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viernes, 10 de enero de 2014
El origen espurio de la Constitución de 1980
CHILE: LA TRAYECTORIA DE LA CONSTITUCIÓN DICTATORIAL
La dictadura
preparó en secreto su proyecto constitucional. Pocos días después del golpe de
Estado, la Junta Militar
de Gobierno creó una Comisión Constituyente encabezada por el ex ministro
Enrique Ortúzar del derechista ex Presidente Jorge Alessandri Rodríguez.
Durante cinco años este grupo preparó un anteproyecto constitucional, siguiendo
las orientaciones del gobierno dictatorial. En noviembre de 1977 el tirano
Pinochet entregó a Ortúzar instrucciones escritas por su Ministra de Justicia
Mónica Madariaga y por Jaime Guzmán, principal ideólogo del régimen, para que
elaborara un proyecto de Constitución. Al cabo de casi un año de trabajo, la Comisión Constituyente
produjo el texto encargado y el 31 de octubre de 1978 Pinochet pidió al Consejo
de Estado que comenzara a analizarlo. Al término de ese estudio, el 26 de junio
de 1980, doce días antes de la fecha fijada para que el Consejo de Estado
presidido por el ex Presidente Jorge Alessandri entregara oficialmente el proyecto
de nueva Constitución, el gobierno formó un grupo de trabajo encargado de
revisarlo a cuya cabeza quedó Mónica Madariaga. La ministra y cuatro auditores
militares, más algunos invitados ocasionales, realizaron un trabajo sigiloso e
intenso dando lugar a 175 cambios en los que se expresó el consenso esencial
del bloque dominante.
El texto
corregido fue remitido oficialmente el 8 de julio por el Consejo de Estado a la Junta de Gobierno; luego fue
analizado durante algunas semanas por juristas y algunos hombres del poder. El
10 de agosto de 1980 se aprobó la versión final. Todas las deliberaciones
fueron secretas. El 11 de agosto, el gobierno anunció por cadena nacional de
radio y televisión que en un plazo de treinta días se realizaría un plebiscito para
aprobar o rechazar el proyecto de nueva Constitución.
El menguado
"debate" ciudadano se realizó en condiciones de estado de emergencia,
receso político, control gubernamental de las publicaciones, clima de
terror generalizado y sin alternativas reales para los votantes, sin claridad
de las consecuencias jurídicas de una eventual derrota de la opción Sí
prohijada por la dictadura, sin registros electorales y sin supervisión ni
recuento electoral independiente. El gobierno solo autorizó la realización de
un meeting opositor y puso
todos los recursos del Estado, además del amplio control de los medios de
comunicación que tenían sus partidarios al servicio de la campaña por la
aprobación de la nueva Constitución.
Los resultados
oficiales del plebiscito fueron los siguientes: votos por el Sí a la nueva
Constitución: 4.204.879 (67,04%); por el No (rechazo): 1.893.420 (30,19%);
nulos: 173.569 (2,77%).
La oposición
denunció todo tipo de fraudes e irregularidades. En el 39,7% de las mesas
observadas por sus voluntarios se detectaron irregularidades. Así, en al menos
nueve provincias (Tocopilla, Chañaral, Linares, Cauquenes, Huasco, Choapa,
Valparaíso, San Antonio y Malleco), “votó” más del 100% de la población. Cinco
años más tarde, el sociólogo Eduardo Hamuy (“padre” de las encuestas de opinión
en Chile) informó que un equipo de 660 voluntarios había observado los votos y
los recuentos del plebiscito de 1980 en 981 mesas electorales escogidas al azar
en el Gran Santiago (alrededor de 10% de las 10.522 mesas en 170 locales de
votación), registrando cinco tipos de fraudes o irregularidades: recuento
erróneo de votos (contabilización de votos No y nulos como blancos o Sí, o
anulación de votos No); inconsistencias entre el número de votos contados y el
número de firmas de votantes registrados (votantes excesivos o faltantes);
recuentos no públicos; personas que votaron más de una vez; y otras
irregularidades. Aunque Hamuy no pudo cuantificar la magnitud exacta del
fraude, estimó que, a partir del 39,7% de las mesas donde se cometieron
irregularidades, era legítimo suponer que sin fraudes electorales el resultado
del plebiscito habría sido contrario al gobierno en el Gran Santiago,
concluyendo que estaba “probabilísticamente justificado dudar de la legitimidad Constitución
de 1980 e incluso negarla”.
A modo de
conclusión, puede afirmarse de la manera más taxativa que tanto en sus orígenes
como en su forma de ratificación, la Constitución de 1980 fue una imposición a la
fuerza, un acto coercitivo, jurídicamente nulo y vacío según los principios del
derecho público. Fue (y es) una Constitución de facto, del mismo modo que los
decretos leyes de la dictadura. En el momento de su promulgación fue un simple
mecanismo de prolongación de la dictadura. El texto permanente era, en esos
momentos, meramente semántico, nominal, porque solo servía para dar la
apariencia de legalidad al monopolio del poder. La Constitución efectiva
eran sus disposiciones transitorias.
Para que el
texto permanente adquiriera visos de legitimidad se requería del concurso de
otras fuerzas dispuestas a jugar el juego de las fuerzas dictatoriales y
neoliberales.
Legitimación del sistema
pinochetista por la
Concertación
Cuando era
oposición, el liderazgo de la Concertación cuestionó completamente la Constitución de 1980
y las instituciones económico-sociales impuestas por la dictadura, por
considerarlas antidemocráticas y contrarias a la justicia social.Sin embargo,
como lo reconoció su eminencia gris (Edgardo Boeninger) en 1997, dicho
liderazgo experimentó, a fines de la década de los 80, una “convergencia” con
el pensamiento económico de la derecha, situación que “políticamente no estaba
en condiciones de reconocer”.
Producto de
esa convergencia inconfesable, la dirigencia concertacionista no quiso quedar
“desnuda” ante sus bases de apoyo y le regaló a la futura oposición de derecha
la inminente mayoría parlamentaria que le aguardaba a Aylwin, a través de
reformas constitucionales concordadas con Pinochet, las que pasaron
desapercibidas en el “paquete” plebiscitado en julio de 1989. En efecto, la Constitución original
de 1980 (sobre la base del supuesto de que Pinochet sería ratificado en el
plebiscito de 1988) establecía que el futuro Presidente gobernaría con mayoría
parlamentaria simple teniendo mayoría absoluta en una Cámara y solo un tercio
en la otra. Considerando la histórica minoría electoral de la derecha, aquello
le daría a Pinochet la mayoría necesaria en el Senado con el aporte de los
senadores designados; y obtendría, gracias al sistema binominal, el tercio de la Cámara de Diputados.
Sin embargo,
su derrota en el plebiscito de 1988 generaba, con seguridad, la previsión
opuesta. Sería la
Concertación la que ganaría la mayoría en la Cámara , a pesar del sistema
binominal; y alcanzaría indefectiblemente el tercio del Senado, pese a los
senadores designados. Recordemos que el Senado original se componía de 35
miembros: 26 elegidos (2 por cada región) y 9 designados, cuyo tercio era 12. La Concertación , en el
peor de los casos, elegiría 13.
Con ello, esta
coalición no hubiese podido modificar la Constitución ni las
leyes orgánica-constitucionales por los quórum supra-mayoritarios exigidos,
tampoco las leyes de quórum calificado que requerían de la mayoría absoluta de
ambas cámaras. Pero, de todas formas, Aylwin habría quedado con la mayoría
suficiente como para transformar completamente (en la línea de lo planteado en
los 80) los sistemas laboral, sindical, de salud, universitarios, financieros,
tributarios, de juntas de vecinos y colegios profesionales, el decreto-ley de
amnistía, etc.
Esa previsión
fue liquidada por el propio liderazgo de la Concertación , que
estuvo de acuerdo con elevar los quórum para leyes simples en ambas cámaras a
mayoría absoluta, sin terminar con los senadores designados, a cambio de
algunas liberalizaciones como acotar las sanciones a quienes profesaran ideas
“totalitarias”, dejando a salvo a las personas; flexibilizar los mecanismos de
reformas constitucionales y disminuir las facultades del Ejecutivo en los estados
de emergencia.
Ciertamente
que lo anterior no se produjo debido a que una “epidemia de estulticia”
afectara al conjunto de la dirigencia concertacionista, o por temor a que
Pinochet diera un golpe para el que no existían condiciones políticas a mediados
de 1989. Menos aún con el pretexto de que la oposición no accedía a cambiar su
propio texto constitucional. La única explicación razonable nos remite a
Boeninger. Esto es, dado que la cúpula de la Concertación ya
no quería efectuar los cambios prometidos, pero no podía reconocerlo ante
sus bases, la solución estaba en generar un escenario en que ese liderazgo
efectivamente no pudiese
efectuar dichos cambios, sin estar obligado a reconocer que ya no quería
hacerlos.
En total
congruencia con lo anterior, las principales medidas políticas, económicas,
sociales y comunicacionales desarrolladas por los sucesivos gobiernos
concertacionistas llevaron ese sello: el de las concesiones a la derecha sin
que se notasen. Empezando por la tenaz negativa de dicho liderazgo a efectuar
pactos meramente electorales con la izquierda extraconcertacionista (¡arguyendo
que había sumas que restan!) en las elecciones parlamentarias; las que,
proyectando los resultados producidos, le hubiesen dado mayoría absoluta propia
a la Concertación
en ambas cámaras en 1997. Siguiendo por la virtual “autodestrucción” de todos
los medios escritos afines a la
Concertación durante la década de los 90, efectuadas por
políticas (hasta ahora inconfesadas) diseñadas por los propios gobiernos, como
ha sido reiteradamente denunciado –sin desmentido alguno hasta la fecha- por
varios directores de esos medios. Continuando, al mismo tiempo, con la
“neutralización” de TVN, al establecerse por ley directorios virtualmente
paritarios con la derecha que bloquearon la posibilidad de efectuar debates
plurales entre pinochetistas y anti-pinochetistas sobre lo que había sido la
obra de la dictadura. Y terminando, respecto de los medios de comunicación
existentes, con la privatización del Canal de la Universidad de Chile,
que pudo haber contribuido a un debate plural sobre el estado del país y su
historia reciente.
Otro elemento
en esta dirección lo proporcionó, no solo la ausencia de revisión de
privatizaciones de servicios públicos fundamentales o de riquezas básicas
efectuadas por la dictadura (procesos que destacaron, además, por sus turbios
conflictos de intereses), sino la continuación de aquellas en forma de ventas o
de concesiones a grandes capitales nacionales y extranjeros, como el caso del
agua, del sistema portuario, de la pesca, de los caminos y, sobre todo, de la
desnacionalización de más del 70% de la gran minería del cobre. Esto unido a
políticas que profundizaron el perfil primario exportador de la economía;
nuestro alejamiento de los procesos de integración regionales; y la frenética
búsqueda de la inserción solitaria en el mercado mundial, que culminó con
decenas de tratados bilaterales de libre comercio.
Por otro lado,
los sucesivos gobiernos de la
Concertación o parlamentarios de ese conglomerado buscaron
reiteradamente –en acuerdo con la derecha- avalar la impunidad establecida por
el decreto-ley de amnistía o aprobar leyes que disminuyeran ostensiblemente las
penas de quienes llevaron a cabo las desapariciones forzadas o las ejecuciones de
personas. Fueron los casos del “acuerdo-marco” de 1990, del proyecto de ley
Aylwin de 1993, del proyecto de ley Frei y del “acuerdo Figueroa-Otero” de
1995, del proyecto de ley de la
Comisión de Derechos Humanos del Senado de 1998, del proyecto
de ley de inmunidad de Lagos de 2003, de un proyecto de ley de senadores
concertacionistas y de derecha de 2005, y de su reflotamiento por Bachelet en
2007. Afortunadamente, todos esos proyectos fracasaron por la dura oposición de
las agrupaciones y organizaciones de derechos humanosy del eco que esta
resistencia provocó en varios parlamentarios de la propia Concertación.
Desgraciadamente
no pasó lo mismo con el proyecto de ley de Lagos –aprobado en 48 horas en 2004-
destinado a brindar una virtual impunidad a los torturadores, al establecer un
secreto de 50 años para todas las denuncias efectuadas ante la Comisión Valech ,
además de una prohibición al Poder Judicial de tener acceso a dichos datos.
La genuina
voluntad concesiva reconocida por Boeninger en 1997 fue ratificada
completamente cuando Lagos (entre 2000 y 2002) y Bachelet (entre 2006 y 2007)
adquirieron finalmente una mayoría absoluta en ambas cámaras, sin hacer nada
por desmantelar la institucionalidad económica, social y cultural impuesta por
la dictadura. Asimismo, cuando los gobiernos de Frei, Lagos y Bachelet se
negaron a devolverle a Víctor Pey los bienes del confiscado diarioClarín,
con el –obviamente- entusiasta apoyo en ese sentido del duopolio “El
Mercurio-Copesa” y del conjunto de la derecha. Y cuando los gobiernos de Lagos
y Bachelet (que por su denominación de socialistas generaron aprensiones en la
derecha) terminaron en medio de los más exultantes panegíricos prodigados por
una pléyade de políticos, economistas y empresarios de derecha, nacionales y
extranjeros.
Por último, la
culminación de todo este proceso –desde el punto de vista institucional- lo
representó el hecho de que en 2005 el liderazgo de la Concertación ¡hiciera
suya la Constitución
del 80!, a través de su firma por Lagos y todos sus ministros, sustituyendo así
la de Pinochet, a cambio de la eliminación de los elementos más impresentables
de la autonomía militar: La inamovilidad de los Comandantes en Jefe de las
Fuerzas Armadas y Carabineros, y la existencia de un Consejo de Seguridad
Nacional que, por su composición y atribuciones, socavaba ostensiblemente la
subordinación de aquellos a las autoridades civiles electas. Es importante
destacar que la Ley
Orgánica Constitucional de las Fuerzas Armadas (impuesta por
Pinochet y “protegida” por el virtual veto de la derecha) quedó intacta y que ella estipula diversas
disposiciones que le confieren a dichas instituciones grados de autonomía
incompatibles con un sistema político auténticamente democrático.
Las otras
reformas aparentemente democratizadoras –la eliminación de los senadores
designados y vitalicios; y el hecho de sacar del texto constitucional el
sistema electoral binominal- significaron poco o nada. El primero, debido a que
por la forma de su designación y por el creciente número de senadores
vitalicios concertacionistas, no era claro que desfavoreciese a la derecha. Y
el segundo, debido a que la inclusión en una ley orgánica constitucional que
bajaba los quórum para su reforma de 3/5 a 4/7, ¡se hizo con la salvedad de que
para reformar específicamente dicho sistema, se mantenía la exigencia de
3/5! Es decir, constituyó un verdadero fraude jurídico y político al conjunto
de la sociedad chilena.
En conclusión,
los gobiernos de la
Concertación legitimaron, consolidaron y perfeccionaron
pacíficamente la obra refundacional impuesta a sangre y fuego por la dictadura.
Así como era imposible en 1973 que un modelo neoliberal fuera aceptado por la
sociedad chilena, también le era imposible a la derecha
en 1990 generar las condiciones para que dicho modelo fuese efectivamente
legitimado y consolidado. Ese rol solo podía desempeñarlo una coalición
gobernante –nominalmente- de centroizquierda. Ese fue, en definitiva, el rol
histórico principal de la
Concertación.
Foro por la Asamblea Constituyente
Santiago, enero de 2014.
Twitter: @foroporlaAC
Página web: http://www.convergenciaconstituyente.cl
domingo, 25 de marzo de 2012
Acuerdo CUT-CPC: llueven migajas
Enviado por Unidad: http://unidadmpt.wordpress.com/author/mptunidad/
No es difícil imaginar, por un solo momento, que si el movimiento
estudiantil hubiere estado liderado por Martínez y la CUT en vez de la CONFECH, se habría
llegado rápidamente a un acuerdo con el Gobierno para perfeccionar el crédito
con aval del Estado y de paso, habría dejado el lucro para otra ocasión. “Hay
que ser realista” habría dicho, de seguro, con tono de político sobreviviente
de mil batallas.
Es que el realismo
político —los sueños arrinconados por la medida de lo posible— de quienes
dirigen esa organización parece no tener límites.
La CUT acaba de llegar al acuerdo más
paupérrimo del que se tenga memoria con el gran empresariado, representado en
la CPC, todo bajo el caricaturesco nombre de diálogo social. Lo acordado son
cosas tan relevantes como: cursos de capacitación, campaña publicitaria sobre
“seguridad en el trabajo”, minúsculos cambios al seguro de desempleo,
subsidio al primer empleo, cambios formales a la negociación colectiva y un par
de comisiones bipartitas para seguir reflexionando.
No es difícil imaginar, por un solo momento,
que si el movimiento estudiantil hubiere estado liderado por Martínez y la CUT
en vez de la CONFECH, se habría llegado rápidamente a un acuerdo con el
Gobierno para perfeccionar el crédito con aval del Estado y de paso, habría
dejado el lucro para otra ocasión. “Hay que ser realista” habría dicho, de
seguro, con tono de político sobreviviente de mil batallas.
Y la estrella de la noche: la tan cacareada
reforma al multirut. Una reforma tan evidente —el abuso es tan grosero que
hasta Matthei está de acuerdo— como menor, ya que los jueces del trabajo ya han
comenzado a declarar la existencia de una sola empresa en estos casos. De
hecho, basta leer el proyecto del Gobierno —que Martínez salió a defender
apasionadamente— para darse cuenta que pone más trabas y requisitos para que
los trabajadores logren su objetivo de sindicalización. O sea un avance al
revés.
¿Cambios a la estructura profunda de plan
laboral de Pinochet en las materias que importan: negociación colectiva por
sobre la empresa y reconocimiento efectivo del derecho de huelga, por ej.
eliminación del remplazo de trabajadores en huelga?
Nada de nada.
Y la pregunta es evidente: ¿valía la pena
llegar a una acuerdo de tan precarios e imperceptibles avances, excusado en el
realismo político de la CUT, permitiendo de paso a este gobierno y al
modelo económico al que sirve, vestirse de dialogante e inclusivo, escondiendo,
una vez más, la basura bajo la alfombra?
En absoluto. En un país que, como lo ha
certificado la propia OCDE, tiene niveles vergonzosos de sindicalización y de
negociación colectiva —los más bajos de esa organización— y con trabajadores,
como lo reconocen todos los actores, sin poder alguno en sus relaciones laborales,
llegar a tan raquítico acuerdo daña profundamente la posibilidad de construir
en el futuro un movimiento potente como, precisamente, el de los estudiantes.
Da entender que con estas reglas —las que
creó el hermano de Piñera— se puede sostener el diálogo social. Y eso, como
veremos, en Chile es un disparate.
Pero este grosero error –negociar migajas-
no es nuevo. Corría el año 1989, la alegría ya había llegado y el Gobierno de
la época anunciaba —con bombos y platillos— la política de los acuerdos entre
el empresariado y la CUT.
La jugada de Cortázar, el ministro del
Trabajo de la época, fue maestra. Los trabajadores rápidamente olvidaron su
demanda central: la sustitución total del plan laboral de Pinochet y, además,
dejaron de cuestionar el modelo económico neoliberal que hasta hoy
padecemos. Los empresarios podrían dormir tranquilos.
¿Lograron algo los trabajadores del diálogo
social de Cortázar?
El precio de tamaña claudicación fue
modestísimo. Recibieron las que hoy, miradas hacia atrás, nadie dudaría en
calificar como migajas. La más importante de todas —hoy da risa sólo pensarlo—
fue una conquista de aquellas: se eliminó el libre despido y se sustituyó por
la causal de necesidades de la empresa. O sea, lo mismo con otro nombre (Ley
19.010 de 1990).
Y los resultados de ese “diálogo social”
fueron espectaculares: después de veinte años de democracia los trabajadores
tiene hoy menos poder que cuando se fue Pinochet.
¿Se puede cometer el mismo error por varias
veces, eso de tropezar con la misma piedra?
La CUT parece que cree que sí. El gran
empresariado tiene en la CUT, hay que reconocerlo, a un socio ideal: débil y
sin poder real de negociación, llegar a acuerdos de “migajas” es relativamente
sencillo. A cambio se logra un hecho político fundamental: dar la apariencia de
que con las reglas del juego vigentes es posible avanzar en eso que se llama
diálogo social.
¿Existe posibilidad en Chile de un diálogo
horizontal y de iguales entre los trabajadores y empresarios y sus
respectivas organizaciones?
Ninguna. Salvo que se reformen radicalmente
las reglas legales dejadas por Pinochet los trabajadores no tendrán poder real
para negociar nada. Y ello, parece obvio, no se logrará con insignificantes
acuerdo con la CPC, sino con presión sobre el sistema político, especialmente
sobre aquellos sectores que suelen golpear la puerta de los trabajadores en
vísperas electorales, para lograr una reforma integral al modelo de
relaciones laborales.
Esa reforma que en su día —1989— la
Concertación prometía en su primer programa de Gobierno a los trabajadores
chilenos: “Proponemos introducir cambios profundos en la institucionalidad
laboral, de modo que ésta cautele los derechos fundamentales de los
trabajadores”.
Nada de eso ocurrió, y paradójicamente, en
los años que siguieron esa caricatura del diálogo social fue especialmente
alimentada por sectores políticos de la Concertación más preocupado de su
particular visión de la estabilidad política —la pusilánime democracia de los
acuerdos—, que en establecer nuevas y justas reglas para la relación entre
trabajadores y empresarios.
La cruda realidad es otra: no ha
habido experiencia de genuino diálogo social desde el retorno de la
democracia. Y ello por una razón muy simple, los trabajadores no tienen en
Chile ningún poder. Y sin poder, no hay equilibrio, y sin equilibrio, no existe
negociación.
Son cosas tan simples de entender.
Nada nuevo bajo el sol, entonces.
Nuevamente, como en los últimos veinte años, no llueve café nos diría Juan Luis
Guerra.
Vuelven a llover migajas
viernes, 6 de enero de 2012
NOTICIAS DE DERECHOS HUMANOS
– 04-01-2012
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de Noticias este material no
sólo permite seguir la actualidad sino frecuentemente anticipar acciones y
respuestas tendientes a la promoción y la defensa de los derechos humanos.
Amnistía Internacional pide a las
autoridades turcas que investiguen de inmediato la muerte de al menos 35
civiles en un ataque militar aéreo lanzado cerca de la frontera con Irak, en el
sureste de Turquía, la noche del 28 de diciembre de 2011. Según los informes,
el ataque no alcanzó ningún objetivo militar.
Noticias de Derechos Humanos en los medios
Una velatón en el centro de Puerto
Montt, en el frontis de la gobernación provincial de Llanquihue, en
conmemoración de la muerte del comunero mapuche Matías Catrileo.
El vocero de la Federación Mapuche de
Estudiantes (Femae) y miembro de la Mesa Ejecutiva de Confech José Ancalao
denunció haber sido detenido, insultado y golpeado brutalmente por Carabineros
al participar, ayer martes, en una marcha conmemorativa del cuarto aniversario
del crimen de Matías Catrileo que se efectuó en el centro de Temuco y culminó
con más de 10 detenidos.
"Esto comprueba que este
instructivo es arbitrario y discriminatorio, ya que las asesoras de hogar no
tienen ninguna relación de dependencia laboral con el club para tener que
adoptar estas normas", señaló el diputado Gabriel Silber, quien interpuso
el recurso de protección a favor de las trabajadoras.
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domingo, 16 de octubre de 2011
SINDICALISTAS APOYAN DEMANDAS DE ESTUDIANTES
Sindicalismo Independiente entrega carta dirigida al Ministro de Educación apoyando las demandas estudiantiles
Fuente:
http://elrodriguista.cl
Dirigentes
del Sindicalismo Independiente entregaron una carta dirigida al ministro Bulnes
en el ministerio de educación. Víctor Quijada presidente del sindicato nacional
de la ACHS y Ramón López dirigente de una de la federaciones integrantes de la
Confederación de sub-contatristas del Cobre depositaron en la oficina de partes
del ministerio la misiva.
Además
de los mencionados dirigentes, estaban acompañaron la actividad representantes
de la Confederación Bancaria, del Sindicato de Trabajadores Inter-empresas de
la Región Metropolitana, (SITREM), de sindicatos de Maipú, del sindicato Unidad de Santiago, entre otros.
En
el exterior por calle Alameda, una veintena de trabajadores y trabajadoras desplegaron un lienzo con la consigna “Trabajadores
por una educación gratuita y de calidad”, repartieron volantes a los
transeúntes y convocaron a sumarse al paro por la educación de la próxima
semana.
Además
estuvieron presentes Ronny Nebott a nombre del CODESOPO, Carlos Ruiz del MAPU
y Marco Riquelme del MPMR.
La
carta
Señor
Felipe
Bulnes
Ministro
de Educación
República
de Chile
Hacemos
llegar a usted, nuestra declaración de apoyo y solidaridad hacia los
estudiantes de Enseñanza Media, Enseñanza Técnico-Profesional y a los estudiantes
de las diversas Universidades a lo largo de nuestro país.
Los
abajo firmantes somos dirigentes(as) sindicales, trabajadores y trabajadoras de
Chile, nuestra nación. Apoyamos y hacemos nuestras las demandas del movimiento
estudiantil.
TRABAJADORES
DE CHILE POR LA EDUCACIÓN GRATUITA Y DE CALIDAD
Chile
tiene aproximadamente un millón de estudiantes en la educación superior que se
encuentran concentrados en Institutos Profesionales (IP), centros de Formación
Técnica (CFT), Universidades Públicas y Universidades Privadas. En todos estos
establecimientos hay un elemento común, cual es el alto valor de sus aranceles.
Según datos de la OCDE, son los aranceles más caros del mundo, es decir, una
carrera universitaria en Chile cuesta en promedio 3.400 dólares por año, lo que
equivale a más del 22% del PIB per cápita nacional. Estas cifras son superiores
a las de cualquier país del mundo y establece que Chile es el único país donde
las familias financian el 85% de la educación superior, y el Estado sólo un
15%, los que en promedio son más altos que el valor del sueldo mínimo y este
alcanza solo a los $182.000, por lo tanto,
un estudiante que trabaja todo el
mes por el sueldo mínimo, no puede costear el arancel en la universidad, sea
ésta pública o privada, a no mediar que se endeude.
Día
a día, cada uno de los habitantes de Chile tributa al Estado pagando una
variedad de impuestos como contribuciones, tazas, impuesto a la renta, pago de
IVA, impuesto territorial que grava a los bienes raíces, etc. Con el propósito
que éste cumpla con los fines propios de Estado, entre ellos, dar educación y
formación a sus ciudadanos.
Pero
no basta con tributar o pagar toda la vida impuestos al Estado y poder acceder
a la educación superior, puesto que en Chile además, se debe continuar pagando
elevados aranceles para tener posibilidad de educarse. El Estado nos cobra
nuevamente, por algo que estamos continuamente pagando y pagaremos por siempre;
configurándose lo que en derecho Penal Tributario se considera y se configura como una, exacción ilegal, es decir, el delito de
gravar o cobrar impuestos dos veces por el mismo objeto.
Aún
más, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículo 26 señala:
1.
“Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la
instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria.
La instrucción Técnica y Profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los
estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos”.
EN
el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, suscrito
y ratificado por Chile, señala:
Artículo
Nº 3: “Los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen a asegurar a los
hombres y a las mujeres igual título a gozar de todos los derechos económicos,
sociales y culturales enunciados en el presente Pacto”.
Artículo
Nº 13: “Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen que, con objeto de
lograr el pleno ejercicio de este derecho:
a)
La enseñanza primaria debe ser obligatoria y asequible a todos gratuitamente;
b)
La enseñanza secundaria, en sus diferentes formas, incluso la enseñanza
secundaria Técnica y Profesional, debe ser generalizada y hacerse accesible a
todos, por cuantos medios sean apropiados, y en particular por la implantación
progresiva de la enseñanza gratuita.
c)
La enseñanza superior debe hacerse igualmente accesible a todos, sobre la base
de la capacidad de cada uno, por cuantos medios sean apropiados, y en
particular por la implantación progresiva de la enseñanza gratuita.
Por
lo que podemos afirmar que en virtud de que día a día y siempre hemos pagado y
seguiremos pagando por la educación a través de nuestros impuestos y en virtud de los tratados internacionales
de derechos humanos suscritos y ratificados por Chile, el Estado debe propender
a garantizar un sistema de educación superior gratuito, lo que hoy por hoy es
manifiestamente incumplido por el Estado de Chile, propendiendo por el
contrario a lo establecido en los tratados, a fortalecer un sistema de
educación pagado tanto público como privado, a raíz de la política de
auto-financiamiento de las universidades, implantada por la dictadura de
Pinochet y profundizada por los gobiernos de la Concertación y actualmente por
la derecha empresarial.
Sabemos
que todas las generaciones que durante estos últimos años han estado en el
gobierno, gozaron y usufructuaron de los beneficios de educarse gratuitamente
en establecimientos públicos y de vocación pública financiados por el Estado.
Es esa educación la que ha construido el Chile de mayor ingreso per cápita en
décadas, pero también sabemos que esa misma generación es la que se ha empeñado
tanto en dictadura con en democracia, en terminar con el mismo sistema
universitario que tantos beneficios le entregó. Es insólito pensar que aquellos
que se educaron gratuitamente en una educación que les ha permitido
reconocimiento internacional, ahora quieran destruirlo con el argumento de que
se valora más aquello que se ha conseguido mediante el pago.
Es
por eso que hoy, los distintos dirigentes(as), trabajadores y trabajadoras de
esta Patria, ratificamos y hacemos nuestro, cada uno de los puntos de las
demandas del movimiento estudiantil.
Septiembre
2011.
jueves, 14 de julio de 2011
MARCHA POPULAR HOY JUEVES 14
EL MPT ADHIERE AL PARO GENERAL Y A LA MARCHA DESDE PLAZA ITALIA POR ALAMEDA
LOS MPTISTAS NOS REUNIREMOS EN LA PLAZA ITALIA, FRENTE AL TEATRO DE LA U. DE CHILE,
MAÑANA JUEVES A LAS 10.30 HORAS.
A unir todas las luchas para que los trabajadores y los pueblos manden
A CONVERTIR EL DESCONTENTO EN REBELDÍA Y LA REBELDÍA EN PODER POPULAR
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Marcha,
MPT,
protesta,
unidad revolucionaria
viernes, 8 de julio de 2011
A PARTICIPAR EN LAS PROTESTAS POPULARES
Estimad«s compañer«s:
La
situación del país exige que nos manifestemos por los derechos que nos
arrebatan los que manejan el poder. Chile está exigiendo cambios y está
creciendo la conciencia de que el sistema en que estamos no ofrece
posibilidades de satisfacer las necesidades básicas.
Se hace
indispensable re-pensar y re-ordenar el país, pero necesitamos para eso hacer
más conciencia de que sólo los pueblos movilizados pueden lograrlo.
Para
eso es necesario movilizarnos, hacer visible el descontento popular para lograr
efectos en la clase política y dentro de nosotr«s mism«s,
para luego avanzar en superar la desorganización, la desarticulación, la
dispersión, con que nos han dominado por largas décadas. Sólo organizadamente
podremos ir creando espacios de poder popular, plantearnos y lograr grandes
objetivos.
Hoy
estamos levantando el instrumento de la protesta popular.
Por eso
nos hacemos parte de los llamados a protestar, de manera visible y organizada,
en diferentes convocatorias que han levantado los espacios de organización
popular:
O
Mañana sábado 9, desde
las 11 horas, nos reunimos para organizar la jornada de protesta “revuelta
popular” (para el 10 y 11 de agosto) en Casa Bolívar: Brasil 658, entre Metros
Santa Ana y Cumming.
O
Este lunes 11, tendrá
lugar la jornada de protesta general que convoca el Comando de Derechos
Sociales y Populares, al que adhiere el Movimiento de los Pueblos y los
Trabajadores MPT, formado por ARCO, Bloque x el Socialismo, MAPU, MPMR y PT.
O
A las 8 horas nos
reuniremos a agitar la protesta entregando volantes, en las salidas de Metros
Zapadores, Las Rejas, La Cisterna, Plaza de Maipú y Puente Alto.
O
El acto central lo
realizaremos a las 12 h. en la Plaza de la Constitución, en torno al monumento
del Presidente Allende, quien hace 40 años concretó la Nacionalización del
Cobre y estableció el Día de la Dignidad Nacional.
O
A las 18.30, los
estudiantes secundarios han convocado a concentrarnos en la Plaza Italia.
O
Desde las 20 horas,
caceroleo y manifestaciones en los diferentes sectores populares, centros de
trabajo, colegios en toma, etc.
O
El jueves 14 de julio
tendrá lugar un Paro General por el derecho a la educación. A participar en la
marcha, a funar a los que nos han quitado el derecho a la educación pluralista
y gratuita. ¡Fuera Lavín, a derrotar a Piñera!
O
A comprometernos a
participar en la protesta general del miércoles 10 y jueves 11 de agosto. Organizar
manifestaciones en cada sector popular
Consultas:
mapusantiago@gmail.com
A unir todas las luchas para que los
trabajadores y los pueblos manden
A CONVERTIR EL DESCONTENTO EN REBELDÍA
Y LA REBELDÍA EN PODER POPULAR
REVUELTA POR LA TIERRA, LA
VIDA Y LA DIGNIDAD DE LOS POPULARES
JORNADA DE MOVILIZACION POPULAR
10 Y 11 DE AGOSTO
¡¡¡ PUEBLO DIVERSO: A LUCHAR EN
UNIDAD !!!
jueves, 3 de diciembre de 2009
Las consultas inconsultas del gobierno chileno ofenden a los pueblos indígenas
Por José Llancapan Calfucura,
Consejero Indígena Urbano.
El gobierno chileno, operando a través del Ministro Viera-Gallo, está intentando imponer la realización de una consulta a los pueblos indígenas para establecer una nueva institucionalidad. Esta maniobra es burda: contradictoriamente, se impone una “consulta inconsulta”, fraudulenta por su origen, motivos y ejecución.
Lo que buscan el gobierno y los megapoderes económicos y políticos que se mueven detrás del sillón presidencial, a través de Viera-Gallo y sus operadores (diversos funcionarios de confianza de los partidos y que ejercen diversos puestos claves en la gestión de gobierno), es anular los derechos colectivos de los pueblos indígenas, a través de una legislación que haga inefectiva la puesta en aplicación de la ley 19.253 y del Convenio 169 de la OIT.
La inconsulta maniobra, actúa contra los derechos y contra el sentir de los pueblos indígenas, suplantando la verdadera participación por una fraudulenta, antidemocrática y por ende no representativa “consulta”. Es una casi perfecta maniobra de “dar vuelta” el sentido de las palabras, los significados, los símbolos.
A través de una nueva institucionalidad, los poderes intentan minimizar la escasa participación que han tenido los pueblos indígenas en el manejo de la cosa pública. Los gobiernos, desde que la ley sobre pueblos indígenas fue promulgada en 1993, jamás han dado fuerza a la participación de nuestros pueblos ni dentro ni fuera de la institucionalidad de la Conadi. Para que la letra de la ley no hubiese llegado a ser letra muerta, el Estado debía haber acondicionado la institucionalidad para su efectivo cumplimiento; debía haber establecido mecanismos y espacios de gestión y participación y debió haber dotado a éstos de recursos presupuestarios, cosa que en 16 años no ocurrió.
El desorden institucional de la Conadi, que las autoridades ya no pueden ocultar, es responsabilidad única y exclusivamente del gobierno chileno. La Conadi, es de acuerdo a la ley, una de las pocas instituciones de gobierno en que los beneficiarios tendríamos una participación en la gestión, como contraparte a través del Consejo Nacional. Esta virtud de esta repartición, queda anulada en la práctica por el hecho de que los representantes elegidos por los pueblos indígenas, siempre estuvieron en minoría ante los consejeros designados por el gobierno, a cuyo voto se agrega el del director general, el cual por sus funciones siempre será fiel a los intereses del gobierno que lo designa.
Los pueblos originarios tenemos una inmensa reserva moral, valórica y espiritual frente a un mundo que nos aparece cada vez como más injusto, inhumano e inequitativo. Tenemos la posibilidad de ofrecer justicia, humanidad, equidad, tolerancia y respeto a las culturas y a la diversidad de todas las formas de vida al interior de los espacios que habitamos. Tenemos derecho a nuestro propio desarrollo. Tenemos la obligación de defender y respetar a nuestras autoridades ancestrales. Tenemos derecho a elegir libremente respecto de qué personas creemos que pueden representar mejor nuestros intereses y constituirse en nuestras autoridades en el plano público.
Art. 34 de la ley 19.253. “Los servicios de la administración del Estado y las organizaciones de carácter territorial, cuando traten materias que tengan injerencia o relación con cuestiones indígenas, deberán escuchar y considerar la opinión de las organizaciones indígenas que reconoce esta ley. Sin perjuicio de lo anterior, en aquellas regiones y comunas de alta densidad de población indígena, éstos a través de sus organizaciones y cuando así lo permita la legislación vigente, deberán estar representados en las instancias de participación que se reconozca a otros grupos intermedios”.
Fuente: http://indigenasurbanos.blogspot.com
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