y asociatividad, que es la forma “de integrarse a la sociedad y luchar desde ahí, no desde el trabajo”[10].
Coincide también con los jóvenes y las mujeres de La Legua en su modo de mirar la política. “La movilización social no depende de partidos políticos ni de tácticas sino de cultura y educación”. A su vez, sostiene que la “verdadera educación” no se da en la escuela sino “en actividades informales de educación ciudadana, popular, autoeducación, y los jóvenes se están matriculando espontáneamente es estos cordones populares de educación”.
Algo de eso sucede en La Legua y en muchos barrios populares de América Latina. Son cientos de pequeños espacios, como la Casa de la Cultura, que a lo largo de décadas realizan decenas de pequeñas actividades en las que participan básicamente jóvenes y mujeres. Ellos y ellas están cambiando el mundo, mucho antes de ganar visibilidad en las grandes alamedas.
[1] Todas las voces fueron recogidos en la Casa de la Legua, el 4 de diciembre, y en la feria América Latina Desde Abajo, el 5 de diciembre de 2014.
[2] Mario Garcés, “Las tomas en la formación de Santiago”, en AAVV El mundo de las poblaciones, Santiago, LOM, 2004.
[3] “La emergencia de Legua Emergencia”, en revista Perro Muerto, N° 4, julio de 2002.
[4] Mario Garcés,” Las tomas en la formación de Santiago”, p. 10.
[5] Todos los testimonios sobre esas jornada en Mario Garcés y Sebastián Leiva, El Golpe en La Legua, Santiago, LOM, 2005.
[6] Idem p. 80.
[8] Ver “La Victoria: Medio siglo construyendo otro mundo” en Programa de las Américas, 12 de otubre de 2007, http://www.cipamericas.org/es/ archives/905
[9] Sin policías, sin balazos y sin soplones.
[10] Gabriel Salazar, “La identidad de poblador es más importante que la de trabajador” en Archivo Chile, abril de 2005.
COMENTARIO, por Carlos Ruiz:
La población Nueva la Legua no fue resultado de una toma, tal como se experimentó en la Victoria en 1957, sino fue realizada como un desplazamiento de poblador*s desde varios sectores, especialmente de Ñuñoa, bajo la presión de especuladores inmobiliarios, pero con apoyo del Intendente, que era comunista, bajo el gobierno de González Videla. Por eso no hubo represión, como en las tomas posteriores. Eso no disminuye para nada el mérito de l*s fundador*s de Nueva La Legua sino que habla precisamente a favor de su capacidad de organización para lograr resultados favorables. Fue una victoria de los comités de arrendatarios y allegados, liderados por gente principalmente del PC. La experiencia de l*s poblador*s de La Legua en la consolidación de esta población, fue transmitida a l*s que participaron en la toma de la Victoria.
Nombraría a gente muy meritoria como fundadores e hij*s de fundadores de la Legua Nueva, como un homenaje: d. Enrique Molina, d. Nilo Zamora (fallecido en diciembre de 2013), d. José Guzmán (escritor y radialista popular), d. Luis Salinas, d. Ariel Cifuentes Ayca, d. Guillermo Cifuentes Pastenes, sus familias y varios otros.
jueves, 5 de febrero de 2015
Descontento estudiantil con la reforma educacional
Fuente: Resumen Latinoamericano.
https://mail.google.com/mail/u/0/?ui=2&ik=f805af1bd3&view=lg&msg=14b53e340eaa6e84
El parlamento y la farsa de la reforma educacional
Publicado el 02 Febrero 2015 Escrito por Alejandro Lavquén - El Clarín de Chile
La presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, Valentina Saavedra, ha definido muy bien la reforma educacional impulsada por el gobierno y aprobada en el Parlamento: “Reemplazaron el diálogo social por sus 280 asesores y sus acuerdos con la iglesia y la DC, y resultó un proyecto de puras excepciones”. Es decir, la Nueva Mayoría ha mantenido la práctica que por veinte años sostuvo la Concertación: el imperio de hacer política sobre la base de la manipulación, resumida en el concepto de “en la medida de lo posible”, haciendo creer a la ciudadanía que cualquier cambio profundo y estructural a la herencia económica y política de la dictadura era imposible de realizar o traería consecuencias no deseadas.
Tamaña falacia se debe exclusivamente a que los dirigentes (y militantes privilegiados) de los partidos de la Concertación –a la que hoy se ha sumado el PC- se acomodaron al sistema neoliberal y terminaron haciéndolo suyo a cambio de sustanciosas prebendas. En ese sentido, entre la Concertación (hoy Nueva Mayoría) y la derecha no existen mayores diferencias. Un ejemplo histórico de ello es que la Concertación jamás quiso recuperar las empresas estatales privatizadas fraudulentamente durante la dictadura, por el contrario. Tampoco quisieron acabar con el fraude de las AFPs e Isapres. Y para la Nueva Mayoría estos asuntos no son tema.
Desde el mismo momento en que asumió la presidencia Patricio Aylwin, en 1990, la mayoría de los dirigentes de la Concertación se fueron derechizando sin pudor alguno. Sin contar, evidentemente, a los que estaban soterradamente derechizados desde los años ochenta. El dinero y el poder cumplieron su misión evangelizadora, dando por el piso con las antiguas convicciones. Al pueblo, para mantenerlo contento, le daban y siguen dando, un granito por aquí, un granito por allá. El resultado de todo aquel proceso es lo que tenemos hoy, donde los cambios son meros maquillajes acompañados de muchas esperanzas y extensas “medidas de lo posible”. Y nada es más demostrativo de esto que la “reforma educacional”, aprobada al filo de las vacaciones de los parlamentarios. Finalmente, agregar que mientras diputados y senadores se alistan a vacacionar a lo magnate, a costa del trabajo de todos los chilenos, cientos de profesores y estudiantes sólo podrán mirar las playas en la televisión. Los estudiantes y el movimiento social jamás hablaron de mejorar el sistema educacional neoliberal, hablaron de cambiarlo.
Marta Matamala, presidenta de la Feusach: “Ya está claro hasta dónde quiere llegar este gobierno”
Publicado el 01 Febrero 2015 Escrito por Rubén Andino Maldonado - Clarín de Chile
Matamala, el primer año ha sido clarificador de las verdaderas intenciones del gobierno. Todas las reformas planteadas dan luces de que no tiene interés en construir un proyecto junto con los actores sociales. La dirigente estudiantil dice que 2014 fue un año útil, porque permitió saber que ni la Nueva Mayoría ni la Alianza por Chile recogen las demandas de la ciudadanía. Matamala invita a las fuerzas políticas que están fuera del bloque en el poder a unirse tras un programa de transformaciones profundas.
Marta Matamala Mejía (24) egresó de pedagogía en historia y está elaborando su tesis. Vive en la comuna de Pudahuel. Sus padres llegaron desde el sur y mantienen lazos con su familia extendida en el Bío Bío y Maule. Su afinidad con el estudio de la historia surgió en el Liceo 1 de Niñas de Santiago, y se relaciona con su vocación humanista. Quiere impartir clases a niñas y niños. También le interesa la investigación. “Cuando una viene de una familia política, es más fácil vincularse. En mi entorno familiar sólo se dan conversaciones sobre temas como el mal estado del Transantiago. Pero no se buscan los por qué, quién es responsable ni cómo arreglarlo”.
Matamala milita en el Colectivo Somos Usach, al que pertenecía también su antecesor, Takuri Tapia. Este grupo político intenta ahora proyectarse más allá del espacio universitario.
¿Por qué es importante la historia?
“Así como los niños no deben responder mecánicamente un ejercicio matemático, tampoco deben leer un texto sin comprenderlo. Todo conocimiento debe cumplir un objetivo y la historia es la asignatura más política en el currículo escolar. Desde esa perspectiva, es indispensable que entendamos lo que pasó, no solo desde una visión oficial, sino desde una perspectiva crítica. En mi práctica descubrí que hoy la asignatura de historia es funcional a las necesidades de la PSU y no deja margen para reflexionar sobre el significado de los hechos históricos y sus consecuencias”.
LECCIONES DE LA HISTORIA
¿Cómo se vinculó a la política universitaria?
“En 2010 los comuneros mapuches estuvieron en huelga de hambre por casi noventa días. En ese contexto fui vocera de mi carrera y después de la Facultad de Humanidades.
Vivimos en una sociedad en que el modelo educativo sirve para generar trabajadores irreflexivos para un mercado laboral orientado a satisfacer intereses privados. Estas lógicas sociales se reproducen también en la universidad, donde el estudio es visto como un producto de mercado.
Algunos nos damos cuenta que tenemos que superar el sistema de dominación existente. No solo hablo de la explotación capitalista, sino también de la opresión patriarcal, de la depredación del entorno natural y de formas de vida poco saludables. Es una propuesta todavía en construcción. Estamos comenzando a pensar en otras relaciones sociales, incluyendo las productivas, que no sean como las conocidas hasta ahora. Si bien muchos de nosotros nos sentimos cercanos al marxismo, tenemos críticas de fondo a su materialización a través de los llamados ‘socialismos reales’.
Junto a otros compañeros nos dimos cuenta de que nuestras profesiones tienen que estar al servicio de las comunidades, para pensar en conjunto los problemas. Ha sido un proceso de maduración política que nos lleva a pensar cómo insertarnos en el mundo del trabajo en un plazo más largo, porque nuestra actividad política debe continuar cuando salgamos de la universidad”.
¿Siente su condición de mujer como una traba para participar en política?
“Si dos hombres conversan de política es aceptado, pero si una mujer discute de política con un hombre, se interpreta como un coqueteo. Esa visión considera a las mujeres solo desde su sexualidad. Esos prejuicios existen porque la mayor parte de las personas que participan en política son hombres, que se limitan a resolver el problema con una ley de cuotas.
La mujer es víctima de un conjunto de prejuicios y relaciones de dominación que la marginan de la participación en la sociedad. Les sucede lo mismo a quienes actúan en política desde la diversidad o la disidencia sexual. Creo que estos temas deben ser asumidos prontamente por la Izquierda si queremos abordar integralmente la exclusión. Pero hay más problemas”.
¿Cómo cuáles?
“Las dos coaliciones que predominan en la política no tienen intención de resolver la crisis medioambiental. Es urgente dar un giro en los procesos industriales hacia una producción limpia, incorporando nuevas tecnologías y energías no contaminantes, que tengan como objetivo proveer a la sociedad de lo que necesita realmente para su bienestar. Claramente el planeta no da para producir y consumir en la forma en que lo estamos haciendo con este modo de producción depredador.
En los países atrasados debemos pensar en una industrialización basada más en las necesidades que en el consumo y nuestra prioridad debe estar puesta en pensar en cómo producir lo que necesitamos sin arrasar con el entorno natural”.
BALANCE DEL GOBIERNO
¿Cuál es su balance del primer año de gobierno?
“Ha sido clarificador de la voluntad política del gobierno y de su orientación. Todas las reformas que ha planteado dan luces de lo que efectivamente quiere hacer, hasta dónde quiere avanzar y con quiénes desea trabajar.
En 2014 los dejamos hacer, vimos su disposición, calibramos cuánto pesan la DC y el PC dentro de la Nueva Mayoría, observamos cómo se reagrupa la derecha. En nuestro balance, podemos decir que los dos bloques hegemónicos no nos representan. El gobierno solo ha tomado los titulares de las demandas que los estudiantes hemos enarbolado en estos años, sin asumir el espíritu ni el alcance de lo que estamos pidiendo.
La presidenta Bachelet no ha reorientado las políticas públicas ni está generando cambios sustanciales en educación, vivienda, salud o en otras materias que son importantes para quienes habitamos el territorio”.
¿Cuáles son las mayores debilidades que percibe?
“Hablan de tener al movimiento social trabajando con ellos, pero en la práctica se privilegia la relación con el empresariado, asegurándole que las reformas no tocarán sus intereses. Existe una ambigüedad premeditada, con el ánimo de confundir al movimiento social mientras se llega a acuerdos con los sectores poderosos de la sociedad. Ellos están amarrados con quienes les pagan las campañas electorales y por lazos familiares. La NM quizá no tenga los apellidos aristocráticos de la UDI o RN, pero la relación con personajes como Luksic es estrecha.
Dentro de la Nueva Mayoría, la DC representa a un sector de clase acomodada y está lejos de los intereses de los pobres. El PC se ha venido alejando también de su línea anterior, en el ánimo de no tensionar a la coalición. Alude permanentemente al cumplimiento del programa, pero se le ve cediendo en posiciones que hasta hace dos años eran fundamentales para ellos. Cuando la orientación del gobierno es no penalizar el lucro, no se está cumpliendo el programa. La NM actúa como la vieja Concertación”.
NUEVA MAYORIA Y ALIANZA DERECHISTA
¿Cuáles son entonces las diferencias entre NM y la Alianza?
“La Nueva Mayoría tiene una mayor vinculación con el movimiento social, con capacidad de cooptarlo en algunos momentos. Pero no difiere mayormente de la derecha en la manera como ha llevado la política educacional o internacional.
Miramos con lejanía a Latinoamérica, sin entender que nuestros vecinos debieran ser nuestros aliados para un desarrollo económico, político, social y cultural integrado. Bolivia y Ecuador están años luz más avanzados que nosotros en la defensa del medioambiente. Argentina tiene una legislación del trabajo mucho más justa que la nuestra. Bachelet siguió el mismo camino que Piñera en el diferendo con Perú en la Corte de La Haya. También me pregunto, ¿qué pierde la población si se propone una salida al mar para Bolivia? La gente no percibe diferencia y por eso más del 60% de la población electoral no vota.
2014 ha sido un año de expectativas para ver si se hacían realidad las promesas de campaña. También hay un desgaste del movimiento estudiantil. Sin embargo ha sido para nosotros un periodo de intensa construcción hacia adentro. No convocamos tanta gente en la calle pero continuamos marchando 50 mil personas y seguimos siendo agentes de cambio. Sabíamos que se iba a restar gente, porque una parte de los que participaron del movimiento estudiantil del 2011 está ahora en el gobierno y mucha gente depositó su confianza en la presidenta.
Encuestas y otras señales revelan una creciente disconformidad con el gobierno. Se expresa en críticas al ministro Nicolás Eyzaguirre y a la manera como se ha planeado la reforma educacional. Sentimos que la paciencia se agota, porque las personas no ven reflejada la solución de sus problemas en los cambios planteados. Aumenta el desempleo y el pan sigue subiendo de precio. El año 2015 puede ser el momento en que la paciencia se agote”.
¿Cómo visualiza 2015?
“2014 fue un año de preparación y aprendizaje. Ahora están claros los alcances de las reformas. Eso nos permite avanzar en la materialización de nuestras propuestas. Este año estaremos mejor preparados, más unidos.
También vemos cómo los trabajadores se organizan y comienzan a ser un actor importante para ampliar el horizonte de los movimientos sociales. Proyectamos un 2015 con movilizaciones, que irán más allá de gente en la calle. Será un año de propuestas. Es significativo que una cadena transnacional de supermercados, como Walmart (Líder), tuviera que cerrar sus establecimientos por una huelga de los trabajadores, que no estaban dispuestos a seguirle cuidando el negocio. Es un cambio en la conciencia sindical.
Nuevas generaciones comienzan a participar en el mundo laboral. Existen centros de estudios, académicos e intelectuales que nos permiten tener propuestas. También contamos con una población más educada, que comienza a comprender que si algo no funciona, hay que organizarse para hacerlo funcionar”.
UNA ALTERNATIVA POPULAR
¿Porqué no han fructificado intentos del movimiento estudiantil para vincularse con el conjunto de la sociedad?
“Para movilizarse, hay que comprender por qué se hace. La demanda de educación gratuita, que fue la más importante en 2011, tuvo sentido para la gente, porque no existe capacidad económica en una familia de cinco personas para pagar la educación de dos de sus integrantes. Desde esa posición se generó la empatía con el movimiento estudiantil.
En los años siguientes fuimos perdiendo esa perspectiva. Nuestras demandas fueron cada vez más politizadas y alejadas de las familias. Este año los proyectos en discusión tendrán mayores consecuencias prácticas para la población. Debatiremos sobre carrera docente y desmunicipalización. Estos temas no los abordaremos desde el discurso de que a los profesores no se les paga la deuda histórica, sino desde la calidad de la enseñanza. Nuestra principal tarea es hacer comprensibles los problemas de la reforma a las personas afectadas por ella. Solo me voy a sentir tranquila cuando llegue a mi casa y mi mamá me diga, ‘hija entendí lo que dijiste en la tele y estoy de acuerdo contigo’”.
¿El gobierno ha cometido errores comunicacionales?
“El ministro Eyzaguirre formula un planteamiento y al día siguiente su colega Elizalde dice lo contrario y al subsiguiente, Eyzaguirre apoya a Elizalde. Los errores comunicacionales del gobierno son el resultado de la falta de sintonía política entre los partidos de la Nueva Mayoría. El programa de gobierno tiene líneas tan gruesas que cada partido las interpreta de distinta manera. Pónganse de acuerdo primero y después nos comentan lo que van a hacer. El error comunicacional es fruto de problemas políticos. Hasta el día de hoy están pactando entre ellos lo que harán y todavía no saben cómo votará la DC. Se intenta pegar con chicle una coalición que está desarmada”.
¿Puede existir una alternativa?
“La solución se establece a través de un proyecto político común de quienes pensamos distinto, dejando en segundo plano diferencias tácticas que se refieren, por ejemplo, a si adoptamos o no ahora un camino electoral. Lo que sucede finalmente es que se pone el mecanismo por sobre el objetivo político. Debemos sentarnos a debatir sobre un proyecto, sobre cómo generar una sociedad más inclusiva. Una vez que se aclare el objetivo, recién podremos definir la estrategia más adecuada para lograrlo.
Dependemos mucho de la maduración de las organizaciones políticas en la lucha común. Cuando nos encontramos en la calle una y otra vez las mismas personas u organizaciones, esa es la mejor indicación de que estamos tras los mismos propósitos. Los problemas no dan para cien años más de pleitos entre nosotros”.
RUBEN ANDINO MALDONADO
Publicado en “Punto Final”, edición Nº 821, 9 de enero, 2015
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