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viernes, 10 de enero de 2014

El origen espurio de la Constitución de 1980

CHILE: LA TRAYECTORIA DE LA CONSTITUCIÓN DICTATORIAL



La Constitución pinochetista de 1980 tiene un origen ilegítimo. Fue obra de un restringido grupo de juristas y políticos de extrema derecha que trabajó secretamente durante casi siete años y luego fue "aprobada" en un plebiscito totalmente fraudulento. Chile vivía bajo una dictadura militar-empresarial, que utilizaba el terror para implementar la versión más extrema de un proyecto de sociedad y economía neoliberal. La ciudadanía carecía de las condiciones mínimas para debatir y manifestar libremente sus ideas y preferencias. Miles de opositores habían sido asesinados, encarcelados, torturados o exiliados. No había libertad de expresión, derecho de reunión ni de asociación para los opositores; los registros electorales habían sido quemados por los militares golpistas; el estado de emergencia regía en todo el territorio nacional y el “receso político” o prohibición de funcionamiento de los partidos políticos se prolongaba desde septiembre de 1973.


La dictadura preparó en secreto su proyecto constitucional. Pocos días después del golpe de Estado, la Junta Militar de Gobierno creó una Comisión Constituyente encabezada por el ex ministro Enrique Ortúzar del derechista ex Presidente Jorge Alessandri Rodríguez. Durante cinco años este grupo preparó un anteproyecto constitucional, siguiendo las orientaciones del gobierno dictatorial. En noviembre de 1977 el tirano Pinochet entregó a Ortúzar instrucciones escritas por su Ministra de Justicia Mónica Madariaga y por Jaime Guzmán, principal ideólogo del régimen, para que elaborara un proyecto de Constitución. Al cabo de casi un año de trabajo, la Comisión Constituyente produjo el texto encargado y el 31 de octubre de 1978 Pinochet pidió al Consejo de Estado que comenzara a analizarlo. Al término de ese estudio, el 26 de junio de 1980, doce días antes de la fecha fijada para que el Consejo de Estado presidido por el ex Presidente Jorge Alessandri entregara oficialmente el proyecto de nueva Constitución, el gobierno formó un grupo de trabajo encargado de revisarlo a cuya cabeza quedó Mónica Madariaga. La ministra y cuatro auditores militares, más algunos invitados ocasionales, realizaron un trabajo sigiloso e intenso dando lugar a 175 cambios en los que se expresó el consenso esencial del bloque dominante.

El texto corregido fue remitido oficialmente el 8 de julio por el Consejo de Estado a la Junta de Gobierno; luego fue analizado durante algunas semanas por juristas y algunos hombres del poder. El 10 de agosto de 1980 se aprobó la versión final. Todas las deliberaciones fueron secretas. El 11 de agosto, el gobierno anunció por cadena nacional de radio y televisión que en un plazo de treinta días se realizaría un plebiscito para aprobar o rechazar el proyecto de nueva Constitución.

El menguado "debate" ciudadano se realizó en condiciones de estado de emergencia, receso político,  control gubernamental de las publicaciones, clima de terror generalizado y sin alternativas reales para los votantes, sin claridad de las consecuencias jurídicas de una eventual derrota de la opción Sí prohijada por la dictadura, sin registros electorales y sin supervisión ni recuento electoral independiente. El gobierno solo autorizó la realización de un meeting opositor y puso todos los recursos del Estado, además del amplio control de los medios de comunicación que tenían sus partidarios al servicio de la campaña por la aprobación de la nueva Constitución.

Los resultados oficiales del plebiscito fueron los siguientes: votos por el Sí a la nueva Constitución: 4.204.879 (67,04%); por el No (rechazo): 1.893.420 (30,19%); nulos: 173.569 (2,77%).

La oposición denunció todo tipo de fraudes e irregularidades. En el 39,7% de las mesas observadas por sus voluntarios se detectaron irregularidades. Así, en al menos nueve provincias (Tocopilla, Chañaral, Linares, Cauquenes, Huasco, Choapa, Valparaíso, San Antonio y Malleco), “votó” más del 100% de la población. Cinco años más tarde, el sociólogo Eduardo Hamuy (“padre” de las encuestas de opinión en Chile) informó que un equipo de 660 voluntarios había observado los votos y los recuentos del plebiscito de 1980 en 981 mesas electorales escogidas al azar en el Gran Santiago (alrededor de 10% de las 10.522 mesas en 170 locales de votación), registrando cinco tipos de fraudes o irregularidades: recuento erróneo de votos (contabilización de votos No y nulos como blancos o Sí, o anulación de votos No); inconsistencias entre el número de votos contados y el número de firmas de votantes registrados (votantes excesivos o faltantes); recuentos no públicos; personas que votaron más de una vez; y otras irregularidades. Aunque Hamuy no pudo cuantificar la magnitud exacta del fraude, estimó que, a partir del 39,7% de las mesas donde se cometieron irregularidades, era legítimo suponer que sin fraudes electorales el resultado del plebiscito habría sido contrario al gobierno en el Gran Santiago, concluyendo que estaba “probabilísticamente justificado dudar de la legitimidad Constitución de 1980 e incluso negarla”.

A modo de conclusión, puede afirmarse de la manera más taxativa que tanto en sus orígenes como en su forma de ratificación, la Constitución de 1980 fue una imposición a la fuerza, un acto coercitivo, jurídicamente nulo y vacío según los principios del derecho público. Fue (y es) una Constitución de facto, del mismo modo que los decretos leyes de la dictadura. En el momento de su promulgación fue un simple mecanismo de prolongación de la dictadura. El texto permanente era, en esos momentos, meramente semántico, nominal, porque solo servía para dar la apariencia de legalidad al monopolio del poder. La Constitución efectiva eran sus disposiciones transitorias.

Para que el texto permanente adquiriera visos de legitimidad se requería del concurso de otras fuerzas dispuestas a jugar el juego de las fuerzas dictatoriales y neoliberales.



Legitimación del sistema pinochetista por la Concertación

Cuando era oposición,  el liderazgo de la Concertación cuestionó completamente la Constitución de 1980 y las instituciones económico-sociales impuestas por la dictadura, por considerarlas antidemocráticas y contrarias a la justicia social.Sin embargo, como lo reconoció su eminencia gris (Edgardo Boeninger) en 1997, dicho liderazgo experimentó, a fines de la década de los 80, una “convergencia” con el pensamiento económico de la derecha, situación que “políticamente no estaba en condiciones de reconocer”.

Producto de esa convergencia inconfesable, la dirigencia concertacionista no quiso quedar “desnuda” ante sus bases de apoyo y le regaló a la futura oposición de derecha la inminente mayoría parlamentaria que le aguardaba a Aylwin, a través de reformas constitucionales concordadas con Pinochet, las que pasaron desapercibidas en el “paquete” plebiscitado en julio de 1989. En efecto, la Constitución original de 1980 (sobre la base del supuesto de que Pinochet sería ratificado en el plebiscito de 1988) establecía que el futuro Presidente gobernaría con mayoría parlamentaria simple teniendo mayoría absoluta en una Cámara y solo un tercio en la otra. Considerando la histórica minoría electoral de la derecha, aquello le daría a Pinochet la mayoría necesaria en el Senado con el aporte de los senadores designados; y obtendría, gracias al sistema binominal, el tercio de la Cámara de Diputados.

Sin embargo, su derrota en el plebiscito de 1988 generaba, con seguridad, la previsión opuesta. Sería la Concertación la que ganaría la mayoría en la Cámara, a pesar del sistema binominal; y alcanzaría indefectiblemente el tercio del Senado, pese a los senadores designados. Recordemos que el Senado original se componía de 35 miembros: 26 elegidos (2 por cada región) y 9 designados, cuyo tercio era 12. La Concertación, en el peor de los casos, elegiría 13.

Con ello, esta coalición no hubiese podido modificar la Constitución ni las leyes orgánica-constitucionales por los quórum supra-mayoritarios exigidos, tampoco las leyes de quórum calificado que requerían de la mayoría absoluta de ambas cámaras. Pero, de todas formas, Aylwin habría quedado con la mayoría suficiente como para transformar completamente (en la línea de lo planteado en los 80) los sistemas laboral, sindical, de salud, universitarios, financieros, tributarios, de juntas de vecinos y colegios profesionales, el decreto-ley de amnistía, etc.

Esa previsión fue liquidada por el propio liderazgo de la Concertación, que estuvo de acuerdo con elevar los quórum para leyes simples en ambas cámaras a mayoría absoluta, sin terminar con los senadores designados, a cambio de algunas liberalizaciones como acotar las sanciones a quienes profesaran ideas “totalitarias”, dejando a salvo a las personas; flexibilizar los mecanismos de reformas constitucionales y disminuir las facultades del Ejecutivo en los estados de emergencia.

Ciertamente que lo anterior no se produjo debido a que una “epidemia de estulticia” afectara al conjunto de la dirigencia concertacionista, o por temor a que Pinochet diera un golpe para el que no existían condiciones políticas a mediados de 1989. Menos aún con el pretexto de que la oposición no accedía a cambiar su propio texto constitucional. La única explicación razonable nos remite a Boeninger. Esto es, dado que la cúpula de la Concertación ya no quería efectuar los cambios prometidos, pero no podía reconocerlo ante sus bases, la solución estaba en generar un escenario en que ese liderazgo efectivamente no pudiese efectuar dichos cambios, sin estar obligado a reconocer que ya no quería hacerlos.

En total congruencia con lo anterior, las principales medidas políticas, económicas, sociales y comunicacionales desarrolladas por los sucesivos gobiernos concertacionistas llevaron ese sello: el de las concesiones a la derecha sin que se notasen. Empezando por la tenaz negativa de dicho liderazgo a efectuar pactos meramente electorales con la izquierda extraconcertacionista (¡arguyendo que había sumas que restan!) en las elecciones parlamentarias; las que, proyectando los resultados producidos, le hubiesen dado mayoría absoluta propia a la Concertación en ambas cámaras en 1997. Siguiendo por la virtual “autodestrucción” de todos los medios escritos afines a la Concertación durante la década de los 90, efectuadas por políticas (hasta ahora inconfesadas) diseñadas por los propios gobiernos, como ha sido reiteradamente denunciado –sin desmentido alguno hasta la fecha- por varios directores de esos medios. Continuando, al mismo tiempo, con la “neutralización” de TVN, al establecerse por ley directorios virtualmente paritarios con la derecha que bloquearon la posibilidad de efectuar debates plurales entre pinochetistas y anti-pinochetistas sobre lo que había sido la obra de la dictadura. Y terminando, respecto de los medios de comunicación existentes, con la privatización del Canal de la Universidad de Chile, que pudo haber contribuido a un debate plural sobre el estado del país y su historia reciente.

Otro elemento en esta dirección lo proporcionó, no solo la ausencia de revisión de privatizaciones de servicios públicos fundamentales o de riquezas básicas efectuadas por la dictadura (procesos que destacaron, además, por sus turbios conflictos de intereses), sino la continuación de aquellas en forma de ventas o de concesiones a grandes capitales nacionales y extranjeros, como el caso del agua, del sistema portuario, de la pesca, de los caminos y, sobre todo, de la desnacionalización de más del 70% de la gran minería del cobre. Esto unido a políticas que profundizaron el perfil primario exportador de la economía; nuestro alejamiento de los procesos de integración regionales; y la frenética búsqueda de la inserción solitaria en el mercado mundial, que culminó con decenas de tratados bilaterales de libre comercio.

Por otro lado, los sucesivos gobiernos de la Concertación o parlamentarios de ese conglomerado buscaron reiteradamente –en acuerdo con la derecha- avalar la impunidad establecida por el decreto-ley de amnistía o aprobar leyes que disminuyeran ostensiblemente las penas de quienes llevaron a cabo las desapariciones forzadas o las ejecuciones de personas. Fueron los casos del “acuerdo-marco” de 1990, del proyecto de ley Aylwin de 1993, del proyecto de ley Frei y del “acuerdo Figueroa-Otero” de 1995, del proyecto de ley de la Comisión de Derechos Humanos del Senado de 1998, del proyecto de ley de inmunidad de Lagos de 2003, de un proyecto de ley de senadores concertacionistas y de derecha de 2005, y de su reflotamiento por Bachelet en 2007. Afortunadamente, todos esos proyectos fracasaron por la dura oposición de las agrupaciones y organizaciones de derechos humanosy del eco que esta resistencia provocó en varios parlamentarios de la propia Concertación.

Desgraciadamente no pasó lo mismo con el proyecto de ley de Lagos –aprobado en 48 horas en 2004- destinado a brindar una virtual impunidad a los torturadores, al establecer un secreto de 50 años para todas las denuncias efectuadas ante la Comisión Valech, además de una prohibición al Poder Judicial de tener acceso a dichos datos.

La genuina voluntad concesiva reconocida por Boeninger en 1997 fue ratificada completamente cuando Lagos (entre 2000 y 2002) y Bachelet (entre 2006 y 2007) adquirieron finalmente una mayoría absoluta en ambas cámaras, sin hacer nada por desmantelar la institucionalidad económica, social y cultural impuesta por la dictadura. Asimismo, cuando los gobiernos de Frei, Lagos y Bachelet se negaron a devolverle a Víctor Pey los bienes del confiscado diarioClarín, con el –obviamente- entusiasta apoyo en ese sentido del duopolio “El Mercurio-Copesa” y del conjunto de la derecha. Y cuando los gobiernos de Lagos y Bachelet (que por su denominación de socialistas generaron aprensiones en la derecha) terminaron en medio de los más exultantes panegíricos prodigados por una pléyade de políticos, economistas y empresarios de derecha, nacionales y extranjeros.

Por último, la culminación de todo este proceso –desde el punto de vista institucional- lo representó el hecho de que en 2005 el liderazgo de la Concertación ¡hiciera suya la Constitución del 80!, a través de su firma por Lagos y todos sus ministros, sustituyendo así la de Pinochet, a cambio de la eliminación de los elementos más impresentables de la autonomía militar: La inamovilidad de los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas y Carabineros, y la existencia de un Consejo de Seguridad Nacional que, por su composición y atribuciones, socavaba ostensiblemente la subordinación de aquellos a las autoridades civiles electas. Es importante destacar que la Ley Orgánica Constitucional de las Fuerzas Armadas (impuesta por Pinochet y “protegida” por el virtual veto de la derecha) quedó intacta y que ella estipula diversas disposiciones que le confieren a dichas instituciones grados de autonomía incompatibles con un sistema político auténticamente democrático.

Las otras reformas aparentemente democratizadoras –la eliminación de los senadores designados y vitalicios; y el hecho de sacar del texto constitucional el sistema electoral binominal- significaron poco o nada. El primero, debido a que por la forma de su designación y por el creciente número de senadores vitalicios concertacionistas, no era claro que desfavoreciese a la derecha. Y el segundo, debido a que la inclusión en una ley orgánica constitucional que bajaba los quórum para su reforma de 3/5 a 4/7, ¡se hizo con la salvedad de que para reformar específicamente dicho sistema, se mantenía  la exigencia de 3/5! Es decir, constituyó un verdadero fraude jurídico y político al conjunto de la sociedad chilena.

En conclusión, los gobiernos de la Concertación legitimaron, consolidaron y perfeccionaron pacíficamente la obra refundacional impuesta a sangre y fuego por la dictadura. Así como era imposible en 1973 que un modelo neoliberal fuera aceptado por la sociedad chilena, también le era imposible a la derecha en 1990 generar las condiciones para que dicho modelo fuese efectivamente legitimado y consolidado. Ese rol solo podía desempeñarlo una coalición gobernante –nominalmente- de centroizquierda. Ese fue, en definitiva, el rol histórico principal de la Concertación.


Foro por la Asamblea Constituyente


Santiago, enero de 2014.


Twitter: @foroporlaAC




domingo, 25 de marzo de 2012

Acuerdo CUT-CPC: llueven migajas

Profesor de Derecho Laboral Universidad Diego Portales
Enviado por Unidad: http://unidadmpt.wordpress.com/author/mptunidad/

No es difícil imaginar, por un solo momento, que si el movimiento estudiantil hubiere estado liderado por Martínez y la CUT en vez de la CONFECH, se habría llegado rápidamente a un acuerdo con el Gobierno para perfeccionar el crédito con aval del Estado y de paso, habría dejado el lucro para otra ocasión. “Hay que ser realista” habría dicho, de seguro, con tono de político sobreviviente de mil batallas.


 

Es que el realismo político —los sueños arrinconados por la medida de lo posible— de quienes dirigen esa organización parece no tener límites.
La CUT acaba de llegar al acuerdo más paupérrimo del que se tenga memoria con el gran empresariado, representado en la CPC, todo bajo el caricaturesco nombre de diálogo social. Lo acordado son cosas tan relevantes como: cursos de capacitación, campaña publicitaria sobre “seguridad en el trabajo”, minúsculos cambios al seguro de desempleo,  subsidio al primer empleo, cambios formales a la negociación colectiva y un par de comisiones bipartitas para seguir reflexionando.
No es difícil imaginar, por un solo momento, que si el movimiento estudiantil hubiere estado liderado por Martínez y la CUT en vez de la CONFECH, se habría llegado rápidamente a un acuerdo con el Gobierno para perfeccionar el crédito con aval del Estado y de paso, habría dejado el lucro para otra ocasión. “Hay que ser realista” habría dicho, de seguro, con tono de político sobreviviente de mil batallas.
Y la estrella de la noche: la tan cacareada reforma al multirut. Una reforma tan evidente —el abuso es tan grosero que hasta Matthei está de acuerdo— como menor, ya que los jueces del trabajo ya han comenzado a declarar la existencia de una sola empresa en estos casos. De hecho, basta leer el proyecto del Gobierno —que Martínez salió a defender apasionadamente— para darse cuenta que pone más trabas y requisitos para que los trabajadores logren su objetivo de sindicalización. O sea un avance al revés.
¿Cambios a la estructura profunda de plan laboral de Pinochet en las materias que importan: negociación colectiva por sobre la empresa y reconocimiento efectivo del derecho de huelga, por ej. eliminación del remplazo de trabajadores en huelga?
Nada de nada.
Y la pregunta es evidente: ¿valía la pena llegar a una acuerdo de tan precarios e imperceptibles avances, excusado en el realismo político de la CUT, permitiendo de paso a este gobierno y al modelo económico al que sirve, vestirse de dialogante e inclusivo, escondiendo, una vez más, la basura bajo la alfombra?
En absoluto. En un país que, como lo ha certificado la propia OCDE, tiene niveles vergonzosos de sindicalización y de negociación colectiva —los más bajos de esa organización— y con trabajadores, como lo reconocen todos los actores, sin poder alguno en sus relaciones laborales, llegar a tan raquítico acuerdo daña profundamente la posibilidad de construir en el futuro un movimiento potente como, precisamente, el de los estudiantes.
Da entender que con estas reglas —las que creó el hermano de Piñera— se puede sostener el diálogo social. Y eso, como veremos, en Chile es un disparate.
Pero este grosero error –negociar migajas- no es nuevo. Corría el año 1989, la alegría ya había llegado y el Gobierno de la época anunciaba —con bombos y platillos— la política de los acuerdos entre el empresariado y la CUT.
La jugada de Cortázar, el ministro del Trabajo de la época, fue maestra. Los trabajadores rápidamente olvidaron su demanda central: la sustitución total del plan laboral de Pinochet y, además, dejaron de cuestionar el modelo económico neoliberal que hasta hoy padecemos.  Los empresarios podrían dormir tranquilos.
¿Lograron algo los trabajadores del diálogo social de Cortázar?
El precio de tamaña claudicación fue modestísimo. Recibieron las que hoy, miradas hacia atrás, nadie dudaría en calificar como migajas. La más importante de todas —hoy da risa sólo pensarlo— fue una conquista de aquellas: se eliminó el libre despido y se sustituyó por la causal de necesidades de la empresa. O sea, lo mismo con otro nombre (Ley 19.010 de 1990).
Y los resultados de ese “diálogo social” fueron espectaculares: después de veinte años de democracia los trabajadores tiene hoy menos poder que cuando se fue Pinochet.
¿Se puede cometer el mismo error por varias veces, eso de tropezar con la misma piedra?
La CUT parece que cree que sí. El gran empresariado tiene en la CUT, hay que reconocerlo, a un socio ideal: débil y sin poder real de negociación, llegar a acuerdos de “migajas” es relativamente sencillo. A cambio se logra un hecho político fundamental: dar la apariencia de que con las reglas del juego vigentes es posible avanzar en eso que se llama diálogo social.
¿Existe posibilidad en Chile de un diálogo horizontal y de iguales entre los trabajadores  y empresarios y sus respectivas organizaciones?
Ninguna. Salvo que se reformen radicalmente las reglas legales dejadas por Pinochet los trabajadores no tendrán poder real para negociar nada. Y ello, parece obvio, no se logrará con insignificantes acuerdo con la CPC, sino con presión sobre el sistema político, especialmente sobre aquellos sectores que suelen golpear la puerta de los trabajadores en vísperas electorales, para  lograr una reforma integral al modelo de relaciones laborales.
Esa reforma que en su día —1989— la Concertación prometía en su primer programa de Gobierno a los trabajadores chilenos: “Proponemos introducir cambios profundos en la institucionalidad laboral, de modo que ésta cautele los derechos fundamentales de los trabajadores”.
Nada de eso ocurrió, y paradójicamente, en los años que siguieron esa caricatura del diálogo social fue especialmente alimentada por sectores políticos de la Concertación más preocupado de su particular visión de la estabilidad política —la pusilánime democracia de los acuerdos—, que en establecer nuevas y justas reglas para la relación entre trabajadores y empresarios.
La cruda realidad es otra: no ha habido experiencia de genuino diálogo social desde el retorno de la democracia. Y ello por una razón muy simple, los trabajadores no tienen en Chile ningún poder. Y sin poder, no hay equilibrio, y sin equilibrio, no existe negociación.
Son cosas tan simples de entender.
Nada nuevo bajo el sol, entonces. Nuevamente, como en los últimos veinte años, no llueve café nos diría Juan Luis Guerra.
Vuelven a llover migajas

viernes, 6 de enero de 2012

NOTICIAS DE DERECHOS HUMANOS


 – 04-01-2012

Para más información siga los vínculos o visite http://www.amnistia.cl/web/entérate

Suscríbase al Servicio de Información Pública - Estar informados/as hoy día es clave para comprender la realidad y actuar sobre ella. Por eso Amnistía Internacional - Chile ofrece un servicio gratuito demonitoreo de información pública sobre temas de Derechos Humanos, extraída diariamente de medios publicados en Chile.

A diferencia del Servicio de Noticias este material no sólo permite seguir la actualidad sino frecuentemente anticipar acciones y respuestas tendientes a la promoción y la defensa de los derechos humanos.

Amnistía Internacional pide a las autoridades turcas que investiguen de inmediato la muerte de al menos 35 civiles en un ataque militar aéreo lanzado cerca de la frontera con Irak, en el sureste de Turquía, la noche del 28 de diciembre de 2011. Según los informes, el ataque no alcanzó ningún objetivo militar.

Noticias de Derechos Humanos en los medios  

Una velatón en el centro de Puerto Montt, en el frontis de la gobernación provincial de Llanquihue, en conmemoración de la muerte del comunero mapuche Matías Catrileo.

El vocero de la Federación Mapuche de Estudiantes (Femae) y miembro de la Mesa Ejecutiva de Confech José Ancalao denunció haber sido detenido, insultado y golpeado brutalmente por Carabineros al participar, ayer martes, en una marcha conmemorativa del cuarto aniversario del crimen de Matías Catrileo que se efectuó en el centro de Temuco y culminó con más de 10 detenidos.

"Esto comprueba que este instructivo es arbitrario y discriminatorio, ya que las asesoras de hogar no tienen ninguna relación de dependencia laboral con el club para tener que adoptar estas normas", señaló el diputado Gabriel Silber, quien interpuso el recurso de protección a favor de las trabajadoras.


Equipo de Prensa & Medios
Amnistía Internacional  - Chile
Entérate, indígnate, actúa

domingo, 16 de octubre de 2011

SINDICALISTAS APOYAN DEMANDAS DE ESTUDIANTES


Sindicalismo Independiente entrega carta dirigida al Ministro de Educación apoyando las demandas estudiantiles




Dirigentes del Sindicalismo Independiente entregaron una carta dirigida al ministro Bulnes en el ministerio de educación. Víctor Quijada presidente del sindicato nacional de la ACHS y Ramón López dirigente de una de la federaciones integrantes de la Confederación de sub-contatristas del Cobre depositaron en la oficina de partes del ministerio la misiva.

Además de los mencionados dirigentes, estaban acompañaron la actividad representantes de la Confederación Bancaria, del Sindicato de Trabajadores Inter-empresas de la Región Metropolitana, (SITREM), de sindicatos de Maipú, del sindicato  Unidad de Santiago, entre otros.

En el exterior por calle Alameda, una veintena de trabajadores y trabajadoras  desplegaron un lienzo con la consigna “Trabajadores por una educación gratuita y de calidad”, repartieron volantes a los transeúntes y convocaron a sumarse al paro por la educación de la próxima semana.

Además estuvieron presentes Ronny Nebott a nombre del CODESOPO, Carlos Ruiz del MAPU y  Marco Riquelme del MPMR.

La carta

Señor

Felipe Bulnes

Ministro de Educación

República de Chile

Hacemos llegar a usted, nuestra declaración de apoyo y solidaridad hacia los estudiantes de Enseñanza Media, Enseñanza Técnico-Profesional y a los estudiantes de las diversas Universidades a lo largo de nuestro país.

Los abajo firmantes somos dirigentes(as) sindicales, trabajadores y trabajadoras de Chile, nuestra nación. Apoyamos y hacemos nuestras las demandas del movimiento estudiantil.

TRABAJADORES DE CHILE POR LA EDUCACIÓN GRATUITA Y DE CALIDAD

Chile tiene aproximadamente un millón de estudiantes en la educación superior que se encuentran concentrados en Institutos Profesionales (IP), centros de Formación Técnica (CFT), Universidades Públicas y Universidades Privadas. En todos estos establecimientos hay un elemento común, cual es el alto valor de sus aranceles. Según datos de la OCDE, son los aranceles más caros del mundo, es decir, una carrera universitaria en Chile cuesta en promedio 3.400 dólares por año, lo que equivale a más del 22% del PIB per cápita nacional. Estas cifras son superiores a las de cualquier país del mundo y establece que Chile es el único país donde las familias financian el 85% de la educación superior, y el Estado sólo un 15%, los que en promedio son más altos que el valor del sueldo mínimo y este alcanza solo a los $182.000, por lo tanto,  un  estudiante que trabaja todo el mes por el sueldo mínimo, no puede costear el arancel en la universidad, sea ésta pública o privada, a no mediar que se endeude.

Día a día, cada uno de los habitantes de Chile tributa al Estado pagando una variedad de impuestos como contribuciones, tazas, impuesto a la renta, pago de IVA, impuesto territorial que grava a los bienes raíces, etc. Con el propósito que éste cumpla con los fines propios de Estado, entre ellos, dar educación y formación a sus ciudadanos.

Pero no basta con tributar o pagar toda la vida impuestos al Estado y poder acceder a la educación superior, puesto que en Chile además, se debe continuar pagando elevados aranceles para tener posibilidad de educarse. El Estado nos cobra nuevamente, por algo que estamos continuamente pagando y pagaremos por siempre; configurándose lo que en derecho Penal Tributario se considera  y se configura como una,  exacción ilegal, es decir, el delito de gravar o cobrar impuestos dos veces por el mismo objeto.

Aún más, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículo 26 señala:

1. “Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser    gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción Técnica y Profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos”.

EN el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, suscrito y ratificado por Chile, señala:

Artículo Nº 3: “Los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen a asegurar a los hombres y a las mujeres igual título a gozar de todos los derechos económicos, sociales y culturales enunciados en el presente Pacto”.

Artículo Nº 13: “Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen que, con objeto de lograr el pleno ejercicio de este derecho:

a) La enseñanza primaria debe ser obligatoria y asequible a todos gratuitamente;

b) La enseñanza secundaria, en sus diferentes formas, incluso la enseñanza secundaria Técnica y Profesional, debe ser generalizada y hacerse accesible a todos, por cuantos medios sean apropiados, y en particular por la implantación progresiva de la enseñanza gratuita.

c) La enseñanza superior debe hacerse igualmente accesible a todos, sobre la base de la capacidad de cada uno, por cuantos medios sean apropiados, y en particular por la implantación progresiva de la enseñanza gratuita.

Por lo que podemos afirmar que en virtud de que día a día y siempre hemos pagado y seguiremos pagando por la educación a través de nuestros impuestos  y en virtud de los tratados internacionales de derechos humanos suscritos y ratificados por Chile, el Estado debe propender a garantizar un sistema de educación superior gratuito, lo que hoy por hoy es manifiestamente incumplido por el Estado de Chile, propendiendo por el contrario a lo establecido en los tratados, a fortalecer un sistema de educación pagado tanto público como privado, a raíz de la política de auto-financiamiento de las universidades, implantada por la dictadura de Pinochet y profundizada por los gobiernos de la Concertación y actualmente por la derecha empresarial.

Sabemos que todas las generaciones que durante estos últimos años han estado en el gobierno, gozaron y usufructuaron de los beneficios de educarse gratuitamente en establecimientos públicos y de vocación pública financiados por el Estado. Es esa educación la que ha construido el Chile de mayor ingreso per cápita en décadas, pero también sabemos que esa misma generación es la que se ha empeñado tanto en dictadura con en democracia, en terminar con el mismo sistema universitario que tantos beneficios le entregó. Es insólito pensar que aquellos que se educaron gratuitamente en una educación que les ha permitido reconocimiento internacional, ahora quieran destruirlo con el argumento de que se valora más aquello que se ha conseguido mediante el pago.

Es por eso que hoy, los distintos dirigentes(as), trabajadores y trabajadoras de esta Patria, ratificamos y hacemos nuestro, cada uno de los puntos de las demandas del movimiento estudiantil.

Septiembre 2011.

jueves, 14 de julio de 2011

MARCHA POPULAR HOY JUEVES 14

EL MPT ADHIERE AL PARO GENERAL Y A LA MARCHA DESDE PLAZA ITALIA POR ALAMEDA

LOS MPTISTAS NOS REUNIREMOS EN LA PLAZA ITALIA, FRENTE AL TEATRO DE LA U. DE CHILE,
MAÑANA JUEVES A LAS 10.30 HORAS.

A unir todas las luchas para que los trabajadores y los pueblos manden

A CONVERTIR EL DESCONTENTO EN REBELDÍA Y LA REBELDÍA EN PODER POPULAR

viernes, 8 de julio de 2011

A PARTICIPAR EN LAS PROTESTAS POPULARES




Estimad«s compañer«s:

La situación del país exige que nos manifestemos por los derechos que nos arrebatan los que manejan el poder. Chile está exigiendo cambios y está creciendo la conciencia de que el sistema en que estamos no ofrece posibilidades de satisfacer las necesidades básicas.
Se hace indispensable re-pensar y re-ordenar el país, pero necesitamos para eso hacer más conciencia de que sólo los pueblos movilizados pueden lograrlo.
Para eso es necesario movilizarnos, hacer visible el descontento popular para lograr efectos en la clase política y dentro de nosotr«s mism«s, para luego avanzar en superar la desorganización, la desarticulación, la dispersión, con que nos han dominado por largas décadas. Sólo organizadamente podremos ir creando espacios de poder popular, plantearnos y lograr grandes objetivos.
Hoy estamos levantando el instrumento de la protesta popular.
Por eso nos hacemos parte de los llamados a protestar, de manera visible y organizada, en diferentes convocatorias que han levantado los espacios de organización popular:

O     Mañana sábado 9, desde las 11 horas, nos reunimos para organizar la jornada de protesta “revuelta popular” (para el 10 y 11 de agosto) en Casa Bolívar: Brasil 658, entre Metros Santa Ana y Cumming.

O     Este lunes 11, tendrá lugar la jornada de protesta general que convoca el Comando de Derechos Sociales y Populares, al que adhiere el Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores MPT, formado por ARCO, Bloque x el Socialismo, MAPU, MPMR y PT.

O     A las 8 horas nos reuniremos a agitar la protesta entregando volantes, en las salidas de Metros Zapadores, Las Rejas, La Cisterna, Plaza de Maipú y Puente Alto.
O     El acto central lo realizaremos a las 12 h. en la Plaza de la Constitución, en torno al monumento del Presidente Allende, quien hace 40 años concretó la Nacionalización del Cobre y estableció el Día de la Dignidad Nacional.
O     A las 18.30, los estudiantes secundarios han convocado a concentrarnos en la Plaza Italia.
O     Desde las 20 horas, caceroleo y manifestaciones en los diferentes sectores populares, centros de trabajo, colegios en toma, etc.

O     El jueves 14 de julio tendrá lugar un Paro General por el derecho a la educación. A participar en la marcha, a funar a los que nos han quitado el derecho a la educación pluralista y gratuita. ¡Fuera Lavín, a derrotar a Piñera!

O     A comprometernos a participar en la protesta general del miércoles 10 y jueves 11 de agosto. Organizar manifestaciones en cada sector popular


A unir todas las luchas para que los trabajadores y los pueblos manden


A CONVERTIR EL DESCONTENTO EN REBELDÍA
Y LA REBELDÍA EN PODER POPULAR



REVUELTA POR LA TIERRA, LA VIDA Y LA DIGNIDAD DE LOS POPULARES
JORNADA DE MOVILIZACION POPULAR 10 Y 11 DE AGOSTO

¡¡¡ PUEBLO DIVERSO: A LUCHAR EN UNIDAD !!!




jueves, 3 de diciembre de 2009

Las consultas inconsultas del gobierno chileno ofenden a los pueblos indígenas

Por José Llancapan Calfucura, Consejero Indígena Urbano. El gobierno chileno, operando a través del Ministro Viera-Gallo, está intentando imponer la realización de una consulta a los pueblos indígenas para establecer una nueva institucionalidad. Esta maniobra es burda: contradictoriamente, se impone una “consulta inconsulta”, fraudulenta por su origen, motivos y ejecución. Lo que buscan el gobierno y los megapoderes económicos y políticos que se mueven detrás del sillón presidencial, a través de Viera-Gallo y sus operadores (diversos funcionarios de confianza de los partidos y que ejercen diversos puestos claves en la gestión de gobierno), es anular los derechos colectivos de los pueblos indígenas, a través de una legislación que haga inefectiva la puesta en aplicación de la ley 19.253 y del Convenio 169 de la OIT. La inconsulta maniobra, actúa contra los derechos y contra el sentir de los pueblos indígenas, suplantando la verdadera participación por una fraudulenta, antidemocrática y por ende no representativa “consulta”. Es una casi perfecta maniobra de “dar vuelta” el sentido de las palabras, los significados, los símbolos. A través de una nueva institucionalidad, los poderes intentan minimizar la escasa participación que han tenido los pueblos indígenas en el manejo de la cosa pública. Los gobiernos, desde que la ley sobre pueblos indígenas fue promulgada en 1993, jamás han dado fuerza a la participación de nuestros pueblos ni dentro ni fuera de la institucionalidad de la Conadi. Para que la letra de la ley no hubiese llegado a ser letra muerta, el Estado debía haber acondicionado la institucionalidad para su efectivo cumplimiento; debía haber establecido mecanismos y espacios de gestión y participación y debió haber dotado a éstos de recursos presupuestarios, cosa que en 16 años no ocurrió. El desorden institucional de la Conadi, que las autoridades ya no pueden ocultar, es responsabilidad única y exclusivamente del gobierno chileno. La Conadi, es de acuerdo a la ley, una de las pocas instituciones de gobierno en que los beneficiarios tendríamos una participación en la gestión, como contraparte a través del Consejo Nacional. Esta virtud de esta repartición, queda anulada en la práctica por el hecho de que los representantes elegidos por los pueblos indígenas, siempre estuvieron en minoría ante los consejeros designados por el gobierno, a cuyo voto se agrega el del director general, el cual por sus funciones siempre será fiel a los intereses del gobierno que lo designa. Los consejeros indígenas siempre hemos estado en desmedro ante los funcionarios, los que cuentan con recursos para operar, mientras nosotros no sólo no tenemos presupuesto para ejercer el cargo (ya que estas funciones no están reconocidas por la ley de Presupuestos), sino que las funciones establecidas representan un mínimo de alcance y atribuciones. En 16 años, los gobiernos concertacionistas jamás quisieron “quedar bien” con el mundo indígena, si el precio de ello era “quedar mal” con la oposición de la derecha parlamentaria y los megapoderes. Toda crítica a la Conadi, toda descalificación, cualquier investigación sobre su mala gestión, sólo afecta a la institucionalidad que la estableció y al estamento de gobierno que ha tenido la gestión a cargo, y no a los indígenas: no somos responsables ni los consejeros ni los beneficiarios de las escasas y mezquinas políticas que debieran favorecer a la población indígena. En lo concreto y en lo relativo a la “consulta inconsulta”, debemos denunciar que hay un mal uso del derecho de consulta a la población indígena. El artículo 34 de la ley 19.253, desde 1993 ha establecido la obligación de que el gobierno consulte a los pueblos indígenas antes de decidir y ejecutar cualquier iniciativa que tenga que ver con “cuestiones indígenas”. Desde entonces, este artículo no ha sido reglamentado para una efectiva aplicación, lo que genera la indefensión de la comunidad indígena ante cualquier proyecto estatal, y a la vez la inexistencia de mecanismos de solución de conflictos, lo que ha llevado a exacerbar la conflictividad de la relación de nuestros pueblos con el Estado y la sociedad dominantes. Ahora bien, en la actualidad el gobierno está queriendo hacer creer que la normativa acerca del derecho a consulta sea un logro de la puesta en vigencia del Convenio 169, lo que no es tal, ya que ello estaba ya establecido en la ley 19.253. Tenemos dudas sobre los verdaderos propósitos que busque la eventual reglamentación de la participación. Tenemos el derecho a sospechar (y con muchas buenas razones) de que esta reglamentación, así como la propuesta gubernamental de una nueva institucionalidad inconsulta, sólo pretendan poner nuevas trabas al ejercicio de los derechos colectivos que nos asisten como pueblos originarios. Y que a través del mecanismo de la “inversión” (dar vuelta los conceptos), terminemos perdiendo estos derechos. Los pueblos originarios tenemos una inmensa reserva moral, valórica y espiritual frente a un mundo que nos aparece cada vez como más injusto, inhumano e inequitativo. Tenemos la posibilidad de ofrecer justicia, humanidad, equidad, tolerancia y respeto a las culturas y a la diversidad de todas las formas de vida al interior de los espacios que habitamos. Tenemos derecho a nuestro propio desarrollo. Tenemos la obligación de defender y respetar a nuestras autoridades ancestrales. Tenemos derecho a elegir libremente respecto de qué personas creemos que pueden representar mejor nuestros intereses y constituirse en nuestras autoridades en el plano público. Art. 34 de la ley 19.253. “Los servicios de la administración del Estado y las organizaciones de carácter territorial, cuando traten materias que tengan injerencia o relación con cuestiones indígenas, deberán escuchar y considerar la opinión de las organizaciones indígenas que reconoce esta ley. Sin perjuicio de lo anterior, en aquellas regiones y comunas de alta densidad de población indígena, éstos a través de sus organizaciones y cuando así lo permita la legislación vigente, deberán estar representados en las instancias de participación que se reconozca a otros grupos intermedios”. Fuente: http://indigenasurbanos.blogspot.com