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domingo, 6 de noviembre de 2016
Libro sobre el gobierno de Allende y el Poder Popular, por Franck Gaudichaud
Chile. Sobre el
gobierno de Allende y el Poder Popular: el libro de Franck Gaudichaud
“Aspiramos a que el
régimen de la memoria no se viva como áspera condena”
Miguel Mazzeo
“Es raro leer un
libro llevado con tanta convicción en el esfuerzo de dar la palabra a las y los
de abajo”
Michäel Löwy
Andrés Figueroa Cornejo
Franck Gaudichaud es un francés con
medio corazón en Chile. De hecho, su compañera y su único hijo, Darío, nacieron
en el país del fin del mundo. Master en Historia, Doctor en Ciencias Políticas
y militante político y social, es autor de ‘Poder popular y Cordones
Industriales’ (Ed. LOM), ‘Operación Cóndor. Terrorismo de Estado en el Cono
Sur’, ‘Las fisuras del neoliberalismo chileno. Trabajo, crisis de la democracia
tutelada y conflicto de clases’ (Ed. Tiempo Robado y Ed. Quimantú), entre otras
publicaciones.
Su tesis doctoral para las y los
lectores de habla española de ‘Chile 1970-1973. Mil días que estremecieron
al mundo. Poder popular, cordones industriales y socialismo durante el gobierno
de Salvador Allende’, publicada en el país andino por Ediciones LOM, fue
lanzada en la Sala Domeyko de la Casa Central de la Universidad de Chile el
pasado 2 de noviembre ‘a tablero vuelto’.
La creatividad popular
Franck Gaudichaud indicó que “el
punto de partida del libro fue volver a una historia sobre la cual existe un
océano biográfico, pero donde, paradójicamente, queda mucho por investigar.
Cuando comencé, lo que más me llamó la atención fue que hay un actor central
del proceso muy poco investigado: el movimiento obrero. Hay mucho sobre los
partidos políticos, sobre el gobierno, sobre la intervención imperialista, etc.
¿Pero dónde estaban los que hicieron el proceso, los trabajadores, los
sindicatos, los territorios y poblaciones? ¿Qué pasaba en las fábricas, en la
base? Queda mucho por estudiar sobre lo que ocurrió en las regiones. Yo creo
que es uno de ‘los tesoros perdidos de la Revolución Chilena’, estos es, hay
que recuperar toda la riqueza de ese período que fue fiesta y drama, pero
también fue mucha creatividad popular.”
Durante el lanzamiento, Gaudichaud
proyectó explicativamente una serie de fotografías que ilustran los mil días
del gobierno de la Unidad Popular, en especial, desde abajo, desde los
trabajadores y el pueblo.
“Compañero”
En la presentación, la traductora al
español del texto originalmente en francés, Claudia Marchant (co-editora de
Tiempo Robado Editoras), señaló que “a través de la traducción de la tesis
doctoral de Franck tuve la oportunidad de conocer y entender mejor un texto de
mi padre, el filósofo chileno Patricio Marchant, y la importancia y fuerza que
le asignó a la palabra ‘compañero’. La fuerza de la dignidad de un momento histórico
en el país, vivido por personas comunes y corrientes que no dudan en decir que
los años de la Unidad Popular (1970-1973) fueron los más felices, los más
plenos, los más importantes. A pesar de las dificultades, de las peleas, del
trabajo duro y de la derrota posterior, de la dictadura y de nuestra actual
pos-dictadura.
Patricio Marchant escribía en 1989,
‘el régimen de Salvador Allende pudo tener los orígenes sociales, históricos,
económicos que se quieran. Pudo tener, y los tuvo, todos los errores que se
quieran. Pero para quienes lo vivimos a través de la música de la palabra
‘compañero’, constituyó la única experiencia ético-política de nuestra vida.
Esa es la absoluta superioridad moral, ese ser distinto, de otra especie, sobre
los que nada supieron de la palabra compañero. Mérito evidentemente no de
nosotros, no de nuestra individualidad o de nuestro ser persona. Mérito de esa
palabra, de esa música. Música-palabra que no fue inventada por alguien.
Música-palabra que dice cuáles eran las fuerzas de ese proceso histórico y nos
señalaba sólo eso: la posibilidad de un corresponder a ese proceso. Compañero.
Porque una cosa es Salvador Allende, otra esa música ‘Compañero Presidente’,
ese fundamento de la grandeza de Salvador Allende. Atenuándose, las
desigualdades persistían entre nosotros. Iguales éramos, sin embargo, al saludarnos
como ‘compañero, compañeros’. Ese sueño, poco tiempo realidad, convirtió a
Chile en un país digno de respeto.’”
“Una memoria para las luchas del
presente”
Marchant manifestó que “Es ese país
digno de respeto el que Franck nos ofrece hoy. En su trabajo vemos con hechos
concretos cómo desde abajo se vivió ese proceso. Repasa los momentos más
importantes de la movilización popular, sin por ello dejar de ver sus errores,
titubeos y sus dificultades. Sin dejar de lado tampoco, la interacción con la
revolución desde arriba, impulsada por las medidas de Salvador Allende y los
partidos políticos de la Unidad Popular. Nos relata con bastante detalle,
especialmente los cordones industriales de Cerrillos-Maipú, de Vicuña Mackenna,
sin dejar de mencionar a las demás coordinaciones en provincia, en Arica,
Valparaíso, Concepción, Osorno, Punta Arenas, entre otras. La lucha de los
pobladores y del campamento Nueva La Habana, la Asamblea de Concepción en julio
de 1972, la Toma de Constitución en febrero de 1973. Las posiciones de los
diferentes actores políticos y sociales; los mecanismos de participación desde
arriba y desde abajo; los periódicos que salieron a la luz en esos días; la
expresión de la lucha cultural e ideológica en curso. Levanta cuadros y lista
territorios y su expresión de poder popular; identifica fábricas y dirigentes
involucrados, dejando la cancha abierta para todos aquellos que quieran seguir
investigando este período. Pero no se trata de episodios aislados, algunos de
los cuales han sido tratados con profundidad en otros textos y quedan
debidamente referenciados aquí. Sino que el panorama, el paisaje que se dibuja,
nos permite tener una visión de conjunto de lo que estaba pasando en los
diferentes frentes y lugares. Aunque, sin dudas, como el mismo autor lo ha
reconocido, hay territorios menos indagados, entre los que podemos mencionar el
campo chileno, las comunidades mapuche y no mapuche asentadas en la
pre-cordillera y cordillera, que también tuvieron momentos excepcionales de
desarrollo de poder popular, como lo fue el complejo maderero y forestal
Panguipulli. Tampoco deja de lado a la oposición y su organización, sus
dirigentes y articulaciones. El paro de octubre de 1972 es un momento álgido
del texto, así como la forma en que el gobierno y el pueblo movilizado van
procesando la embestida patronal. Tampoco se trata de levantar un cuadro
heroico de un proceso excepcional. La idea no es construir una memoria y una
historia petrificada y despolitizada. Se trata de una memoria para las luchas
del presente. No como legado para las nuevas generaciones o no solamente para
ello, sino que para hoy, para las y los movilizados de nuestro presente.”
La traductora del texto agregó que
“Me imagino que Franck comparte las expresiones de Miguel Mazzeo (historiador,
académico y militante político-social argentino) que trabaja el tema del poder
popular hoy. Mazzeo escribe que ‘no se trata de que nuestro abordaje esté condicionada
por las políticas de la memoria y no por las necesidades inherentes al proyecto
emancipador en Nuestra América. Aspiramos a que el régimen de la memoria no se
viva como áspera condena. Cuando el pasado es el único lugar del encuentro, o
el lugar privilegiado para la realización de nuestros sueños, el presente puede
ser el lugar de la pasividad, el fatalismo, la ambigüedad, las querellas
superficiales y la mera retórica. Las políticas de la memoria, cuando no
promueven síntesis políticas y balances prácticos, cuando opacan el presente y
el futuro, pueden terminar como un recurso de las clases dominantes, como un
procedimiento destinado a conjurar la praxis emancipadora actual, porque de
esta manera instalan en la sociedad la idea de que ese pasado nunca será
futuro’.”
Los intersticios de la academia,
ventanas abiertas al fragor de las calles
Claudia Marchant comentó que “También
podemos destacar las palabras Michäel Löwy en el prólogo del texto de Franck en
su edición francesa: ‘es raro leer un libro llevado con tanta convicción en el
esfuerzo de dar la palabra a las y los de abajo, en ruptura con las lecturas
tradicionales, esencialmente institucionalistas, de la trágica, pero
apasionante experiencia chilena. Un trabajo que no esconde su enfoque, su
método: analizar los hechos desde el punto de vista de la lucha de clases.
Tampoco esconde su empatía crítica con la causa de los vencidos del golpe de
Estado militar. Lo trabajadores, los oprimidos y los explotados. Y en
particular en este libro, del poderoso movimiento obrero chileno’.
Franck retoma el desafío que tan
claramente Luis Martín Cabrera expresa en un texto que Proyección Editores
lanzó hace pocos días y que ha copado nuestras últimas conversaciones:
‘Insurgencias invisibles’. Dice Luis Martín que ‘los profesores deberíamos
salir de nuestras guaridas académicas, al menos de vez en cuando, a trabajar en
las comunidades. No para dictar conferencias o para apropiarnos de sus
conocimientos y encerrarlos en nuestros papeles. Si no que para intercambiar
conocimientos, para socializar nuestros privilegios e insertarlos en una lógica
de tiempo y espacios robados. Pensar en los intersticios de la academia,
ventanas abiertas al fragor de las calles’.”
Mito, realidad y los trabajadores
organizados por abajo
Mario Olivares (dirigente sindical,
ex militante de los cordones industriales) dijo en la presentación de la obra
que “soy un hombre viejo, soy un sobreviviente de esa experiencia. En esa época
trabajé en una de esas industrias más o menos emblemáticas de lo que fue el
cordón Vicuña Mackenna de Santiago. Entonces yo era dirigente sindical y
militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). A mis 66 años, sigo
siendo un dirigente sindical activo de los trabajadores de la Viña San Pedro,
la segunda vitivinícola de exportación del país que hace parte de la CCU, cuyo
propietario es el grupo económico Luksic.
Sobre el libro de Franck, me parece
interesante cómo recoge la información. Toma referencias de otros autores que
han escrito sobre el proceso de la Unidad Popular y de los cordones
industriales. Pero lo que me parece más interesante aún, es que Franck conversa
con muchos compañeros como yo, que fueron obreros al interior de las fábricas.
Entonces, al leer el libro, uno se da cuenta que el análisis que tenía la
conducción de los partidos de izquierda de la época respecto de lo que nosotros
estábamos sintiendo abajo, no encaja bien. Allí uno se percata de que existían
muchas situaciones que tenían más que ver con mitos que con la realidad. No hay
ninguna duda de que el ascenso del gobierno de Allende en Chile provenía del
aumento de las luchas populares que venían de muchos años atrás. Pero lo más
importante es que cuando adviene la Unidad Popular, más allá de su programa
político, creó la expectativa en la clase trabajadora organizada de que era
posible iniciar un proceso de transformaciones radicales, de justicia y de
igualdad, que apuntaba a la construcción del socialismo. Los dirigentes
sindicales por primera vez, comenzaron a tomar confianza en ellos mismos y se
empoderaron de su capacidad como trabajadores. Entonces había sectores que
criticaban de ‘ultraizquierdistas’ a muchos trabajadores que con su conducta
estarían prácticamente ‘poniendo en peligro’ el programa de Allende, en el
marco de cómo se avanzaba. En este sentido, mientras se fue agudizando la lucha
de clases en la sociedad chilena, naturalmente hubo sectores de la izquierda
que radicalizamos nuestras posiciones, incluso más allá de las propias
direcciones de esos partidos. Como teníamos a las fuerzas de la reacción, de la
burguesía en contra de todo el proceso, nosotros, los trabajadores organizados
por abajo, nos impusimos la tarea de crear nuestras propias formas para
defendernos de esos embates. Eran formas alternativas bastante básicas. Como
era muy fuerte el mercado negro, frente a Cristalerías Chile empezamos a
realizar una distribución directa de los productos de las tantas fábricas e
industrias de la zona. De las que habían sido estatizadas, como de las que fueron
tomadas por los trabajadores. Los trabajadores le habíamos exigido al gobierno
de Allende que esas empresas fueran intervenidas y pasaran al control obrero,
donde nosotros empezamos a administrar la empresa, por supuesto con un
interventor nominado por el gobierno.
Cuando se vino el paro de los
camioneros que intentó paralizar completamente al país, nosotros, para evitar
que ellos lograran su objetivo, requisamos microbuses en la calle con el fin de
llevar y traer a los trabajadores para que las fábricas no dejaran de producir.
Claro que estas iniciativas no fueron absolutamente espontáneas. Había
direcciones y expresiones de distintos sectores, del Partido Socialista, del
MIR, que daban orientaciones de cómo la clase trabajadora debía pasar a la
ofensiva.
Cuando yo llegué a la fábrica de
muebles a trabajar, además de la explotación brutal, de los bajos salarios, de
las ‘ventas negras’ para evitar impuestos, la producción de muebles estaba
destinada a los sectores más pudientes y no a los trabajadores. Muchos de mis
compañeros vivían en campamentos, en zonas marginales. Entonces cuando nos
tomamos la empresa decidimos producir una línea de muebles económicos, dignos,
decentes, para los propios trabajadores de la fábrica. También hicimos
alrededor de 10 mil linchacos (barra doble de madera) para que se defendieran
los compañeros de las fábricas intervenidas y tomadas.
Entre la guerra por la producción y
la toma del poder
Mario Olivares, con honesta memoria,
informó que “En medio de todo se encontraba la agudización de la lucha de
clases y la opinión de sectores de izquierda que querían detener la irrupción
de los trabajadores más radicalizados. Nos decían que ‘no querían una guerra
civil’, que la única guerra era ‘por la producción’. Nosotros pensábamos en la
toma del poder. De esa manera, se formó una dirección político-sindical en el
cordón Vicuña Mackenna con las empresas más emblemáticas, salvo las textiles
que estaban controladas principalmente por los compañeros del Partido Comunista
(PCCh). Y en esa dirección político-sindical nos rotábamos. ¿Qué quiero decir?
Que no existía una democracia plena, no era que los trabajadores de base a los
que uno representaba elegían a la dirección directamente. Era más bien un
acuerdo entre los partidos políticos que teníamos cierta hegemonía en la
dirección. Sin embargo, a través de esta instancia, se hablaba de hacer un
poder paralelo al poder burgués para intentar dar un salto adelante. Ahora
bien, según mi experiencia, yo creo que confundíamos los sueños políticos con
la realidad. Se hicieron algunas experiencias que tímidamente tuvieron esa
expresión. Por eso el libro de Franck manifiesta lo que yo viví y logra matizar
distintas miradas de lo que fue el proceso de una manera coherente e
inteligente y sin descalificaciones. Al fin, yo pienso que los sueños no han
muerto y sigo peleando.”
domingo, 18 de enero de 2015
Pensando el Poder Popular
ELEMENTOS PARA LA
REFLEXIÓN Y
EDUCACIÓN POLÍTICA
Y POPULAR
Pensando el poder popular

REFLEXIÓN Y
EDUCACIÓN POLÍTICA
Y POPULAR
Pensando el poder popular
Más que una memoria en blanco y negro, el poder popular constituye la experiencia de ser constructores de nuestro propio destino a través del ejercicio de la democracia directa y la autonomía. Centrado en el territorio inmediato, el poder popular constituye espacios de anticipación social y política e implica asumir el potencial liberador de la propia fuerza. Un ejercicio para ensanchar el sentido común y el horizonte de lo posible.
EL CIUDADANO
Para muchos hoy el concepto de poder popular se presenta como una consigna trasnochada en una época de gerenciamientos, verticalización del mando en las organizaciones y la cultura de los CEO, tan promovidas por los medios del modelo neoliberal.
Pero la experiencia en Chile, sobre todo durante la Unidad Popular, y en Argentina a partir de 2001, dan cuenta que es posible pensar en formas de organización horizontales y en las que las decisiones sean tomadas por los dueños de su trabajo. Esta es una de las perspectivas que abre el libroReflexiones sobre el poder popular de Tiempo robado editoras, que reúne once artículos de diferentes autores en torno al poder popular.
La publicación que fue editada en 2007 por la editora argentina El Colectivo, fue ampliada a 11 artículos sobre el poder popular en Chile y Argentina. Si en Chile la memoria del poder popular está anclada a la experiencia de la Unidad Popular, en el país trasandino su máxima expresión se dio a fines de los años 1990 con las resistencias al neoliberalismo, cuyas políticas fueron iniciadas por el presidente Carlos Menem, que tienen su metáfora en el “que se vayan todos” y la salida de miles de argentinos a las calles para ensayar variadas formas de reorganización popular.
También en el libro se comenta que en Chile, con mayor fuerza desde el 2011, también se han venido levantando diversas formas de articulación y movilización. Por ello Tiempo robado editoras aspira a que las organizaciones y colectivos movilizados en el presente encuentren en estos textos, herramientas para su propia reflexión, debate y proyección. “El poder popular constituye espacios de anticipación social y política e implica asumir el potencial liberador de la propia fuerza”- comentan Miguel Mazzeo y Fernando Stratta, investigadores de los procesos de poder popular en Argentina.
UNA MEMORIA DEL PODER POPULAR PARA TRANSFORMAR EL ORDEN SOCIAL
En el prólogo de la publicación el investigador chileno Cristóbal Bize Vivanco se refiere a la vigencia y necesidad de las memorias del poder popular. El psicólogo e historiador comenta que el ejercicio de la memoria “no se trata de un ejercicio de denuncia de los horrores del terrorismo de Estado, o de los intersticios perversos a través de los que llegó a implantarse el modelo; sino de una búsqueda encaminada a rebasar los márgenes así impuestos y a volver fecundas sus fisuras, en vistas de las alternativas para imaginar otro Chile posible”.
Para el autor está en juego “permitir a las nuevas generaciones de chilenos reaperturar nuestra propia historicidad”.
Bize, quien desarrolló su análisis a partir de la experiencia de los trabajadores de la madera en Neltume, plantea comenzar a comprender la construcción del poder popular desde la noción de territorialidad. O sea, considerar los centros de la Reforma Agraria (CERA), las poblaciones y las fábricas, espacios inmediatos de control popular. “Todo indica que, en primer término, fue la vivencia concreta de control territorial; la vivencia subjetiva que miles de trabajadores (…) desarrollaron en esos espacios del habitar, lo que inscribió la sustantiva diferencia respecto de cualquier otro período histórico”. Se trató de la experiencia de ser “constructores de nuestro propio destino” a través del ejercicio de la democracia directa y la autonomía (11).
El autor destaca que la estabilidad del modelo surgido tras la dictadura hizo la ecuación de establecer una verdad para la ‘democracia protegida’ de los años 1990, la que se cimentó en la desvinculación simbólica de las luchas emancipatorias desarrolladas antes del golpe de Pinochet, lo que definió los “límites aceptables de la memoria” en las violaciones a los derechos humanos, dejando de lado sus procesos de poder obrero y campesino anteriores.
Por eso para Bize es clave el significante ‘poder popular’, ya que “opera como soporte o vehículo de un vector que tiende a reconstituir los nexos entre el presente y las experiencias previas al episodio traumático que representa el golpe de estado” (13). El rescate de dicha memoria de autoorganización popular, inédita en su época, permitiría según Bize, “instalar en el presente perfilamientos contra hegemónicos capaces de infundir, creciente y masivamente, un sentimiento de historicidad; de generar las condiciones para una disputa al nivel del sentido común que tienda a dar cabida, nuevamente, a las posibilidades de transformación del Orden social” (14). O sea, se trata de aprender de las experiencias de poder popular para “ensanchar el sentido común”.
SOCIALISMO ≠ POPULISMO
En la Introducción, los investigadores argentinos Miguel Mazzeo y Fernando Stratta proporcionan un marco conceptual para diferenciar el populismo del poder popular. Para ellos populismo y socialismo son modos antagónicos de construcción de las demandas globales. Son antagónicos en el modo de inscribir las demandas, siendo el populismo compatible con el clientelismo y el paternalismo.
En un primer momento consideran indispensable articular lo político con lo social, develando la politicidad de los conflictos, incluyendo los cotidianos (19). Esto sería una marca que diferenciaría los procesos de poder popular del populismo, que definen como una aventura vertical de poder que no crea capital social. Así, la participación popular es clave.
En el socialismo “el poder popular tiene que asumir la necesidad de ampliar la conciencia gubernamental del pueblo” (23). Si bien implica establecer una relación con el Estado y resolver el problema del poder estatal, dicha experiencia requiere “el desarrollo de formas de mando. Pero un mando horizontal, democratizado, heterárquico” (24).
Mazzeo y Stratta comentan que para el socialismo ‘pueblo’ “es la fórmula que articula pluralidades subalternas; el hilván de luchas, construcciones y resistencias de los de abajo; el nombre de un sujeto revolucionario autoconstituido en la lucha de clases” (20). Así, para ellos el socialismo es algo horizontal y cuando se le invoca desde una tarima se lo pervierte.
El poder popular constituye espacios de anticipación social y política e implica asumir el potencial liberador de la propia fuerza (23). Así desde los cordones industriales que dieron sostén a la unidad popular en el territorio mismo durante el paro de octubre de 1972 en Chile hasta las fábricas recuperadas por sus trabajadores en Argentina, como Ex Zanon en Neuquén o la fábrica Brukman o el Hotel Bauen en Buenos Aires, dan cuenta de un proceso en que los actores políticos, los trabajadores, parten en un punto que los lleva a un proceso de transformación dados por su propia fuerza.
En Argentina, tras la crisis económica de 2001, más de 350 empresas fueron tomadas para ser gestionadas por sus trabajadores, ya sea bajo la forma de control obrero o cooperativas. Llamadas fábricas sin patrones, toman decisiones en asambleas, tienen iguales salarios y sobrevivieron gracias a la solidaridad de vecinos, organizaciones sociales y legislaciones de bien común.
Otros artículos incluidos en el libro son: Poder popular y socialismo desde abajo de Omar Acha; Poder popular, Estado y revolución de Guillermo M. Caviasca; El poder popular por Rubén Dri; Gramsci en la América Latina actual: hegemonía, contrahegemonía y poder popular, escrito por Daniel Campione; Más acá del Estado, en el Estado y contra el Estado. Apuntes para la definición del poder popular, de Esteban Rodríguez; Actualidad de la revolución y poder popular por Aldo Casas; La izquierda autónoma en el laberinto: apuntes sobre el poder popular en Argentina, hecho por Mariano Pacheco y Esteban Rodríguez; Hacia una política prefigurativa. Algunos recorridos e hipótesis en torno a la construcción del poder popular, de Hernán Ouviña; Elogio de la imprudencia. Sujeto, identidad y poder popular, de Federico Polleri; y ¿Universidad +iva o universidad masiva? Construcción de poder popular en la universidad, escrito por los estudiantes organizados en el FPDS.
Mauricio Becerra R.
@kalidoscop
El Ciudadano
Peter Winn, historiador: “Los cordones industriales fueron un salto cuántico para los trabajadores”
El historiador norteamericano que hizo uno de los relatos más vívidos de la Unidad Popular conversó con El Ciudadano sobre la experiencia de los cordones industriales, cuya gestión obrera superó a la administración patronal del Chile de los ’60. Su puesta a prueba en el paro de octubre de 1972 le permitió al gobierno de la UP mantener la producción y distribución de mercaderías a lo largo del país junto con empoderar a los dueños de su trabajo.
Sentarse cerca de un par de gringos que andaban haciendo turismo político a principios de los ’70, le imprimió un giro al trabajo de Peter Winn. El historiador venía de Lima e iba rumbo a Montevideo a culminar una tesis sobre la influencia británica durante el siglo XIX, pero cuando lo invitaron a acompañar a los turistas a visitar una extraña experiencia: fábricas tomadas por sus trabajadores, se vio frente a una historia con protagonistas de carne y hueso.
La visita a la fábrica de algodón Yarur, tomada por sus trabajadores en abril de 1972, lo impresionó de tal forma que decidió hacer la historia de dicho proceso recurriendo a las voces de sus protagonistas. Sin darse cuenta comenzó uno de los relatos más vívidos de aquella época que dio cuenta de las tensiones de la Vía Chilena al Socialismo entre los protagonistas obreros, la revolución desde abajo, y el proyecto político de los dirigentes de la UP, la revolución desde arriba.
Hoy el libro ‘Tejedores de la revolución. Los trabajadores de Yarur y la vía chilena al socialismo’ (LOM Ediciones), es reconocido por historiadores como Alfredo Jocelyn Holt o Gabriel Salazar como uno de los mejores registros de la historia chilena.
Winn es profesor de Historia y director de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Tufts, Boston. Ha enseñado en las universidades de Yale, Princeton y de Chile. También es autor de ‘Inglaterra y la tierra púrpurea: a la búsqueda del imperio económico (1806-1880) y es editor de la revista International Labor and Working Class History (ILWCH).
¿Por qué su interés por la historia oral?
– Como la mayoría de las cosas en mi vida es por pura casualidad. Yo iba rumbo a Uruguay, donde investigaba sobre un tema, pero en un viaje entre Lima y Santiago, me encontré con unos norteamericanos que estaba haciendo turismo político en Chile y visitaban a grupos activistas. Me dijeron que iban a ir al otro día a una fábrica tomada por los trabajadores y si acaso podía acompañarlos. Así llegué a la fábrica Yarur en 1972.
¿Qué te llamó la atención de dicha experiencia?
– Cuando fui con los norteamericanos me dieron ganas de quedarme unas horas más luego de que ellos se fueron. Recuerdo que pasé casi un día entero en la fábrica. Me quedé conversando con trabajadores jóvenes, viejos, militantes, interventores y opuestos a dicho proceso hablando de dicha experiencia. Salí convencido de que esa historia era la que había que hacer.
En tu obra haces la distinción entre la revolución desde arriba y la revolución desde abajo. ¿Por qué escogiste esta última?
– Porque todo el mundo en Chile hablaba de la revolución proletaria, pero nadie estaba hablando con los trabajadores, sino que el análisis era por arriba, visitando a los políticos y los dirigentes de la Unidad Popular. Los trabajadores sabían muy bien su experiencia, podían contarlo con gran elocuencia, pero lo más probables es que no llegaran a escribirla. Entonces cómo se puede concebir estas narrativas, estas experiencias desde abajo, la única forma de hacerla posible era con la historia oral.
¿Cómo partió tu primer contacto con los trabajadores de la que ya era Ex-Yarur?
– Cuando propuse hacer la historia de la experiencia de la Ex Yarur, tuve que pasar por la aprobación de los dirigentes, los interventores del gobierno y por la asamblea de los trabajadores. Les presenté mi propósito y les expliqué qué es lo que quería hacer, para conseguir su aprobación y colaboración. Les gustó la idea, así que me permitieron hacer mi trabajo.
ALLENDE: UN VIEJO POLÍTICO
Cuando en tu libro te refieres a Salvador Allende, dices que era un político viejo para una nueva política…
– Allende fue un hombre que estuvo durante toda su vida ligado a las instituciones tradicionales del poder político. Desde que fue ministro de Pedro Aguirre Cerda tuvo una trayectoria perfecta como político chileno: fue diputado, senador, presidente del Senado y cuando tiene más de 60 años se hizo cargo del proceso de la Unidad Popular, que se desbordó en lo que yo llamo la ‘revolución desde abajo’. A eso llamé la nueva política al servicio de un viejo político. No por nada siempre Allende confió en las instituciones al ser por más de 30 años parte de dichas instituciones.
¿Qué puedes decir de su trascendencia histórica?
– Cuando entrevisté a Allende le pregunté por lo que decían en la oposición de que era ambicioso. Allende me dijo que sí, que se trataba de una ambición histórica. Su horizonte era en una sociedad con una democracia consolidada llegar al socialismo sin perder el sentido democrático.
EL PARO DE OCTUBRE
También sostienes que el paro de octubre de 1972 fue la hora de la puesta a prueba de los cordones industriales.
-La unidad de los cordones industriales que habían proliferado desde 1971 fue determinante para detener la ofensiva de la derecha contra el gobierno de Allende. Que se hayan juntado trabajadores de distintos oficios y fábricas significó una organización que pudo mantener la producción del país y rearticular la boicoteada red de distribución. También fue un salto cuántico en la organización, conciencia y movilización de los trabajadores.
Pese a que los trabajadores arrastraban una pesada memoria de represión patronal…
– La memoria influyó mucho con toda la carga de historias y derrotas. No se nace de un día para otro.
¿Cuál fue el rol del Gobierno frente a este proceso?
– Desde el gobierno y las instituciones, incluso la CUT, hubo un gran intento de frenar dicho paro, pero no fue suficiente. Entonces en ese contexto se apeló a la producción desde abajo, a la gente de las fábricas y los cordones industriales. A mi juicio ese fue el momento culmine de los cordones. La gente trabajaba, descargaba alimentos, se preocupaba de mantener el abastecimiento del país. La revolución desde abajo y de arriba lograron empatar a la derecha en el paro de octubre. Esa fuerza que tiró hacia el mismo lado fue fuerte.
¿Cuáles fueron las condiciones de posibilidad que hacen posible dicho nivel de organización obrera?
– Si bien tiene que ver con que había un gobierno de izquierda en La Moneda, esa condición no fue la suficiente. Mi lectura es que se necesitaban las dos cosas en sintonía.
CORDONES INDUSTRIALES
¿Cuál fue a tu juicio el rol de la CUT frente a los cordones industriales?
– La CUT, como institución y políticamente, debiera haber servido como puente entre la revolución desde abajo y la revolución desde arriba, pero los dirigentes de dicha central sindical veían los cordones industriales con algo de antagonismo y alarma. Los cordones así suponían una amenaza a la hegemonía de la CUT, al representar un proyecto de participación no partidario, sino de clase. Si hasta los trabajadores militantes de la DC para el paro de octubre desobedecieron a sus dirigentes y se unieron al trabajo de sus pares, constituyendo así una alianza de clase antes que política. La CUT y los cordones fueron aliados y rivales a la vez. Había tensión entre los cordones y la CUT, la que es un ejemplo emblemático de la tensión entre la revolución desde abajo y desde arriba. Hubo coordinación y esfuerzos juntos, pero no dejó de haber tensión en el proceso.
¿La emergencia de los cordones qué significó desde una perspectiva histórica?
– En la historia sindical chilena los cordones fueron un intento de trascender los límites impuestos por el Código Laboral que dice que las organizaciones están ligadas a un solo territorio o un rubro determinado. Un cordón juntó a fábricas de distintos rubros y las hizo relacionarse en una misma organización.
¿Y en términos de gestión?
– El control por parte de los trabajadores fue una perspectiva muy moderna en Ex Yarur, la que sucedió a un empresariado chileno manejado entre redes familiares y con lazos fuertes en lo político. El control obrero le dio racionalidad industrial a la fábrica de Ex-Yarur. El dinamismo de dicha experiencia abarcó desde arreglos de los sistemas de ventilación, mejores beneficios para sus trabajadores, regalías y en la calidad del trabajo, incentivos a sus hijos; como en las experiencias subjetivas de empoderamiento.
¿Hubo democracia participativa al interior de las fábricas?
– Sin duda. No era del gusto de todos, pero hubo mucha participación, pese a que fue un aprendizaje en el camino porque no había modelos. Como experimento, la Ex-Yarur fue bastante exitoso, no así todas las fábricas.
¿Qué diferencias vislumbra con la situación actual de las fábricas gestionadas por sus trabajadores que hoy operan en Argentina?
– En Argentina dichas fábricas son producto de la crisis económica y el abandono por parte de sus patrones. Acá en Chile fue una toma de las fábricas por parte de sus trabajadores. En el sentido de la producción se parecen, aunque en Chile hubo cogestión junto a los interventores del gobierno. En Argentina ese apoyo del gobierno no se da.
Mauricio Becerra R.
El Ciudadano
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