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martes, 21 de febrero de 2017

EDUCACIÓN POLÍTICA Y DEBATE: HABLANDO DEL ‘MODELO’ ECONÓMICO VIGENTE

HABLANDO
DEL ‘MODELO’ ECONÓMICO VIGENTE

MANUEL ACUÑA ASENJO

‘MODELOS’ Y FORMAS DE ACUMULACIÓN

De si existe en Chile una manera de regular las relaciones económicas entre los diversos actores sociales no cabe la menor duda. Es una verdad que se arrastra desde que, en 1975, se aprobara por la Junta de Gobierno el plan denominado ‘El Ladrillo’ para ser instaurado, dos años más tarde, bajo el pomposo nombre de ‘Modelo de Economía Social de Mercado’. Sin embargo, la palabra ‘modelo’ constituye una expresión inadecuada para describir el conjunto de relaciones sociales aparejadas a ese proyecto; aún cuando se le justifique bajo la excusa de ser tan sólo una metáfora. Digamos que es, apenas, un eufemismo a través del cual se pretende describir un fenómeno a cuya verdadera naturaleza no quiere hacerse referencia. Y es que la Economía soslaya reconocer que su moral es el lucro y que, en consecuencia, la generalidad de los fenómenos que se producen dentro de sus límites de competencia está orientada en torno a la ganancia.

En efecto, es un hecho conocido que cada cierto tiempo deben revisarse las formas a través de las cuales los seres humanos realizan el ‘intercambio’ pues no siempre los negocios rinden los tributos esperados en épocas determinadas. Rendir fuertes ganancias, He ahí lo que una buena economía aconseja. Cuando ello no ocurre, hay que alterar las reglas. Porque, a fin de cuentas, la economía  tiende a acumular. A establecer nuevas formas de acrecentar la riqueza que unos pocos tienen, en detrimento de otros muchos.  

La acumulación constituye la esencia del sistema capitalista; la invención del dinero como medio de pago y su generalización ha permitido al capitalista crear riqueza no a la manera que lo hacía el señor feudal, extendiendo sus dominios territoriales para tener allí sus bienes físicos (vacas, caballos, establos, granjas, campesinos, en fin), sino acrecentando el volumen del dinero que posee y que conserva guardado en alguna institución. El capitalista de hoy hace crecer guarismos, multiplica cantidades y montos, aumenta el ‘numerario’[1] hasta alcanzar cifras espectaculares.

Digamos, entonces, y antes de todo, que cuando se habla de la instauración de un nuevo ‘modelo económico’ se está intentando hacer referencia al establecimiento de una nueva forma de acumular a través del empleo de una expresión que no resulte tan dura o descalificadora ni, mucho menos, contribuya a desnudar la esencia íntima del sistema capitalista. El perfeccionamiento del ‘modelo’ constituye, así, el perfeccionamiento de una forma de acumular.

Foto: Radio del Mar.
http://www.radiodelmar.cl/2015/11/hogar-de-cristo-dice-que-hay-5-millones-de-pobres-en-chile-un-tercio-de-los-chilenos/


LA BAJA TENDENCIAL DE LA CUOTA O TASA DE GANANCIA

El fenómeno antes dicho no sucede por casualidad. La producción (y, por ende, la riqueza) tiene un enemigo proverbial que es la llamada ‘baja tendencial de la cuota de ganancia’. Puesto que es imposible detener el desarrollo de las fuerzas productivas, el capital constante (CC) tiende a aumentar en desmedro del capital variable (CV), haciéndose cada vez más caros los bienes producidos. Como consecuencia de ello, empieza a resultarle al productor, en el transcurso del tiempo, poco rentable la función de producir.

Así, pues, debe luchar contra esa baja tendencial de la cuota de ganancia a través de múltiples formas entre las que podemos indicar la disminución del volumen de la producción a objeto de hacer subir los precios, la destrucción de parte de la mercancía producida con idéntico objetivo, el uso de la llamada ‘obsolescencia programada’, la prolongación de la jornada de trabajo, la intensificación del trabajo que debe realizar el operario dentro de la misma jornada, en fin. O, lo que es más grave, profundizando el fenómeno de la baja tendencial de la cuota de ganancia, es decir, volviendo a aumentar la composición orgánica de capital (COC), fenómeno que ocurre cuando se reemplaza parte del capital variable por parte del capital constante o, lo que es igual, incorporando nuevas y sofisticadas maquinarias al proceso productivo esperando pagarlas con el ahorro que significa la reducción del número de trabajadores.

Todos estos cambios se realizan dentro de esa ‘nueva forma de acumular’ o ‘modelo’. Digamos, en palabras más simples, que todo cambio de modelo económico conlleva el establecimiento de nuevas medidas con las cuales enfrentar el fenómeno de la baja tendencial de la cuota de ganancia. Y, por consiguiente, hacer recaer el peso de la crisis en la masa laboral. De lo cual puede inferirse que el cambio del ‘modelo económico’ en 1977/1978 no se hizo por simple ocurrencia de sus mentores sino ante la necesidad imperiosa de dar una respuesta al agotamiento de la forma de acumular que existía hasta dos años después de la caída de la ‘Unidad Popular’. Dicho modelo ya no resultaba rentable y, lo más grave, su persistencia había puesto en peligro (en Chile) la existencia misma del sistema capitalista. Y puesto que los sistemas son estructuras vivas porque los forman organismos, el sistema capitalista actuó como tal, operándose de la pústula que le significaba el régimen de la Unidad Popular con su ‘modelo de economía hacia adentro’.

RASGOS QUE PRESENTA TODA FORMA DE ACUMULAR

Toda forma de acumular, todo ‘modelo’, sistema o estructura presenta rasgos que la (o lo) identifican y diferencian de otros u otras; tales rasgos o características le confieren su identidad, le hacen ser lo que es y no un fenómeno diferente.  Se les conocen, también, bajo el nombre de ‘elementos esenciales’ o características esenciales porque constituyen su esencia. También esos rasgos se advierten en el llamado ‘Modelo de Economía Social de Mercado’ impuesto por la dictadura a partir de los años 1977/1978. En realidad, esos rasgos le confieren el carácter de tal, diferenciándolo total y absolutamente de aquellos que lo precedieron. Y son importantes pues, extraídos o eliminados del ‘modelo’, le hacen desnaturalizarse o derivar en otro diferente.

RASGOS ESENCIALES DEL MODELO ECONÓMICO DE LA DICTADURA

La forma de acumular instaurada por la dictadura a partir de 1977/1978 denominada ‘Modelo de Economía Social de Mercado’ (‘Modelo de Chicago’, ‘Modelo del Consenso de Washington’, ‘Modelo Neoliberal’, en fin), presentaba (y continúa presentando hoy) los siguientes rasgos[2]:

1.                Privilegia la acción del individuo por sobre la del conjunto social en la actividad económica;
2.                Centra el proceso de acumulación en los sectores definidos como poseedores de ‘ventajas comparativas’;
3.                Abre la Economía local al mercado mundial;
4.                Establece el rol subsidiario del Estado; y,
5.                Desarrolla el modo de producción capitalista (MPK) en su ciclo más regresivo.

Intentemos referirnos brevemente a cada uno de estos rasgos para entender el modelo que actualmente nos rige.

1.                ROL DEL INDIVIDUO EN LA NUEVA FORMA DE ACUMULAR.

En la nueva forma de acumular, no es la sociedad representada por el Estado quien adquiere el rol de actor principal sino el sujeto particular; esta persona, individualmente considerada, ha de sobrevivir en la selva social en medio del crecimiento sin parangones de su proceso de individuación[3]. El fundamento de esta concepción es la libertad, considerada el más preciado bien para el ser humano[4] quien, libre, debe competir con los demás y exhibir su alta capacidad de sobrevivir; en la nueva forma de acumular, la competencia entre los seres humanos es consagrada como un derecho natural y, en consecuencia, como único medio posible de dinamizar la economía, campo en donde no sólo los individuos han de competir entre sí sino las empresas, sus ejecutivos, sus dueños. El ingreso a esa nueva forma de relación social queda brillantemente expuesto en el slogan publicitario de la época: ‘Bienvenido al frío e impersonal mundo del dinero’.

En una sociedad donde todos compiten, las formas de regular esa actividad van a ser dictadas por las leyes eternas de la oferta y la demanda; el mercado se desregula y la ‘libertad’, revelada en la forma de libertad que tiene el zorro en el gallinero, abre las puertas a los grandes oligopolios que permanecen hasta el día de hoy. La moral que de esa forma de comportarse socialmente va a derivar puede, desde ya, presumirse.

Porque ese individuo ferozmente competitivo tiene ‘éxito’ en sus acciones y el ‘éxito’ se reproduce como modelo. Hay que ser exitoso, no importa cómo. Poco interesa si para lograr el éxito se roba, se mata, se atropella la moral. Lo importante es el logro del ‘éxito’ porque éste va a servir de modelo a otros sujetos y, en general, a toda una sociedad ‘exitosa’.

2.                ACUMULACIÓN CENTRADA EN LOS SECTORES DEFINIDOS COMO POSEEDORES DE ‘VENTAJAS COMPARATIVAS’.

Se acostumbra a definir como ‘sectores con ventajas comparativas’ dentro de un país a aquellas áreas de la economía en donde se pueden elaborar productos (mercancías) que resultan de menor costo por las condiciones naturales existentes. Nos explicamos: un país, como Chile, que tiene costa a lo largo de todo su territorio se define como un país ‘naturalmente’ con ‘ventajas comparativas’ marítimas: podría dedicarse a la pesca, a la fabricación de embarcaciones, al comercio marítimo, al turismo de sus playas, en fin. Esa misma actividad no podrían realizarla países mediterráneos por lo que sus ‘ventajas comparativas’ no deberían orientarse en ese sentido. De hecho, cuando un país no aprovecha sus ventajas comparativas y se dedica a hacer aquello que no debería hacer, por regla general, encarece sus costos. Una de las ‘ventajas comparativas’ más codiciada es la que ofrece el país en donde los salarios pagados a los operarios son los más bajos del planeta. Pagar poco, reducir el capital variable a su mínima expresión constituye el mejor regalo que se puede ofrecer a la industria.

En el caso de Chile,  las ‘ventajas comparativas’ fueron definidas por los Ministerios de Economía y Hacienda de esos años, concluyéndose que, en síntesis, debían las autoridades privilegiar el desarrollo de cinco áreas fundamentales de la actividad económica, a saber, la industria minera, la industria pesquera, la industria frutícola, la industria forestal[5] y la industria agrícola. Privilegiar tales sectores implicaba una verdadera revolución; implicaba la anexión (despojo) de terrenos naturalmente pertenecientes a las comunidades de los pueblos originarios (mapuches, diaguitas, huilliches) y la condena a muerte de la industria nacional desarrollada a partir de la Corporación de Fomento CORFO (fábricas de alambres, loza y cristalerías, de paños y ropa, armadurías, etc. 

Pero, además, la imposición de la competencia, transformada ya en verdadera forma de vida, haría desaparecer la generalidad de las empresas cooperativas que, para poder seguir existiendo, debían transformarse en empresas altamente rentables y con otra estructura de organización.

Fuente: www.antihuala.cl


3.                LA APERTURA DE LA ECONOMÍA LOCAL.

La apertura de la economía local implicó la abolición de las tasas arancelarias y el libre tránsito de las mercancías extranjeras por el territorio nacional. La medida provocaría un fuerte aumento de las empresas importadoras y distribuidoras cuyos productos no solamente invadieron el país sino terminaron definitivamente con las industrias que intentaron sobrevivir y que, a juicio de las autoridades, no ofrecían ‘ventajas comparativas’.

La abolición de las tasas arancelarias para los productos que venían del exterior fue una medida chilena, no universal. Jamás Estados Unidos permitió que los productos chilenos ingresaran libremente por sus puertos marítimos o aeropuertos; similar limitación aplicaron prontamente no otros pocos países, especialmente, las potencias internacionales. La ‘Economía Social de Mercado’ se aplicaba en forma parcial dentro de la comunidad internacional mientras que, en Chile, sucedía todo lo contrario.

Una medida que se adopta da origen a otra, y a otra, y a otra; también ocurre así en la economía. Porque decir que se estableció libre tránsito para las mercancías significaba, igualmente, que se daba la posibilidad al ingreso y egreso de la más codiciada de todas ellas: el dinero. El comercio de la divisa y el libre tránsito de los capitales del y hacia el exterior marcó una fase sin precedentes en el desarrollo de la economía chilena que, por esos avatares, se desnacionalizó. Grandes capitales comenzaron poco a poco a invadir este país apoderándose de sus sectores claves. Fuerza es decirlo, sin embargo: durante el período dictatorial este fenómeno no se dio en toda su intensidad; por el contrario, las cifras de desempleo fueron abismantes. El ingreso del capital transnacional se dio en todo su esplendor durante los regímenes que sucedieron a la dictadura; hasta el agua y los caminos fueron entregados a la voracidad del extranjero.

4.                ROL SUBSIDIARIO DEL ESTADO.

En la historia de la Economía, es posible advertir que el rol del Estado se encuentra en constante alternancia: algunas veces lo vemos intervenir directamente en las relaciones económicas que se establecen entre sus súbditos; en otras oportunidades, se le ve alejado por completo de tales tareas, desempeñando, más bien, el papel de un cauto observador. Los economistas acostumbran hablar, para referirse a esos casos, de un Estado cuyo rol oscila constantemente entre el de ‘interventor’ y el de ‘gendarme’. En el caso del llamado ‘Modelo de Economía Social de Mercado’, el rol del Estado retorna al de ‘gendarme’, para asumir, solamente, la vigilancia de la sociedad y no inmiscuirse en los negocios que los particulares puedan hacer entre sí. Es más, en este caso rol del Estado adquiere un carácter subsidiario, lo que quiere decir que solamente se le considerará para el caso que se requiera de su participación, dejándose la casi generalidad de las acciones a los particulares. Como consecuencia de ello, como ya lo hemos dicho, los precios son fijados por el libre juego de la oferta y la demanda en el mercado nacional.

Para consagrar este rol eminentemente ocasional del Estado, se le priva de toda injerencia en el desempeño de la labor empresarial por lo que las empresas estatales son vendidas a los particulares prohibiéndose a aquel cualquier intento de organizar actividades lucrativas que, por ese hecho, pasan a ser derecho exclusivo de las elites empresariales.

Este rol adquiere una magnitud tal que hasta la percepción del impuesto más importante cobrado por el Estado a los consumidores (el Impuesto al Valor Agregado IVA) queda en manos de los empresarios quienes, luego de recibir ese dinero de parte de los contribuyentes y aprovecharlo durante un determinado lapso, lo ingresan más tarde en arcas fiscales luego de hacer las deducciones correspondientes.

Simultáneamente, se establece un riguroso control sobre las finanzas públicas basadas en el equilibrio de las llamadas ‘variables macroeconómicas’ que van a servir para medir los avances económicos. Esas variables macroeconómicas (cuatro, en total, a saber, desempleo, índice de precios al consumidor, balanza de pagos BP y producto interno bruto PIB) deberán mantenerse en equilibrio para dar fe de una economía sana.

Pero, además, la ‘subsidiariedad’ incorpora el desempeño de un nuevo rol al Estado: dedicarse a ‘rescatar’ a aquellas empresas que se encuentran gravemente endeudadas.

Por si todo aquello fuere poco, los gastos redistributivos del Estado se reducen sustancialmente en perjuicio de las clases dominadas; escasean los subsidios y las ayudas para los más necesitados. El dinero estatal tiene un objetivo: contribuir al desarrollo de la empresa privada.

5.                DESARROLLO DEL MODO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA MPK EN SU CICLO MÁS REGRESIVO.

Los efectos de las medidas anteriormente indicadas implicaban que el nuevo ‘modelo’ traería aparejado un conjunto de efectos perniciosos sobre el sector laboral y un fortalecimiento empresarial sin precedentes, pues se produciría
1.   Mayor concentración de capital, es decir, aumento del volumen del capital como resultado de la acumulación de plusvalor dentro del proceso productivo.
2.     Mayor centralización de capital o aumento de la fusión de capitales concentrados en un solo centro de decisión.
3.    Desarrollo oligopólico de las empresas. Los oligopolios son empresas monopólicas que se ponen de acuerdo en el precio que van a cobrar en el mercado. En Chile, esta figura se ha conocido bajo el nombre de ‘colusión’.
4.       Aumento en la percepción de la tasa de plusvalor tanto relativo como absoluto.
5.       Aumento del ejército de reserva industrial (cesantes).
6.   Disminución en importancia (o desaparición) de las empresas no incluidas en el grupo de las dedicadas a explotar las ‘ventajas comparativas’; desaparición de las empresas cooperativas.
7.    Redistribución regresiva del ingreso en contra de los trabajadores y a favor del empresariado.
8.          Reducción drástica de la demanda interna.
9.          Desarrollo capitalista de la agricultura.

FORMA DE INSTAURAR UN NUEVO ‘MODELO’

Los ‘modelos’ se instauran preferentemente cuando un poder de magnitudes determina abrogar al que se encuentra aún vigente para reemplazarlo por uno nuevo; en este caso, prima la voluntad del dominador o de quien tiene poder suficiente para realizar aquella acción. Sin embargo, se instaura, también, un nuevo ‘modelo’ cuando el antiguo se agota, cuando ya no cumple con los objetivos que se tuvo en vista al establecerlo y existe necesidad de cambiarlo por otro. En este caso, el procedimiento que se emplea para reemplazarlo es el acuerdo político entre las diversas fracciones de las clases y fracciones de clase dominantes que conocen de sus graves falencias. Pero en ambos casos, los cambios se realizan en abierta sintonía con los poderes que gobiernan las formaciones sociales más poderosas del planeta. Y es que estamos en presencia de un sistema mundial (el sistema capitalista) cuyas directrices deben continuamente ser observadas.

Sin embargo, puede también instaurarse un nuevo ‘modelo’ cuando al que se encuentra vigente se le comienzan a practicar cambios o reformas de tal envergadura que, finalmente, su esencia se altera haciéndolo derivar a otro diferente. Esta circunstancia sucede cuando el ‘modelo’ no satisface las necesidades de la comunidad por lo que un Gobierno con mayor sensibilidad social decide introducirle reformas sucesivas que terminan, finalmente, por transformarlo en una estructura ajena a la anterior. Demás está decir la resistencia que los sectores empresariales colocarán a tal propósito. Y dado que, en este caso, las modificaciones o enmiendas al ‘modelo’ han sido adoptadas autónomamente por la autoridad gubernamental, es posible que ésta comience a experimentar roces con  aquellos Gobiernos fieles a las directrices predominantes en el planeta.

No ocurre de manera diferente con los ‘modelos’ a como sucede con los sistemas, que jamás dejan de existir sino hasta que se agotan y otros los reemplazan, o devienen en uno diferente en virtud de talas, reajustes, alteraciones o modificaciones que, finalmente, alteran su esencia[6].

De manera que, en tanto no se haya ideado un ‘modelo’ alternativo al que existe y que cuente con el apoyo de un sector empoderado de la nación, el vigente perseverará y no cambiará sino hasta que las reformas que se le vayan introduciendo sucesivamente le hagan devenir en otro diferente[7].

LOS RASGOS DEL ‘MODELO’ Y SUS ALCANCES POLÍTICOS

La descripción de lo que hemos llamado ‘rasgos’ o ‘características’ esenciales del Modelo de Economía Social de Mercado tiene indudables consecuencias políticas. Por una parte, pone al desnudo tanto la fortaleza como la debilidad del ‘modelo’; en consecuencia, descubre las áreas débiles en donde introducir reformas que pueden, más adelante, alterar su esencia. Así, por ejemplo, si el ‘modelo’ ha adoptado el principio de la competencia y éste provoca cambios en el ámbito cultural e ideológico de la población, deben plantearse proyectos que digan relación con la ‘cooperación’ en todos sus niveles a fin de promover otra forma de relación social; si el ‘modelo’ privilegia la instalación de industrias en las áreas definidas como de ‘ventajas comparativas’ y éstas no satisfacen las necesidades de la población, es recomendable promover el establecimiento de industrias no definidas como tales que contribuyan a la contratación de mano de obra o, simplemente, dar apoyo a fábricas que realicen actividades anexas a las principales[8], es decir, a aquellas que sí ofrecen ‘ventajas comparativas’.

Desde este punto de vista, el análisis del ‘modelo’ vigente no constituye solamente un soporte eficaz para los efectos de idear una estrategia de ataque a sus flancos débiles, que son aquellos cuya perseverancia causa daño a los sectores sociales. Y puesto que los sectores dominantes más conservadores no ofrecen más que la perseverancia del sistema, dicho análisis sirve, igualmente, para establecer nexos con sectores empresariales dañados por la aplicación del ‘modelo’ de la dictadura (y perfeccionado por los gobiernos post dictatoriales). En palabras más precisas, el referido análisis conduce a fijar algunas pautas de lo que, en definitiva, podría ser una adecuada ‘política de alianzas’ de los sectores populares con ciertos y determinados empresarios.
Sin embargo, uno de los aspectos más importantes a destacar en esta materia es que la descripción de los rasgos esenciales del ‘modelo’ muestra los cambios habidos en la estructura de clases de la sociedad chilena.

En efecto, la necesidad de establecer las llamadas ‘áreas de ventajas comparativas’, la destrucción del complejo industrial construido por la CORFO, el auge de las importadoras y exportadoras de mercancías y el libre tránsito del flujo monetario hacia los centros neurálgicos del capitalismo mundial, fueron todos factores que introdujeron cambios trascendentales dentro de la estructura de clases de la sociedad chilena. Por una parte, definieron los sectores en donde la economía centraría su actividad productiva, es decir, las áreas desde las cuales se extraería preferentemente el plusvalor (minería, agricultura, forestación, frutas, pesca); simultáneamente, determinaron la drástica reducción del empresariado nacional, que autores, como Nicos Poulantzas, definen como ‘burguesía interna’ (fábricas de telas, vestuario, cristales, alambres, vidrios, muebles, armadurías), dieron un fuerte impulso al comercio con la creación de grandes almacenes y centros de negocios, y levantaron el imperio de la banca nacional e internacional.

Y puesto que la estructura que adoptan las clases y fracciones de clase dominantes determina la de las clases y fracciones de clase dominadas, la composición del proletariado se alteró profundamente. El obrero industrial de antes dio paso al obrero de servicios y al vendedor que inundó los centros comerciales (‘malls’) y grandes almacenes; la banca, por su parte, expandió al trabajador bancario que pasó a denominarse ‘ejecutivo’, el obrero minero fue sustituido por el obrero ‘subcontratado’, y el obrero agrícola por el ‘temporero’ o por el trabajador inmigrado en calidad de esclavo[9].  Ya no sería posible hablar, como antaño, de la ‘aguerrida’ clase obrera sino más bien de un remedo de la misma. La posibilidad de hacer paros o huelgas nacionales se haría cada vez más lejana.

Así, pues, la estructura de clases de la sociedad chilena se ha construido sobre la base de una nueva forma de acumular que es necesario conocer para sopesar la posibilidad de satisfacer las crecientes demandas de la población. Sólo de esa manera puede determinarse la fuerza social y sindical que existe para llevar a cabo las transformaciones que la nación requiere.

Ante el aumento de la explotación, aumento de la movilización

La rebeldía popular crecerá si el modelo no cambia


CONCLUSIONES

El ‘modelo’ no ha cambiado en su esencia; continúa siendo el mismo y las reformas introducidas a su funcionamiento durante los gobiernos post dictatoriales no han alterado en lo más mínimo su estructura básica. Es más: podríamos aseverar que durante estos veintiséis años se ha perfeccionado. Lo cual no quiere decir que haya sido aceptado por la gran mayoría de los chilenos.

En consecuencia, la estructura de clases se mantiene inalterable tal cual la concibió la dictadura pinochetista, perfeccionándose en algunos casos la extracción de plusvalor. 

Los únicos cambios introducidos en materia de contrataciones ha sido en las empresas y servicios estatales que han crecido en forma desmesurada, privilegiándose la concesión de cargos y empleos a quienes son parientes o incondicionales de los jefes superiores y de los partidos políticos. La generalidad de estos funcionarios se ha afiliado a la Asociación Nacional de Empleados Fiscales ANEF y dan, junto con el Magisterio y otros servicios, la base y sustento sobre lo cual ha podido mantenerse durante estos años la Central Unitaria de Trabajadores que nada tiene que ver con la vieja Central Única de Trabajadores CUT.

Un hecho significativo es que todas las recetas dadas por los economistas, tendientes a suavizar la rigorosidad[10] del ‘modelo’ contemplan medidas que no alteran en modo alguno la esencia del mismo. En palabras más directas: la generalidad de los académicos (¡cómo podría ser de otra manera!) opera ‘dentro del rayado de la cancha’ establecida por la nueva forma de acumular.

La razón es obvia: nadie ha ideado aún el modelo que ha de reemplazar al actual y, ante el temor de lo incierto, existe resistencia a aventurar en una posible reforma integral del mismo. Lo cual explica, además (sin perjuicio de los innumerables casos de corrupción), la desconfianza que la ciudadanía ha puesto en los actores de la escena política nacional, tragedia que afecta por igual a los conglomerados Chile Vamos y Nueva Mayoría, soportes del sistema en estos años de democracia post dictatorial.

Santiago, diciembre de 2016



[1] El diccionario de la Real Academia Española hace sinónimo de dinero la palabra ‘numerario’ con lo que da a entender, implícitamente, que considera al dinero como un ‘número’, una expresión ideal, numérica.
[2] Sobre el particular, recomendamos la lectura del artículo de Lagos Méndez, Carlos: “Notas acerca de la institucionalidad económica” (Revista ‘Avance’, No 4., noviembre de 1979, pág.33) que hemos seguido en esta parte.
[3] ‘Individuación’ es un término empleado por Carl C. Jung, acción en virtud de la cual el individuo se hace cada vez más él mismo.
[4] Las primeras monedas acuñadas por la Casa de Moneda, luego del golpe militar, fueron aquellas que llevaban la efigie de una mujer cuyas cadenas, aún pendiendo de sus brazos, estaban rotas, en un inequívoco mensaje de liberación.
[5] Para definir a esta área de la economía se recurrió a un eufemismo denominándosela ‘Silvicultura’, actividad que se preocupa de los árboles y de su entorno que son los montes y bosques.
[6] Véase, al respecto, el libro de Ludwig Von Bertalanffy “Teoría General de los Sistemas”.
[7] En la actualidad, el modelo de ‘Economía Social de Mercado’ parece hacer agua en todas las latitudes del planeta. Sin embargo, no existe aún aquel que debería sustituirlo por lo que es de presumir habrá de introducírsele reformas que terminarán por alterar sus componentes esenciales hasta hacerlo derivar en otro.
[8] En Suecia, el desarrollo de la industria forestal dio origen a la industria papelera, y ésta a la de envases de celulosa, cartón, muebles, editoriales y medios de comunicación escritos, como los periódicos y revistas, en fin.
[9] El esclavo agrícola fue descubierto hace algunos años atrás en las haciendas de Colchagua del ex candidato a la presidencia de la República Francisco Javier Errázuriz, alias el ‘Fra-fra’; se trataba de inmigrantes haitianos traídos a Chile con engaños y en forma ilegal. Tiempo después se descubrió otro campamento de esclavos haitianos, también en sectores de la zona central del país.
[10] Aplicamos este neologismo por creer que representa con mayor exactitud que ‘rigurosidad’ la derivación de ‘rigor’.

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