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jueves, 19 de marzo de 2015
LA CLASE POLÍTICA CHILENA CORRUPTA Y DEGENERADA.
“Chile fértil provincia y señalada
en la región antártica famosa,
de remotas naciones respetada
por fuerte principal y poderosa;
la gente que produce es tan granada,
tan soberbia, gallarda y belicosa,
que no ha sido por rey jamás regida
ni a extranjero dominio sometida”.
Tanto hemos cambiado, que nos sucedió, de nación
principal, pasamos a ser lacayos del imperialismo. De un pueblo tan granado,
tan soberbio, tan gallardo, pasamos a convertirnos en una tropa de estafadores,
de ladrones y cobardes. Tanto hemos cambiado desde que Alonso de Ercilla y
Zúñiga escribiera su poema épico.
Esa fértil provincia, ahora llena de cemento y
edificios de departamentos sin ninguna finura arquitectónica. Deambulan los
seres anónimos, viajan por el transantiago, por la ironía de la vida ese medio
de transporte colectivo mutó en un sistema socialista, ya que la gente, esa
misma gente que vota (los que votan cada cuatro años, porque los otros se
abstienen sin saber porque se abstienen), en su mayoría no paga el pasaje, tal
vez se dirán en silencio. “Bueno si todo roban, porque no robo yo también”.
Los que no
viajan en micro lo hacen en el metro, hombres, mujeres, escolares, madres con
sus hijos en coche, obreros de la construcción, oficinista, estudiantes apretados
como sardinas, eso sí hay un denominador común la mayoría de los pasajeros
expresan sin temor su relación de naturaleza simbiótica entre el hombre y la
maquina, o mejor dicho entre las dos manos y su celular.
Este chileno medio como orgullosamente se gusta auto
definirse, vive atrapado o mejor dicho vive en un estado de naturaleza
permanente de alienación, entre vender o arrendar diariamente su fuerza de
trabajo, al capitalista, después que se ha vendido por 10 o más horas, queda
atrapado por las tarjetas de créditos, el constante endeudamiento al
supermercado, al banco, las tiendas comerciales.
Nuestro ciudadano medio sigue adentrándose en el laberinto
neoliberal, huyendo de su verdadera realidad de trabajador explotado, olvidó
cual es su papel en esta sociedad, pasó de una rica fase de organización y
enfrentamiento contra el poder burgués, a un estado pasivo y de resentimiento
social no contra su explotadores sino contra sus iguales, que de vez en cuando
saca a relucir su racismo frustrado contra el peruano, el colombiano, pero no
dice nada o mejor dicho queda en silencio rastrero ante los españoles, que
huyen de una España que está envuelta en una crisis económica.
“Pobrecito mortal” (como dice una canción de Florcita
Motuda), desde que se levanta para ir al trabajo, donde pierdes horas y horas
en el transporte público, que la mayor parte de su vida asalariada lo pasa en
el trabajo, y los ratos de ocios va junto a su familia al Mall más cercano de
su casa.
En qué momento los millones de trabajadores, los
esclavos del neoliberalismo, con un salarios promedio inferior a $ 400.000,
mientras los Bravos de PENTA ganan 36 millones de pesos, los ministros los diputados
y senadores con sueldos superiores a 20 millones.
Los millones de trabajadores ¿en qué momento tienen
una pausa, ya sea en su lugar de trabajo, o en su casa, para ver las noticias,
o comprar un diario e informarse de lo que pasa en este largo y quebrajado
país?
No lo tienen, el neoliberalismo depredador le inoculó
en su ADN, el individualismo, el egoísmo, el apoliticismo, el desprecio a una
noble actividad que es participar en política, y cuando hablo de política, no
me refiero a la política partidista; Aristóteles sostenía que los ciudadanos
que no se preocupaban de los asuntos de la ciudad “Eran unos idiotas”. Hoy en
día los idiotas salen por todos poros de la ciudad, que duerme en un letargo
permanente.
Mientras los otros, se enriquecen, y quienes son los
otros, esos mismo que azuzaron a los militares para derrocar al Gobierno
Constitucional del Doctor Salvador Allende, esos otros son los mismos que
gobernaron junto al tirano, y se enriquecieron vendiendo las empresas que
estaban en manos del Estado, esos mismos los otros que han gobernado y siguen
gobernando con los Gobiernos de la Concertación, el Gobierno de la “alianza por
Chile”, y los mismos políticos de antaño se cambian de nombre y se hacen llamar
“la nueva mayoría”; esos los otros, no somos nosotros, no es el pueblo
trabajador, que está totalmente ajeno a la riqueza que han acumulados los ricos
de la dictaduras y los nuevos ricos de los Gobiernos postdictatorial.
Es una santa alianza entre pinochetistas, empresarios
y los políticos corruptos y degenerados de la flamante “nueva mayoría”.
Que los comunistas no se laven las manos, ellos son
parte integrante de los otros, por lo tanto deben asumir ante la historia su
responsabilidad política de ser parte de un Gobierno cobarde, rastrero,
yanacona, anti obrero, que no venga después con la misma cantinela de
victimarse y aún que se laven las manos, las seguirán teniendo sucias.
Nuestro pueblo trabajador ha perdido su capacidad de
asombrase, de tener una mentalidad crítica frente a los hechos cotidianos que constantemente
están sacudiendo al país, ¿Porqué? Por que perdió su conciencia de clase,
conciencia que le legaron los obreros organizados en la combativa Federación
Obrera de Chile, en la clasista Central Única de Trabajadores, la del año 53,
la que fundó el legendario Clotario Blest; también dejo de lado su conciencia
política, perdió todo interés de participar en sindicatos, no se involucra en
los problemas mínimos de su población, dejó de motivarse y perdió todo interés
en la actividad política.
Los otros son la minoría, tienen el poder político,
económico y militar, son dueños de las AFP, de la banca, del comercio, de la
gran industria minera, de las tierras, el agua y un cuanto hay; compran
Diputados, Senadores y Alcaldes, estafan al fisco, sobornan al empleado
público, no acatan los fallos de la Corte Suprema, los Ministros están dentro
de su nomina de pagos; por lo tanto trabajan para los otros no para nosotros.
¿Y porque pueden hacer todo eso y mucho más todavía?, Los otros fuera de tener
a sus pies los tres poderes de la democracia burguesa, el legislativo, el
judicial y ejecutivo, debemos incluir a las fuerzas armadas, cuentan con una
herramienta mucho más poderosa, que todos esos poderes juntos, esos otros que
son minoría, son una minoría poderosa porque están organizados.
Nosotros por otro lado somos mayoría, mayoría
trabajadora desorganizada, apática, totalmente enajenada, nos manda la tarjeta
de plástico, somos rehenes de los préstamos usureros de la banca.
El año 1907 los capitalistas de la minería del salitre
junto a los militares mataron a 2600 obreros salitreros, una de sus
reivindicaciones era eliminar la ficha como forma de pago; hoy en día la clase
trabajadora lleva en sus carteras un sinnúmero de fichas plásticas, tenemos más
tarjetas de créditos y celulares, que habitantes.
Esta mayoría que somos nosotros, no los otros, no
tiene opinión política, no se preocupa de los graves problemas de la nación,
problemas que lo atañe directamente, por citar algunos casos: La rebelión de
las provincias, por tener mayor participación en el gasto público, la
destrucción del bosque nativo, para después plantar pinos y eucaliptos, árboles
que son unas verdaderas bombas de sacar agua. El robo legalizado de nuestras
pensiones. El mercado descarado de la educación. La rebelión justa del pueblo
Mapuche por su autonomía.
La mayoría cada 4 años toma importancia relativa,
cuando los políticos corruptos y degenerados nos convocan para votar, porque
esta democracia tan peculiar le permite a esta mayoría solamente participar en
actuaciones muy determinadas como son:
Para presidente. Para diputados y senadores, para
alcaldes y concejales, para los CORES, y ahora para intendente y nada más
después ándate para tú casa y no te metas tus narices, déjanos a nosotros, no
queremos controles de ningún tipo.
Somos ciudadanos cada cuatro años, en ese día los
medios de comunicación escrito, radial y televisivo, junto a los bufones del
neoliberalismo, como los Correas, los Tironis, los Navia, los Vidal y toda la
ralea de comentaristas políticos, que ensalzan la madurez cívica de nuestro
pueblo.
Nosotros somos mayoría, pero somos débiles, porque no
estamos organizados, ¿y porque no estamos organizados? Podemos dar muchas
razones, solamente tomaremos dos tesis.
Primera tesis: La izquierda histórica PC, PS: Estos
dos partidos que nacieron a la luz en situaciones históricas diversas lograron
en un período bastante acotado generar una base obrera que les permitió una
base de sustentación, para desarrollar su política alrededor del Estado
burgués, no para destruirlo sino para penetrarlo y desde adentro ir haciendo
los cambios necesarios para mejorar económica y socialmente al pueblo
trabajador. Estos dos partidos en vez de desatar el ímpetu revolucionario de la
clase obrera lo ataron, lo redujeron, lo debilitaron en forma paulatina, lo
metieron a la jaula de la institucionalidad burguesa.
Segunda tesis: El movimiento sindical: el sindicalismo
(no confundirlo con el movimiento obrero), aportó también su grano de arena al
institucionalizar las reivindicaciones económicas, sociales y políticas del
proletariado. El despertar de la clase obrera chilena fue mucho más temprano
que en otros países de América Latina, producto de una burguesía más
emprendedora, por las condiciones de aislamiento del país y de sus riquezas
mineras.
Este proletariado compuesto en su mayoría por peones
libres, jayanes campesinos, mestizos y Mapuche, desarrolló su actividad
reivindicatoria al margen de la institucionalidad del Estado burgués, y de sus
partidos, en el fondo el bajo pueblo estaba generando su propia estructura
orgánica en forma paralela a la institucionalidad capitalista y católica; un
ejemplo de esto es la constante pugna que se generó entre los sindicatos libres
y los sindicatos legales cuando Alessandri promulgó el Código del Trabajo.
La CUT a pesar que su declaración de principios es
bastante rupturista y clasista también encauzó la lucha de clase por la vía
institucionalizada. Esta colaboración entre movimiento sindical y Estado fue
mucho más evidente cuando el aparato sindical del partido comunista y
socialista sacó del camino al dirigente sindical Clotario Blest.
Entonces las razones del apoliticismo, la apatía y la
pérdida de la conciencia de clase del pueblo trabajador, no están solamente en
la destrucción que hizo la dictadura criminal de los patrones y el imperialismo
sino que también son por razones históricas.
POLÍTICOS CORRUPTOS:
Lenin decía “los políticos hacen todo lo contrario a
lo que hablan y prometen”, esta frase caracteriza a los políticos chilenos;
hablan de democracia en las conferencias de prensa, y en secreto promulgan
leyes que atenta contra la democracia.
Promulgan leyes para la transparencia de la actividad
pública, y al mismo tiempo se blindan para burlar esas mismas leyes, hay un
dicho “hecha la ley, hecha la trampa”.
Forman comisiones para combatir la corrupción y en
privado se preparan para estafar al fisco, con boletas y facturas falsas, a su
esposa, hijos y a familiares y los colocan en los mejores cargos de la
administración pública.
POLÍTICOS DEGENERADOS:
El conglomerado más degenerado en la historia política
de Chile, es la Nueva Mayoría, conocida en antaño “Concertación para la
Democracia”, En ese conglomerados se reúnen en una santa alianza entre
demócratas cristianos golpistas, socialista traidores a la persona de Salvador
Allende, y al programa de la Unidad Popular. Un partido instrumental como el
PPD, una organización estructurada para saquear al Estado. Los radicales con su
conocido lema. “no me den, póngame donde hay”. Y por último los comunistas, siempre
los pobrecitos comunistas, tan desesperados por ser parte integrante de la
Concertación, para obtener unos escaños en el parlamento.
Donde está la moral, donde quedó la ideología, en qué
lugar ocultaron los valores. La pregunta que nos debemos hacer es que si estos
partidos nacieron con un programa, para cambiar la sociedad, fueron derrotados,
o simplemente el sistemas los absorbió, para que terminaran siendo portavoces y
defensores del neoliberalismo, en el proceso evolutivo de la política
degeneraron en partidos corruptos y mentirosos.
POLÍTICA Y NEGOCIO.
La señora Bachelet es seguidora de la filosofía de
Parménides: “Todas las cosas son ilusiones de la mente”. La presidente es
primero madre, así que para ella no existía ningún problema con su querido hijo
Sebastián Dávalos, con información privilegiada y con un buen respaldo
político, el de su mamá, se reuniera con uno de los dueños de Chile: el señor
Luksic le otorgo un crédito por $6.500 millones a Caval, para comprar unos
terrenos en Machalí y luego venderían por $9.500 millones.
La señora Presidenta se enteró por la prensa de los
negocios de su hijo y su nuera, ella no sabía (Bueno, nunca sabe nada), por lo
tanto para Bachelet las cosas existen cuando ella las ve o mejor dicho cuando
ella las lee en la prensa, por fortuna en este país existe el duopolio, sino no
hubiera sabido absolutamente nada, no creo que se haya enterado por la prensa
que tiene hijos.
El caso PENTA, que involucra fundamentalmente a
partido de ultraderecha la UDI, una agrupación de políticos que desarrollaron
su actividad política bajo el manto protector de la dictadura criminal de
Pinochet.
Por tomar estos dos casos, sin necesidad de recordar
hechos de corrupción que sucedieron en el gobierno del señor lago y que
involucró a la Concertación esta misma clase política, corrupta, degenerada y
mentirosa que nos gobierna.
QUE HACEMOS.
La interrogante el
pueblo trabajador en las condiciones de
pauperización social, de falta de organización, de nula conciencia de clase,
con sindicatos débiles, podrá levantarse de su pasividad y desarrollar una
lucha de clase, para derrotar al sistema capitalista.
El enfrentamiento tiene que ser global, tenemos que
dejar de lado las reivindicaciones de carácter particular, ante una sociedad
burguesa globalizada, tenemos que tener una clase trabajadora con peticiones
globales.
El pueblo trabajador Argentino acuñó la frase “Que se
vayan todos, que no quede ninguno”. En este país contaminado con políticos
corruptos la ciudadanía debe auto convocarse para llamar a un Paro ciudadano
popular y prolongado; levantado un pliego de peticiones de naturaleza global.
La ciudadanía debe dejar de lado las peticiones
particulares, los estudiantes con sus marchas loables y particulares es poco lo
que pueden hacer. Los Mapuches por su reivindicación de autonomía y libertad,
los conflictos ecológicos, el movimiento sindical con sus sindicatos débiles,
todos estos movimientos sociales en sus demandas en forma separada bastante
poco lograrán ante el poderoso Estado burgués neoliberal.
La ciudadanía debe auto convocarse para llamar a un
PARO CIUDADANO.
Todos los ciudadanos LE DECIMOS NO al neoliberalismo.
Fernando Juka. Integrante del CODEHS.
Huechuraba / 16 / 03 / 2015.
lunes, 16 de febrero de 2015
El “show” de las reformas laborales
http://www.elciudadano.cl/2015/02/15/147009/el-show-de-las-reformas-laborales/
Con un histrionismo a la altura de las compañías que se presentan por estos días en el Festival Santiago a Mil, los actores políticos y gremiales iniciaron el lanzamiento de la agenda laboral del segundo mandato de Michelle Bachelet. Una agenda centrada en reformas a los derechos colectivos del trabajo, pieza angular de la institucionalidad que enmarca las relaciones laborales, pero cuyo objetivo no es otro que limar asperezas formales del Código del Trabajo, para ponerlo más a tono con las normativas que imperan en los países de la OCDE. El ángulo teatral de la presentación deriva de la pretensión de hacer creer al público que estas reformas supondrán una superación radical de la herencia pinochetista en esta materia y restablecerán en plenitud los derechos a sindicalización, negociación colectiva y huelga en Chile.
La negociación colectiva hoy dista de ser en Chile un mecanismo eficaz para alterar la muy desigual distribución de los ingresos. Entre los años 2012-2013, se suscribieron poco más de 5.700 convenios o contratos colectivos, que involucraron a un total de 632.000 trabajadores asalariados([3]); es decir sólo a un 13,7% de los trabajadores asalariados del sector privado en ese periodo[4]. Siendo un derecho que se ejerce fundamentalmente por los trabajadores en el ámbito de las grandes empresas (80,4% de los involucrados en 2013), la verdad es que rara vez se trata de negociaciones a nivel de empresa y las más de las veces se trata de negociaciones por establecimiento, por división o estamento de una determinada empresa. Así ocurre, por ejemplo, en Codelco, la mayor empresa del cobre del país.
Si esto ocurre en las grandes empresas que no sólo generan más del 80% del PIB sino que se llevan más del 90% de los excedentes, ni hablar del margen de negociación real que puede estar en juego en las negociaciones colectivas de empresas de menor tamaño. En definitiva, el mayor horizonte al que está circunscrita la negociación colectiva en Chile es a una incidencia relativa en el mejoramiento de las condiciones de trabajo y de las remuneraciones de los trabajadores sindicalizados, dentro de parámetros definidos a nivel del “mercado” por los competidores conocidos de cada rama de actividad.
Otras informaciones en El Ciudadano:
Desde Chile apoyando la Revolución Bolivariana
Con un histrionismo a la altura de las compañías que se presentan por estos días en el Festival Santiago a Mil, los actores políticos y gremiales iniciaron el lanzamiento de la agenda laboral del segundo mandato de Michelle Bachelet. Una agenda centrada en reformas a los derechos colectivos del trabajo, pieza angular de la institucionalidad que enmarca las relaciones laborales, pero cuyo objetivo no es otro que limar asperezas formales del Código del Trabajo, para ponerlo más a tono con las normativas que imperan en los países de la OCDE. El ángulo teatral de la presentación deriva de la pretensión de hacer creer al público que estas reformas supondrán una superación radical de la herencia pinochetista en esta materia y restablecerán en plenitud los derechos a sindicalización, negociación colectiva y huelga en Chile.
Los mencionados derechos colectivos, que están
regulados por los libros III y IV del Código del Trabajo([1]), se establecieron
originalmente en Chile y en el mundo luego de décadas de luchas de la clase
obrera, desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Fueron no sólo una
conquista de los trabajadores, sino que una concesión de las clases dominantes
de entonces, para asegurarse canalizar dentro de la ley una conflictividad
social que de otro modo podía tornarse abiertamente subversiva del orden
político-económico prevaleciente.
Los términos en que se establecieron esos
derechos respondieron al consenso alcanzado de que sólo a través de ellos se
podría configurar legalmente un equilibrio en las relaciones laborales. Esto
es, se entendió que sólo garantizando la unidad organizada de los trabajadores,
su derecho a negociar colectivamente y el derecho a una huelga que conllevara
la efectiva paralización de las faenas productivas y/o de servicios, se podría
enmarcar una relación laboral en condiciones de igualdad de las partes. De otro
modo, la voluntad de los empleadores no tendría un contrapeso real para
establecer las “reglas del juego” en materia laboral.
Luego de seis años de interdicción de toda la
legislación laboral -y de represión brutal del movimiento sindical-, la
dictadura de Pinochet dio a luz el llamado Plan Laboral, del cual es hijo
directo el actual Código del Trabajo. Las múltiples reformas parciales que se
le han introducido
desde entonces, no han cambiado en un ápice su naturaleza esencial. En materia
de derechos colectivos, estos quedaron establecidos desde entonces en términos
que desnaturalizan su sentido y aplicación, porque están supeditados al
“predominio de la voluntad individual de las partes”. Como si los contrayentes
del contrato de trabajo tuviesen la misma igualdad y libertad para contratar
que tienen los que hacen un negocio cualquiera, un arriendo o una compra-venta.
Es este predominio de la voluntad individual de las partes el que una vez más
impera y se respeta cuidadosamente en la agenda laboral que se nos presenta en
el proyecto de ley que moderniza las relaciones laborales. Veámoslo en detalle.
LA
VERDAD DEL PROYECTO
En materia de
sindicalización, el proyecto nada establece que permita, ni menos garantice, la
unidad organizada de los trabajadores que dependen de un mismo empleador. Bajo
la promesa de que se restablecería la “titularidad sindical”, la ministra del
ramo, Javiera Blanco, asustó inicialmente a las cúpulas patronales que vieron
en ese anuncio el fantasma del retorno de la sindicalización automática y -peor
aún-, la imposición del sindicato único por empresa. Y clamaron desde sus
tribunas que ello sería un atropello a la libertad sindical y daría paso a un
temible y monopólico poder de los sindicatos, amenazando así la autoridad sin
contrapeso que los empleadores ejercen al interior de sus empresas.
El proyecto, finalmente, no
contempló siquiera eliminar por completo la figura de los grupos negociadores,
ni establecer al sindicato más representativo como único negociador colectivo
frente a un empleador, cuestiones que se propuso en los meses precedentes. Como
mucho, el proyecto establece que habrá derecho a formar grupos negociadores
allí donde no exista un sindicato (sic); que los trabajadores que se afilien a
un sindicato recibirán automáticamente los beneficios del contrato colectivo
acordado por ese sindicato; y que el empleador no podrá extender
unilateralmente los beneficios de un contrato colectivo a los empleados no
sindicalizados, salvo acuerdo con el sindicato (sic).
Se mantiene incólume la
“libertad” de los trabajadores de afiliarse o no a un sindicato, a dividirse en
cuantos sindicatos por establecimiento quieran formar, a formar incluso grupos
para el solo efecto de negociar y luego disolverse… Es decir, hay libertad de
dividirse a merced de los incentivos que las empresas aplican para mantener a
raya la organización de los trabajadores e impedir su unidad total. Terminó
siendo, el derecho a sindicalización, materia de las modificaciones más intrascendentes
que se proponen.
A resultas de esta
“libertad” que a Hermann von Mühlenbrock, presidente de la Sofofa, le resulta
tan esencial, el panorama actual de la sindicalización en Chile([2])
da cuenta de la existencia de 6.739 sindicatos de empresa o establecimiento,
que agrupan a 665.582 trabajadores sobre un total de 4.621.650 asalariados en
el sector privado, es decir, solo un 14,4% de sindicalización con derecho a
negociación colectiva, a los que hay que agregar 200.621 funcionarios públicos,
agrupados en asociaciones que negocian de hecho. Se llega así a un total de
866.203 trabajadores con capacidad de negociar sobre un total de 5.481.144
asalariados; es decir, un 15,8% como tasa de afiliación.
En sindicatos
independientes, interempresa y transitorios se suman otros 273.932
trabajadores. Se llega así a una cifra de población sindicalizada total (a
fines de 2013) de 940.222 trabajadores y de 1.140.843 trabajadores organizados
en sindicatos o asociaciones. Sólo como referencia histórica, téngase en cuenta
que la población sindicalizada en Chile hacia 1973 llegaba al millón de
trabajadores, sobre una fuerza de trabajo total de tres millones de personas.
La fuerza de trabajo hoy supera las 8.200.000 personas.
En materia de negociación
colectiva, el proyecto no alteró ningún parámetro que pueda hacer de ella un
mecanismo efectivo para incidir en la distribución del ingreso y de los
excedentes generados por el trabajo, que se concentran abusivamente en las
grandes empresas que operan en Chile. En efecto, el proyecto no avanzó hacia un
restablecimiento legal de la negociación supraempresa; ni por rama, ni por holding, ni por grupo empresarial, ni por tamaño o
volumen de operaciones, ni por unidad económica o sector geográfico.
Siguió circunscribiendo la
negociación colectiva al ámbito de la empresa individual, ahora que las
empresas individuales en Chile presentan la mayor heterogeneidad de toda su
historia y los grandes capitales han organizado sus negocios en decenas o
centenares de empresas filiales -y sus respectivas contratistas y
subcontratistas-, para eludir controles estatales y tributos, al mismo tiempo
que les permite disolver contablemente sus utilidades y el poder negociador de
los trabajadores organizados.
NEGOCIACION
COLECTIVA
La negociación colectiva hoy dista de ser en Chile un mecanismo eficaz para alterar la muy desigual distribución de los ingresos. Entre los años 2012-2013, se suscribieron poco más de 5.700 convenios o contratos colectivos, que involucraron a un total de 632.000 trabajadores asalariados([3]); es decir sólo a un 13,7% de los trabajadores asalariados del sector privado en ese periodo[4]. Siendo un derecho que se ejerce fundamentalmente por los trabajadores en el ámbito de las grandes empresas (80,4% de los involucrados en 2013), la verdad es que rara vez se trata de negociaciones a nivel de empresa y las más de las veces se trata de negociaciones por establecimiento, por división o estamento de una determinada empresa. Así ocurre, por ejemplo, en Codelco, la mayor empresa del cobre del país.
Si esto ocurre en las grandes empresas que no sólo generan más del 80% del PIB sino que se llevan más del 90% de los excedentes, ni hablar del margen de negociación real que puede estar en juego en las negociaciones colectivas de empresas de menor tamaño. En definitiva, el mayor horizonte al que está circunscrita la negociación colectiva en Chile es a una incidencia relativa en el mejoramiento de las condiciones de trabajo y de las remuneraciones de los trabajadores sindicalizados, dentro de parámetros definidos a nivel del “mercado” por los competidores conocidos de cada rama de actividad.
Esta realidad esencial no
será modificada por las iniciativas que el proyecto de ley contiene. Dentro de
ellas, la extensión del derecho a negociar a los trabajadores por obra o faena
(que actualmente muchas veces lo hacían de hecho). Los empleadores no podrán
incluir en sus propuestas condiciones inferiores al contrato colectivo vigente,
sin la reajustabilidad ni los bonos de término -un piso de negociación que
actualmente ya está resguardado por el artículo 369 inciso 2 que se reitera de
alguna manera-. Hay apoyo técnico a la negociación en empresas de menor tamaño,
derecho a información sobre diferencias de sueldo entre hombres y mujeres e
incorporación obligatoria de las mujeres a las comisiones negociadoras,
ampliación del derecho a información específica y reservada para la negociación
(financiera y contable, estructura, dotación y costos de personal); y,
ampliación de las materias a negociar, incluyendo pactos especiales sobre
jornada laboral, acuerdos de conciliación de trabajo y responsabilidades
familiares y planes de reconversión productiva e incrementos de productividad
-lo que recoge demandas más del empresariado que de los trabajadores-.
Con todo, sin duda, es en
esta materia -negociación colectiva- donde se propone mayores cambios, dentro
de los límites que ya se han señalado.
LA
HUELGA, SAGRADO DERECHO
Finalmente, en materia de
huelga, el proyecto sigue resguardando espacios para que la misma no cancele la
posibilidad de la empresa de mantener la continuidad de sus operaciones. En
concreto, si bien se prohíbe reemplazar a trabajadores en huelga, se consagra
el deber de los sindicatos de proveer personal para cumplir los “servicios
mínimos” que eviten daño actual e irreparable a los bienes materiales,
instalaciones o infraestructura de la empresa. Para ello, sindicato y empresa
deben ponerse de acuerdo en quiénes integrarán los equipos de emergencia que
realizarán estos trabajos, lo que puede acordarse antes del proceso de
negociación colectiva o al inicio de éste, para evitar que se establezcan en el
momento de mayor conflictividad del proceso. Los desacuerdos en este ámbito
serán resueltos por la Dirección de Trabajo y objetables ante los tribunales
del Trabajo.
La autorización legal de
reemplazantes, que no existe en ningún otro país del mundo, no es el único
obstáculo que enfrentan los trabajadores que se ven en la disyuntiva de iniciar
una huelga. El primer problema a resolver es el congregar la unidad total de
los trabajadores dependientes del mismo empleador a la hora de enfrentar el
conflicto. Y allí se topan con que existen trabajadores no sindicalizados o
sindicalizados en otra organización que no siempre negocia al mismo tiempo o en
coordinación y unidad para este momento decisivo. Amén de los trabajadores que
las empresas contratan en vísperas de una negociación como parte de su plan de
contingencia, y que no se consideran reemplazantes. El segundo problema es que
la huelga tenga la efectiva capacidad de obligar a la paralización total de las
faenas y de poner al empleador en la incapacidad de seguir operando en el
mercado. Los grandes empresarios tienen más de una empresa o filial para cubrir
sus operaciones en un mercado, o acuerdos entre ellos para cubrirse unos a
otros en momentos de esta naturaleza. De modo que no es fácil ni seguro que una
huelga afecte realmente la voluntad de un empleador, ni doblegue su intransigencia
en estas instancias.
Como consecuencia, las
huelgas que se han efectuado bajo el actual Código del Trabajo y desde sus
inicios en dictadura, en su inmensa mayoría han terminado en trágicos fracasos
al menos en sus resultados económicos. Y si bien el número de huelgas y de
trabajadores involucrados en ellas viene en sostenido ascenso desde 2009
(llegando en 2013 a 832 conflictos legales, con 110.929 trabajadores
involucrados)[5],
ello es más reflejo de una creciente disposición de lucha por mejoras
salariales sustantivas que otra cosa.
En conclusión, la agenda laboral de la presidenta Michelle Bachelet no abrirá paso, bajo las circunstancias actuales, a una recuperación del movimiento sindical como un actor de cambio ni siquiera en el ámbito limitado de la lucha económico-reivindicativa. Menos aún, en otros terrenos que el sindicalismo dejó de transitar desde el término de la lucha antidictatorial y que son fundamentales para que los trabajadores organizados asuman el rol histórico que su situación estructural en el capitalismo imperante en Chile les impone.
En conclusión, la agenda laboral de la presidenta Michelle Bachelet no abrirá paso, bajo las circunstancias actuales, a una recuperación del movimiento sindical como un actor de cambio ni siquiera en el ámbito limitado de la lucha económico-reivindicativa. Menos aún, en otros terrenos que el sindicalismo dejó de transitar desde el término de la lucha antidictatorial y que son fundamentales para que los trabajadores organizados asuman el rol histórico que su situación estructural en el capitalismo imperante en Chile les impone.
Es hora de que los
sindicatos rompan con un quehacer limitado al ámbito de los muros de la
empresa, e irrumpan en las calles de Chile para ponerse a la cabeza de los
cambios sociales y políticos que las amplias mayorías del país reclaman. Que
asuman como norte político el cambio radical del sistema de dominación político
y económico consagrado por la actual Constitución y la superación del
capitalismo neoliberal que ha barrido con tantos derechos desde su imposición a
sangre y fuego, hasta el presente.
Ello requiere que una nueva
ética emane desde sus liderazgos y les permita despertar e irradiar la mística
colectiva imprescindible para constituirse en una fuerza social y política más
allá de cualquier coyuntura, desde la base hasta el nivel nacional. Algo que,
por cierto, nada tiene que ver con los liderazgos prevalecientes en la CUT y
que sí ha empezado a asomar en algunas movilizaciones como las de los
trabajadores portuarios de inicios de 2014 y en otras movilizaciones de
trabajadores, en que los principios de solidaridad, unidad, democracia y
autonomía, han vuelto a brillar, por encima del miedo, del endeudamiento, del
individualismo y del consumismo que atrapa aún las conciencias de amplios
sectores de asalariados y asalariadas, más concentrados en ganar plata a costa
de su salud, de su dignidad y de su vida.
(*) Economista-asesor
sindical.
(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 821, 9
de enero, 2015)
Notas:
[2] Estadísticas sobre sindicalización año 2013 (último año disponible),
véase http://www.dt.gob.cl/documentacion/1612/articles-99379_recurso_1.pdf. Las
cifras sobre asalariados se basan en estadísticas del INE, www.ine.cl
[3] Estadísticas sobre negociación colectiva año 2013 (último año
disponible), véase en http://www.dt.gob.cl/documentacion/1612/articles-99379_recurso_2.pdf
[4] Estadísticas sobre ocupados por categoría ocupacional, véase: http://www.ine.cl/canales/chile_estadistico/mercado_del_trabajo/nene/series_trimestrales_2011.php
[5] Estadísticas sobre huelga, véase http://www.dt.gob.cl/documentacion/1612/articles-99379_recurso_4.pdf
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Venezuela Pueblo de Paz y Justicia: Chávez vive-Maduro Sigue
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