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martes, 9 de mayo de 2017

Especial Agustín Edwards

Querella contra Agustín Edwards por su colaboración con la dictadura

por Ernesto Carmona (Chile)
Publicado el 15 Septiembre, 2013 , en EL MOSTRADOR - Historia - Memoria

14-09-2013



Juan Carlos Chávez Pilquil, hijo de Ismael Darío Chávez Lobos, una de las 119 víctimas de la Operación Colombo, presentó una querella criminal contra el dueño de El Mercurio, Agustín Edwards Eastman, por la colaboración de su cadena de diarios en el disfraz como “enfrentamiento” de la eliminación física de su padre y, en total, 119 detenidos desaparecidos por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) en 1975.

“Vengo a decir al señor Edwards y a todos quienes estuvieron involucrados que esto recién comienza”, dijo Juan Carlos Chávez, en alusión a la demanda que introdujo el 11 de septiembre por el montaje de la “Operación Colombo” que pretendió engañar a la opinión pública nacional e internacional con una historia falsa sobre su padre y otros 118 detenidos desaparecidos.

Esta es la primera querella criminal contra el “latifundiario” Edwards, pero la noticia fue ignorada por sus más de 20 diarios, radios y portales Internet.


Chávez Pilquil tenía 26 días cuando el estudiante universitario de 22 años Ismael Darío Chávez Lobos fue sacado de su domicilio a las 23:00 horas del 26 de julio de 1974, por tres agentes de la DINA. Ismael Darío Chávez era militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Los tribunales de justicia chilenos tipifican ahora a la DINA como “asociación ilícita”.
La querella de Juan Carlos Chávez Pilquil identifica a Edwards como “autor intelectual-mediato, en su condición de colaborador directo de la represión iniciada por agentes del Estado al servicio de la Junta Militar, a partir del 11 de septiembre de 1973, del delito de homicidio calificado de las personas que pasamos a enunciar”, es decir, la lista de 119 ciudadanos chileno/as ultimados, con fecha de desaparición, militancia, edad y actividad.
“Con esta querella buscamos establecer la responsabilidad de Edwards como autor intelectual de este crimen tan deleznable, como es el caso de los 119, siendo él uno de los gestores del golpe”, dijo  al diario electrónico El Mostrador.
Las principales fechorías de Agustín Edwards y El Mercurio fueron abordadas por el documental “El Diario de Agustín”, protagonizado por la profesora Claudia Lagos y un grupo de tesistas, y dirigido por Ignacio Agüero.
“Es también un homenaje al presidente Salvador Allende y a todas las víctimas de la represión de la dictadura. Vengo a decir al señor Edwards y a todos quienes estuvieron involucrados que esto recién comienza, que vamos a perseguir a todos los civiles involucrados en la gestación del golpe de estado y los crímenes de lesa humanidad, a todos los que han encubierto estos crímenes y están han participado en estos montajes para eludir su responsabilidad”, añadió Chávez.
La Operación Colombo
Un año después de la desaparición del padre de Juan Carlos Chávez, el 23 y 24 de julio de 1975, los diarios de Agustín Edwards difundieron la noticia falsa de la muerte de 119 detenidos desaparecidos, secuestrados en Chile ante testigos por la DINA, que “se habían exterminado entre ellos mismos en las pampas argentinas” en un “enfrentamiento” imaginario, originado por divergencias políticas.
Los nombres de Los 119 corresponden exactamente a la lista de los recursos de habeas corpus presentados por los familiares ante los tribunales chilenos, quienes no atendieron ninguna de estas quejas, al igual que en otros 10 mil casos, según la investigación del libro “119 de nosotros”, de la periodista Lucía Sepúlveda (Editorial LOM, 2005).
La fuente de información de la noticia” fue la publicación de dos listados parciales en el exterior, uno de 60 nombres en la revista argentina LEA, que apareció por una sola vez, y otros 59 en el periódico O’Día de Curitiba, Brasil, que también salió un solo día, el 24 de julio de 1975. La acción de encubrimiento periodístico tuvo el nombre en código de “Operación Colombo” en el lenguaje de la “Operación Cóndor”, la entente de colaboración de los servicios de inteligencia de las dictaduras militares del cono sur de América Latina de aquellos años.
En la operación de “inteligencia” para encubrir estas desapariciones participaron todos los medios chilenos de la época, encabezados por las cadenas El Mercurio y La Tercera”. El diario vespertino La Segunda, de El Mercurio, utilizó el titular más ofensivo ara difundir esta mentira en primera página: “Exterminados como ratones”.


Por denuncias de los familiares de las víctimas, en 2005 los periodistas que se prestaron a esta farsa fueron procesados y sancionados por el Tribunal Nacional de Ética y Disciplina (Trined) del Colegio de Periodistas de Chile. Pero el procedimiento se alargó tres años por algunos recursos ante la justicia ordinaria que fueron finalmente fueron denegados.
El Colegio de Periodistas pidió formalmente perdón a los familiares de las víctimas por la conducta de estos afiliados en una ceremonia realizada en junio 2008, después que la Corte de Apelaciones desechara un recurso contra el fallo del Trined de Claudio Sánchez, de Canal 13 de TV, de la Universidad Católica.
El secuestro de Ismael Chávez
Según el relato de Mónica Pilquil, la esposa de la víctima, apareció de noche en su hogar en Quinta Normal, Santiago, un sujeto de civil preguntando por su cónyuge. Mónica le explicó que Ismael se encontraba en cama, pensando que el hombre podía ser amigo de la víctima, pero le pidió que se identificara.
Entonces, “entraron a nuestra casa otros dos hombres vestidos de civil quienes me dijeron que me encerrara en el comedor pues tenían que conversar con mi marido. Momentos después él se me acercó diciéndome que lo llevaban detenido”, relató Mónica.
Los sujetos no exhibieron una orden competente, ni indicaron las causas de la detención, ni el lugar donde sería llevado. Los agentes DINA solo dijeron que Ismael “iba a volver luego, después que fuera interrogado”. Mónica recuerda que uno de los aprehensores fue compañero de escuela de su marido y, al parecer, era funcionario de Investigaciones.
Poder Judicial: Oídos sordos
El 13 de septiembre Mónica presentó ante la Corte de Apelaciones de Santiago el Recurso de Amparo rol N°1.094974 en favor de su marido. El 13 de noviembre la Corte rechazó el amparo tras recibir información no revelada del Ministerio del Interior y decretó que se instruyera el sumario en el 9° Juzgado del Crimen de Santiago.
Allí se inició la causa 13.194-2 por presunta desgracia el 26 de noviembre de 1974. El 6 de diciembre, el prefecto de Santiago de la Policía de Investigaciones informó al Tribunal que el personal a su cargo no detuvo a Ismael Chávez. Al año siguiente, el alcaide de la Cárcel de Santiago comunicó que el afectado no se encontraba recluido en ese recinto.
El 19 de abril de 1976 el juez decretó el cierre del sumario y, dado que “no se encuentra plenamente justificada la comisión de delito”, sobreseyó temporalmente la causa. La Corte de Apelaciones confirmó el fallo el 21 de junio de 1976.
Posteriormente, el 24 de enero de 1980 se solicitó la reapertura del sumario ante el 2° Juzgado del Crimen, cuando en ese Tribunal estaba constituido el ministro Servando Jordán López, nombrado por la Corte de Apelaciones de Santiago precisamente para “investigar” los casos de detenidos desaparecidos de la Región Metropolitana.
El ministro resolvió reabrir el sumario en abril de 1980, decretó algunas diligencias, pero en julio de 1980 sobreseyó temporalmente la causa.
Junto a las acciones judiciales, su cónyuge, su madre y su cuñada, María Pilquil, realizaron un sinnúmero de gestiones para conocer la suerte de Ismael y saber dónde están sus restos. Sin ningún resultado, acudieron continuamente a centros de detención, al Instituto Médico Legal (Morgue), al Servicio Nacional de Detenidos (SENDET), al Ministerio de Defensa. Ismael Darío Chávez Lobos permanece desaparecido desde el 26 de julio de 1974, día que se lo llevó la DINA.
– El autor, Ernesto Carmona es miembro de la Dirección de Ciap-Felap  y Director de  Mapocho Press
Enlaces:
El Mostrador:

CUANDO LA CCU MATA

Gastón Cortés Valdivia nació el 1º de agosto de 1934 en la Oficina Chacabuco, trabajó en oficinas salitreras, en la Constructora Pérez Zújovic y finalmente fue operario de la Compañería de Cervecerías Unidas de Antofagasta. Fue dirigente sindical y militaba en el MAPU. Supuestamente hubo un tiroteo cerca de la CCU de Antofagasta, poco después del golpe de 1973, por lo que fue detenido cinco veces por personal de Investigaciones.
Una vez fue careado con Washington Muñoz, interventor de la CCU y quien posteriormente sería ejecutado el 19 de octubre.

La última vez fue detenido el 29 de diciembre del mismo año. Su compañera, Virginia Amor, le llevó alimentos al día siguiente; el 31 ya los policías se lo negaron, diciendo que preguntase a Carabineros. El 3 de enero de 1974, en "El Mercurio" de Antofagasta se afirmaba que "aprovechando una acción extremista contra el vehículo en que era transportado desde su lugar de detención hasta la Cárcel Pública, el 1° de enero de 1974, a las 2:30 horas, Gastón Jesús Cortés Valdivia se dio a la fuga escabulléndose en la oscuridad".
Dejó a su compañera, a cuatro hijos y un nieto. Su hijo Mario Enrique Cortés Rojo presentó una querella por secuestro de su padre, pero las diligencias fueron entorpecidas por la desaparición de documentos que probasen que Gastón estuviese preso o quienes fueron los funcionarios de Investigaciones en 1973.
El entonces Juez Militar, Brigadier General Ricardo Izurieta Caffarena, intentó en 1991 dejar impune el caso, pidiendo la incompetencia del Tribunal de Tocopilla, lo que fue denegado por el juez Jorge Cortés-Monroy. El caso sigue sin esclarecerse.

Cuando la CCU mata.

A Gastón Cortés lo mataron, sin duda, por haberse enfrentado como sindicalista a los intereses del Clan Edwards, que hasta la intervención del gobierno popular, controlaba la CCU. No se explica tanta saña contra dirigentes sindicales, contra interventores como los compañeros Jaime Aldoney Vargas (militante socialista,con hermanos MAPU, interventor de la planta de la CCU de Limache, asesinado en 1973) o Washington Muñoz. No tomaron las armas contra nadie, simplemente exigieron derechos para que los trabajadores no fuesen TAN explotados y levantaron una propuesta, de una nueva sociedad sin explotación, algo que debía ser construido con el esfuerzo de todos y todas. Por trabajar por un mejor vivir para los pueblos y trabajadores, nadie merece la muerte, señores Edwards.


DECLARACIÓN PÚBLICA COLEGIO DE PERIODISTAS DE CHILE
ante fallecimiento de Agustín Edwards Eastman

A la gravitación pública que alcanzó en el devenir del último medio siglo en Chile, así como en el ejercicio periodístico nacional-, el Colegio de Periodistas de Chile expresa:

-         Quedará en los registros de la historia de Chile el oscuro legado que Agustín Edwards Eastman dejó, tanto por sus acciones personales como por su manejo de las empresas periodísticas que controló, las que fueron el soporte comunicacional de la conspiración contra el sistema democrático al servicio del golpe militar, que ensombreció Chile a partir del 11 de septiembre de 1973 e instauró la dictadura cívico-militar que sobrevino, con su secuela sistemática de violaciones a los derechos humanos y que fuera ampliamente respaldada por El Mercurio y sus medios asociados.

-         El falseamiento y la desinformación acerca de los crímenes cometidos por los organismos de seguridad de Pinochet, tanto como el lenguaje de permanente menosprecio y sarcasmo que los diarios de Agustín Edwards Eastman emplearon para referirse a los detenidos-desaparecidos, torturados, exiliados, exonerados y, en general, a las víctimas del régimen militar, llevaron al Tribunal Nacional de Ética y Disciplina del Colegio de Periodistas de Chile a aplicarle, en mayo de 2015, la máxima sanción posible prevista en nuestro Estatuto, para quienes infrinjan gravemente los preceptos de la ética periodística: la expulsión. 

-         En tal sentido, el Colegio de Periodistas de Chile es la única institución en el país que tomó una medida sancionatoria de ese nivel contra Agustín Edwards Eastman, como un imperativo moral para reivindicar el ejercicio ético del periodismo en los medios de comunicación y también como una forma de atenuar en algo el daño causado a las víctimas y familiares de tantos chilenos y chilenas.

-         Como orden profesional comprometida con las libertades de expresión y prensa, y el derecho a la comunicación, así como con el ejercicio ético y responsable del periodismo, creemos que este momento debe servir de reflexión al país para esforzarnos colectivamente en lograr una sociedad más libre, equitativa y consciente, y también un periodismo cada día más comprometido con los genuinos intereses de todos los chilenos y chilenas, en un marco democrático y de respeto a la dignidad de quienes habitamos esta nación.

-         La muerte de Agustín Edwards Eastman no nos produce satisfacción alguna, y por lo mismo, en contraste a la indiferencia que él mostró frente a los horribles crímenes que sacudieron a Chile, empatizamos con el dolor de sus deudos.


http://www.theclinic.cl/2017/04/26/miguel-edwards-loco-del-clan-agustin-armaba-tremendas-partusas/

Miguel Edwards, el loco del clan: “Agustín armaba tremendas partusas”


Miguel Edwards Rosas es tío en tercer grado de Agustín Edwards. Nunca se vieron en persona ni cruzaron palabras, pero él dice saber más que cualquiera de su pariente. El poeta, escritor, karateca, performista, harekrishna, anarquista y vocero de locos, es lejos el familiar más excéntrico de los Edwards. Aquí, se viste de luto para despedir al dueño de El Mercurio fiel a su estilo.



Agustín Edwards era tu sobrino. ¿Lo conociste?
-Nunca lo vi en persona. Una vez le dije a mi hermana Carmencita Edwards Cruchaga, mi segunda madre, porque la mía estaba loca, que quería contactarme con él. Ella me miró y dijo: Voh pa lo único que querís a Agustín es pa pedirle plata.
¿Y lo querías para eso?
-Obvio. Pero me quedé callado, porque ella era súper dictadora, fascista a cagarse, de Patria y Libertad, pero yo quería la plata y pega. Traté de entrar al Banco Edwards, pero no me dejaron por ser pariente. Pero en El Mercurio de Valpo cooperé cuando cabro en la parte cultural. Ahí conocí a un par de amigas lesbianas que sacaban fotos de sociales cuando yo andaba medio psicótico. Me entrevistaba en la sección de Nostradamus y yo salía en la foto con diez relojes en los brazos. Y la echaron por hablar mal de Agustín a través mío.
Eres el más extrovertido de la familia Edwards.
-Sin duda, soy el más loco de la familia. Soy el patito feo. La Sonia Edwards también lo era. A ella no la conocí, me habría encantado.
¿Qué une a los Edwards?
-El apellido no más. Está la línea de Joaquín Edwards Bello que somos nosotros, los locos, y están los Agustines viejos que son conservadores y fascistas donde cabe Agustín. Sebastian Edwards, el economista, sobrino directo mío, está en mi línea y escribe novelas retontas. Pero también hay un montón de curas y monjas entre los Edwards, y un montón de matrimonios con primas, incluyendo la familia de Agustín, porque se gustaban y no tenían el acceso al mundo. A través de exobreros, de la misma familia, he sabido más de Agustín. La gente me cuenta cahuines.
¿De qué te has enterado?
-Conozco todos los sitios de Agustín. Por ejemplo, abajo de su casa en Reñaca, había otra donde vivía su hija Dodó. Y yo iba siempre a verla. Y me ponía a escuchar cómo píaban los pollos de Agustín. Y pían tremendamente grande más que los pollos de Ariztía. Con la Dodó Edwards hacíamos seminarios de meditación medios jipis. La Dodó era una hija putativa de Agustín. Él tuvo muchas mujeres. Y por ahí estuvo con una francesa y nació la Dodó. Pero eso no se sabe.
¿Era mujeriego?
-Terrible, mírale las ojeras. Un amigo contador me contaba anécdotas de Agustín. En los ’60, trabajaba cerca del hotel Portillo y decía que Agustín se tomaba el hotel y armaba tremendas partusas donde todo pasaba. Hombres y mujeres se metían debajo de los sofás. Las medias orgías que se armaban. A mí no me consta que sea verdad, pero me cuesta dudar: Los Edwards son todos cacheros y Agustín no tenía nada de pechoño.
¿Cómo te lo imaginabas con las mujeres?
-Más divo que yo. ¿Cuántas esposas he tenido? Unas tres con hijos. Y pololas, amores furtivos, no me caben ni en los dedos de los pies ni de las manos. Y varias fallecidas, una suicidada, otras muertas por sida, qué sé yo. ¿Sabes lo que me dice mi hija? “Papá, soy tan caliente como tú”. Pero ahora estoy hace cinco años en voto de castidad.
¿Por qué?
-Hasta que aparezca alguien que valga la pena. Estoy así desde que se fue mi última compañera, a quien se la regalé a un mapuche.
¿El adn caliente viene del lado Edwards?
-Claro, el apellido Edwards tiene una genética muy potente. Pero, como somos ingleses, la hacemos piola. De seguro Edwards la hacía piola. Imagínate, estuvo aliado con la CIA, tenía la mentalidad de la Scotland Yard, tuvo de socio al Mossad, sabía pasar piola.
¿Es verdad que una vez cagaste en el cementerio inglés, en Coquimbo, donde está enterrada parte de la familia Edwards?
-Sí, en el año 2000.
Andabas descompensado.
-Sí. Echaba de menos a mi tercera esposa y me fui a buscarla a La Serena. Me fui a vivir a la playa durante tres meses frente al departamento de la Cecilia. Con la poca plata que tenía, me puse a recorrer el Valle del Elqui y Coquimbo. En una de esas, me acordé que había un cementerio inglés, en Coquimbo, lleno de telarañas, de la familia Edwards.
Y partiste para allá.
-Sí. Pero la cuidadora, una viejita que parecía una bruja, no me dejó entrar. Me vio muy loco y mal vestido. Yo andaba harapiento, no me bañaba y comía de la basura. Como no me dejó entrar, volví en la noche y le pongo el medio mojón en la puerta del cementerio. No contento con eso, volví en la mañana y la viejita estaba sacando la caca, ja, ja, ja. Me hice el loco. Entremedio, andaban unos pacos en un carro policial. Y pesqué al perro del paco y le di un beso con lengua en la nariz. Los pacos abrían así los ojos. Ándate, hueón, ándate. Me veían como un demonio. Eso fue un acto poético por la familia Edwards. Es una forma de hacer catarsis, de sacarte la locura y los odios sin hacerle mal a nadie.
¿Cómo será recordado Agustín Edwards?
-Como una bestia, como un demonio.
¿Qué te habría gustado decirle a Agustín?
-”Mira, viejo, no te odio pero no te quiero. Tenemos diferencias de opinión, pero voh estai convencido de lo tuyo y yo de lo mío, así que nada que conversar, salud”. Pero estoy reenojado con Agustín. No solo porque no me dejó parte de la herencia o de gerente general de Paz Ciudadana, o de director o máximo accionista del Merculo del Loco Edwards, y nunca me invitó, no solo a sus islas en el sur de Chile, como invitaba al borracho del Almirante Merino, sino por no invitarme a sus partusas en el Hotel Portillo, por eso lo odio.
¿Te has limpiado el poto con El Mercurio?
-¿Estai loca? Me lleno de infecciones con la tinta. Es terrible limpiarse el poto con hojas de El Mercurio. El diario sirve pal asma o las enfermedades del pulmón, pero pal poto no. Te daña, me lo dijo un viejito en mi casa, una vez que lo hice: no, hueón, la tinta es horrible pal culo.
¿Te consideras un heredero natural de Agustín?
-No soy el heredero natural de Agustín, sino el huacho Edwards, el cacique de la tribu de los poetas locos, su peor adversario.
¿Has festejado su muerte?
-Anoche festejé harto con cerveza y vinito tinto con los amigos vecinos de mi cuartucho y estoy esperando dos litros de Exportación Concha y Toro pa seguir celebrando. Anoche con mis amigos mapuche bailamos en la ruca el sismo que nos mandó Agustín.
Anduviste de luto antes que muriera.
-Sí, por la celebreition for de death of the Doonie, yayay tatat marichiweu. Menos mal que finalizó esta huevá de la death of Doonie. Por suerte que tengo paciencia inglesa para soportar que hablaran de su muerte durante dos meses. Y paciencia a punta de olanzapinas, copete, marihuana y tabaco. O sea, en el fondo, he estado muy flemático, meditativo, como dirían los Osho o Krishnas. Ahora pura celebration. Viva Kali, Aum y el Kamasutra, marichiwei.

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