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jueves, 19 de marzo de 2015

LA CLASE POLÍTICA CHILENA CORRUPTA Y DEGENERADA.


“Chile fértil provincia y señalada
en la región antártica famosa,
de remotas naciones respetada
por fuerte principal y poderosa;
la gente que produce es tan granada,
tan soberbia, gallarda y belicosa,
que no ha sido por rey jamás regida
ni a extranjero dominio sometida”.

Tanto hemos cambiado, que nos sucedió, de nación principal, pasamos a ser lacayos del imperialismo. De un pueblo tan granado, tan soberbio, tan gallardo, pasamos a convertirnos en una tropa de estafadores, de ladrones y cobardes. Tanto hemos cambiado desde que Alonso de Ercilla y Zúñiga escribiera su poema épico.

Esa fértil provincia, ahora llena de cemento y edificios de departamentos sin ninguna finura arquitectónica. Deambulan los seres anónimos, viajan por el transantiago, por la ironía de la vida ese medio de transporte colectivo mutó en un sistema socialista, ya que la gente, esa misma gente que vota (los que votan cada cuatro años, porque los otros se abstienen sin saber porque se abstienen), en su mayoría no paga el pasaje, tal vez se dirán en silencio. “Bueno si todo roban, porque no robo yo también”.

 Los que no viajan en micro lo hacen en el metro, hombres, mujeres, escolares, madres con sus hijos en coche, obreros de la construcción, oficinista, estudiantes apretados como sardinas, eso sí hay un denominador común la mayoría de los pasajeros expresan sin temor su relación de naturaleza simbiótica entre el hombre y la maquina, o mejor dicho entre las dos manos y su celular.

Este chileno medio como orgullosamente se gusta auto definirse, vive atrapado o mejor dicho vive en un estado de naturaleza permanente de alienación, entre vender o arrendar diariamente su fuerza de trabajo, al capitalista, después que se ha vendido por 10 o más horas, queda atrapado por las tarjetas de créditos, el constante endeudamiento al supermercado, al banco, las tiendas comerciales.

Nuestro ciudadano medio sigue adentrándose en el laberinto neoliberal, huyendo de su verdadera realidad de trabajador explotado, olvidó cual es su papel en esta sociedad, pasó de una rica fase de organización y enfrentamiento contra el poder burgués, a un estado pasivo y de resentimiento social no contra su explotadores sino contra sus iguales, que de vez en cuando saca a relucir su racismo frustrado contra el peruano, el colombiano, pero no dice nada o mejor dicho queda en silencio rastrero ante los españoles, que huyen de una España que está envuelta en una crisis económica.

“Pobrecito mortal” (como dice una canción de Florcita Motuda), desde que se levanta para ir al trabajo, donde pierdes horas y horas en el transporte público, que la mayor parte de su vida asalariada lo pasa en el trabajo, y los ratos de ocios va junto a su familia al Mall más cercano de su casa.

En qué momento los millones de trabajadores, los esclavos del neoliberalismo, con un salarios promedio inferior a $ 400.000, mientras los Bravos de PENTA ganan 36 millones de pesos, los ministros los diputados y senadores con sueldos superiores a 20 millones.

Los millones de trabajadores ¿en qué momento tienen una pausa, ya sea en su lugar de trabajo, o en su casa, para ver las noticias, o comprar un diario e informarse de lo que pasa en este largo y quebrajado país?

No lo tienen, el neoliberalismo depredador le inoculó en su ADN, el individualismo, el egoísmo, el apoliticismo, el desprecio a una noble actividad que es participar en política, y cuando hablo de política, no me refiero a la política partidista; Aristóteles sostenía que los ciudadanos que no se preocupaban de los asuntos de la ciudad “Eran unos idiotas”. Hoy en día los idiotas salen por todos poros de la ciudad, que duerme en un letargo permanente.

Mientras los otros, se enriquecen, y quienes son los otros, esos mismo que azuzaron a los militares para derrocar al Gobierno Constitucional del Doctor Salvador Allende, esos otros son los mismos que gobernaron junto al tirano, y se enriquecieron vendiendo las empresas que estaban en manos del Estado, esos mismos los otros que han gobernado y siguen gobernando con los Gobiernos de la Concertación, el Gobierno de la “alianza por Chile”, y los mismos políticos de antaño se cambian de nombre y se hacen llamar “la nueva mayoría”; esos los otros, no somos nosotros, no es el pueblo trabajador, que está totalmente ajeno a la riqueza que han acumulados los ricos de la dictaduras y los nuevos ricos de los Gobiernos postdictatorial.

Es una santa alianza entre pinochetistas, empresarios y los políticos corruptos y degenerados de la flamante “nueva mayoría”.

Que los comunistas no se laven las manos, ellos son parte integrante de los otros, por lo tanto deben asumir ante la historia su responsabilidad política de ser parte de un Gobierno cobarde, rastrero, yanacona, anti obrero, que no venga después con la misma cantinela de victimarse y aún que se laven las manos, las seguirán teniendo sucias.

Nuestro pueblo trabajador ha perdido su capacidad de asombrase, de tener una mentalidad crítica frente a los hechos cotidianos que constantemente están sacudiendo al país, ¿Porqué? Por que perdió su conciencia de clase, conciencia que le legaron los obreros organizados en la combativa Federación Obrera de Chile, en la clasista Central Única de Trabajadores, la del año 53, la que fundó el legendario Clotario Blest; también dejo de lado su conciencia política, perdió todo interés de participar en sindicatos, no se involucra en los problemas mínimos de su población, dejó de motivarse y perdió todo interés en la actividad política.


Los otros son la minoría, tienen el poder político, económico y militar, son dueños de las AFP, de la banca, del comercio, de la gran industria minera, de las tierras, el agua y un cuanto hay; compran Diputados, Senadores y Alcaldes, estafan al fisco, sobornan al empleado público, no acatan los fallos de la Corte Suprema, los Ministros están dentro de su nomina de pagos; por lo tanto trabajan para los otros no para nosotros. ¿Y porque pueden hacer todo eso y mucho más todavía?, Los otros fuera de tener a sus pies los tres poderes de la democracia burguesa, el legislativo, el judicial y ejecutivo, debemos incluir a las fuerzas armadas, cuentan con una herramienta mucho más poderosa, que todos esos poderes juntos, esos otros que son minoría, son una minoría poderosa porque están organizados.

Nosotros por otro lado somos mayoría, mayoría trabajadora desorganizada, apática, totalmente enajenada, nos manda la tarjeta de plástico, somos rehenes de los préstamos usureros de la banca.

El año 1907 los capitalistas de la minería del salitre junto a los militares mataron a 2600 obreros salitreros, una de sus reivindicaciones era eliminar la ficha como forma de pago; hoy en día la clase trabajadora lleva en sus carteras un sinnúmero de fichas plásticas, tenemos más tarjetas de créditos y celulares, que habitantes.

Esta mayoría que somos nosotros, no los otros, no tiene opinión política, no se preocupa de los graves problemas de la nación, problemas que lo atañe directamente, por citar algunos casos: La rebelión de las provincias, por tener mayor participación en el gasto público, la destrucción del bosque nativo, para después plantar pinos y eucaliptos, árboles que son unas verdaderas bombas de sacar agua. El robo legalizado de nuestras pensiones. El mercado descarado de la educación. La rebelión justa del pueblo Mapuche por su autonomía.

La mayoría cada 4 años toma importancia relativa, cuando los políticos corruptos y degenerados nos convocan para votar, porque esta democracia tan peculiar le permite a esta mayoría solamente participar en actuaciones muy determinadas como son:

Para presidente. Para diputados y senadores, para alcaldes y concejales, para los CORES, y ahora para intendente y nada más después ándate para tú casa y no te metas tus narices, déjanos a nosotros, no queremos controles de ningún tipo.

Somos ciudadanos cada cuatro años, en ese día los medios de comunicación escrito, radial y televisivo, junto a los bufones del neoliberalismo, como los Correas, los Tironis, los Navia, los Vidal y toda la ralea de comentaristas políticos, que ensalzan la madurez cívica de nuestro pueblo.

Nosotros somos mayoría, pero somos débiles, porque no estamos organizados, ¿y porque no estamos organizados? Podemos dar muchas razones, solamente tomaremos dos tesis.



Primera tesis: La izquierda histórica PC, PS: Estos dos partidos que nacieron a la luz en situaciones históricas diversas lograron en un período bastante acotado generar una base obrera que les permitió una base de sustentación, para desarrollar su política alrededor del Estado burgués, no para destruirlo sino para penetrarlo y desde adentro ir haciendo los cambios necesarios para mejorar económica y socialmente al pueblo trabajador. Estos dos partidos en vez de desatar el ímpetu revolucionario de la clase obrera lo ataron, lo redujeron, lo debilitaron en forma paulatina, lo metieron a la jaula de la institucionalidad burguesa.

Segunda tesis: El movimiento sindical: el sindicalismo (no confundirlo con el movimiento obrero), aportó también su grano de arena al institucionalizar las reivindicaciones económicas, sociales y políticas del proletariado. El despertar de la clase obrera chilena fue mucho más temprano que en otros países de América Latina, producto de una burguesía más emprendedora, por las condiciones de aislamiento del país y de sus riquezas mineras.

Este proletariado compuesto en su mayoría por peones libres, jayanes campesinos, mestizos y Mapuche, desarrolló su actividad reivindicatoria al margen de la institucionalidad del Estado burgués, y de sus partidos, en el fondo el bajo pueblo estaba generando su propia estructura orgánica en forma paralela a la institucionalidad capitalista y católica; un ejemplo de esto es la constante pugna que se generó entre los sindicatos libres y los sindicatos legales cuando Alessandri promulgó el Código del Trabajo.

La CUT a pesar que su declaración de principios es bastante rupturista y clasista también encauzó la lucha de clase por la vía institucionalizada. Esta colaboración entre movimiento sindical y Estado fue mucho más evidente cuando el aparato sindical del partido comunista y socialista sacó del camino al dirigente sindical Clotario Blest.

Entonces las razones del apoliticismo, la apatía y la pérdida de la conciencia de clase del pueblo trabajador, no están solamente en la destrucción que hizo la dictadura criminal de los patrones y el imperialismo sino que también son por razones históricas.

POLÍTICOS CORRUPTOS:
Lenin decía “los políticos hacen todo lo contrario a lo que hablan y prometen”, esta frase caracteriza a los políticos chilenos; hablan de democracia en las conferencias de prensa, y en secreto promulgan leyes que atenta contra la democracia.

Promulgan leyes para la transparencia de la actividad pública, y al mismo tiempo se blindan para burlar esas mismas leyes, hay un dicho “hecha la ley, hecha la trampa”.

Forman comisiones para combatir la corrupción y en privado se preparan para estafar al fisco, con boletas y facturas falsas, a su esposa, hijos y a familiares y los colocan en los mejores cargos de la administración pública.

POLÍTICOS DEGENERADOS:
El conglomerado más degenerado en la historia política de Chile, es la Nueva Mayoría, conocida en antaño “Concertación para la Democracia”, En ese conglomerados se reúnen en una santa alianza entre demócratas cristianos golpistas, socialista traidores a la persona de Salvador Allende, y al programa de la Unidad Popular. Un partido instrumental como el PPD, una organización estructurada para saquear al Estado. Los radicales con su conocido lema. “no me den, póngame donde hay”. Y por último los comunistas, siempre los pobrecitos comunistas, tan desesperados por ser parte integrante de la Concertación, para obtener unos escaños en el parlamento.

Donde está la moral, donde quedó la ideología, en qué lugar ocultaron los valores. La pregunta que nos debemos hacer es que si estos partidos nacieron con un programa, para cambiar la sociedad, fueron derrotados, o simplemente el sistemas los absorbió, para que terminaran siendo portavoces y defensores del neoliberalismo, en el proceso evolutivo de la política degeneraron en partidos corruptos y mentirosos.

POLÍTICA Y NEGOCIO.
La señora Bachelet es seguidora de la filosofía de Parménides: “Todas las cosas son ilusiones de la mente”. La presidente es primero madre, así que para ella no existía ningún problema con su querido hijo Sebastián Dávalos, con información privilegiada y con un buen respaldo político, el de su mamá, se reuniera con uno de los dueños de Chile: el señor Luksic le otorgo un crédito por $6.500 millones a Caval, para comprar unos terrenos en Machalí y luego venderían por $9.500 millones.

La señora Presidenta se enteró por la prensa de los negocios de su hijo y su nuera, ella no sabía (Bueno, nunca sabe nada), por lo tanto para Bachelet las cosas existen cuando ella las ve o mejor dicho cuando ella las lee en la prensa, por fortuna en este país existe el duopolio, sino no hubiera sabido absolutamente nada, no creo que se haya enterado por la prensa que tiene hijos.

El caso PENTA, que involucra fundamentalmente a partido de ultraderecha la UDI, una agrupación de políticos que desarrollaron su actividad política bajo el manto protector de la dictadura criminal de Pinochet.

Por tomar estos dos casos, sin necesidad de recordar hechos de corrupción que sucedieron en el gobierno del señor lago y que involucró a la Concertación esta misma clase política, corrupta, degenerada y mentirosa que nos gobierna.

QUE HACEMOS.
La interrogante el pueblo trabajador en las condiciones de pauperización social, de falta de organización, de nula conciencia de clase, con sindicatos débiles, podrá levantarse de su pasividad y desarrollar una lucha de clase, para derrotar al sistema capitalista.

El enfrentamiento tiene que ser global, tenemos que dejar de lado las reivindicaciones de carácter particular, ante una sociedad burguesa globalizada, tenemos que tener una clase trabajadora con peticiones globales.

El pueblo trabajador Argentino acuñó la frase “Que se vayan todos, que no quede ninguno”. En este país contaminado con políticos corruptos la ciudadanía debe auto convocarse para llamar a un Paro ciudadano popular y prolongado; levantado un pliego de peticiones de naturaleza global.

La ciudadanía debe dejar de lado las peticiones particulares, los estudiantes con sus marchas loables y particulares es poco lo que pueden hacer. Los Mapuches por su reivindicación de autonomía y libertad, los conflictos ecológicos, el movimiento sindical con sus sindicatos débiles, todos estos movimientos sociales en sus demandas en forma separada bastante poco lograrán ante el poderoso Estado burgués neoliberal.

La ciudadanía debe auto convocarse para llamar a un PARO CIUDADANO.

Todos los ciudadanos LE DECIMOS NO al neoliberalismo.

Fernando Juka. Integrante del CODEHS.
Huechuraba / 16 / 03 / 2015.







lunes, 16 de febrero de 2015

El “show” de las reformas laborales

http://www.elciudadano.cl/2015/02/15/147009/el-show-de-las-reformas-laborales/

Con un histrionismo a la altura de las compañías que se presentan por estos días en el Festival Santiago a Mil, los actores políticos y gremiales iniciaron el lanzamiento de la agenda laboral del segundo mandato de Michelle Bachelet. Una agenda centrada en reformas a los derechos colectivos del trabajo, pieza angular de la institucionalidad que enmarca las relaciones laborales, pero cuyo objetivo no es otro que limar asperezas formales del Código del Trabajo, para ponerlo más a tono con las normativas que imperan en los países de la OCDE. El ángulo teatral de la presentación deriva de la pretensión de hacer creer al público que estas reformas supondrán una superación radical de la herencia pinochetista en esta materia y restablecerán en plenitud los derechos a sindicalización, negociación colectiva y huelga en Chile.
Los mencionados derechos colectivos, que están regulados por los libros III y IV del Código del Trabajo([1]), se establecieron originalmente en Chile y en el mundo luego de décadas de luchas de la clase obrera, desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Fueron no sólo una conquista de los trabajadores, sino que una concesión de las clases dominantes de entonces, para asegurarse canalizar dentro de la ley una conflictividad social que de otro modo podía tornarse abiertamente subversiva del orden político-económico prevaleciente.
Los términos en que se establecieron esos derechos respondieron al consenso alcanzado de que sólo a través de ellos se podría configurar legalmente un equilibrio en las relaciones laborales. Esto es, se entendió que sólo garantizando la unidad organizada de los trabajadores, su derecho a negociar colectivamente y el derecho a una huelga que conllevara la efectiva paralización de las faenas productivas y/o de servicios, se podría enmarcar una relación laboral en condiciones de igualdad de las partes. De otro modo, la voluntad de los empleadores no tendría un contrapeso real para establecer las “reglas del juego” en materia laboral.
Luego de seis años de interdicción de toda la legislación laboral -y de represión brutal del movimiento sindical-, la dictadura de Pinochet dio a luz el llamado Plan Laboral, del cual es hijo directo el actual Código del Trabajo. Las múltiples reformas parciales que se le han introducido desde entonces, no han cambiado en un ápice su naturaleza esencial. En materia de derechos colectivos, estos quedaron establecidos desde entonces en términos que desnaturalizan su sentido y aplicación, porque están supeditados al “predominio de la voluntad individual de las partes”. Como si los contrayentes del contrato de trabajo tuviesen la misma igualdad y libertad para contratar que tienen los que hacen un negocio cualquiera, un arriendo o una compra-venta. Es este predominio de la voluntad individual de las partes el que una vez más impera y se respeta cuidadosamente en la agenda laboral que se nos presenta en el proyecto de ley que moderniza las relaciones laborales. Veámoslo en detalle.
LA VERDAD DEL PROYECTO
En materia de sindicalización, el proyecto nada establece que permita, ni menos garantice, la unidad organizada de los trabajadores que dependen de un mismo empleador. Bajo la promesa de que se restablecería la “titularidad sindical”, la ministra del ramo, Javiera Blanco, asustó inicialmente a las cúpulas patronales que vieron en ese anuncio el fantasma del retorno de la sindicalización automática y -peor aún-, la imposición del sindicato único por empresa. Y clamaron desde sus tribunas que ello sería un atropello a la libertad sindical y daría paso a un temible y monopólico poder de los sindicatos, amenazando así la autoridad sin contrapeso que los empleadores ejercen al interior de sus empresas.
El proyecto, finalmente, no contempló siquiera eliminar por completo la figura de los grupos negociadores, ni establecer al sindicato más representativo como único negociador colectivo frente a un empleador, cuestiones que se propuso en los meses precedentes. Como mucho, el proyecto establece que habrá derecho a formar grupos negociadores allí donde no exista un sindicato (sic); que los trabajadores que se afilien a un sindicato recibirán automáticamente los beneficios del contrato colectivo acordado por ese sindicato; y que el empleador no podrá extender unilateralmente los beneficios de un contrato colectivo a los empleados no sindicalizados, salvo acuerdo con el sindicato (sic).
Se mantiene incólume la “libertad” de los trabajadores de afiliarse o no a un sindicato, a dividirse en cuantos sindicatos por establecimiento quieran formar, a formar incluso grupos para el solo efecto de negociar y luego disolverse… Es decir, hay libertad de dividirse a merced de los incentivos que las empresas aplican para mantener a raya la organización de los trabajadores e impedir su unidad total. Terminó siendo, el derecho a sindicalización, materia de las modificaciones más intrascendentes que se proponen.
A resultas de esta “libertad” que a Hermann von Mühlenbrock, presidente de la Sofofa, le resulta tan esencial, el panorama actual de la sindicalización en Chile([2]) da cuenta de la existencia de 6.739 sindicatos de empresa o establecimiento, que agrupan a 665.582 trabajadores sobre un total de 4.621.650 asalariados en el sector privado, es decir, solo un 14,4% de sindicalización con derecho a negociación colectiva, a los que hay que agregar 200.621 funcionarios públicos, agrupados en asociaciones que negocian de hecho. Se llega así a un total de 866.203 trabajadores con capacidad de negociar sobre un total de 5.481.144 asalariados; es decir, un 15,8% como tasa de afiliación.
En sindicatos independientes, interempresa y transitorios se suman otros 273.932 trabajadores. Se llega así a una cifra de población sindicalizada total (a fines de 2013) de 940.222 trabajadores y de 1.140.843 trabajadores organizados en sindicatos o asociaciones. Sólo como referencia histórica, téngase en cuenta que la población sindicalizada en Chile hacia 1973 llegaba al millón de trabajadores, sobre una fuerza de trabajo total de tres millones de personas. La fuerza de trabajo hoy supera las 8.200.000 personas.
En materia de negociación colectiva, el proyecto no alteró ningún parámetro que pueda hacer de ella un mecanismo efectivo para incidir en la distribución del ingreso y de los excedentes generados por el trabajo, que se concentran abusivamente en las grandes empresas que operan en Chile. En efecto, el proyecto no avanzó hacia un restablecimiento legal de la negociación supraempresa; ni por rama, ni por holding, ni por grupo empresarial, ni por tamaño o volumen de operaciones, ni por unidad económica o sector geográfico.
Siguió circunscribiendo la negociación colectiva al ámbito de la empresa individual, ahora que las empresas individuales en Chile presentan la mayor heterogeneidad de toda su historia y los grandes capitales han organizado sus negocios en decenas o centenares de empresas filiales -y sus respectivas contratistas y subcontratistas-, para eludir controles estatales y tributos, al mismo tiempo que les permite disolver contablemente sus utilidades y el poder negociador de los trabajadores organizados.
NEGOCIACION COLECTIVA

La negociación colectiva hoy dista de ser en Chile un mecanismo eficaz para alterar la muy desigual distribución de los ingresos. Entre los años 2012-2013, se suscribieron poco más de 5.700 convenios o contratos colectivos, que involucraron a un total de 632.000 trabajadores asalariados([3]); es decir sólo a un 13,7% de los trabajadores asalariados del sector privado en ese periodo[4]. Siendo un derecho que se ejerce fundamentalmente por los trabajadores en el ámbito de las grandes empresas (80,4% de los involucrados en 2013), la verdad es que rara vez se trata de negociaciones a nivel de empresa y las más de las veces se trata de negociaciones por establecimiento, por división o estamento de una determinada empresa. Así ocurre, por ejemplo, en Codelco, la mayor empresa del cobre del país.

Si esto ocurre en las grandes empresas que no sólo generan más del 80% del PIB sino que se llevan más del 90% de los excedentes, ni hablar del margen de negociación real que puede estar en juego en las negociaciones colectivas de empresas de menor tamaño. En definitiva, el mayor horizonte al que está circunscrita la negociación colectiva en Chile es a una incidencia relativa en el mejoramiento de las condiciones de trabajo y de las remuneraciones de los trabajadores sindicalizados, dentro de parámetros definidos a nivel del “mercado” por los competidores conocidos de cada rama de actividad.
Esta realidad esencial no será modificada por las iniciativas que el proyecto de ley contiene. Dentro de ellas, la extensión del derecho a negociar a los trabajadores por obra o faena (que actualmente muchas veces lo hacían de hecho). Los empleadores no podrán incluir en sus propuestas condiciones inferiores al contrato colectivo vigente, sin la reajustabilidad ni los bonos de término -un piso de negociación que actualmente ya está resguardado por el artículo 369 inciso 2 que se reitera de alguna manera-. Hay apoyo técnico a la negociación en empresas de menor tamaño, derecho a información sobre diferencias de sueldo entre hombres y mujeres e incorporación obligatoria de las mujeres a las comisiones negociadoras, ampliación del derecho a información específica y reservada para la negociación (financiera y contable, estructura, dotación y costos de personal); y, ampliación de las materias a negociar, incluyendo pactos especiales sobre jornada laboral, acuerdos de conciliación de trabajo y responsabilidades familiares y planes de reconversión productiva e incrementos de productividad -lo que recoge demandas más del empresariado que de los trabajadores-.
Con todo, sin duda, es en esta materia -negociación colectiva- donde se propone mayores cambios, dentro de los límites que ya se han señalado.

LA HUELGA, SAGRADO DERECHO
Finalmente, en materia de huelga, el proyecto sigue resguardando espacios para que la misma no cancele la posibilidad de la empresa de mantener la continuidad de sus operaciones. En concreto, si bien se prohíbe reemplazar a trabajadores en huelga, se consagra el deber de los sindicatos de proveer personal para cumplir los “servicios mínimos” que eviten daño actual e irreparable a los bienes materiales, instalaciones o infraestructura de la empresa. Para ello, sindicato y empresa deben ponerse de acuerdo en quiénes integrarán los equipos de emergencia que realizarán estos trabajos, lo que puede acordarse antes del proceso de negociación colectiva o al inicio de éste, para evitar que se establezcan en el momento de mayor conflictividad del proceso. Los desacuerdos en este ámbito serán resueltos por la Dirección de Trabajo y objetables ante los tribunales del Trabajo.
La autorización legal de reemplazantes, que no existe en ningún otro país del mundo, no es el único obstáculo que enfrentan los trabajadores que se ven en la disyuntiva de iniciar una huelga. El primer problema a resolver es el congregar la unidad total de los trabajadores dependientes del mismo empleador a la hora de enfrentar el conflicto. Y allí se topan con que existen trabajadores no sindicalizados o sindicalizados en otra organización que no siempre negocia al mismo tiempo o en coordinación y unidad para este momento decisivo. Amén de los trabajadores que las empresas contratan en vísperas de una negociación como parte de su plan de contingencia, y que no se consideran reemplazantes. El segundo problema es que la huelga tenga la efectiva capacidad de obligar a la paralización total de las faenas y de poner al empleador en la incapacidad de seguir operando en el mercado. Los grandes empresarios tienen más de una empresa o filial para cubrir sus operaciones en un mercado, o acuerdos entre ellos para cubrirse unos a otros en momentos de esta naturaleza. De modo que no es fácil ni seguro que una huelga afecte realmente la voluntad de un empleador, ni doblegue su intransigencia en estas instancias.
Como consecuencia, las huelgas que se han efectuado bajo el actual Código del Trabajo y desde sus inicios en dictadura, en su inmensa mayoría han terminado en trágicos fracasos al menos en sus resultados económicos. Y si bien el número de huelgas y de trabajadores involucrados en ellas viene en sostenido ascenso desde 2009 (llegando en 2013 a 832 conflictos legales, con 110.929 trabajadores involucrados)[5], ello es más reflejo de una creciente disposición de lucha por mejoras salariales sustantivas que otra cosa.
En conclusión, la agenda laboral de la presidenta Michelle Bachelet no abrirá paso, bajo las circunstancias actuales, a una recuperación del movimiento sindical como un actor de cambio ni siquiera en el ámbito limitado de la lucha económico-reivindicativa. Menos aún, en otros terrenos que el sindicalismo dejó de transitar desde el término de la lucha antidictatorial y que son fundamentales para que los trabajadores organizados asuman el rol histórico que su situación estructural en el capitalismo imperante en Chile les impone.
Es hora de que los sindicatos rompan con un quehacer limitado al ámbito de los muros de la empresa, e irrumpan en las calles de Chile para ponerse a la cabeza de los cambios sociales y políticos que las amplias mayorías del país reclaman. Que asuman como norte político el cambio radical del sistema de dominación político y económico consagrado por la actual Constitución y la superación del capitalismo neoliberal que ha barrido con tantos derechos desde su imposición a sangre y fuego, hasta el presente.
Ello requiere que una nueva ética emane desde sus liderazgos y les permita despertar e irradiar la mística colectiva imprescindible para constituirse en una fuerza social y política más allá de cualquier coyuntura, desde la base hasta el nivel nacional. Algo que, por cierto, nada tiene que ver con los liderazgos prevalecientes en la CUT y que sí ha empezado a asomar en algunas movilizaciones como las de los trabajadores portuarios de inicios de 2014 y en otras movilizaciones de trabajadores, en que los principios de solidaridad, unidad, democracia y autonomía, han vuelto a brillar, por encima del miedo, del endeudamiento, del individualismo y del consumismo que atrapa aún las conciencias de amplios sectores de asalariados y asalariadas, más concentrados en ganar plata a costa de su salud, de su dignidad y de su vida.
por Manuel Hidalgo (*) en Punto Final
(*) Economista-asesor sindical.
 (Publicado en “Punto Final”, edición Nº 821, 9 de enero, 2015)
Notas:



[2] Estadísticas sobre sindicalización año 2013 (último año disponible), véase http://www.dt.gob.cl/documentacion/1612/articles-99379_recurso_1.pdf. Las cifras sobre asalariados se basan en estadísticas del INE, www.ine.cl
[3] Estadísticas sobre negociación colectiva año 2013 (último año disponible), véase en http://www.dt.gob.cl/documentacion/1612/articles-99379_recurso_2.pdf
[4] Estadísticas sobre ocupados por categoría ocupacional, véase: http://www.ine.cl/canales/chile_estadistico/mercado_del_trabajo/nene/series_trimestrales_2011.php
Otras informaciones en El Ciudadano:
POLÍTICA