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miércoles, 30 de marzo de 2011

La rebeldía de Rapa Nui


Contribución al entendimiento del conflicto entre el pueblo Rapa Nui y el Estado de Chile

Carlos Ruiz («)

Lo clanes familiares (que constituyen el cuerpo social ancestral del pueblo Rapa Nui) se están manifestando por sus derechos, que han sido conculcados y burlados por las autoridades del Estado chileno. El “clan” Hito ha planteado justas demandas a percibir ingresos provenientes de la explotación de su patrimonio ancestral. Varios clanes sostienen una movilización prolongada, llegando a ocupar bienes de pertenencia ancestral, hoy en poder de particulares foráneos, y resistiendo la represión del Estado que llegó mucho más pronto que cualquier intento de solución a los problemas. En esta movilización confluyen hechos puntuales así como es el estallido de una situación que se prolonga por más de 120 años, desde la intervención de la marina chilena en 1888.

Los miembros del pueblo Rapa Nui han mirado a los extranjeros, los continentales, con distancia y poca amistad, dada la gran diferencia de culturas en contacto. El foráneo, y especialmente el chileno, por su condición chocante frente a la cultura Rapa Nui, es llamado mauko piro, que es decir pasto hediondo.
Este no es el espacio para contar toda la historia, pero quedemos con algunos hechos.

Antecedentes
Desde la “ocupación” de 1888, el Estado se ha creído dueño material del territorio, pese a que en el acuerdo pactado con el ariki (“rey”) Atamu Tekena”, los Rapa reconocían la soberanía chilena, a cambio de protección y respeto a sus tradiciones y autoridades ancestrales. Según la tradición, Atamu Tekena entregó al capitán Policarpo Toro un puñado de hierbas, diciéndole “esto es para tus animales”, y él se guardó un puñado de tierra: “esto es para nosotros”. En otras palabras, compartían los usufructuos con los foráneos, pero se reservaban el territorio y la soberanía: esta concepción es la que explica la postura de los rapanui de hoy, que reivindican la propiedad sobre inmuebles como el hotel Hanga Roa. Bajo dominio chileno, burlando los acuerdos de 1888, los administradores de terrenos llegaron a creerse dueños de la tierra y los habitantes, como parte de los enseres, tal como en la época feudal clásica. Un administrador franco-chileno, Enrique Merlet, intentó conseguir la propiedad total de la isla. Ante los abusos de la gente de Merlet, el nuevo ariki, Riro, en 1899 intentó ir a Valparaíso a dialogar con aquél, pero fue envenenado por los sicarios de Merlet. Hubo varias insurrecciones que, solo hasta 1914, habían dejado doce isleños deportados y asesinados por autoridades chilenas[1]. Desde 1917, la isla estuvo administrada sólo por la Armada chilena. En 1964-1965, un joven profesor de escuela condujo una campaña exitosa para reemplazar la autoridad militar por una civil, consiguiendo que bajo Frei se aprobase la “ley Pascua”, Nº 16.441.
Fuente: www.cronicacurico.com


Aunque parece evidente, se debe resaltar que el pueblo Rapa Nui es portador de una cultura, visión de mundo, tradición y lingüística polinesia, lo cual lo hace diferente a los pueblos originarios presentes en Chile continental, y por supuesto, muy distante de las estructuras ideológicas del Occidente capitalista y globalizante. Aunque influidos por la invasión cultural, como cualquier pueblo, mantienen su propio ser en lo fundamental. Por eso, las políticas globalizantes, llámense “integradoras” o asimilacionistas, tienen una difícil aceptación. Por lo demás, el aparato estatal no hace prácticamente nada por una verdadera promoción de la gente polinésica, y si lo llega a hacer, a ésta tampoco le interesan las concepciones de “progreso” y “desarrollo” de la misma forma que a los ideólogos del sistema global. Para un sociólogo australiano que escribió una historia de Rapa Nui en 1996, la adopción de las formas exteriores del estilo de vida continental, no significa que los rapanui se alejen de su noción de integridad y de la vitalidad de su cultura[2].

La mal llamada “Isla de Pascua” (Tepito Te Henu’a en lengua originaria) fue un sector de aislamiento del Estado chileno, que instaló en él un leprosario. Fue común que dictaduras y democracias burguesas, relegasen a los opositores a la isla, como le sucedió a Marmaduke Grove. Agreguemos que la lepra y la viruela no existían antes de las invasiones de piratas peruanos y marinos chilenos y europeos[3].

Mc Call no duda en calificar de colonia a la isla, que hasta 1888 fue “de facto un protectorado francés, pero de jure continuaba siendo un estado independiente con gobierno propio compartido con un gobierno interior bajo el control de los rapanui y una economía de exportación en manos de la autoridad benévola que estuviera a cargo de la estancia ovejera”[4]. Los habitantes no tuvieron una ciudadanía plena sino hasta 1966, en que bajo el gobierno de Frei Montalva, se promulgó la “ley Pascua”, que reconoció la ciudadanía de los isleños, que hasta entonces no podían siquiera votar, y creó la Gobernación de Isla de Pascua. Sin embargo, hubo 52 ciudadanos rapanui que protestaron ante el Senado, por la falta de consulta hacia su pueblo[5]. La autoridad hasta entonces la ejercía la Marina chilena. Tal era el grado de no reconocimiento al ser humano: situación aun más grave que la que sufre el pueblo mapuche, varios de cuyos miembros pudieron llegar al parlamento chileno, desde 1926, usando el derecho a voto.

De acuerdo a las leyes civiles, Rapa Nui pertenece a la región de Valparaíso, lo que ha sido hecho para acentuar la dependencia respecto de la Marina chilena. Ello no tiene que ver con su geografía, sino es una decisión geopolítica. De acuerdo a las normas de la Iglesia Católica, las parroquias de la isla pertenecen ¡al Vicariato Apostólico de la Araucanía! La Iglesia considera, por tanto, similares a los rapa nui y a los mapuche, y el trabajo misional debe estar sujeto a las mismas condiciones y bajo la misma autoridad de un obispo que es el Vicario Apostólico.

La isla, en medio del Pacífico Sur, tiene una importancia geopolítica evidente. Durante la dictadura, y en la mitad de la era de Ronald Reagan, en abruil de 1984, el gobierno norteamericano, con beneplácito de los militares chilenos, siempre al servicio del imperialismo, intentó establecer una base militar norteamericana, lo que fue frustrado tanto por los tira y afloja de la política entre potencias (el gobierno de Checoeslovaquia se opuso, al igual que el de Argentina)[6] como por la oposición de los isleños, entonces liderados por Alberto Hotus Chávez[7], quien presidió el Consejo de Ancianos, creado a fines de 1970, durante el gobierno de Allende. Hotus llegó a ser alcalde y consejero ante la Conadi después de 1990.
Aunque no se llegó a construir una base militar, el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Jaime del Valle, con el embajador de EE.UU. James Theverge, suscribieron un acuerdo relativo al uso del aeropuerto Mataveri de Isla de Pascua que permitiría a los transbordadores espaciales en emergencia aterrizar allí. Hubo opositores al acuerdo, argumentando que “vulneraba la soberanía nacional y representaba un riesgo de involucramiento de nuestro país en el conflicto Este-Oeste, de eventuales consecuencias bélicas”[8]. La firma del acuerdo probó que no eran sólo rumores los intentos de establecer presencia (y dominación) yanki en la Isla. El tema puede recrudecer, en la medida en que las políticas del Imperio apuntan a imponer presencia y poderío nuclear en todo el Pacífico.
La isla, entonces, está sometida a los arbitrios de las políticas norteamericanas, tanto en lo militar como en el uso de energía nuclear. Está en peligro tanto de contaminación por radiación nuclear, como la que proviene de Japón tras los desastres de las centrales nucleares en el reciente marzo, como de las consecuencias de las ondas de tsunami causadas por terremotos producidos tanto en el continente como en el “Lejano Oriente”, que allá viene a ser occidente.

La dictadura impuso el Decreto-Ley 2.885 en 1979, que estableció títulos de dominio individual para los poseedores de tierras, lo mismo que hizo con el pueblo mapuche a través del D.L. 2.568, llamado la “ley maldita”, porque impuso la privatización, desestructuró a la comunidad y puso en conflicto a mapuche contra mapuche, y a todos contra las transnacionales.
El Consejo centró su objetivo en la recuperación de la tierra, “clave para la continuidad del Rapanui contemporáneo”[9]. Muchos isleños no reconocen la autoridad del Código Civil, que dice que sólo el Estado tiene títulos sobre la tierra.

En tiempos recientes, los gobiernos concertacionistas, bajo presiones yankis, reintentaron establecer una base norteamericana, y si no lo lograron, es porque las nuevas tecnologías bélicas no lo han hecho imprescindible, como fue anteriormente. Pero el peligro está, y cuando hoy los antimperialistas reclamamos por las bases militares yankis en Colombia, deberíamos agregar la demanda de que nunca se instalen en Tepito Te Nehu’a: en verdad, el peligro está en todas partes. Sólo ha incidido el peso de la ciudadanía Rapa Nui, en que no se haya podido concretar un segundo Guantánamo, en este territorio.

El Consejo de Ancianos y su liderazgo sufrió un desgaste a partir de su “integración” a la institucionalidad chilena, bajo la ley CONADI, 19.253, de 1993. Las políticas corruptoras del Estado chileno y gobiernos de turno, había tenido relativo éxito. Desde 1994 se formó un segundo Consejo, constituido por un nuevo liderazgo, que reúne la fuerza de la juventud con la de la tradición y pureza de los propósitos originales.

Las elecciones de 2009 y 2010 en la Isla

Redondeando los datos del censo de 2002, habría una población de cerca de 1.500 indígenas (Rapa Nui, mapuche y yámana) en edad de votar en el 2009-2010. Además, unos 1.000 no indígenas = 2.500.
De ellos, votaron poco menos de 2.000 (80%). Habría más de 500 no participantes (20%).
La diferencia de votos en segunda vuelta entre Piñera (1.134) y Frei (750), fue de 484 votos.
A diferencia del continente, fueron más hombres que mujeres los que votaron por Piñera, y fueron más mujeres que hombres las que votaron por Frei en segunda vuelta.
Los votos de Arrate (103) y de Enríquez-Ominami (450) sumaron 553. En segunda vuelta, Frei aumentó sus votos en 248 y Piñera en 262. Suponiendo hipotéticamente que ningún voto de Arrate ni de Frei fuese a Piñera, unos 145 votos de MEO pasaron a Frei y 262 a Piñera, sobrando 43 votos, que no concurrieron a segunda vuelta, donde hubo 43 votos menos que en la primera.
Los votos nulos y blancos sumaron 51 en las dos vueltas, entre hombres y mujeres, con poca variación.
Las políticas públicas concertacionistas, el manejo que esta coalición hizo del gobierno, especialmente de las demandas del pueblo rapanui, así como de los habitantes de la isla en general, terminó pasando la factura al candidato oficialista. La abstención electoral representa un 20%, unos 500 votos, similar a la diferencia de votos entre ambos candidatos.
Cualquier propuesta pública del pueblo rapanui, debe conseguir motivar la participación electoral de la población no inscrita.
La población indígena, especialmente rapanui, es mayoritaria, respecto de la no indígena.
Además de los 2.226 rapanui que vivían en la isla en 2002, pertenecían a este pueblo 2.645 personas repartidas en las comunas del continente. A ocho años del censo, se puede estimar que la población rapanui está cerca de las 5.000 personas.
Las dificultades para votar en la comuna de origen hacen que el voto rapanui se disperse. Si sólo votaran unos 3.000 a 3.500 rapanui en su comuna, elegirían las autoridades que los representasen mejor, entre su propio pueblo.
Una demanda a proponer sería que la población rapanui pueda emitir un voto dentro de su comuna por un procedimiento electrónico o tal como votarían los extranjeros residentes fuera de Chile.

La coyuntura actual
Hoy, la situación en Rapa Nui es delicada, principalmente porque el gobierno de Piñera puede desplegar una y otra vez su brutalidad concentrada en la actuación de Carabineros.
El movimiento rapanui ha sido reprimido y criminalizado, con lo que entró aun más en crisis la vinculación de sectores rapanui a la derecha: los marinos chilenos llegaron en 1888 como “buenos amigos” pero el trabajo sucio lo hacían las empresas privadas, que ejercían en el siglo XX la represión, muchas veces recurriendo a asesinar líderes y miembros de la comunidad rapanui. Hoy el trabajo sucio lo harán definitivamente el GOPE de Carabineros y otras ramas, lo que ha quedado a la vista del pueblo rapanui. El consejero ante la CONADI, Rafael Tuki, ha sido bastante claro y valiente para denunciar la represión y la falta de cumplimiento de las autoridades chilenas. Según el consejero Tuki, “Todos sabemos que esta orden ha sido motivada por pacificar la isla de un conflicto que nace de una pugna entre las facciones de la derecha de la isla. Esta pugna es la que dificulta la solución del problema de tierras ancestrales en la isla”.

Fuente: www.puranoticia.cl 


Hay quienes se preocupan por que la ciudadanía se decida a luchar por la independencia de la isla respecto del estado chileno. Sin embargo, no son los “nacionalistas” en la Moneda, los que están ayudando a resolver los problemas que alejan a los isleños de sentirse “chilenos”, porque no lo son ni han llegado a serlo, dadas las torpezas con que las tiranías y las seudo-democracias han tratado a este pueblo. Son éstas las contradicciones entre decirse “nacionalista” y servir al interés del Gran Capital como un yanakona útil.
Fuente: www.amnistia.cl
El conflicto, actualmente reprimido, puede entrar a una nueva fase de agitación, poniendo en riesgo el control que ejerce el Estado chileno sobre la población, ya que los Gobiernos chilenos desde 1973 han demostrado un manejo muy torpe y colonialista, frente al pueblo ancestralmente constituido en esta posesión de ultramar. Las torpezas del gobierno Piñera pueden llevar a que tenga mayor arraigo un movimiento de secesión de la isla.


Puede ocurrir que la derecha gobernante agudice el problema y lo pierda de sus manos, entre las cuales hasta ahora se ha desenvuelto.
Puede ocurrir que la derecha isleña deje de ser un factor de peso político y se desintegre, dadas sus propias contradicciones.

Para los pueblos indígenas, el ser de “derecha” o de “izquierda” es un tema con varias aristas; como muchos, optan por la derecha porque han visto de mala forma que la “izquierda”, groseramente hablando, es la Concertación, con sus mecanismos engañosos, con sus socialistas tipo Viera-Gallo usando mil triquiñuelas para engatusar a los pueblos indígenas y burlar el derecho internacional; con personajes como el citado Hotus, democristiano, que perdió las últimas elecciones y que, como los Ravinet y otros ejemplos continentales, ya no son lo que fueron en los Ochenta sino aliados de los grandes poderes.

El pueblo Rapa Nui necesita una alternativa que surja de los propios isleños, y de la importante presencia de los y las Rapa Nui habitantes en el continente, que no son pocos, para que su liberación sea, como debe ser, obra de ellos mismos.

Por mientras, los miembros del Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores, estamos manifestando a Rapa Nui nuestro apoyo a la distancia, más allá de concepciones de izquierdas o derechas, porque por algo pertenecemos a pueblos, todos ellos al sur del río Grande, unidos en el mapa y en el corazón. Y creemos en la autodeterminación de los pueblos, que es decir que los Estados se deben organizar de acuerdo a los intereses de todos los pueblos que han llegado a ser miembros de determinado país o comunidad estatal.

Nuestras propuestas mínimas serían:
« Un nuevo ordenamiento para que los derechos de pueblos como el Rapa Nui sean considerados, es una tarea imperativa. Una constitución que permita satisfacer los intereses de las grandes mayorías, donde sea que estén, y también de pueblos-nación minoritarios, que hasta ahora han quedado a la sombra de un concepto de estado unitario que no logra dar un buen vivir a los habitantes de los extremos, y tampoco a los del centro: vivimos en un Estado hecho a la medida de Washington y que no considera lo propio de Hanga Roa, ni de Punta Arenas, ni de Coyhaique, ni tampoco es representativo del mundo popular urbano del centro. Un estado que margina a Pudahuel y La Bandera, a Dichato, a Talcahuano, a Alto del Carmen y a Alto Hospicio.

« Una nueva relación entre los pueblos, con respeto a las culturas y reconociendo los derechos inalienables. Y desde luego, no solo el derecho a danzar y otros intangibles, igualmente imprescindibles, sino también “donde le duele” al sistema: reconociendo las propiedades materiales y sus territorios.

« Un nuevo ordenamiento de la economía, que permita satisfacer las necesidades materiales, en armonía con el ambiente, la salud comunitaria, los derechos laborales y en general los derechos individuales que el ordenamiento capitalista vulnera día a día.

“Es Chile un país tan largo, que todo puede pasar... unámonos como hermanos y nadie nos vencerá”.

Otras informaciones en este blog:

(«) La parte historiográfica se ha elaborado en el contexto del proyecto DICYT Nº 3030952 SM “Mentalidades y políticas acerca de la ‘cuestión mapuche’, 1970-1990”.
Las afirmaciones del autor no comprometen a esta institución.

NOTAS:

[1] Grant Mc Call, “El pasado en el presente de Rapanui (Isla de Pascua)”, en: Jorge Hidalgo y otros (editores), Culturas de Chile. Volumen segundo. Etnografía. Sociedades indígenas contemporáneas y su ideología. Santiago, Ed. Andrés Bello, pp. 35-36.
[2] Mc Call, p. 44.
[3] Sebastián Englert, O.F.M. Cap. La tierra de Hotu Matu’a, Santiago, Ed. Universitaria, 5ª ed., 1990, pp.164-165.
[4] Mc Call, p. 34.
[5] Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato de los Pueblos Indígenas. El pueblo Rapa Nui. Santiago, octubre de 2003.
[6] Artículo “¡Misiles en Isla de Pascua!”, en La Alternativa, órgano oficial de la Asamblea Permanente de Solidaridad y Derechos Humanos, Año 5, Nº 58/59, abril-mayo de 1984, p.15. Citan: Cable de la Agencia EFE, Praga, 07.04.1984; Rude Pravo, órgano oficial del Partido Comunista checo, de principios de abril de 1984, y se habla de periódicos de Argentina de principios de abril, sin citar sus nombres.
[7] El apellido Chávez es una deformación del apellido original, Te Ave.
[8] Comisión Chilena de Derechos Humanos. INFORME Nº 44. SITUACION DE LOS DERECHOS HUMANOS EN CHILE. AGOSTO 1985.
[9] Mc Call, p. 44.

Bandera del Pueblo Rapa Nui

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