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jueves, 8 de octubre de 2015

DECLARACIÓN DE ESTUDIANTES Y PERSONALIDADES: ALTO A LA VIOLENCIA CONTRA ESTUDIANTES

DECLARACIÓN PÚBLICA POR EL RESPETO PLENO DE LOS DERECHOS HUMANOS: ALTO A LA VIOLENCIA EN CONTRA DE LAS Y LOS ESTUDIANTES DE CHILE

Las personalidades y organizaciones que suscriben esta declaración pública expresan su rechazo y repudio a la política represiva del gobierno de Chile en contra del movimiento estudiantil, que se opone al modelo de mercado que rige la educación chilena. En el presente año ha aumentado el número de estudiantes, algunos de ellos menores de edad, víctimas de la violencia ejercida por efectivos de Carabineros de Chile. A lo anterior se debe añadir la criminalización de la lucha de estudiantil tras las numerosas detenciones y formalizaciones por parte del sistema judicial.

A continuación presentamos una secuencia cronológica de detenciones y hechos criminales que respaldan la denuncia de esta declaración realizadas durante el presente año:

  • Jueves 16 de abril, Santiago: fue detenido Fabián Vidal, estudiante de Escuela de Gobierno y Gestión Pública (INAP), acusado, falseando la realidad, de portar cinco bombas molotov.
  • Jueves 14 de mayo, Santiago: Luciano Debrott, estudiante de tercer año de ingeniería, fue impactado en su rostro por una bomba lacrimógena lanzada por un capitán de Fuerzas Especiales de Carabineros al interior de la Universidad de Santiago de Chile (USACH). Ese mismo día fueron asesinados Diego Guzmán, estudiante de la carrera de Prevención de Riesgos y Exequiel Borvarán, estudiante de Psicología, ambos pertenecientes a la Universidad Santo Tomás en el marco de una movilización nacional por parte de un civil.
  • Jueves 21 de mayo, Valparaíso: Paulina Estay, estudiante del AIEP de Valparaíso resultó con traumatismo encéfalo craneano luego de ser agredida por carabineros de fuerzas especiales en el marco de las manifestaciones desarrolladas en las inmediaciones del Congreso Nacional. En la misma ocasión el estudiante Rodrigo Avilés, alumno de Letras de la Universidad Católica de Santiago resultó gravemente herido tras ser alcanzado por un chorro proveniente de un carro lanza agua de carabineros.
  • Jueves 18 de junio, Santiago: dos estudiantes de la Universidad Tecnológica Metropolitana, Germán Urrutia y Cristóbal Miranda, fueron detenidos violentamente por efectivos de Fuerzas Especiales de Carabineros. Ambos estudiantes sufrieron graves torturas al interior de los vehículos policiales según lo constatado por la Comisión de Derechos Humanos del Colegio Médico.
  • Jueves 2 de julio, Santiago: fueron detenidos Víctor Zúñiga, estudiante de Trabajo Social de la Universidad Arcis, Felipe Román, estudiante de Diseño de la USACH; Natalia Alvarado, estudiante de Pedagogía en Castellano, Manuel Espinoza, estudiante de Pedagogía en Historia y María Paz Vera, estudiante de Psicología (los tres pertenecientes a la Universidad Academia de Humanismo Cristiano). Los cinco fueron formalizados por un supuesto ataque con bombas incendiarias a la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones el 24 de noviembre de 2014.
  • Jueves 9 de julio, Santiago: el estudiante y vice presidente del Liceo Cervantes, Pablo Antonio del Pozo Vásquez, fue reducido y detenido por diez efectivos de civil que lo golpearon y lo subieron a un vehículo desconocido. Sus compañeros fueron a hacer la denuncia a la Tercera Comisaría de Santiago encontrándose sorpresivamente que su compañero se encontraba detenido en ese recinto.
  • Jueves 6 de agosto, Temuco: fue detenido el Presidente de la Feufro, Ricardo Lüer, junto a otros once estudiantes en el marco de manifestaciones en contra del evento empresarial Enela (Encuentro Empresarial de La Araucanía).
  • Domingo 13 de septiembre, Santiago: fueron detenidos los estudiantes Claudio Valenzuela y Fabián Durán Ossandón, este último estudiante de Trabajo Social de la Utem. Ambos fueron formalizados por porte de artefacto incendiario y actualmente se encuentran en prisión preventiva. 



Los hechos mencionados, ocurridos por lo general en marchas estudiantiles, evidencian que el gobierno de Chile, que representa los intereses de los núcleos empresariales, considera a las y los estudiantes como enemigos internos que deben ser perseguidos pues representan un peligro para la existencia del neoliberalismo. Los asesinatos del estudiante Manuel Gutiérrez (2011), de numerosos comuneros mapuche, como Matías Catrileo, Alex Lemún, Jaime Mendoza Collío y Johnny Cariqueo y recientemente del trabajador minero Nelson Quichillao López, provocados por disparos de Carabineros de Chile, nos alerta hasta dónde puede llegar la barbarie que pretende aplastar los brotes de movilización social, dentro de los cuales se encuentra el estudiantil: asesinatos, mutilaciones, amedrentamientos, secuestros, persecución a dirigentes específicos, apaleos masivos y tortura.

El discurso de la autoridad quiere hacer creer que no hay diferencia entre la movilización social y la delincuencia. El mismo subsecretario del Ministerio del Interior, Mahmud Aleuy, se atrevió a afirmar que un treinta por ciento de las y los estudiantes que marchaban eran delincuentes. Resulta evidente cómo el gobierno y su propaganda pretende manipular y confundir a la opinión pública. Al montaje comunicacional se suma el arsenal de instrumentos que permiten legalizar los atropellos y abusos policiales en contra de las personas, particularmente de quienes se movilizan por transformaciones sociales. La actual discusión en el Parlamento en torno al establecimiento del control preventivo de identidad no es más que otro instrumento de persecución que viene a unirse a la Ley Antiterrorista, la Ley de Seguridad del Estado y a los organismos de inteligencia nacional en contra de las y los estudiantes movilizados.

El ejercicio del terrorismo de Estado debe alertar a los pueblos que habitan Chile y a sus movimientos sociales, pues la clase política y empresarial no se detendrá ante la defensa de sus intereses y, por tanto, a la mantención de un ordenamiento impuesto a sangre y fuego por la dictadura. Hoy hacemos un llamado al gobierno a respetar de manera irrestricta los derechos humanos, particularmente de las y los estudiantes que se movilizan por la educación. Emplazamos a la Presidenta de la República, señora Michelle Bachelet, a hacer gestiones efectivas que conduzcan a la libertad sin condiciones para las y los estudiantes en prisión.

Santiago, octubre de 2015

Melissa Sepúlveda, Presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile 2013-2014

Comisión Ética Contra la Tortura, Chile.

Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH)

Marta Matamala Mejía, Presidenta FEUSACH 2015. Vocera Confech.

Takuri Tapia, Presidente FEUSACH 2014

Eloísa González Domínguez, Vocera ACES 2012

Sergio Grez Toso. Historiador y académico U. de Chile

Acción Libertaria

Unión Nacional Estudiantil

Frente de Acción Socialista

Juventud Rebelde


Somos USACH

sábado, 17 de enero de 2015

Atentado de Paris: mucha hipocresía y tres hipótesis

Punto y seguido

Nazanín Armanian


Fuente: http://blogs.publico.es/puntoyseguido/2307/atentado-de-paris-mucha-hipocresia-y-tres-hipotesis/

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En vano esperábamos que la Corte Penal Internacional abriese un expediente contra los dirigentes de EEUU y sus cómplices después del informe del Senado sobre las torturas de la CIA. Por supuesto que la “excepcionalidad de EEUU” y por ende de la OTAN – la de tener el monopolio de cometer atrocidades, presumir del terrorismo de Estado y presumir de “democracia”, descarta que el castigo colectivo a millones de iraquíes y afganos (lanzándoles durante más de dos décadas, no pequeñas granadas y cuatro balas, sino toneladas de bombas) algún día sea juzgado.
La misma impunidad que ha llevado a Hillary Clinton a admitir que ha sido su país “occidental- cristiano” – el representante de la civilización judeo-cristiana” -, el que reclutó, armó y entrenó a miles de delincuentes, lumpen proletariado y extremistas de unos 40 países creando la organización de Muyahedines afganos (luego con otros alias: Al Qaeda, Rebeldes iraquíes-libios-sirios, Estado Islámico, Khorasan, etc.), autores de asesinatos en masa . Nunca hubo ni un solo cartel que pusiera “yo soy iraquí, afgano y paquistaní”, ni un minuto de silencio en memoria de sus víctimas. Tampoco han sido rehabilitados los difamados “por divulgar teorías conspirativas”.
Muchos de los que hoy, tras el vil atentado contra Charlie Hebdo, se desgarran las vestiduras por la “Libertad de Expresión”, se callaron cuando los soldados de EEUU mataron al cámara José Couso en Irak, o bombardearon las estaciones de la TV pública en Bagdad, Belgrado y Trípoli; ni tampoco protestaron por el despido del dibujante Maurice Sinet en 2008 de esta misma revista por haber comentado la relación interesada del hijo de Sarkozy, sin estudios ni oficio, con una mujer empresaria judía. Fue acusado de antisemitismo al conectar el ascenso social con la influencia del lobby judío. Mucha “libertad de expresión” pero algo o alguien encubre las noticas sobre, por ejemplo, las decapitaciones y latigazos en Arabia Saudí –amigo del alma de Occidente y el principal valedor del terrorismo sunnita, según H. Clinton–, con reportajes sobre sus osadas conductoras o los millones que gasta el país en la cosmética. ¿Alguien ha oído el nombre de Raif Baddawi? 
Detrás del atentado
1. La versión oficial, llena de agujeros, ha dado lugar a que incluso personalidades como Paul Craig Roberts, ex subsecretario del Tesoro de EEUU, atribuyeran la autoría del sangriento asalto al DGSE, los servicios de inteligencia franceses. La sospecha  está justificada  no sólo por el timo y mentiras de las recientes guerras , sino también porque los gobernantes han perdido su credibilidad por falsear realidades de forma tan burda e insultante como que en España, por ejemplo, se diga que millones de niños que viven con menos de dos euros al día sufren de sobrepeso, que no de hambre, o si la padecen es porque sus madres no saben o no quieren cocinar.
2. Las petromonarquías del Golfo Pérsico, cuyos intereses chocan con la agenda de sus aliados occidentales, titubean sobre si acabar con el Gobierno de Bashar al Asad, aliado de Irán y de Rusia (a los que están ahogando al bajar el precio del petróleo). Están invirtiendo miles de millones de dólares financiando el terror para cambiar el equilibrio de fuerzas en la región en su favor, y puede que así hayan pretendido acelerar la invasión de la OTAN a la región. Sería una guerra no religiosa: por los pozos y rutas de gas y de petróleo.
3. Que estos terroristas “solo y llanamente” eran como el noruego Anders Breivik, que mató a 77 chavales de un partido socialdemócrata. Ambos representan una ideología totalitaria uniformadora que no soporta ver la pluralidad ni en el pensamiento y discurso, ni en el color de piel, ni siquiera en la vestimenta, con la ardua necesidad de crear un mundo de espejos donde pueda ver en los demás su propia proyección. El fundamentalismo religioso, que avanza sin parar por Oriente Próximo, es la versión sureña del totalitarismo norteño, y está unido estrechamente con él: comparten no sólo el mundo de los símbolo y representaciones sino también la esfera de lo tangible, la de la financiación y la que mueve sus hilos. ¡Si se pide la expulsión de los yihadistas franceses de Francia, se debe pedir también la expulsión de los neonazis noruegos de Noruega!
*Este tipo de actos no son “de venganza por las invasiones imperialistas” que han destrozado la vida de al menos 100 millones de personas (y se dice pronto) en siete países en los últimos años. El asesinato de occidentales atribuido a la “omnipresente superorganización de Al Qaeda” no sólo está muy lejos de guardar proporción con la matanza cometida por la OTAN, sino que extrañamente el 99,9% de las bombas que coloca Al Qaeda han tenido como objetivos a los civiles musulmanes en bodas, mezquitas o escuelas. Durante la última masacre israelí, el Estado Islámico en vez de ayudar a los palestinos se dedicó a venderle a Israel, vía los Hermanos Musulmanes turcos, el petróleo que robaba de Irak.
Unas preguntas y algunas dudas
Sorprende que la poderosa Al Qaeda haya tardado tres años en matar a los caricaturistas de Mahoma. ¿Por qué no ha mencionado en su nota explicativa el papel actual de Francia en el desastre y drama que sufre el oriente “musulmán”?
*El fundamentalismo es ciego, no tonto. Si los “cerebros” de Al Qaeda son capaces de desafiar a la OTAN, aun estando su jefe en el fondo de algún mar, ¿no han pensado que el 7-E puede tener la misma consecuencia que el 11-S: nuevo asalto de la Alianza a la región, y la masacre de sus gentes, a cambio de, encima, más Guantánamos.
A ver, diseccionemos la noticia oficial sobre el atentado: “varios musulmanes franceses de origen inmigrante han matado a 12 empleados de una revista de humor de izquierdistas, y a clientes de una tienda judía en París”:
a. Insinúan que la barbarie está en los genes y en la religión “tercermundista” de estos bárbaros, a pesar de haber nacido y vivido en la tierra de las “luces”. ¿O es que los 5 millones de nacidos musulmanes están dedicándose en Francia a matar y asaltar a otros 60 millones de compatriotas? Las ideas teocéntricas –versión fina del racismo–, no sólo impulsan los fascismos, sino que son alimentadas por visiones pseudo-científicas que recurren a la información alojada en los ADN para explicar la conducta humana, con el objetivo de desacreditar el enfoque marxista de apuntar como determinantes los factores “de entorno”, y por ende para conservar el sistema.
b. ¿Por qué en vez de atacar a la sede de la ultraderecha —enemiga férrea de los inmigrantes y de los musulmanes—, se asaltó a una revista izquierdista, siendo la izquierda la única fuerza que defiende a las minorías étnico-religiosas? ¿Divide y vencerás?
c. ¿Por qué los terroristas llevaban kalashnikov en vez de FAMA, el fusil de asalto francés? ¿Para que nadie sospeche que las armas que Francia envía a los terroristas en Siria pueden volver para matar a los franceses?
d. El factor “supermercado judío” ha sido la guinda: semanas antes, la Asamblea Nacional francesa pidió al Gobierno reconocer el Estado palestino. Israel ha sido el principal beneficiario de la “guerra contra el terrorismo islámico”.
e. El humor y la sátira también forman parte la literatura del oriente “musulmán”, a pesar de la imagen de estreñidos que se les da en Occidente. El sexo y la religión han sido los dos temas recurrentes –justamente por ser tabús–, en la fina poesía persa, con grandes autores como Omar Jayán, el exquisito Hafez Saadi, o el rey de los poetas obscenos Obeyd Zakani. La bufa y los bufones aparecen cuando el sistema impide la crítica constructiva: “Un día en que el monarca subía por la escalera del palacio su bufón le tocó el trasero. La furia del soberano por tal atrevimiento fue tal que le mandó matar. “¡Clemencia señor! –pidió el bufón–, yo pensaba que era la reina”. Así de “intocables” eran y son los mandatarios, en Persia, en Washington, París o Madrid.
*El “renacimiento” en el  Oriente musulmán, donde lo mágico y la ilusión se fusionan con la razón, tiene sus rasgos aunque no detectables para ojos poco entrenados: allí, nada es como parece y, al contrario que en Occidente, lo nuevo se disfraza de viejo, para engañar a los mil demonios; unos están alojados en sus imaginarios y otros muchos andan sueltos.
Yihadistas “propios”
La profunda crisis multidimensional del capitalismo, que no tuvo reparo en desmantelar el escaparate del Estado de bienestar nada más desaparecer la Unión Soviética, y la ausencia de una izquierda poderosa capaz de organizar a los trabajadores en torno a un programa viable y generador de entusiasmo, ha llevado a la desesperación a miles de excluidos sociales sin perspectiva: si no se convierten en “emprendedores” es que “no valen para nada” como decía una jefa de empresarios españoles, y por ende no tendrán derecho de acceso a alimentos, vivienda, y sanidad. La crisis económica, sin embargo, les deja una puerta abierta: ir a la guerra, en las filas de la OTAN o en la del yihadismo. Cobrarán entre 250 a 1000 euros mensuales, además de lo que arranquen a otros con el fusil en el hombro.
Parece increíble, pero es Europa quien exporta yihadistas al Sur y no al revés. Allí habrá mucho curro: Turquía y EEUU acaban de llegar a un acuerdo para entrenar y equipar a 15.000 mercenarios, durante tres años, para conquistar Siria y algo más. Recibirán, si sobreviven, parte del beneficio del gran negocio de armas-seguridad, petróleo y droga que hay detrás de este tinglado.
Cierto que algunos chavales parten hacia Siria desde la confusión: Si Qatar y Arabia financian el terrorismo sunita, que es algo malo, ¿cómo los ídolos deportivos lucen los nombres de estos países en sus camisetas? ¿Por qué los wahabitas disponen no de un piso franco, sino de decenas de edificios oficiales y son dueños de los medios de comunicación e incluso de las deudas de los estados europeos? ¡Manda dinero!
Que vuelvan a sus países si no aceptan nuestros valores occidentales”, se oye a menudo. Lo cierto es que los 8 millones de afganos, o los 6 millones de iraquíes refugiados víctimas de parte de esos “valores”, no sólo no han recibido ninguna indemnización, sino que en vez de ser acogidos en los países de la OTAN  (responsables de su drama, de la destrucción de sus casas, de sus negocios, escuelas y  universidades) están esparcidos por los países vecinos que tampoco los quieren. ¿En qué escalón de esos “valores” se coloca el envío de miles de mercenarios “sin papeles” y armados hasta los dientes, para adueñarse de países enteros en el Sur?
No es islamofobia, es xenofobia
Tras el atentado, se está advirtiendo sobre el peligro de islamofobia; algunos para proteger al sector más vulnerable de la sociedad que son los inmigrantes  y otros, desde el rechazo a la presencia política de la Iglesia, han encontrado en el apoyo al Islam (que no hay que identificarlo con los inmigrantes musulmanes) un contrapeso, ignorando que las élites religiosas suelen unirse ante el enemigo laico, ateo, y su lucha por mayores cuotas del poder es ajena a los intereses de los “desheredados”. A la “religión”, al igual que la “nación”, no le interesan las brechas entre los ricos y los pobres, entre los géneros ni entre los grupos étnico-religiosos.
Cierto, el odio hacia el Islam es para los fanáticos como el antisemitismo para la ultraderecha israelí: el agua bendita, la razón de su ser. Pero igual de peligroso es subrayar la afiliación religiosa de los inmigrantes, y tratarles como “comunidad musulmana”.
Además de ser un atentado contra la intimidad y los datos personales de los ciudadanos, conlleva otras implicaciones en estos tiempos de crisis:
*Separa la población “nacional” de la “intrusa” por su fe, y luego divide a los propios “intrusos” por su credo.
*Oculta el problema común de todos los inmigrantes, que es su estatus legal y real de inferiores.
*Echa a perder todo el intento de las fuerzas progresistas de los países musulmanes para que la religión se separe del poder político.
* Obama y Hollande dicen la verdad al firmar que no luchan contra el Islam. Tienen magníficas relaciones con los representantes de esta fe. Son conscientes de que en las sociedades laicas las guerras religiosas no tienen cabida y la islamofobia no producirá conversiones hacia otros credos, sino el rechazo al trabajador inmigrante de Oriente Próximo, aunque no sea practicante. Pasan así el trabajo sucio de negar la igualdad de derechos, a la sociedad, manteniendo el control sobre ella.
¿Y ahora qué?                                      
François Hollande, que estaba viviendo los momentos de más baja popularidad de su presidencia, respira. La “nación” se ha unido contra el enemigo de fuera, que encima se ha infiltrado dentro.
Su fracaso en Mali y en Siria, los escándalos de corrupción, la desobediencia de sus ministros y las tensiones sociales han sido las causas de que perdiera las elecciones municipales. Con el mega plan de Obama para una larga guerra en Oriente Próximo, pretende ocupar el lugar de EEUU, firmar contratos de armas y echar fuera los balones de la crisis interna: como Napoleón, el Rey Sol. El portaaviones De Gaulleestá listo para partir hacia el golfo Pérsico.
“Trabajadores de todo el mundo uníos “, es la única salida a esta locura y amenaza global. No son suficientes los debates pequeño-burgueses de sofá sobre “¿cuántos ángeles se pueden sentar sobre la punta de una aguja, camarada?

La autora:

Nazanín Armanian

Dejé la mitad de mi vida en mis tierras persas, y cuando aterricé en esta península de acogida, entrañable plataforma de reclamo de pan y paz para todos, me puse a ejercer el desconcertante oficio de exiliado: conocer, aprender, admirar, transmitir, revelar y denunciar, estos últimos aprovechando las clases de la Universidad, los medios de comunicación y una docena de libros como 'Robaiyat de Omar Jayyam' (DVD ediciones, 2004), 'Kurdistán, el país inexistente' (Flor del viento, 2005), 'Irak, Afganistán e Irán, 40 respuestas al conflicto de Oriente Próximo' (Lengua de Trapo, 2007) y 'El Islam sin velo' (Bronce, 2009).

ENLACE RELACIONADO:

http://mapuenlalucha.blogspot.com/2015/01/especial-atentado-en-paris.html

sábado, 11 de octubre de 2014

Democracia torturadora: ¿al servicio del orden (del capital) mundial?


Lucha contra el terrorismo y los Derechos Humanos: ¿Quién dijo tortura?

“Jamás puede haber una justificación para permitir violar los derechos humanos por la persecución de un ilícito. Por más grave que este sea. Esas cosas siempre terminan pésimo. La Lucha contra el terrorismo se puede hacer eficientemente en democracia” (Revista Sábado, 20/9/2014)

Nicolás Acevedo Arriaza    EL CIUDADANO

“Jamás puede haber una justificación para permitir violar los derechos humanos por la persecución de un ilícito. Por más grave que este sea. Esas cosas siempre terminan pésimo. La Lucha contra el terrorismo se puede hacer eficientemente en democracia” (Revista Sábado, 20/9/2014). 
Estas palabras no provienen de una pancarta levantada por un defensor de los Derechos Humanos, sino del actual Ministro de Defensa, el democratacristiano Jorge Burgos. ¿Por qué debe hacer estas aclaraciones? ¿No es algo obvio que en una democracia los acusados de algún acto de subversión o terrorismo deben ser respetados en sus derechos? No, no es obvio. Y Burgos sabe de lo que habla.

Como jefe de gabinete del Ministerio de Interior del gobierno de Patricio Aylwin fue protagonista de la lucha en contra las organizaciones rebeldes-armadas de comienzo de los años noventa. Aunque lo negó en su tiempo, los detenidos acusados de “terrorismo”, sufrieron torturas y malos tratos por parte de Carabineros y la Policía de Investigaciones. Dicho método les permitió desarticular con mayor prontitud sus actividades subversivas.
Y no fue una tarea menor.

Según el informe de Policía de Investigaciones de Chile, las organizaciones subversivas realizaron entre 1990-1995, la suma de 834 detonaciones de bombas, 210 asaltos a bancos, muriendo 22 policías y 23 “extremistas”. El informe policial concluye que estas agrupaciones fueron desarticuladas demostrando que en Chile “el terrorismo puede ser investigado y controlado eficientemente, actuando dentro del marco de estado de derecho, con pleno respeto de la dignidad de las personas” (Revista Detective, N° 82, 1996).

El contexto no fue sencillo. Según Belisario Velasco, subsecretario del Ministerio del Interior, el gobierno de Aylwin no tuvo una institución propia de inteligencia, sino que dependió de Carabineros y la PDI. Pero con ellos no se podía confiar cien por ciento. “El general de Carabineros había sido nombrado por Pinochet y el de la PDI también. No nos hacían caso. Enrique Krauss y yo, no teníamos mayores antecedentes” (The Clinic). Así, después del asesinato de Jaime Guzmán se tomó el camino propio creando el Consejo Coordinador de Seguridad Pública, creado en 1992.

Como jefe de gabinete del Ministerio de Interior del gobierno de Patricio Aylwin fue protagonista de la lucha en contra las organizaciones rebeldes-armadas de comienzo de los años noventa

Marcelo Schilling fue parte de su jefatura. En los pasillos se le llamó la “Oficina”. El nombramiento de Schilling fue unánime en el gobierno, debido a su experiencia y contactos (Otano, 2006, p. 214). Él prefiere bajar el perfil sobre su elección: “Estarían los otros ocupados”. En lo concreto fue la cabeza del organismo. Hace un año recordó que al comienzo faltaba personal, pero que logró infiltrar a diversas agrupaciones como el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. “Lo concreto hoy en día es que no hay grupos armados, los empresarios andan sin guardaespaldas y la democracia no está en jaque. Y eso se logró con total respeto a las libertades individuales y a los derechos humanos” (La Tercera, 19/5/2013).

Ariel y Andrés, asesinados "en democracia"

¿Respeto a los derechos humanos?
Según un informe de las Naciones Unidas entre 1990 y 1996, la tortura dejó de ser una práctica sistemática por la policía, pero los casos fueron “numerosos y serios” (Universidad Diego Portales, 2003, p.108). El gobierno dejó de promoverla, pero no de existir. Gran parte de las denuncias se les atribuyó a Carabineros, con un 78% de los casos (CODEPU). Fueron estos precisamente que negaron dichas acusaciones, argumentando que “es práctica conocida de los delincuentes y terroristas impugnar los procedimientos policiales con denuncias de supuestas torturas” (La Cuarta, 14/6/1991).

Un caso ocurrió en julio de 1991, cuando Policía de Investigaciones detuvo a cinco dirigentes y militantes del MAPU-Lautaro en la ciudad de Concepción. Inmediatamente fueron acusados de ser responsable de la muerte del Prefecto Héctor Sarmiento, asesinado en marzo de 1991 en la puerta de su casa.

La detención se logró producto de un barrido por la octava región ciudad. La Policía localizó a ex militantes del Lautaro en dictadura y de otras organizaciones subversivas. Así se llegaron a obtener pistas de quienes seguían militando. La tortura fue una gran aliada en el procedimiento. Uno de los casos fue relatado por Pedro Rosas en su primer libro (ROSAS, 2004, pp. 169-170), mientras que el resto aparece documentado por la Asociación Mundial en contra la Tortura en su Informe de 1993. El CODEPU informó que la incomunicación de los detenidos fue por veinte días, sin permitirle la presencia de abogados (La Nación, 7/8/1991).

Por otra parte, el vicario de la pastoral de Derechos Humanos de Concepción, Carlos Puentes, confirmó las torturas: “Pedimos todo el rigor de la ley si son culpables, pero sin que se violen sus derechos como personas” (La Época, 28/7/1991). Sería de mal gusto describir los detalles evidenciados por el vicario, pero fueron la continuidad del proceder de la Central Nacional de Investigaciones en la dictadura militar. “Estas cosas hay que denunciarlas, porque no puede ser… es necesario denunciar estos hechos” (Ibídem). La Policía negó dichas acusaciones argumentando que eran falsas (La Época, 8/8/1991).

Con los días, Víctor Hernández, el Ministro en visita del caso “Sarmiento” se comprometió a realizar un sumario por las denuncias, que fueron respaldadas por el Movimiento Sebastián Acevedo (La Época, 6/8/1991), pero la Corte Marcial de la Justicia Militar rechazó el recurso de amparo y las demás acusaciones. Las imputaciones fueron archivadas y el gobierno prefirió respaldar el actuar de la Policía.

Al año siguiente las detenciones de militantes del MAPU-Lautaro continuaron, sobre todo en marzo de 1992 cuando cayeron casi la totalidad de sus dirigentes. Marcelo Schilling se mostró conforme con el trabajo de la “Oficina”, negando que la desarticulación haya provenido de “soplonaje o de delación”. Una de las detenidas aseguró apremios ilegítimos, según confirmó su abogado Hugo Pavez del Codepu. Pero el prefecto Edgardo Rebolledo no aceptó ese tipo de “insultos”. Schilling no hizo comentarios sobre esto, a pesar de que confirmó que la “Oficina” trabajaba estrechamente con Carabineros e Investigaciones (El Mercurio, 11/3/1992).

A los pocos días, el 18 de marzo de 1992, Jorge Burgos afirmó: “se tiene la convicción de que la policía civil no realiza ese tipo de acciones y que, en todo caso, ello debe ser aclarado por los tribunales” (El Mercurio, 17/3/1992). ¿Está seguro de ello señor Burgos? Volvamos al comienzo.

“Jamás puede haber una justificación para permitir violar los derechos humanos por la persecución de un ilícito… La Lucha contra el terrorismo se puede hacer eficientemente en democracia”, dijo hace algunos días el actual Ministro de Defensa Jorge Burgos.

¿Lo habrá dicho pensando en el accionar de la policía en los años noventa?

Historiador y forma parte del equipo editor de la Revista Pretérito Imperfecto.
Revista Red Seca


Nicolás Acevedo Arriaza http://www.redseca.cl/?p=5045


RECOMENDAMOS ARTÍCULO RELACIONADO: 
http://www.revistadivergencia.cl/ediciones/04_julio_diciembre_2013/04_continuidades_en_el_chile_post-dictatorial.php


domingo, 14 de septiembre de 2014

El terrorismo en perspectiva histórica y regional

LUIS THIELEMANN H.
 Historiador

12 de septiembre de 2014

En una columna publicada por El Mostrador el día 10 de septiembre, Roberto Meza intenta dar con una explicación del discurso del terror o del terrorista (que para él son lo mismo). Comienza con un argumento de autoridad (“Se afirma que…”) y a lo largo de todo el escrito cita a “los estudiosos”, pero sin indicar a ninguno de ellos, sin citar fuente alguna para construir su argumento sobre el terrorismo. Además de esta carencia de fuentes teóricas o primarias, a lo largo de todo el texto se habla del terrorismo como un genérico actor social que viene de ninguna parte, de un afuera no identificable, y que por su psicología particular, está fuera también de toda sociedad. Para el señor Meza: “Se trata de un fenómeno epocal, que se ha instalado en todo el mundo y que Chile había venido experimentando en forma larvaria, hasta este punto de inflexión del 8 de septiembre, cuando el monstruo, parido desde las entrañas de la insatisfacción vital, ha dado infaustamente su primer y espantoso vagido”. Me parece que este escrito, y similares posicionamientos de actores y políticos locales, además de una melodramática floristería lírica, presentan varios errores, exageraciones y desajustes con lo que ha sido el terrorismo en Chile y América Latina. El objetivo principal de este texto, más allá de discutir algunos puntos menores con el señor Meza, es situar el terrorismo en el justo lugar y dimensión que tiene en la historia y sociedad chilena y latinoamericana.

I
Comencemos por la pregunta: ¿qué ha sido el terrorismo en la historia? Hay dos formas de responder a esa pregunta. La primera responde a las categorías de distinción en la historia de la violencia política. La segunda, con el uso político de la categoría terrorismo. Desde la primera forma, terrorismo es un tipo de violencia destinada a obtener ganancias de fuerza política mediante la intimidación de la población civil. Esta definición implica dos elementos que es importante explicar bien: a) el que la violencia obedece a razones; y b) que necesariamente los objetivos del acto deben ser civiles.

a)    Decimos que en el terrorismo la violencia es racional pues implica un uso adecuado a fines. Esto puede ser difícil de tragar, pero con toda la brutalidad y el desquiciamiento que implica, por ejemplo, volar un auto en plena calle o quemar vivos a dos jóvenes en Estación Central, eso no es una volición presa de la locura desatada de un demente, sino un acto que busca fines precisos: intimidar a un colectivo humano, anunciarle que la muerte, o actos peores, acecha desde cualquier lugar y a toda hora, pero siempre y cuando no se cumplan los deseos del actor que intimida. En un libro sobre el nazi Adolf Eichmann y su juicio en Jerusalén en 1960-61, Hannah Arendt reflexionó sobre el burócrata, el agente, el funcionario de la violencia terrorista. El Eichmann que describió Hannah Arendt es un tipo “normal”, no un sanguinario psicópata ni un fanático nazi, sino una pieza, “banal”, de una maquinaria de exterminio cuyos fines estaban determinados por objetivos, por intereses directos y generales, de colectivos humanos identificables (los industriales y la nobleza alemana, en ese caso). En resumen, el terrorista no es un loco, o bien puede serlo y no ser importante, su acción no es una locura, sino que un acto racional, que se adecúa a esos fines, y que por muy terrible que sea, le sirve a un interés determinado. Establecer ello es muy importante a la hora de analizar la violencia, pues el atribuir un estado especial de maldad al funcionario de la violencia, termina por perdonar la maquinaria institucional de la violencia y el sector social que la organiza para sí.

b) Que los objetivos deben ser civiles es algo fundamental en el uso de la categoría terrorismo, pues si los objetivos fuesen determinados personajes políticos beligerantes o grupos que han asumido la categoría de beligerante, estamos ante violencia política en cualquiera de sus grados. Si la violencia política es entre grupos que se disputan el control del Estado y los objetivos del acto buscan alcanzar esa meta, directamente, por la vía de someter al enemigo y sin necesidad de convencer a mayorías electorales o efectivas en una lucha ciudadana o social, entonces eso es una guerra civil. El terrorismo, para ser tal, implica que sea contra objetivos civiles. El terror es precisamente para afectar el estado de ánimo de la población civil o para usarla como costo para los gobiernos, de cualquiera de las dos formas su objetivo no es hacer daño, sino que mediante el daño alcanzar un objetivo (ya dijimos que es racional). Es por ello que Robespierre, Marat y los Jacobinos entendieron que debía morir Luis XVI, no para reemplazarlo, sino para mostrarles a los franceses que era posible cortarle la cabeza al rey, y a muchos otros nobles, y que no iba a venir dios alguno a la tierra a vengar la revocación de su voluntad. Lo mismo en el acto de los bolcheviques al cortar toda semilla de los Romanov: no se busca aterrorizar a los nobles, sino a los rusos, declarando que ya no había vuelta atrás en la revolución después de matar a la familia designada por dios y la sangre para gobernarlos. Con el asesinato de las familias reales y de otros colaboradores de los regímenes depuestos, civiles, el terror revolucionario dejó en claro que estaba dispuesto a todo.

La segunda forma de definir terrorismo es como un epíteto. Toda violencia política que nos sensibilice demasiado es tachada de “terrorismo”: desde una bomba de ruido hecha por adolescentes hasta una portada de un diario. Es claro que no debemos profundizar en este uso, salvo para decir que si la categoría no discrimina los hechos de violencia política, unos de otros, entonces no sirve. A menos que se use, como ha sido estos días, como arma arrojadiza a cualquier rebeldía o a cualquier insubordinación.

II.
Pero detengámonos un momento en lo dicho por el señor Meza, en la construcción misma de su idea de terrorismo, ya que es importante hacerlo en estos días de una interesada confusión dirigida por la gran prensa. Dejemos a un lado los rudimentos de sicología que se ofrecen en el texto y centrémonos en la teoría política. ¿De dónde obtienen –Meza y los demás– esa definición de lo que es y ha sido el terrorismo? Pues hay dos formas de definir un fenómeno social: por las generalidades de su comportamiento pasado (lo que ha sido) y por las formas de su comportamiento presente (lo que es). Como casi nadie, tampoco el señor Meza, indica de dónde proviene su teoría y explicación de qué es y qué ha sido el terrorismo en Chile y el continente, es difícil saber a qué lugar y tiempo se refieren. Entonces, partamos por una hipótesis al respecto: casi todo lo dicho sobre el terrorismo desde el 8 de septiembre, sobre todo en el texto de Meza, está basado en una definición genérica de terrorismo, dada por los hechos ocurridos en Europa y Estados Unidos, a lo más Oriente Medio, pero no calzan en la historia de Latinoamérica, no en su historia moderna. En los dos siglos de historia republicana del continente casi no ha habido terrorismo desde los grupos subalternos, no han existido grupos que hayan tenido “impulsos suicidas” a los que les “place coquetear con la muerte”, por lo tanto, no sé a qué terrorismo se refiere Meza cuando habla de él con tanta experticia.

III.
Porque, y entremos a lo importante, en este continente ha existido mayoritariamente sólo un tipo de terrorismo (sí, hay más de un tipo, algo más complejo que “el terrorista”, así, en singular), el Terrorismo de Estado. En Sudamérica los momentos de mayor violencia tuvieron que ver con el sometimiento de poblaciones indígenas por el Estado (o sea, las instituciones civiles y armadas del orden social específico, que en la región ha sido dominantemente oligárquico), las guerras civiles (por lo tanto, entre fracciones del Estado), y la represión a las organizaciones de izquierda y sociales populares en los largos años 60 del siglo XX. Casi no se cuentan en este período ataques a civiles de parte de organizaciones armadas no estatales, y es claro entre quienes han estudiado ese tema que nunca fue ese su objetivo. Ni siquiera es un tema claro para la organización típica a la hora de buscar terrorismo en el continente, a saber, las FARC en Colombia. Sólo los países de la órbita norteamericana se han allanado, desde 2008, a otorgarle un estatus político de “terrorista” a dicho grupo, y, con justicia para los hechos, el gobierno de Chile no se cuenta entre los mismos. Sendero Luminoso, tal vez el grupo más violento que haya existido entre las organizaciones armadas del continente, es definido como “terrorista” por el Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú, aunque haciendo la salvaguarda importante de que ese terrorismo se escondía en un discurso de violencia revolucionaria (algo muy distinto a lo mencionado por el señor Meza), y que se dio en una situación de guerra civil. Allí se destaca que en el enfrentamiento del Estado a Sendero Luminoso se “produjeron masivas violaciones a los derechos humanos por parte de agentes del Estado”. Otros grupos políticos armados del continente, como el ELN en Colombia, los Tupamaros en Uruguay, los Montoneros y el ERP en Argentina, no han sido considerados terroristas por los politólogos e historiadores. Más bien son identificados con vanguardias armadas, guerrillas urbanas o incluso, para el caso de los Tupamaros, un grupo de arte político como indicó el artista e intelectual Luis Camnitzer.

Así, salvo el caso de Sendero Luminoso y con las enmiendas mencionadas, el terrorismo en América Latina hay que buscarlo no entre los grupos de la izquierda armada, no entre ese tipo ideal que dibuja el señor Meza y tantos otros, llenos de esa necesidad provinciana de tener una historia parecida a la de los países del norte (o más bien, a la que cuentan las películas de allí, con terroristas y ‘John McClane’ por doquier). Así, podemos decir algo aceptado entre los cientistas sociales e historiadores del continente: el terrorismo en América Latina ha sido mayoritaria y abrumadoramente estatal.

IV
A esta definición del terrorismo como principalmente estatal en el continente, debemos agregar que no ha sido en cualquier momento del Estado, sino que en ciertos momentos donde éste reafirma su carácter de clase, su afinidad y funcionalidad para un grupo social privilegiado, a la vez que contra otros grupos sociales subalternos. No sólo ha sido mayoritaria y abrumadoramente estatal, sino que además ha sido propio de los gobiernos, de hecho o de derecho, apoyados o sostenidos por la oligarquía. Este carácter social del terrorismo de Estado es sostenible además desde la constatación de que los objetivos han sido siempre grupos subalternos y que han cuestionado dicha dominación oligárquica: indígenas, sindicalistas, pobres del campo y la ciudad, militantes de izquierda, minorías sexuales, sacerdotes obreristas, etc. Basten algunos ejemplos: en toda su historia el ejército chileno ha matado más trabajadores chilenos que soldados peruanos, argentinos y bolivianos juntos. La Fuerza Aérea de Chile sólo ha tenido dos acciones armadas reales: el ataque a la escuadra sublevada en 1932 y el bombardeo a La Moneda en 1973. Al parecer Gustavo Leigh quiso realizar una tercera: bombardear la población La Legua, en el sur de Santiago. Afortunadamente no pudo Leigh agrandar tan lustroso registro. El terror en Chile, el uso de la violencia, no buscó exterminar a la izquierda, sino mediante el asesinato de casi toda la primera línea de dirigentes del Movimiento Popular, se buscó amedrentar al resto del país, a ese millón y seiscientos mil votantes que tuvo la izquierda en 1973. Lo mismo puede decirse en todo el cono sur: la figura del militante era atacada como lo peor del país, un cáncer a extirpar con violencia brutal, y tan víctimas como aquellos que fueron lanzados dentro de barriles con cemento al Río de La Plata, son sus amigos y familiares que sintieron la desaparición como un sinfín de posibilidades horrorosas a modo de advertencia sobre lo que podía ocurrirle a quien intentase luchar. El Estado, mediante el terror, disciplinó las rebeldías sudamericanas de los 60.

Esta explicación no es un relato que haga síntesis a posteriori, sino que era una idea consciente antes incluso que se desataran las dictaduras en el Cono Sur. En la Conferencia de los Ejércitos Americanos realizada en Buenos Aires, en 1966, el dictador trasandino Juan Carlos Onganía propuso crear formalmente una fuerza permanente interamericana de defensa, con capacidad de actuar contra el enemigo subversivo. Quien impidió esto fue el general René Schneider, que aún no asumía como jefe del Ejército chileno, y que sería asesinado en 1970 por agentes ligados a la ultraderecha, a la CIA y al mismo ejército. Esta idea venía dada por los aprendizajes de la Escuela de las Américas, institución norteamericana formadora de terroristas de Estado, torturadores y agentes especializados contra la izquierda radical y los luchadores sociales, donde pasaron muchos oficiales sudamericanos desde 1946 y especialmente en la década de 1960. El terrorismo de Estado en Sudamérica fue, además de oligárquico, organizado conscientemente como tal, y la tortura, desaparición y asesinato como método de aterrorización de la población civil fueron organizadas con premeditación. No vale pensar tales acciones como locuras o demencias, tampoco como fanatismos ideológicos propios de un contexto, sino como crímenes útiles a civiles que los financiaron y organizaron y que hoy permanecen sin recibir sanción social o judicial por ello.

Ante ello, el intento de crear guerrillas urbanas, grupos armados de ataque o de autodefensa, parece como una leve resistencia. En el enfrentamiento armado a la dictadura, en los Tupamaros del Uruguay o en el intento de guerra civil emprendido por la izquierda y el peronismo en la Argentina, no hay un objetivo de intimidar a la población civil. Lo que hay allí es una violencia política directa, antagonista, que buscó derrotar militarmente (o político-militarmente) a sus enemigos. Así, cualquiera que hable de “el terrorista” o de su “discurso” o “psicología”, debe definir a qué terrorismo se refiere, y en el caso de Sudamérica, asumir bajo el peso de los hechos reales que el terrorismo ha sido mayormente de este tipo: oligárquico y estatal.

V
En el específico caso chileno, el terrorismo se ha generado en el Estado con una exclusividad superior a casi todos los demás países del continente. De la misma forma, el carácter oligárquico de ese terrorismo de Estado es el más marcado. La lucha armada generada por grupos de izquierda radical, como el MIR, o la autodefensa armada del FPMR no alcanzan para ser catalogadas de terrorismo. 

Según Gabriel Salazar, han habido sólo tres actos dignos de ser catalogados de terroristas y que vengan desde la sociedad civil en la historia de Chile: el asesinato de Edmundo Pérez Zujovic, en 1971, el asesinato de Carol Urzúa, en 1983, y el asesinato de Jaime Guzmán, en 1991. 
La bomba del 8 de septiembre de 2014 no puede considerarse el cuarto, pues no sabemos quién lo hizo ni por qué. En cambio, por parte del Estado oligárquico, el mismo Salazar parte con un larguísimo conteo de acciones terroristas: el asesinato de Manuel Rodríguez; los fusilamientos por parte de Portales a los jóvenes de Curicó; el asesinato a hachazos a los oficiales prisioneros en la batalla de Lircay, por orden de Joaquín Prieto; el descuartizamiento de los oficiales demócratas que se rebelaron en Quillota contra Portales; los fusilamientos a opositores en el gobierno de Manuel Montt; las ocho masacres de trabajadores de comienzos del siglo XX, hasta 1930 (especialmente la de Santa María de Iquique, donde el ejército mató en tres minutos igual cantidad de trabajadores que soldados chilenos muertos en toda la Guerra del Pacífico); las masacres del siglo XX, como las de Copiapó, Ranquil, del Seguro Obrero, Plaza Bulnes, Santiago en 1957, de la Población José María Caro, de los obreros de El Salvador, de Pampa Irigoin, todas en los 60, y para qué mencionar las decenas de miles de torturados, los miles de ejecutados y desaparecidos bajo la dictadura de Pinochet y de la oligarquía. Sumemos a ellos a Daniel Menco, asesinado por la policía en 1999, a Matías Catrileo, bajo iguales victimarios en 2008, y al crimen terrorista más horroroso ocurrido en democracia: el asesinato de Manuel Gutiérrez, un niño de 14 años, víctima de las balas disparadas por carabineros la noche el 24 de agosto de 2011. ¿Habrá algo más terrorista que asesinar a un niño con balas disparadas a modo “de advertencia”?

Como dice el mismo Salazar: “En doscientos años de historia, no han sido las autoridades del Estado (o del Mercado) las que han sido víctimas notorias de la violación de derechos humanos por parte de ‘la soberanía’ popular, sino por miles y miles, el mismo pueblo-ciudadano de Chile a manos de estas autoridades”.



En el uso puntual de bombas contra blancos civiles, la asimetría entre acciones civiles y acciones del Estado se vuelve aún más radical. El FPMR, el Lautaro y el MIR llevaron a cabo este expediente como instrumento de ataque directo a las fuerzas armadas y de orden, por lo que se asumen como fuerzas beligerantes y no terroristas. Las bombas reivindicadas por los anarquistas insurreccionalistas han sido siempre contra blancos deshabitados, y por mucha lírica de la violencia liberadora que pudiera haber en sus panfletos, están más cerca de constituir una vanguardia estética que una organización terrorista. Es más, tristemente, sus únicos blancos han sido ellos mismos, en una ocasión con consecuencias de muerte. Por el lado del Estado, la dictadura tiene varios ejemplos: los asesinatos de Prats y de Letelier organizados por la DINA y Manuel Contreras, usando el mismo tipo de bomba. El intento de asesinato por el aparato internacional de la DINA y con colaboración de fascistas italianos, de Bernardo Leighton y su esposa. Probablemente uno de los usos de bomba más macabros por parte de agentes del Estado ocurrió el 12 de diciembre de 1984, cuando la estudiante de Psicología de la UC y militante del MIR, Alicia Ríos Crocco, fue asesinada con una bomba instalada por la CNI en su bicicleta y que estalló mientras ella pedaleaba. Los días siguientes sus compañeros fueron detenidos, allanados e interrogados, también por agentes del Estado.

Esta asimetría en el uso del terrorismo entre el Estado y las organizaciones de la sociedad civil, específicamente las de la izquierda y el movimiento popular, es expresiva a su vez de una asimetría mayor, la del uso de la violencia política en Chile. En otra oportunidad hemos hecho revisión al disciplinamiento histórico de la violencia desde las clases propietarias, la ausencia de toda tradición de “pueblo armado” entre los sectores populares en Chile y el terror de la élite ante fenómenos de soberanía desde los sectores populares, al que históricamente ha respondido con terrorismo estatal, de su Estado.

VI
De esta forma, creemos que hay mejores formas de reflexionar sobre la violencia política y el terrorismo en Chile. No es correcto ni educativo ni comunicador el festín alarmista y tendencioso que ha realizado la gran prensa a partir del bombazo del 8 de septiembre en el Metro de Santiago. Tampoco una vinculación rápida de los hechos con el terrorismo como tipo de violencia política, sin saber aún qué y quiénes están detrás de la bomba. La historia concreta de la violencia en Chile está lejos de darles la razón a quienes han achacado burda e interesadamente toda violencia posible a la izquierda radical o los movimientos sociales en lucha. Más bien, cabría preguntarse, serenamente, desde qué sectores del Estado y la sociedad ha venido la peor de las violencias y su uso disciplinador mediante el terror. También, preguntarnos con sinceridad qué razones ha tenido la violencia política en nuestra historia, a quién ha beneficiado y, ya que sabemos mucho de los anarquistas y fantasmas varios, cabe hacerse una última pregunta que da escalofríos de sólo pensarla: qué han hecho en estos veinticuatro años de gobiernos civiles los miles y miles de agentes del Estado especializados en terrorismo y fanatizados de anticomunismo. Sea como sea, el terrorismo debe ser medido sobre la base de la historia real de la región y de Chile. Con definiciones en abstracto, sicologizantes, o usando el concepto como bala de cañón, sólo se confunde en momentos en que se debe ser claros para no allanar el camino al autoritarismo y la violencia represiva. Así, debemos ser claros en nuestra historia concreta: el terrorismo en Chile ha sido principalmente de Estado, y ese Estado no es un significante vacío en la historia, pues su violencia ha tenido predominantemente una sola dirección, a saber, sobre la izquierda y las clases populares y sus organizaciones.

Un bombazo a pedido del cliente


Desde que comenzaron a levantarse los primeros movimientos de las clases proletarias y populares, por la redención y dignificación del mundo trabajador, la opción del atentado anónimo contra gente inocente, ha sido descartada. El cuartelazo, la desaparición forzada, el asesinato individual o masivo, han sido por lo general las armas de las clases en el poder, para imponer y perpetuar su sistema por EL MIEDO, EL TERROR.

El bombazo en el Metro, el 8 de septiembre, no nos evoca ninguna acción de fuerzas populares en su lucha por el cambio social. Más nos recuerda a los asesinatos que hizo la dictadura de Pinochet en la misma fecha de 1986, en venganza por la acción del Cajón del Maipo, en que el FPMR intentó ejecutar al tirano traidor a la Patria y a la Constitución. Para vengarse e imponer terror, la dictadura mandó matar al periodista José Carrasco Tapia, Pepone, a Felipe Rivera Gajardo, Gastón Vidaurrazaga Manriquez  y a Abraham Muskatblit Eidelstein. Vaya nuestro recuerdo a los caídos de ese otro 8 de septiembre.

¿A quién, a qué intereses convendrá el clima de inseguridad que los medios oficiales han tratado de imponer tras el bombazo del 8?

Cualquier observador de la política podrá decir que un endurecimiento contra la protesta social (que no es lo mismo que la política atentatoria), sólo puede convenir a los que están en el poder. Se busca distraer la atención del tema de fondo, la incapacidad del gobierno neoliberal de Bachelet y sus nuevos amigos de la falsa izquierda; unas reformas débiles, transadas con el gran capital, pueden fracasar porque la ultraderecha ahora impone un discurso haciéndose la víctima. Pero se está generando la convicción, en la opinión pública que algo piensa, de que la ultraderecha es el principal sospechoso de ser la victimaria de este y de otros atentados, como los montajes realizados en la Araucanía para inculpar al pueblo mapuche.

Ya días antes del atentado del 8, se decía que la serie de amenazas de bomba de días anteriores, sólo convenían al ministro Peñailillo, que a través de producir un clima de inseguridad buscaría acumular más poder a través de justificar la creación de una nueva y más poderosa central de informaciones contra la protesta social.

El atentado, entonces, tanto conviene a los que quieren minimizar aún más las reformas, así como a los que buscan fortalecer los aparatos represivos.

Para eso el sistema también cuenta con infiltrados en organizaciones populares. De ahí que al poder represivo le sea fácil encontrar sospechosos de cualquier cosa, procesarlos, inculparlos y condenarlos. Es la política de los montajes.

En este escenario, parece muy difícil encontrar a los verdaderos responsables de este atentado y de los que puedan venir. El aparato represivo está detrás de los propios atentados, por lo que el hecho permanecerá impune o encontrarán alguien a quien culpar: algunos Sacco y Vanzetti, algunos Topp Collins y Sagredo, algún menor P.P.V. O cargarán a algún activista por “sapeo” de algún infiltrado que buscará así castigar y reprimir a alguien que por su activismo, haga mucho más por la causa popular que cien atentados.

Será difícil saber quién fue el cliente que mandó hacer el atentado.

MAPU en la Lucha


Bombazo en el Metro: Cómo el terror reemplazó la agenda de las demandas sociales
Por Víctor Guillou Vásquez | 09/09/2014

El primer atentado terrorista puro y duro en los últimos 24 años vino a sacar a las reformas claves de la agenda e instaló los cuestionamientos sobre el manejo de las policías y la seguridad pública. Nada se sabe aún de los autores, pero sí de qué efectos está produciendo en lo inmediato.

El repudiable atentado terrorista en la subestación de Escuela Militar que dejó a 14 personas heridas, produjo un cambio inmediato en la  agenda del Gobierno, que salió en pleno a rechazar el acto, a invocar el uso de la Ley Antiterrorista, y a pedir cambios a futuro en la legislación que define las facultades de las policías y de los organismos de inteligencia que operan en el país.

Pese a ello, de inmediato vino el cuestionamiento de la derecha y los ex ministros del ex presidente Sebastián Piñera hacia el manejo por parte del Ministerio del Interior, encabezado por Rodrigo Peñailillo, respecto de los últimos bombazos registrados en el país. Aunque ya se había anunciado el uso de la cuestionada legislación para el primer bombazo registrado el 13 de julio en un vagón del Metro, y que ahora también se invocó, desde la oposición se habló de “señales confusas” y las directivas tanto de RN como de la UDI pidieron al Gobierno que actúe con “mayor contundencia”.

Hoy, tras la sesión extraordinaria en La Moneda del Comité Operativo de Seguridad, la mandataria salió a decir que “no nos temblará la mano” en perseguir a los responsables, y además se anunció que el Ministerio Público contará con más de 100 millones de pesos para la investigación, tras un decreto firmado el pasado 3 de septiembre.

Adicionalmente, el ministro Peñaillo aseguró que el futuro proyecto que buscará perfeccionar la Ley Antiterrorista ingresará con “suma urgencia”, para agilizar así su tramitación.

Por ello, y aun cuando aún no exista claridad de quiénes y con qué objetivo se detonó una bomba en un día hábil y en un lugar y hora de alta concurrencia, sí son observables las consecuencias inmediatas que está teniendo a nivel político el atentado terrorista. Por lo pronto, reformas necesarias al sistema de inteligencia podrían llevarse a cabo en tiempo récord, lo cual desde ya levanta la preocupación de que dichos cambios no sean realizados de la mejor manera posible. Lo urgente puede no dejar tiempo a lo importante, dentro de lo cual pueden incluirse las transformaciones estructurales que se discutían en el país.

Qué dice la doctrina del Shock

El libro La Doctrina del Shock. El Auge del Capitalismo del Desastre, la periodista canadiense Naomi Klein postula que la experiencias “traumáticas”, como el mismo Golpe de Estado perpetrado en Chile el 11 de septiembre de 1973, han sido utilizadas para instaurar el “capitalismo del desastre”, doctrina formada al alero de los presupuestos políticos, económicos y sociales desarrollados por el padre de la Escuela de Chicago, Milton Friedman, con el objetivo de desmantelar los restos del Estado de Bienestar y promover a nivel global el modelo de desarrollo neoliberal.

Detrás de este “capitalismo del desastre”, se esconde una visión que vería todo evento trágico como una “oportunidad”, que saca provecho del trauma y miedio colectivo para “para promover e implementar reformas económicas y sociales de carácter radical sustentadas en los principios básicos del corporativismo, como son la eliminación del rol público del Estado, la absoluta libertad de movimientos de las empresas privadas y un gasto social prácticamente nulo”, como indica la reseña que hizo respecto del libro el antropólogo chileno Carlos Lange.

Tal como  menciona la  reseña, si bien el libro de Klein no constituye un estudio estrictamente académico, sí permite “comprender el proceso histórico de formación de una nueva clase dirigente, los denominados ‘neoconservadores’, y la evolución de los postulados ideológicos que sustentan su conformación, así como también sus estrategias de expansión e implementación en distintas regiones del mundo”.

El miedo herramienta de control

Para el sociólogo Raúl Zarzuri, Director de Centro de Estudios SocioCulturales (CESC), el primer atentado terrorista, ese que busca infundir miedo en la población atacando a civiles inocentes, “se escapa de las acciones que se venían dando desde el 2005 en adelante”, y agrega que “antes siempre eran de noche, en horas donde no había afluencia de público, y con baja probabilidad de heridos”.

Esa lógica que el atentado de este lunes rompió, era “de corte anticapitalista y antipolicial”, según afirma el académico, y pasó a ser “terrorista, con todas sus letras. Hay que llamarla así”.

Sin embargo, Para Zarzuri, “Chile no es un país donde el terrorismo esté imperando, no es ésa la situación. Sí tenemos esta última acción que se enmarca dentro de eso, pero tenemos que llamar a la tranquilidad, porque no estamos viviendo en Colombia o en los finales de los 70 y todos los ochenta, y menos como en Irak o en Afganistán”.

Junto con mencionar que “aún no se tiene claridad del sentido y la lógica de un acto de este tipo”, el sociólogo saca a colación la cobertura de los medios masivos de información, históricamente ligados a la derecha, y su estigmatización de grupos jóvenes, supuestamente “anarquistas”. “Se construyó incluso el imaginario de que eran jóvenes anarquistas asociados a colectivos estudiantiles (en alusión al polémico reportaje emitido la noche del lunes por Canal 13)”, indicó el sociólogo, y lo calificó de “casi un montaje”.

Para Zarzuri, la discusión en torno a las reformas del gobierno buscaba cambios que generan resistencias tanto en la derecha como dentro de la misma coalición de gobierno. “Evidentemente que la gente que no quiere esos cambios particularmente, podría estar tentada (a hacer actos terroristas). Esto lo digo tanto de la extrema derecha pero también de sectores radicalizados de una llamada ‘izquierda’ que también podrían estar en esto. No lo creo tanto, pero entremedio hay un montón de hipótesis”, analiza el sociólogo.

“Esta lógica que han instalado con el miedo por la Reforma Tributaria puesta por los empresarios, con otro tipo de miedo respecto de la Reforma Educacional, y con esto de montar que Chile es un país inseguro y donde hay demasiada mano blanda, que hay puerta giratoria, etc. culmina con esto, donde evidentemente el atentado le cae como anillo al dedo a esos sectores en los que se generan todas estas críticas, y que quieren que los procesos de cambios, que van a ser lentos, no comiencen”, señaló Zarzuri.

Consultado sobre si para él este atentado servirá para modificar fuertemente las atribuciones de las policías, Zarzuri afirma que “es lo que se tiene que hacer, si esto fue un shock, y ninguna persona puede desentenderse de lo que pasó ayer” pero agrega que “ahora tenemos que ver cómo va a reaccionar el gobierno”.

“No creo que este atentado modifique la agenda (del Gobierno) pero sí obliga a poner más atención en ciertos intereses que algunos sectores venían intentando poner, defendiendo el orden vigente en temas como el tributario”, lanza el sociólogo y advierte que “lo más preocupante sobre esto es que el Gobierno se apure,caiga en la tentación y empiece a estructurar lo que llaman la ‘Doctrina del Shock’ a partir del tema del miedo, se propicien medidas que vayan en contra de los derechos individuales de las personas, tal como advirtió el Instituto Nacional de Derechos Humanos”.

Finalmente, Zarzuri apunta a la responsabilidad de los medios de comunicación en no infundir más miedo, y para ello cita el caso de la BBC (medio estatal inglés), “que en situaciones como ésta no utiliza el concepto de terrorismo, hasta que no haya claridad respecto de la situación”. “Me parece que si bien la detonación del artefacto provoca miedo, más miedo está generando cómo los medios le han dado cobertura. Insisto, Chile sigue siendo el país más seguro de América Latina, independiente de las recomendaciones de Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña respecto de la visita de sus propios ciudadanos”, concluye el académico.