domingo, 5 de febrero de 2017
A cien años de la Revolución rusa
PARA REFLEXIONAR Y DEBATIR
El problema del pasado es
no pasar: a cien años de la Revolución rusa
Boaventura de Sousa Santos*
Este
año se conmemora el centenario de la Revolución rusa [1] y también los 150 años
de la publicación del primer volumen de El capital de Karl Marx. Juntar ambas
efemérides puede parecer extraño porque Marx nunca escribió con detalle sobre
la revolución y la sociedad comunista y, de haberlo hecho, resulta inimaginable
que lo que escribiese tuviera cierto parecido con lo que fue la Unión Soviética
(URSS), sobre todo después de que Stalin asumiera la dirección del partido y
del Estado. La verdad es que muchos de los debates que la obra de Marx suscitó
durante el siglo XX, fuera de la URSS, fueron una forma indirecta de discutir
los méritos y deméritos de la Revolución rusa.
Ahora
que las revoluciones hechas en nombre del marxismo terminaron o evolucionaron
hacia… el capitalismo, tal vez Marx (y el marxismo) tenga por fin la
oportunidad de ser discutido como merece –como teoría social. La verdad es que
el libro de Marx, que tardó cinco años en vender los primeros mil ejemplares
antes de convertirse en uno de los libros más influyentes del siglo XX, ha
vuelto a convertirse en un bestseller en los últimos tiempos y, dos décadas
después de la caída del Muro de Berlín, al fin estaba siendo leído en países
que habían formado parte de la URSS. ¿Qué atracción puede suscitar un libro tan
denso? ¿Qué reclamo puede tener en un momento en que tanto la opinión pública
como la abrumadora mayoría de los intelectuales están convencidos de que el
capitalismo no tiene fin y que, en caso de tenerlo, ciertamente no será
sucedido por el socialismo? Hace veintitrés años publiqué un texto sobre el
marxismo como teoría social [2]. En una próxima columna indicaré lo que, en mi
opinión, ha cambiado y no ha cambiado desde entonces, y trataré de responder a
estas preguntas. Ahora me ocupo del significado de la Revolución rusa.
Muy
probablemente, los debates que a lo largo de este año se lleven a cabo sobre la
Revolución rusa repetirán todo lo que ya se ha dicho y debatido y terminarán
con la misma sensación de que es imposible un consenso sobre si la Revolución
rusa fue un éxito o un fracaso. A primera vista, resulta extraño, pues tanto si
se considera que la Revolución rusa terminó con la llegada de Stalin al poder
(la posición de Trotsky, uno de los líderes de la revolución) como con el golpe
de Estado de Boris Yeltsin en 1993, parece evidente que fracasó. Sin embargo,
esto no es evidente, y la razón no está en la evaluación del pasado, sino en la
evaluación de nuestro presente. El triunfo de la Revolución rusa consiste en
haber planteado todos los problemas a los que las sociedades capitalistas se
enfrentan hoy. Su fracaso radica en no haber resuelto ninguno Excepto uno. En
futuras columnas abordaré algunos de los problemas que la Revolución rusa no
resolvió y siguen reclamando nuestra atención. Aquí me concentro en el único
problema que resolvió.
¿Puede
el capitalismo promover el bienestar de las grandes mayorías sin que esté en el
terreno de la lucha social una alternativa creíble e inequívoca al capitalismo?
Este fue el problema de que la Revolución rusa resolvió, y la respuesta es no.
La Revolución rusa mostró a las clases trabajadoras de todo el mundo, y muy
especialmente a las europeas, que el capitalismo no era una fatalidad, que
había una alternativa a la miseria, a la inseguridad del desempleo inminente, a
le prepotencia de los patrones, a los gobiernos que servían a los intereses de
las minorías poderosas, incluso cuando decían lo contrario. Pero la Revolución
rusa ocurrió en uno de los países más atrasados de Europa y Lenin era
plenamente consciente de que el éxito de la revolución socialista mundial y de
la propia Revolución rusa dependía de su extensión a los países más
desarrollados, con sólida base industrial y amplias clases trabajadoras. En
aquel momento, ese país era Alemania. El fracaso de la Revolución alemana de
1918-1919 hizo que el movimiento obrero se dividiera y buena parte de él pasase
a defender que era posible alcanzar los mismos objetivos por vías diferentes a
las seguidas por los trabajadores rusos. Pero la idea de la posibilidad de una
sociedad alternativa a la sociedad capitalista se mantuvo intacta. Se
consolidó, así, lo que se pasó a llamarse reformismo, el camino gradual y democrático
hacia una sociedad socialista que combinase las conquistas sociales de la
Revolución rusa con las conquistas políticas y democráticas de los países
occidentales. En la posguerra, el reformismo dio origen a la socialdemocracia
europea, un sistema político que combinaba altos niveles de productividad con
altos niveles de protección social. Fue entonces que las clases trabajadoras
pudieron, por primera vez en la historia, planear su vida y el futuro de sus
hijos. Educación, salud y seguridad social públicas, entre muchos otros
derechos sociales y laborales. Quedó claro que la socialdemocracia nunca
caminaría hacia una sociedad socialista, pero parecía garantizar el fin
irreversible del capitalismo salvaje y su sustitución por un capitalismo de
rostro humano.
Entretanto,
del otro lado de la “cortina de hierro”, la República Soviética (URSS), pese al
terror de Stalin, o precisamente por su causa, revelaba una pujanza industrial
portentosa que transformó en pocas décadas una de las regiones más atrasadas de
Europa en una potencia industrial que rivalizaba con el capitalismo occidental
y, muy especialmente, con Estados Unidos, el país que emergió de la Segunda
Guerra Mundial como el más poderoso del mundo. Esta rivalidad se tradujo en la
Guerra Fría, que dominó la política internacional en las siguientes décadas.
Fue ella la que determinó el perdón, en 1953, de buena parte de la inmensa
deuda de Alemania occidental contraída en las dos guerras que infligió a Europa
y que perdió.
Era
necesario conceder al capitalismo alemán occidental condiciones para rivalizar
con el desarrollo de Alemania oriental, por entonces la república soviética más
desarrollada. Las divisiones entre los partidos que se reclamaban defensores de
los intereses de los trabajadores (los partidos socialistas o socialdemócratas
y los partidos comunistas) fueron parte importante de la Guerra Fría, con los
socialistas atacando a los comunistas por ser conniventes con los crímenes de
Stalin y defender la dictadura soviética, y con los comunistas atacando a los
socialistas por haber traicionado la causa socialista y ser partidos de derecha
muchas veces al servicio del imperialismo norteamericano. Poco podían imaginar
en ese momento lo mucho que los unía.
Mientras
tanto, el Muro de Berlín cayó en 1989 y poco después colapsó la URSS. Era el
fin del socialismo, el fin de una alternativa clara al capitalismo, celebrado
de manera incondicional y desprevenida por todos los demócratas del mundo. Al
mismo tiempo, para sorpresa de muchos, se consolidaba globalmente la versión
más antisocial del capitalismo del siglo XX, el neoliberalismo, progresivamente
articulado (sobre todo a partir de la presidencia de Bill Clinton) con la
dimensión más depredadora de la acumulación capitalista: el capital financiero.
Se intensificaba, así, la guerra contra los derechos económicos y sociales, los
incrementos de productividad se desligaban de las mejoras salariales, el
desempleo retornaba como el fantasma de siempre, la concentración de la riqueza
aumentaba exponencialmente. Era la guerra contra la socialdemocracia, que en
Europa pasó a ser liderada por la Comisión Europea, bajo el liderazgo de Durão
Barroso, y por el Banco Central Europeo.
Los
últimos años mostraron que, con la caída del Muro de Berlín, no colapsó
solamente el socialismo, sino también la socialdemocracia. Quedó claro que las
conquistas de las clases trabajadoras en las décadas anteriores habían sido
posibles porque la URSS y la alternativa al capitalismo existían. Constituían
una profunda amenaza al capitalismo y este, por instinto de sobrevivencia, hizo
las concesiones necesarias (tributación, regulación social) para poder
garantizar su reproducción. Cuando la alternativa colapsó y, con ella, la
amenaza, el capitalismo dejó de temer enemigos y volvió a su voracidad
depredadora, concentradora de riqueza, rehén de su contradictoria pulsión
para, en momentos sucesivos, crear inmensa riqueza y luego después destruir
inmensa riqueza, especialmente humana.
Desde
la caída del Muro de Berlín estamos en un tiempo que tiene algunas semejanzas
con el periodo de la Santa Alianza que, a partir de 1815 y tras la derrota de
Napoleón, pretendió barrer de la imaginación de los europeos todas las
conquistas de la Revolución francesa. No por coincidencia, y salvadas las
debidas proporciones (las conquistas de las clases trabajadoras que todavía no
fue posible eliminar por vía democrática), la acumulación capitalista asume hoy
una agresividad que recuerda al periodo pre-Revolución rusa. Y todo lleva a
creer que, mientras no surja una alternativa creíble al capitalismo, la
situación de los trabajadores, de los pobres, de los emigrantes, de los
jubilados, de las clases medias siempre al borde de la caída abrupta en la
pobreza no mejorará de manera significativa. Obviamente que la alternativa no
será (no sería bueno que fuese) del tipo de la creada por la Revolución rusa.
Pero tendrá que ser una alternativa clara. Mostrar esto fue el gran mérito de
la Revolución rusa.
Notas:
[1] Cuando me refiero a la Revolución rusa, me refiero exclusivamente
a la Revolución de Octubre, ya que fue la que sacudió el mundo y condicionó la
vida de cerca de un tercio de la población mundial en las décadas siguientes.
Fue precedida por la Revolución de Febrero de ese mismo año, que depuso al zar
Nicolás II y se prolongó hasta el 26 de octubre (según el calendario juliano
entonces vigente en Rusia) cuando los bolcheviques, liderados por Lenin y
Trotsky, tomaron el poder con las consignas “Paz, pan y tierra” y “¡todo el
poder para los soviets!”, es decir, los consejos de obreros, campesinos y
soldados.
[2] Véase el capítulo “Todo lo sólido se desvanece en el aire.
¿También el marxismo?”, en De la mano de Alicia: lo social y lo político en la
postmodernidad, Siglo del Hombre, Colombia, 1998, págs. 21-53.
*Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la
Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la
Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de
Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos establecimientos académicos del mundo.
Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo
en el área de la sociología jurídica y es uno de los principales dinamizadores
del Foro Social Mundial.
Artículo enviado a Other News por el autor. Traducción de Antoni
Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez
lunes, 23 de enero de 2017
La globalización ha muerto
Por Álvaro García Linera
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El desenfreno por un inminente mundo sin fronteras, la algarabía por la constante jibarización de los estados-nacionales en nombre de la libertad de empresa y la cuasi religiosa certidumbre de que la sociedad mundial terminaría de cohesionarse como un único espacio económico, financiero y cultural integrado, acaban de derrumbarse ante el enmudecido estupor de las élites globalófilas del planeta.
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El desenfreno por un inminente mundo sin fronteras, la algarabía por la constante jibarización de los estados-nacionales en nombre de la libertad de empresa y la cuasi religiosa certidumbre de que la sociedad mundial terminaría de cohesionarse como un único espacio económico, financiero y cultural integrado, acaban de derrumbarse ante el enmudecido estupor de las élites globalófilas del planeta.
La renuncia de Gran Bretaña a continuar en la Unión Europea –el proyecto más importante de unificación estatal de los cien años recientes– y la victoria electoral de Trump –que enarboló las banderas de un regreso al proteccionismo económico, anunció la renuncia a tratados de libre comercio y prometió la construcción de mesopotámicas murallas fronterizas–, han aniquilado la mayor y más exitosa ilusión liberal de nuestros tiempos. Y que todo esto provenga de las dos naciones que hace 35 años atrás, enfundadas en sus corazas de guerra, anunciaran el advenimiento del libre comercio y la globalización como la inevitable redención de la humanidad, habla de un mundo que se ha invertido o, peor aún, que ha agotado las ilusiones que lo mantuvieron despierto durante un siglo.
La globalización como meta-relato, esto es, como horizonte político ideológico capaz de encauzar las esperanzas colectivas hacia un único destino que permitiera realizar todas las posibles expectativas de bienestar, ha estallado en mil pedazos. Y hoy no existe en su lugar nada mundial que articule esas expectativas comunes. Lo que se tiene es un repliegue atemorizado al interior de las fronteras y el retorno a un tipo de tribalismo político, alimentado por la ira xenofóbica, ante un mundo que ya no es el mundo de nadie.
La medida geopolítica del capitalismo
Quien inició el estudio de la dimensión geográfica del capitalismo fue Karl Marx. Su debate con el economista Friedrich List sobre el capitalismo nacional, en 1847, y sus reflexiones sobre el impacto del descubrimiento de las minas de oro de California en el comercio transpacífico con Asia, lo ubican como el primero y más acucioso investigador de los procesos de globalización económica del régimen capitalista. De hecho, su aporte no radica en la comprensión del carácter mundializado del comercio que comienza con la invasión europea a América, sino en la naturaleza planetariamente expansiva de la propia producción capitalista.
Las categorías de subsunción formal y subsunción real del proceso de trabajo al capital con las que Marx devela el automovimiento infinito del modo de producción capitalista, suponen la creciente subsunción de la fuerza de trabajo, el intelecto social y la tierra, a la lógica de la acumulación empresarial; es decir, la supeditación de las condiciones de existencia de todo el planeta a la valorización del capital. De ahí que en los primeros 350 años de su existencia, la medida geopolítica del capitalismo haya avanzado de las ciudades-Estado a la dimensión continental y haya pasado, en los pasados 150 años, a la medida geopolítica planetaria.
La globalización económica (material) es pues inherente al capitalismo. Su inicio se puede fechar 500 años atrás, a partir del cual habrá de tupirse, de manera fragmentada y contradictoria, aún mucho más.
Si seguimos los esquemas de Giovanni Arrighi, en su propuesta de ciclos sistémicos de acumulación capitalista a la cabeza de un Estado hegemónico: Génova (siglos XV-XVI), Países Bajos (siglo XVIII), Inglaterra (siglo XIX) y Estados Unidos (siglo XX), cada uno de estos hegemones vino acompañado de un nuevo tupimiento de la globalización (primero comercial, luego productiva, tecnológica, cognitiva y, finalmente, medio ambiental) y de una expansión territorial de las relaciones capitalistas. Sin embargo, lo que sí constituye un acontecimiento reciente al interior de esta globalización económica es su construcción como proyecto político-ideológico, esperanza o sentido común; es decir, como horizonte de época capaz de unificar las creencias políticas y expectativas morales de hombres y mujeres pertenecientes a todas las naciones del mundo.
El fin de la historia
La globalización como relato o ideología de época no tiene más de 35 años. Fue iniciada por los presidentes Ronald Reagan y Margaret Thatcher, liquidando el Estado de bienestar, privatizando las empresas estatales, anulando la fuerza sindical obrera y sustituyendo el proteccionismo del mercado interno por el libre mercado, elementos que habían caracterizado las relaciones económicas desde la crisis de 1929.
Cierto, fue un retorno amplificado a las reglas del liberalismo económico del siglo XIX, incluida la conexión en tiempo real de los mercados, el crecimiento del comercio en relación con el producto interno bruto (PIB) mundial y la importancia de los mercados financieros, que ya estuvieron presentes en ese entonces. Sin embargo, lo que sí diferenció esta fase del ciclo sistémico de la que prevaleció en el siglo XIX fue la ilusión colectiva de la globalización, su función ideológica legitimadora y su encumbramiento como supuesto destino natural y final de la humanidad.
Y aquellos que se afiliaron emotivamente a esa creencia del libre mercado como salvación final no fueron simplemente los gobernantes y partidos políticos conservadores, sino también los medios de comunicación, los centros universitarios, comentaristas y líderes sociales. El derrumbe de la Unión Soviética y el proceso de lo que Antonio Gramsci llamó transformismo ideológico de ex socialistas devenidos furibundos neoliberales, cerró el círculo de la victoria definitiva del neoliberalismo globalizador.
¡Claro! Si ante los ojos del mundo la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), que era considerada hasta entonces el referente alternativo al capitalismo de libre empresa, abdica de la pelea y se rinde ante la furia del libre mercado –y encima los combatientes por un mundo distinto, públicamente y de hinojos, abjuran de sus anteriores convicciones para proclamar la superioridad de la globalización frente al socialismo de Estado–, nos encontramos ante la constitución de una narrativa perfecta del destino natural e irreversible del mundo: el triunfo planetario de la libre empresa.
El enunciado del fin de la historia hegeliano con el que Francis Fukuyama caracterizó el espíritu del mundo, tenía todos los ingredientes de una ideología de época, de una profecía bíblica: su formulación como proyecto universal, su enfrentamiento contra otro proyecto universal demonizado (el comunismo), la victoria heroica (fin de la guerra fría) y la reconversión de los infieles.
La historia había llegado a su meta: la globalización neoliberal. Y, a partir de ese momento, sin adversarios antagónicos a enfrentar, la cuestión ya no era luchar por un mundo nuevo, sino simplemente ajustar, administrar y perfeccionar el mundo actual, pues no había alternativa frente a él. Por ello, ninguna lucha valía la pena estratégicamente, pues todo lo que se intentara hacer por cambiar de mundo terminaría finalmente rendido ante el destino inamovible de la humanidad, que era la globalización. Surgió entonces un conformismo pasivo que se apoderó de todas las sociedades, no sólo de las élites políticas y empresariales, sino también de amplios sectores sociales que se adhirieron moralmente a la narrativa dominante.
La historia sin fin ni destino
Hoy, cuando aún retumban los últimos petardos de la larga fiesta del fin de la historia, resulta que quien salió vencedor, la globalización neoliberal, ha fallecido dejando al mundo sin final ni horizonte victorioso; es decir, sin horizonte alguno. Donald Trump no es el verdugo de la ideología triunfalista de la libre empresa, sino el forense al que le toca oficializar un deceso clandestino.
Los primeros traspiés de la ideología de la globalización se hacen sentir a inicios de siglo XXI en América Latina, cuando obreros, plebeyos urbanos y rebeldes indígenas desoyen el mandato del fin de la lucha de clases y se coligan para tomar el poder del Estado. Combinan- do mayorías parlamentarias con acción de masas, los gobiernos progresistas y revolucionarios implementan una variedad de opciones posneoliberales, mostrando que el libre mercado es una perversión económica susceptible de ser remplazada por modos de gestión económica mucho más eficientes para reducir la pobreza, generar igualdad e impulsar crecimiento económico.
Con ello, el fin de la historia comienza a mostrarse como una singular estafa planetaria y de nuevo la rueda de la historia –con sus inagotables contradicciones y opciones abiertas– se pone en marcha. Posteriormente, en 2009, en Estados Unidos, el hasta entonces vilipendiado Estado, que había sido objeto de escarnio por ser considerado una traba a la libre empresa, es jalado de la manga por Barack Obama para estatizar parcialmente la banca y sacar de la quiebra a los banqueros privados. El eficienticismo empresarial, columna vertebral del desmantelamiento estatal neoliberal, queda así reducido a polvo frente a su incompetencia para administrar los ahorros de los ciudadanos.
Luego viene la ralentización de la economía mundial, pero en particular del comercio de exportaciones. Durante los 20 años recientes, éste crece al doble del producto interno bruto (PIB) anual mundial, pero a partir de 2012 apenas alcanza a igualar el crecimiento de este último, y ya en 2015 es incluso menor, con lo que la liberalización de los mercados ya no se constituye más en el motor de la economía planetaria ni en la prueba de la irresistibilidad de la utopía neoliberal.
Por último, los votantes ingleses y estadunideneses inclinan la balanza electoral en favor de un repliegue a estados proteccionistas –si es posible amurallados–, además de visibilizar un malestar ya planetario contra la devastación de las economías obreras y de clase media, ocasionado por el libre mercado planetario.
Hoy, la globalización ya no representa más el paraíso deseado en el cual se depositan las esperanzas populares ni la realización del bienestar familiar anhelado. Los mismos países y bases sociales que la enarbolaron décadas atrás, se han convertido en sus mayores detractores. Nos encontramos ante la muerte de una de las mayores estafas ideológicas de los siglos recientes.
Sin embargo, ninguna frustración social queda impune. Existe un costo moral que, en este momento, no alumbra alternativas inmediatas sino que –es el camino tortuoso de las cosas– las cierra, al menos temporalmente. Y es que a la muerte de la globalización como ilusión colectiva no se le contrapone la emergencia de una opción capaz de cautivar y encauzar la voluntad deseante y la esperanza movilizadora de los pueblos golpeados.
La globalización, como ideología política, triunfó sobre la derrota de la alternativa del socialismo de Estado; esto es, de la estatización de los medios de producción, el partido único y la economía planificada desde arriba. La caída del muro de Berlín, en 1989, escenifica esta capitulación. Entonces, en el imaginario planetario quedó una sola ruta, un solo destino mundial. Lo que ahora está pasando es que ese único destino triunfante también fallece. Es decir, la humanidad se queda sin destino, sin rumbo, sin certidumbre. Pero no es el fin de la historia –como pregonaban los neoliberales–, sino el fin del fin de la historia. Es la nada de la historia.
Lo que hoy queda en los países capitalistas es una inercia sin convicción que no seduce, un manojo decrépito de ilusiones marchitas y, en la pluma de los escribanos fosilizados, la añoranza de una globalización fallida que no alumbra más los destinos.
Entonces, con el socialismo de Estado derrotado y el neoliberalismo fallecido por suicidio, el mundo se queda sin horizonte, sin futuro, sin esperanza movilizadora. Es un tiempo de incertidumbre absoluta en el que, como bien intuía William Shakespeare, todo lo sólido se desvanece en el aire. Pero también por ello es un tiempo más fértil, porque no se tienen certezas heredadas a las cuales asirse para ordenar el mundo. Esas certezas hay que construirlas con las partículas caóticas de esta nube cósmica que deja tras suyo la muerte de las narrativas pasadas.
¿Cuál será el nuevo futuro movilizador de las pasiones sociales? Imposible saberlo. Todos los futuros son posibles a partir de la nada heredada. Lo común, lo comunitario, lo comunista es una de esas posibilidades que está anidada en la acción concreta de los seres humanos y en su imprescindible relación metabólica con la naturaleza.
En cualquier caso, no existe sociedad humana capaz de desprenderse de la esperanza. No existe ser humano que pueda prescindir de un horizonte, y hoy estamos compelidos a construir uno. Eso es lo común de los humanos y ese común es el que puede llevarnos a diseñar un nuevo destino distinto de este emergente capitalismo errático que acaba de perder la fe en sí mismo.
domingo, 22 de enero de 2017
CHILE – LUIS MESINA PRESENTA PROPUESTA DE NO + AFP
LUIS MESINA PRESENTA PROPUESTA DE NO + AFP
Fuente: http://werkenrojo.cl/chile-luis-mesina-presenta-propuesta-de-no-afp/
Fuente: http://werkenrojo.cl/chile-luis-mesina-presenta-propuesta-de-no-afp/
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viernes, 20 de enero de 2017
NUESTROS AUSENTES PRESENTES DE ENERO Y FEBRERO
Seguiremos la práctica de recordar a l«s compañer«s mapucistas caídos a lo largo del año, para que recuperemos la memoria colectiva y reflexionemos sobre su sacrificio:
MIENTRAS L«S RECORDEMOS Y TRATEMOS DE SEGUIR ADELANTE SUS MISMAS LUCHAS,
MIENTRAS FLAMEE UNA BANDERA VERDE CON UNA ESTRELLA ROJA,
estos sacrificios no habrán sido en vano.
| La Serena, 2016. Homenaje a Carlos Alcayaga. |
![]() |
| Hornos de Lonkén, 2013. Homenaje a familia Maureira. |
El 16 de enero es un día triste para nosotr«s. En esa fecha, en 1974, en Quillota desapareció (y fue supuestamente fusilado entre ese día y el 19 de enero) nuestro compañero Levy Segundo Arraño Sancho, al interior de la Escuela de Caballería de Quillota. El mismo día, Miguel Ángel Moyano Santander era detenido en su casa en Quinta Normal. Fue llevado a Tejas Verdes, donde fue torturado hasta provocarle la muerte, “por anemia aguda”, acaecida el 4 de febrero de 1974 en el Hospital de San Antonio. Comandaba Tejas Verdes, el coronel Manuel Contreras.
Levy Segundo Arraño Sancho
27 años, Detenido Desaparecido. Quillota, enero 1974.
Militante del MAPU-OC.
Fue presidente del Comité Campesino del Asentamiento San Isidro de Quillota. Trabajaba en una parcela en el camino a la Escuela de Caballería de Quillota. Fue dejado cesante y denunciado por la propietaria, doña Perla, como agitador. Perdió la casa en que vivía con su esposa y su hijo de cinco años. Fue detenido y salió libre, pero no quiso irse de la zona: “Hay mucho que hacer por la gente que sufre de verdad acá en San Isidro, en San Pedro, en El Manzanar, La Tetera, Pueblo Indio, La Calera, La Cruz, Charrabata, El Melón, Limache y Boco”.
El día 5 de Enero de 1974 recibió una citación para presentarse en el Regimiento de Ingenieros N°2 Aconcagua. Dijo a su madre, “como no he hecho nada, no me pueden hacer nada”. Concurrió voluntariamente en horas de la noche, junto con su amigo y compañero Hugo Aranda Bruna, secretario del Comité Campesino, quedando detenidos en dicha unidad militar.
Su cónyuge, Lidia Araya Insunza y su padre, Rufino Arraño Cabrera lo visitaron entre el 11 y el 16 de Enero en el Regimiento, a partir del 17 de Enero se pierde todo rastro del detenido, ese día se informó a su familia que había salido en libertad a las 18:00 hrs.
Un conscripto de apellido Mondaca, hoy fallecido, informó en esa época a la familia que Levy había sido sacado del Regimiento en una camioneta blanca.
La madrugada del 19 de Enero fue ejecutado el compañero Aranda, secretario del Comité Campesino que presidía Arraño, presumiéndose que éste pudo ser muerto en las mismas circunstancias. El capitán a cargo era Francisco Javier Pérez Egart, el mismo que siendo coronel y Comandante impidió en 1990 que el juez instructor de la causa ingresase a la Escuela de Caballería a investigar una inhumación ilegal.
24 años. Muerto por torturas (Ejecutado). San Antonio, 4 de Febrero de 1974.
Militante del MAPU, Comité Local de La Florida, casado. Trabajaba como obrero, dirigente sindical del Sindicato Standart Electric.
Su esposa, Nadia, relata al Comité Memoria MAPU: “Miguel era un idealista, nunca he visto un rostro de regocijo más expresivo que la cara de Miguel cuando le llegó una tarjeta de felicitación del Presidente Allende”.
Un compañero de entonces, lo recuerda como “una persona muy pausada, de una conducta de nunca alterarse, muy dispuesto a escuchar, le decíamos “Tevito”, era muy amable, preocupado de estar siempre muy bien informado, de aprender más y de entregar lo que sabía. El hacía análisis político de todo lo que estábamos viviendo. Tenía aspiraciones de construir una sociedad más justa... Siempre fue muy activo en el MAPU, muy estudioso. Fue un militante nota siete”[1].
Fue detenido el 16 de Enero de 1974, en su domicilio de la comuna de Quinta Normal, por agentes del Estado que vestían de civil.
Su domicilio había sido allanado meses antes y los agentes lo habían ido a buscar primero en casa de su padre. Tras el arresto la familia lo buscó sin resultado. Días más tarde un carabinero avisó a la cónyuge que su marido está en el Cementerio General.
El certificado de defunción indica que murió en el Hospital de San Antonio, el 4 de Febrero de 1974, por “anemia aguda”, lo que hace presumir que el afectado fue conducido a algún lugar de reclusión cercano a esa ciudad. Falleció como consecuencia de las torturas recibidas durante su detención.
Nadia cuenta: “Cuando Miguel muere, yo no solamente perdí el esposo, perdí mi mejor amigo, mi proyecto de familia”.
ENLACES RELACIONADOS:
Masacre en la Escuela de Caballería de Quillota:
NACIERON EN ENERO:
Roberto Darío Hernández Andrade. N. en Santiago el 3 de enero de 1947. Militante MAPU. Asesinado por militares.
Carlos Enrique Alcayaga Varela. N. en Coquimbo, 5 de enero de 1936. Militante MAPU, dirigente de la CUT de Vicuña. Fusilado por orden de la Caravana de la Muerte.
Rodrigo Ambrosio Brieva. N. en Chillán el 5 de enero de 1938. Fundador del MAPU y su principal constructor, “el mejor de nosotros”. Secretario General desde noviembre de 1970 hasta su trágica muerte el 19 de mayo de 1972.
Michael Roy Woodward Iriberry (Miguel Woodward). N. Valparaíso, 25 de enero de 1932. Militante del MAPU de Valparaíso, cura obrero, profesor popular, líder poblacional, dirigente de la JAP. Asesinado por marinos en septiembre de 1973.
Raúl Iván Cárcamo Aravena. N. en Valparaíso, 29 de enero de 1945. Militante reconstructor del MAPU en dictadura. Detenido desaparecido en Viña del Mar, 1976.
NACIERON EN FEBRERO:
Reinaldo Luis Jeldres Riveros. Militante del MAPU de Chillán, n. el 1º de febrero de 1940. Detenido desaparecido desde 1973.
Luis Durán Rivas. N. en Concepción el 16 de febrero de 1945. Periodista. Militante reconstructor del MAPU en dictadura. Comunicador de la Resistencia. Detenido desaparecido.
Hernaldo Aguilera Salas. N. en Freire, 17 de febrero de 1945. Dirigente campesino, militante del MAPUOC.
Sergio Hernán Lagos Hidalgo. Nace en Concepción el 19 de febrero de 1944. Militante reconstructor del MAPU en dictadura, participa en la Resistencia junto a compañeros del MIR. Detenido desaparecido.
Juan Bosco Maino Canales. N. en Santiago el 19 de Febrero de 1949. Fotógrafo, estudiante de la UTE, militante reconstructor del MAPU en dictadura. Detenido desaparecido.
Rodolfo Antonio Maureira Muñoz. N. en Isla de Maipo el 19 de febrero de 1951. Militante campesino del MAPUOC en Isla de Maipo, hecho desaparecer junto a sus tres hermanos y a su padre don Sergio Maureira.
Oscar Gómez Farías. N. en San Antonio, el 25 de febrero de 1942. Militante del MAPU de Cartagena. Asesinado por supuesta fuga el 27 de diciembre de 1973.
Declaración: bajas condenas a torturadores de José Tohá
Declaración Pública
En
Santiago, a 18 de enero de 2017, las organizaciones de derechos humanos y
sociales que suscriben esta declaración expresan su rechazo e indignación por
la ratificación de las bajas condenas y remisión de ellas que ha resuelto la
Segunda Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, en el caso de aplicación
de tormentos reiterados a don José Tohá González, exministro del gobierno de la
Unidad Popular.
A pesar
del reconocimiento explícito de que don José Tohá fue sometido reiteradamente a
tortura física y sicológica, tratos crueles y degradantes con el objeto de
doblegar su voluntad -acciones todas definidas como tortura en la Convención
contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes-, la
Segunda Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago le impuso una pena
irrisoria a los responsables de estos crímenes, Ramón Pedro Cáceres
Jorquera y Sergio Fernando Contreras Mejías, lo que contraviene el numeral
2 del artículo 4º de la Convención señalada, que indica que “Todo
Estado Parte castigará esos delitos con penas adecuadas en las que se tenga en
cuenta su gravedad”.
Además de
lo anterior, la Corte de Apelaciones de Santiago desestimó los recursos de las
partes querellantes, quienes instaron porque además de sancionar los hechos que
tuvo por acreditado el Ministro instructor como constitutivos de tormentos,
fuesen también estos sancionados porque son constitutivos del delito de
secuestro simple, ya que la víctima fue ilegítimamente privada de su libertad.
A lo
anterior, la resolución del tribunal de ratificar la remisión condicional de la
pena se convierte en una trasgresión al anhelo de justica de las víctimas, sus
familiares y, claramente, a la conciencia universal de la humanidad, que ha
considerado que la tortura es una de las acciones más aberrantes contra la
dignidad humana y que nunca, bajo ninguna circunstancia, tiene justificación.
Como bien lo señala la Convención, “En ningún caso podrán invocarse
circunstancias excepcionales tales como estado de guerra o amenaza de guerra,
inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública como
justificación de la tortura”.
Condenamos
y repudiamos, en primer lugar, el fallo del Ministro Jorge Zepeda Arancibia y,
además, la resolución de la Segunda Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago,
quienes con sus decisiones dejan en la impunidad acciones criminales
consideradas por el Derecho Internacional como crímenes de guerra y como
crímenes de lesa humanidad. Les hacemos responsable de que aún hoy se torture
en nuestro país, por no sancionar de manera ejemplificadora estos crímenes para
asegurar su no repetición.
Nuestra
indignación es tan profunda que demandamos que jueces tan veniales, que ignoran
los compromisos internacionales de DDHH asumidos por Chile, dejen sus cargos de
tan alta responsabilidad o, de no ser así, se inicie un proceso de destitución
por grave incumplimiento del deber de aplicar justicia tan gravemente
conculcado.
Agrupación
de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP)
Comunidad
Ecuménica Martin Luther King
Corporación
Memoria Lonquén
Asociación
por la Memoria y los Derechos Humanos Colonia Dignidad
Comisión
Funa
Observatorio
por el Cierre de la Escuela de las Américas
Agrupación
de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos de Valdivia
Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos de Talca
Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos y Detenidos Desaparecidos de Iquique y Pisagua
Agrupación
de Familiares de Ejecutados Políticos de Antofagasta
Agrupación
de Familiares de Ejecutados Políticos de Valparaíso
Brigada
Salvador Allende (BRISA)
Corporación
La Serena Dieciséis de Octubre
Asociación
Mutual Expresas y Presos Políticos del MIR y la Resistencia Popular
Coordinadora
Nacional Expresas y Presos Políticos “Salvador Allende”
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