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domingo, 29 de marzo de 2015

María Cristina Pacheco, luchadora en Mozambique

Chile y África: La historia de la luchadora internacionalista chilena María Cristina Pacheco en Mozambique

Entrevista con la ex militante del MIR chileno, MariCris Pacheco, en territorio del sureste africano.

“Quem luta nem sempre ganha, mas quem não luta perde sempre”
(Quien lucha no siempre gana, pero quien no lucha pierde siempre)

Andrés Figueroa Conejo

María Cristina Pacheco fue militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) durante la Unidad Popular. De arteria solidaria y sin fronteras, y de profesión publicista, se convirtió en luchadora internacionalista entre 1981 y 1985 cuando participó en el proceso independentista y revolucionario que entonces vivía Mozambique, en la costa del Océano Índico, junto a África del Sur y frente a Madagascar.

Su palabra serena y segura se torna certeza y reserva poliética en tiempos donde la corrupción del sistema político dominante en Chile atiborra los medios de comunicación de arriba y de abajo y su credibilidad se derrumba ante la población nacional (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=196686).

La siguiente entrevista se ofrece en el marco del foro ‘La Mujer en la lucha Anticolonialista y Antiimperialista, a 40 años de la invasión marroquí al Sahara Occidental, ¿qué pasa en África, Chile y Venezuela?’ que se realizará el martes 31 de marzo, a las 18.00 hrs, en la Librería Le Monde diplomatique, calle San Antonio 434, en el centro de la ciudad de Santiago de Chile (https://www.facebook.com/events/1412794939028739/), donde entre otras mujeres, expondrá María Cristina Pacheco.

-¿Cómo una chilena termina colaborando con la transición al socialismo en Mozambique?

“Fue el cumplimiento del sueño de participar en un proceso de construcción socialista. En la segunda parte de los años 70’, los compañeros del MIR resolvieron que una buena cantidad de militantes que estábamos en condiciones de semiclandestinidad saliéramos de Chile, estuviéramos un tiempo fuera cobrando una mayor madurez política –yo era muy joven- y luego retornáramos a la lucha contra la tiranía.  Mi destino partidario fue Canadá donde debería permanecer un par de años cumpliendo algunas tareas. Al poco andar me sentí emplazada a marcharme a Nicaragua a la Escuela Cultural Sandino. Pasa que las contradicciones me matan. No soportaba la idea de permanecer en un país capitalista y tan ligado al imperialismo como Canadá. Pero aconteció que conocí al amor de mi vida, otro compañero chileno, y mediante un compromiso mutuo partimos a Mozambique.”

-¿Conocías lo que ocurría en África en general y en Mozambique en particular?

“Sinceramente, no. Arribé a un país donde recientemente había triunfado el Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO) mediante la guerra de independencia contra el colonialismo portugués. Los combates se libraron al norte de Mozambique, en Tanzania. Yo me informé lo más que pude sobre lo ocurrido, pero la literatura no tenía una relación ajustada a la realidad. Ahora bien, yo provengo de una familia muy empobrecida y la situación en Mozambique no me resultó ajena personalmente. Me reencontré con mi propia identidad y origen. Allí me enamoré de esa tierra y de ese pueblo.”

¿Cuáles fueron tus primeras impresiones?

“De asombro ante los vestigios vivos del colonialismo. Por ejemplo, todavía quedaban en las puertas de algunos hoteles de Maputo, la Capital, letreros que decían ‘No se aceptan perros, mascotas ni negros’. También me encontré con instrumentos de tortura propios de la esclavitud. No hay que olvidar el contexto en el cual se produce la independencia de Mozambique. En Portugal se realizó ‘La revolución de los Claveles’ el 25 de abril de 1974 (http://es.wikipedia.org/wiki/Revoluci%C3%B3n_de_los_Claveles), que terminó con la dictadura salazarista en ese país europeo. Entonces los nuevos gobernantes negociaron con el FRELIMO – que había nacido en 1962 y era de inspiración comunista- la salida del ejército portugués de Mozambique cuya independencia se declaró el 25 de junio de 1975. Allí asumió la presidencia Samora Moisés Machel, quien había luchado en la guerrilla. El problema fue que entre el 74 y el 75 hubo un año de tregua en el cual los portugueses contaron con el tiempo suficiente para quemar y destruir Maputo. Y yo llegué a la ciudad sólo cinco años después.”

Las tensiones al interior del Frente de Liberación de Mozambique

-¿Cómo evaluaste el FRELIMO?

“Mientras transcurría mi estadía y mi trabajo, un conjunto de compañeros/as advertimos que ya existían algunos síntomas de descomposición respecto del proyecto original, socialista y marxista. Al interior del Frente convivían sectores revolucionarios con otros no revolucionarios. En aquella época hegemonizaba la fracción revolucionaria y el que la lideraba era Jorge Rebelo, el principal comandante del Ejército de Liberación.”

-¿Y el pueblo?

“En el pueblo existía un sentimiento generalizado de mucha esperanza, alegría y deseos de participación. Sin embargo, me di cuenta de que la gente no alcanzaba a dimensionar el proceso que estaba viviendo.”

-¿Por qué?

“Porque fue una transformación radical y fulminante. Había mucha información que después de tanto tiempo de desinformación era muy difícil de decodificar, de reflexionar a esa velocidad de cambios. Lo cierto es que el pueblo estaba feliz de haberse independizado de los blancos. La independencia se produjo en un solo momento junto a la revolución. Lo que ocurrió tiene que ver con que la guerra de liberación se dio en el norte del país. En el centro y centro-sur la población permaneció prácticamente incomunicada durante ese período. Hay que pensar que en Mozambique convivían 32 lenguas, de las cuales dos eran las más usadas; que se trata de una sociedad compuesta de muchas tribus que en total sumaban entre 10 a 11 millones de personas, mayoritariamente campesinos/as. La ciudad de Maputo no fue territorio de guerra y fue levantada para los blancos. A su alrededor existía un cordón de miseria que antes de la liberación estaba formado por esclavos para el servicio y explotación de los 600 mil portugueses que vivían en la Capital.”

“Como en Chile nos habían mutilado con la dictadura, en Mozambique viví mi recomposición”

-¿En qué te desempeñaste y cómo era el trabajo en las condiciones que describes?

“Muy difícil. Sobre todo en materia de formación política. Como muchos/as internacionalistas, la izquierda chilena y de otros países se incorporó a distintas empresas del gobierno, según sus profesiones y oficios. Ahora bien, no todos/as eran pagados directamente por el Estado de Mozambique. De las aproximadamente 200 familias chilenas, muchos de sus miembros recibían altos salarios en dólares de la FAO (http://es.wikipedia.org/wiki/Organizaci%C3%B3n_de_las_Naciones_Unidas_para_la_Alimentaci%C3%B3n_y_la_Agricultura) y otros organismos dependientes de las Naciones Unidas.

Yo trabajé en la única empresa de publicidad y propaganda del Estado que dependía del Ministerio de Información. Me remuneraban poco y con moneda local. Era algo equivalente a 30 dólares mensuales. Yo lo entendía perfectamente, además de que las motivaciones que muchos/as teníamos eran profundamente guevaristas. Solidaridad, mucho trabajo y austeridad. Allí laboré junto a un cineasta argentino que era Montonero. Como buen argentino, el compañero era un futbolero de primera y llegó a ser el entrenador del equipo Costa de Sol, el más popular del país. Se trataba de uno de los revolucionarios más buscados en el mundo por la dictadura cívico-militar de Argentina.”

-¿Qué tareas recuerdas con más aprecio?

“Trabajamos en la confección de estadísticas para las exportaciones del país, que entonces eran básicamente algodón, azúcar, té, cajú. Claro que hoy se explotan minerales preciosos. También publicamos una revista para sensibilizar a la población sobre el cuidado de los pocos bienes que se producían, como los neumáticos. Todo Mozambique estaba empeñado en la producción, el trabajo, la construcción. Y debido a la enorme cantidad de lenguas que había, creamos  afiches visuales.

Me tocó estar allá para el IV Congreso del FRELIMO. De ese modo comprendí la importancia de la labor de publicidad y propaganda. A esa altura, como a nosotros en Chile nos habían mutilado con la dictadura, en Mozambique viví mi recomposición. Entendí plenamente que la razón de un revolucionario/a es el género humano, sin importar la geografía y el puesto en el que te toque combatir. Nuestro compromiso y el ejercicio de nuestra libertad rebelde no nos permitían otra posibilidad. Me tocó Mozambique y no fue casual. En ese territorio se luchaba por la creación de un proyecto colectivo socialista, por una identidad y horizonte nuevo y popular. Allí se concentró mi amor y lo mejor de mí. Yo me reencontré con la marginalidad en la que nací. Con la mediagua (habitación frágil de madera barata), con mi historia, con los recuerdos de ver a mi padre trabajando todos los días del año menos el 1º de enero, con mi pregunta infantil de por qué no conocía el mar.

En el marco del IV Congreso del FRELIMO yo solicité una pared para pintar un mural de la historia de Mozambique: desde la esclavitud y la colonia, hasta las marchas de liberación popular, y me dieron una muralla en la avenida principal de Maputo por donde pasarían las comitivas y delegaciones del país. Pero no quise hacer el mural yo sola. Lo pintamos colectivamente, con miembros del Comité de la Izquierda Chilena constituido de militantes del PCCh, el PSCh, de la Izquierda Cristiana, etc. Luego el gobierno me pidió las diapositivas sobre las que yo había trazado el mural para pasarlas en el cine. Hay que recordar que carecíamos de mucha tecnología, no teníamos fotografía en colores, así es que pinté cada diapositiva con plumones que había llevado conmigo desde Canadá. En fin. Un tiempo después fui a ver una película al cine y en la publicidad proyectaron mis diapositivas. Delante de mí unos mozambicanos comentaron que ‘Está bonito, pero el mural es muy latinoamericano’. Me quedé sin palabras.

Ahora, uno de los desafíos para los internacionalistas (‘cooperantes internacionales’) en Mozambique era que cada uno/a, desde su especialidad, formara a cinco mozambicanos/as. En nuestro caso, logramos formar a cuatro técnicos medios en artes gráficas.”

-¿Los conflictos internos del Frente se expresaban en tu lugar de trabajo?

“Sí. El director de la empresa donde yo me desempeñaba era un mozambicano blanco y contrarrevolucionario, el ‘Señor Morgadinho’. El argumento que se nos ofreció fue que faltaban cuadros (profesionales) para enfrentar la grave situación del país. El gobierno tuvo que aceptar quedarse con gente que lo único que estaba esperando era que se derrumbara la revolución para recobrar sus privilegios.”

-¿Y las relaciones habituales con el FRELIMO?

“Los internacionalistas teníamos derecho a voz. Sin embargo, las reuniones con nuestro encargado del Frente en mi base de la empresa publicitaria rara vez se realizaron. Eso comenzó a preocuparnos al compañero Montonero y a mí. En vez del responsable del FRELIMO, el ‘Señor Morgadinho’ dirigía las reuniones cada lunes de la semana. Al igual que en tiempos de la esclavitud, los trabajadores/as teníamos que esperarlo de pie en su oficina. No podíamos sentarnos hasta que él nos lo indicara. El compañero argentino y yo nos sentábamos de todas formas. ‘Yo vengo de un país donde hay otro tipo de esclavitud’, le expliqué ante su prepotencia. Entonces el sujeto se dedicaba a hablar de todos los problemas que había en el país, pero no en términos constructivos y para motivarnos, sino que para menoscabar al propio gobierno revolucionario. Ante su comportamiento sedicioso, yo comencé a tomar apuntes de cada cosa que decía. En una ocasión, el tipo en cuestión fue a la sala de trabajo a intentar colocar a nuestros hermanos mozambicanos en nuestra contra, tildándonos de ‘cooperantes aprovechadores del país’. A mí me llamó ‘rata de alcantarilla’. Fue el límite soportable. Partí a denunciarlo a la comandancia máxima del Ejército de Liberación. Yo pensé que era posible que simplemente fuera expulsada del país. No obstante, el segundo hombre de la fuerza militar mozambicana me lo agradeció. Dijo que si cada uno/a de los cooperantes internacionalistas notificáramos sobre las irregularidades ‘avanzaríamos un poco más rápido’. Posteriormente, mi amigo Montonero tuvo una discusión con el director contrarrevolucionario, quien cuestionó su condición de perseguido por la dictadura argentina, cuestionó las torturas que había sufrido y remató acusándolo de que él estaba en Mozambique con el fin de ‘llevarse nuestras riquezas’. El compañero argentino saltó de la mesa en la que se encontraba y se desgarró la camisa para mostrar las marcas imborrables de la tortura. Se le iba a ir encima al director, pero lo detuve por el riesgo de que fuera echado del país. Finalmente, el ‘Señor Morgadinho’ lo expulsó de la empresa. Después de que el compañero vagó de tumbo en tumbo por la ciudad, tuvo la fortuna de que justo en esos momentos se fue abajo la dictadura argentina y por fin pudo retornar al país donde nació el Che.”

Las mujeres de Mozambique por la monogamia

-¿Cuál era la situación de la mujer mozambicana?

“Inclusiva en las instituciones del Estado. Como los hombres, ellas tenían la obligación de cursar la primaria escolar completa y podían acceder a la política, agrupándose en la Organización de la Mujer Mozambicana, donde se congregaban mujeres de distintas tribus. También se formaron las aldeas comunales con el objeto de terminar con el tribalismo. En las aldeas se realizaba el trabajo común en el campo y al amparo de la reforma agraria. Empero, y al igual que en Chile y la mayoría de los países, por el mismo trabajo las mujeres recibían un menor salario que los hombres. Más allá de lo anterior, es preciso rescatar la figura épica de la guerrillera Josina Machel (http://heroinas.blogspot.com/2013/07/josina-abiatar-muthemba.html) que murió a los 25 años de edad, el 7 de abril de 1975. Todos los 7 de abril se conmemora el Día de la Mujer en Mozambique.”

-¿Y cuál era la demanda fundamental de las mujeres?

“Que los hombres fueran monógamos. Por tradición cultural y de acuerdo a la cantidad de tierras que poseía, el mozambicano podía casarse hasta con ocho mujeres. Las mujeres me explicaron muy francamente que cómo un hombre tenía derecho a tener hasta ocho mujeres si sólo contaba con un pene. ‘Si tuviera dos, podría tener dos mujeres’, me dijeron. La violencia contra la mujer se expresaba en esta clase de prácticas que significaban la destrucción de la autoestima y la dignidad elementales de una persona. El hombre hacía de macho reproductor y las mujeres, una tras otra, iban convirtiéndose en unidades económicas de trabajo agrícola. La monogamia era la lucha fundamental de la mujer mientras se sucedía una enorme migración del campo a la ciudad que multiplicaba los asentamientos urbanos en condiciones precarias.”

“El desafío de la emancipación humana de los pobres de la Tierra permanece intacto”

“En 1986, el Presidente Samora Moisés Machel sufrió un ‘accidente’ mortal en avión y asumió en su lugar Joaquim Alberto Chissano, de línea socialdemócrata. Su gobierno duró hasta el 2005. Fue el camino hacia el fin del proyecto socialista que estaba en el corazón de la guerra revolucionaria de los 60’ y comienzo de los 70’, y la imposición de políticas del liberalismo feroz que tan bien conocemos en Chile”, relata María Cristina.

-¿Y el Ejército de Liberación?

“Es una fuerza esperanzadora para los revolucionarios/as. Sin embargo, ya muchos que participaron de la guerra independentista y socialista fueron paulatinamente dados de baja, jubilados.”

-Tú partiste de Mozambique en 1985, ¿qué conclusiones sacas de esa experiencia?

“Me fortaleció en la convicción de continuar la lucha contra el capitalismo depredador y la dictadura financiera que se ha impuesto en el planeta. Hoy mi disposición cotidiana contra un sistema productor de miseria es más fuerte. El desafío de la emancipación humana de los pobres de la Tierra y de la construcción de una sociedad justa permanece intacto".


Otro artículo de Andrés Figueroa Cornejo:

Chile-Corrupción: La palabra de los trabajadores de SOQUIMICH

·        Entrevista con el Presidente de la Federación Nº 3 de SQM, Nelson Pérez Varas.

·        La crisis del sistema de partidos políticos y la institucionalidad dominantes más sonora y dramática desde el retorno de los gobiernos civiles analizada por los trabajadores de SQM.

·        “Cuando nos reunimos con alguna autoridad, ya no sabemos quiénes son los ‘buenos’ o los ‘malos’.”

“La corrupción de la política no tiene nada que ver con la moral o la laxitud de la moral de diversas personalidades políticas. Su causa es meramente material” (Emma Goldman).


martes, 21 de enero de 2014

Capitalismo = hambre ... ¿Sólo en África y comunidades aisladas?

La crisis alimentaria, generada por la especulación capitalista, amenaza con la desnutrición a 450 millones de niños en los próximos 15 años.
http://www.nodo50.org/ciencia_popular/

La crisis alimentaria amenazará la vida y el desarrollo de 450 millones de niños en todo el mundo durante los próximos 15 años, según expone el informe de Save the Children "Una vida sin hambre: cómo combatir la desnutrición infantil".
La organización de defensa de la infancia recuerda que cada hora 300 menores pierden la vida por desnutrición, que es causa subyacente de más de un tercio de las muertes infantiles en todo el mundo: 2,6 millones al año, de un total de 7,6 millones.
Denuncia que los avances en la reducción de la desnutrición han sido muy lentos en los últimos 20 años y que la combinación del cambio climático, la inestabilidad del precio de los alimentos, la inseguridad económica y los cambios demográficos los están ralentizando aún más.
Además, plantea que el hecho de que la desnutrición no se registre en los certificados de defunción contribuye a que no se combata de forma eficaz.
Save the Children explica que para los niños que sobreviven la desnutrición a largo plazo provoca daños devastadores e irreversibles.
La falta de alimentos nutritivos, sumado a las infecciones y enfermedades, provocan que sus cerebros no se desarrollen adecuadamente.

"Al menos 170 millones de niños y niñas en todo el mundo padecen un retraso en su crecimiento a causa de la desnutrición. Esto implica no sólo que su estatura sea menor que la media, sino también que pierdan cursos escolares y que rindan menos académicamente", indica.

Según la responsable de programas internacionales de Save the Children, Lucía Losoviz, "este año es clave para lograr que todos los niños reciban la nutrición que necesitan y poner fin a la crisis de desnutrición a nivel global".

Los suplementos nutricionales y el impulso de hábitos saludables, como el lavado de manos o la lactancia materna, podrían prevenir la muerte de casi dos millones de menores de cinco años y muchas enfermedades si llegase a la población infantil de los 36 países donde vive el 90 ciento de los niños con desnutrición, advierte la organización.

Etiopía

El informe incluye algunos testimonios para poner rostro a estas situaciones, como el de Maritu, una niña etíope de nueve años, que aparenta menos edad de la que tiene.

"Hoy he comido un pequeño trozo de injera -pan sin levadura que se sirve con una salsa básica- para desayunar. Lo hemos compartido entre cuatro personas. No comemos nada más. Una vez al año, en ocasiones especiales, es posible que coma huevos o carne. No hay suficientes alimentos, pero mis padres me dan lo que hay disponible. A veces me da hambre en la escuela", dice la niña, cuyo crecimiento se ha visto afectado por una dieta pobre en nutrientes. (Fuente: kaosenlared)


Caros amigos,

BRASIL, comunidades Guaraní-Kaiowá

Venho por meio deste divulgar vídeo que relata um pouco da história dos primeiros contatso dos Guarani-Kaiowá com a nossa sociedade. Este vídeo é a primeira parte de uma série que será produzida pelo coletivo Alambique Cultural (para mais informações acessar: 
www.alambiquecultural.org), projeto novo, do qual faço parte.
O vídeo é resultado de entrevistas colhidas para meu trabalho de mestrado na Escola de Comunicação da UFRJ, que foi concluído em junho deste ano. 
Posteriormente postaremos outros vídeos que darão continuidade ao assunto.
A situação de miséria e expropriação dos Guarani e Kaiowá do Mato Grosso Sul tem se agravado muito nos últimos anos. A gravidade de tal situação tem levado muitas comunidades (que há muito lutam para ver garantidos os seus direitos) ao total cansaço e desesperança, a ponto de uma dessas comunidades, a Pyelito Kue/Mabaray, que vive em um acampamento precário às margens de uma rodovia do município de Iguatemi/MS, ter tomado uma trágica decisão: o sucídio coletivo de toda a comunidade (170 pessoas, entre adultos, jovens e crianças)!!!!!.
A tragédia anunciada pelo povo de Pyelito Kue é a triste consequência de outras tantas trágidas, traduzidas pelo genocídio e o etnocídio, que perturbam há décadas a paz dos Guarani-Kaiowá.
(para ler carta na íntegra, acessar:
Luciana 


Chile: depredación en el mar pone en riesgo grave la economía de pescadores y comsumidores.
Ley Longueira y proyectada Ley Monsanto = hambre


Click aquí: ZONA SECA de Rory Barrientos Lamas 




Washington reconoce haber asesinado a Lumumba

por Red Voltaire / Atilio Borón


Sábado, 18 de Enero de 2014 09:51

Washington reconoce haber asesinado a Lumumba
En ese documento, que aparece más de 50 años después de ese infame crimen, se confirma que en "enero de 1961, iluminado por las luces de los automóviles de sus asesinos, Lumumba fue atado a un árbol y a la orden de un mercenario belga, acribillado hasta la muerte.
PATRICE LUMUMBA ASESINADO POR ORDEN DEL GOBIERNO DE ESTADOS UNIDOS. Un reciente documento del Departamento de ese país confirma que la Casa Blanca, a la sazón ocupada por "el progresista" presidente John F. Kennedy, urdió la conspiración para asesinar al líder independentista congoleño Patrice Lumumba. Pueden consultar y descargar el documento en (ver la carátula en la fotografía adjunta): Foreign Relations of the United States (FRUS), Volume XXII, Congo, 1960-1968
En ese documento, que aparece más de 50 años después de ese infame crimen, se confirma que en "enero de 1961, iluminado por las luces de los automóviles de sus asesinos, Lumumba fue atado a un árbol y a la orden de un mercenario belga, acribillado hasta la muerte. Su cuerpo, sin vida, fue troceado y disuelto en ácido sulfúrico, procediendo luego a esparcir sus restos en diversos lugares para que no fuera reconocido por nadie"


Hace unos pocos meses Washington reconoció que la CIA fue quien organizó el golpe de estado de 1954 en Irán, derrocando a M. Mossadegh y poniendo en su lugar a un títere de EEUU, el Shá Reza Pavlevi. Poco a poco los crímenes del imperio están saliendo a la luz. Estoy seguro que no pasará mucho tiempo antes de que se revele cómo asesinaron a Chávez ...

La noticia sobre lo de Lumumba fue divulgada por la Red Voltaire en:
http://www.voltairenet.org/article181731.html


martes, 10 de diciembre de 2013

ESPECIAL MANDELA

Hay interesantes publicaciones sobre Nelson Mandela, en Resumen Latinoamericano.

Para suscribirse y recibir envíos:
Interesad«s, soliciten copia del Especial Mandela a: mapusantiago@gmail.com

Algunas publicaciones llegadas:

Compas queridos,

Esta noche, hora europea, nos deja a los 95 años, NELSON MANDELA “MADIBA”.
Con el ejemplo de estos hombres y mujeres que nos demuestran con su ejemplo que se debe avanzar sin tranzar con el enemigo. Nuestra senda está llena de Madibas, a por ello compañeros!
Avancemos creando el poder popular
¡ AMANDLA!!!! ANC, NI PERDON NI OLVIDO!
Abrazos,
Victoria

UN PEQUEÑO HOMENAJE A UN GRANDE DE LA HISTORIA...
A UN LIBERTARIO DE LA HUMANIDAD: NELSON MANDELA

FRASES Y REFLEXIONES DE DON NELSON MANDELA, LÍDER DE LA LIBERTAD

1.- “Si yo tuviera el tiempo en mis manos haría lo mismo otra vez. Lo mismo que haría cualquier hombre que se atreva a llamarse a sí mismo un hombre”.

2.-  “No es valiente aquel que no tiene miedo sino el que sabe conquistarlo. ... El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo”.

3.- “Los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo”.

4.- “Me gustan los amigos que tienen pensamientos independientes porque suelen hacerte ver los problemas desde todos los ángulos”.

5.-”Solo los hombres libres pueden negociar (...). Vuestra libertad y la mía no pueden separarse”.

6.- “La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad”.

7.- “Yo no tenía una creencia específica, excepto que nuestra causa era justa, era muy fuerte y que estaba ganando cada vez más y más apoyo”.

8.- “Mucha gente en este país ha pagado un precio antes de mí, y muchos pagarán el precio después de mí”.

9.- “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario”.

10. “Siempre parece imposible hasta que se hace”.

11. “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.

12. “Porque ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás”.

13. “La mayor gloria no es caer, sino levantarse siempre”.

14. “Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento”.

A propósito de la muerte de Nelson Mandela

¿De cuál Mandela estamos hablando?

De Madiba a Cuito Cuanevale

MADIBA, significa “padre”, en lengua xoxa, es como hasta sus noventa y cinco años se conocía popularmente a Nelson Rolihlahla Mandela, quien nació un 18 de julio de 1917. Hoy Mandela es un símbolo de la convicción de los mas altos ideales de la humanidad que lo llevaron a prisión en 1962, donde paso 27 años humillantes aislado en una celda sin comunicación con el mundo.

En esa época de combate, de constante lucha contra el Apartheid, nadie daba apoyo a ese antiguo militante y solo Cuba contribuyó a formar el Wunkhoto We Sizwe (La Lanza de la Nación) que era el brazo armado del Congreso Nacional Africano. Para esa época no existían quienes hoy le rinden homenaje, quienes lo buscan para los flashes de los periódicos y medios de difusión o aquellos que buscan parecidos forzados con frases y oraciones bien escritas y estructuradas de sensibilidades falsas.

El actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hizo un prólogo al último libro de Nelson Mandela “Conversaciones sobre mí mismo”, un prólogo bien escrito obedeciendo a una estrategia de venta de los editores, pero también es una búsqueda forzosa para compararse con Mandela.

No por casualidad la primera dama de USA, Michel Obama, estuvo en el mes de junio del 2011 en Sudáfrica y hacerse una publicidad anticipando el aniversario de Mandela quien estaba abatido de un cáncer de próstata desde el año 2001. Cuando Obama dice en el prólogo al libro de Mandela que “es un ser humano que eligió la esperanza sobre el miedo, y el progreso en vez de prisión del pasado”, pretende interpretar al estilo muy romántico hollywoodense de que Mandela no tuvo “temor” a morir, y todos tenemos temor, miedo, pero Mandela no tuvo pánico, que es distinto, pues, como dice Pablo Freire, todos en algún momento de nuestras vidas tenemos miedo, pero lo que no debe es envolvernos el pánico y Mandela no lo tuvo, se armó con su fortaleza interna que desde afuera se la daban las luchas de los movimientos de liberación de África, América Latina, el Caribe y el heroico Vietnam, el estímulo de la creación de la Organización de Estados Africanos, con la fuerza de Jomo Kenyata, Kwame Kruma, Sekou Toure, la solidaridad activa cubana, proceso que culminaría con la derrota de la invasión Sudafricana a Angola en 1988 con la Batalla de Kuito Kuanavale donde se selló la independencia total de Angola, Namibia y la desestructuración del régimen del Apartheid que conduciría a la libertad de Nelson Mandela en febrero de 1990, contando con la fuerza militar cubana, la Swapo donde destacan los nombres del angolano General Luis Faceira (con quien hemos conversado sobre estos temas) al igual con el General Cinta Frías (de Cuba), leyendas vivientes que lograron derrotar la “operación del desierto” sudafricana constituida por más de cien mil hombres contra 40 mil entre angolanos, namibianos y cubanos. Y eso no lo reconocen ni lo reconocerán jamás Estado Unidos ni el actual inquilino de la casa Blanca. Hablar de esperanza para el caso de Nelson Mandela es hablar de la esperanza redimida que ese hombre sintió cuando se produjo la derrota del apartheid y la liberación de Namibia, como el mismo lo dijo en uno de sus discursos.

No me atrevo a encasillar a Mandela entre la izquierda y la derecha, lo considero un hombre que luchó contra el peor régimen racista que haya conocido la historia colonial y contemporánea en África como lo fue el Apartheid. El es consciente de que la mayoría del apoyo que recibió en los tiempos más difíciles procedió de la izquierda planetaria, no fue del imperialismo norteamericano, inglés, francés o israelí, pues todos ellos fueron cómplices de sus 27 años de prisión.

Fue un hombre que se ubicó en el contexto sudafricano donde 4 millones de blancos por la vía de la fuerza y la represión dominaban 18 millones de Xoxa, Zulu, Koishan entre otros pueblos originarios sudafricanos, más los migrantes hindúes como Mahatma Ghandi, quien sufrió el racismo en Sudáfrica. Si eso es ser de izquierda, Mandela fue de Izquierda. Se opuso a la guerra de Irak cuando acusó sarcásticamente al presidente de Inglaterra, Tony Blair, como una especie de Ministro de Relaciones exteriores de Estados Unidos cuando ese ex presidente justificó, al lado de la ONU, Collin Power y George Bush las falsedades de la posesión de armas nucleares que supuestamente tenía Sadan Hussein para justificar la invasión de parte de la OTAN.

Mandela....un sueño incompleto

La lucha de Mandela dio sus frutos políticos; en primer lugar derribó todas aquellas teorías falsamente científicas y moralmente injustificables de la incapacidad del africano para dirigir su propio país, teorías inventadas por el régimen del Apartheid. En segundo lugar, dejó un camino abierto en el poco tiempo que estuvo en la presidencia (1994-1999), para la reconciliación nacional, avanzar en la derrota contra la discriminación, el racismo, y eso no es nada fácil pues hay que tomar en cuenta que en solo 17 años que lleva el Congreso Nacional Africano en el poder, partido donde milita Mandela, no es posible acabar con la aberración social y psicológica acumulada por más de 400 años, pero se hace el esfuerzo y creemos que Sudáfrica avanzará hacia una sociedad más justa y equilibrada. Esos avances lo vimos cuando visitamos ese país hace justamente una década en el marco de la Conferencia Mundial contra el Racismo celebrada en la ciudad de Durban en el año 2001.

Hoy Mandela, al igual que Chávez y Fidel Castro, es un símbolo para los pueblos del Sur, aunque los occidentales lo han querido momificar y objetualizar, lo han querido convertir en un objeto de consumo y de moda como hicieron con el Che Guevara. Hoy más que nunca debemos revisar los discursos de Mándela y su agradecimiento a Fidel Castro, su condena a la Guerra de Irak, no podemos dejar que lo pongan en el sueño eterno de Martin Luther King con aquel famoso discurso de “Tengo un sueño”. Los sueños de Mandela por una sociedad más justa no se logró en el corto tiempo que ejerció el poder... la incertidumbre en la Sudáfrica postmandela no es muy alentadora. Hoy Mandela, junto con Graza Machel, ex esposa del lider mozambicano Samora Machel, también asesinado por los sudafricanos, son referentes para la reconciliación planetaria.

- Jesús Chucho García, desde Bamako, Mali. (La voz de Afroamérica).


Mandela: político, no santón

Mandela no fue una imitación de Cristo, como se insinúa por estos días. Fue un político. Ser político es inmiscuirse en un mundo en el que para alcanzar fines que se estiman buenos es  inevitable usar medios —la violencia, el engaño, la sorpresa, a veces incluso el crimen— que condenan el alma y ensucian las manos.

CARLOS PEÑA / domingo 8 de diciembre 2013 / El Mercurio

La excepcionalidad de Nelson Mandela deriva del hecho de que fue un político, cuya vida desmiente lo que (en ocasiones con razón) suele creerse en estos días: que ser político siempre equivale a carecer de escrúpulos, o a ser mediocre, o embaucador, o tonto, o flojo.

Un vistazo a las caracterizaciones que del político se encuentran en la literatura ayuda a medir a Mandela. La primera es muy antigua y alcanza uno de sus puntos culminantes en las descripciones de Maquiavelo. 
Según ella, ser político es inmiscuirse en un mundo en el que para alcanzar fines que se estiman buenos es inevitable usar medios —la violencia, el engaño, la sorpresa, a veces incluso el crimen— que condenan el alma y ensucian las manos: apoyar la dictadura para llegar a la democracia; ejercer la violencia para obtener la paz; sacrificar a algunos para poner el bienestar al alcance de muchos. 

 La segunda imagen la sugiere Kant en su escrito sobre la paz perpetua. La política, dice allí Kant, siempre debe inclinarse ante la moral. Nunca al revés. Y el buen político es el que sabe abrirse paso, con astucia y prudencia, en medio de la selva de la realidad para realizar esos principios. El político, como cualquier ser humano, sabe lo que debe hacer y, en consecuencia, lo hace. ¿Siempre obtiene el éxito al seguir su deber? No, por supuesto; pero en esta vida, dice Kant, no se trata de obtener la felicidad, el éxito o el triunfo, sino que se trata de ser digno de ser feliz, exitoso o triunfador (aunque no se llegue a ser ni feliz ni exitoso ni triunfador). No es la búsqueda del éxito entonces, sino la construcción de la dignidad lo que debe guiar al político. 

Ambas imágenes suelen mezclarse en los políticos reales; pero siempre una de ellas prevalece sobre la otra. La primera, por ejemplo, prevalece en Henry Kissinger o, para no ir tan lejos, en Jaime Guzmán. 
La segunda, en cambio, no cabe duda, predomina en Nelson Mandela.

A menudo (especialmente por estos días aliñados por la rara mística que despierta la muerte) se presenta a Mandela como un santón que puso una y otra vez la otra mejilla, como un sujeto movido por el amor espontáneo a los demás, como alguien que después de la purga espiritual de la cárcel, fue capaz de perdonar los crímenes y abusos que se infligieron a él y a su pueblo. Mandela habría estado movido por el combustible de la reconciliación y el perdón, y al modo de un padre amoroso, habría contagiado a todos los demás. Su mérito habría sido el amor y no el deber.  Ese punto de vista hace de la figura de Mandela (como dijo con alegría comercial uno de sus biógrafos) una de esas que surgen cada mil años. Una especie de Jesucristo revivido. Algo notable y excepcionalísimo que casi por un azar histórico difícil de comprender cambió la historia de Sudáfrica.

Pero Nelson Mandela no fue eso. Fue un político. Su gracia consiste en haber sido un político excepcional, no un santón estándar.

Él supo transitar en medio de la jungla de la realidad y del abuso sudafricanos con “astucia de serpiente”. Hasta su discurso en Cape Town en 1990, reconoció la lucha armada como un camino legítimo. Y más tarde, con la “candidez de la paloma” negoció y sedujo (esa fue la expresión que él mismo empleó) a los blancos que dominaban a él y a su pueblo, hasta derrotarlos. Cuando alcanzó el triunfo, fue generoso y convenció a todos, a enemigos y partidarios, a negros y a blancos, que habían estado presos de una misma condena.

En suma, Mandela probó, en 95 años, que la política puede ser sublime. Pero sublime no por la limpidez de sus medios o la claridad de sus resultados, sino por los fines que la orientan y la dignidad con que se la ejerce.  Mandela merece el recuerdo y la admiración no por ser un santo (que no lo fue) ni por haber prodigado el perdón o la reconciliación a raudales (después de todo, hizo eso una vez que venció) ni tampoco por haber sido una sencilla paloma (a veces se comportó también como serpiente), sino por haber sido un político moral. Moral no porque se golpeara el pecho, se arrodillara para perdonar o hiciera ascos a los caminos torcidos de la política, sino porque mostró a todos que en esta vida no se trata de alcanzar el poder o el éxito sin más, sino de ser dignos del uno o del otro (aunque, como ocurrió en su caso, se demoren en llegar).




OPINION

Madiba, más allá de la leyenda

Por Ariel Dorfman

No puedo evocar bien la primera vez que supe de la existencia de Nelson Mandela. Podría haber sido en 1962, cuando al futuro presidente de Sudáfrica lo condenaron a prisión perpetua en el roquerío destemplado de Robben Island. Podría haber sido en esa fecha, pero no lo fue.

Yo era a la sazón un joven de veinte años que, como tantos de mi generación en Chile, predicaba la revolución. Bajo el menor pretexto local, nacional o internacional, salía, junto a otros estudiantes, a las calles de Santiago a exigir justicia contra un viento y una marea de policías armados. Y, sin embargo, entre esa multitud de protestas no hubo una, que yo recuerde, que se organizara para reclamar la libertad de Mandela. Entendíamos, con borrosa claridad, que el apartheid sudafricano era una lacra racista, el sistema más inhumano y cruel en el mundo, pero su lucha era un mero resplandor lejano frente a la urgencia de una América latina empobrecida y ardiente. Ni siquiera durante los tres años de la presidencia de Salvador Allende –cuyo programa de liberación nacional pudo haber sido calcado de la Freedom Charter de la African National Congress– me llamó la atención la figura de Mandela.

Fue recién en 1973, cuando el golpe militar contra Allende me arrojó al exilio, me dejó sin ancla ni país, que el nombre de Mandela se fue convirtiendo en una especie de hogar y refugio, una llamarada de esperanza que me alentó los días del de-sarraigo con un feroz y tierno ejemplo de lealtad. Su significado creció más todavía debido a la torcida colusión de los dos regímenes parias, el de Pinochet y el de Vorster y Botha, que intercambiaban medallas y embajadores y exportaciones (incluyendo armas y gases lacrimógenos). Esas dictaduras hermanadas en su obsesión por eliminar toda rebeldía, toda disidencia, hicieron crecer aún más mi identificación con el destino de Mandela, hicieron que sintiera yo, como tantos que buscaban un mundo más decente e insobornable, que su lucha era la mía, era la nuestra.

No obstante lo cual, tuvo Chile que recuperar su democracia en 1990 –el mismo año en que Mandela finalmente emergió triunfalmente de la cárcel– para que yo comenzara a comprender que aquel ex preso político era bastante más que un símbolo o un eco. En un momento en que Sudáfrica y Chile y muchos otros países encaraban los dilemas turbulentos de una transición a la democracia, en que nos preguntábamos cómo hacer frente a los terrores del pasado sin ser rehenes del odio que ese pasado seguía engendrando, fue Mandela el que nos sirvió de modelo y guía. Al lograr que su patria se deshiciera pacíficamente del apartheid, al negociar con sus enemigos y mantener, sin embargo, su dignidad inquebrantable, nos dio, a tantos que habíamos luchado durante décadas contra la injusticia, una lección fundacional. Teníamos que aprender que puede ser éticamente más complicado navegar las tentaciones y matices de la libertad que mantener en alto la cabeza y el corazón batiendo fuerte en medio de una opresión que separa, sin ambigüedad, el bien del mal.

Admirable ese hombre que, pese a haber pasado casi treinta años en la cárcel, quizá porque pasó tanto tiempo coexistiendo con sus más enconados adversarios, comprendió que la reconciliación es posible, siempre, nos advirtió que no se traicione la memoria, siempre que se exija el arrepentimiento ajeno. Más que admirable. Porque justo cuando pensamos que no se lo podía venerar más, justo entonces decidió no eternizarse en la presidencia. Decidió dar un ejemplo de probidad y confianza en la democracia. Uno de los hombres más populares del planeta y un ídolo en su país prefirió no acumular todo el poder en su persona, prefirió preparar a su patria para el momento inevitable de su desaparición.

Ese momento ahora ha llegado.

Ahora tendrá el mundo, y en especial Sudáfrica, que poner rumbo al futuro incierto sin su prodigiosa presencia, lo que me atrevo a llamar su luz en nuestra oscuridad.

Y es ahora, por supuesto, que Mandela se nos irá haciendo cada vez más peligrosamente legendario. Si no se pudo defender en vida de la santificación insensata, ¿cómo podrá lograr desde la muerte que se lo trate, muy simplemente, como un ser humano de carne y hueso, alguien que, como todos los seres de nuestro universo, nace y come, come y ama, ama y muere?

Quisiera, entonces, en este instante doloroso en que Mandela se nos empieza a escapar entre los discursos y los encomios, los parabienes y los paramales, los monumentos y las estatuas, quisiera rescatar a ese hombre real, tangible, corpóreo.

Tuve la suerte de encontrarme con Madiba (su nombre de clan) el 28 de julio de 2010 cuando visité Sudáfrica para dar la Mandela Lecture, una conferencia que cada año se pronuncia en su honor. Cuando me cursaron la invitación –la primera a un latinoamericano y a un escritor–, mis anfitriones me dijeron que Mandela nos recibiría a mí y a mi mujer Angélica en su casa para almorzar, siempre, claro, que no estuviera enfermo. Resultó que su salud no permitió tal agasajo, pero sí pudimos juntarnos durante una hora en la sede de la fundación que lleva su nombre. Sería uno de los últimos encuentros de Mandela con una visita extranjera, alguien que no perteneciera a su entorno inmediato.

Me llamó la atención su fragilidad, la lenta precariedad de sus movimientos, la firmeza de su mano cuando empuñó la mía, la forma en que su cara se transformaba, como un sol al amanecer, cuando se ponía a sonreír. Y sus mayores sonrisas eran para Graça Machel, su segunda esposa, que lo ha cuidado en su vejez, a quien le debemos que un hombre tan maltratado en la cárcel haya sobrevivido hasta los 95 años.

¿De qué hablamos? De Allende, por cierto. Y de los ataques xenofóbicos a los foráneos y forasteros que son, según Mandela, una vergüenza nacional. Y de sus esperanzas para Sudáfrica.

Todo lo cual era predecible.

Lo especial viene cuando habla de su padre y su madre. Como todos los hombres de edad avanzada, vive una gran parte de cada día en el pasado remoto y, en esta ocasión, debido a que conversamos acerca de su cumpleaños, él menciona un incidente en que su padre golpeó a su madre, una degradación que no está consignada en ninguna de sus biografías.

De pronto, aparece otro Mandela. Alguien que adora a su padre, pero que lo critica. Alguien que quiere a su madre, pero que queda abochornado por su deshonra. Alguien que, mucho antes de ser el gran protagonista que salvó a su patria y ofreció un ejemplo moral inigualable a nuestra especie descarriada, fue un niño, chiquito e indefenso, dándose cuenta de que la injusticia siempre comienza por los actos más pequeños, los más aparentemente insustanciales. Un niño que presencia ese ataque contra su madre –o quizá se lo cuentan, quizá ocurrió antes de su nacimiento, no es evidente en su relato– y que se pregunta ante la inmensidad desolada del continente africano por qué existe el dolor, se pregunta acerca de un mundo autoritario que parece inalterable y que, sin embargo, necesita rectificarse, necesita ser mejor.

Ese es el Mandela del que me quiero acordar.

El que vivió día a día su siglo terrible y no salió dañado de su cautiverio.

El que cultivó un jardín en la cárcel.

Gozaba plantando y cosechando bajo la lluvia y bajo el sol, sabiendo que tal como ejercía un mínimo control sobre esa parcelita de tierra, también podía controlar su dignidad y sus memorias y la fidelidad con sus compañeros. El que compartía fruta y vegetales con los otros presos, pero también con sus carceleros, prefigurando el tipo de nación que deseaba y soñaba.

Es así como quiero recordar a Madiba.

Como un jardín que crece, así como crece la memoria. Como un jardín que crece como debería crecer la justicia. Como un jardín que nos reconcilia con la existencia y la muerte y las pérdidas irreparables. Como un jardín que crece, como crece Mandela adentro de todos nosotros, adentro del mundo que él ayudó a crear y que tendrá que encontrar a tientas un modo de serle fiel.

CON AGRADECIMIENTOS A:
Victoria Herrera
Carlos Aznárez