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lunes, 5 de octubre de 2015

ACTO DE MEMORIA EN HORNOS DE LONQUÉN

Todos los años, el domingo más cercano al 7 de octubre, las familias de Isla de Maipo, conmemoran la detención e inmediata desaparición de sus 15 familiares, ocurrida en esa fecha en 1973. Se trata de los Maureira, Astudillo y Hernández, afectados por la desaparición de varios miembros de cada familia, por venganza y persecución de los latifundistas contra campesinos participantes en el proceso de Reforma Agraria que estuvo vigente hasta el cruel golpe cívico-militar de ese año. se les unen los familiares de cuatro jóvenes detenidos en la plaza de Isla de Maipo por una patrulla policial, y que fueron detenidos igualmente.
Peregrinan al mismo lugar donde estaban los hornos de cal de Lonquén, donde yacieron por cinco años los restos de sus familiares. Los acompañan numerosos amigos/as, compañeros/as o vecinos/as de la zona, sensibles ante lo que sucedió en ese lugar y que afectó dramáticamente las vidas de esas familias y golpeó al país todo.

La aparición de cuerpos enterrados en los hornos de Lonquén tuvo lugar en 1978. Tras cinco años de búsqueda, miembros de la Iglesia Católica recibieron la comunicación de que allí había cuerpos inhumados por Carabineros. Trágicamente se comprobó que era cierto. Desde entonces, la dictadura no pudo mentir más acerca de si había o no desaparecidos en Chile. Los militares y la derecha siempre se burlaron de los familiares que sabían que sus deudos habían sido presos y que preguntaban dónde estaban. Solían responder que estaban en otros países, gozando a espaldas de sus familias. Otro montaje fue la Operación Cóndor, de 1975, mediante la cual se quiso haber creer a la opinión pública, de que las personas desaparecidas en Chile se estaban matando entre ellas en Argentina.

El dictador, con sus asesores tipo Jaime Guzmán, acorralados frente a la verdad, prepararon una ley de amnistía para dejar impunes a los criminales, la que fue usada en este caso para no enjuiciar a los asesinos. Sería en 2008, cuando la justicia aceptó reabrir el caso, buscando y encontrando culpables.
El lugar fue reconocido como monumento histórico en 1996.

En 2013 estuvimos junto a las familias afectadas, conmemorando los 40 años de la infame acción de los uniformados y civiles golpistas.
En 2014, emitimos un comunicado que fue leído ante los presentes, incluyendo a la Presidenta Bachelet y su comitiva. Exigíamos verdad, justicia y reparación digna. Llamábamos a recoger volver a levantar las banderas de lucha de Sergio Maureira y sus hijos por un Chile mejor para los trabajadores/as del campo y la ciudad. 

Nos dignifica el ejemplo de la señora Elena Muñoz de Maureira, de los cuatro hijos y dos hijas que sobrevivieron, que junto a sus cónyuges e hijos, buscaron a sus deudos hasta saber que estaban muertos, y que cuando la tiranía les negó digna sepultura a sus cuerpos y los enterró en Isla de Maipo en fosa común, siguieron buscando la verdad, hasta lograr que en 2010 los escasos restos de cada uno de sus deudos les fueron entregados individualizadamente. La familia ha dado la lucha por la verdad y la justicia, y siguen, aunque hayan pasado más de 40 años: la memoria y el sentimiento no prescriben. En 2013 fue confirmada la identidad de los restos de una de las dos personas que faltaban, de ese total de 15 desaparecidos. Hace pocos días la justicia confirmó la identificación de restos pertenecientes a Manuel Navarro Salinas.

El gobierno actual prometió levantar un sitio de memoria en Lonquén. Que haya un lugar donde se pueda enseñar lo que allí pasó, y que incluya una especie de museo. Las familias, el pueblo isleño, están esperanzados de que este espacio se constituya.

Algunos mapucistas estuvimos en el reciente aniversario, para que se sepa que ni la familia Maureira fue acallada, ni las ideas por las que lucharon y murieron están desaparecidas. Primero la dictadura cívico-militar, luego el régimen neoliberal, trataron de borrar esta memoria, pero los cuerpos volvieron a su espacio. Luego trataron de borrar las ideas y la orgánica, incluso con operaciones de intentar convertir la memoria en duelo y nostalgia, pero tampoco les está resultando. Los ideales vuelven, es lo que expresan estas banderas verdes con la estrella de la sangre proletaria.

Se debe reconocer la labor de miembros del Comité Memoria Mapu, que han acompañado a la familia Maureira en las buenas y en las malas, y han trabajado por mantener esta memoria.
Los mapucistas organizados, seguiremos en la misión de mantener al día las tareas de luchar por el derecho a la tierra, por un Chile tal como lo soñó don Sergio Maureira Lillo, por una sociedad sin desigualdades. No nos acallarán, mientras digamos que el MAPU vive y la lucha sigue.

Es un logro de la familia y quienes la han apoyado, el que don Sergio y sus cuatro hijos puedan descansar en la paz del cementerio de Isla de Maipo y que haya un lugar preciso donde llevarles flores, lo que la tiranía impidió desde 1973.

Es de esperar que el sitio de memoria no sea para decir a las generaciones futuras, "nunca más un pueblo levantado por sus derechos"; "nunca más una Unidad Popular" conduciendo a los trabajadores y al pueblo, como decía nuestro Presidente mártir, hacia la sociedad sin clases. Es de esperar que no sea el nunca que quieren los poderosos aún manejando todas las redes e hilos de esta sociedad, su economía, sus medios, la vida de nuestros pueblos. Que sea un "nunca más la tierra en poder de unas pocas empresas", "nunca más" la represión contra los pueblos que luchan por vivir en dignidad.























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