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lunes, 24 de diciembre de 2012

ALONSO LAZO ROJAS, TREINTA Y SIETE AÑOS DESPUÉS


Por Ana Leyton

Alonso Lazo Rojas, fue un joven illapelino, estudiante de Pedagogía en Castellano de la Universidad de Chile sede La Serena, muerto por la máquina del SIM (servicio de inteligencia militar) en Copiapó. Después de 37 años, por fin se dicta sentencia sobre su secuestro y posterior muerte causada por torturas de corrientes y golpes; pero de su cuerpo, nada se sabe.


El 19 de diciembre del 2012, apareció la noticia en el diario Atacama, sobre la condena de siete ex militares dictada por el ministro en visita Mario Carroza, por su secuestro y desaparición el 14 de noviembre de 1975 en la ciudad de Copiapó. Los nombres de sus asesinos: Ransés Álvarez, Patricio Román, Pedro Vivian, Felipe González, Hernán Portillo, José Quintanilla y Erasmo Vega.

En Illapel, donde vivió la mayor parte de su vida, Alonso Lazo participó en Aquelarre, movimiento cultural que desde fines de los ’60 hasta el ’73 se dedicó a realizar actividades literarias, musicales y teatrales, la diferencia con otros grupos culturales es que, éste tenía un gran compromiso social, además que la mayoría de sus integrantes eran jóvenes con pensamientos libertarios latinoamericanistas y que apoyaban el gobierno de Salvador Allende. Hicieron recitales de poesía, música, canto y trabajo voluntario en las poblaciones de Illapel y en el campo.
Otro joven asesinado por la dictadura, integrante de Aquelarre y también estudiante de Pedagogía en Castellano de la U. de Chile sede La Serena, fue Bernardo Cortés; y también muere, posterior a su detención por causa de la dictadura, uno de los fundadores de Aquelarre, Ángel Toledo “Antolec”, escritor y creador del diario mural La Oreja.

Lazo era militante del MIR, agentes del SIM, llegaron al último domicilio donde se encontraba junto a su esposa Nicza Báez, la casa de Carolina Quezada Nievas en la calle Juan Martínez 321 de Copiapó, a los dos días de haber llegado se presentaron seis civiles, quienes los llevaron hasta el regimiento de infantería motorizada Nº 23 de Copiapó.

Violeta Lazo, hermana de Alonso, es quien desde el primer momento de la desaparición de su hermano lo ha buscado incansablemente, sin embargo, hasta hoy nunca ha aparecido su cuerpo. Violeta en su declaración al diario Atacama, dice que nunca participó en compensación económica alguna, de los cuatro hermanos sólo uno solicitó este tipo de compensación junto con Nicza Báez, quien fuera esposa de Lazo y  que actualmente se encuentra en el extranjero. Violeta cuenta que durante 37 años, su único fin ha sido buscar el lugar donde están los restos de su hermano y que en Illapel, existe un monolito, una calle y una beca con el nombre de Alonso Lazo.

“El Negro se sentía parte total de los pobres de la ciudad y el campo que empezaba a envalentonarse. Se producían largas charlas de amanecida, camino a la planta El Arenal, donde vivía. El negro era un gran conversador, se preocupaba de nuestros problemas, tenía un sentido de profunda lealtad y solidaridad con su pueblo. También era muy claro para criticar las inconsistencias de sus amigos o compañeros, inclusive las de sus propios hermanos…La mano del Negro moldeó las formas y el sentido de hacer política de muchos compañeros de la zona, que tuvieron la suerte de trabajar y formarse con él. El negro valoraba los atributos y las capacidades de los compañeros. Le daba importancia a los problemas personales, a lo cotidiano. No se jactaba, tenía el prestigio de ser consecuente con lo que decía y con lo que hacía en el quehacer colectivo. Asumía las cuestiones políticas con humanidad…” (p.145 y p.152 de la crónica “Martes hoy, martes mañana ¡martes todas las semanas!” de Mario Ramos Vicencio del libro Visiones para el fortalecimiento de la cultura del Choapa).

¿Quién podría haber imaginado entonces que Alonso Lazo, el Negro, con toda esa humanidad se transformaría en uno de tantos jóvenes revolucionarios ahora detenidos desaparecidos? Hoy parece un mito, sin embargo, el dolor no es un mito, es una verdad que trasformó para siempre la vida de familia y amigos de esos jóvenes que descubrieron la claridad y que fueron masacrados y castigados igual que Prometeo, que audaz e inteligente ofrece una chispa de fuego a la humanidad y por ello, es sometido a un horrible suplicio. Eran hombres y mujeres nacidos al fragor de un momento en que todo podía ser, en que se iniciaba una nueva forma de existir, parecían invencibles ante la muerte y lo fueron porque aún viven, más allá del atentado sangriento y vil de mentes enfermas. Actualmente, los responsables ideológicos de asesinatos y torturas, toman los conceptos de nuestro imaginario de vida, metamorfoseándose para pasar desapercibidos en la construcción de imperios de muerte y de poder económico.

La injusticia de esta justicia es que, a pesar de la sentencia que algún día tenía que ocurrir, aún no sabemos dónde se apagó el último latido de esa vida, hermosamente humana; dónde dejó de latir su última célula, dónde quedaron sus restos. Hay muchas heridas que quedan abiertas y que en ningún tribunal se podrán cerrar ¿Por qué llegaron ese día hasta Martínez 321 de Copiapó, cómo supieron que estaba allí? ¿Por qué estos sicópatas dañaron, mataron, masacraron y destruyeron a seres humanos inteligentes y sensibles como el Negro? 

Cabe también la pregunta ¿la compensación económica es algo que tiene que ver con la muerte de un ser querido, sobretodo, si éste hubiese sido comprendido en pensamiento y consecuencia valórica? ¿Acaso el dinero es remedio para ese dolor cuya causa es ver, cómo la lucha de esta generación de jóvenes, fue arrasada para instaurar un modelo económico con fines ulteriores de saqueo y violación de derechos? 

Es como cambiar el agua, la tierra y el aire por dinero y que es lo que actualmente, está ocurriendo en nuestro Chile que todavía no entierra el sufrimiento de aquella masacre del 73, que arrebató los atisbos de libertad social, que vimos en un amanecer oscurecido por la muerte y la tortura; y que hoy, se materializa en la injusticia de los imperios económicos del dolor, que siguen saqueando nuestros recursos naturales, envenenando nuestra tierra, el agua, la cultura, la educación y así siguen destruyendo la vida. 

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