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jueves, 19 de octubre de 2017
Homenaje a Eugenio Ruiz-Tagle
La imaginación herida
HOMENAJE A EUGENIO RUIZ TAGLE
A la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos
Josefa Ruiz-Tagle
Publicado originalmente en: http://www.lashistoriasquepodemoscontar.cl/ert.htm
Cumplí 26 años -la edad que tenía mi
papá, Eugenio, al morir- en el verano de 1999 en el balneario de Calafquén. Mi
hijo Lucas tenía entonces cuatro meses y a mis días prácticamente los llenaban
las tareas de la lactancia y el juego. El tiempo que me quedaba lo usé para
pensar y tomar notas sobre el impacto que tuvo en mi vida y la de mi familia la
violencia en la historia reciente de nuestro país. En un principio, hice este
ejercicio pensando en entregar el resultado a mis compañeros de universidad en
el Diplomado de Crítica Cultural de la Universidad Arcis. Sin embargo, la
autorreferencia nunca ha sido bien vista en los ambientes académicos y el mismo
pudor del que trata el texto fue más grande de los sospechado: no sólo no lo
mostré ahí sino que no se lo mostré a nadie ni lo saqué del disco duro de mi
computador durante casi dos años hasta que hace algunos días decidí que fuera
leído en el contexto de un homenaje a mi papá organizado por quienes fueron sus
amigos. Desde ese verano las cosas han cambiado un poco. La detención de
Pinochet en Londres gatilló una avalancha de querellas en los tribunales
chilenos y la adopción de una fórmula en los medios de comunicación para tratar
"el tema de los derechos humanos". El silencio del que trata este texto
ya no es el mismo, es otro.
1.
Escribo sobre lo único que tengo
ganas de escribir en una época de retraimiento a lo privado. Es una suma de
historias personales, lamentos, percepciones sociales y citas culturales.
Escribo sobre el pensamiento doloroso, el pudor del dolor y el silencio. Sobre
la inadecuación y la desadaptación.
Al escribir rescato la invitación a
nombrar "lo que pasó" -y sus réplicas-, a buscar un lenguaje para
expresar una realidad solitaria e irreductible, pero que concierne al mundo
público.
2.
La memoria es el
recuerdo de algo. La facultad de recordar y la práctica de hacerlo. La
experiencia de la imaginación herida tiene su raíz en el pasado, pero no
enfrenta el "ahora" del recuerdo con el "antes" del objeto
recordado. Es un caudal de pensamiento sujeto a la metamorfosis y a las
inclemencias del tiempo. Circular, desaparece en las manos del olvido, para
reaparecer siempre como un virus, cuando bajan las defensas del organismo. Como
un trauma, se origina en el pasado y se alimenta de las heridas del presente.
3.
Hay quienes
pensaron que al dejar de nombrar la realidad de la violencia ésta dejaría de
existir y no repercutiría con su golpe sobre mi mente y mi cuerpo de niña. Pero
no sólo al ser nombrada se hace efectiva la violencia, también existe en la
omisión, el eufemismo y la mentira. Multiplica su potencial destructivo al
dejar que el cuerpo sufra toda la sintomatología negándole a la mente un
diagnóstico.
4.
La violencia de los
colegios, que enseñan la historia de Chile saltándose olímpicamente la de los
últimos treinta años.
La violencia de los medios de
comunicación, que degradan lo terrible al hacer equivaler el nuevo hallazgo en
el descubrimiento de cuerpos de detenidos desaparecidos con el gol de la
jornada, pasando en voz de Cecilia Serrano "a un tema más alegre".
Porque nadie quiere que nos vayamos a dormir asustados.
5.
No crecí en un
medio de izquierda ni en absoluto ideologizado. En el colegio donde estudié,
lleno de pequeños momiecillos, podía percibir que mi familia era diferente a lo
que a mi me parecían "todas" las demás familias, por estar marcada
por la persecución y la muerte.
Había que mentir por recomendación de
mis mayores. El mundo era peligroso y lo que había ocurrido podía volver a
ocurrir. Mis compañeros de curso, de seis o siete años, ya eran posibles espías
de los asesinos de mi padre que siempre estarían observando. No hablar, esa era
la norma.
6.
La desadaptación no
era un problema de la conducta, racionamiento típico de la sicología
educacional, sino un problema de la conciencia. La escuela no ayudaba a
entender un mundo de monstruos.
7.
En la última Feria del Libro se
presentó el documental de Silvio Caiozzi "Fernando ha Vuelto" sobre
el reconocimiento de uno de los cadáveres encontrados en el patio 29. Cada uno
de los cerca de 200 espectadores vive la experiencia de retraerse del espacio
público -copia feliz de la transición: banalizador del intelecto y celebratorio
del mercado- que es la Feria del Libro y se adentra, a través de la narración
-patética- de la historia de Fernando, en la propia relación dolorosa que cada
uno tiene con la represión. Experiencia amparada por la oscuridad de la sala,
la calidad de espectadores, la pretendida soledad de cada uno frente a la
pantalla. Cuando la película acaba todos estamos llorando. Por Fernando, por su
madre, su mujer y su hijo. Por el país y la historia que nos ha tocado vivir.
Por nosotros mismos.
Cuando se encienden las luces nos
apuramos en limpiarnos las lágrimas y guardamos silencio. Espiamos de reojo la
reacción de los demás y escondemos la propia. En lo que demoramos en recuperar
el habla pensamos que no tenemos palabras, no tenemos discurso que nos salve
del silencio. No sabemos qué decir. Sólo porque hay que decir algo decimos
"terrible", "espeluznante", como ha sido durante años
nuestra propia imaginación.
El silencio va haciendo de a poco el
efecto deseado. Nos maquilla el rostro, preparándonos para salir de la sala y
regresar a la fiesta de la Estación Mapocho.
Preferimos no hablar, es cierto, pero
tampoco sabemos cómo. Nos sentimos identificados con la madre de Fernando, esa
mujer a la que de pena le dio hemiplejia y perdió la capacidad de hacerse
entender.
8.
El silencio, que
cubre como un manto la violencia de nuestra historia, es en parte como dice
Nelly Richard "una resistencia a la ley que nos obliga a la articulación
fonética del sentido". Es también una resistencia al destino fatal de la
palabra en el mercado: convertirse en "una verdad entre otras". Pero
es además producto del pudor y del bloqueo, de la incapacidad para nombrar y de
la introyección de una norma muda. La falta de lugar para el recuerdo es el
resultado de un proceso de retroalimentación del silencio entre los espacios
públicos y privados.
9.
Así mismo como la
violencia, según Francesca Lombardo "desmantela toda idea de orden, de
medida y (...) hace por lo tanto toda relación improporcional", la
imaginación de la violencia está desprovista de la posibilidad de verse
reflejada de manera simple en el lenguaje. Inconmensurable, se convierte en autista
al chocar con las barreras que la cultura le impone a la expresión y de ella
también es imposible "rendir cuenta" .
10.
El silencio se
vuelve aún más patético al conocer su fatalidad: ser interrumpido apenas por
pequeños lapsus que no serán más que nuevo material para el olvido. Esto
sucede, por ejemplo, cuando la palabra, que supone un enorme esfuerzo
emocional, no encuentra respuesta alguna y la voz, aún temblorosa, tiene como
destino nuevamente el silencio, esta vez del medio social.
11.
A los 12 años me
fui enterando, a través de una serie de documentos, de cómo había muerto mi
papá. Documentos literalmente escondidos en la casa de mi abuela, encontrados
por mi como ayudada por un radar. Aún hoy me impresiona que se me haya ocurrido
buscar en un marco detrás de una foto, donde aparecía yo de dos años bañándome
en la tina. Como si detrás de mi mirada angélical tuviera que esconderse algo
terrible.
Le faltaba un ojo. Le habían
arrancado la nariz. Tenía profundas quemaduras en la cara. Tenía el cuello
quebrado. Tajos y heridas de bala. Los huesos quebrados en mil pedazos. Le
habían arrancado las uñas de las manos y los pies. Y le habían dicho que me
iban a matar a mi y a mi mamá.
Frases que leídas con resistencia y
horror quedaron tatuadas en mi mente. Con gran esfuerzo, logré silenciar su
repetición insistente en el pensamiento. Para poder disfrutar de la vida
cotidiana tuve que bloquear el recuerdo. Este silencio intrapersonal se
proyectaba sobre las relaciones interpersonales: no le dije nada a nadie hasta
muchos años después y aún hoy las he repetido pocas veces.
12.
El conocimiento de
la tortura me dio una lección sobre el corazón humano que me acompañará para
siempre.
13.
No existe, en el
caso de la memoria de la violencia, una guerra por la palabra y el sentido. Más
bien funciona como una tiranía del sentido. Una voz única que se levanta -la
del consenso- sobre un área devastada por la violencia. Su éxito, y
oportunismo, consiste en haber surgido antes de la recuperación de la voz de
los sectores sociales resentidos, y haber convertido en inaudibles sus tenues
intentos por hablar, subiendo el volumen de sus jingles.
14.
Existe una
retroalimentación continua entre el silencio como requerimiento del consenso y
parte constitutiva del pacto en el que se funda nuestra democracia y el olvido,
como forma defensiva de bloqueo mental para intentar, con o sin éxito, evitar
el dolor y la imaginación mórbida.
En el silencio y el olvido existe
siempre el riesgo de que la aparición desprevenida del duelo nos enfrente con
los otros y con nosotros mismos con una nueva brutalidad. Que haya piedrazos,
golpes, suicidios y asesinatos. Que vuelvan toda la pena y la rabia como si no
hayan estado haciendo otra cosa que crecer en algún lugar del inconsciente.
15.
Sueño que caminamos
mi abuela, mi bisabuela y yo, vestidas de luto, por el desierto de atacama. El
sol sobre nuestras cabezas nos hace arrastrar los pies de agotamiento. Tras
nosotros va un robot al que no le cuesta caminar porque tiene ruedas,
sonriendo.
16.
El duelo se
arrastra a través del tiempo, inmodificado, casi estático, sin más que pequeñas
variaciones de intensidad. No es algo que haya pasado (en mi caso y el de
muchos de mi generación), es algo que pasa, pasa en nuestras mentes y en
nuestras familias, nos convierte en desadaptados entre desadaptados, en
fingidores, en el mejor de los casos, en termitas en la pata de la silla del obispo.
17.
"Es parte de
las culturas humanas saber manejar simbólicamente la muerte. De lo contrario la
muerte sería eterna, inolvidable, se reproduciría en los parientes; cada muerte
asesinaría todo el entorno (...)"
José Bengoa, Carta Abierta a Eduardo
Frei Ruiz-Tagle
Mi abuela viste de luto hace 26 años.
Prometió terminar con el luto cuando acabara la dictadura, pero no lo hizo. El
duelo no ha acabado y el negro, signo silencioso, viene a ocupar el lugar
dejado por la palabra.
18.
Que haya sido una maquinaria
extranjera la que logró el fin de la omisión sistemática de los medios de
comunicación chilenos sobre la relación entre Dictadura Militar y
degeneramiento moral y político es, en parte, sintomático de la proyección del
silencio intra e interpersonal sobre el espacio público en forma de
desmovilización.
19.
Mi abuela me contó
que las mujeres que recibieron su testimonio en la Comisión Rettig, le dijeron
que ella y mi mamá eran las primeras personas entrevistadas que no lloraban al
contar su historia. Mi abuela estaba orgullosa de haber podido guardar la
compostura en el dolor, de nunca haber llorado en público. Su conciencia
"aristocrática" consideraba vergonzosas las demostraciones públicas
de afecto y eso me fue transmitido. Si no podía llorar, era mejor no hablar del
todo, porque una cosa podría llevar a la otra y quedaría expuesta a la
impudicia.
20.
-Tú eres hija de Brunner. ¿Por qué
entonces tu apellido?
Con seriedad en el rostro y una
mirada que siempre debe caer en los ojos del interlocutor:
-Porque mi papá murió poco después de
que yo nací. Brunner es mi papá adoptivo.
-¿De qué murió?
-Lo asesinaron los militares.
Este pequeño diálogo, que he repetido
un centenar de veces, ilustra cómo me veo obligada a comunicar una información
para mi terrible a cualquiera que se le ocurra preguntar.
21.
Estando obligada a interrumpir con mi
información de lo terrible la ligereza de ánimo de las conversaciones post-
dictatoriales, me resiento, odio la ligereza, le doy una nueva vuelta de tuerca
a mi proceso de desadaptación.
22.
Ahora mismo,
mientras escribo debo hacer un enorme esfuerzo para vencer el pudor. Qué
sentimentales y obvios parecen mis lamentos.
Sin embargo, a pesar de no sentir
"la culpa de olvidar" de la que habla Moulian, simplemente porque no es
posible olvidar, me siento, como se ha visto, cómplice del silencio. Si parece
este un lugar inadecuado, presento mis motivos para pensar que no lo es tanto:
ningún lugar es adecuado. La inadecuación es un elemento central de mi relato.
23.
Me contaron cuando
niña que mi papá había muerto fusilado. El certificado de defunción corcheteado
a la libreta de familia decía así: muerte por impacto de bala.
En el fusilamiento que inventó mi
familia, o en el que yo misma inventé según mi imaginación de "Tardes de
Cine", un pelotón de soldados disparaba al unísono sobre un hombre con los
ojos vendados. Este acto hacía que todos se sintieran inocentes pues nunca
sabrían si había sido su bala la que había dado muerte al hombre. Así también
en mi mente era el sistema el que se dejaba caer sobre mi padre; eran hombres
sin rostro, que de a uno eran inocentes y que sólo sumados se volvían asesinos,
los que lo habían matado.
Cuando me enteré de los detalles de
su larga agonía durante su detención en la Base Aérea de Cerro Moreno y en la Cárcel
de Antofagasta, tuve que ocupar toda mi imaginación para lograr representarla
(no había un símil en "Tardes de Cine"). Imaginé, y lo sigo haciendo,
esas sesiones de tortura y todos los posibles rostros de sus torturadores y
asesinos.
24.
Los dogmas
cristianos sirven para explicarse la brutalidad con la que actuaron
torturadores y asesinos: si el diablo existe, ellos son sus hijos y si el alma
existe, ellos no la tienen. Pero para el pensamiento laico la realidad es menos
fabulosa y más terrible, no hay un Dios a quién culpar, a quién acusar de
irresponsable. La brutalidad no es más que un producto de la cultura y la
naturaleza, una posibilidad ofrecida por la condición humana.
25.
Me veo a los siete
u ocho años leer una revista en la que describen cómo a una mujer detenida por
la DINA le introdujeron ratas vivas en la vagina. Me veo dando vuelta páginas y
páginas de declaraciones de tortura. Me sudan las manos y siento cómo me sube
la sangre a la cabeza. Ya no quiero leer lo que he escrito aquí, ni siquiera
para corregir la ortografía. Sueño que bombardean el Arcis y se me abre la
herida de la cesárea. No le hablo a nadie de lo que escribo y dudo de mi
capacidad de mostrarlo alguna vez.
26.
Cuando nació mi
hijo supe que él heredaría esta historia de violencia. Me puse a llorar porque
supe cómo mi abuela había querido a mi padre y cómo mi padre me había querido a
mi. Cómo cada uno desea poder proteger a sus hijos del sufrimiento y la
brutalidad. Y como, de forma más o menos radical, todos fracasaremos.
Algún día mi hijo Lucas llorará por
su abuelo que murió a los 26 años, sentirá rabia, tomará partido y hará
imposible la reconciliación de nuestra sociedad.
Los hijos y los nietos de los
asesinos y sus amigos heredarán argumentos que justifiquen los crímenes y
nuestros hijos heredarán la imaginación herida.
Enero 1999, Calafquén.
martes, 26 de enero de 2016
Eugenio Ruiz-Tagle. Las mentiras del Mercurio y de los neoliberales quedan a la vista.
No sólo El Mercurio mintió ayer. Hoy la
prensa concertacionista miente por omisión, cuando no se dice que Eugenio
Ruiz-Tagle fue del MAPU, dato importante para entender su asesinato. Se
pretende hacer desaparecer el Partido de Eugenio, que no haya la menor memoria
de su existencia. Por algo será.
DDHH. Las
volteretas del diario de Edwards: El Mercurio no solo Miente es “Cómplice”
16/01/2016
Por Mario López M.
Más de cuarenta años
después del crimen del ingeniero Eugenio Ruiz-Tagle, ejecutado político, El
Mercurio publica una carta al director que da cuenta de la sentencia judicial,
que establece la verdad del caso. Años antes, informaba que el joven
profesional había sido fusilado tras un Consejo de Guerra (inexistente),
culpable de “malversación y terrorismo”, cargos que fueron inventados. Ruiz Tagle
en realidad fue ametrallado y repasado a corvo por los integrantes de la
Caravana de la Muerte.
El emblemático caso
del ingeniero Eugenio Ruiz-Tagle Orrego, exgerente de Industria Nacional del
Cemento (Inacesa) en Antofagasta, brutalmente ejecutado en 1973 por la llamada
Caravana de la Muerte, y cuya reciente sentencia definitiva estableció como uno
de los crímenes más atroces de la dictadura, no solo ha estado ligado
fuertemente a la historia de violaciones de DDHH en el país, sino que también a
El Mercurio, al primer desafuero de Pinochet y a la participación de la
aristocracia nacional, que llevó al propio Jaime Guzmán, mentor de la UDI, a
intervenir en el caso.
“Hasta la vista,
amigo”
El 12 de septiembre
de 1973 Eugenio Ruiz-Tagle Orrego optó por presentarse voluntariamente ante los
mandos militares de Antofagasta, luego de ser requerido a hacerlo por el Bando
Militar n° 3. Herman Zuljevic Rojas, directo colaborador del ingeniero, lo
acompaño a hacerlo. “No creía que lo iban a matar. Eugenio decía que creía en
el apego de los uniformados a la democracia”, recuerda. “Nos despedimos con un
apretón de manos cariñoso, deseando volver a encontrarnos”. Esa fue la última
vez que su amigo y también su familia lo vieron vivo. Tras estar preso por 11 días
en la base aérea de Cerro Moreno de Antofagasta, fue trasladado a la cárcel
local. Desde ahí fue secuestrado y asesinado, transformándose en una de las 75
víctimas de la Caravana de la Muerte.
Ruiz-Tagle (26), una
persona catalogada de “brillante y humanitaria” por quienes desde su entorno
dialogaron con Cambio21 acerca de su historia, era primo del expresidente
Eduardo Frei Ruiz-Tagle. En aquel entonces estaba casado con Mónica
Espinoza –quien posteriormente se transformó en la esposa del ex ministro José
Joaquín Brunner (PPD)-, tenía una hija: Josefa. Su viuda reconoció que “Eugenio
se presentó porque pensó que, si no lo hacía, mucha gente iba a caer presa, y
probablemente yo y la Josefa íbamos a sufrir las consecuencias también (…) les
informaron a los papás en ese momento. Que era una cosa totalmente
administrativa, que no había ningún cargo contra él, que nunca había estado
involucrado en nada, y que esto simplemente se tenía que aclarar”.
Eugenio Ruiz-Tagle
fue uno de los 14 prisioneros políticos que fue secuestrado desde la cárcel
pública en Antofagasta por la Caravana de la Muerte y llevado clandestinamente
a la “Cuesta del Way”, en el desierto, donde fue masacrado. Jamás a su respecto
se ejecutó un Consejo de Guerra, nunca fue juzgado, como asegurara más tarde la
dictadura y El Mercurio. Uno de los testigos del secuestro fue el otrora cabo
de Gendarmería Luis González Pacheco, quien declaró: “Los formaron al lado de
los camiones y uno que mandaba comenzó a pasar lista. Después dijo: ¡Ya, arriba
con ellos! Los militares los tiraron al camión como sacos de papas. Los
detenidos estaban asustados y algunos preguntaban: ¿Dónde me llevan? ¿Qué me
van a hacer?”, recuerda.
¡Miserables!
El general Gonzalo
Santelices –quien fuera absuelto del crimen-, declaró judicialmente que
salieron de Antofagasta en camiones y se internaron en la pampa, deteniéndose a
esperar al escuadrón de Arellano Stark. Luego procedieron a bajar a los
detenidos “Los formamos en línea frente a los camiones, que tenían las luces encendidas.
Vi que estaba Fernández Larios. Enseguida se sintieron miles de disparos
(luego) “los llevamos a la morgue, donde nos estaban esperando”, confesó el
general. Lo que no relata, pero sí lo hacen los demás testigos que participaron
del horrendo crimen, fue lo acontecido durante los homicidios y el estado de
los cuerpos.
Así lo describió su
madre, Alicia Orrego: “Sólo pude ver a mi hijo ya en el ataúd, a través del
vidrio. De las torturas que sufrió en su cuerpo, no puedo dar testimonio
directo. No lo vi, pero el abogado y el empleado de la funeraria lloraban al
contármelo. De su cara, de su cuello, de su cabeza, sí puedo hablar. Lo tengo
grabado a fuego para siempre. Le faltaba un ojo, el izquierdo. Tenía la nariz
quebrada, con tajos, hinchada y separada abajo, hasta el fin de una aleta.
Tenía la mandíbula inferior quebrada en varias partes. La boca era una masa
tumefacta, herida, no se veían dientes. Tenía un tajo largo, ancho, no muy
profundo en el cuello. La oreja derecha hinchada, partida y semi arrancada del
lóbulo hacia arriba. Tenía huellas de quemaduras o, tal vez, una bala
superficial en la mejilla derecha, un surco profundo. Su frente, con pequeños
tajos y moretones. Su cabeza estaba en un ángulo muy raro, creí por eso que
tenía el cuello quebrado”.
La abogada Alicia
Vidal Magno, recuerda cómo quedó el ingeniero, tras ver su cuerpo en la morgue
local: “Les faltaban las uñas de las manos y los pies (…) su columna estaba
quebrada en tres partes, presentaba fracturas en el cráneo y las costillas, sus
puños estaban amarrados con alambre y le faltaba un ojo”. El testimonio de la
profesional coincide con la autopsia. El general Lagos relató al juez Guzmán:
“Estaban irreconocibles, masacrados”. En el proceso se puede leer: “Los
llevaron a una quebrada, amarrados, rodeados de un inmenso contingente militar
y luego, ya de noche alumbrados por los focos de los vehículos, desde unos
camiones bajan los soldados camuflados y con pinturas, corriendo y gritando,
armados con corvos y prácticamente destrozan a las víctimas que nada podían
hacer”.
El Mercurio, “secuaz”
de la dictadura
El Mercurio tituló el
19 de octubre de 1973 sobre los hechos: “Planeaban asesinatos en masa en
Antofagasta” y a continuación daba cuenta que Eugenio Ruiz-Tagle Orrego fue ejecutado
(fusilado) por instrucciones “ordenadas por la Junta Militar de Gobierno a fin
de acelerar el proceso de depuración marxista y de centrar los esfuerzos en la
recuperación nacional“. No fue la única oportunidad en que se refirió a lo
acontecido con el joven ingeniero, lo haría muchas otras veces después, incluso
recientemente, algunas para avalar de manera cómplice el crimen, otras para dar
a conocer cartas de la familia e incluso un reportaje que daba a reconocer el
“exceso cometido respecto de este joven y destacado profesional”.
La edición de El
Mercurio del 9 de junio de 1976 dio a conocer la “defensa” de la dictadura al
Informe sobre “ejecuciones ilegales” de la CIDH de la OEA, y donde se daba
cuenta del caso del ingeniero: “Ruiz-Tagle Orrego fue procesado en la causa
349-73 que instruyó el 1° Juzgado Militar de Antofagasta. Se le comprobó
participación como autor de malversación de caudales públicos (…) giró fondos
para adquirir armamentos para el partido Socialista y el Movimiento Acción Popular
(sic). Se acreditó su responsabilidad en la organización de un plan terrorista
programado para los días 18 y 19 de septiembre de 1973. Como consecuencia de
haberse comprobado fehacientemente su responsabilidad en estos hechos, el
tribunal correspondiente le impuso la pena de muerte que se cumplió por
fusilamiento el 19 de octubre de 1973.”
Jamás hubo juicio,
menos “fusilamiento”, pues fue una vil masacre, pero para El Mercurio, la
respuesta de la dictadura debía ser ensalzada: “Deseamos que este esfuerzo (el
del gobierno de Pinochet) contribuya a disipar las falsedades que se repiten
sobre Chile en el exterior, y a situar en sus verdaderos términos la situación
de los derechos humanos en nuestro país. Este aporte a la verdad corresponde a
la mejor tradición de la prensa chilena”, aseguraba el diario de propiedad de
Agustín Edwards. La “noticia” que daba por cierta El Mercurio, era una puesta
en escena del general Joaquín Lagos, jefe de zona de Antofagasta, tras los
asesinatos ejecutados por la comitiva del general Arellano Stark. Lagos, que se
opuso a la medida, confesó judicialmente que debió mentir para mantener
“ascendiente sobre la ciudadanía”.
De Pinochet a Jaime
Guzmán
Las acusaciones sobre
el crimen de Ruiz-Tagle llegaron a altas esferas de la dictadura. Ellas
denunciaban terribles flagelos, inexistencia de juicio y muerte cruel,
ejecutada por la comitiva de Arellano, en su calidad de "delegado"
del mismo Pinochet. El ministro de Justicia de la época, Gonzalo Prieto
Gándara, el 31 de octubre de 1973, envió un memorándum confidencial al general
Patricio Carvajal, entonces titular de Defensa, en que daba cuenta de “las
torturas a que habría sido sometido el ciudadano don Eugenio Ruiz-Tagle Orrego,
quien posteriormente fue ejecutado al parecer sin previa condena del Tribunal
competente”. Y, además, señala: “La denuncia en cuestión me ha sido confirmada,
personalmente, por los abogados Sergio Diez Urzúa y Jaime Guzmán Errázuriz”.
Pinochet no dudo en
contestar por escrito el 24 de noviembre de ese año al general Osvaldo Salas,
Auditor General del Ejército: “Proponga respuesta: El señor Eugenio Ruiz-Tagle
O. fue ejecutado en razón a los graves cargos que existían contra él. No hubo
torturas, según información”. Este sería uno de los documentos vitales tenidos
a la vista al momento de provocar el primer desafuero de Pinochet: “Si al
Comandante en Jefe del Ejército le hubiere merecido reproche lo actuado por
Arellano, resultaría totalmente incomprensible que el 2/12/1973, antes de haber
transcurrido dos meses de los luctuosos sucesos, asumiera como Comandante en
Jefe de la 2ª División del Ejército”, indica la sentencia.
María Alicia, la
hermana de Eugenio, recuerda: “Ciertamente, Jaime (Guzmán) se enteró de la
muerte de Eugenio por un bando militar que decía que habían ejecutado al
terrorista Eugenio Ruiz-Tagle o algo por el estilo. Me consta que Guzmán dijo
que si tenía que poner las manos al fuego por alguien, ese era Eugenio, ya que
se conocían y respetaban mucho desde la época de la universidad. Guzmán dijo
que iba a hacer los contactos con los miembros de la Junta, y sé que tenía muy
buena relación con el general Óscar Bonilla. Me constan las varias llamadas
recibidas de parte de Jaime Guzmán y del general Bonilla, quien personalmente
me expresó su dolor por lo ocurrido”.
No se crea, como
intentó hacerlo aparecer en su oportunidad el gobierno totalitario y la propia
cadena Mercurial, que Jaime Guzmán hubiera sido un adalid de la justicia. Como
se recordará, Guzmán era partidario acérrimo de la dictadura y contrario, como
solía decirlo, a la “dictablanda”. Una minuta conocida del inspirador de la
UDI, luego del golpe, señala: “El éxito de la Junta está directamente ligado a
la dureza y energía que el país aplaude. Todo complejo o vacilación en este propósito
será nefasto. El país sabe que enfrentará una dictadura y la acepta”. Guzmán
sostuvo que “la Junta de Gobierno no responde ante nadie, sino ante Dios y la
historia”, según consta en la sesión de la Comisión Constituyente del 5 de
septiembre de 1974.
¡Por fin se hace
justicia!
El Mercurio volvería
un par de veces a referirse al caso de Ruiz-Tagle, incluso con una extensa nota
publicada el 17 de febrero de 2001, que se titulaba “Los pedazos de una vida”,
cuyas autoras son Marcela Escobar y Virginia Herrera. Allí se relataba la
truncada vida del joven profesional. El artículo comenzaba: “Fue un excelente
alumno del Verbo Divino. Un deportista innato. Un idealista que optó por la
sencillez extrema. En octubre de 1973 se convirtió en uno de los torturados y
fusilados por la llamada Caravana de la Muerte. Un documento revelado hace diez
días acredita que el general (r) Augusto Pinochet habría sabido de su
ejecución. Esta es la historia que hay detrás de un joven que se encontró con
la muerte a los veintiséis años”.
Se trataba de El
Mercurio, el mismo que había acusado a Ruiz-Tagle de terrorista y delincuente.
No hubo un mea culpa, menos pedir perdón… Hace pocos días, en sus cartas al
director, dio cabida nuevamente al tema. Esta vez publicó (sin censura al
parecer), una nota de la hermana del joven ingeniero asesinado, que daba cuenta
de la sentencia de la Corte Suprema que condenó a parte de los criminales que
participaron de los luctuosos sucesos que llevaron a la muerte a su hermano.
“Señor Director: El
19 de octubre de 1973, mi hermano Eugenio fue asesinado en Antofagasta por
miembros de la comitiva del general Arellano Stark, delegado especial de
Pinochet. El 18 de diciembre de 2015, 42 años más tarde, la Corte Suprema
confirmó la resolución de la Corte de Apelaciones y condenó a siete
suboficiales (r) de la llamada Caravana de la Muerte por 14 delitos de
homicidio calificado en Antofagasta durante la noche del 18 al 19 de octubre de
1973. Sergio Arellano Stark fue sobreseído por demencia (…) Ni el estar bajo la
custodia del Ejército ni las gestiones al más alto nivel de Gastón Cruzat y
Luis Fernandois, abogados de mis padres, impidieron que fuera torturado en
Cerro Moreno ni que fuera masacrado y mutilado hasta morir por quienes
conformaban la Caravana de la Muerte”, señala la carta.
“Esta verdad se negó reiteradamente durante
décadas. Mi familia tuvo que soportar durante años todo tipo de hirientes
comentarios y recriminaciones relacionadas con sus supuestas actividades
"terroristas" (…) La sentencia de la Corte Suprema por fin valida
nuestra verdad. Lo triste es que ya pasó demasiada agua bajo el puente y el
tema a pocos interesa; el juicio social ya está hecho. Mis padres y hermano
Emilio murieron prematuramente llevando esa pena en su corazón (…) Sin embargo
me alegra que esta sentencia aún llega a tiempo para mis muy queridas cuñada
Mónica y sobrina Josefa e hijos. El juicio de la historia les reafirmará que su
padre fue un hombre de bien, que creyó en la solidaridad y la justicia con una profunda
dedicación a los más desposeídos, y que por ello terminó asesinado. La
impunidad finalmente llegó a su fin”, termina señalando María Alicia Ruiz-Tagle
Orrego.
Comentario:
Eugenio fue fundador y militante del MAPU. Desde marzo de
1973 formó parte del MAPU Obrero Campesino. Por su consecuencia, su calidad
humana y el puesto que desempeñaba en el servicio público –en calidad de
militante- fue asesinado por la Caravana de la Muerte.
Por lo general, los medios de comunicación del régimen
neoliberal no publican nada que mencione al MAPU. Hay una orden al respecto, al
MAPU solo se le menciona para denigrarlo; al Partido y a su gente. El régimen
mantiene una estrategia de desaparición y negación contra el Partido de ayer y
el de hoy.
L«s compañer«s que fuimos del MAPU,
PMOC, MJL y otras orgánicas de la misma familia, estamos reorganizándonos. Esto
no le gusta al capital, al neoliberalismo. “POR ALGO SERÁ”, como decía Rodrigo
Ambrosio.
Pero nuestra desaparición no le resultó a Pinochet, a la
DINA, a la CNI. No le resultó a Belisario del Asco, a Juan Carvajal, a Jorge
Burgos. Se les chingó, y aquí estamos, junto a Rodrigo, a los Maureira, a
Lincoyán Huenul, a Antonioletti, a Norma Vergara, a Maino, a Elizabeth Rekas, a
Cecilia Magnet, a tant«s otr«s. Sus banderas siguen alzadas. Nuestr«s compañer«s siguen en la lucha.
sábado, 12 de julio de 2014
ESTUDIANTES Y PROFESORES DE LA U. CATÓLICA ASESINADOS O DESAPARECIDOS POR PINOCHET
LIBRO RECUERDA A ESTUDIANTES Y PROFESORES DE LA U. CATÓLICA ASESINADOS O DESAPARECIDOS POR PINOCHET
Fuente: JusticiaSi,CorrupcionNo
Una treintena de estudiantes, graduados y profesores jóvenes de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), que la dictadura de Pinochet (1973-1990) asesinó o hizo desaparecer por sus ideas políticas, fueron rescatados del olvido 37 años después en el libro Una luz sobre la sombra: detenidos desaparecidos y asesinados de la Pontificia Universidad Católica de Chile, editado por el Colectivo Memoria PUC, integrado por una quincena de ex estudiantes sobrevivientes de la peor tragedia del siglo 20 en los celebrados 200 años de historia política de esta nación gobernada de nuevo por las mismas fuerzas que derrocaron a Salvador Allende e instalaron la dictadura.
Una luz sobre la sombra... será presentado el miércoles 6 de octubre, a las 19 horas, en el aula magna del campus San Joaquín de la UC por el académico Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia y ex profesor de esa casa de estudios; Joaquín Walker, actual presidente de la Federación de Estudiantes de esa casa de estudios (Feuc); y Fernando Castillo Velasco, de 90, rector de la PUC en los años 60/70. El texto de 180 páginas refleja una investigación del equipo editor y de la periodista y escritora Nancy Guzmán, con prólogo del historiador Salazar y diseño gráfico y portada de José Bórquez. El libro tiene un rasgo atípico en el negocio editorial contemporáneo: en vez de invocar la propiedad intelectual y prohibir/amenazar, autoriza su reproducción por cualquier medio con la única condición de citar la fuente.
Entre las víctimas se encuentran talentosos jóvenes, como las (os) periodistas Diana Arón y Eduardo Jara, la incipiente cinematografista Carmen Bueno y su pareja documentalista Jorge Hernán Müller Silva -cámara de La batalla de Chile--, el estudiante de ingeniería Allan Bruce, el profesor de inglés Alejandro Ávalos, el pedagogo y ex sacerdote Omar Venturelli y otras vidas truncadas. El ex fiscal del ejército Alfonso Podlech, abogado y terrateniente anticomunista que envío a la muerte a Venturelli y a decenas de personas en la Araucanía-Temuco, hoy se encuentra preso en Italia desde 2006, juzgado por un tribunal que investiga el asesinato de éste y otros ciudadanos de origen italiano ultimados en Chile, Argentina y Uruguay.
Cinco víctimas --Ismael Chávez, María Teresa Eltit, Ángel Guerrero, Samuel Lazo y Ernesto Ríos-- estudiaban en el Departamento Universitario Obrero Campesino (DUOC), que nació en 1968, con la Reforma Universitaria y el primer rector laico de la PUC, Castillo Velasco, para dar educación gratuita a hijos de obreros y campesinos, tal como otros programas de las universidades de Chile, Técnica del Estado y Federico Santa María dirigidos a trabajadores y alumnos pobres que recibían formación en carreras técnicas de alto nivel. Al año de fundarse, el DUOC tenía 475 alumnos y siguió creciendo, pero hoy la educación debe pagarse.
Entre las víctimas figuran también Eugenio Ruiz Tagle-Orrego, ingeniero civil y militante del Mapu, pariente del ex presidente y actual senador demócrata cristiano Eduardo Frei R-T, quien perdió las elecciones ante Sebastián Piñera. Sus ideas políticas condujeron a todas las víctimas de la Católica a militar o simpatizar con los diferentes partidos y movimientos que caracterizaron la diversidad política de la época que marcaron la presidencia de Salvador Allende (1970-1973) y el ascenso de las luchas sociales en Chile en la década del 60.
Según el orden alfabético de sus apellidos, el libro rinde tributo a la memoria de Diana Frida Arón Svigilsky, Alejandro Ávalos Davidson, Jenny del Carmen Barra Rosales, Leopoldo Raúl Benítez Herrera, Patricio Biedma Schadewaldet, Alan Roberto Bruce Catalán, Carmen Cecilia Bueno Cifuentes, Mauricio Jean Carrasco Valdivia, María Teresa Eltit Contreras, Ismael Darío Chávez Lobos, Ángel Gabriel Guerrero Carrillo, Ignacio Orlando González Espinoza, Luis Enrique González González, José Eduardo Jara Aravena, Juan Alberto Leiva Vargas, José Patricio del Carmen León Gálvez, Samuel del Tránsito Lazo Maldonado, Enrique López Olmedo, Víctor Eduardo Oliva Troncoso, Jaime Ignacio Ossa Galdámez, Ernesto Igor Ríos Céspedes, Alicia Viviana Ríos Crocco, Juan Carlos Rodríguez Araya, Eugenio Ruiz Tagle Orrego, Enrique Antonio Saavedra González, Jilberto Patricio Urbina Chamorro, Omar Roberto Venturelli Leonelli y Héctor Patricio Vergara Doxrud.
De las víctimas, 5 pertenecieron al Mapu, 2 al PC, 1 al partido Socialista, 18 al MIR y 3 no registran militancia, como Ernesto Ríos, de 18 años, muerto en 1986 de un balazo en el cráneo disparado desde un helicóptero durante una protesta popular. También hay tres extranjeros, como el sociólogo Enrique López Olmedo nacido en España y el arquitecto Patricio Biedma, nacido en Buenos Aires, quien terminó sus estudios en la Católica y se quedó a vivir y trabajar en Chile, tras huir de la dictadura argentina de Juan Carlos Onganía. Su asesinato secreto, al igual que la desaparición de otras 118 personas, fue enmascarado por la Operación Colombo del Plan Cóndor, con el montaje periodístico sobre un falso enfrentamiento "en las pampas argentinas" en que murieron 119 supuestos refugiados que huían de Chile. Esta colosal mentira fabricada por los diarios de las cadenas El Mercurio, La Tercera y otros grandes medios, con la complicidad de ciertos periodistas de la época, también es conocida como el caso de "Los 119" .
Otro caso terrorífico sesgó la vida del joven boliviano Enrique Saavedra, 18, quien jamás mostró ningún interés por la política. Sólo viajó a Chile para formarse como ingeniero comercial en la Católica, que ya había adquirido prestigio internacional como una suerte de sucursal de las teorías neoliberales que impartía la escuela de economía de la universidad de Chicago. Alcanzó a aprobar el primer semestre en 1973 y con su primo Ramiro Carlos González enfrentaban la aventura de vivir solos en un hotel céntrico de la capital chilena. Cuatro días después del golpe salieron a caminar por las calles, a curiosear y comprar alimentos tras el prolongado toque de queda implantado el día del golpe, 11 de septiembre de 1973. Jamás regresaron al hotel, nunca más se supo de ellos. No aparecieron sus cadáveres, ni hubo causa judicial. Nada. Pasaron al olvido como si nunca hubieran existido.
La única explicación de esta desaparición es la fobia racista contra todos los extranjeros estandarizada por los militares como pilar ideológico del golpe contra Allende "para defender a la patria amenazada por el comunismo internacional". Las fantasías castrenses pregonaban el mito de un ejército secreto de 10.000 checoslovacos, húngaros, cubanos, etc., y toda clase de "comunistas" empeñados en dominar el país. Cualquier latinoamericano sospechoso de "tropical" o que hablara de manera distinta al chileno se convirtió tras el golpe en un peligroso "comunista cubano", aunque fuera brasilero o centroamericano, y si era negro, peor.
Por lo demás, desde la expansión territorial chilena con la guerra de 1879, los bolivianos siempre han padecido la xenofobia racista propagada por la clase propietaria bicentenaria, que hoy se vuelca masivamente en el odio casi generalizado contra los trabajadores inmigrantes peruanos y de cualquier otro origen que llegan a un Chile supuestamente próspero en busca de mejores horizontes.
Empatía PUC-dictadura
La UC, que también se llama Pontificia porque pertenece al Vaticano, fue un importante soporte ideológico y teórico de los militares. La universidad jamás mostró interés en rescatar la memoria de estas víctimas de la casa de estudios, en contradicción con el innegable esfuerzo de 17 años de la jerarquía católica por "dar voz a quienes no la tienen" defendiendo los derechos humanos de las víctimas de la dictadura (1973-1990) a través de la Vicaría de la Solidaridad. La facultad de economía de la PUC importó en los ‘60 las nuevas teorías político-económicas acuñadas por Milton Friedman en la Universidad de Chicago, que del debate académico pasaron a implantarse por la fuerza en Chile sobre un pueblo incapaz de defenderse a causa de la feroz represión castrense, en el primer experimento neoliberal de la historia contemporánea en todo el planeta.
Muchos académicos de la facultad de economía de la PUC se convirtieron en millonarios, ministros y altos cuadros del aparato económico-financiero del estado, que bajo la dictadura militar privatizó todas las empresas públicas, incluida la línea aérea LAN, que al cabo de los años terminó en manos de Sebastián Piñera. El mayor aporte teórico de esos ingenieros comerciales fue un pesado texto fundamentalista de teoría económica apodado "El Ladrillo", que se convirtió en el catecismo neoliberal de la dictadura.
En el ámbito jurídico, el académico de derecha Jaime Guzmán, ideólogo del régimen militar, muy cercano a Pinochet y profesor de derecho de la Católica, fue uno de los forjadores de la constitución impuesta por la dictadura en 1980, después de gobernar 7 años sin ninguna carta fundamental. Esta constitución sigue vigente en Chile con el maquillaje de varias modificaciones que más bien legitimaron y eternizan una carta que satisface los intereses de la clase política actual. Algunos profesores, como el abogado y ex senador UDI Carlos Bombal, incluso ayudaron a la DINA a capturar y torturar a sus colegas y alumnos de ideología izquierdista.
"Son conocidos los casos del abogado Carlos Bombal, que ayudó a la DINA en la detención de Alejandro Ávalos Davidson, [de] Andrés Terrisse, quien habría participado en interrogatorios a detenidos de la Universidad Católica , y el de la enfermera egresada de esta casa de estudios María Eliana Bolumburú Taboada, que fue conocida en la DINA como la ‘Reina del Pentotal' por ser quien lo inyectaba a los detenidos antes de ser subidos al helicóptero que los lanzaba al mar", cita un párrafo del libro (pág. 24).
Manto de silencio
"Durante más de 37 años de silencio oficial se apoderó de la memoria de quienes dejaron sus vidas por un Chile mejor; ellos eran estudiantes, académicos y trabajadores de la Pontificia UC ", anunció el periodista Carlos Antonio Vergara, en una conferencia de prensa convocada para promover la presentación del libro. "Se rompe un silencio de 37 años sobre una treintena de personas que luchó por la justicia social y los cambios legítimos, pero fueron víctimas de una represión brutal", dijo el historiador Gabriel Salazar. "Esto no sólo es un recuerdo, también es un mensaje al futuro", añadió el académico, "para que la gente de la misma generación y nuevos dirigentes sepan que también antes hubo movilización de los estudiantes por sus ideales".
"Pretendemos dejar una huella, después que se tendió un manto oscuro y nadie dijo nada", afirmó el ex estudiante Luis Aguilar, uno de los promotores del libro, hoy ingeniero civil. Relató que en 1993 se instaló una placa recordatoria en la cafetería de la escuela de sociología, pero al parecer el grabado resultó molesto porque desapareció de manera misteriosa, nadie sabe cuándo, por qué, ni quién la retiró. En 2007 hubo una misa y eso fue todo... "Esta es la primera vez que se reivindica seriamente la memoria de nuestros compañeros, que junto a nosotros protagonizaron la reforma universitaria de 1967" , dijo el ex estudiante Sergio Requena Rueda, hoy ingeniero civil residente en Inglaterra.
" La Universidad Católica se abre con este reconocimiento y rescate del olvido de nuestros compañeros del pasado que están en nuestro recuerdo con afecto y cariño", dijo Joaquín Walker, presidente de la Feuc, en la conferencia de prensa realizada en la sede de la casa central. El apoyo de la federación estudiantil resultó clave para lograr que la presentación de Una luz sobre la sombra se realice en un recinto de la propia PUC.
"¡El Mercurio miente!"
El movimiento estudiantil, que en 1967 se tomó la casa central de la PUC para impulsar la reforma universitaria antes que el "mayo francés de 1968" , concitó la ira de los conservadores de la época y en respuesta a los ataques de la gran prensa instaló en el frontis del histórico edificio principal un memorable lienzo gigante con la frase "¡El Mercurio miente!", que conserva plena vigencia casi 40 años después.
La reforma universitaria, impulsada por jóvenes católicos, en su mayoría demócrata cristianos que terminaron rompiendo con su partido original, cuando Castillo Velasco era el rector de la PUC, dio origen en 1968 al Movimiento 11 de Agosto, que fue el primer embrión del futuro partido izquierdista Mapu (Movimiento de Acción Popular Unitaria), que a pesar de su origen cristiano se declaró marxista y apoyó decididamente al gobierno de Salvador Allende (1970-1973). Cinco de las víctimas rescatadas por el libro pertenecieron al Mapu.
Una vez instalada la "democracia negociada" que sustituyó a la dictadura, parte del Mapu se incorporó al partido Por la Democracia (PPD), en tanto el grueso se fundió con el PS, pero conservó cierta identidad como fracción influyente en la conducción de ese partido durante los 20 años de gobiernos post Pinochet, pero abrazando la ideología socialdemócrata neoliberal adoptada por la mayoría de los partidos "socialistas" del mundo. El Mapu fue la primera cuna política de destacados ministros, jefes políticos, legisladores y altos funcionarios de dos décadas de gobiernos de la coalición Concertación de Partidos por la Democracia.
"Yo fui miembro del consejo superior de la universidad, elegido dos veces por los estudiantes", recordó el ingeniero Marcelo Duhalde, quien hoy reside en París y viajó a la presentación del libro, al igual que Héctor Vásquez, otro ingeniero, ex estudiante de la Católica y hoy residente en Francia, también del equipo productor del libro. La reforma universitaria, que después la dictadura hizo polvo, conquistó una representación estudiantil de 20% en el consejo universitario, que observó 75% para los docentes y 5% para los trabajadores no académicos, recordó Duhalde.
La PUC ha sido históricamente la cuna formadora de la gran mayoría de la clase política de las dos facciones de la derecha conservadora que hoy gobiernan Chile con Sebastián Piñera, la alianza UDI y RN. Casi todos los ministros y altos funcionarios del actual gobierno se formaron en las aulas de la PUC y después cursaron los clásicos postgrados en las universidades más emblemáticas del capitalismo estadounidense, Harvard, Yale, Chicago y otras. Hoy la PUC compite con nuevas y numerosas universidades privadas creadas en Chile para formar en el dogma neoliberal a los futuros cuadros del capitalismo salvaje, en un país donde también se paga la educación superior impartida por las escasas "universidades públicas" que sobreviven con un magro presupuesto fiscal.
Fondo Documental Eugenio Ruiz-Tagle Orrego (Flacso)
Rescate histórico de Publicaciones Clandestinas
Portar uno de estos periódicos podía significar la detención, la tortura o hasta un pasaje a la muerte. Hacerlos o imprimirlos era un desafío mayor. Son miles de números diferentes de El Rebelde, El Siglo, Unidad Antifascista, en los que se puede rastrear el pensamiento de las catacumbas. Desde mañana, estarán disponibles en Internet.
Por J.O.J.
Fuente: La Nacion, Santiago, Chile, Domingo 8 de junio de 2003
El tamaño de las 15 fotografías es de 4 centímetros de ancho por 5 de alto. No hay ningún rostro. Es el texto completo en hojas de oficio del acta de la reunión de la Unidad Popular (UP), del 14 al 17 de octubre de 1975, en Londres. Asistieron Volodia Teitelboim y Rodrigo Rojas, por el PC; Adonis Sepúlveda, por el PS; Anselmo Sule y Benjamín Teplisky, por el PR; Bosco Parra por la IC; Oscar Guillermo Garretón, por el Mapu, y Jaime Gazmuri con José Miguel Insulza por el Mapu-OC.
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En los medios autorizados en Chile no hay información de esta "cumbre" de los más acérrimos opositores -enemigos, al uso oficial de entonces-. Alguien trajo el microfilme o las fotografías. Y los militantes del gobierno derrocado en septiembre de 1973 pudieron informarse.
El documento, que se leyó con el corazón con miedo y con lupa -por partida doble-, es uno entre los miles de boletines periódicos o resoluciones partidarias que -con sus diferentes formatos y calidades- sirvieron para que la política sobreviviera en la clandestinidad.
Desde mañana, como parte del Fondo Documental Eugenio Ruiz -Tagle Orrego, estará al alcance de todos en el sitio de Internet de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). El Fondo fue creado a instancias del cientista político Augusto Varas, quien aportó muchos de los poco más de dos mil documentos iniciales. El financiamiento es de la Fundación Ford.
Francisco Rojas, director de Flacso, argumenta que cada uno de los textos es valioso en sí mismo y como parte de las diferentes fases de la oposición a Pinochet. "Son invaluables para preguntarnos y aprender por qué los pensamos o qué pensamos en ese momento. Por qué con una información muy fragmentaria pensamos y se tomaron las decisiones que se tomaron, que tuvieron consecuencias personales y para el país".
Para contribuir a esto, hasta ahora se ha reunido la colección completa de El Rebelde en la Clandestinidad, del MIR; Unidad y Lucha, del PS; Principios, del PC; la casi totalidad de los boletines de la Agencia Informativa de la Resistencia (AIR), A La Moneda, del Mapu, y cientos de panfletos y boletines inorgánicos.
También están los primeras declaraciones partidarias post golpe; instructivos para la vida clandestina; las conclusiones de plenos y congresos en la ilegalidad-o en el exilio-, y cartas entre dirigentes. Destacan los esfuerzos para recrear la UP entre 1974 y 1979; el intercambio de análisis sobre cómo caracterizar a la dictadura de Pinochet (la mítica discusión entre "bonapartistas" y "gorilistas"). Además, se puede seguir con minuciosidad la renovación del socialismo y su fragmentación. O sea, el sigiloso pensamiento de la vocación de izquierda mientras la vida pendía de un hilo.
La historiadora Carolina Torrejón, coordinadora del Fondo Documental, ha encabezado el proceso de clasificación de los documentos. Dice que sólo con esta tarea ya es posible afirmar que a fines de 1975 las diversas izquierdas "valorizan la democracia más allá de los apellidos con que se le motejaba a fines de los ‘60, o cómo a partir de 1979 las palabras ‘consenso’ y ‘convergencia’ orientan la discusión".
"Hay instructivos de clandestinidad -cuenta Torrejón- que muestran cierta candidez para enfrentar la represión. El 10 de marzo de 1975, en una carta a la dirección del Mapu-OC, Andrés Pascal Allende, líder del MIR, firmó sobre su nombre completo y anotó entre paréntesis ‘desde ahora Cristóbal"..
La historiadora agrega una dimensión al debate actual sobre las violaciones de los derechos humanos:
"Al recorrer estos papeles e imágenes estamos ante los militantes de agrupaciones de izquierda no en su calidad de víctimas, no bajo el horror y la muerte, sino ante sus vidas, sus logros y luchas. Esto pensaban, de esta manera explicaban el mundo".
Unidad y Lucha.
Uno de los redactores jefe de Unidad y Lucha (1974-1984), del PS, refresca su labor en la clandestinidad. Se trabajaba en un proceso de tres fases compartimentadas: recolección de información y redacción; impresión y distribución.
Los tres primeros números fueron redactados por Carlos Lorca, ex diputado y ex secretario general de las Juventudes Socialistas, detenido en junio de 1975 por la DINA y visto con vida por última vez al mes siguiente en Villa Grimaldi. Tenía 30 años de edad.
En marzo de 1974, cuando salió el primer ejemplar, Lorca -siquiatra de profesión-, hizo una caracterización de los primeros seis meses de la dictadura, que sentó las bases de la discusión sobre el tipo de régimen y cómo enfrentarlo.
Uno de los colaboradores del último número que Lorca dirigió fue nombrado encargado de comunicaciones del PS y reclutó a quienes tomaron su relevo; entre ellos, al nuevo redactor jefe.
Este recuerda que los agentes represivos interceptaron la distribución de una edición y apresaron a todos los encargados, con su sola excepción. Le salvó el hecho que los demás no sabían su real identidad. Durante seis meses estuvo "congelado" de sus afanes clandestinos, pero en ejercicio de su vida pública.
Para esta fase, se disponía de una red de periodistas que trabajaban en todos los medios autorizados, principalmente en El Mercurio, La Tercera, Las Ultimas Noticias, TVN, Canal 13 y Canal 11 -actual Chilevisión-, y las radios.
Estos relataban a cada uno de los tres integrantes de la célula de redacción las noticias que no se publicaban en sus medios. El redactor de Unidad y Lucha participaba, a su vez, en un encuentro con sus pares del PC y del Mapu, para optimizar la difusión y hacer más efectiva y menos riesgosas las etapas que faltaban.
Para la redacción se disponía de un periodista, un diagramador (en este caso un arquitecto), el impresor y el enlace con la dirección del partido. A diferencia de otras publicaciones, primó más un criterio periodístico que de control ideológico.
Listo el material, era enviado o recogido -dependiendo del nivel de riesgo- por el responsable de la impresión, cuyo único medio era un mimeógrafo. El tiraje -cerca de mil ejemplares- dependía de cómo estaba la mano represiva.
La fase final, de distribución local y para el exilio, estaba a cargo exclusivo de militantes, con métodos tan ingeniosos como el de un dueño de una distribuidora de huevos, que en medio de las cajas de los pedidos a domicilio incluía los boletines para continuar la cadena.
Pero uno de los actos de mayor audacia era dejarlo a nombre de algún periodista en los medios autorizados, para marcar presencia. "Muchas veces me tocó recibir mi propio trabajo clandestino de manos de uno de mis jefes para que viese si había algo de interés. En mi faceta pública podía leerlo sin correr peligro. Paradójico y emocionante".
Unidad y Lucha –evalúa su responsable- pudo dar cuenta desde una óptica socialista de los grandes cambios que introdujo la dictadura, especialmente en el campo económico, para que se tomaran decisiones con información lo más fidedigna posible. Por ejemplo, en el caso de la aplicación del Plan Cauas -la entrada en gloria y majestad de los "Chicago Boys"-, cuando las demás publicaciones clandestinas daban cuenta que de el régimen tenía más detractores que seguidores y que sería de corta vida, Unidad y Lucha apostó por su persistencia.
Unidad Antifascista.
Uno de los máximos responsables de las publicaciones clandestinas del Partido Comunista, a partir del golpe hasta mediados de los ‘80 -cuando debió exiliarse-, dice que la evolución de sus boletines da cuenta de la profundidad del desmantelamiento de las estructuras realizada por los militares. Recuerda: "Todas las medidas de resguardo de los medios técnicos previstas antes del 11 quedaron superadas".
El primer esfuerzo del PC en este ámbito fue concretar una red confiable de información propia y de las demás colectividades proscritas. "Cada uno sabía su rol específico, pero nada del de los demás. Por esto, de los primeros informes prácticamente no hay testimonio. En muchos casos se trataba de hojas mecanografiadas que buscaban elevar la moral partidaria, incluso con poemas –por cierto sin mucho valor literario- que dieron cuenta que se había al menos sobrevivido".
El paso siguiente, relata uno de los coordinadores de Liberación, órgano de las JJ.CC., fue reforzar el sentido de unidad y continuidad partidaria con la denuncia de los crímenes de la dictadura. "Pero teníamos que resolver problemas prácticos: cómo comprar la cantidad de papel y tinta suficientes sin levantar sospechas de nadie. La redacción se hacía en casa de simpatizantes o personas de buena voluntad que no levantaran sospechas".
Liberación circuló desde fines de 1973 hasta 1974, cuando la delación todavía campeaba. "Nos propusimos -continúa- desenmascarar las ‘fugas’ y ‘enfrentamientos’ con que se justificaron los asesinatos. Para eso se detallaban al máximo las circunstancias de cada hecho. Recuerdo especialmente el asesinato de cinco jóvenes en lo que ahora es la comuna de Cerro Navia, que fue anunciado por el régimen como un enfrentamiento. Hay una hermosa canción de Quilapayún inspirada en esta masacre".
La reunión de sus redactores comunistas no solía ser en torno a una mesa sino en largas caminatas por Santiago o, por ejemplo, en un colectivo, cuyo conductor era militante de la Izquierda Cristiana.
Reconstruida la estructura orgánica partidaria, se comenzó a editar Unidad Antifascista, cuyo título daba cuenta del objetivo comunista de aunar a todos los que estaban en contra de la dictadura, aunque hubiesen sido opositores de la UP. Al igual que en Unidad y Lucha, se contó con la ayuda de muchos profesionales que pudieron seguir trabajando en los medios, autorizados por las Fuerzas Armadas.
Unidad Antifascista se esforzó en mantener una periodicidad lo más rigurosa posible, que se complementaba con los programas radiales del exilio como Escucha Chile, de Radio Moscú. En algunos casos su tiraje llegó a los 2 mil 500 ejemplare, también mimeografiados, y se remarcó un mensaje de identificación con los padres de la Patria, para dar cuenta de la magnitud de lo que enfrentaba. Por ser un órgano oficial, su contenido tuvo supervisión política.
A fines de 1979, la dirección del PC decidió reeditar El Siglo, lo que conllevó un enorme desafío en la calidad de los contenidos y en los medios de reproducción. Uno de los trabajos más riesgosos, recuerda el editor de Unidad Antifascista fue recuperar el logotipo histórico e imprimir en papel de diario.
Cómo acceder a los textos.
El Fondo Documental Eugenio Ruiz-Tagle es un archivo especializado en la historia política chilena desde 1964 hasta 1989. Tiene todos los documentos en facsímiles digitales Se puede acceder a ellos y a su catálogo en el sitio de Internet http://www.flacso.cl.
Esta constituido por textos prácticamente inexistentes en archivos públicos. Recibe donaciones o pide que se facilite su registro digital.
Quién fue Eugenio Ruiz-Tagle.
Eugenio Ruiz-Tagle Orrego (casado, una hija), era militante del Mapu-OC. El 19 de octubre de 1973 fue ejecutado junto a otras 14 personas por integrantes de la Caravana de la Muerte, liderada por el general Sergio Arellano Stark.
Ruiz-Tagle tenía 26 años de edad y era gerente de la Industria Nacional de Cemento (Inacesa) en Antofagasta. Se presentó por su voluntad ante los jefes militares el 12 de septiembre de 1973. Estuvo preso en la base de Cerro Moreno y en la cárcel local, donde fue torturado.
Mientras estudió ingeniería, destacó por su liderazgo.
"Como dirigente buscó hablar del país desde la universidad, de las ideas fundamentales que recorrían a Chile: la justicia y la equidad", recuerda el director de Flacso, Francisco Rojas.
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